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Full text of "El pensamiento de Valencia: Revista politica, religiosa, científica"

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PROPERTY OP 




ARTES ^' CIEN TI A VERITAS 




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EL PENSAHiMO DE YALMGIA. 



EL PENSAMIENTO 



DE VALENCU. 



REVISTA 

I 

POUTICi , RELIGIOSA , CIENTÍFICA Y LITERAIUA. 



TOHKO «.o 

t 

DESDE I."" DE ENERO k 31 DE MAYO DE 1858. 




VALENCIA.-1858. 

IMPRENTA T LIBRERÍA DE D» JOSÉ MATEU GARIN^ 
plaza de la Almoina , núm. 2. 



6o 



\/.7~ 



WSTITVTOS RELIGIOSOS. 



\ : 



n 



El artículo que va á continuación y en el que se esponen 
sanas y elevadas doctrinas en fácil y elegante estilo^ hubiera 
í^ido en todos tiempos leído con placer por el que escribe estas lí- 
neas > mas en los prénsenles días ha causado profunda sensación 
en su alma. Y ello era natural ; los redactores de El Pensamibn- 
To acaban de cumplir con un deber sagrado^ b&nraado la mcmo^ 
ría de aquel su inolvidable compañero^ que ya no vive en este 
mando. £1 día 23 del pasado Diciembre tuvieron lugar eo el tem- 
plo de Santa Catarina de Sena, sencillas y dignas exequias por 
el alma del sabio y virtuoso Fray Vicente Miguel yFlorez. Y cier- 
to^ que el espectáculo que se ofrecia á los ojos llenaba el alma de 
dolorosa ternura. Allí se veían los restos venerables de esa orden 
ilustre^ cuyo glorioso fundador fue el español Domingo de Guz- 
man, y su Apóstol mas insigne el Valenciano Vicente Ferrer. 
Ellos y los hermanos del difunto, celebraban por su eterno desean^ 
so el Santo Sacrificio, mientras el puro y dulce canto de esas mu- 
geres-ángples , que visten el mismo hábito que nuestro amigo vis- 
tió, llenaban el espíritu con las tristezas de la muerte, ó con las 
inefables esperanzas de la fé. 

En tal disposición de alma, leímos y volvimos á leer el ar- 
tículo con que honra y favorece al Pensamiento un Magistrado 
dignísimo de esta Audiencia ; causónos su lectura, como se ha 
dicho, profunda sensación ; y desde aquel momento propusimos 
en nuestro ánimo, ya que la ocasión se brindaba, elevar nuestra 
débil voz al Gobierno de S.M.,. pidiendo, no una gracia, sino un 
acto de justicia y gratitud , que con honra suya, causará general 
satisfacción á todos los Españoles, y singularmente á los Valen- 
cianos, sin escluir á ninguno. 

Esceptuar á uno solo nos seria verdaderamente sensible. 

El Concordato es ley, y cumplirla sincera y lealmente toca á 
la religiasida'd , al decoro, á la honra de España; no queremos 
decir que ganan en ello hasta los intereses materiales de cier- 
tas personas , porque parece mengua apekr al interés cuando ha- 
bla tan alto ^1 del)er. 

Tomo II. 1 

1¿Z 



2 EL PENSAMIENTO 

Pues si el Concórdalo debe cumpüpse sincera y lealmenle ; si 
eslá el Gobierno obligado, conforme á sus prescripciones^ á res- 
tablecer tres órdenes religiosas en España, creemos nosotros quo 
junto a la d« S. Vicente Paul , que representa la caridad , debía 
aparecer la que representa en el mundo crisliano \á predicación y 
la doctrina.,.. ¿Ni cuál de las que exislieVon en España pudiera 
serle preferida? Su fundador fue hijo de este noble país, y de las 
familias mas renombradas que en tiempos antiguos lo ilustraron; 
y él , el primero entre los suyos , sino hubiera recibido de' la 
Iglesia el nombre de santo, mereciera del mundo el nombre de 
hérí)e, por te gr&ndeza de su corazón , y la alteza de sus Virtu- 
des. Vicente Ferrer vistió el hábito de Domingo ele Guzman ; y 
Vicente Ferrer fue aquel santo tribuno de los pueblos que daba 
coronas á los Reyes ; el fundador de nuestra Universidad ; nuesr 
tra gloria ; pero gloria que no resplandeció solo en EspaBa,; sino 
que relumbrando' en lodo el mundo, 4o dejó maravillado. 

No es hoy ni pudiera ser mi propósito realzar los timbres de 
esa orden que tantos hombres ilustres dio á la Religión y á las 
ciencias ; mas de seguro que cuantos lean estas líneas recorda- 
rán al momento al padre de la elocuencia Española, Luis de Gra- 
nada ; á aquella altísima razón , ornamento del Concilio tridenti- 
no, Melchor Cano; y á aquél apóstol de las Américas, protector y 
padre de los Indios Bartolomé de las Casas.... 

Y los Valencianos que las lean, supongo yo que no tendrátt 
tan flaca la memoria, que no recuerden que hasta en sus últiínos 
momentos la Orden de Predicadores despedía en nuestra Valen- 
cia vivísima luz ; que hayan oividado de todo punto las voces 
elocuentes de hijos de Santo Domingo, que realzaban su pu- 
reza de costumbres con un celo verdaderamente evangélico , y 
una ciencia verdaderamente sólida. A esta orden pertenecía tam- 
bién el amigo, cuya pérdida no lloraremos bastante. 

Nosotros— lo hemos dicho mil veces, y no nos cansamos de 
repetirlo— que ante lodo somos católicos, y que después de esto 
título- no queremos otro que el de Españoles; 

Que defendiendo lo bueno de los tiempos pasados, no esquiva- 
mos, sino amamos lo bueno que nos traigan los tiempos presentes; 
y así nos esforzamos en levantar un edificio en que pacífica y de- 
corosamente puedan vivir todos los hijos de nuestra madre común 
que es España; 

Que venimos á poner paz , y no discordia; á allegar y no á 
esparcir; 

Que estamos lejos de desconocer que en los tiempos pasados 
existían abusos; que muchas cosas necesitaban reforma.... que 



DB VALENCIA. 3 

la necesitábamos todos ^ rnclusos los que han sido después nues- 
tros desdichados reformadores; 

Que con el alma quisiéramos que para unir á los honrados 
de todos los partidos, no fuese necesaria esa nueva revducion^ 
con aue la ira de Dios está amenazandb a Europa; 

P^osotros , en fin , que nos sentimos libres para decir en todo 
tiempo toda la verdíid; 

Creemos que el gobierno deS. M., que ha tenido el pensa- 
niiento feliz de que recibiese el príncipe de Asturias el íigua re* 
generadora en la pila bautismal de Santo Domingo de Guzman. 
baria un ¿ran servicio á la Religión y á la patria, á los ricos y a 
los pobres^ aconsejando á S. M. el pronto restablecimiento de h 
Orden insigne de Predicadores. 

No quisiéramos engañarnos, pero creemos que esta nueva 
seria recibida como grata y feliz por todos los Españoles, y singu- 
larmente por los que comprenden que urge boy día mas que 
nunca para evitar una revolución social , hacer siempre presente 
á las muchedumbres que sufren y se agitan, las verdades del 
Evangelio y fás esperanzas de la eternidad. Esto, unido a la cari- 
dad oe los ricos y á la justicia de los Gobiernos igual para todos, 
ós lo único que puede libertar á-Espoña y á Europa del cataclis- 
mo mas espantoso que hayan imaginado los hnmbres. ¿Habría uno 
siquiera que llevara á'mal que en cumplimiento de un pacto sa- 
gradb y dé una Iby de! .reino se restableciera una ófdén por tan- 
tos títulos dTgnísiraa?'Si uno hubiera, estoy por asegurar que no 
seria valenciano ; y si lo fuese.... «levanta, désdichad'o, — le di- 
ria,_lfevanta los ojos y mira lá imagen de Vicente Férrer, y tú 
que nada lías hecho por tu patria,. avergüénzate y confúndete á 
vista del gran patricio, que, sote, hi2» mas que haremos j[untüs 
todfts nosotros, en bien y por íá gloria de su amada Valencia../' 
y sí es que todavía tuviese el menguado valor de tartamudear en 
Toz-^baja la palabra neocatólico, esa estúpida palabra que fírera de 
España han querido poner en moda algunos que tienen la des- 
gracia dé no ser católicos, de quien son eco infeliz en España 
otros inocentes á quiénes es fuerza perdonar porque no saben lo 
que dicen; si lartaimidease, repetimos , esa palabra: «aviva, 
gritaríamos, ¡oh desdichado lia memoria; ayer Francia- era re- 
pública ; y ayer los republicanos mas fogosos saludaban con res- 
pieto y entusiasmo á un hombre que, vestido con elhábito de 
Santo Domingo, tomaM asienta por el sufragio del^pueblo en la 

asamblea Francesa. 

Ese hombre, desde lo alto dé la tribuna, encantaba con su 
voz armoniosa á Francia y al mundo, podia probar que la liber- 
tad verdadera es la hija de la Religión; que si en alguna ocasión 



t EL PBNSAWEIITO 

pareció que la Iglesia ^ amiga s^iempre ¿e los puebbs^ rechazaba 
la libertad, es porque no tenia de tal sino el nombre , es porque 
venia asida del brazo de una horrible compañera, la impiedad, 
que la trasformaba de matrona, casta, bella y pura; en hedionda^ 
torpe y desenfrenada meretriz. , . 

Pero no es necesario decir mas por boy,... para los que sa- 
ben leer y son amigos de la verdadera libertad , se ha dicho lo 
bastante. A los que no saben leer les acousejapnos en caridad que 
callen yque aprendan. 

Ahora vea.n nuestros benévolos suscrilores el bello artículo 
^del Sr. D. Bernardo Latorre, sobre el cuál llamamos su especial 
^í tención. 

A. Aparisi y Guijarro. 



Bajo el epígrafe «Las exageraciones» pubEcó El Estado m 
artículo, copiando un párrafo de La E&paña relativo á losihslin 
tutos religiosos : yo también apoyando la misnia idea, quiero de- 
cir algo, si bien recelo que ha de ser fuertemente combatido^ 

Achaque antiguo es en nuestro país, suprimir en vez de r^ 
formar ; las reformas se debeu hacer con estudio, con calma, 
con reflexión ; para suprimir basta un golpe ai trato. 

lios institutos religiosos han sido sienipre objeto de odio para 
los protestantes ; violentos en sus ataques, seductores con sus 
frases, han luchado incansablemente para derribar estos institu- 
tos ; hace tres siglos que principió el combata , y ¿por quién? 
por un fraile sin pudor, que qo pudiendo tolerar ni la mas ligera 
oposición, insultaba, maldeciay perseguía sin tregua á los que! 
se separaban desús incomprensibles doctrinas ; este fraile era.... 
Lulero, que profanando sus votos concluyó por el sacrilegio. 

La revolución heredó este odio, y continuó la persecución: 
siempre las revoluciones se han ensañado contra estos institutos: 
recordemos nuestros dias... pero.no, olvidémoslos; de otro modo 
será imposible que nos acerquemos sinceramente y lleguemos á. 
abrazarnos como miembros de una misma familia; todos los parr 
íido§ pueden arrojarse al rostro faltas que les avergüencea;.tal 
vez crímenes que Jos espanten. Agrupémonos todos para. ci(;ati:i'-- 
zar las profundas heridas que Hemos abierto en el corazón de 
nuestra patria ; para esto se necesita el patriotismo: tengamos 
abnégiaciion, po hay necesidad de que cada uno confiese, sus erro- 
res ; bástenos conocerlos para eamend^j^los^ Olvídense todos del 



.9i VALSNGIA. 5 

partido 6 fracción á q^io Hym perteoecido ; aceptemos lo bue^ 
DO doode quiera qw se halle ; rechacemos lo malo de cualquie- 
ra parte que baya vcDÍdo. 

Esto no es una teoría^ no : ya se ha dado up paso que pue- 
de ser el principio: la Redacción de El Pb^samiemo de Valencia 
ba inaugurado el camino, v^a^se las firmas de los qu» en él es^ 
criben , y se encontrarán nombres que han tenido diversas y tal 
vez opuestas opiniones sobre la marcha política. ¿Por qué no se 
hade ensanchar esta unión en mayor escala? Si ^ se ensam^ba^ 
ra^ confiemos en Dio^. 

¿Pero adonde me lleva mi buen deseo! Habíame propuesto ha- 
blar de tos institutos religiosos ^ y cuasi no be hecho mas que 
apuntar la -idea ; vuelvo á ocuparme dq ella» 

Verdad es y nó lo negaré que p^ede subsistir la Religión sin 
es(^ Institutos ^ pero también es forzoso conceder que hay una 
dependencia necesaria entre ellos y la JKelígion que, ios vivifica; 
por eso vemos en nuestros días que las comunidades religiosas 
renacen dande subsiste la Religión. ¿Quién hubiera podido anun-^ 
ciar á los hombres de. la asamblea coosliluyenle ; de la legislati- 
va^ dé la convenpioiu ^ que al medio siglo habían, ^e renacer y 
prosperar m Francia estos institutos? Si alguno s^ hubiera atrcr 
vidóá indicarlo^ hubiera perecido en medio de los ;Silbid'os revo- 
lucionarios ; sin embargp el pueblo de Paris vé con respeto el 
sayal y la coguUa. 

JVo vayamos i buscar hechos á Francia^ á América^ no^ vea** 
mos lo que pasa entre nosotros,^ lo que no puede menos de paaar; 
bs institutos religiosos fueron suprimidos ; creíase que era indis- 
pensable para plantear la Ubertad ; como si la libertad estuviera 
prendida de la capucha d^ un fraile. Creíase^... y at fio se quito 
el embarazo que al decir de la revolución producían estos institu** 
tos , se abrió el camino á la liberlad , se estableció el sistema do 
Gobierno que se creiá mas cojiveniente , $e sostuvo una .guerra 
civil ^ terminó; principió á restablecerse el orden ^ en seguida 
asomaron la cabeza los instituios religiosos^ y se plantean y: se 
conservan y se fomentan por éi Gpbierno^ si bien oon un objeto 
limitado. 

¿Quiere Qst^erse la civilización? necesario escobar mano 
de misioneros que la lleven á países remotos á ilonde con ries*- 
go da perecejTj^ han de predicar el evangelio/ disipar la idolatria 
y hacer que se,conp.^u )a$ verdades morales^áilas que únicas 
men^ se^ deb? la igualdad ,> la;!fr#erfli(Jad; : : : ; ; i "^ 

Bj^ cerraron e£it09 asilos <^oiik^ para abrir la pnierta á la Uber^^ 
taid;.pues/biQn,,mel' ijQíi^iQ^ ¡se: buscan; loá mísifo- 

neros} «e 'Cewpn áí, PCÍW^ UAgus^olBcíon <íop la^neíse 



tt EL PBNSAMiEÑIrO 

creiau iticorapalibles; pues en el momento que se restablece él 
orden vuelven á abrirse estos asilos que la revolución cerró ab 
trato. 

He dicho que hay una dependencia inmediata de los institu- 
ios religiosos con la Religión y que mientras -esta subsista rena- 
cerán mas tarde o mas temprano como brotan las frutas én los 
árboles^ aunque se co|an uno ó muclios anos ; aunque se arran- 
quen las ramas ^ mientras subsista eV tronco^ crecerán otras 
ramas^ reproducirán eV frulo ; h) mismo sucederá con los institu- 
tos religiosos, su origen está en el espíritu mismo de la Religión. 

La sociedad actual reclamará los institutos religiosos, ' pero 
será cuando conozca que se han padecido grandes equivocaciones 
tanto en el orden social: como en el político; \ eámoslo rápida- 
mente^ aceptemos la sociedad como está; fuego veremos el punto 
á que necesariamente ha de llegar y en conclusión deduciremos 
la necesidad de los institutos religiosos, prescindiendo del núme- 
ro, de las regfes, dte tes constituciones j^articulares j habló en ger 
n«^dl> soy también enemigo de las exageraciones. 
■ La propiedad se divide y se subdivide hasta en pequeñísimas 
porciones, este es el hecho,* no hablo déla conveniencia: lá in- 
dustria adélania de un modo pasmoso, él comerció prospera^ ya 
se cree que llegamos á tocar la perfección de Fa sociedad; pero 
no vemos que á proporción que se divide la propiedad, se obs- 
truyen los medios de que haya grandes adelantos que perpetúen 
nuestra grandeza y den testimonio de nuestro poder: vemos la 
acumulación dfrr¡queza> por medio d^ la industria y el comercio; 
pero no vemos qtie esta acumulaciones en beneficio de pocos qué 
esplotan la vida y el sudor de muchos; la facilidad conque cam- 
bian de mano tes riquezas, aumenta la disipación; atesoramos 
hoy para dilapidar hoy mismo : vemos al mismo tiempo que te 
miseria crece, que las necesidades aumerílaii^ que para sati^fhcer- 
se atrepella por todos los medios y hasta se vierten ideas seduc- 
toras que atacan á la organización del trabajO', á la distribución 
de los produtjtos y hasta la misma propiedad r los crímenes sue- 
len deber su origen, á la miseria, 6 ate falta de educación moral;, 
temamos al porvenir sino cortamos los males en su origen. 

¿Cómo se podrá dirigir y contener á las masas? veámosló-. La 
facilidad con que hoy se adquieren tes riquezas ya por la indus- 
tria, yá por el comercio, hace que no sean tan permanentes como 
tes antiguas; el comercio está süj|eto á las eventualidades de tina 
especulación; la industria régularntónte cesa cdü te vidía deHn- 
dtt'strlaii, y t^asi siempre viene en pos de su muerte te decaden- 
eia de te familia : la riqueza es movediza, y el Jiombre por lo 
comuii-se apresura á gozar, se hace perezosa é inaótivo, y suele 



1>£ VALENCIA. 7 

diijar á su deBceodenda la naemoria de una riqueza disipada: así 
está nuestra sociedad: ¿podrá contribuir á que se mejore la con^ 
dieion deíaa masas, á dirigirlas, á conleneHas? evidentemente no. 

Ya desaparecieron las clases acomodadas; los que hoy poseen 
las riquezas no forman clase ; no son mas que un conjunto de 
familias que habiendo salido ayer á la opulencia, desde ayer mis- 
mo principiaron á marchar hacia la miseria. Antiguamente no 
sucedía así, porque la clase, opulenta sabia que había de conser- 
var su riqueza y aspiraba á perpetuar su nombre fundando hos« 
pítales, casas de beneficencia y escuelas ¿qué han fundado hoy 
IOS hombres que poseen tesoros? nada, absolutamente nada; en 
la Sociedad actual los ricos no cumplen su deslino que es socor- 
rer el infortunio de los pobres; pero en cambio quieren que estos 
respeten la propiedad ¿cuántos sacrificios han hecho los grandes 
capitalistas para consolar á los miserables? ¡qué pocos han sido! 
al contrario, hasta han dado motivo á la especulación las medidas 
que el gobierno adoptó en la cuestión de subsistencias. 

Lamentable es decirlo, pero es una triste verdad que la bene- 
ficencia se egerce como un ramo de administración ; si la sociedad 
espera su salvación de los medios administrativos, espera una 
cosa que está fuera del orden de la naturaleza y serán inútiles 
cuantos espedientes se formen. 

Dice el hombre de nuestro siglo (Balmes): es necesario que 
el mundo se someta á la ley del amor ó á la ley de la fuerza, á 
la caridad Óá la esclavitud: todos los pueblos que no han tenido 
caridad, no han encontrado otro medio de resolver el problema 
social^ que sujetar al mayor número á un estado degradante. 

¿Queremos organizar la beneficencia regida por la caridad? 
¿sí? pues esta organización no puede plantearse sin institutos re- 
ligiosos: procuraré demostrarlo brevemente^ 

Cierto es que viviendo en medio del mundo pueden formarse, 
asociaciones can este objeto; pero mientras no haya un centro 
que ofrezca garantías de conservación, quedará siempre espuesta 
la asociación á todos los vaivenes y cuestiones que concluyan por 
la dispersión de los asociados: ¿cual podrá ser ese centro? los ins- 
titutos religiosos cuya importancia social puede desconocer solo 
el que cierra los ojos á la evidencia. 

, ¿Qué medios se ponen en juego fuera de la Religión para en- 
frenar á las masas que aspiran á mejorar de condición? el interés 
privado, haciendo conocer al pueblo que sino respeta, la propie- 
dad, le faltará el trabajo que es también una propiedad: la fuerza 
pública que volará á sofocar hasta la mas ligera tentativa de de- 
sorden: el enervamiento del cuerpo procurándole goces baratos 
para que se entretenga el pueblo en sus orgías y así se hará ím- 



8 EL 'PÍNSÁMlEÑ+0 

potente para r^ealíisir trastornos. Estos i^n Itís tres únicos médiod 
que ebcuent^ft h fitosófía para enfrenar las- pasiones populares; 
no encuentra otros^ no es posible' encontrarlos fuera de la Re-^ 
ligion. 

Es necesario instruir al pueblo^ es necesario infundirle máxi- 
mas de moraí^ se impone á los maestros de educación primaria 
la obligación de ensenar á un número determinado de nífios po^ 
bres , esto no basta , ¿ qué haremos? acudir á los hijos de San 
José de Calasanz. 

No bastan las medidas que se adoptan parala asistencia de 
}os enfermos en los hospitales > se tienen personas asalariadas 
qye asistan á los enfermos ^ estos no reciben el trato cariñoso que 
necesitan , con los reglamentos no se llena él obgeto ; la caridad 
no se impone : acudamos á las hijas de San Vicente de Paul. . 

Es necesaria difundir las luces del Evangelio y es neoesarijüi 
elevar á h)s salvajes á la dignidad de hombres > no& acordamos 
en seguida de los hijos de San Ignaoib de Loyola á los que se 
agregan algunos restos desparramados que salieron de los claus- 
tros ó creeicron en ellos imbuidos en las máximas de la Religión. 

Es necesario combatir las malas ideas que reduciendo al pue- 
blo lo eslravian y lo arrastran hasta el crimen; establecemos mi- 
siones en las provincias y ¿de dónele salen* estos misioneros? sa- 
len de los restos del sayal y las capuchas. 

¿Habrá quien crda que esos ejércitos numerosos que consu- 
lten los tesoros de la Europa se sostienen con el solo obgeto de 
estar preparados los Gobiernos para una guerra? no, no es para 
eso ;( es' para supltf la falta de medios morales >folta que se hace 
sentir en todas! partas á pesar de que nüñoa han sonado tanto 
como ahora los nombres úe libertad y paz, orden, justicia ^ 
fraternidad: la necesidad social es de moralidad la que no pue- 
de separarse de la Religión única fuente die la que brota: des- 
piértense los Sentimientos religiosos, inculqúense al pueblo las 
máxíínas dé la moral; repítasele que todo es transitorio «n este 
mundo, y así hmrá de los goces incompatibles con la virtud. 

A los institutos religiosos debemos grandes adelanto^ en las 
ciencias; á los institiilos religiosos debenoíoa célebres historia- 
dores, oradores^ filósofos; á los institutos religiosos debettiós 
grandes sabios > varones eminentísimos en ciencia y en virtud; 
á los institutos religiosos debérnosla mayor parte de los libros 
en que: hemos estudiado; á los institutos religiosos debérnosla 
educación gratuita del pueblo ; á los institutos religiosos debe- 
mos... pero referir lo que les debemos seria recordar la ii^rati- 
tud ¡qué pocos hombres se contarán entre! los que se titulan emi* 
nentes que no hayan debido su pf imera instrucción á los institu*- 



ÜE VALENCIA. 9 

tos religiosos! la piedad fandó estosr institutos^ la caridad los 
sostuvo^ la revolacioQ los derribó^ el orden principia á resta- 
blecerlos* 

Repito que soy enemigo.de exageraciones^ yo no pido que 
vuelvan ¿ abrirse los conventos tal cual estaban, yo no pido que 
se multipliquen, deseo solo que se cumpla la ley; poraue ley es 
el Concordato cuya observancia es de interés común ; oeseo que 
conocidos nuestros males nos agrupemos para remediar las 
consecuencias, deseo que nos reunamos en un centro en el que 
penetren todos los españoles amantes del bien , y que no se re- 
cuerden los hechos de los partidos: todos han cometido gravísi- 
mas faltas; deseo en suma aue todos se convenzan de que en la 
Religión está la verdadera libertad. 

Bernardo Latorre. 



U LIBRE DISCUSIÓN. 



BEFLEXIONES. 



Huye de la libertad que mucho se cacarea , porque de seguro 
es farsa. 

La mayor libertad no existe cuando mas se nombra , sino 
cuando menos nos acordamos de ella. 

La libertad que grita, mas que noble matrona, parece desco- 
cada verdulera. 

La verdadera libertad existirá cuando carezcan de ella 

los criminales, 

los desvergonzados, 

los intrigantes, 

los revoltosos. 

¥ no viviremos tampoco en paz hasta que callen los que 
deben callar. 

Porque la Kberteid de todos estos es incompatible con la del 
resto del pais. . 

Los que mas reclaman libertad son los que por su conducta 
viven temerosos de perderla. 

La desvergüenza odia las trabas, porque inoriria con elbs. 

Los intrigantes quieren libertad para mejor burlar la justicia. 

Los revoltosos comparan él órdeñ á la paz de los sepulcros; 
y tienen razón por lo que á ellos foca. 

ToMoIL 2 



10 EL PENSAMIENTO 

Los que hatblan sin toa ni son hacen coro para entonar him- 
nos en loor de los malos. 

Si los criminales, los desvergonzados, los intrigantes, los re- 
voltosos y los necios que no saben lo que se hablan se juzgaran 
bien á sí propios, lo que hoy es valle de lágrimas, fuera paraíso 
terrenal. 

Los que mas piden derechos, suelen ser los que menos cum- 
plen con sus deberes. Esto es así , porque siempre en el mal 
han sido mas lógicos los hombres que en el bien. 

La revolución predica derechos , la religión deberes; por eslo 
no se concHian. 

Los deberes ligan , Jos derechos desunen : Ja religión es por 
tanto la verdadera ley social. 

Los derechos, antes que al común, sirven al particular: por 
eso cada uno en primer término los reclama para sí. 

Todo derecho es una propiedad : la propiedad se vende , se 
permuta, se empeña, etc. 

Para los derechos siempre hay comprador: en cambio los de- 
beres no tienen precio en el mercado; por eso nadie se acuerda 
de ellos. 

El derecho es, por supuesto, mejor cuanto mas absoluto; así 
al menos lo entienden los que menos valen.^ 

Los mas interesados en la defensa de los derechos absolutos, 
son los de menos saber y virtud; porque los que poseen aquellas 
dotes no necesitan recursos estraordinarios para valer algol en el 
mundo* 

Hoy mas necios ó mas picaros que ayer , mañana mas que 
hoy : así sucederá á los que creen ó fingen creer en el movi- 
miento indefinido y perpetuo. 

El verdadero progreso es el de la virtud, y esta no se conci- 
lla con el derecho absoluto en lo humano. 

En el cumplimiento del deber cabe virtud, en el egercicio del 
derecho solo hay necesidad : santificar los derechos equivale por 
tanto á proclamar el egoísmo como ley social. 

Defiéndese la libertad absoluta cómo verdad abstracta ; sea: 
mas, ¿qué razón existirá después para negar la obediencia abso- 
luta como verdad también abstracta? Siempre se ha dicho, y con 
exactitud, que los estremos se tocan. 

El absolutismo tanto puede ser aristocrático ó. democrático, 
como Real. 

El absolutismo es siempre la negación. 

La negación, la estupidez ó la locura. 

¡Es posible qu« haya en el mundo hombres de razón que 
trabajen por parecer estúpidos ó locos! 



BB VALENCIA. 11 

Lo absoluto está en Dios: cuando los hombres pretenden ser 
dioses.... se tornan farsantes. ¡Debilidad! ¡Miseria! 

La libre discusión es el mercado para los especuladores que 
bacen mercancía de los derechos políticos^ y que^ como gitanos^ 
aspiran a engañar al comprador vendiendo gato por liebre. 

En política^ como en medicina^ son una calamidad los em- 
píricos charlatanes que ocultan la ignorancia con la locuacidad. 

El derecho de charlar ó de discutir nos hface á todos gua- 
les.... para el mal. Pero si todos fuésemos médicos^ ó abogados^ 
6 sastres^ ó zapateros, ¿cómo habíamos de vivir? Lo propio suce- 
diera> si todos fuesen oradores. 

Donde todois discuten^ nadie sabe mas que otro^ perqué nin- 
guno Icúcoflfiesa^ 

Donde lodo' se discute, nada pasa por bueno* 

Donde nada pasa por bueno, todo es malo. 

La discusión, ilustrada é^ imparcial, dá luz: apasionada é 
ignorante, dá humo. 

Las discusiones mas empeñadas son las que menos bien pro* 
ducen, porque las resuelve la pasión. 

La manía de discutir mucho conduce á hacer poco ó nada. 

La discusión mas libre es la mas larga, mas empeñada, mas 
apasionada , mas irritante, mas ocasionada al inal. 

¿Queréis discusión libérrima?' En hora buena: discutamos. 
Hablando están los necios: los entendidos huyen ó se tapan los 
oidos. HaUan los inteligentes: los necios se arrojan temeraria* 
mente á la discusión, y como gritan mucho y son mas en número 
que los otros, haceqse al fin dueños del campo. ¡Victoria por los 
necios!^ 

Oyese aun abogado discutiendo de medicina, á un ferma- 
céutico de derecho, á un veterinario de administración, á un 
sastre de dogma, á un zapatero de agricultura etc: ved como 
asoma risa dé burla en los labios de ciertos demagogos, aristó- 
cratas sin saberlo. ¡Ilógicos I ¡Impíos! Sed consecuentes en 
vuestras doctrinas. ¡Hincad humildes la rodilla: esa es la voz del 
oráculo: no reneguéis de vuestros dioses!^ 

Cuanto mayor es el número de los que cHscuten, menos se- 
guridad se tiene de descubrir lo verdadero. 

Porque si es cosa difícil unir a dos . cuando se trata del inte- 
rés de aníbos, mucho mas lo será conciliar á ciento, ámil^ aun 
millón, á muchos millones. 

Lo mejor no es lo que ma& se discute, ni aun es tampoco 
muchas veces lo que mas se piensa. 

Lo mejor es siempre lo mas acertado, y la virtud de acertar 
no ha sido nunca patrimonio de muchos. 



12 .EL P£NSAMIBNTO 

No es lo mismo discutir que meditar^ y la esperieucia com- 
prueba^ que lo uno suele ser estorbo á lo otro. 

Tampoco es lo mismo disputar^ contender ó porfiar^ que dis- 
cutir : para lo primero sirven mejor los que tienen mas pulmo-^ 
nes; para lo segundo los que tienen mas cieneia» 

La discusión entre los ignorantes convertirse suele en porfia. 

Así la libertad de discutir es el derecho de insolentarse^ de 
atacar lo bueno, de defender lo malo,, de provocar la discordia 
y escilar todas las malas pasiones. 

Así la libertad . absoluta de discutir viene a ser el camino del 
ateísmo, del infierno de la política; y por eso la condenan cuan- 
tos blasonan de buenos cristianos, y de sinceros liberales. 

Miguel Vicente Almazan. 



iSE SALVO LA PATRIA! 



Al fin ^ se despejó la incógnita que nos traia meditabundos 
y azorados.— Se levaptó la cortina y'^apareció á nuestros ojos lo 
que babia detrás. -r-El ministerio cansado de dar bromazos, ar- 
rojó sobre una silla el dominó, y podemos, saborear el placer de 
haber conocido á la postre , quién era el enigmático personaje que 
en tan gran manera escitaba )a pública curiosidad. 

Ya la Época no podrá esclamar: «el ministerio es vicalvaris- 
ta;»— -ni los moderados— «es nuestro;»— ni los conservado- 
res. ••• ¡qué disparate! Los conservadores ni aun tienen derecho 
para decir «esta boca es mía.» 

El ministerio Armero-Mon , sépanlo nuestros suscritores ; el 
ministerio es simplemente progresista.... Me jengano; es sábia-^ 
tfteníe progresista, 

¿Qué mayor sabiduría que encontrar el medio de nivelar el 
presupuesto de gastos con el de ingresos? ¿Qué progreso mas 
palpable que el de aumentar las contribuciones? 

Ya estoy escuchando á los maliciosos que dicen — «Eso no es 
qiyelar los gastos con los ingresos , sino los ingresos con los gas- 
tos;»— y añaden:— «Ese arbitrio de nivelación lo encuentra ua 
Alc^udro cualquiera, sin necesidad de que se llame Al^an- 
dro Mon. 

Pero esas soa murmuraciones , y la murmuración es un pe- 
cado. 



DB yUSÜGIA. 13 

Paguraios, pues^ sia murmurar; y vamos progresaBjo. 

Pero ahora caigo. ¿Y el r^^peto á los principios constitucio- 
parlamentarios? ¿Y la ley fundamental? ¿Y las Gorfes? ¿Cómo ha 
podido el ministerio aumentar la contribución por medio de un 
Real decreto^ quince} ó veinte Idias antes de abrirse el Parla- 
mento?— En esta parte el ministerío se encuentra absolutista. 

Porque la verdad es ^ que la contribución territorial acaba 
de sufrir un aumento^ que es mas para sentido que para dicho; 
sin que los padres de la patria hayan pronunciado su fiat ex 
cdtbedra; y hablando en puridad^ ü un ministerio no copsulta 
al Congreso^ sobre lo que la nación ha de pagar^ no atinamos 
que pruebas puede dar de su liberalismo* 

Y no se diga que el miuisterio se reserva dar cuenta á las 
Cortes y pedir su aprobación ; que si esa es escusa plausible cuan- 
do la medida es urgente^ y la apertura del Parlamento está le- 
iaua ^ no lo es en víspera de su primera sesión. Y aunque ya sa- 
bemos^ que si las Cortes niegan su aprobación al aumento^ este 
quedará nulo^ tampoco ignoramos^ [que ¡antes] que se ocupen de 
este asunto^ pudiera sobrevenir una disolución , y quedarse las 
cosas tales como el Real decreto estaUece.... Nuestro puritanismo 
se espeluzna al pensar en semejante peligro. 

Tentados estaríamos á creer^ que el ministerio es ultra retro* 
grado^ siao sintiéramos todo el peso de su progresismo. 

Porque veníamos pagando por contribución territorial el 10 
por lOQ de nuestra riqueza imponible ; y ahora nos encontramos 
sujetos á pagar el 14 coa ^us correspondientes agregados. 

A primera vista parecerá esto un poco gravoso^ y tal vez me- 
ditándolo bien , creerán los mas que es insoportable ; pero no 
leadrán mucha razón , que digaaK)s ; pues la cosa tiene sus ven-» 
lajas que compensan grandemente los inconvenientes. 

Hasta ahora , por egemplo^ el contribuyente ignoraba lo que 
|e correspondía pagar hasta 'que eljrecaudador se Ío decia ; y esto 
daba lugar á que los cavilosos sospechasen si se les exigiría mas 
de lojusto ; aparte de que ningún padre de familia podía incluir 
la contribución en el presupuesto de gastos^ porque no cooocia 
su importe. 

El celo paternal del señor Mojí , ha encontrado el medio de 
evitarnos uno y otro ^ y merced á su flamante descubrimiento^ 
ahora al empezar el afio^ puede cada ciudadaoo echar sus cuen-» 
tas del modo siguiente: 

Mi riqueza imponible asciende á . . . 4000 reales anuales» 
Pagaré el 14 por 100 de contribución nacional. S6Q — 

El 11 por 100 de presupuesto pr9vincial. . 61 60 

El 10 por 100 de prcsupueslp municipal . ,U6 — 



14 EL PENSAMIENTO 

. Et 3 por 100 de réparUmienlo y cobranza. ÍO f9^ 

Total ÍBjo. . , 697 89 

Además el fondo supletorio, las condonas y fallidos, los re- 
cargos en que involuntariamente pueda incurrir.... . vendré á 
pagar en total un 20 por 100 de mi renta. Cuenta redonda;— 
verdad es qvie su redondez hará q^ie mi fortuna acabe en punta. . . . 

¿Y eso qué importa?— La punta de mi fortuna podrá servir 
de aguja para el remate de una nueva pirámide erigida en honor 
de los parlamentarios qué prescinden del parlamento; y ¿quién 
sabe? acaso sea et> sepulcro donde depositemos sus venerandas 
cenizasi' - ; 

Entre tanto gozemos de ló presente. A cambio de unos cuan- 
tois teáteíós rúm adquieren unos la calidad de electores , y otros 
la de efegíM^s, que hasta hoy m tenian.^Un pasó mas hacia el 
sufragio univér§aK 

Dirátn algunos que se encontraban muy bien haHadós con su 
esclusion de las listas electorales; pamema. No baga V. E. caso, 
señor Mon;e&tf lo dicen poseídos del espíritu oposicionista: 
pues que, ¿no habrá algunos que sin poseer otros cuadrúpe- 
dos que un perro y dos gatos, ni conocer otro caldo que el 
del puchero, se inscriben en malrícufei como tratantes en ga- 
nado, descaídos, 6 en cualquier otra cosa, solo para poder la- 
brar nuestra felicidad desde los. escaños del congreso?— V. E. 
se anticipa al deseo general*, y con un rasgo magnánimo eleva 
considerablemente et numero de padres y padreadores— ¡Oh! ¡y 
cuan despoticanwnte progresista está V. E ! 

Pues ¿y qué diremos de fa sabiduría con que ha descubierto 
nuestro D. Alejandro el medio de que todas las provincias de Es- 
paña paguen el impuesto con igual proporción? — Es cosa admi-: 
rabie. 

Hlaceqs cargo, lectores mios, de ese estado q-ue acompaña á 
la célebre circular , y observad con asombro que mientras en una 
provincia se venia pagando el. 10 por 100, en otras se elevaba 
ia contribuciop al 16. Y ahora decidme ¿ no es justísimo que to- 
dos paguemos lo mismo? 

Veo en vuestros labios una sonrisa de incredulidad , y paré- 
cemeque os oigo decir «Eso fuera bueno , si en España tuviéra- 
mos verdadera estadística de la riqueza...." Ahi precisamente 
os quería yo pillar. 

Cierto ; en España no hay mas que un fantasma de estadís- 
tica formada por los mismos pueblos de acuerdo , ó mas bien en 
lucha con los administradores; y por tanto según el mayor ó me- 
nor grado de travesura por parle de Jas juntas periciales^ y de 
inteligencia y celo por la de los empleados del gobierno , ba ha- 



DB TÁLBNCIA. 15 

bido mas ó menos ocultación de la riqueza ; de donde viene que 
el que mas riqueza ha manifestado aparece contribuyendo con 
el 10^ por egemplo^ mientras el que mejor ha sabido ó logrado 
ocultarla^ .figura como si pagara el IS. Por consiguiente la ley 
niveladora del Sr. Mon viene á ser en [úllimo resultado un cas- 
tigo para el que mas se ha aproximado á la verdad^ y un premio 
para el que mas se ha separado de ella. 

Todo eso ei^ verdad; pero también lo es que en. ello se encierra 
una lección práctica^ sobre la manera mas conveniente de con- 
daeirsé en materia de declaraciones de riqueza. 

Esto decimos tan solo para que sirva de materia de estudio 
á nuestros lectores; pues por lo demás nosotros estamos por de- 
cir y qué lodos digan siempre verdad ; y venga lo que viniere. 

En conclusión^ por lo qué hace á la provincia de Valencia, pa- 
gaba el 10 por 100, y de hoy mas pagará el 14, que con los 
aditamentos de que hablaba antes, subirá á un 20 por 100. 
Es decir que si en tiempos/mas oscuros pagábamos el diezmo 
de algunos frutos, ahora en dias mas daros pagaremos el quinto 
de toda la renta, cójanse frutos ó no se cojan. 

Vamos, pues^ progresando ; y á este paso no tardaren^os en 
llegar al fín. 

Vicente Linares. 



Mr. Carlos Mulíer acaba de dar á luz una obrita titulada La 
Legitimidad^ y encerrada en un tomo en octavo prolongado. 
Aunque su obgeto es algo estraño para los españoles , como redu- 
cido á dar á qonocer las opiniones del partido legitimista francés; 
sin embargóla, obra contiene observaciones aplieaUes á todos los 
paises, trabajados, ó amenazados por la revolución y que creo 
no desagradarán ?i los- suscriptores de El Pensamiento de Va- 
lencia ,-^dentro del cual caben justamente las ideas políticas del 
autor. 

Por lo mismo damos á continuación uno de los artículos de 
dicha obra,' sin perjuicio de publicar, si place, algunos otros: en 
la inteligencia de que en. la traducción hecha por quien nó es 
aventajado en este género de trabajo siempre desmerecerá algún 
tanto el original, e^rito ciertamente con valentía, precisión y 
elegancia. 



16 BL PfeMl^lMieMTO 

25. '. 

uLa pugna entre la revolución y la libertad aparece también 
en todo un encadenamiento de hechos y de situaciones. 

¡Qué diferencia entre las promesas y los resultados! 

Pero no buscar la esplicacion de esta contradicción sino en 
la influencia de las formas políticas seria pararse en la superficie 
de las cosas. 

Importa no perder de vista el principio divino al cual sel re- 
fiere la legitimidad. Si tenemos poder para el bi^n es porque nos 
apoyamos en aquel principio. Si la revolución , es impotente es 
porque reniega del mismo. 

La revolución hn, nacido del escepticismo ; lá libertad es hija 
del cristianismo ¿cómo pues la revolución y la libertad podrían 
conciliarse? 

El (Cristianismo enseüa á los hombres la fraternidad , la cari- 
dad^ la igualdad delante de Dios. £1 escepticismo los conduce 
fatalmente al egoísmo. No queriendo reconocer uña autoridad 
superior á la de nuestra razori individual^ nos erigimos sobera* 
nos y arbitros de nuestros deberiBs para con nuestros semejantes; 
ó mas bien dejan de existir estos deberes : ellos no tienen ya ley 
ni regla. El derecho desaparece^ la idea de legitimidad se borra; 
no queda mas que el miedo á la gendarmería^ la fuerza de la lega- 
lidad : cada cual no tiene mas mira que referir esta legalidad en 
cuanto sea posible á la satisfacción de su interés particular. La 
cuestión de libertad está completamente sacrificada á este pen- 
samiento. ¿Qué importa á los partidos que la centralización sea 
una tiranía, si es para ellos un medio para reinar? ¿Qué im- 
porta al rico que la quinta sea dura para el pobre? ¿Qué importa 
\k iniquidad del censo electoral á la clase acómocfeda que paga 
SWO francos de contribución? Escuchad al í>rofésoí que desde lo 
alto de su cátedra truena contra el des()Olismo: él tiene el fa- 
natismo de la líber I ad, pero todo está pérdid6, os dirá^ si tocáis 
el monopolio de la universidad. Tau fogoso como fe Visteis ayer 
tíñ la tribuna defenderlas prerogativas parlarnentarias, fe oiréis 
hfoy ensalzar el gobierno personal..». Es ya miriistro, ó conse- 
jero de Estado. 

Todo el mundo grita «abajo la legitimidad! ¡Viva la revolu- 
ción!... Pei*o ved que viene un lógico terrible: eslá* cübiéño de 
harapos é intenta aprovecharse á su vess del desorden áocial. 
Ia libertad que le conviene es la de vivir sin If&bajar. 

De este modo se revela el estrecho enlace dé todas las leyes 
del orden. Remontando á la razón dé kis cosas, vémós esplicadá 
la legitimidad de las constituciones sociales por su conformidad 



Dfi VALENCIA. 25 

sin contradicción el proyecto que mejor reúna las condiciones de 
asequible^ adecuado y decoroso. 

Si por desgracia no se realizase la erección del monumento^ 
el baeu nombre 4e Valencia no quedaría bien puesto ; pero no es 
esto lo que mas debería afligirnos^ sino el haber hecho el doloroso 
descubrimiento de que el amor y veneración de los valencianos 
á la reina de los cielos , no es tan sólido en nuestros dias como 
lo ha sido desde antiguo. 

Pero no; eso es imposible. Valencia, ahora como siempre, 
dará pruebas indudables do qué merece el renombre de católica 
que goza en todo el orbe. 

Francisco Quereda. 



FERRO-CARRIL. 



' El 29 de diciembre de 1857 ha sido un dia de júbilo para 
Alicante. El 2S áJas diez de¡la noche recibió el Sr. Marques de 
Rio-Florido, como presidente de la estinguida Junta de Gobierno 
del ferro-carril de Alicante a Almansa^ un parle telegráfico anun- 
ciándole que á las siete y media había quedadp terminada la vía. 
Por un acto espontáneo aparecieron en la mañana siguiente Iqs 
edificios lujosameoté adornados en su parte esterior y las bandas 
de música recorrieron las calles de la ciudad, contribuyendo po- 
derosamente á aumentar el justo entusiasmo de que se hallaban 
poseídos sus liabiianlés.' 

Sentimos que no nos sea p^ibte insertar las comunicaciones 
conque la éslipguida Junta de Gobierno, la de Comercio y el 
Ayuntamiento felicitaron al Sr. Salamanca, manifestándole á la 
vez su gratitud por la feliz conclusión de una obra,' tanto mas 
deseada cuanto que abre á aquel pais, y especialmente á la ca- 
pital, un ancho porvenir de felicidad^ Alicante, como consectien- 
cia de la próxima inauguración de su ferro-carril, esperimentará 
indudablemente los benéficos resultados que consigo traen el 
acrecentamiento del comercio, el progreso de las artes y el desar- 
rollo déla industria, manantiales de riqueza que á la vez que 
multiplican sus propios elementos de vida, hacen ostensivos sus 
abundantes dones á todas las clases de la sociedad. 

Valencia , madre por tantos años, y. hoy hermana mayor de 
las demás provincias comprendidas m su antiguo reino; que se 
goza por el bien general , cualquiera que sea el punto donde lo 
vea 'nacer, y que cediendo á las leyes naturales de familia, ha de 
ver con singular complacencia la felicidad deí sus hermanas que- 

Touo II. 4 



26 EL ?EI«SAMIBNTO 

ridas^ ofrece su fraternal y sincero parabién á la de Alicante^ 
dándole las mayores seguridades del deseo que la anima , de que 
la providencia concede á su privilegiado suelo cuantos dones es 
dado disfrutar á sus hijos. 

Tomás Guijarro. 

Por el autor, 

A. Áparisi y Guijarro. 



MIS PlflSIONES, 

POR SILVIO KELUGO. 

- ♦ 

(GoDtinuacipD.) 

También vela pasar muchas mugeres detenidas. Siguiendo 
aquel corredor^ y pasando por debajo de una especie de bóveda^ 
se llegaba á otro patio donde estaban los encierros de las muge- 
res y el ho^ital de los sifilíticos. Una sola y delgada tapia me 
separaba de uno de los encierros de ac]^uellas« Muchas veces me 
aturdían las pdbres eon sus canciones o con sus reyertas^ y por 
la noche ^ cuando toda especie de ruido hahia cesado^ las m 
conversar. Fácil me hubiera sido entablar conversación con ellas; 
pero me abstuve no sé por qué motivo, ¿sería timidez, orgullo, 
prudencia ó temor de aficionarme á mugeres desgraciadas? Me 
.parece que contribuyeron á la vez todos estos motivos. €uando 
la muger es lo que debe ser .¡cuan sublímese presenta a mis ojos! 
El verla, escucharla, hafalaila, toda Uena mi alma de nobles ideas; 
pero envilecida y despreciable me perturba , me aSlije, me desen- 
canta el corazón. 

Y no obstante (los no obstantes son indispensables á todo 
aquel que pinta al hombre , á este ser tan complexo) entre aque- 
llas voces femeninas habíalas muy suaves, y éstas ¿por qué lo he 
de ocultar? me agradaban: sobre todo una, mas suave que las 
demás, se daba á escuchar con menos frecuencia, y nunca encer- 
raba vulgares pensamientos. Cantaba poco, y por lo regular solo 
estos dos patéticos versos: 

¿Chi rende alia meschina 
La sua felicita? (*) 

Algunas veces entonaba la Letanía, uniéndose entonces á ella 

■ i . 

(*) ¿Qaién podrá á la desdichada su felicidad tornar? 



DB VILBKCIA. ti 

todas ras compañeras ; pero yo tenia el don de distinguir la vez 
de Madalena entre las demás que pareciai oponeree á que llegase 
a mis oídos. 

$í^ aquella infortunada^ se Mamaba Madalena. Guando suscom- 
paBeras recitaban sus desgracias , ella sabia compadecerlas , y 
triste esclamaba:- ránimo querida mial elSefior no abandona 
a nadie. 

¿Quién se podia oponer á que yo me- 1» imaginase hermosa^ 
mas desgraciada que culpable , nacida pera la virtud ^ v capaz de 
volver á ella , si de ella se hubo apartado? ¿Quién pudiera vitu- 
perarme si al escucharla me enternecia> ó^i por en rogaba con 
un fervor particular? 

Si la inocencia es veneranda> (cuánto no lo es también el ar- 
repentimiento! El mejor de los hombres, el hombre Dios^ ¿se des- 
deñaría por ventura en fijar una mirada de compasión sobre las 
pecadoras 9 en respetar su confusión, y colocarlas- en ehnámero 
de las almas que mas honrase? Y nosotros^ ¿i aué manifestar ese 
encarnizado desprecio hacia ki muger que cayo en la ignominia? 

Asi razonando , estuve tentado varías veces de alzar lá voz y 
hacera Madateaa una declaración de amor fraternal; Una vez ya 
llegué á pronunciar la primera. silaba de su nombre: Mad!.... 
pero i ó rareza ! el corazón me palpitaba lo mismo que ¿ un ena- 
morado de quince aSos^ ¿pesar ^e tener treinta y uno^ edad en 
la que no suele palpitar con tanta violencia. 

No pude acabar el nombre ; volví á empezar Mad!... Mail. . . 
Bero en vano ; reíme de mí müsmo , y esclamá de rabia: Matlo (% 
j no. Modín.. 



Ast terminó mi historia con la pobre criatura ; durante algu- 
nas semanas tuve que agradecerla todavía muchas dulces impre- 
siones. Si me hallaba melancólico, frecuentemente su voz venia k 
alegrarme; si pensando muchas veces en la bajeza é ingratitud' 
délos hombres aborrecía á todo el universo entero^ de nuevo 
hería la voz de Madalena mis oídos, disponiéndome entonces á 
la piedad y á la indulgencia. 

iQuiera el cielo que tu, ó desconocida pecadora, no seas con- 
denada á un grave castigo, y que sea el que quiera este pueda 
servirte de lección para ennoblecer tu alma, vivir y morir en la 
gracia deV Señor I i Quiera Dios que halles en todos los que te co- 
nocen el respeto y simpatía que sin tratarte has encontrado en mí! 
¡Que puedas inspirar a cuantos le vean la paciencia , el dolor , la 

(*) Loco* 



28 EL. PENBáHIBNTO 

sed dé virtad> la c(>Bfiata:ia eoDios^ m Qa^ todo lo' que tnspií^id- 
tos al qa^ sin verte te amó ! Acaso 8e.equiv(Kiue mi imagiráción 
al concederte una figura agradable^ pero tu alma.... ¡akl U alosa 
estoy bieo eierte que es prooiosa. El leftguage de tus compáBeras 
era grosero^ el tuyo noble y púdico ; blasfemaban áDtos> y tú )e 
b^dedas; entre ellas dispiulabaa , y tu las ponías en paz ; ¡Ál 
si algún mortal te ha tendido su mano para sustraerte de la car- 
rera del deshonor^ st.tuYÍeron delicadesa sus beneficios^ si epjugó 
tus lágriitaaSy {que llueva sobre él toda especie de consuelos! (que 
llueva también sobre sus hijos <, y sobre los hijos de sus hijos (4). 
Contigua á mi prisión habia olra con . varios hombres. Tam- 
bién losoia hablar: uno de ellos sobrepujaba á los demás en 
autoridad/ no quizás porque fuese de condición mas elevada^ 
siAo por tener mas facundia y audacia que los otros. La echaba 
de doctor^ como se suele decir; se querellaba é ioiponia silencio 
á sus antagonistas con el imperioso acento de su voz y la ener- 
gía de sus pulmones. Les dictaba cuanto debían pensar y sentir^ 
y ellos ^ después de alguna resistencia^ acababan por darle razón 
en todo. 

¡Infelices! 1 ni uno entre ellos habia que para aliviar los dis- 
gustos déla prisión espresase algún sentimiento tierno > un pen- 
samiento rdigioso é de amor! 

£1 gefe de mis vecinos me dirigió uo saludo al que oooítesté. 
Preguntóme qué tal pasaba a^ue/ia maldita vida, á lo que fe 
respondí que para mí no habia vida maldita por triste que fuese^ 
y que hasta la muerte era preciso busoax la diéha de pensar y de 
amar. 

— Esplicaos^ caballero , esplícaos* 
Me esplique pues^ n^s no me entendió; y cuando después de 
ingeniosos rodeos tuve valor para articular la viva ternura que 
despertaba en mi corazón la voz de Madalena , soltó mi vecino 
una fuerte risotada. 

—¿Qué es eso? ¿qué es eso? gritaron á un tiempo todos sus 
compañeros. — Repitió grotescamente el profano mis palabras; 
las carcajadas se estendieron en coro /y yo hice el papel de un 
tonto. 

* En la cárcel sucede lo mismo que en el mundo. Los que 
emplean toda su capacidad en indignarse^ quejarse y dar rienda 
suelta á sus deseos ^ miran como locura á la piedad , al amor , y 
al intento de consolarse con nobles ilusiones^ que honran tanto 
á la humanidad como á su autor. 

Déjeles reír sin contestar siquiera una sola sílaba. Dos ó tres 
veces volvieron á dirigirme mis vecinos la palabra > mas yo per- 
manecí en silencio. 



r BU VM«KCU4 99 

-«*-¥a,no ebtdrá á laveotana^-r^Se batnré marebadOi-^S^^ habrá 
ido á emúüim loa^ stt^rofr de JAadaleoa.— Nuestra risa le babiá 
íooemodado^ . 

Todo e$to lo dijeron bd un momeólo: y el ^efe oonclujópor 
imponer silencio á los demás que aun cuchicbeabao de mí. 

— Vamos callando^ grandísimos bestias^ no sabéis lo que decís. 
No es el vecino sobre ese punto tan borrico como pensáis. Sois 
incapaces de reflexionar en nada. Yo^ es verdad /me echó 4 reir 
eLprimero, pero después reflexiono. Los mas incorregibles ban- 
didos suelep desesperarse como nosotros, pero el tener mas ale- 
gría, mas caridad y mas confianza en los beneficios del Cielo, 
¿qué se os figura á vosotros que quiere decir? {YanH)sáver! 

^Hombre ahora que yo también reflexiono, me parece quiere 
decir que es ser menos tunante que nosotros. 

— ¡Muy bieu! gritó el principal con estentórea voz; desde este 
momento conozco que promete algo bueno tu mollera. 

No me lisonjeaba á la verdad mucho d pasar solamente por 
un poco menos tufante que. ellos, y no obsta,ute, esperímeiitaba 
cierto gozo al ver reflexionar á aquellos miserables sobre la im- 
portancia de cultivar les bunios sentimientos. 

Moví las vidrieras de mi ventana como si me fuese á asomar: 
el geíe me llamó, y le contesté, creyendo que tuviese algún deseo 
de moralizar á mi modo^ pero me engaflá ; los entendiraientQs 
vulgares huyen de los raeiooinios serios : ^\ alguna nobte verdad 
penetra su inteligencia , son capaces de a|)la«idirla por un mo* 
mm\Oy mas' bien pronto, iqpartando de ella su knagtnacioñ , no 
pueden Resistir al deseo de ostentar su parecer, mpfíindose de 
esta misma verdad, ó bien poniéndola en duda. 
Preguntóme después si estaba preso por deudas. 

-p,No. . 

-^¿Quizás acusado de robo^ por supuesto falsamente? 

-^Nada de^so. 

^¿Algo'deamof? 

-^Tampoco. 

-r-¿Homicidio?. 

t-^Menosi 

— ¿Garbonarismo? 

— Piíecisariiente. 

—Y decid, ¿qué es eso de carbonarios? 

-i^Los conozco tan poco, que no puedo contestaros. 

A esto nos interrumpió bruscamente un secmdinOy y después 
de haber llenado de injurias á mis vecinos, volvióse hacia mí y 
me dijo, mas bien con la grave<lted de un maestro que con la fe- 
miliaridad de un esbirro. i> 



30 « EL PBMgAMIBinO 



^Es una vergttenza^ caballero^ que os dignéis hablar con esta 
clase de gentes. ¿Ño sabéis que todos estffó son ladrones? Son- 
rójeme ; y después aun me avergoncé mas de haberme sonroja- 
do: parecíame que el bajarme yo á hablar con tod'á especie de 
gentes fuese menos crimen que bondad. 



A la mañana siguiente me asomé á fia ventana con el objeto 
de ver á Melchior Gioja^ pero no volví á hablar con los ladrones; 
contesté sí á sas saludos^ y les dije me hubia sido prohibido el 
uso de la pafeibra. 

Yi llegar al escribano^ que me habia \omado declaración > el 
cual me anunció misteriosamente una visita que debía serme gra- 
^; y Inego que creyó hs^erme preparado lo suficiente^ en fín^ me 
dijo^ es vuestro padre y tened la bondad de seguirine. 

Seguíle en efecto por las oficinas y palpitando de gozo y de 
ternura , y esforzándome en* afectar un aspecto sereno capaz de 
tranquilizar á m pobre padre. Guando supa mi arresto figuróse 
qjue habia sida motivada por sospechas de poca importancia^ y 
que sería puesto pronto en libertad. Mas viendo que mi deten- 
ción se prolongaba^ vino á solicitar del Gobierno austríaco mi 
soltura. i;Deplorables ilusiones del amor paterno!. Mi padre no 
podia creerme tan temeraria para esponerme al rigor de las le- 
yes^ y lar jovialidad con que yo le haUaba acabó de persuadirle 
que nada tenia que temer por mí. 

ia> corta conferencia que me fue concedida me agitó de un 
moda ifiesplicabfó> tanto mas^ cuanto que yo me esforzaba en 
reprimir toda apariencia de agitación. Lo mas dificil para mi fue 
el no man^stársela cuando fue preciso separarnos.. 

En tas circunstancias que se encontraba la Italia^ estaba ya 
convencüdo de que el Austria baria ejemplares con u& rigor es- 
traordinario^ y que yo sería condenado^ sino á muerte^ por lo 
menos á un largo cautiverio. ^Disimular esta convicción á un 
padre^ lisonjearle con la esperanza de mi próxima Ubertad^ no 
deshacerme en lágrimas al abrazarle^ a) hamarle de mi madre^ 
de mis hermanos á quienes jamás> según creia^ volvería á ver 
sobre la tierra^ y finalmente suplicarle sin alterarse mi voz por 
los sollozos que me viniese á ver cuando pudiera! ¡Ah! ¡No^ 
jamás^ me hice semejante violencia^ 

Marchóse por fin consolado^ y yo me volví al encierro con el 
corazón despedazado. Luego que me hallé solo creí poder encon- 
trar algún alivio abandonándome á las lágrimas^ pero este alivio 
me faltó . Ahogábanme los sollozos sin poder verter una sola lá- 
grima. La desgracia de no poder llorar es^ en la grande aflicción^ 



DR YiLBNGU. 31 

UDO de los mayores infortanios; y esa d^racia icoánias veoes la 
esperimenté! . 

Asaltóme una fiebre ardiente con horrible dolor.de cabeza^ y 
en todo el día pude tomar una gola de caldo, ¡Ah^ esclamaba yo, 
si será esta una enfermedad mortal que venga á abreviar mis tor- 
mentos! ¡Deseo bajo y fátuol Dios no le escuchó^ de lo que ahora 
le doy gracias y se las daré siempre y no solo porque después de 
diez anos de cárcel he vuelto á ver á mi cara familia^ y puedo 
conceptuarme felíz^ sino también porque los sufrimientos dan 
valor al hombre y los mios espero que no me serán inútiles. 



V 

I 



* 

Dos días después volvió mi padre : habia yo dormido muy 
bien por la noche» y estaba ya libre de calentura. Recibíle con 
desenvcdtura y cara risu^a y sin que nadie pudiese sospechar lo 
que habia sufrido y sufria todavía. 

Esj^ero^ me dijo mi padre ^ que dentro de pocos dias te man- 
darán á Turin. Ya te hemos dispuesto el cuarto y te aguardamos 
con impacencia. Los deberes de mi empleo me oUigan a regresar. 
Procura por Dios^ hijo mio^ procara volver pronto á mis brazos. 

Su dulce. y melancólica ternura rasgaba mi alma: la piedad 
filial me pareda prescribirme el disimulo^ y por otro lado esta 
simulación me ocasionaba algunos remordimientos. ¿No hubiera 
sido mas digno de mi padre y de mí mismo el que yo le hubiese 
hablado en estos términos: Padre mio^ es muy probable que no 
nos volvamos á ver en este mundo ; separémonos sin irritación y 
sin injustas quejas, separémonos como hombres, y que al menos 
reciba yo sobre mi cabeza la bendición paternal? 

Semejante lenguage me hubiera satisfecho mil veces mas, 
pero al fijar mi vista sobre aquíg anciano venerable, sobre sns 
arrugadas facciones y sus enáinecidos cabdlos, no encontraba en 
aquel desventurado la fuerza suficiente para escucharlo. 

I Y si por evitar su engaño le hubiese yo visto abandonado á 
la desesperación , desmayado , y acaso ¡oh terrible idea! muerto 
del golpe en mis brazos. No: ni pude decirle la verdad, ni aun 
dejársela traslucir; mi serenidad facticia le tranquilizó completa- 
mente, y nos separamos sin verter lágrimas. Luego que hube 
vuelto á mi encierro fui presa como la privera vez de tan crueles 
angustias ó acaso mayores, para cuyo alivio en vano invoqué tam- 
bién el don del llanto. 

Conformarme yo á todo el rigor de un calabozo, resignarme 
al mismo patíbulo , entraba todo en la medida de mis fuerzas; 
pero resignarme al acerbo dolor que mis padres y hermanos hu- 
bieran de sentir ; ¡ ah ! tal impresión era ya superior á mi sufri- 



1 



32 EL íKNBi^llIfiNTO 

miento. PfostotnéiM en tierra con un fervor hasta entonces des- 
conocido para mí^ y dirigí á Dios esta corta plegaria. 

¡Dios mío! de tu mano todo lo recibo ; mas dígnate prodigar 
tu fuerza sobre aquellos corazones para quienes era yo un ser 
tan necesario; que deje de serles tan cara mí existencia, y que la 
suya no se abrevie por esto ni un solo dia: ¡Oh beneficio de la 
oración! Permanecí algunas horas con la mente elevada á Dios, y 
mí confianza crecía á medida que meditaba en la bondad divina, 
á medida que reflexionaba en la grandeza del alma raciona!, 
cuando saliendo de s^ egoismo se .esfuerza en no tener mas vo- 
luntad superior á la soberana sabiduría. 

Eu efecto, esto puede conseguirse, y el deber del hombre es 
procnrarío. La razón, que es la voz de Dios^fla rázon medico 
que ante la virtud hay que sacrificarlo todo. Y ¿cómo se ha de 
cumplir este saccifioío que debemos á la virtud, si en las mas 
dolorosas circunstancias luchamos contra la voluntad del que es 
el principio de toda virtud? 

Guando no puede evitarse el patíbulo ú otro cualquier supli- 
cio, temerle cobardemente y no saber marchar con paso firme 
hacia él bendiciendo al Señor, es indicio del mas de|dorable envi- 
lecimiento, ó de la mas lamentable ignorancia. Y no solamente 
debemos consentir en nuestra propia muerte, sino tambieneülft 
aflicción que han de experimentarlos que nos aman. Solo nos 
está permitido pedir á Dios qno tempere esta aflicción y venga én 
nuestra ayuda; semejante sú{dica siempre es eseuchada. 

Porelaulor: 

Antonio Ápami y Guijarraé 



PRUSÍMIENTOS 

religiosos, polilicos filosóficos de La-Henms, antes de su calda. 



¿Por qué se nos habla incesantemente de progreso de luces, 
y jamás de progreso de felicidad? Porque es fácil persuadir á un 
necio que tiene juicio, y tanto mas fácil cuanto es mas necio; 
empero nunca se persuade á un miserable que es feliz. 

* 

El hoDobre recibe la verdad como los gampos reciben el ro- 
cío : del cielo. De sursum $apientia. 

Todos aparentan amar la verdad ; esta es una de las mas 



»: -íf 3 



DB VALENCIA. 17 

ton el cumplimiento de la gran ley del trabajo^ establecida por 
el mismo Dios como principio de la civilización ; siguiendo la 
filiación de las ideas que vienen de la legitimidad, llegamos á la 
rebelión del hombre contra aquella primera ley. La libertad que 
no tiene á Dios por guia no conduce mas que á la barbarie. 

¿Qué es el derecho al trabajo, reclamado por la plebe revo- 
lucionaria, sino la negación de la institución misma del trabajo 
y de todas sus condiciones esenciales? ¿Y aué mayor blasfemia ha 
salido jamás de boca del hombre? ¡Que! el trabajo no seria ya la 
pena impuesta por el Criador; no seria un deber para la humani- 
dad; seria un derecho! El dia en que semejante doctrina pre- 
valeciese en la sociedad, habría sonado la última hora de la 
civilización ; porque el dia en que el trabajo perdiese á los ojos 
de los pueblos su carácter divino, perdería también el sello de 
la redención que llc\a consigo. La tierra que fecunda, no seria 
ya mas que el teatro de luchas feroces, que tendrían por único 
objeto la satisfacción del apetito bestial. 

Tal es sin embargo el tcrniino lógico, tal la última tendencia 
del escepticismo, que es el principio de la revolución. 

La suprema aspiración del liberalismo revolucionario es esla. 

La revolución es esencialmente materialista: ellalisongea las 
pasiones: aqui está su fuerza. Pero la nuestra consiste en que 
nos apoyamos en el espíritu católico de la Francia. Aunque no 
plazca á los escépticos y á los impíos, la Francia ha permane- 
cido profundamente católica: y esto mismo es lo que csplica el 
prodigioso milagro de una nación en pie todavía y llena de vida 
en medio de tantos motivos de disolución y de ruina. 

No, esa revolución que en sus escritos pone por principio 
la ley del número, no tiene el número en su favor. La masa de 
la nación no está hecha á la imagen de los que tienen el orgullo 
de conducirla. El escepticismo ha hecho profundo daño en 
dertas clases; sus libros están en voga; numerosa es ía clien- 
tela de sus periódicos. Empero hay aqui cincuenta mil iglesias 
en dónde diariamente se apiña un pueblo fiel á sus antiguas 
creencias; un.pueblo que trabaja y oraj un pueblo que vive se- 
gún la ley de Dios. Ese pueblo es la Francia, la verdadera Fran- 
cia. ' 

Si la revolución, que nunca ha representado más que una 
minork, ha. llegado á ocupar el poder, ha sido á favor de la cen- 
tralización. Pero- que pruebe á tocar de nuevo nuestros altares, 
nuestras cruces, nuestros santos; y verá si ha muerto la Vandé; 
.verá ella si esta vez la inmensa mayoría déla Francia, ilustrada 
con las lecciones de lo pasado^ no estará con la Yandél Lo qne 
.desde hace medio siglo detiene ala revolución en su funesto des- 

ToMO IL 



18 EL PENSAMIENTO 

envolvimiento^ en su marcha fatal hacia los abismos^ és ese poder 
del catolicismo. Los diversos gobiernos que aquella ha producido 
han sido la espresion de situaciones accidentales que se refieren á 
un mismo principio , pero que no resumen inmediatamente el 
conjunto de consecuencias de este principio. Ellos no han sido 
mas que los instrumentos pasageros de un sistema general^ cuyas 
tendencias ó se han escapado á su inteligencia^ ó han repugnado 
á la honradez de su corazón. Háseles visto desaparecer uno tras 
otros; y si llevan en la historia el honor de haber luchado con- 
tra el desorden , desgraciadamente no les ha sido dado el venr 
cerlas. 

Hay que observar que nosotros ni para el bien ni para el 
mal tenemos todo el poder que nos atribuimos en el frenesí de 
nuestro orgullo. En los acontecimientos en que creemos desem- 
peñar el principal papel, no somos mas qne ausiliares; y cuando 
no es Dios, es Satanás quien nos gobierna. La revolución no es 
la idea de tal ó cual individuo, la propiedad de tal ó cual partido, 
es un hecho superior á esos hombres y á esos partidos. No es ni 
una monarquía mas ó menos constitucional, ni una república mas 
ó menos democrática : yo lo he dicho , y lo ha dicho Proudhon: 
ella es la anarquía. Ella tiene causas que son anteriores á Mira- 
beau, á Lafayette y á Robespierre; y los que han cooperado á estas 
causas estaban ciertamente muy lejos de prever sus efectos. La 
revolución se opera por dos movimientos que se confunden eíi 
su objeto: un movimiento de centralización, que la monarquía 
comenzó á secundar con un pensamiento de unidad nacional, y 
cuya exageración ha terminado por destruir el equilibrio de las 
fuerzas sociales: y un movimiento filosófico, que aplaudieron todas 
las aristocracias del siglo XYIII, y que degenerando en escepti- 
cismo ha minado los cimientos morales del orden. La autoridad 
legítima ha sucumbido bajo esta doble influencia. Mientras el de- 
recho estaba en el trono, la sociedad tenia aun en su constitu- 
ción política un punto de apoyo, un medio para luchar contra 
estos elementos de disolución. El dia en que la monarquía tra- 
dicional desapareció, emprendió su curso el desorden. Y no fué 
por efecto de casualidad que los defensores de estas tres ideas 
catolicismo, monarquía y libertad provincial se dieron el ósculo 
de paz sobne el cadalso en el ano 93. 

Aunque la revolución se modere en sus tendencias y retro- 
ceda ante su propio espíritu, este espíritu no cambia. A pesar de 
cuanto haga, ella osanticalólica, como es antilegitimisla. Si eü 
ciertos momentos parece que no combate la legitimidad sino en 
odio del catolicismo j en otros su conversión hacia el catolicismo 
es detenida por el miedo de fortificar la causa de la legitimidad. 



N 



DE TALENCU. 19 

Haga, en fin, lo que quiera la revolución y sea cual fuere el dis- 
fraz que ton)e, ella es siempre antiliberal porque es la destruc- 
ción de la justicia, de la cual son espresion la legitimidad y ga^ 
rantía divina el catolicismo.» 

Jo$é Beltran y Pérez. 



Esta fresca , perfumada y deliciosa composición es obra de 
uno de nuestros mejores amigos, que la dedica á Fernán Caba- 
llero. Creemos adornar con esta flor nuestro humilde Pensa- 
miento, y nos complacemos sobre todo al ver que nuestros ami- 
gos participan de la admiración y afecto que profesamos á ese es- 
critor ó escritora, cuya musa es la virtud , y cuyas obras— no 
nos cansaremos de repetirlo— debieran andar en manos de todos. 

VNA. HISTORIA I»» FJLtlRe», 



DEDICADA A FeBNAN GabaLLBBO. 

. Habitaban á orillas de una fuente, 
cuya linfa argentada y trasparente 
yagando juguetona es la alegría 

de una pradera hermosa, 
y hablaban en su idioma cierto día 
un clavel ya marchito y una rosa> 

cuyos bellos colores 
eran la envidia de las otras flores. 

Meciéndose al arrullo 

del aura lisonjera, 
llena la rosa de inocente orgullo, 
dicen que habló al clavel de esta manera: 
—«¿No es verdad que á mi noble continente 

y á mi bello atavío 
sienta bien la corona de rocío 
que puso el alba en mi purpúrea frente? 
¿No escuchas como el céfiro mumaura 
que soy la emperatriz de la hermosura?» 
Gimió el clavel y contestó á la rosa 

con dolorido acento: 
—« ¡Triste de mi! [la juventitíl hecmoda 

solo dura un momeatoi 



20 EL PENSAMIENTO 

Yo era bello cual tu: de nieve y grana 
que eran mis hojas, con amor me dijo 
la estrella del crepúsculo mi hermana: 
digo mi hermana, porque yo soy hijo 
de la primera luz de la mañana.» 
— «¡Quién I jtú!» 

— «Permite que mi historia siga. 
Era una noche : en apacible yuelo 
la luna nuestra amiga 
triste cruzaba el anchuroso cielo. 

Su perfumado aroma 
pedian á las flores las estrellas 
en ese dulce y misterioso idioma 
que sabemos hablar nosotras y ellas^ 
y al oirías, solicitas las flores 
sus esencias mas puras y mejores 
fiaban todas á la brisa , que era 
de estrellas y de flores mensagera. 
Llegó la brisa á mí , su leve arrullo 
mi tallo cimbreó , y en mi alegria 

de inesperto capullo, 
viendo que á los demás me preferfa 
mis pétalos abrí con arrogancia; 
mas ¡ ay ! de mi pureza y mi fragancia 
tan prendada quedó, que en un esceso 
de amor la brisa regalóme un beso. » 
Calló el clavel y de su seno herido 
débil y triste se exhaló un gemido. 

—«Tu desgracia lamento^ 
la rosa replicó de allí á un momento; 

pero no se me alcanza 
que un ósculo no mas te haya perdido: 
vén á mi seno, pues, soy la esperanjía.» 
— « ¡ Ay ! contestó el clavel , soy el olvido, » 

Las auras esparcían 
dos mañanas después algunas hojas, 

donde aun se veían 

débiles tintas rojas. 
Ya en su sitio no vi la rosa bella 
de tan gentil y apuesto continente: 



• * 



DB VALBNGIA. 21 

miré otra vez y al preguntar por ella, 
gimió la brisa y murmuró la fuente. 

/• Orli» Maiquea. 
Por el atttor^ 

A. Aparisiy Guijarro. 



FÁBULA. 



EL SUEÑO DEL PASTOR. 

A la sombra de un nogal 
que crecía en fértil llano, 
cierto día de verano 
durmió la siesta Pascual. 

V mientras él reposaba, 
allí por la cercanía 
suelto el ganado pacía 

y graves daños causaba. 

Volvió del sueño después, 
y al mirar por todos lados, 
vi6 los campos maltratados 
y devorada la mies. 

Y tanto enojo tomó 
del destrozo de las miesos, 
que casi todas las reses 
con fiereza apaleó. 

Mas acertando á pasar 
un anciano por allí, 
«Pascual — le dijo— y así 
te atreves , injusto á obrar! 

¿No adviertes en tu furor 
que la causa de ese mal 
no es el ganado, Pascual, 
si no el sueño del Pastor?» 

Asi en los tiempos modernos 
de soltura y disensiones, 
se estravian las naciones 



22 EL PENSAMIENTO 

mientras duernaen Ids gobiernos: 
Y haciendo después mayor 
el mal , por ellos causado, 
quieren que pague el ganado 
,:^ la desidia del pastor. 

José Iranzo. 

Por el autor, 

Manuel Bemdito. 



Lk ALDEANA. 

« 

(traducción de runeberg.) 

El sol descendía en el horizonte y se adelantaba la noche; 
una serena noche de feslío: las cabanas y los campos parecían 
envueltos en una claridad rogiza: un grupo de aldeanos con sem- 
blantes alegres aunque cansados por las faenas del día volvían á 
sus pobres moradas; porque habían concluido ya su trabajo. 

Habían concluido su trabajo y quedaba recogida su cosecha; 
abundante cosecha esta vez: dejaron en el campo muertos ó co- 
gieron prisioneros á los audaces soldados de una partida enemiga. 
Alboraba el día cuando principió el combate y al tender la noche 
su líegro manto sobre la tierra, era ya completa la victoria. 

Poco distante del campo donde tuvo lugar la ^ larga y san- 
grienta pelea, cerca del camino hay una pobre aldea medio ar- 
ruinada. En el umbral de una choza sentada una joven mira 
silenciosa á los cosecheros mientras estos pasan kntamente. 

Mira y busca. ¿Quién sabe lo que piensa? Tieiie las ardientes 
megillas mas encarnadas que las últimas tintas del sol poniente. 
Está inmóvil; pero tan conmovida/tan turbada; que si en vez de 
mirar escuchara, oiría los latidos de su corazón. 

Los aldeanos siguen su camino, y la joven permanece atenta: 
á cada fila, á cada hombre dirigen sus ojos una pregunta^ pre- 
gunta trémula y llena de angustia, pregunta sin mas voz, que 
el gemido que produce la respiración fatigosa que sale de su 
seno. 

Pero lodos han pasado desde el primero hasta el último, 
entonces la pobre muchacha sale de su inmovilidad y se inclina 
desconcertada; no prorumpe en ruidosos sollozos, pero oculta 
la frente eutre las manos y gruesas lágrimas bañan sus encen- 
didas megillas. 

¿Por qué lloras? la dice su madre: ten valor^ no pierdas aun 



BB VALBI^CIA. 23 

la esperanza^ escucha y no derrames lágrimas inútiles. Aquel 
que buscaban y no han encontrado tus ojos^ aun \ive; ha pen- 
sado en tí y se ha conservado para tí. 

Sí; ha pensado en tí, y no ha corrido ciegamente en busca 
del peligro, siguiendo el consejo que le he dado en voz baja, 
cuando se despedia para marchar con los otros. Iba por fuerza y 
sin intención de batirse; yo sé que senlia mucho dejarnos; y 
exponer con su vida su felicidad. 

La joven levantó la cabeza, trémula y como despertando de 
un sueno doloroso: parecia que una turbación desconoi'ida al- 
taba su corazón ; no dudó mas, miró repentinamente allá abajo, 
donde sobre el campo de batalla se elevaban todavía siniestros 
resplandores, se lanzó en el camino y se perdió á lo lejos. 

Se pasó una hora y otra hora, la noche descendia; pero en 
el horizonte, sobre la argentada luna^ flotaba todavía el pálido 
crepúsculo. 

Ya larda ¡oh hija mía! vuelve, tu inquietud es vana; mañana 
antes de que salga el sol estará aquí tu desposado. 

Y. la joven volvió,, acercándose lentamente: sus ojos no esta^ 
han velados por el llanto; pero la mano que tendió á su madre 
estaba helada como el cierzo de la noche ; y mas Uaocas que la 
nieve en el horizonte estaban sus megillas. 

Prepara mi tumba ¡oh madre mial los dias de mi vida han 
concluido; el hombre que tenia la fó de mi corazón^ cubierto de 
vergüenza ha huido del combale; ha pensado en mí, y en él;' ha 
seguido tus consejos, haciendo, traición á sus hermanos y á U 
tierra de sus padres. 

Cuando volvieron sin él, lloré su muerte? le creí muerto 
como un valiente entre valientes; derramaba lágrimas, pero mi 
sentimiento era dulce: entonces hubiera podido vivir muchos 
años para llorarle ; ahora sé que es un cobarde, y me es odiosa 
la vida. 

¡Oh madrel a la moribunda luz del crepúsculo te be buscado 
entre los muertos ; pero ninguno de ellos tiene las facciones del 
que yo amaba. No quiero habitar sobre este mundo donde he 
sido tan cruelmente engañada. £1 no estaba entre los muertos; y 
afrentada con su ignominia^ no quiero vivir. 

Por la traductora^ 

A. Apéfisi y Guijarro. 




2i EL PENSÁMIRNTO 

SOBRE EL PROYECTADO MONUMENTO EN HONOR 

DE LA Inmaculada Concepción. 



Personas dignísimas de esta ciudad^ personas distinguidas 
tanto por sn posición social cuanto por su piedad^ concibieron 
hace tiempo el proyecto dé erigir en una plaza pública un mag- 
nífico monumento en honor de la Inmaculada Concepción, y para 
perpetuar la memoria del dia, feliz para la Iglesia católica, «n 
que el sucesor de San Pedro declaró dogma de fé lo que ya estaba 
como tal en el corazón de todos los buenos cristianos. 

Como era de esperar, el proyecto de monumento encontró la 
mejor acogida , no solo en Valencia sino en todas partes donde 
llegó la noticia ; y S. M. la Reina se asoció á él con el interés 
propio de una princesa española, y Valencia era aplaudida y en- 
vidiada á la vez, porque en ella nació tan feliz pensamiento. 

Empiezáronse los trabajos preparatorios , según nuestras no- 
ticias, con el mayor empeño, y se 'constituyó una junta compuesta 
de personas apreciabilísimas bajo todos conceptos, á cuyo frente 
figuraba el mismo Gobernador civil de la provincia Sr. Escario, 
quien manifestó los mejores deseos de ver realizado el proyecto. 

¿Cómo no ha tenido esto lugar? ¿Cómo parece haberse rele-^ 
gado al olvido un asunto para todos tan grato y en que todos es- 
tamos realmente interesados? 

Estas preguntas hicimos, y lo que hemos podido inferir de 
las respuestas que se nos han dado, es qué en la comisión hubo 
diversidad de pareceres sobre la forma y objeto que habia de te- 
ner el monumento; divergencia que paralizó un tatito los traba- 
jos emprendidos, los cuales quedaron enteramente suspendidos 
con motivo de la marcha del Sr. Escario; 

Ahora, pues, que ya tenemos Gobernador^ y que éste es el 
Sr. Giménez Sandoval, persona de quien solo elogios hemos oido, 
y de cuya ilustración y rectitud esperamos mucho bien para la 
provincia , parécenos llegado el caso de que se prosiga , y no 
vuelva á paralizarse la obra comenzada; y aunque, á no dudarlo, 
otros se habrán anticipado á nuestro deseo, hablando al Sr. Go- 
bernador de ello , queremos escribir estas líneas para que todos 
los buenos valencianos contribuyan por su parte a reanimar, si 
por ventura fuese, necesario > el celo de los señores de la comi- 
sión, para que veamos llegar á felice cima un proyecto que me- 
rece universal simpatía. 

Por lo demás, de esperar es que entre personas sinceramente 
cristianas, y que con igual celo desean honrar á la madre de 
Dios , desaparecerá fácilmente toda divergencia , y se adoptará 



D& VALENCIA. 33 

grandes muestras del deber que se nos ha prescrito á todos de 
amarla verdaderamente. 

Cuanto mas se estiende y generaliza el error ^ tanto es mas 
vago^ deleznable^ incomprensible; pues que no es otra cosa que 
la destrucción ó la negación de lo verdadero. Al contrario, cuanto 
mas se generaliza la verdad tanto es mas exacta, mas clara, mas 
evidente, porque generalizarla es estender lo verdadero, y sepa- 
rarlo de toda mezcla de error ; viene á ser entonces mas visible, 
pues que nada se ve realmente sino lo que es. 

Tenemos muy pocos sentimientos puros ; en cuasi todos se 
halla mezcla de contrariedades*, las lágrimas tienen su oculto pla- 
cer , y no es preciso avanzar mucho en la carrera de la alegría 
para descubrir en ella alguna tristeza escondida. 

La mayor miseria del hombre no consiste en la incertidum- 
bre de sus juicios, sino en la inconstancia de su voluntad. 

• 

El hombre, ciego en sus pensamientos , lo es todavía mas en 
sus deseos : el infierno le da algunas veces lo que él pedia al 
cielo. 

Hay una especie de misericordia cruel, á saber: la que no se 
aconseja de la justicia. El perdón que no recae sino sobre el cri- 
men, es un nuevo crimen: Dios mismo no concede el perdón 
sino al arrepentimiento. 

Despreocuparse, en el lenguage de los filósofos, no es otra 
cosa que desentenderse del orden, del honor, de la esperanza, de 
la virtud y de la inmortalidad. 

La esperiencia es lo pasado que habla al presente : discurso 
de un viejo que no se escucha , ó que se oye sin darle crédito, y 
para mofarse de él. 

Lo pasado es como una antorcha puesta á la entrada del por- 
, venir para disipar una parte de las tinieblas que le encubren. 

Los dias pasan y se suceden, ¿y qué es lo que llevan consi- 
go? Yotos inútiles, esperanzas fallidas. El presente huye cargado 
de dolores, de lágrimas y de pesares, que se precipitan con él en 

Tomo II. 5 



34 EL PENSAMIENTO 

el abismo insondable de lo pasado^ á donde van incesantemente 
á aumentar el inmenso cúmulo de miserias^ posesión común del 
género humano y su herencia inenagenable. La vida es una es- 
pecié de misterio triste^ cuyo secreto solamente lo posee la fe, 

El amor de los pueblos para con el Soberano disminuye á 
proporción que se enfria el amor de los hombres para con Dios; 
ved por qué son mas amados los Beyes en los paises católicos 
que en los protestantes. 

^ 

De todos los sentimientos que puede inspirar la pública au- 
lorida'í, el mas funesto es el desprecio de ella misma; el odio es 
menos dañoso. Los .pueblos se asemejan a la mayor parte de los 
hombres^ que tiemblan delante del leon^ y destrozan sin lástima 
los reptiles miserables. 

El gobierno ha venido a ser una máquina tan complicada^ 
que no bastan para hacerla marchar todos los cuidados de los 
que gobiernan : éstos cumplen su ministerio cuando logran con 
sus mas hábiles esfuerzos impedir que ésta máquina se pare ó se 
quebrante. Gobernar hoy no es otra cosa que conservar el go- 
bierno. 

Basta, tener ojos y abrirlos para conocer que aun en la tierra 
. se egerce una grande justicia; solamente se nota que ciertas cau- 
sas se apuntan y destinan para otro lugar y otra sesión. Todavía 
es muy débil el que se inquieta y admira de esta demora. 

A la manera que un rio se precipita de la cima de un monte^ 
así los pueblos^ elevados por el cristianismo á la cumbre de la 
civilización^ cuando le abandonan, se precipitan rápidamente en 
el abismo del desorden ; caen y se sumergen en él con todo el 
peso de su anterior perfección; y á medida que fueron mas per- 
fectos, mas horrenda es su caida, mas profundo su abatimiento, 
y mas difícil que tornen otra vez á remontarse á la origen del 
orden y á aquel noble estado de que descendieron. Podríase aun 
mirar como imposible este retorno; parece repugnar á la condi- 
ción de los pueblos, y todavía no se ha visto egemplar alguno de 
él. El movimiento de las sociedades las arrastra incesantemente 
hacia adelante, ó hacia el bien, ó hacia el mal, ó hacia la vida, 
6 hacia la muerte; y los pueblos, lo mismo que los hombres, no 
nacen segunda vez. Empero la muerte es natural al hombre, y 
supuesta la condición de su ser, no le es un castigo personal. 



DB VALENCIA. 35 

mucho mas cuanclo le espera otra vida feliz si él ha sabido mere- 
cerla: no así en la sociedad. No siendo su muerte una consecuen- 
cia necesaria de su naturaleza^ es siempre para ella un^castigo; y 
ora sea que altere voluntariamente su constitución ^ ora que in- 
frinja ó trastorne de cualquier modo las leyes fundamentales de 
su existencia^ jamas perece sino por su culpa > y las mas veces 
se dá la muerte con sus propias manosv ' 

Se nos habla de los miramientos que conviene usar con los 
hombres, y se olvidan los respetos quje debemos a la verdad. ¡Qh! 
dejadnos defenderla, defenderla toda entera; nada, ni un ápice, 

Í)odemos ceder de ella. Hombres apocados, que no osáis pelear 
as batallas del SeQor , salid de nuestras filas ; id , si os place , á 
negociar en las tinieblas con las pasiones, llevadlas en secreto Los 
despojos de la Iglesia arrancados furtivamente á esta esposa del 
Rey de los Reyes: tratad con el mundo y estableced en él vuestra 
paz: la nuestra es la que él no puede dar, sino que viene de 
aquel que dijo: Seréis oprimidos enM mundo. ^ pero no temáis, 
yo he vencido al mundo» 



E§te hombt'e cree lá religión, y tal vez la practica en oculto: 
¿sabéis qué le impide mostrarse abiertamente cristiano? Un ru- 
bor muy natural, á saber :^ que Dtos y su religión han venido á 
ser mal vistos por ciertas gentes. ¡Infeliz, cesa de ocultarte 
detrás de lá cruz: ven, mira cara a cara al que está clavado, al 
que muere por ti en ella; y vé después y avergüénzate de él por 
contemplación a sus verdugos! * 

Al hombre le es necesario creer ; luego prectso^^ es que la 
religión le impida creer lo que le seria funesto á él y á sus se* 
mejaptes. El hombre corrompida aborrece la verdad ; luego pre- 
cisa es que la religión le obligue á creer esa verdad que él abor- 
rece tan solo porque le induce á la perfección. Esta religión y 
esta verdad no pueden encontrarse sino en la Iglesia católica. 

En vez de hacer hablar á la Iglesia como soberana (jue re- 
clama sus derechos , se la prohibe desplegar sus labios a guisa 
de culpable : se escita la, compasión sobre ella dándola , en con- 
mutación de sus derechos, abundancia do penas y de lágrimas. 

A. Aparisi y Guijarro^ 



36 BL PfiNSAMlBNTp 

grOniga 



La sonora campanÍD del secular Miguelete anuuciaba en la noche del 3) 
de diciembre que habia pasado por nosotros la pesada carga de otro año^ 
cuando medio vencido por el sueño y í aparecer una ]uz brillante y dealum- 
bradora , que servia como de refulgente aureola al semblante de un queru- 
be^ qu^ masque de ángel parecía . 

En puridad lo con6eso> lector amigo , que no hay poeta ni enamorado 
alguno, ni aun pintor, que pueda crear aquel semblante ; ni nada de cuanto 
hayas visto en lo humano se le puede asemejar. Caian sobre su frente lím- 
pida bellísimos rizos , que descendiendo graciosamente hacían resaltar la 
sonrosada color de sus mejillas. Era su mirada tan dulce y tan perfec- 
tos sus labios, que no hay pincel que pudiera ^ ni aun siquiera semejar su 
parecido : ¡tal y tanta era la perfección de aquel semblante! 

«Yo soy 1858» díjome entonces con simpática voz y encantadora son- 
risa; y yo al verle tan hermoso, no pude míenos de esclamar: -^¡Load^ sea 
una y mil veces la Providencia divina que compadecida al fin de nuestros 
males, nos concede un aña tan hermoso, preludio de otros iguales! Ya nó 
veremos mas — ;oh dicha! —esas divisiones que nos matan , esos odios que 
nos destruyen , esas venganzas que nos aniquilan ; ya no oiremos resonar 
mas en nuestros oídos esas tristes denominaciones, de moderados, de pro-* 
gresistas , de a))solutistas , de demócratas ,. ni de republicanos ; ni mucho 
menos esassubdivisíonesde divisiones^, que nos empequeñecen y desdoran 
¿ nuestros propíos ojos y álosestraños. De hoy mas, desechándolo que 
nos denigra , y amando lo que nos enaltece , sdo nois llamaremos espano^ 
les , seremos en todo españoles ; y como españoles obraremos : guarecidos 
á la sombra de ese antiquísimo y esplendente trono, para quien hubo un 
tiempo que en sus dominios no se ponía nunca el sol , aunaremos nues- 
tros esfuerzos y pondremos en común nuestra inteligencia y nuestra volun- 
tad para ver á nuestra patria respetada, y aun temida si necesario fuese. 

¡Bendito seas tú una y mil veces, bellísimo querube, que tales nuevas me 

anuncias con ese tu semblante encantador! ¡Seas una y mil veces bien veni- 
do ; y haz que con la bienandanza del presente olvidemos para siempre los 
sinsabores y desgracias del pasado! ¡Llénese , pues, tu misión consoladora, 
y logremos al ñn no oír resonar de un conGn á otro de nuestra patria mas 
que cánticos de ventura , himnos de unión y de amor! 

Tanto me arrobé en estas dulces ideas que no observé que á medida que 
se iba perdiendo en el espacio el vibrante sonido de la última campanada de 
la media noche, aquel semblante tan encantador y tan bello pocos momentos 
hacia, habíase tornado pálido, y perdía la sonrosada color de sus mejillas, y 
sus rizos caían desaliñados, y sus ojos perdían la viveza, y de incomparable 
que era su hermosura ^ se tornaba en una cara vulgar con sus pun- 



\ 



DB VALENCIA. 8? 

tas de antipática. La sonrisa que tanto me había arrobado se eontiftió en 
sarcástica ^ y sus labios de aquel tan puro carmín , de los que habían sa- 
lido aquellos sonidos de eiefa), soto proferían acentos inarticulados y agrios. 
Dibujóse entonces su cuerpo y estaba cubierto de escamas ; mas aunque 
bien constituido , á juzgar por sus foroMS , parecíóaie que había en toda 
stí constitución grande esceso de debilidad. Noté empero que conservaba 
bff manos crnzadas : pero en su color diferente se echaba de yer , eran tam- 
bién muy diferentes las materias ó dones que guardaba. 

¡Bah! ¡bah! esclamé yo displerto, y que loco he sido en fiarme dé apa- 
riencias! Al &n y al cabo el año que empezamos ya á ser digno hermano de 
sus hermanos mayores : con linda cara al principio , acaba por tener un 
cuerpo de sátiro, y probablemente se ostentará también haciendo casi alar- 
f de del cinismo de la desrergOenza : carguemos , pues , con él , que aunque 

pesado un tanto, no deja tampoco de prestar mucho campo á la risa y 
al entretenimiento. 

Por casualidad fijé entonces los ojos en un cuadernillo que sobre mi 
mesa estaba y leo lo primero : «El cielo en 18S8.s=año tempestuoso»... 

—Y tú también ; profeta de desgracias, Tienes á aumentar nuestras zo- 
zobras y nuestro malestar? No te bastaba que lleyásemos á cuestas y sin aya- 
da de cirineo la pesadísima cruz de un sistema tan para que 

nos vengas tú todavía á anunciarnos que hemos de. vivir entre tempestades y 
tormentas? Veamos , pues, si la prensa nos da alguna esperanza de que 
tus pronósticos no se realizarán en la tierra, si es que quieres guardarte en 
todo trance el cielo para ti. 

«La apertura del Parlamento; dicen los diarios, está 6jada par» d día 
10»«.«. esperamos que todos los rejM'eseutantes del país se encontrarán en 
su puesto el dia prefijado.. «. La el^ion de presidente de la Gáoiara popu- 
prserálasenaldelagranbataUa..... que ha de darse entre el ministerio 
y las oposicioníBS. 

Decididamente el astrónomo de Zaragoza es un grande hombre. 
—Mónteseos y capuletos , quiero decir , los periódicos ministeriales y de 
]a oposición se baten estos días, no en campo cerrado, sino abierto sobre 
quien ha de ser presidente del congreso. ¡ Ay ! ¡y qué de cosas se dicen y 
qué de denuestos se arrojan á la cara! Nada se perdonan los unos á los 
otros y han sacado trapillos á relucir que son mas bien para guardados que 
para espuestos al público. Tan ciegos andan en sus ataques y sus defensas 
y tan enconados se muestran que ya es tiempo de gritarles « alto alia seño- 
res; y no olvidéis que de cuerdos y prudentes es no lavar la ropa sucia sino 
en d seno de la famflia. » 

Entretanto el ministerio entregado á una beatitud seráfica , preparando 
planes para labrar k fortuna pública, segan dicen sus amigos, no quiere 
decir esta boca es mia, por temor de que si la abre no se le llene de mos- 



.as EL PENSAMIENTO 

cas; y como esto, asi como puede ser bueno puede Cambien ser malo no 
jEsdta quien le cante. 

Usté na es náa^ usté no es náa 
Usté DO es chicha ni limonia.... 

Y no tienen razón alguna , ¡ pardiez ! los que asi le satirizan ;* porque un 
gabinete que cuenta entre los suyos á un hábil hacendista que aumenta los 
ingresos imponiendo un ochavo de mas en cada cajetilla de tabaco ¡y qué 
tabaco ! es un gabinete sin par , y su hacendista el hombre mas grande que 
han visto los siglos : puesto que ha tropezado ya y encontrado la cuadratura 
del circulo, el movimiento perpetuo y la piedra filosofal , tres cosas que 
son una bicoca comparadas con igualar en el presupuesto español los gas- 
tos con los ingresos. Pues y el H por ciento en la contribución territorial- 
¡ahí es un grano de anis' con dos mas añadidos al antiguo 12 no tan solo 
jamos á apuntar la .tesorería, como diz que se hizo en tiempos de cierto 
rey oscuro> aunque para los paganos grande , sino que todos los contri- 
buyentes saltaran de gozo y de contento. Bendito sea pues el sistema que 
tan grandes hombres proporciona. 

¡Ay I). Alejandk'o, D. Alejandro! si sigues por ese camino, que sí se- 
guirás , vas á dejar hecho un mono á tu homónimo de la antigüedad: por« 
que si al fin aquel* se Contentó con cortar y no desatar el nudo gordiano 9 
tú, prenda del alma, nos vas á diejár á todos iguales, quiero decir cacareando 
y sin plumas. — No incluyo en este número á los mamones, especie muy 
conocida áé\ benéfico parlamentarismo. — 

—Cuando leas esta , lector mioi se inaugurará la legislatura de 1858 ; á 
la que contra la costumbre de otros años acudirá gran número dé repre- 
sentantes- según tes vivas escitaciones que por toda la prensa madrileña se 
les han ya hace tiempo dirigido; alia van y quiera Dios alumbrarlas con su 
lux' santa, para que en vez de males nos den abundantes bienes. ¿Durará 
mucho, empero, su misión? Permíteme lector querido, que lo dude; porque 
á juzgar por las apariencias me parece seria fácil el que volvieran á pasar 
el carnaval á sus propias casas. Yo por mi parte ni lo-deseo ni lo temo; y 
aun fáeil y nada estraño seria que toda esa barabúnda y tempestad que se 
anuncia eiitre oposicionistas y ministeriales, quedase reducida á loque 
quedan reducidos una gran parte de los muchos proyectos que se fabrican 
por esta tierra ; en nada. 

— Vente conmigo ahora á tomar aires, y dejemos que se vaya despejando 
la incógnita, que tiempo sobrado tendremos de«esplicarla. 

Algunos partes telegráficos hace dias recibidos nos habían hecho creer 
que Lucknow había sido definitivamente ocupado por los ingleses ; pero las 
noticias últimamente recibidas por el correo de Calcutta] modifican notable* 
mente las que fueron trasmitidas por el de Bombay. Lucknow permanece 
en poder de los indios ; los desesperados esfuerzos de los tropas británicas 
no pudieron obtener otro resultado que libertar la división del general 



1>B VALENCIA. 39 

Havelock y demás fuerzas que gaarneciaQ la ciudadela, asi como las mu- 
geres , niños y enfermos que en escaso número se habian encerrado allf. 
£1 general en gefe sir Collin Campbell se ha visto obligado á retirarse con 

r 

enormes pérdidas, estableciéndose en fuertes posiciones no lejos de la plaza^ 
hasta que lleguen los refuerzos que con la mayor urgencia ha pedido al go- 
bierno de la colonia. Lejos, pues, de haber conseguido dominar todo el 
reino insurreccionado de Oudft se halla rodeado de numerosos cuerpos de 
insurgentes que le tienen asediado, imposibilitándole el tomar la ofensiva. 
Ademas ha estallado en Chittagong una nueva insurrección» siendo los 
promovedores principales tres compañías del regimiento indígena número 
34 que se había mantenido fiel hasta ahora. Contra ellos se habian desta- 
cado algunas fuerzas inglesas , ignorándose hasta ahora el resultado. 

En un parte telegráfico que suscribe el secretario del gobierno de Cal- 
cutta se lee lo que sigue: « anunciase que varios gefes de Majher se han 
insurreccionado en Hewah. Se dice también que un cuerpo de insurgentes 
del distrito de Goro^f^al 6 de Mazzapore había pasado el Reglum^ dirigién- 
dose hacia Hewah. Se teme que la insurrección de las tropas de Cotah , y 
el odio que contra la metrópoli reina entre los feudatarios de Meyar y de 
Marnear sean causa de serios disturbios en el Hajpotana. Las fuerzas ingle- 
sas que se hallan allí son poco considerables , y se esperan con ansia los 
refuerzos. » 

— Los rep(*tidos terremotos que tanto estrago han causado en el territorio 
de Ñapóles tienen consternada á toda la población. Muchas han sido las 
víctimas de catástrofe tan inesperada cuanto terrible; pero de este mismo 
acontecimiento ha sacado la caridad cristiana , cuantiosos recursos para 
aliviar la suerte de los que han podido salvar sus vidas. Por todas partes se 
organizan socorros en favor de las víctimas ; los padres hospitalarios , los 
individuos de las corporaciones religiosas , las hermanas de la caridad , el 
clero secular y regular , todos en fin rivalizan en abnegación y en celo para 
aliviar por todos los medios imaginables tamañas calamidades Mas por 
desgracia parece que no toca todavía á su término este cruel azote con que 
la Providencia prueba al bello suelo de Ñapóles ; pues según las últimas no. 
ticias el 22 del pasado se dejaron sentir nuevos sacudimientos y se había 
notado que se habian secado los pozos de la ciudad, lo cual indicaba estar 
próxima una nueva erupción parecida á la que precedió los terremotos que 
dejamos indicados. 

— El 5 del actual se veriñcó la presentación de S< M. y del príncipe de 
Asturias en el antiguo templo de Atocha. Fáltanos espacio para detallar 
esta magnífica ceremonia en la que se ha desplegado según los periódicos 
de la corte un lujo sorprendente. El ayuntamiento y varios grandes habían 
adornado, estos las fachadas de sus casas , y aquel las consistoriales y varios 
puntos de la carrera, con esquisito gusto y diferentes emblemas en los que 
se ostentaba la cifra del augusto príncipe recién nacido. S. M^ concluida que 



40 EL PENSAMIENTO 

fpe la tierna cuanto imponente ceremonia regaló el magnifico trage qne 
llevaba á la gloriosa patrona de Madrid. 

—Inaugurada queda ya la linea férrea que eulaza la corte con el puerto 
de Alicante. Varios fueron los personages que formaron parte de este viaje 
de placer j y grande fue también la alegría de los alicantinos al ver colmados 
sus deseos. Después de los convites de costumbre que se tenian preparados 
en la ciudad agraciada , el principal en el edificio del consulado, y otro en 
la fonda del vapor, regresó á Madrid la alegre comitiva , admirando al paso 
las obras mas visibles que cuenta esta linea , la primera de alguna estension 
que se ba realizado en España. 

—Como católicos y como valencianos nos causa rubor el estampar aqui lo 
que vamos á referir. Las sagradas formas con el copón que las custodiaba y 
varias otras alhajas han sido robadas estos pasados días de la iglesia del 
convento de dominicos que fué de San Antonio Abad , estramuros de Va- 
lencia , y este suceso tan infausto y triste para todos los que nos preciamos 
de seguir la fe de Roma, es doblemente sensible para nuestro suelo que 
basta ahora habíamos visto libre de tan sacrilegas profanaciones. Con harta 
frecuencia hemos visto repetirse en varios puntos de la península hechos 
parecidos^ pero hasta ahora la privilegiada Valencia no habia tenido que 
lamentar de semejantes. Active la justicia sus pesquisas y ayúdela Dios á 
descubrir los malhechores sacrilegos, para qué caiga sobre ellos el severo 
fallo de la ley. Crímenes como estos no deben quedar impunes : la salva- 
ción del orden social depende de la creencia religiosa : en estas materias la 
indiferencia conduce indispensablemente at indiferentismo político y este 
produce necesariamente la corrupción y la muerte Los que con abstractas 
teorías pretenden sostener el ediGcio de los gobiernos, nada conseguirán si 
llegan á mirar como vano juguete lo que es tan esencial y la base mas firme 
de la seguridad de las naciones. No dudamos , antes bien descansamos tran- 
quilos en el celo de nuestras dignas autoridades civiles y judiciales, y en ellos 
esperamos que no veremos reproducirse hechos tan escandalosos. La ecle- 
siástica, vivamente afectada con este suceso, ha dispuesto y se han celebrado 
ya en todas las iglesias parroquiales , tres dias de rogativas públicas ante la 
presencia de Jesús sacramentado , en desagravio de crimen tan horrible. 

— Valencia continúa como reponiéndose de las pasadas cuanto prolonga- 
das lluvias que han puesto intransitables sus calles, y los caminos que la 
avecinan. Comprendemos las graves obligaciones que pesan sobre los fondos 
municipales ; empero puesto que el ayuntamiento ha conseguido se aprobase 
el aumento en la percepción -de los derechos que proponía , justo será que 
destine una parte razonable de sus ingresos, no tan solo en obras de embe- 
llecimiento, sino con especialidad en mejorar el piso y los alrededores de la 
ciudad que dan al viagero que liega una muy triste idea de su cultura. 

Luis Miqutl y Roca. 



' Nae9tfM teetores Áosagradeoerfin qWríMerlemosliwísigttíenK 
te& fragmentos. Ed lo que e$faba' esctrlbienito nuestro Andadísima 
amigo^ cuando le asaltó la muerte. Son los últimos pensamientos 
de áqtrel entendimiento elevado/ tos últimos rasgos de 'aqáella 
plximá brillante, rola para' siempre. ' •./ ^ 

' ; ... Apdrísi y Guijarro.;' 

PENSAMBíNTOS VARIOS. 



I .1 



- t ♦ 






Eft.l^a deí4os denagpgosy la j)alabra fraternidad qm redser^ 
da el antiguo 'pr4^Te!rblo latina xtÉel m óre^ venba láctii'z film 
cúrde,frausmf(ictis7' .. i .< . 

La hora en que fas inteligencias se estravian , és támbfen 1^ 
hora eñ que los caracteres se degradan: las locuras dé los revói- 
líicionáríos soló lian tenido igual en sus bajezas. 

Acoger ía lisonja y rechazar la verdad no fi^ uoo de los pn 
vüegios de la corona: desde que tenemos Reyes que no gobier- 
nan /¿es por dicha menos común la adutaciouy mejor recibida 
lá franqueza?. ; . "' ' 

¿Qué pensarais de unos arquitectos que se entretuvieran en 
reponer vidrios en las ventanas de una oasa cuyos cimientos se 
húrideri? Tales serian los legisladores' que emplearan sü tiempo 
y sus eáfutírztfs en fábrtcar leyes contra la imprenta cuatido fáft» 
a la sociedad su prhnerá hase; " * 

Ün estado en '^líe ste renieguen las íradiciohésáe'ló' pasado, 
es un edificio de que se arrancan las piedras sillares. "'' ' ^ 

.Gemidos por la maíiariaj brgülfo y Ibcuj-á al medió día^ tris- 
teza y peiía por la tarde; he ahr'fel, cuadrante de la vida humana j 
Sin embargo todavía hay dúíién halla tiempo para ^cér.revólu- 

¿fónfeár'- '^-^" ^ -^ '-'" ' ' '^ "• \ -■' '- '■^"' 

'• •» 

Si somos cristianos, las desgracias que nos hacen Qxpiar 

tfíiiéstrásjráftas hós pareberáhí mensajeros ae Dibs^'y íosrecíbireri 

mos con mas alegriai que pesar, ' .* ' '* 

•*'Éa Biblia nbs níñeátra á las abejas fabricando 'dulcísimos' pa- 
ñálesien la boca del león de Tamathá i emblema de la íteRglori 
que l^ace bajar la paz a los toraíonés en medio de los rugidos* dé; 
la ira ó del dolor. 

' El Iban^ido \qiie pjs ataca pistola ^n. ms^nos^ meuQs lemíblie 
que, el falso amigoj^e os prqpina; ^nvOarcdtífi0 pva>de^PQÍajrQs 

Tomo ii*-*>i«Íbiiii1 94.— »• Enero de tM9, «. 



42 EL PE14SAMIENT0 

sin resistencia.; la desgreñada miiger de las plazudas i»s menos 
{)^Ugrofi« iqne la pooiime^ta y afeitada ramera; mas ;Vaie-iw son 
cíalisla que un vjoUeriaiio. 

La EanaO^ puede salvarse por ios buenos iQst)n,to$ de la dasf^ 
que vive del trabajot no puede serlo por las pajidilias de los que 
há mas de veinte aBos han sostenido todas las corrupciones^ pror 
pagado todas las ideas falsas y y dado todos los malos egemplos; 
por mucho espanto que les ponga la fecienle aparición del espec- 
tro y puede mas en eUos el odio del bien que el temor del mal. 

A los que acuden á un incendio , no debe preguntarse de 
diode vieMn^síBO qo¿ es lo que traen para apagarlo. ¿Qué . tie- 
nen las bombas? ¿Agua ó vitriolo? Guando sci trata de.i^lvar á uA 
enfermo^ poco importa el nombre del médioo; peco importa mu-- 
QJ^o e»i)»t qué r^Qiedio prescribe: ¿es un cordial ó m venene? 
A^t para wirnos ea un peligro común no nos ii^ormemós de 
qué punto han salido «antiguos adversarios políticos;; sepamos 
solo hacia qué punto so dirigen^ y ésplíquense claramente en esta 
parfe. Está es toda ^a.eutsUou. 

Sn Ja vid^ pública como en la vida privada ^ dispensarse de. 
toáo trabajo y esfuerzo porque se cuenta con la Providencia y es. 
cometer el mas grave de los errores^ es tomar d fatalismo por 

, Bri los. dramas políticos^ los autores n\9s aplaudidos en el 
primer aqto pueden estar seguros de ser taml)ien los mas estre-. 
pilosamente silbados al acercarse el desenlace.. 

No se s]\^)rime la miseria prohibiendo la piendiguea^^ como 
no se oculta una Haga ocultándola. 

En tos paises gobernados por el protestantismo ó la filantro- 
pía^ se castiga €on la prisión la demanda de una limosna. Ia 
vista de un hombre que tiene hambre causa una sensación des- 
agradable al hombre que ha comido bien , y se la trata como uu. 
crimen. 

Sucede con la popularidad cómo cOn la fortuna ^ los que mas 
la cortejan son ios menos dignos de alcanzarla. 

Los pregoneros públíoos han anunciado repetidamente el hi- 
meneo del ¿rden y de la libertad ; se ha celebrado con gran pon* 
pa^ discursosj incienso^ antorchas ^ banquetes, serenatas^ nada 
lia ikltado á la solemnidad. No sabemos si este enlace es el re- 
sultado de una inclinación tierna é irresistible . ó si es tan solo 
im trisle y frío matrimonio de raxon; pero sí sabemos que la 
conducta de kM; «sposos ^ muy poco ^mpiar ; que se acusan 



DB VALB^'CU. 



13 



uno á, otro de haber faltado á la fé jurada ^ qué se imurkti fre- 
cuentemente y andan ál redopelo y están cada diá á punto de 
divorciarse. 



•I 



día de todos SANTOS.-DU DE DIFUNTOS. 



Hé aquí h fiesta ualversál; k íüesta. dB n^elancolicoa Feeu«r* 
d06 y dufeísinaas espéranos ^ los: djssppsono» ániio^ de la Iglesia 
vi^w^ y de. esa otra Igíe»a para la cual qo existe ya el Uejpipcu 
No es en el recinto del templo do. se toclina la muchedumbre, 
diode ha de colocarse esta escena , sino en el mundo de los esr 
píritus donde nos djparece mucho nu» grandiosa* Dejad que el 
órgano derrame ea m basílica sus^ torrente» de-armonía ^ berma*- 
nándose coa los^ santos cantares^; dé^d^e^ ínaienso humee' en 
etpebeterade oro> y suban aV cielo ardientes las pl^rias^ y al afi- 
lar el sacerdote á cumplir sus íorrmdabíes misterio ;. rasgad el 
gmn velo tendido entre la tierra y el> cielo; elevaos sobre los mun- 
dos; derramadOs^ coma potva ea el inmenso^ e^aci»:/ ¡bé ahí 

áDiosl.M 

Y al pié dé su tronOj i^¿ ahí los millares d& espíi'Uus que se 
postran^ y les serafines que se consumen de amor^ y loa ({uerubir 
nesquo al son d6 las arpas de orocantaneí éter tío icántico ; he aW 
los triunfadores venidos de los cuatro \^ienioa del cielo , mas nu- 
merosos q^e lós^ huesos qui^ se levantaban á la voz de figoquieM 
Helos ahí de toda edad y seXa y condicioo^i de toda Uibu y toc^ 
lengua^ henchidos^ áú delicias y perdidos en la posesión de lo 
infiniloí Jesucrisio los ha recogido amorosamente en todos los 
caminos de I& vida ; ha ido á buscar á los^^lraviados sóbrela 
montaSa ó en la soledad dé k)$ valles ; ha cubierto con su íuDica 
inconsútil sujs miembros despedazados en los garfios de lo^ caba^- 
Uctes^ y be^p sus clcati;ices^|'haf bajado - como< un* raya de ^ 
á lo interior de sps calabozos ^ ó los ha adormido blapiJameiHe 
sobre las bc^ueras^^ y. de <^ moi^hedumbre siñ>c^ 
y ancianos, mártires y solitarios, reinas y vifgene^/se- ha Iprr 
mado una corona que resplandece con Ja sangrie delCaívario. 

fií' discípufe amado Vio ^n día eSla corona de Cristo ; vio los 
cielos abiertos coímo uü libró; vio á los profetas y las vírgenes, 
y los coros de ángeles que rodean al Cordero, y las blancas alas 



i i ELPBNSJlMÍBI^fO 

del espíritu , y salió abismado del éxtasis, femM^^ 
apostóles, caandó se Irasflgufó Jesus en el Tabor entre dos nim- 
bes resplaudecienjles. Limpiaos del polvo de la tierra, y elevémo- 
nos al seno de do' salió tan paro nuestro primer padre en los dias 
primeros, cuando le puso Dios dulcemente en medio de las flores 
del Edén. La pompa es grande , inmensa , porque el cielo ^s el 
pbellon; la tierra el escaño; el eco de la armonía, la armonía de 
los mundos ; la recompensa, lo infinito; los triunfadores, el gé- 
nero humano purificsüio poi: la sangre de Cristo ; el que. corona. 

Dios. ■'"' - ' '■ '■ ' '^ ^ ' •* - :'''''' ^ . : ■ "• 

En verdad que es cosa muy grande el hombre cuando ha pa- 
sado de la tumba sin dejar en ella mas que el cuerpo, gastado 
ártip'fézQ (fxt él gusano devora sprdáfaénté. Cuando el invierno 
se ayfecipa; ^ «s ya fria la brisa de la tarde, énviiélviese el in- 
seétb cbmo para morir sobre lahoj^, juguete del viento; y cuanf- 
dó él aura, tibio' aliento de la primavera^ viétíé á mecerle amoiro- 
satoentey toma brillantes alas y se vuela. También, para elevarle 
liaáta Píos , parece qué mtieré el hombre; pero no ha dejado en ^ 
polvo íinp la mitad de su ser ; la mejor se há subido masáltíl: 
ILa, muerte! entro en él mundo por él orgullo del hbnirbre.Dios 
lé había hecho tan bello que se cbmplacia enirairárte;'y elinfe- 
!iz^ "á la vuelta de Breves días; se iba desterrado ppr los eamiñós 
del inundo, cdbiertá de maldición la frente, antes tan hérniGÍsti, 
ébn el dolor y éí trabajo, triste cortejb qué hós sigue, ray! desdéj ía 
cuna al sepulcro. El hombre ha derribado el magnífico edificio; 
pcjro Dios tornará á levantarle, y le dará por fundamenta á Cristo, 
y él I)bmbre le esperará cuatro mil afios gimiendo como Job sobré 
»s restos de su grandeza antigua. ¡Cosa admirable y obra verdát 
dérametite divinat Eñ un rinconcito del mundo nace de noche y 
aterido de frió ím pobre niño, de padres pobre,s , y á quien vati 
á saladar pobres pastores; mientras la íuenór de las avecillas del 
xAéú tiene su ttido, el Hijo del hombre nó Jiene dónde reposáf 
su cabeza: A los dos estremos de su vida se hallan él establo de 
Belén y la cruz del G'ólgota,,.y apenas ha corrido la, sangré al 
•golpe dé la lanza, cuándo todo está consumado : justicia de Dibé 
y redención del hombre por feí* sangre y por la miierlé. Mirad 
luego en derredor; el mundo antiguo se ha retirado domólas 
agtiaá del diluvio ; s^ndo castigo dé la humanidad ;^ tpdd há 
mudadío de semblante , y el alma puede reposar come la paloma 
s(*re la verde ranía....... . ' i 

, * Por D. Fícente Miguel y Floréz^ que ha muer tOy 

, . , Á. Aparisi y Guijarro. 



I • •• . • . , • 



DB tlLBKiáA. iti 



■ » 



Sobre las leyes fañ&iiientaíes ilel;4r4én social. , 



. ; áSTÍcubO. í.' (a) 

* m 

La IxMídad de luta legi^ciofa ; desde luego es ooDoeida por 
las daaed ilustradas , f^o las ígnoraotes neoesitaii ver el mate^ 
riat reiSultado de s» aplioa^ieii ¡también las ma^as pofuuiares ad^ 
quieren las ideas que las trasmite Ja opinión de las personas. «fue 
consideran mas mteligdntes yirespetables^y cuando ataanckn 
estas la exoelenoia de utit oonstltoeioa mú y en la práctíeaapa* 
reea su beneficencia ; puede decirse oonveráid > que He baila; d 
pueblo convencido de estar bítm gobernado* De suma importanr 
ciapara esteótjetoes la grande inAttencta que egeroe el vilvo 
egefnplo de las personas cnya conducta sirve de guia, á los de- 
más^ siendo sensible la falia que observó el profundo Bonilald 
en las constituciones europeas ^ < de: ana palanca que nsegbre lá 
fiel aplicación de las leyes : irrisorio fuera en verdad > idear un 
puel^Q satisfecho de la bondad de su gobierdio^si en lugar de' ser 
cunitorla con su templo los encargados de su egecucidn , bicie*^ 
s^ alarde de $u arbitrariedad y del escándalo úñ sus costum- 
bres. La memoria de ios Eforos de Estarla , Censores do Roma y 
Juez jnedio de Aragón^ presta alguna idea del elemento indicado 
por Bonnaldf y cierto que degradadpel prestigia de las leyes^ 
la anarquía es ioevitable.v 

. Deben por lo mismo los socios ausiKaresr^el poder disünguir^ 
se por su ci^cia y virtudes^ á fin de que acompflfiada la aotorii- 
dad soberana del concurso de los varones mas esclárteidos y 
eminentes , puedan asegurar las dases ilustradas el acierto y jus^ 
ticia de toda sanción /y estender por los pueblos sus fundadas 
convicciones. Para la elevada misión^ de los socios .ausiliares del 
Soberano^ laanti^edad tan solo reconoció á ckf tes dignidades 
que reunían lo mia^'seleoto del país por. su espe^rieocia y servi^ 
cios^ sin dejar su elección á la voluntad de las clases i^oorantes 
cuya intervención en objeto tan cientifieo eúmo trasóendental; 
hubiera sido rechazada por lodo hooitre pensador. 

^ Esos gobiernos tan antiguos coina universales, despucs de 
salir de su constitución patriarcal > fuieroii llamadas mixtos ó 
monarquías tenipladas^ á causa de reunir IjDS tres fJementds prín- 
cipes coa esclusion de su singular predominio. Fundado un es^ 



' ' I ■ ■ ■ ^ . - ■ ■ I - . , -■■>•■ 

(n)' Y4á$e él tomo i.^ pagina 678. 



7 . 



critor en su escelencia ; califica á sus pueblos por verdaderameo* 
te libres^^ fio raa^oa 4«, ?prese;Qt;3tr loa > cuerpos ausiliares en sus 
dietas ó cóhsejds nácíoilai^es^ la porción mas inteligente del país^ 
con una actitud tan razonable , ^eomo respetuosa resistencia a los 
tronos ; al mismo tiempo que alejaba la división de la sobera- 
nía, origen de tantos áfenaleé y díséo^dias en la formación de 
las leyes. 

ISansAyirn en olvámáro 14 >d«ei^ AeviMa sedlk^:-i<<Que 
«^ tes antiguas creenníasde^ ta liumánidi»4 soá tm*cíaderM , si 
<< el uiiírérsp> es-ndbrt de lufui Éibid uif ia inftnijtai ^ ^1 'f ürida^niO' dét 
«4er«dii&y 4el ideJber^ tan legítimo coiiiO' inei^ntrailbblé'. 1^ 
aSonoa intdíseiKMa que ói^eqé t\ vnraiido. material, ordéttó d 
^«laaad» moratf Miveátros ütepeféÜM y> deberes noi' som otra cé^ 
ceque lás48j«a eteróaa del órd^i^n , aplicadas; é tes relaciobe^ bti^ 
«m&iiMisvy en^^dt» uno tfe^ hotestroé derechos y deberá sfparéce 
«Diosí siempre comp prínoípk» y sianefim.)>-«Eñ esías miisiíiad dtk^ 
trinas' hállaode inarcaéas ta^ teyes fundamentíles del' órdtín áo^ 
eíal: base visto c§fistaiitemente:> ^ueel órdbn y eslabilrdad dé 
las relsoiones! binnanasi reelanolnn la ireeesidad! de «taá autoridad 
suprema ; y héaquí te eiecciMf ^fnndamentat déf la uMidüd dM 
poder> tati'ivJívO'y ctünstáiftey coiné'fljo y eoBitinuado es el eúfst 
dé la vídaí sociat :: unii^ersat es y ha sido el «orivendmfiéttlo de 
que esta aut(H?td;aid éebe ser tam betíéíica y estáte , coinoaíl or¿ 
denarM' el mismo Dios se propiiso^eti k creación; del^ sérés íA^ 
-rales; y h6 aquf lal necesidad' dbl (s^éncurao y Consejo de lá> sa^ 
Jñdtiría «n ti direedo* del poder y -to siegara* i^ucéesion relegaiidd 
eventualidades funestas. Resultado de- estos priiicipioB íerá el 
«anveaibiiiiienleí dé 'k>s puiéblod lie baHa bien gobei^naiitos en 
coattlo piíede apetecer te inteK^ncia ; resultado ée ^dtospiriñ'^ 
eipiog será ta^ necesidad imperiosa de ^e toda^ constltWcfon sé 
ftpoye ení las bases índeslruetiftlies ; de te jusltoiá ; & bebelícén-^ 
cía y la eslabitidadí del poder. - ^ i ' 

Así efectivamente deben* eg^eütarlo los - nu^os gobiernos i á 
vna voai^ anuncíese á los pueblos' ker tíegádó^ 'el dia de las refor^ 
masv <l« garantir la seguridad individual y déreoh<>s respectivos; 
da disminuir con justas economías las cat^gaisy tributos para sos-^ 
íéner et orden ^ honiM* nacionaíl/de estender eí ¡fhpérib de las 
ideas morales > de desarrollar el progreso de la indtístrta y au^ 
lÉento dé losgooes^ (ki lai sociabilidad > consolidando' el orden pú- 
blieo con elementos de firmeza y diiracion <^u(t esquifen la exis- 
tencia del imirdefr; de Ibs cuerpeas a^ditiar^ y el préstigíiQf dé Üá 
«utonidaid* Confírmase' ésta i t^ría (SOrf ia é%isiemjia de^ tes teyei 
fundanientales qsie deben {^residir á todos lo& gobiernos f los- de» 
recbos respectivos de gobernantes y ^obeniado3;i Ja Ufintacipn 



dé todo pofler; 7 los éftberés^ Mgradb^' qiit IXod impuso íeú 1^ 
oíddnaciort de raá SOéiedádesJ 

Prégiínftefié Sibd; aF mas edtiSpidó^ sí qo'rete Obedecer k la vó- 
hiiilad arÚlrafia^e otro 'hofDt>fe^:ó al mandato y órdenes det 
mrsmo teiiQpkifdás y 'ordenadas anteriormente por m sabios det 
país; á cien eaeiqnesqne v&rien todos los años, 6 á una auto- 
ridad permanente ; si quiere^ en flri^ nombrar él á los que han' 
de gobernar él rmé, 6 dejarlo i disposición de \oi bohnbres cien- 
tíficos y poleniados (I) j y dé seguro que la contestación estará 
en ftiyor de lae léye§ etérnili^ de la sociabilidad ^ inspiradas eft 
su censura interior por eC /L^lbr tfel. érdén íttorri. 
■' Qertameírte,H^lií rechajíímdó lá naturaleza todo destíoncier- 
to y 'disturbios en la seriedad. dóM^ y civil ^ las ideas de 
te autoridad suprema y' di «Ú tutelar égercicio se hallan gra- 
badas ét) Iodos los corazones '/ y i;i esta autoridad hubiera de 
estaf subordinada' á otra pofestad, bó fuera posible concebir' su 
¿úpremaeíá y Unidad. Frtr ello vifee tiempre fccrmafnada con la 
ié^rveníc^iófif de'$6cibs ausiliares en la contemplación dé lodo ne- 
gocio graw , cou i^u severa flsícalízacion ei^ te 'fiel práctiéa de 
las sanciones soberanas , y con su acción- preeminente en tes( 
míodlicacioiiés dé ld¿ principios ftindaii)entales y derrama de tri- 
buios 3óbre los * pueblos ; Trurándose de éste modo lá unidaJ del 
poder de los vicio* pn tjué pudiera degenerar. Precepto uril Ver- 
sa* y" de' Oi^í^etí tan Tetnolo/se dijo en otra ocásiotí ; serte uni; 
daddiel;p9der/^6mo te^^'í^^ debiendo lü'^ ' 

chiaíríiBí)ésariteroénte'cbñ'él iníiperío de lá natírraleza el gobíer*-^ 
nó iiüelo^^ descotídziéa V iíóí p él defecfc'o dé taándar, báí 

éé ser una ptfl^fed Jnjdstó : hó por Wlo las leyes ñárá'regirlbs 
seres morales/éebérSií dictarse por él alvedrfo' de tíñ Rey 6 Cón- 
sul, ni; pi'oébiltórtií tos pariameiitóá/ há de 
contal^ ¿dñ lá 'eípáctosa' déíiberíKííou de los sabios / que debe 
précedét' ,á fe? saíréWrnés ; tener présetítfe que él 'generó • huínaticí 
ndfu«\cr^dd ptfra és¿íaV6;6'Séryir'de'baratijá o jómele á lÓS 
Só|)ef?a[to(jrs ''¡ cíónw ^pretender 'ptíflieíní' lá adulación ; y que hálláilr 

y ^iipjnill9ne9dé yQ|osjap]9e|3resQntanppr la gea^r^ nno-.uuf solo, de- 
ddíélido uá soto' indlvidae y naciendo d^ecidirifW-d^^^ iÑo es sablldo 

qiié'0«áii(fo~''1ió^'l§íÍJ9t^éiHe^'tan «d6 bué^a^Sá , pi'éfiercm -^io^ votér porque 
conocen en su voto una mentira? ¿Nos dirigiremos á la China ó á.la Cfiw 
lifpi'nta? Sí ae ^c ¡ese esta pregifiU<| á cada inajizierQ d^iun i:luqua;per- 
dldo'é1^^^tnér^lo, df^f máir' del'Sud.i.. No se dónde "estarnos íresponderia: no 
0é! 'Á ¡hiéy^ Ohiiía •é Aülíofnk r ño c^ier^ votar , pdi^t[ti« ño esK^ en «sla^' 
4oi]á^ ^fQÍtÍP.r^,N^ imparta, ^e Ib cflotesta ; .votariüé y tu nro|o; tendrfí tpnlo 
valor /fOmó .el, del. m^^jenfeQdí?lo^-:-^nfop9e¡9,^ ?^^i^^ ChÍB<i:^nias 

cottd* 'éstB honíibriá ^f nié ii¿bf aaré mejor . ' * . . * . - f 



d^setoi()ja,;|!9i^^tads pujóla á lp§; $pe&.propii^9t9? ,ea,SQ or«|cioD} 
deberá ausiliarse y no dividirse para luchar eiolr^ sí sus coppar-r, 
ticipantes^ conm. advirtió Beolbafiu }Ie aquí pues^ tan far^osa 
como benéfica ^ la \áe^ dfl«. poder uno ; eí abpleiiep de su dep<^. 
sitfO^ caas no de isu propiedad ep uoa sojsi cabeza ; ía relación de 
subditos y Soberanos ^ ^ejuuQjqve n[)9n4e y otros qu« obqdezcatt 
^DatebaÜzandoisieqnpre Ipda^fíiqpipo^^^ • 

,§iu .embargo no. eU;tpida9Ías:4pQqa$ fuerpa.rcicanocidos estos 
principios : legisladoras hul^p. f^fL pjfe^ierpn opnstilucione? W 
(}ue predominase, ^l elfp^Qtp ^aristocritico. ó popular^ y Álpnafr 
cas qiie conviitieron i^l : indppfpd^e^jle y, saludable: influjo de lo» 
cuerpos apsUiari^s^ en^^en^dpa dd ad^úladore$ que autorizaseD;con 
9a rppresenlacipii el ^capricho de^ tf^n singulares Príncipes. Coun 
fundido epíonce^ el inQujo do Ía$ Ipy es fundamentales dpi orden, 
social . presto. p^dió su aplomp el ó^den público,, y yadlante y! 
pertu,roado el egpixicio áel poder^ anadio por grados á «u pos^, 
{ración nuevas /^ilaciones ^ de^nparedieiido de los pueblos el 
cónvenoimíenip. .$»9bre Isu bpQdad dp s(i legislación : en situaeioOf 
semejante, obseryá un escritor la imposibilidad de m^rar el^ 
cuerpo social^ mientras la invencible naturaleza no recobra suT 
imperio^ por^que síebdo las leyps. fundamentales rpsultados nalu^ 
rales de las felacíppes dp los seres mo^rales^ $i son violadas^po^^; 
él bpmbrp , Ist inpertidumbre y pprlurbs^pipa. $erán tan conslf^n- 
tes^ como indestri^tíbíe.ps.la naturja||B2^ mismosi serp^^' 

Asi el' puebVp desecado por la jauarquía. se^^ acoge al amparo ¡dei 
K aristocracia j TQ^sl^cii^Qdpse. d^prf bqipb autoridad ;, y t^» 
irbgrada ppr espá^wés la ¡$oi;ipd2^^ ^s^n ..esprésion.dp Moqte^, 
quieu/al.restapl,eciimienÍQ:^os^ ^nidaidJyi^',la imiK^sibilidaa ^: 
constUuir de íotrfí^iíerte a^utpridad ailguí)^; dura^^^^ . .: 

Por cierto que la denipsírsieion de las Ipm de que se , babla.^ 
no exígján pruebas ^ballájUidp^se selladas ofi 4 interior dp losi bii- 
m^nos^perpal vf^ ópi^ippps y/sisteuífis rpin^tes> ci)scqrecjen- 
dó y .confundiep^do su idpa/i.np^ÉJsárjtp \^iú rep^erdp de, s^ geTJ 
nuina acepciojn , j conyieiiientp j'jípetir quq losm^ipaíesi dpgflW^; 
de la ciencia política ,, consagrados ílot la uuixersaíidad de Jos. 
pueblos ; se reducen i la.nnidsid^JbenefiQeBcáaoy: estabilidad del 
pdder, á la ilustración' éíndependenoia' de lod cuerpos ausilíares>^ 
y á la fie! práiclicai.y apíicacioú' délas Iteres' inórales y riyitps^i 
medios segpros .dé obtener la alianza de gol)eFnanies y gc^er^ 
nados. • 

Procediendo al exám6n de la bondad ó vicios de los gobier^. 
nos que adoptaron diversas leyes fundamentales), de las <;onstitu-. 
cionesen que para la designación > de los^ socios auxiliares del 
poder, recurrieron al confuso trdpel; é;jgnoi;9(^ia' de las mááás! 



' M VáliENCIA. ' 49 

pQ(Jnldnes^ Ó |)i0aocinfüddieron las atribuéiones del Sobelrana y 
cuerpos, auxiliares ; este paraogon colocaría en su lugar la.exceK 
leocia de los pfiacipios eternos ^del orden social^ aunque ^ solo 
fu^a por la duracionde losioiperíos que .florecieroii á su som- 
bra y poc la ruina de las naciones que los lecbaro» en dvido; 
Resumamos entre tanto en principios las Legítimas €onsecuen«¿ 
cías de las: ddclrinas sustentadas en este arttculo.t^La ofnni- 
pMcocia social pi'esenta ei trono de la: arbitrariedad. «^Los igno- 
raatesdesefem /gobierno barato^ las perspnas- inteligentes el pve- 
visor. é/ilusti)ado.--'Elpode|* se dirígd siempre ;á' la «nidadJ-^La 
Qioblm) ,mili]0ia:. y. sacerdocio ^ fueron los naturales socios del 
poder^^Sin el amplio concurso de los socios •ausiliares/ las le^ 
yes fundamentales no deben variarsé>»^--£o tai^geeios^ que noison 
vitales los Cuerpos ausiliares. dirigen sin imperar^ ilustra a* sin 
(iecidír^ y; fiscalizan sin sentenciar. — En la máquina social' han 
de .nívjelarse . las t palancas de gobierno* y no destruirse con> so 
predominio esclusivo — SeQat cierta de n&Uarse ün pueblo mal 
goberi^ado, cuando: en masa se pronutacia contra su- Soberano. ^^ 
Sá los ' empleados públicos no Menan sus tdeberes > inuttlds serán 
I^ oi£!Jore^. leyes. ~La fiel: prnctiisa de las leyes muestra m bouf* 
dad y duración.— El pueblo que carece de verdadera fisealiza^ 
cio.n; ni, vé responsabilidad en sus gobernantes ni la.prácticadc 
su li^^}aoÁQn*r-La moral cristiana es. la guia, de iQáfi» I09 es- 
tados y relaciones , y- reina do subditos y Soberanos. • ■ • . *? 

' Tomás, Mateo. : 

Vov el áutor^ ' '' 

A. Apárisi y Guijarro.,: . 



i>ii». n i n ml 



LA ACTUAL CrVIUZ ACIÓN. 

• ,•,»' • • . , ... . • . , j 

ARTÍCULO . 111 (a). . • > 

, ■ • . , ^ ... . • . . . . 

' .El absolutismo moderno y la cetitrarizacion , vicrido'que es- 

xandalizaban á la gente escrupulosa y timorata con sus íntimas 

relaciones, (feteríBitiaron contraer matrimonio, y así lo hieierdn. 

De entrambos nacieron cómo hijos legítimos y naturales los 

r^laraoBlos- 
'■ Todo se filamento : solicitudes y mas solicitudes , trámites 

■'■■' l ... .1 ;■ I I I ■ . ■ I I 11 I I I I m — — — ■^— ^^— — , I,, , ' 

(a) Vcansc Fas paginas 597 y G15 del tomo 1.*^ 

ToMoU. 7 



so EL PBNEJLMIBIITO 

y mas trámites > expedientes y mas expedíeoles, y que se nombre 
una comisión j^ y quépase á la Qomi^ofl^ y quevueiva ala oo- 
misión. 

Expedientes y comisiones que desde que España es Bspa&a 
han fikio la remora de todos los adelantos^ y que á cuantos mas 
negocios se cstíendan^ paralizaran mas negocios. 

Las ventajas que se siguien de eslo son innegables: se solicita 
hacer un ntolíno^ memorial y expediente que informan el Alcalcte 
y el Ayuntamiento^ y el Conse^ y el Gobernador/ y el Ingeniero 
y la Dircecion^ y resuelve el Ministro por medio de una Beal ór^ 
den^ y vuelve el expediente al Gobernador y al Alcalde^ y queda 
decidiclo <<que puede hacerse el mcdino sin perjuicio de derecho: 
de tercero y con tales y tales condiciones éicullati vas" copiadas 
del parecer dd Ingeniero y siempre las mismas; pero como en-^ 
tre subidas y bajaoas^ y pases é informes han trascurrido seis ú 
ocho anos ; el que había de hacer el molino se ha muerto cansado 
de esperar^ y los herederos se han dividido los capitales^ ó han 
variado de bisiesto^ y el molino se queda muy lindamente pintado 
en el plano y en d estado en q^ue se hallaba el mundo en k 
mente del Señor , doscientos mil trillones de años antes de la 
creación (1). 

■ ' ' " '■■ < ■■■■'■'■ " ■■'■■■■ ■■-■I » I .. 11 t m . I ■■ ' I I I ■ ■ ■ 

(1) No deploramos el mal del expediente, como moderno en España, 
deploramos, jií, su ci'ceifuienla progresivo , consecuencia necesaria de la ex- 
tensión de Ja a^ton adi»inlstralÍTa á muchas materias que antes se regiau 
con independencia de aquella. 

Cierto es que antiguamenle, un expediente que debiera resolverse por 
el Gobierno era tan dilatorio , tan cansado y la mayor parle de las veces tan 
inútil como ahora; pero como las órbitas de la acción municipal y provin- 
cial eran mayores, nabia machos menos expedientes que necesitasen la in- 
tervención d.e las altas oficinas del Estado. 

Para que se vea el maléfico influjo de la tramitación oGcinesca y que 
cuanto mas se multiplique mas trabas se ponen al desarrollo de la vitalidad 
de los pueblos, apuntaremos únicamente las vicisitudes que sufrieron y los 
trámites porque pasaron /^ara no hacerse las Ordenanzas de Madrid. 

En 1790 el arquitecto de la villa, D. Juan Yillanueva, acudid al Consejo 
de Castilla^ y éste aprobó algunas reglas propuestas por él con motivo del 
incendio déla plaza Mayor, ocurrido en aquel año, previniendo al Ayunta- 
miento que las tomase por base para formar unas Ordenanzas. 

La orden dada en 1/90, se comunicó al A^runtamiento en 11 de Febrero 
de 1805» El Ayuj9tamiento pidió informe a YilUnueva, quien lo dio en Ju*» 
nio de 1808, reduciéndolo di que se nombrasen por la Academia de San 
Fernando dos profesores que le ayudasen. 

La Acadenaia lo» nombró y c^uedó iodo paralizado basta el 1814, en que 
se Bombró una comisión de arquitectos y Concejales, quienes remitieren el 
primer titulo de las Ordenanzas &n 1815. 

Habiendo instado el Consejo de Castilla, disputó el Ayuntaraient-o á qui^a 
oorrespondia formarlas , y por fin la Academia remitió ^ AyoniMimiento un 
proyecto de Ordenanzas en 1820. 

El Ayuntamiento se lo. devolvió para su revisión, y la Academia vol« 
violo revisado en 1828. 



DB VilLBRCIA^ 51 

¥ los miujslerids^^ impávidos sigaen su rnárc)» nageslaosa^ 
reglamentando hasta á los herradoi^es^ y reservándcoe el nombrar 
míenlo hasta de los Aguaciles de juzgado. 

Siao se mandara mucho^ ¿pAra q«é serviría laolo ministerio^ 
tanta dirección , tantas oficinas y tantos empleados? 

Se reglamentaron las minas ^ tos caminos , h)s guardias rura- 
leS; ki agricultura^ las academias^ los museos^ la abogacía^ la iw- 
Austria , y todo lo qu« es' capar de ser n^Bi«atádo por el 
Gobierno. 

¥ los Gobernadores reglameniaron bs pesas y las ncdidas^ 
y las aguas y los mercados j y lo% teatros y demás edificios pú- 
bHcosw 

Y los Alcaldes la» horas á que^ se puede salir de casa y reli* 
rarse^ el lado por donde se ha de saKr y entrar en puntos dieter*^ 
minados^ las calles por donde han de ir los carruages^ las horas 
en que se puede jugar ^ cantar^ barrer^ tirar el agua^ llevar capa: 

rcglamentaron ,. en tki , todos los actos de la vida humana (2). 

~--- --^ — -■ — — .— — — — ~^. — ±^ — É — . — . — ,^A-^ — . — - — ^...-^.-^^ _ » 

Gomo el proyeeto-iba en copM simpte, la municipalidad , ptdídle una 
eopia autorizad»* y la Academia, ooo la celeridad del rayo, buscó caantof 
brazos fneron necesarios para ello, y lá remitió á los cuatro años, en 1832^ 
elevándose al Consejo, qttiea devolviólas Oi*dcníín%as en ISSSpara su uue* 
va rev.íston y adición. 

El expediente durmió de un tíróA ftre^e a«to§4 

Por fin en 8 de Marzo de 1S46 instó eF Gefé polttieo, y el Ayuntamiento 
nombró para la formación de las Ordenanzas sobre construcciones una co- 
misión de arcfuíteetos y mayoires co ntríbay entes , y para las- de piolicía 
urbana otra de concejales. 

Estos concluyeron su trabajo en JuKa dd 46 que Aie aprobado por la 
superioridad eu Noviembre de 1847. 

¿os arquiteclOB dejamn dormir dé nuevo el expedSenle, el que seguia 
inalterable en poder ae aquellos á fines áh 1851 , y probablemente seguirá 
todavía para despertar el dia del ¡uicio final ú las tres y cuarto de la tarde. 

CFn proyecto; necesario, impulsado por el Gobierno, y á su vista; se halla 
ahí mitad áí cabo de '67 años, dé «baje y suba, iaforme ^ pase.** 

¡Dios nos tenga en su gracia,y nos dé después su^gloiiAr: 

(2) Hemos oonocido Akalde»de pueblo que h«int prohibido el'qjue en el 
mes de Enero, y con un invierno crudíiimo^ pudiese salirse de noche con 
capa ó manta : podria deeirsoque estos. abusoe se eometiait en .poblaciones 
pequeñas» donde ignorando la Autoridad basta qué punto podía* extendier 
sus mandatos^ y los vecinos acostumbrados á> no oponer nunca rosisteocía 
legfil á lo que se mandaba fuese justo ó^in justo;, nada* tenia de extraño qMe 
abusase la una y suiriesén resignados los otros* Para descAgaño de los que 
así piensen» advertiremos que poco mas ó. menoa &a sucedido en pobkcio- 
nes^de primer drdeu, y aun en la misma Corte. ^ 

«Todas estas refTexiones... nosías sugirió días pasados el * famoso baado 
«de 9 de los corrientes ( A^^tO'de iSSS-ji en que k Autoridad niiinieipvK.., 
«prohibe piirarse e« las aceras de la' población, • y espeoialmente en las de la 
«Puerta def SoI« y calles de la Montera , Aloala^ Gai'netes y iGarrera dus San 
«Ceró'nimó, ni d pretexto de conversación^ ni papa tratar de.négqeiosy.nyi^ 
«dida tan arrogante y severa, que si llevara al pié la firma de algún Corre-* 
'«giéo)í« jféüBa'Se Ib omineéa áé^dá'y^rfa caliti^lfdb;.^. ecfióo'ttiía ptuéba del 



l^ EL l»ET98ÁM1E9tO 

Tascábamos el freno idelabseluUgaip' Real^ y humittáDOs el 
lomo á laalbarda,de la centFalizacion; ,,:.;: < 

Y nosotros los que nos qoejábamos de un Bey porque no gue<- 
ríamte qüo nosüíaüdase ubo> nos sujétamos^ á que nos. manden 
miles. . . . . • V * : , 

:Nos ilaníapos lilM*es-^ porque la tiranía está repartida entre 

varias persQnás.' : . « ^ 

• La sufrimos ¿oBtentes jorque radicando en uno solo y etík 

uno nó habia de ser yo^ por egemplo ; pero repartiéndose eütre 

medi6 iBíiUoh^ es prQlKible qae me (oque alguna parte. ^ 

Nuestro. amor i la libertad; ál misiúo tiempo que acatamos 
el áespotismo ministerial bajo el nombre de centralizacioit ^ nó 
esi laas quctla'profaabÜKJteid que así tenemos de ejercer -parte de 
la tiranía;: , . : ' • . 



t • > 



S9 ^ 

Pero diréis vosotros , candidos lectores, ¿dónde está esa exa- 
gerada ceptralizacion que tapto se combate? — Es verdad, no 
recordábamos que antes de atacar es menester que haya cosa 
atacable. ' [ " ' ' , . /. 

No nos pareceremos á Oliveros Proudfhute (3) que se adies*' 
traba en ser valiente pegando sablazos á la espantosa cabeza de 
un espünlóáo turco de madera: no seremos D. Quijotes qiip.tor 
mQPios las aspas de los molinos de viento por brazos* de descomu'- 
nales gigantes. . '^ 

Yeáinós algunos egémplos. . j '. \ . . 

. . Se necesita un puerto., el proyecto es de conocida utilidad, 
vital para la provincia , y después de la pesada tramitación de 
cóstünibte/ j deque no pueda darse uii paso!, m adoptarse ün 
plano sin presentarse al Gobierno, que lo modifica á diestro y' á 




(itde aquella rotnáütiéa población ^iie apellidó regicida $1 Co'rriegidor que 
ithatté pocoí años hizo iguaíop^racio^ con las dé nnestró Madrid, y i^acriuéó 
i<iueg<> dos dé sus frías distinguidas Autoridades porqué quisieron suprimir 
«rlapopaiar farlía déi entierro de Ih sardina; Se'cxtasíe ánóra y aplauda en 
cfdnídonú <^brof'eáte brusco ataaue contra uno de los derechos itnprescindi- 
«bles del horn^re, el derecho ae pararse ó andar."— //wjíracíb/t de 3 dé 

^tiembr&dt ÍS55. ' '"''", / .. 

• Ya 'htibrels conocido, lectores inios, pór'lb de los derechos tmprescr.ipi i" 
bléS'y 6t¿.'«tc.,;qtie el ique h^ibla no pertenei^'e á los partidarios áé.l^ ominosa 
dedada, y ttút toór ío'táíito ^u'testimbtiió es irrefutable bara p'fbbat el abso- 
lutismo niodfertio/ \ ■ - ' '" ' " 

I » i.. ',. •. ; -i.'» 1 '-i 4, i ' •. . ' t* 15'-'' ' ' , H . ' , 



ili^es^ ftégúii m6jof \& imrecef ^ aatorlza )á odristruceion y cód 
ella SQ faculta á la dipotacioft para q^e aicuerde arbitrios y. gh^re 
al Gomeroio, y alee eni^réstlftog; pero éstos fondos han de intei^*^ 
venirse por el Golrieroo^ que nombrará para ello sué empleadoá^ 
y prohibirá que los <|ue pa^an^ que los verdaderos ititeresadoB^ 
fiscalicen y dispongan que lo que para el puerto sd saca^ sé etof 
)^le6 en el puerlo (4). » 

- Seria una ofensa al Gobierno el (fue el- dmierck) so: enterase 
del cono y cuándo segaita^ lo que pa^-. 

Se cree útilísimo un banco de desc^iento- que f^líte las tran- 
sieemiesméreanGles^ hay din^o bastante sin salir délos' muros 
de la capital; pero se necesita la venia delGobiertio^ y se acude 
ál m^smo y determina que cierta derecho ya caducado que lenia 
de Real orden el Banco de España^ sea preferido al derecho a(^ 
tual íde los |tfOviiK5Íaiíos (8)v » : . .' : • • - . 

¿Per qué no? L» su^le del •Baiico' está {utimameQte ligada 
con la suerte del Gobierna^ y es preciso que el Gobiernjo se apo;" 
dere con codiciosa mano de este elemento de vitalidad provinoiaK 
'/ E^Listian universidades en la península^ gloria dé EspaSa> cor; 
poraciones €00 sus fueros y privilegios-contra h» abusos del po^ 
^erfieal^ con vida propia^ inidependienteis^ ^sestenidispér las 
pnovincias. . : - í 

Suprimiéronse unas cuyas venerable» rt^in^s cTáimiaff eotitra 
el aibandono de sus b^os^ quitáronse lasi la>culladesa los^ ^lau&tros^ 
holláronse eón désprecíQ los adqiiirídos derechos de tos Doctore&> 
fornaióse; de todos los Gatedráticbsí un escalafón igual ál delegér- 
dto^ seiuíHnbraran fiectcms de Real órd^n- con 90^^00 rs.- de 
sueldo^ convíriiéndose aquellas corporaciones influyentes en la 
economía ;de la ^ciedad apañóla; en efíbinas del Estadb sujetas 
humilídem^te á su voluntad y dependientes de:sus dapriohos. ' ' 

Creóse en Madrid una universidad centra); superior átodafs 
las defnasy con mengua de la tradición y de las glorias antiguas. 
y de los nombres seculares ^ y allí y solo alh% pueden estudiarse 
ciertas facultades^ y allí y soltxallíj pueden coiieederaelok grados 
superiores (6). • ^ V • - • ' '-''"■' '' ' 

]. H^ybia en cada juzgado , en: cada tribopal^ eií cada^ población 
importaofté)^ depositarios ya gratuitos inembrádiós^jTidí^i&lmeiHe^j 
ya voluntarios elejidos por los misilios!interesádosy ya pulrfícoá 
en establecimieatos locales.: ' »^ 1 ; ^: ■ ^ '• - ' -> y • ^^ - 

Fuera estó/tener tos pwD(vÉiicidno6^diaero-8uyó y no eF Go- 



•nni>«B 



< V 
>i 1 



{i) Real orden de 3 de Qctttbre <le 1856¿«i> L'~ ^^ ' ' ' 

(5) De esto se habid exprofeso en él 44mó i.P ^ ^^ágv 570.' I i 

(0) Plan de estudios. 



tlV- < 



í '. 



5t n^ fw$kwtmo 

bíeroa y solo e( Gobierno^ y creó^ uim; csya genentl ú^ dopésiAM 
ea donde obligatoriamoDte ba* de efitregárscí euahto diaeüó {nrocé^ 
da^léDgasQ 6 no se tenga cooSanza en eUoSy y por mas que el 
(tía de uoa baacarrott del Gobterno^que al paso qve vanaos es 
vmy posible^ se hundan con el las fortunas die los particulares 
y la fe publica (7). 

Establecimientos de benefícencía cuajaban el sueU español 
oreados y manteaidos por la piedatl y religión de nuestros ante- 
pasados. «Están mal admínisUrados >> dijo el Gobierno y (cnaAá; 
u v^cíatise cuantos bienes tengan , pase su producto al Tesoro^ 
^ue el Gobierno se obli^ á entregarles los . réditos de la GOHYer** 
sion de los fondos en rentes del estado (8). 

Por de pronto se apodera de los capitales en caiAbio ¿& papel 
que es lo que interesa. 

Por de pronto la acción y la influencia. baÉéicaq¡ue égereiaii 
estas corpopaoioQeí pir^^píetarial fuetes eocí: los deberes: dé pon- 
cáeogcia q^ue euftiplian^ ha desapareeido para dar fujérat^aL Go^ 
bíerno. 

Despms so ps^ará^ a no se pBigará^ si las circuíostiauícias de 
la nación así h exigen : siempre quedaii dos recunaos al Gobier^ 
W, o de^ir á los pobres y moribunda legadbsá k caridad de 
los cristianos españoles^^ ó aumentar la contribución con otra 
eontribu^im de pobres» 

¿Importa algo esto ante el resultado colosal de que el Estado 
se fortalezca con la absorción de toda esta vitalidad? 

Había bienes de propios co» \oé qbe euhriaa sufs gastos los 
Ayuntamientos ; desaparecerán tamibreB anle la: nivciaoioa de la 
desamortización absoluta (9^). £1 Gobierno ós pagará un inédita 
mayor; no teQiais> puebfos^ y síhd» os paga ¿para qué quieren I0& 
Ayuntamientos el ingenio? Arlntreu arbitrios. 1)6s«»elleii! á las 
ovejas SI no les qoeda tana. 

Miientras tanto el Gobierno ba centralizado toítos los fondosf 
todos los Ayuntamientos se han convertido eft menores que ro<- 
eiben alimentos de su curador. ¿Qm&a mejor que xm curador 
administrará los bienes de sus pupilos? 

¿Qué importa c^ue para centralizar y desaniortizar se hayan de 
ataeap la prapiedddi;r la& disposicioiieS) sagradas de los testadores^ 
las doñacianes d« la aridÉento caridad hechas cbn un objeto de^ 
terminado? ¿Qué importa? El Gobierno es así mas fuerte* 

A Itfadc^id^^ tod0 álttadmd^ toé»: para Maddd« 



P) Real decreto de 29 de Setleittbr««U dJS2i ^ 

(8) Ley dei£? ds¡ ^9yA (áeiMSS..; : ? • : ^ I v u. 

(9) Ídem. ^ * ^ 



Y si 60 ha deliaMr un teatro digno do h corle ^ se ha de 
bÉoer á oosta del oslado ; es deoir^ de loB fondos pubUcoB ; lesto 
es ^ del sudor y de la sangre de toda Espafia. 

£4 decoro nacional f el- ser un íermámetro de la civilización 
y cultura de los pueblos (10) no permite que la capüal de la mo-* 
narqnía^estésin un teatro ornado con terciopelos y oro. ¿No pu^ 
de costeárselo? arranqúese el pan de manos de los contríbuyeiH 
tes , qtíe pf imero es el decoro de la nación. 

Y sus actores elévanse i la dase de empleados p«l»l¡cos^ y 
senálanseles^ solidos y Jubilaciones^ y oon tribuyen todos los tea^ 
Iros de España tón la dédma dolos productos para su sosten y 
kicense sobro di teatro Real cuentas tan famosas como las del 
Gran Capitán , y vótanse créditos extraordinarios para pagar k 
los artesanos í\w lo edificarm (It). 

A bien que rica es la orden y pocos los frailes. 

Madrid mejoraría mucho con aguas potables: pues háganse las 
obras por cuenta del estado; pagúense por toda la Península; 
¿Qué son 80 millones? Las sumas que no cubra la suscripción m^ 
elúyeose on el presupuesto general del estado ; así como así Ma- 
drid no puede paganas y las necesita y y justo es auxiliarle (lt)¿ 

Enhorabuena , peft> también estaba Valencia sin ellas^ y buscó 
recnrsosy y Madrid 00 la auxilió. 

Pero Alicante y Cartagena también las necesitan^ y no yo- 
naos que Madrid Taya on su ayuda. 

Pero las feraces campiñas de Murcia' y Andalucía redaman 
el agua con angustia , y sus hijos emigran en los años de sequía^ 
y buscan en la Argelia el sustento que les niega su abrasado 
país^ y carabanas inioensas recorren escuálidas las provincias 
fiínf trefes ^müendotm trozo de pan/ 

Adolante^ primero es que Madrid tenga meares aguas ^ que 
las profincias puedan beber. Madrid es España. 

¿Y por qué había de tener la villa del oso y del madroEo 
una plaza céátrica, irregular y mezquina? ¿Jío necesita hermo- 
sura y d^esabogo y que la gento pueda reumrse holgadamente? 
Pues derríbense cien casas en la Puerta del Sol , háganse pre- 
supuestos , elévense á 60 millones las expropiaciones ; indem- 
nícese á los inquillnos como si el habitar allí lo tuvieran ad- 
quirido por juro de heredad , y los dtieBos no hubiesen podido 
echarlos de la noche á la mañana ; resárzanseles ño sus dere- 
chos^ sino sos intereses perjudicados^ ¿á los provincianos les 
importa a^o esto? 

(10) Rea] Decreto. 7 de Febrero de 1849. 
(tí.) Presapueslos de 1855. Sección daodücinia. 
(12) Real Decreto. 18 de Junio de 1851. - 



1 



-, \ ; íioy nadaf;; sintó fuera: ip6i?quf: al ' fin Msbdrid eS Madrid ^ y; sus 
i0ii»*6seSi.aú;spQ mjUkoáoíffeks, ^¡oógeaeriOlciS'porser r6sideQcia:4é 
los Reyes y dé los. altos poderesí del £stad0^ y patiriieL.coih(iadd 
Ims españolas (19) y iiq j^k.alioaddAapliQdr las reglas^ai^^^ 
en matleriaí de; ecti^capioo iiupt puQ[Uo tan Ayideotemeute es^ 
eepGiooal (14). Lojatináda^ lo íógU^Q 6s>que:Siis obrasde. árpate 
sfepJagUieftdel teporo publieoj. .; í ....... 

No, nada; sino, fuera pprqwíe «¿la PudrUdeíSole^ eleentrd 
dejas Qajcreleraft goperaies dé . E$p»ñaí)^ségua dicen. (15) f las 
€^Ras,para. ei)8ai^af?jla^;<^arr^t6ra^.¿^ei^ales han deioosléáfset 
del presupuesti? rnaeionul jj -VateaQiajy GraMa y . Zarag^ista» y 
Barcelona: ban. de rfíonlHbuif á quQ la; cmk )¿tdoga. nka l)onila¡ 

plaza, •: . ,. , . ': ..:;>•■• ,..•-'; - '•íí:!:*'v - . .' ;• • .^\> 

¿Quién impedirá que lo.q«e koy; ao>% una serenidad eaieaii^ 
ladora se proolRinia en.la tribujQft>: seriamente, se afirme por los 
Gqbernai^teSj decidiendo quélascaUespfioc^palesdié Madrid^: son 
pai;tes. defuna oarret^ra general ,;y:B03 :hagft& pagar á Iqdos ú 
or:natoiy;alineacion.deracpronada'y:illa?(16)wt, . .v,)., 

^ •. Knjá aidministracion de ju$Uoia s.ecentrailzaexagenando'píia-' 
greipi v^Kn^Qte : la impoptancia del ministerio fiscal^ dándole: dada* 
tqz -mas alrjbuqipAes, íeftsaMadole.sabre.:k-inagis*raturili;;dis- 
poniendo que sus individuos' seail,jeaf¡ sug apréciacidnes entera-^ 
man^e depepdÍQnlesdel.'QobiiQ.nBP y UUQ8 do oir^ssucScesivamen- 
te; obligando al promotor, fá'qae ^piense como, el Ssoal de la 

— ^— ^— ^ >■■->. ..,--,t...i..._. - ...... 1 . i.» , ■■..,.;.,« -■■,. , ' , . . ■■■' ^ 



: ! '• 



''Ví5) Real bécírétoUS fié Junio de lá5Í'. '/' ^ . ' . 

(14) KeáJ Decretó. 28 ídé^Mpyo de 1855. ^•:«' : ' ' i . 

'^ ! (IS) .« jUa Pt^ierta íjel Sol qo pu«de . ^onsii^arse ; denouro modo que coino 
auna carretera general, como un puotp 4of^(^e a^ugre^jiodas las ^arreteras^ 
((del Keyno y por lo tanto no debe ettráñarse aué el Gobierno auxilie las 
«obras tjdé s^ nv6fe(CtéíiJ>'^D^ Aléjanetro'Úti'úan'/Seslon.del Senado de'ÍO 
de Junio de 1857.— :Sr...p. ^lejfindrQTiii^Tlo.eixtf abarnos-) p«ro Ip seBUtnop.":,! 

;/(i6} ;«;Lá8; calles. que dj^senib^can; ei^la Pu^r^adél Sol sonotms tantas 
« carreteras: la del ^^en^l conctúce á ^odas las provincias, que se.'b^llan.al 
ü otro lado del Gtíadarrama ,' la dé la Montérst nos pone en comuniéacioú 
rtcou Francia, y la de Alcalá conduce á Guárdala jara, 'Soria ^.Aragoií y Ga^ 
«.taijuña.». — Elfqúdpde f^efl^ f¿¿. /¿¿{;r-$r» Cojuie, tenga Y., la bondad dé| 
oir el raciocitiio siguiente y dígame V.. lo que le parece. J6n Valencia í^ 
plá^á dé la Seo no puede considerarse' de otro modo qaécomp una car- 
retera general', oc«no ud puhtá doáde afli&yen toda« las carreteras del Reí-' 
i^ó, y por lo tsintpí no debe, extremarse qne d Gobierno 'auxilie las ob^a^iqu^, 
se proyecten. Las calles que desembocan .en la Plaza de la Seo, son otras 
tantas carreteras: lá calle de Oaballeros por la de Serranos conduce á todas 
las provincias, que se hallan al otro lado del £,bro; por la de Cuartea la, ptH»*^- 
viocia de Cuenca ; y la de S^ Vicente por la de Zarag^o^a. nos ppne eiívcq*^ 
municacion con Albacete , Madrid y el resto de la Península. — Esto lo dfgo 
yo, pero de seguro que la recomposición de 1 asf calles de ^.Viqentp, ^a[ra- 
goza, Cuarte y Serranos, la alineAciop y el ornato de §us c^as, uose paga- 
rán del presupuesto del £stado.^ , ;í t.: - '.«,;, i •> i :. . 



0E VALSMCIA. 67 

audiencia^ á este á qtre pida iñstruóciones al del tribunal siipremo^ 
y al ütecal del tribunal suprema á que reciba órdenes del Ministro. 

Y para que el yugo sea mas potente, se erige en doctrina 
el absurdo de que el cuerpo flfecál debe ser amovible á voluntad 
"del Ministerio, como si el tremendo cargo de acusador de los 
delitos públicos no fi^era una investidura social , sino un cargo 
miifislérial : como si fuera licito á los fiscales, arrutnbat cual 
mueble inrúti! su conciencia /y obligarse á pensar como pietasael 
Oobierno, encorvando la cerviz ante sus baladíes capricbos: como 
si ante sus ojos no debiese aparecer siempre invariable y ñjo, 
eje del mundo moral , el esplendwte sol de la justicia. 

En fin ¿para qué amontonar egeníptos? toda la acción social, 
todas las fuerzas comunes, toda ia vitalidad nacional; con rapidez 
pasmosa y progresiva se vá aglomerando en Madrid y en manos 
del Gobierno. 

* Bl panteísmo administrativo convertirá á la España toda en 
un ente moral llamado no nación, sin6 estado : individualidades, 
eorpüráciones;, pueblos^ provincias, se confundirán poco á poco 
en él Gobierno^ quien al pasó que vamos llegará dia en que se 
apoderará basta dfe toa bienes de los particulares, quedando á 
su cargo vestirles y calzarles y mantenerles. 

Entonces el comunismo quedará entronizado, no por la fuer- 
za dé las révbluclbñés , áinó como consecuencia de la e^agerad^ 
cefltralizacion del Gobierno, y desapareciendo el individuo ante la 
sociedad, convertiráse nuestra patria como la patria de Licurgo^ 
en un Inmenso convenio; pero ¡con qué frailes, ¿on qxxé guardia- 
nes, eotí qtié santas reglas! 

Precisí) 'e¿ el remedio, pronto , enérgico : el Gobierno sin qufr- 
terlo, ímptdsadó por la fuerza indeclinable dé las coáaá V !^^ '^^ 
ideas , no puede detenerse en el camino : nuevo Polifemo devora- 
rá lino tras otro los corderos que guarda , si uii nuevo tlliseg 
con él tizón de k descentralización no le quita las fuerzas. 

Démoselas en política para qué rija, no para que tiranice; 
volvamos á los antiguos tiempos, á la verdadera libertad del pue- 
'tíoi ala verdadera teisponsabilidad del Bey: ante Pios, de los 
Ministros ante el l^ey, de las^€oftes ante el país : arrojéinósle al 
rostro íoá mentidos derechos que há supueétó concedernos poí^ 
que los ha escrito en él papel, y digámoste con entereza : «para 
ti ei poder político que te perinitén lis aniiguaá téyes de nuestro 
libr^ país; para nosotros la administración lofcál y proVinciíií, 
eleórentos de gloria innaarcesible , vida y esplendor y orgullo de 
nuestras viajas Monarquías. 

Gobiérnanos tú , que nosotros tíos adiúimstraremos.»'. 

(Si? concluirá.) ' ' León G alindo y de Vera. 

Tomo 1L 8 



89 BL PSSAMIBNTO 

* 

El nombre de Gabanillas debe ser grato para Valencia y mvr 
que recaerda una de sus glorias mas puras y brillantes. El so- 
brino del flustre naturalista D. Antonio Catetnillas , uno de los 
Jurisconsultos [mas distinguidos y de los escritores mas notables 
de nuestro tiempo^ ba publicado no há mucho un tomo precioso 
de diálogos. Nosotros que nos honramos con su amistad^ que te- 
nemos la grata esperanza, de que realce con los rasgos de su in- 
f¡énío la humildad, de nuestra publicación, oTrecemos á nuestros 
ectores como muestra de aquellos el siguiente 

^ viAkogo. 



LOS DOS NAPOLEONES- 

» 

£1 cielo amenazaba al mundo con terrible ademan , á lo ler 
JOS se oía el ruido del trueno, "y él relámpago con lívido fulgor 
iluminaba la tierra para sumergirla de nuevo en las tinieblas 
de la noche. Eran las doce : él reloj de los Inválidos con pau- 
sado compás había señalado esta hora á los dormidos habi^ 
tantes. 

Un bulto se acerca, él relámpago vuelve a iluminar el ho- 
rizonte.... Era un hombre de 47 á i8 aQos, pequeño de cuer- 
po, de vista atravesada y aviesa, cardado de espaldas y <iubierto 
el rostro con largos :y poblados bigotes. En su aspecto , nada 
noble , nada grande ; en su Frente nada que revélase el genio. 
Era notable la imponente seriedad de su rostro; mas sin em- 
l)argo, en aquel cuerpo desapacible se hospedaba un espíritu no 
vulgar. 

Seguro deque nadie le seguía , abré la reja, atraviesa el pa- 
tio, Uega al templo ; otra puerta cede á su impulso^ y con me- 
surado paso, se acerca á la cúpula bajo la cual reposan los res- 
tos de Napoleón el Grande. . 

Ño bien hubo llegado al recinto, un vapor sale del sepul- 
cro, una azulada llama lo circunda , la piedra gira sobre su eje 
y se presenta á la vista de Luís Napoleón la sombra de su cele- 
bf^e antecesor, de su tío. Cae al suelo prosternado sin atrever- 
le á levantar la vista , ni á proferir una sola palabra. Acércate, 
dice la sombra , y el Príncipe se aproxima. 
—¿Conque tú ¡oh Luis! ciñes á tu frente la corona imperial dé 
Francia? ¡grave carga! ¡honor inmenso! Mas dime ; cuando este 
pueblo te llamó para regir sus destinos ¿qué habias hecho en el 
mundo? ¿qué hazañas Eábiao ilustrado tu nombre? La victoria 



I 



DB TUENCIA. 69 

te acomi^ñaba en los campos de batalla? Las letras te habían 
ceñido inmarcesible corona? 

—Vuestro nombre.... dijo temblando el sobrino, vnestra he- 
rencia.... 

—No basta : tus antecedentes personales ofrecerian al pueblo 
garantías.... 

—Mis antecedentes! Proscrito, pobre, errante, viví siempre 
fuera del suelo de Francia. Estuve mucho tieiBiK>' ignorado en 
Londres. 

— Entffndresr 

—No creáis lo 'qtre dicen de mf:; no fui agente de la policfo 
inglesa-, como dijeron los diarios de aquel país. Viví luego en 
Suiza. 

—Mas ¿cóinc^ liaste á cons^ir el trono-de Francia? 

— Mientras reinaron yQs.BerboBes,pd sofié en e} trono.; mas 
cuando vfque lo ocupaba Luis^ FeRpe de Orleansy ise despertó 
én miel deseo 0% reinar; Sentía dentro de mí la inspiración, me 
creia llamado ppr el cielo nara cumplir grandes deslióos, y co- 
mencé á hacer que d pueblo francés conociese mi nombre. 

— ¿y cómo?»^ 

— Con* émprel^s focas y temerarias en^que nada- arriesgaba. En 
Strasbui^o y en Bolona con algunas.cabezas ligeras trate de pro- 
clamarme Rey. 

-T-¿Mas pensabas conseguirlo? 

~No señor : pensaba protestar dé este modo contra lá domina- 
ción triunfante ,liacer que el pueblo os recordase, y supiera que 
vivia y aspiraba al mando un sobrino vuestro. Luis Felipe tra^ 
yéndoos á Paris, glorificando-y ensalzando imprudentemente vues- 
tro nombre, fue míau^Ifar el.mas poderoso*. 

— ¿¥ qué resulladt) dieron tus proyectos? 

— Tuvieron todo eb raaK resultado que podia& tener. Luis Feli- 
pe se apoderó de mí y me tuvo pi;eso en el castillo de Ham. Mi 
prisión debia ser perpetua ;. mas ya sabéis lo que quiere decir 
perpetuidad en Fitmcia. Me evadí: me catifitsaron de aturdido: 
nnosse dolían, otros se burlaban de mí ; nadie dudaba que era 
valiente. Guando Luis Felipe km vez perdió eltrono, ¡ley de la 
expiación!... el pueblo proclanióla república, no una república 
grande y gloriosa , no una república sangrienta y niveladora, 
sino el mas abyecto de todos los gobiernos, ó por mejor decir, 
la ausencia de todo gobierno. Los cimientos de la sociedad se con- 
movieron , la propiedad tembló asustada, y era necesario á toda 
costa un brazo que levantase del lodo la corona de Francia. 

— ¿Y los Orleans? 

— No pudieron. 



60 EL PBHSAMIBNTO 



u^¿y los BorlWBes? 

— PÍO supieron. 

T^iSiei^e b mismo! 

^—Generales oscuros quisieron parodiar vuestra* historia ; ma^ 
yp:^ comprendiendo que era necesario tomar posición /entré en 
Francia^ y como simple ciudadano fui á París a vivir en el: centro 
de esta clase de got>iernp« 
. ^Piciste bien: ya te voy conociendo, 

— Los Franceses no pueden vivir sin Rey. Los mismos queaca;! 
baban de quemar el Trono ^ venian á victorearme debajo ^emís 
^Ipones^ Creció loú popularidad ^ Ilegp elpomento de elegir Ppe* 
sid^nte^ fui combatido can encatrnizamiepto (ior algunos genera-? 

les; ípero yó tenia sobre ellos.. vuestro nombre^ vuestra^ 

historia. V.... Ale eligieron jPresidente: tuve el j)uen sentido áe 
conservar la ^ptigjaa administración ^ de tender una mano proteo- 
jipra al iplero y 4e empezar bajo b^en pie la organización dQl pais» 
Cesó el t^mor 4 : renació I9 epnfianza^ la píropied^d se creyó se- 
gura era Presidente y.,... ► 

— Kp dig^s vf^si ya sé yo pomo de la presidencia se pasa al 
imperio. 
. — Sin embargo^ los periodistas me hacían cruda guerra.*... 

^Supongo que serán de aquellos ideólogos que tanto me ^li- 
diaban en mi tiempo. 

— Parecidos. Los periodistas me acusaban de proyectos de usur- 
pación. Los hombres que tanta temia el uUinio Monarca^ y que 
no supieron coqjurar el mal> ni remediarlo ^^ conspiraron con* 
Ira mí. 
' — No QÍvidarias que hay foso en Vincennes. 

— No era para tanto. En upa noche hicQ una leva de todos^ 
aquellos danzantes y los eché de Francia. Esto mé grangeó el 
afecto del pais^ harto de loa estériles; discursos de aquella pobre 
gente. - 

. —ij Y después? 

— lEl imgteripl He hecho que Francia esté tranquila en el inte- 
rior^ respetada fuera; me he casado con una española (¡sangre 
de Gu^man corre, por sus venas!) tengo un h^o^ y me espera^ 
largos aSos dip gloria. 

— Veb á mis brazos^ gritó Napoleón. Temblé al verte, tembló al 
empellar a oirte. Yja te reconozco por mi sobrino, por mi suce- 
sor. Dimo, ¿y Tailferant se puso de tu parte? 
, -— Habia muerto años antes, y es lástima, era un sabio. 
—Lo, qup sa^ia HMjpr prí^ no .tepaer vergüpuf a, ¿Cazaa? , 

—No señor. 

—Haces bien. ¿Y la Inglaterra? 




- t . > I V 1 

— Es mi aüada^^mi ami^. 

— ¡Cómol 

—La reina de aquel país ha venido á vifiilarme á Franciaf ' - 

*— Somos muy amigos. ■ ' ' ^ 

—Amala como amaste la República.... abrázala | ahógala. 

— ¡Así pudiera! 

—¿Y los franceses coQservaD el carácter guerrero? 

— Sí señor. , . 

—Anégalos en gloria. 

— Para entretener su curiosidad y fijaf en un punto lejano 
SHS wir^^íts^ he teokio una guerra ^n, Crimea. 

^jEaCrime^ ' .. 

lí seuor. ^ . ; 

juidado pM la Rusia. 

— :Ya úo es la. qu9 conocisteis: se va civilizando* : 
, -^{Con todol Supongo que el objeto seria impiedir qu^ el -Czar 
se sfeniáse en Constantinopla^ y que irias á anliciparie^ á w'^t 
el mapa de Europa.... - ,\ _' 

* ^T**^Q seqor. Rusia no podia peo»r sériastente en ocMptr á 
Bizancio. lío hacia la guerra para manifesltar al mundo leívaíor» 
el poder^ la grandeza de Francia. Apoderarme de CoiistajiUaon 
pía era fácil; ipéro l\abia que repartir con tantp$! 

-~¿Pe modo que no ensanchaste el territ<;Mrio del imperio? 
> -^Na senpr^ , 

. -^I^efo te habrán ps^ado los gastos de la guerra. 

—Tampoco. * « ^ 

—¿Pero ya te habrás traido lo bastante? 
; -i-No señor. 

-^Ño lo entiendo. ; 

—Sin embargo, En e^ta guerra ganó posicíoiv> y he dado á co- 
nocer al mundo que solo hay dos poderes grandes: el francés y. el 
mos^vita. Austria y Prusia degeneran : los estados de Italia sqq 
rebaño^; la Inglaterra.*, ipol^res ingleses! han tenido ji}ueconfei 
^r pe U9 tienen spldados de tierra^ que no tienen martnpao^ 
gobierno I ni la previsión mas vulgar en las cosas de guerra^ :: • 

-^ ¡Es posible! 

-^fóeii claro lo han demostrado^ bien claro se lo dijo su'Átolft* 
ranteNapier. 

—^¡ Es posible! 9a3 obtenido un triunfo moral intoenso. Mas 
dime^ ¿cómo te has manejado para tanto gastó? 

«*^Ap^é;á los empréstitos: ades^ashpy se ha descubiMrlo una 
miygnífipa teoría ^ Qoanto vm pagft un pueblo^ tanto vm créecr 



éí BL PEÑSlHlBinO 

—¡Cómo adelanta la economía política! 

— Ahora me echan en cara, que cuando estaba cautivo en 
Ham , abogué por la libertad mas ilimitada. 

— ¡Tontos! ¿de qué habías de hablar estando preso? to también 
en Santa Elena dige una porción de palabrotas gordas en ese 
sentido : 1 pobres gentes} 

— Yo quisiera seguir vuestras huellas. 

—Míralo bien, que no siempre pisé seguro. 

— Os imito en amar al pueblo francés. 

—Sí, ámale mucho ; pero no Iq dejes jpasar ninguna. 

— Espero que estarán siempre tranquilos: . 

— Y sino, no olvfdi&sque la metralla es vn buen aRti-^flogí^ticó.' 

— Ya he tomado mis medidas; He ensanchado las calles de 
París para que puedla maniobrar la caballería , he ocupado puntos 
estrat^icos en ja población , he flanqueado et faftet de Yine con 
un cuartel, her variado el^ empedrado para evitar barricadas.... 

—Ño va mat. Nó les escatimes el pan de la inteligencia... pero 
procuira que no se les indígeste^^ " . 

—Ya lo haré. 

— Heja qué todo ef nrandb hable y escriba... íoaue á tí te aco- 
moda... una sota cósate encargo, ño te dejes doihipar por el 
orgullo. Mientras hay que conquistar el poder, mientras dura e) 
peligro, son pocos los hombres que se equivocan; mas después 
cuandb so creen omnipotentes, cuando no conocen límite ni freno, 
cuando olvidan que son instrumentos de la Providencia y quie- 
ren glorificarse á sí mismos..... entonces Dios se encarga de eu- 
señarfes lo poco que son,^ lo nada que valen. 

—Lose. 

— Pues not fo oNides. Si se escribiese Ta historia de Tas caídas 
de los reyes, verlas que el orgullo, y solo el orgullo las produce. 

— Beeono2co en vuestros consejos vuestra gran sabiduría. 

^¡Mi sabiduría!* Aquí' estamos sotos. ¿Sabes tíuál fué el periodo 
de mi gloria?;., mis canfipañas de Italia. Me 'mataron mis quere- 
llas con Roma. Desde entonces me batí y vencí; pero me batí 
siempre en retirada. Mi orgullo me hizo querer que mi familia 
reinase en la mitad de Eüropavmi orgullo me hizo emprender 
la guerra de España, la campaña de Rusia^ mi orguHo me hizo 
salir de Elba y manchar con cien días de imprudencia la histo- 
ria de tantos anos. iQué cien dias! 

—Una coalición europea. ¡Pero qué prestigio el de vuestro nom- 
bre! ¡qué valor el de vuestros soldados! 

•^Confieso aué fui audaz; pero nó inteligente. Faltar á la fd ju- 
rada, rwiper m tratados, no conocer el e&lado político de Eisro-^ 
pa, no pensar mas que en la guerra , no haber hecho itíngüna 



OB TÁUWCU. <3 

1 

alianza séria^oo haber conquistado cqn ningan beneficio el afecto 
del {Htls/ parodiar mal la grandeza del imperio; y retirarme mas 
humillado que vencido á morir sobre una roca.. .. Luis, en esté 
mundo en que resido, he aprendido una gran verdad. 

—¿Cuál es, señor? 

—Que Dios da los imperios y los quita. No lo olvides. 

—No señor, 

— ^Trabaja , no te fies demasiado de tus ministros. 

— Asi lo hago. 

—Tampoco te fies demasiado de ti mismo. Justicia siempre, 
dulzura mientras la paz , corazón el dia del peligro. A Dios. 

— ¿T i)odré, señor, volver á veros alguna vez y escuchar vues- 
tras lecciones? 

—¡Pobre Luia! dentro de poco te jui^rás mas sálño, mas po- 
lítico, mas afortunado aue yo lo he sido nunca : dentro de poco> 
el amor propio, las malas pasiones.... y pira tí no habrá roca ni 
Santa Elena. 

Dijo, y se hundió. 

£1 príncipe, ásónibrado de lo que habiá visto, salió del tem- 
plo, y atravesando soUlarias calles, volvió de nuevo á las TuUe- 
rias, llena la mente de altos pensamientos. 

Antonio CabantUas. 

Porelaator: 

A. Apami jf Guijarro. 



Debemos á la amistad de Fernán Caballero las traducciones 
siguientes. La ardiente fé que respira el cántico , las profundas 
ideas del escritor Alemán, la originalidad y verdad de los prover- 
bios; nos han complacido sobre manera. Él Pensamiento ruega 
á Fernán Caballero , cuyas finezas no agradecerá bastante, que 
recuerde la fior del vergis mein nicht. 

Lui9 Miqu$l y Roca» 

SACERDOTE, ilBRQ Y TEMPÍO/ 

(traducción de uNANTieuo gIntigo alemán.) 

Señor , ensénanos á orar. 
San Lucas. 11-1. 

Si en la soledad y en el retiro ofrecer quieres culto á tu Dios, 
aprende el cómo podras tú mism ser á un tieuípo oficiante, lir 

bro y templo. 

1 . '•• ..-«.••■ 



61 Bt raNSiHtENfO 

fiuafda síénliJre . ta cuerpo paró y limpia de pecado , y po- 
tonces Dios miaímo to admitirá por templo. 

Sí tú coraíOü es piadosa , ferviente y consagrado , será el 
libro en qoe halles el texto de tus oraciones. 

Si tu espíritu está recogido é inflamado de casto amor^ él 
será el Sacerdote (lúé oficie en tu templo. 

Si estas cosas puedes reunir, ofrécelas al Señor, y entonces 
no habrá faltado al culto qué le rindas. Sacerdote, libra, ni 
templa. 



/ :, . 



: Bioe el £aimo50 esorítor Alema» Motalis hablando de la ledad 
medía: 

' £ran entonces gloriosos y espléndidos tiempos^ y klurópá 
no formaba sino un solo pais cristiana; por todas partes la re^ 
ligion, Bor todas partes un gran interés común , por todas partes 
la autondad; así es aue no insistü sobre el valor de instituciones 
cuyos beneficios están bastante détnostrados por el desenvolví^ 
miento orgánico de las facultades las mas diversas^ por la Siípfé- 
ma perfección que le fue dado adquirir en ciencias y artes. ¡Des- 
graciadamente no estaba la humanidad madura para ese reino de 
Dios en ía fieírá, y se desplomó! —y tuvimos esa insurrección 
que la historia llama protestantismo. Hoy , y después de la revo- 
lución de Francia , al salir de esa crisis universal, ha llegada el 
tiempo de u^a're^uffr^oisfon f^Q^aBofenlat/y para todo el que 
tenga el instinto de h historia, no nu^e estp ser duradero. Ia 
jelig^néfigendraenlaamüquía^ deiseno de la destraccion se 
alza sü gloriosa cpbeiía y crea w mundo nuevo. Aun m ;esta^ 
mos sino en lo$ (Nreiitdios ; pero esos {H^eludios anDbciaii ai ^uj^ 
vé cfaro, una nueva era, una Queya historia^ 6na nueva humar 
nidad. La$ fuerzas temporales no pueden ya ponerse en equili- 
brio por sí solas; solo la religión puede regenerar á la Europa. 
Un cristianismo ápropiiado á lá 4ida humana, un cristianismo 
hecho hombre; tal fue la antigua fé católica. Su presencia ó in- 
tervención poaliBua en fo vkte dal/bombr«^> su amor al arte, 
su profunda humildad, la inviolabilidad de sus matrimonios, su 
infinita compasión, su cúho á la pobreza, á la obediencia , al 
deber; todas éstas ptiiTetás, evidentemente características de una 
religión verdadera, encierran los principios fundamentales de 
su orgai>izacion. És necesario qíié la verdadera Iglesia sé unlver- 
salice, y entonces Vfeféín'ós'nácef el tiempo de eterna pa?, y sei;á 
la moderna Jerusalem la.metrópoli del mundo. ' ^ ' ^ ' ' 



DB VALENCIA. $5 

PROVERBIOS DANESES. 

Aquel que mas amenudo dice : la usura es un pecado , uo 
tiene dinero ; pero el que dice : la ysura no 69 pecado^ no tiene 
Dios. 

,Quien pega á su nniger , pega a su mano izquierda con su 
mano derecha. 

Nuevo abogado^ nuevos pleitos; nuevo sábio^ nuevo sistema; 
nuevo médico^ nuevas dolencias; nueva amiga^ nuevos chismes. 

El oro del nuevo mundo ha arruinado al antiguo. 

No se dejan de representar nunca en el mundo las antiguas 
comedias; las decoraciones son las que varian. 

Guando el oro y la plata se posesionan del corazón ; fé , es- 
peranza y caridad no tienen cabida eo él. 

Fernán Caballero. 



Conocida es ya do nuestros lectores la valiente pluma de la 
poetisa Doña Enriqueta Lozano de Yilchez gloria del Jenil. La 
composición que hoy publicamos magnífica y entusiasta^ es la 
expresión de un deseo general á cuya realización hemos consa- 
grado nuestras fuerzas ; la unión de todos los buenos Españoles. 

Alabar la bondad de la idea y el mérito de la versificación 
seria tan inútil para los lectores , x^omo si tratásemos de pro- 
bar que el sol calienta y. alumbra. 

Damos la enhorabuena á la autora par tan bellísima com- 
posición y al Pensamiento porque puede engalanar con ella sus 
columnas. 

León Galindo y de Vera. 

SOLO ESPAÑOLES. 



Suena el ronco cañón, y el estampido 
se escucha en los confines de la España, 
y es de placer.ytijwlps j9u sonido 
ToMoU. 9 



66 EL PBNSAJIiBNtO 

8i el corazón ardiente no me engaña. 
De triunfo* ... Si por;Dios. El bronce herido 
do quíer publica con su lengua extraña 
que sobre el regio trono de Castilla 
un nuevo sol esplendoroso brilla. 

SuSy, ¡Españoles! El augusto Niño> 
el ungido de Dios trae en su mano 
la antorcha de la paz y del cariño, 
la gloria 7 el poder del pueblo Hispano. 
En esa cuna de suaye armiño 
velada tra^ el solio soberano, 
de esta Nadon leal y combatida 
reposa la esperanza mas querida. 

Del éngél que la ocupa sosegado 
Castilla y Aragón guardan el sueño, 
y cien héroes tremolan á su lado 
el pendón nacional con noble empeño. 
El poder y las glorias de "un pasado 
esplendente y magníGco y risueño 
evocan de entre el polvo y el plvido 
por repetirlo á su inocente oido. 

Mi hermosa España, en cuya altiva frente 
brilla el radiante sol de la victoria, 
agita con su brisa dulcemente 
el laurel inmarchito de su gloria; 
y estremecida de entusiasmo ardiente 
con el recuerdo de su antigua historia, 
grita, al lanzar dé su mirada el rayo, 
«Yo soy la noble madre de Pelayo. » 

Mis hijos la corona me ciñeron 
que á conquistar con su valor llegaron; 
mis bravos hijos, que leales fueron; 
y si ¿ la lid bizarros se arrojaron, 
por Dios y por sus Reyes combatieron 
y su sangre por ellos derramaron^ 
dejando por enseña de heroísmo 
para su patria su recuerdo mismo. 



i? r. 



Vcjhred á Boncesvftllea^la pairada, 
volvecSa háeia las jNayas de Tplosa, 
ó á las altas almenas dejGranada 
la oriental y gentil, rica y hermosa; 
ó á la sangrienta lucha encarnizada, 
que atónita admiró Villavioiosa; 
ó al lauro c^ue mis triunfos acrisob 
sobre el campo feliz de Gérinola. 

Y si tales hazañas y hechos tale&. 
á probar no bastasen su/osadía^ 

aun publican sus heehos inmortales 
San Quintin , Gravelinas y Pavía. 
¡Oh! yo al ver de mi historia los anales 
mi corazón se agita de alegria^ 
pues del sol de mi triunfo alxsbro rayo- 
recuerdo con orgullo el Dos de Mayo. 

Cuandd de lafierezaLcastetlana 
dudando en su locura un extrangero^ 
juguete vil de su ambición insana 
soñó hacer en su orgullo al pueblo Ibero: 
mas al sentir de su opresión tirana, 
lleno de indignaGton, el yugo fiera^ 
unidos por do^quier mis hijos braros, 
muertos dijeron , pero nunca esdayoB* 

Y el grito nacional de independencia - 
se alzó potente y estalló do quiera, 

y á su eléctrica y rápida influencia 
cundió el ardor, la intrepidez guerrera» 
con la f é y el yalor en la conciencia 
tremoló el heroísmo su bandera^ 
y haciendo de su esfuerzo noble alarde- 
se abó junto á Baoiz y Velarde. 

{Bravo cuadro , por Dios, á la memoria i 
ofrece tanta y tan brillante hazaña,, ...! 
Zaragoza cubriéndose de gloria, 
Gerona sosteniendo la cainpa&ai 
y en Bailen, sin laureles ni victoria 



4 



66 EL FBNSAMlfiKTO 

entre bs garraü del León de España, - 
hechos trizas de Francia los pendones 
y su manto imperial roto en girones. 

Y era porque mis hijos se llamaban 
Españoles no mas, todos hermanos .... 
Y era porque en sus pechos alentaban 
corazones leales y cristianos; 

y cuando al campo del honor volaban 
castigando á opresores y tiranos, 
el pendón que entregaban á la brisa 
unión y fé llevaba por diVisa. 

Mas ;ay de mi! que la discordia impura 
sacudió con furor su negra tea, 
tendiendo inquieta sil mirada dura 
por cuanto el sol desde el cénit orea; 
y en su terrible y sin igual locura 
sedienta de matanza y de pelea, 
con extraño rencor y acento infpfo, 
sigamos , dijo ^ el universo es ihio. 

Y adelante siguió; masé su pás6 
destrozadas cayeron tes paciones, 
hallando de su gloria el triste ocaso 
al rugir de les fieros aquilones. 

Fue el mundo todo á su ambición escaso; 
sembrando en él venjipnzas y traiciones, 
y al extender osada su dominio, 
. llevó tras sí la muerte, ^ cxterúiiqio. 

Y en mis campos |)osó sus torpes manos; 
trabóse entonces la civil contiéhda, 

y lucharon hermanos contra hermanos, 
tiñendo en sangre del honor la senda. 
¡Inútil decisión....! ¡esfuerzos vanos! 
¿Quién habré que os admire y os cóihprendsi, 
si esa, vertida en mi campiña sola, 
era toda ¡ay de mí! sangre Española? 

¿Qué importa que en ¿iMo y en tfordJa 



BB VALBNCIA. 69 

un partido ganase la victoria, 

si en Arlaban, Hemani y en Maella 

otro enlutaba tan funesta gloria, 

dejando solo de su triste huella 

una mancha de sangre en nuestra historia? 

¿Qué importaban empeQos tan prolijos, 

si todos eran mis valientes hijos? 

I 

De entonces sin poder y sin finnezai 
mi púrpura real rota y manchada 
Uoró el perdido ayer de mi grandeza 
Reina de las naciones destronada. 
Ya mis hijos sin paz y sin riqueza 
ultrajan á su madre desgraciada, 
viviendo en lucha eterna divididos 
por el soplo fatal de los partidos.» 

Esto dijo mi patria entristecida, 
y en medio de su afán y de su llanto, 
su frente, ayer de^lauros¡circuida, 
veló en los pliegues de su rolo manto; 
y con su débil mana estremecida, 
como recuerdo de carifio santo, 
arrojó de su sien las blancas flores 
en la tumba feliz de mis mayores, 

Españdes, romped, iroBiped el velo 
que vuestro hermoso sot ha oScuirecida. 
¡Oh! ¿no escucháis tal vez en vuestro anhelo 
de la patria el acento dolorido? 
¡Imposible! La voz dé su desvelo 
al espirar vibrante en vuestro óido, 
ú os ha de conmover éóá fuerza eititfla, 
6 no sois hijos de la noble España. 

Olvidad el rencor; sed lo que fueron 
vuestros padres no mas: sed Españoles, . 
que sus victorias aumentadas vieron 
siglos y siglos d^ br3}antés soles, 
y sos heroicos nombres escribieron 
del cíelo en los ardientes tornasoles, . 



70 BL PBN8AMIBNT0 

7 en pos volaban de renombre y fama 
por éa Dios, por su Rey y por su Dama. 

Ya ante el altar y el trono reunidos 
se extirpen los rencores inhumanos; 
no haya nombres, enseñas, n! partidos; 
hijos del Cid , apellidaos hermanos, 
y en igual pensamiento confundidos 
con leal corazón tendeos las manos; 
si un renombre quereisrcon fé entusiasta^ 
con nacer Español, tan solo basta. 

Y entonces yá cuándo uno y otro bando 
olviden sus pasadías disensiones, 
y el pendón de Castilla tremoland<> 
se unan sus esforzados campeones; 
lo que fuimos un dia recordando, 
«es, dirán asombradas las naciones, 
en cuanto e^sol con:sus fulgores báfiá^, 
Reina del mundo la potente España. 

Granada. 

Enriqueta Lozano de Vilehe^» 



MIS PRISIONES. 



POR SlLVia PELLICO. 
. (Continuación.} 

Paséironse algunos dias^y yo permaDoci. en el mismo estado^ 
es decir ^ en una tristeza oonsoladora llena de tranquilidad y pen- 
samientos religiosos. Creí haber triunfado de toda debilidad^ y no 
ser ya accesible á la inquietud ; mas.... ¡ ó vana ilusión I el hom- 
bre debe siempre aspirar á la constancia mas perfecta^ pero nunca 
la consigue sobre la tierra. ¿Qué fué pues lo que me turbó de esa 
suerte? La vista de un amigo desgraciado , la vista de mi amado 
Fiero ^ el que pasó muy cerca de mí por el corredor estando yo á 
mí ventana : habíanle sacado de su aposento para conducirle á los^ 
encierros criminales. 



DB TÁLBNCU. 71 

Tanto él como los que le acompañaban pasaron con tal velo-* 
cidad , que apenas nos dieron t¡emj[)o suficiente para conocernos 
y saludarnos mutuamente. ¡Pobre joven! ¡Hallándose en la flor de 
su edad y habiendo nacido con la esperanza del genio mas bri- 
llante^ carácter honesto^ delicado^ amador^ carácter en fin^ propio 
á gozar gloriosamente de la vida^ verse aherrojado en el .abismo 
de una prisión! ¡ Y en qué época! ¡En la que no podrá cierta- 
mente escapar al implacable rayo de la ley ! 

Causóme tal compasión el no poderle redimir^ el no poderle 
consolar con mi presencia y mis palabras , que nada en el mundo 
era capaz de volverme la tranquilidad. Yo sabia en qué grado 
amaba él á todos sus parientes, los deseos que le animaban de 
contribuir á su felicidad , y el amor con que aquellos le pagaban 
sus deseos. Conocía la aflicción de cada uno de ellos al conside- 
rarle encarcelado. No hallo términos con que espresar la deses- 
peración que en aquel momento se apoderó de todo mi ser; 
desesperación que se prolongó largo tiempo, y que yo dudé po- 
derla mitigar. 

Pues bien; este temor era igualmente fruto de una ilusión. 
¡Oh afligidos , vosotros que os contempláis presa de un dolor in- 
vencible, horrendo y siempre ascendente, tened un poco de pa- 
ciencia y seréis desengañados! Sabed que ni la suma paz, ni la 
inquietud suma son eternas. Es preciso convencerse de está ver- 
dad para ni envanecerse en las horas felices , úi envilecerse en 
las desgraciadas. 

A tan larga desesperación sucedió la fatiga y apatía; mas esta 
tampoco fué duradera , y temí para lo sucesivo tener que luchar 
sin refugio entre esta apatía y el esceso opuesto. Estremecíme á 
la sola idea de semejante porvenir , y tuve igualmente que recur- 
rir á la plegaria. 

Pedia fervorosamente á Dios velase acerca de mi pobre Piero 
y su familia, cual si fuese yo y la mia; y solo á fuerza de repetir 
estos votos pude hallar el verdadero reposo. 



Cuando mi ánimo se hubo aquietado, reflexioné sobré la có- 
lera que me habia dominado, é indignándome de mi propia de- 
bilidad, estudié d modo de curarme de ella. Hé aquí el espe- 
diente de que me valí. Todas las mañanas, después de dirigir mi 
corta oración al Criador , me ocupaba en hacer una diligente y 
animosa revista de toda especie de sucesos, de todo accidente 
que pudiese conmoverme. De esta suerte paraba yo de repente 
mi imaginación sobre cualquiera de estos sucesos, preparándome 
con decisión á cualquiera de ellos: desde la mas grata visita^ hasta 



72 BL ?BN8ÍBfÍENtO 

la del verdugo^ todas me las imaginaba. Por espacio de algunos 
días me pareció intolerable este egércicio^ pero como perseverase 
en él con firmeza , tuve en breve ocasión de celebrarlo. 

El primer día del ano de 1821 obtuvo permiso el conde 
forro (ü) para venirme á ver. La tiér^ia y fina amistad que nos 
uniá^ el deseo que sentíamos de decirnos tantas cosas^ el obstá- 
culo que á esla efusión presentaba la persona dé un escribano, el 
poco tiempo que uos fué permitido estar juntos, los siniestros 
presentimientos que me angustiaban, los esfuerzos que ambos 
nacíamos para aparentar tranquilidad ; todo era lo bastante para 
escitar en mi corazón la más terrible tempestad. Separado de tan 
caro amigo me sentí sosegado y eaternécido ; pero, repito, sose- 
gado : I tal es la eficacia de armarse contra las fuertes emociones! 

Mi enipeño en lograr una constante tranquilidad provenía 
menos del deseo de disminuir mi infortunio, q\)e porque la io- 

Íuietud del espíritu me parecía cosa vulgar y poco digna de mí. 
ín alma agitada ya no raciocina ; arrastrada por un torbellino 
irresistible de ideas exageradas , se forma una lógica absurda, 
furibunda, maligna; cae en un estado enteramente anti-filosófico^ 
anti-cristíano. 

Si yo fuese predicador había de insistir mucho sobre la nece- 
sidad de desterrar la agitación, pues que de otro modo no se 
puede ser bueno. ¡ Cuan pacífico estaba consigo mismo y con los 
demás aquel que todos debemos imitar! Sin moderación en las 
ideas, y sin un espíritu qye tienda mas á aplaudir que á vitupe- 
rar los sucesos de esta corta vida , no hay grandeza de alma , no 
liay justicia. La ira solo tiene algún valor en el rarísimo caso dé 
que se piense con ella humillar á algún malvado ó retraerle de 
la iniquidad. 

Acaso existirán manías en un todo diversas de las que yo 
conozco, y quizás menos condenables ; mas la que hasta enton-. 
ees me había hecho esclavó suyo no era una manía de pura añic- 
cion, uníase siempre á ella gran parte de odio, cierto prurito 
violento de maldecir y de pintarme la-sociedad , ó tal ó cual indi- 
viduo, con los mas execrables colores. ¡Oh epidémica epfermedad 
del mundo ! El hombre.se cree mejor aborreciendo á sus semejan- 
tes; no parece sino que todos los amigos se dicen al oído: amé- 
.'monos solo nosotros, y alcemos la voz diciendo que los demás 
son vil plebe; de este modo nos creerán semi-dioses. ¡Parece im- 
posible que agrade tanto la vidA impaciente y de enojo! Cifra en 
ella una especie de heroísmo. Si el objeto que ayer se. maldecía 
muere, inmediatamente se busca otro.. ¿De (juién me quejaré 
hoy? se dice uno á sí mismo. ¿A quién odiare? ¿Será este por 
ventura? ¡AU felicidad suma! ya le tengo: venid/ amigos ^ despe- 



DB VALBNOIA. 73 

dacéiDOsle. De esta suerte marcha el mundo ; y ^ sin ultrajarle^ 
úie atrevo á decir que marcha muy mal. 



t. 



Si yo me quejaba amargamente de mí encierro^ á buen segu- 
ro que 00 era por mala voluntad : afortunadamente vacó otro me- 
jor^ y tuve la amable sorpresa de que me fuese destinado. 

Semejante nueva ^ ¿no deberia haberme llenado de gozo el 
Qorazon?Pues bien^ no podia yo acordarme de Madalena sin 
sentimiento. ¡Qué niñada! aficionarse siempre á algún objeto, y á 
decir verdad por razones bien débiles. Al dejar aquel miserablo 
cuarto no pude menos de volver la vista hacia aquella pared con* 
tra la que me habia recostado yo tantas veces , mientr&s que á 
bien corta distancia mía, acaso tocaban por el lado opuesto las 
blancas espaldas de la pobre pecadora. Antes de abandonar aquel 
asilo hubiera querido volver á oir aquellos dos tiernos y sentidos 
versos: 

¿Chi rende alia meschina 

La sua felicilá? 

¡Deseo vano! ¡Una separación mas á las que había ya espe- 
rimentado en mi desgraciada vida ! No me estenderé sobre este 
punto para que no se rian de mí; pero fuera hipocresía de mi 
parle el no confesar sinceramente ^ue estuve triste algunos días. 

Al salir de aquel recinto salude á dos de los ladrones mis ve* 
cínos que estaban asomados a su ventana : el gefe no se hallaba, 
mas advertido sin duda por sus compañeros, asomóse de repente, 
y contestó á mi tácita despedida, poniéndose después á talarear 
la canción: Chi rende alia meschina^ etc. ¿Quería burlarse de 
mí? Si tal pregunta hiciese yo á cincuenta personas, estoy casi 
cierto áe que las cuarenta y nueve decidirían afirmativamente. 
Y á pesar de tan imponente mayoría, me incliné á pensar que 
el buen ladrón creyó haberme dirigido una gracia : por tal la 
tomé ciertamente, y lo manifesté mi agradecimiento con mi úl* 
tima mirada ; y entonces él , sacando los brazos por la reja y con 
su gorro en la mano, continuó haciéndome movimientos hanta 
que bajando la escalera me perdió de vista. 

En el patio me esperaba un consuelo que no habia yo ima- 
ginado ; hallábase bajo el pórtico mi pobre mudito. Apenas me 
hubo visto y conocido > corrió hacia mí ; pero la muger del al- 
caide le detuvo; no sé por qué, y le obligó á retroceder. Mucho 
sentí no poderle abrazar, y los saltitos que daba para acercárseme 
ine llenaron de deliciosa ternura. ¡Es tan dulce el saber que uno 
es amado! 

Tomo H. 10 



74 EL PENSAMIENTO 

Aquel era día de graades aventuras. Dos pasos mas allá me 
\i cerca de la ventana del cuarto que yo habia antes habitado^ 
ocupado entonces por Gioja. «Buenos dias, Melchior," le dije al 
paso. Alzó los ojos y esclamó precipitándose hacia el lado donde 
yo me hallaba: « iFelices los tengas, Silvio!" 

¡Mas ayl no me fué permHido detenerme un instante. Pasé 
por debajo de la puerta, di una vuelta, subí un corto tramo, y 
me hallé en un cuartucho tostante limpio, encima del de Gioja; 
mandé que me trajesen mi catna^ y en cuanto me dejaron solo 
los secondini, mi primer ^fan fué visitar las paredes. Leíanse 
sobre ellas algunos recuerdos escritos los unos con lápiz, otros 
con carbón, y otros con el ausilio de alguna punta incisiva. Yí 
entre ellos dos estrofas muy bonitas en francés, y que siento 
mucho no haber aprendido de memoria ; estaban firmadas por el 
Duc de Normandie. Púsome k cantarlas, adaptándolas lo mejor 
que pude al tema de la pobre Madalena, cuando de repente oigo 
una voz muy cercana que las canta en otra música diferente. 
Guando el cantante hubo terminado le dije en alta voz: ((¡bravo!" 
á lo que me contestó con un saludo muy cortés, preguntándome 
si era yo francés. 

—No señor, le repuse, soy italiano, y me llamo Silvio Pellico. 

— ¿El autor de la Francesca de Riminfí 

—Gabalmente. 

A esto me hizo un fino cumplimiento , acompañado del sen- 
timiento de costumbre sobre mi cautiverio. 
Preguntóme de qué parte de la Italia era. 

— Del Píamente, le dije; nací en Saluzo. 

A lo que me hizo otro cumplimiento sobre el carácter é in- 
genio de los piamonleses, citando varios hombres de talento a 
quienes Saluzo vio nacer, y especialmente á Bodoni (6). 

Sus elogios eran cortos y elegantes , propios de un hombre 
bien educado. 

—Permitidme ahora , le dije yo , que os pregunte igualmente 
vuestro nombre. 

— Esa canción que poco ha cantabais es producción mia. 

-^¿De ese modo habéis compuesto los versos que hay escritos 
sobre esta pared? 

— Sí señor. 

—Luego sois 

— ¡El infortunado Duque de Normandía! 



Pasaba á la sazón debajo de nuestras rejas el alcaide, y nos 
impuso silencio. 

¿Quién es este infortunado Duque de la Normandía! me decia 



4" 



DB VALENCIA. 75 

yo á mí mismo. ¿No se daba ese título al hijo de Luis XYI? Pero 
si ese pobre joven murió. Ya.... acaso mi vecino será uno de los 
desgraciados que han tratado de resucitarle. 

Ya varios sugetos han querido pasar por Luis XYII y y han 
sido reconocidos como impostores ^ ¿por qué razón habria de 
ser este mejor creido que los otros? 

Sobre este punto, si bien trataba yode convencerme j, pre- 
valecia en mí cierta invencible duda, mas no obstante decidíme 
á no humillar á aquel infeliz ^ cualquiera que fuese la historia 
que me contase; 

Pocos momentos después supuso ár cantar, y entablamos otra 
vez conversación. 

Habiéndole yo interrogado de nuevo acerca de sa persona, 

me contestó que en efecto era Luis XYII, y empezó á declamar 

con furia contra Luis XYIII su tio, usurpador de suis derechos. 

—Pero esos derechos , ¿cómo no los* habéis hecho valer en la 

época de la restauración? 

—Entonces me hallaba yo gravemente enfermo en Bolonia^ 
apenas me hube curado volé á París, presentóme á las poten- 
cias aliadas, pero lo que estaba hecho se quedé hecho. Mí tio 
rehusó injustamente el reconocerme, y mr hermana se unió á él 
para oprimirme mas. Solo el buen príncipe de Conde me reci- 
bió con los brazos abiertos, pero su amistad no puda hacer 
nada por mi. 

Y^endo una noche por las. calles d& París fui asaUado por 
unos asesinos armados de puñales , de los que pude librarme á 
duras penas. Después de haber vagado algún tiempo por la Nor- 
mandía regresé á Italia, fijándome en Módena. Inmediatamente 
escribí desde aquel punto a todos los monarcas de Europa, y en 
particular al emperador Alejandro, el que me contestaba siempre 
con muchísima finara;. yo no desesperaba qu^ con el tiempo me 
hiciesen justicia, ó por lo menos que en el caso de que la política 
exigiese el sacrificio de mis derechos al trono de Erancia, rae 
fuese asignada una renta proporcionada. Arrestáronme y me 
conduieron á la frontera del ducado de Módena, entregándome al 
gobierno auslriaco. Aqui me tenéis sepultado hace ocho meses 
en esla prisión,. de donde Dios sabe cuando saldré. 

Fór el autor, 

A. Aparisi y Guijarro. 



otóNia. 

El ministerio Armero-Mon-Bermudez ha caido. 



' — i 



76 EL PESAMIENTO 

¿Pero por qué ha caído el ministerio Bermudez-Mon* Armero? 
¿Es por DO haber reunido su candidato el Sr. Mayans tnas que 116 vo- 
tos para presidente de la Cámara popular? 
No señor. 

m 

¿Es por las cinco papetietas en blanco que se encontraron al escrutinio? 

Tampoco. 

¿Será por el voto dado al Sr*. Pidal? 

Podrá ser, pero tampoco es eslai la causa. 

Pero eD fin « ¿cuál es? 

Paciencia , lector querido, paciencia que yo te lo iré esplicando poco á 
poco ; y por mi fé que »i na te satisface, quemo desde luego mis perga- 
mino& de hombre de Estado de El Pensamiento (1). 

Concluyamos^ insistes tú ; quemados ó no, lo que te importa es saber 
la causa de que ya na gobierna el grande, el inteligente ministerio Armero- 
Mou-Bermudei. 

Pues bien ; ya» á saberlo : la causa es.4... lo largo de su programa. 

( Pronuncia bien esta palabra, que no quiero se dé alguien por alu^ 
dido.) 

¿Y qué tiene que ver lo largo del programa con la caída del ministerio 
Bermudez-Mon-Armero? 

¡Friolera! ¿pues te, parece que se emplea poco tiempo en decir «La cons- 
titución de 18i5 , ni mas ni menos?»" 

¿Por qué cayó el ministerio de aquel varón famoso á quien £2 Padre 
Cobas llamaba Sanéis? 

Poi*que su programa era demasiado largo «Cúmplase la voluntad na- 
cional» 

¿Y por qué han caildo, en fin , todos los ministerios de programas? 

Medítalo bien y te convencerás , que porque eran demasiado largos. 

¿Conque (decididamente los programas envuelven la muerte? 

Yo al menos así lo creo; porque así nos lo enseñaron á tí y á mí esa 
vieja á quien nadie quiere consultar y se llama «la esperiencía. » 

» 

¿Pero qué sería un ministerio parlamentario sin programas? insistes tú. 

Esa es toda la ctiestion ^ te responderé ; pero cuestión tan complicada 
y tan cari-acontecida que nadie se atreve á resolver. 

Sin embargo como tú y yo somos tan aficionados á eso que llaman prdc^ 
tíeas parlumentarías^ qae tamio nos divierten, aunque con frecuencia nos 
hacen- llorar por lo caras que son , vamos á ver sí podemos encontrar un 
medio de que cada tres meses no tengamos un ministerio nuevo. 

Por egemplo : sí un ministerio al tomar posesión del lecho de espi« 
ñas..., doradas, dijese simplemente 



(i) En El Pensamiento solo hay tres hombres de estado: el que escribe 
la Crónica, el recente de la jmprenta , y el muchacho que me trae las 
pruebas á corregir : tres personas distintas y uaa sola idea. 



DB VilLBNGlA. 77 

EuRSKA; 

De seguro ese ministerio duraría od afio» 

¿Y por qué? 

Porque es mas corto que los otroSé 

Y si otro dijese: 

EVKTA. 

Este prolongaria su e&isteneia Seis meses mas. 

¿Pero por qué? 

Porque si bien lo lees tiene una letra menos. 

¿Y si se formara un ministerio que no dijese esta boca es miá? 

¡Oh! entonces , lector mió, tendría probabilidad de perpetuarse en el le^ 
eho de dolor... • agradable. 

Pero esto ya ves que no puede ser, porque se oponen las précttcas par^ 
lamentarias.. « » ^ « # # » . • 

—En mi anterior te dqe que el 10 del actual se abría la representación 
nacional. Efectuóse en efecto la apertura con gran pompa , pero desgra- 
ciadamente era la víspera del 11. 

Día terrible , tarde de luto 
Que el recordarla causa pavor. 

Dia de prueba, en fin, para el gabinete Armero- Mon-Bermudez , y tam- 
bién para su infortunado candidato el Sr. Mayans. i 16 votos no mas le di- 
jeron que sí, y 126 le volvieron la espalda saludando cprtesmente al Sr. Bra- 
vo Hurillo. Cinco representantes se quedaron eatasíados, y}no¡atreviéndose 
á decidir, dejaron á ambos en blanco; mientras que un descarriado 6 deses^ 
perado se quitó el sombrero al Sr. Pidal. 

Dicen que este señor, al verse tan aislado, esclamó: ¡aquí de mis reinas 
hembras! Si bien otros dicen que diJo< 

Nadie me vota, me Voto yo.... 

Pero¡qu¡á! esto no lo creo, porque es imposible que asi obre un pa- 
triarca varan. 

— Y como el ministerio no obtuvo mayoría, ni tampoco podia^ntar coa 
ella el presidente vencedor, se declaró la crisis.... el pan cotidiano del 
sistema. ... 

Unos dijeron: disuélvanse las cortes. 

Y otros respondieron : que dimita el ministerio...» 

Y entre estas y otras preguntas y respuestas pasáronse unos días que 
calmaron un poco el calor de k situación.... parlamentaria. 

Porque el frío se hacia sentir y el zaragozano dice que este es año tem-* 
pestuoso» 

Al Gn y á la postre, mientras la situación se calma y se resuelve si los 
padres de la patria han de pasar el carnaval en sus casas ó han de continuar 
representando al país, se ha formado un ministerio de 

t> Francisco Javier Isturiz, de Estado, con la Presidencia. 



78 BL PBlfSilllBSTO 

T>. José Sanehez Ocaffa, de HacMHida. 

D. Fermia Ecpeleta, de la Guerra. 

D. Vetttura Díaz, de Goberoacion. 

D. José Fernandez de la Hoz, de Grada y 

D. José Haría Quesada, de Marina. 

Resaltando para el pais, cuando cese este ministerio, cinco nnetas-ce- 
santfas de 30^000 rs. cada una; y ¡TÍva la libertad! 
---Basta ya de crisis, 7 vente ahora conmigo á viajar. 

Corre por Francia una canción á propásito de la guerra de la India, en lo 
que se revela las pocas simpatias que la Gran-Bretaña cuenta en aquel pais 
por las turbulencias cada dia mas graves y de mas trascendencia que . agitan 
las colonias inglesas; y que, según pienso, han de acabar tarde 6 temprano 
con su dominación por aquellas tierras. Siento no ser péeta para traducírtela 
en buei\os versos; pero un poetastro amigo se ha servido complacerte y corn* 
placerme trasladándome en malos versos las primeras estrofas^ -qae al menos 
le darán una idea de I» que arriba te digo; Hé aquí una muestra. 

¡4y Inglaterra, Inglaterra! 
La causa de tantos males, 
Los que te han de llegar somtales 
Cual nunca los vio la tierra. 

¡Ay Inglaterra^ Inglaterra! etc. ete, 

Y luego enumera el cancionero todo lo que ha hecho la grande Albíon 
con su política por todo el mundo conocido, y cómo se mostró altanera y 
cruel con la pobre Grecia á propósito de ciertos adminículos de cocina del 
judio De Pacifico; y cómo besaba las manos de k Francia porque temia su 
fuerza; y cómo dictó leyes á Portugal que no pudo defenderse; y cómo á toda 
costa anda ingirié'ndose en los asuntos de España para que siempre estén 
vivaa^las divisiones y los partidos; y en fín, tantas y tantas otras cosas que 
el cancionero francés. ha pintado con colores muy subidos; pero que yo y tú 
que tanta amamos á nuestra fiel aliada^ no queremos que se propaguen y 
sepan. Ademas no es justo añadir aflicción al afligido; y ]a buena Inglaterra 
tiene harto que hucer allá en la India para ocuparse de si en> Francia ó en 
España- la* quieren masó menos. 

Tristes por cierto son las noticias que ccíntínuamente recibe de aquel 
pais* El última despacho oíicíal, dice lo siguiente: 

«Los ingleses han abandonado á Lucknow. Los generales Campbell y 
Wtndhanrhan batido por dos veces el contingente de Gwalfor cogiéndole 
sus bagages y su artillería; pero renovando el mismo contingente sus ata- 
ques, derrotó después al general Windham. — Los goorkas han tenido que 
retirarse ante los insui^entes dé Lucknow unas ciento cincuenta leguas.— 
En Kollspore estalló una insurrección que ha sido reprimida.— En la Ma- 
ratha ha sido batido un cuerpo de mil insurgentes.— Los regimientos núme*- 
ros Z% y 73 de Bengala se han insurreccionado. El 43 y el 70 van á ser envia- 
dos á China. En Rollar han sido desarmados dos regimientos de caballería.'^ 



DB yálbncu. 79 

De toda esto reMlta qae los Insurgentes de Oada han hedió retirarse al 
^neral en gde sir Colín Campbell y á los goorkas; y que por lo tanto son 
dueños absolutos del país: resulta también, que el contingente de Ga^lior 
que había sido derrotado por dos veces, según asegura el parte , perdiendo 
todos sus bagages y su artjllería; sin esta y sin aquellos pudo derrotar des- 
pués al corond Windkam^ y es de presumir que también al general Camp- 
beli..Se Te igualmente que, á pesar de tantas victorias decisivas como se 
dice ha conseguido el egército inglés, las insurrecciones continúan y los in- 
surrectos cuentan con divisiones de mil hombres como la del Maratha, país 
que hace poco nos aseguraban estar perfectamente tranquilo. Y por último 
se deduce que para que las tropas inglesas puedan contar con alguna segurí-. 
dad, tiene que enviar á China los regimientes sospechosos como el 43 y el 
70, ó desarmarlos como ha acontecido á los dos regimientos de caballería. 

~Una grata nueva he de comunicarte, lector amigo: los ilustres compafte- 
ros del mártir por la fé, el limo. Sr^ Díaz, no perecerán á manos de los san- 
grientos verdugos de la Cochinchina. El gabinete del emperador de los fran- 
ceses, puesto de acuerdó con el español^ aunará sus fuerzas en aquellos ma- 
res para salvarlos de una muerte cierta: y mientras llegan tiempos mejores y 
el enviado francés recaba de aquellos fieros caciques el permiso para que 
puedan estender allí la luz del Evangelio santo, nuestros intrépidos misione- 
ros, honra de la Religión del Gólgota, glorias de nuestra patria, podrán des- 
causar de sus fatigas y aprestarse de nuevo á la pelea. Oscuros labndwes 
dd campo cristiano, estos modernos atletas de la fé de Cristo ni aun tienen 
el consuelo de que la madre patria les conserve un recuerdo: y por eso es 
nuestro deber el escitar el celo del gobierno , cualquiera quesean las ideas 
políticas que abrigue, á que no olvide que allá en remotas regiones, y lu- 
chando con la intolerancia y la barbarie^ hay algunos de nuestros hermanos 
que con incansable afán trabajan para estender la civilización verdadera; y 
que si se logra el dmentarla recaería en nuestra España una buena parte de 
Su honra. 

— A fines de Octubre estalló en Bolivia, antigua colonia en la América es- 
pañola, una revolución. El general Córdoba, á quien apoyaba todo el ele- 
mento militar, ha sido depuesto y reemplazado por el Dr. Linares, el cual 
representa el elemento civil. Casi todas las provincias se habían adherido al 
pronunciamiento y prestado obediencia al nu^vo presidente. Según las car- 
tas de aquel pais, la rq)úblíca de Solivia veía en la moderación de l^inares 
y en la firmeza de su carácter una prenda de seguridad para el porvenir. 

— La cuestión de los ducados de Holsteín y Lauemburgo continúan ocu- 
pando á la Dicta germánica. La comisión encargada de examinarla propone 
el que se invite al rey de Dinamarca como duque de Holsteín , á arreglar 
dentro de un breve plazo las instituciones de ambos ducados , conforme con 
las leyes federales y las disposiciones de los tratados vigentes. Entretanto el 
gobierno dinamarqués nada hace : pero se dice que el rey piensa anular la 
constitución vigente para reformarla ; para lo cual apoyándose en las prero- 



80 EL PEKSAlilBNTO 

gativas que aquella le eonoede y ha cootocado para el 10 del actual á tddos 
los diputados de la monarquía para que se reúnan en asamblea general. Es 
pues probable que en ella se traten los asuntos de los ducados alemanes y 
del medio de poner término al conflicto que han producido. 

«-Con íntimo dolor , no con sorpresa , he de anunciarte un nuevo atentado 
cometido contra el emperador de los franceses- En la noche del 14>, cuando 
SS. MM« 11. llegaban al teatro principal , estallaron tres bombas bajo del 
mismo coche que mataron los caballos , y á varios de la escolta, malhiriendo 
al cochero. La Providencia empero frustró los deseos criminales de los ase^ 
sinos sacando ilesas las personas imperiales de aquella muerte casi segura, 
preservando al mismo tiempo é la Europa toda , de las inmensas y graves 
oonsecuencias que, consumada esta catástrofe^ hubiera sin duda alguna pro* 
ducido No quiero , lector amigo entrar en reflexiones^ la repetición de'esos 
crímenes atemoriza ; pero también es preciso f er en esa salvación , casi mi- 
lagrosa, del gefe supremo de la nación francesa un aviso deloiek) i los hom^ 
bres que dirijen ó ansian con noble ambición dirigir la suerte de los pue^ 
blos 9 para que cesen de sembrar vientos qu6 han de producir sin remedio 
humano deshecha ^ten^pestad, 

^Resohid-bajá, primer ministro del Sultán, ha Mecido, 
Para la decaída Turquía esta muerte es una pérdida inmensa. 
Beschid con su larga esperiencia de los negocios habla logrado sacar por 
diferentes veces á buen puerto la combatida nave de aquel estado que las 
influencias política? de la Rusia, la Inglaterra, el Austria y la Francia quer- 
rían cada una para si; y aunque perdiendo algo en cada lucha, el poder 
otomano no había abdicado enteramente de su antigua fuerza^. Hoy sin 
la astucia y sin el profundQ conocimiento que de los negocios públicos tenia 
el visir , redoblarán sin cesar las intrigas diplomáticas , y^e seguro el poder- 
otomano caerá bajo la tutela de aquel diplomático que sepa comprender é 
interpretar mejor su posesión personal, la fuensa .de la nación que repm^ 
senta y la disolución que hace ya tiempo amenaza al imperio de la media 
luna* 

^Me aseguran, lector querido, que haasido propuestos i^ra la silla epís-r 
copal de Canarias el Dr. O. José Luís Montagut , canónigo magistral de esta 
santa Iglesia Metropolitana; y para la de Segorbe el Pr. P. Francisco Mateui 
dignidad de maestre escuela de la misma. De vasta erudición ambos s^a-* 
piados y dignos ministros de la Iglesia^ esta doble elección lleva la sanción ge-* 
neral del público que sabe apreciar y tiene en mucho las virtudes y el saber 
de varones tan respetables. £1 virtuoso obispo de Segorbe, dechado de pre- 
lados^ y celoso varón apostólico D. Fr. Domingo Canubío, me aseguran 
haber sido propuesto para la metropolitana de Santiago de Cuba, vacante 
por dimisión de D. Antonio Claret, actual confesor de S. M. la Reina. 

Luh Miqwl y Roca, 



SIEMPRE EN CRÍSIS. 



\ 



Es trisle, amargo, desconsolador lo que pasa en este país del 
que parece que haya Dios apartado sus ojos; asunto de angustia 
y de vergüenza para sus hijos , de risa y de escándalo para Eu- 
r(^. 

En año y meflio cuatro Ministerios ; este simple hecho revela 
al hombre pensador una larga historia de infortunios y de mise- 
rias. 

Ayer cayó Armero ; y hoy es Isturiz quien ocupa su lugar. 
Sea para bien ; que sí será, si Dios dá lo que les falta á gobernan- 
tes y á gobernados singularmente a los primeros. 

El presidente del nuevo Consejo en brevísimas palabras ha es- 
puesto su programa; poco mas ó menos el del Ministerio anterior. 
¡Siempre lo mismo!.... pero tuvo el buen sentido de llamar á la 
Constitución del 45, Código sagrado. 

Nosotros la respetamos tanto como el que mas ; lo cual no 
empece que en el año de gracia en que vivimos nos haya parecido 
estraiio d epileto. 

Sacer esto, decían los antiguos, y al que osara tocar á la cosa, 
sagrada reputaban sacrilego; teníanle como predestinado a la in- 
dignación de los Dioses. 

En España; á lo que se vé, han abundado los sacrilegos, pues 
que la Constitución á pesar de su carácter sagrado , ha sido to- 
cada mas de una vez, y manoseada y lastimada en términos, que 
la pobrecilla murió. Y todos la vimos de cuerpo presente y 
amortajada en el seno de las Cortes constituyentes. 

Resucitó después al estampido del canon que deshacía en las 
calles de Madrid la obra comenzada en Vicálvaro y acabada en 
Manzanares. 

Mas aunque resucitada , sus mismos padres hubieron de creer 
que no entrañaba ya ni virtud ni vigor bastante para gobernar 
en paz á la Sociedad española; y de ahí vino que salió á la escena 
política D'Donell , y manifestó a un auditorio de quince millones 
de españoles, que se necesitaba un poco mas; sobrevino Jíarváéz 
y dijo que lo que convenia era un poco menos; y llegó Armero 
pot fin, y pronunció ^slas solemnes palabras: ni mas ni menos. 

:Pero niel mas, ni el menos, ni lo mismo alcanzaron á dar 
vida á tres ^Ministerios que han pasado como sombras á nuestros 

Tomo ll.*-I«úni. «5.-S« Enero de 1 9S<». ti 



82 EL PENSAMIENTO 

ojos; sombras que llegaban cargadas de bellas esperanzas, y nos 
dejaban mas ricos de amargos desengaños. 

Pocos dias vivió el Ministerio O'Donell á pesar de la energía 
de su carácter y del prestigio de la victoria. 

Pocos meses vivió el Ministerio Narvaez á pesar de su es- 
pada, y de la elocuencia de recuerdos terribles» 

Tres meses (¡no es mucho!) ha podido prolongar el Ministerio 
Mon-Armero una ^Ma turbada y angustiosa. 

Sicut florSj velut umbra.... y estas comparaciones con que la 
escritura exagera bellamente la espantosa brevedad de la vida 
humana^ se ha encontrado que se aplicaban con admirable exac- 
titud á la vida ministerial en España, desde que mediante la pa- 
ciencia de Dios y los pecados nuestros, han echado raices en su 
tierra ciertas plantas venenosas^ que nos trajeron de paises es- 
trangeros. 

Ni el mas , ni el menos , ni lo mismo—ni O'Donell , ni Nar- 
vaez , ni Armero— verenios que tal representa su papel Isturiz; 
por de pronto concibió un pensamiento feUz , el de declarar Códi- 
go sagrado á la Constitución del 45. ¡Ya veréis los bienes que 
derrama sobre España esta solemne declaración ! ¡ ya veréis como 
de hoy en. adelante , siendo esclavos de la ley, seremos libres 
todos los españoles! 

Cuando se eclipsó el* Astro-Narvaez , dejando descolorido y 
mustio al cielo doctrinario , recordando nosotros palabras inge- 
niosas de cierto partido, añadíamos estas otras: «Después de 
Narvaez^ cualquiera... es verdad : cualquiera que vivirá algunos 
meses. 

¿Ha vivido muchos el ministerio Mon-Armero? 

Decíamos también: ((aparecerán nuevos ministros en la escena 
política : callará por algunos instantes el auditorio : callará y es- 
perará... 

Calló y esperó 15 dias. 

Decíamos también *. «es probable que se aumenten los impues- 
tos: porque en esta parte ¡justicia sobre todo! hace años que esta- 
mos en pleno progreso. » 

El señor Mon fue favorecido con una inspiración no celeste, 
abrió los labios y dijo: Catorce por ciento. 

Y decíamos... «¿qué mas? se reunirán las Cortes , y ahora me 
ocurre que deben celebrar su primera sesión el dia 1.** de noviem- 
bre, y me ocurre que el dia siguiente es dia de difuntos...» 

Y al dia siguiente de la reunión de las Cortes cayó sin vida en 
la batalla presidencial el ministerio Mon-Armero. 

¿Y por qué se dio muerte á ese pobre ministerio? El solo habia 
dicho : mas , en punto á impuestos ^ pero en punto á política ^ ni 



BE VALENCIA. 83 

I . quería mas, ni quería menos. Estuvo el negro daño en que dio 

I muestras de tener aíguna afición á Vicálvaro, y al punto La Epo- 

i ca le abrazó y acercóse El Clamor público ; pero en cambio El 

Parlamento y La España, El Estado y Et Occidente, teniendo 
por mal saoos los aires de aquella comarca. . . rompieron el fuego, 
Y eso que el ministerio inclinándose hacia ellos , de cuando en 
cuando les favorecía con gracioso saludó , bien que de cuando en 
j cuando también sonreía a los diace hombres dé corazón.... y eso 

que gritaba con voces desesperadas: «yo soy moderado , soy mo- 
derado....» como gritaban las víctimas de Yerres: «somos ciu- 
dadanos romanos. » Pero Yerres- les» crucifico. 

Las firacciones meileradais levantaron sobre el pavés al señor 
Bravt) Murillo, y,Món herido en Mayans, se conturbó y se sintió 
sin aliento. 

No lo tuvo para disolver las Cortes, para dejar sin presiden- 
cia y sin diputación al Sf. Bravo Mürillb; ó por mejor ilecir, le so- 
brecogió miedo de que la mano que le sostenía le dejase, cayen- 
do tristemente sin provecho y sin gloria; ó de que* los doce hom- 
bres de corazón por la fuerza invencible dé las cosas, se sentaran 
en el banco azul al reunirse el nuevo Congreso. 

¥ se comprendé y se disculpa el temor de l6s gobernantes, 
porque si bien personas estimables, son hombres pequeños. 

Cuando lá voluntad de la Reina les^ encumbraba al poder, 
el Pensamiento de Yalbncia> Gasandra.no oída y acaso burlada, 
les dirigía su voz débil, pero sincera y leal; «hé aquí lo que te- 
nemos que deciros: si proclamáis' unión moderada, viviréis un 
año: si proclamáis unión liberal podéis vivir año y medio; si que- 
réis vivir mas y dejar en er mundo larga y buena memoria, apo- 
yada una mano sob^e el 'troné y otra sobre el altar, y puestos los 
ojos en el pueblo y el pensamiento en fe- posteridad y en IMos, 
gritad con todas las fuerzas de vuestra alma: ¡unión espanolal » • 

Palabras que se llevan y disipan los vientos^ como estas otras 
que osamos dirigir al ministerio, quien, por mas que le deseemos 
larga y próspera vida, la tendrá dé seguro brevísima^ y turbada . 

O matar ó morir; ó matar á los partidos ó morir á sus manos. 

Tal como hoy andan las cosas, no es posible el gobierno. 

Amarga verdad, pero verdad: 

Narvaez cayó, O'DoneH cayó, Mon cayó, y. ya vacila Isluriz. 

Merced á ese bastardeado sistema^ funesta importación de 
Francia cuando era ideóloga; infausto eugendrador de partidos y 
de pandillas ; fomes perenne de ambición y concuspicencia ; sis- 
tema que divide á España en: siete Españas.,... es imposible el 
gobierno. 

Cinco se coaligan contta uno^ y necesariamente lo. derriban. 



84 BL PSI9SAMIBNT0 

Los vencedores no piieden ocupar juntos el poáery porcpie m . 
el cielo solo hay un sol, y en un trono no caben dos reyes. 

Sube^ pues, al poder uno de ellos, halagando á los cuatro; 
pero como todo lo necesita para sí, en breve los desdeñados eoii*- 
paneros tórnañse implacables enemigos. 

Y buscan al qi£e derribaron para derribar al que encumh 
braron. 

Esto fué ayer, es hoy, será mañana. 

Ayer eátaba Mon al lado de Nárvaez y San Luis para derribar 
á Bravo Murillo; boy San Luis y Narvaez han formado el ejército 
de Bravo Murillo para abatir a Mon..., Este es el ejemplo palpi- 
tante ¿pero cientos en los pasados años dimos á Europa escan- 
dalizada?.... 

Escribo estas líneas desaliñadas pero llenas de verdades con 
profundo desaliento... dudo, si Dios se ha cansado ya de las mi- 
serias de los hombres^ y les abandona a las locuras de su cora- 
zón. 

Yo sé, que hay quien duerme junto á un volcan; y sin eoí- 
bargoaun me parece mas pasmosa la ceguedad de los que se llaman 
en este pais hombres de Estado. Gracias á sus falaces teorías y á 
sus impacientes ambiciones, nuestra casa hace años que está 
desgobernada > y la Hacienda se malrota y la honra se menos- 
eaba^ y los hijos de los gigantes que conquistaron al mundo le 
han ¿ido dadas en espectáculo como pigmeos contrahechos y mi^ 
serables. 

Yesos pigmeos obstinados en sus estérites dispulas noven 
al veiigad^or que se acerca. . • 

Nosotros le venws y por eso gritamos: Mastini está á las puer- 
tas, ¡ y vosotros deliberáis ! Griegos del bajo imperio^ ¿aun seguis 
charlando y disputando y riñendo? 

Pero nosotros somos ved clamantit in deserto: Semejantes 
somos a aquel que daba vueltas al derredor de la Ciudad Santa^ 
y con doloroso clamor, áecia: lAy de tí, Jerusalen! Y esperaba 
k piedra que habia de aplastarle. 

ün mensagero misterioso nos acaba de anunciar al oido que 
esa piedra amenaza la cabeza de todos los Reyes de Europa... aca- 
bamos de oir el estampido de tres bombas que han estallado bajo 
la carroza del Emperador de los franceses... 

Etnunc reges iníeligüe.... 

Suponemos que los reyes habrán oido ese eslamj^ido elocuente; 
aunque no estrañaríamos que hubiesen dejado de oírlo nuestros 
insignes políticos preocupados en mas graves negocios. 

Nadie diria al verles que la ciudad está sitiada y minada ade^ 
mas; y que se ha dado la voz de alecta á los ciudadanos. (Alerta 



DB ViLLBNCIA. S5 

los que amáis la Religión de vuestros padres^ el Trono de vuestros 
reyes, la justicia y la libertad! ¡Alerta, que el Altar está ame- 
nazado y el Trono vacila! ; ¡alerta , que si cayeran, habria en el 
mundo indecible confusión, y duelo imponderabie> y horroroso 
alarido...! 

Para salvarnos, lo hemos dicho mil veces, es necesario unir- 
nos, los hombres de buena voluntad ; para unirnos es necesario 
olvidarnos deque éste fué monárquico, y aquel moderado, y el 
otro demócrata; para conservar ta unión es necesario eslinguir 
las causas que traen en su seno la discordia. 

Pero todo lo que voy diciendo,— pensarán muchos— no es mas 
que la enojosa cantinela con que el Pensamiento desde que na- 
ció está angustiando á sus lectores, no es mas que una pretensiosa 
y afectada declamación. ¡Ojala, ojala mil veces! daríamos lo 
poco ó mucho que nos resta de vida con tal de ser sonadores 
ridiculos, y no formidables profetas. 

Pero nosotros le vemos, temblamos por nuestros hijos, y por 
eso apenas acertamos á hacer otra cosa que á dar ta voz de aler- 
ta.... que está ya cerca el monstruo de la anarquía: y ha estado 
á punto Mazini de abrirle de par en par las puertas para que 
entrase en nuestra casa.... Dios no lo ha permitido todavía; y 
es, que se digna sin duda concedernos otro plazo. 

Y por éso nosotros, y para que España esté preparada á resis*- 
tir la furia del huracán que de un dia á otro puede desalarse 
sobre Europa, solo pensamos en una cosa, en la unión de tos 
Españoles, honrados; solo sabemos hablar de esta unión suspirada. 

Y por eso nosotros, y para lograr este fin santo, al Ministerio 
que fué, y al Ministerio que.es hoy, y al que será mañana, diri- 
gimos y dirigiremos^ sin nunca cansarnos, sinceros y leales 
acentos: «Sea quien quiera el que reciba el poder de manos de 
S. M, la Reina ; que fuese nuestro amigo, que fuese nuestro 
hermano ; nosotros nunca seremos partido* 

Si se nos pregunta ¿qué sois? contestarenios : — Españoles. 

¿Cómo (w llamáis?— Nosotros nos llamamos: 

Ayuntamiento por insaculación; 

Empleos, en cuantos lo consientan, por oposición. 

.Dbertad en la provincia para entender en sus especiales í»« 
tereses. 

Representación nacional— verdad, que ilustre y ayude leal- 
mente al Monarca^ pero que nunca supedite al Trono; 

Y en todo, y antes que todo, y sobre todo. Religión* 

A. Aparisi y Guijarro. 



86 EL* PENSA.MIENTO 

Gomo testimonio^ de que en las anteriores líneas decimos 
verdad ^ y de que no contienen vanos anuncios de grandes ca- 
lamidades y de que plegué á Dios librar á nuestra amadísima pa- 
tria, trascribimos paginas inmortales que escribió Jaime Ualmes^ 
y que tuvo el feliz pensamiento de trasladar á sus^ columnas nues- 
tro apreciable colega La Regeneración. 

» 

Nuestros lectores recordarán las lineas que escribimos hace 
dos dias sobre la crisis. 

Véase lo que escribía ISi elocuente e inspFrada pRima de 
Balmes. 

A fuer de hombres interesados en lia suerte de nuestra patria^ 
quisiéraD[H)& que se fíjase la vista en este artículo y donde están 
admirablemente compendiadas las mas profundas enseñanzas. 

Decia así el eminente publicista. en Marzo de 1846: 

«Tristísimo espectáculo ofrece Ta España^ amenazada sin ce* 
sarde cambios de política, trabajada por ambiciones innumera- 
bles ; siempre en crisis y en grave peligro de caer de nuevo en 
una disolución qu& le acarree trastornos profundos. Las personas 
varian, los sistemas se modifican, y jamás se- encuentra la tran- 
quilitlad tan deseada : Ibs fracciones políticas se alian y se hosti- 
lizan^ se coligan y se separan ; pero ni sus guerras ni sus paces,, 
ni su unión ni su división, producen otro resultado que mante^ 
ner este' desgraciado pais en agitación continua^ impedir su reor- 
ganización y hacer imposible la egecucion de todo peTisamiento 
de gobierno. Estos son los hechos ; la divergencia de opinión 
puede versar sobre la causa de los mismos, pero no sobre su 
existencia :: nadie los niega ;. cada cual procura esplicarlos con- 
forme á sus ideas ó interés : en el esfuerzo por la espUcacion, 
está su espreso reconocimiento. Largos- anos han corrido desde 
que empezó ese estado de cosas, y los años no han remediado 
nada. Durante la guerra , se decia : esperemos que la guerra cese; 

Íla guerra ha cesado hace seis años^ y el malestar continúa, 
urante la dominación de Espartero se decia: esperemos la ma- 
yoría de la Reina; y Espartero cayó hace tres años,, y la Reina 
fue declarada mayor de edad, y el malestar continua. Durante 
las tentativas revolucionarias se decia : esperemos que lá revolu- 
ción sucumba; y la revolución sucumbió, y el gobierno triunfó 
cumplidamente^ y el malestar coatinúa« Durante el ministeria 



DE VALENCIA. 87 

Narvaez^ se decía : esperemos que el ministerio caiga; y el mi- 
nisterio cayó^ y el malestar continúa. ¿Qué nos toca esperar aho- 
ra? ¿La reorganización del ministerio? ¿Y no se han organizado 
y reorganizado innumerables ministerios? ¿Una nueva convoca- 
ción de Corles? ¿Y no se han convocado muchas otras veces con 
iguales y mayores esperanzas? ¿La reinstalación del general Nar- 
vaez al frente del poder? ¿Y será entonces menor la agitación? 
¿La salida de Narvaez de £spana? ¿Y no han salido antes que él 
otros tan influyentes como él? Lo repetimos : ¿qué nos toca espe* 
rar ahora? Demasiado lo sabemos : lo que nos toca esperar es la 
continuación indefiuida de ese malestar intolerable^ si los hom- 
bres que piensan y que desean de veras el bien del pais no fijan 
su consideración en las causas del mal^ y no se esfuerzan por 
aplicar el remedio á la raiz. 

«Si gozarnos pudiéramos en el infortunio de nuestra patria^ 
tendríamos motivos de complacencia al ver que de tal suerte se 
van cumpliendo nuestros antiguos pronósticos. Cuando las cir- 
cunstancias eran menos complicadas^ cuando el desengaño del 
publicó estaba muy le^os de haber llegado al punto en que se en- 
cuentra ahora^ dijimos una y mil veces que no se consolidaria un 
gobierno: si se ha consolidado ó no^ dígalo lo que estamos pre- 
senciando. £1 partido que se llama conservador se lisongeo un 
dia de que habia sonado la hora de plantear sus sistemas^ de 
aplicar sus doctrinas y y de que la nación le debería la tranquili- 
dad y gobierno : nosotros sostuvimos lo contitrio ; dijimos que 
ese partido no encerraba los dementos necesarios para dar á la 
nación ni gobierno ni tranquilidad ; que morirla á manos de un 
poder militar ó perecería por disolución : si esto se t^a verifica- 
do^ dígalo la esperiencia. 

«¿Qué le ha faltado al partido conservador para dar á la Es- 
pana lo que tantas veces le habia prometido? ¿Quería el apoyo 
del Trono? El Trono le apoyó. ¿Quería el apoyo de las Cortes? 
Las Cortes fueron suyas. ¿Quería el apoyo de la fuerza armada? 
La fuerza armada le apoyó. ¿Le embarazaba la Milicia Nacional? 
La Milicia Nacional desapareció. ¿Le servian de obstáculo los 
Ayuntamientos progresistas? Desaparecieron. ¿Necesitaba refor- 
mar la Constitución? La Constitución se reformó. ¿No le convenia 
el jurado? El jurado desapareció. ¿Habia menester de tribunales 
especiales? Los tuvo. ¿Había menester de policía? La tuvo. ¿Le 
podian ser útiles las simpatías de la Francia? Las tuvo. Dueño de 
la corte^ dueño del Parlamento ^ dueño de la fuerza^ dueño de la 
administración^ dueño de todo^ ¿qué mas quería? ¿qué mas quie- 
re? Hay tentativas de insurrección^ y la insurrección sucumbe; 
la España toda le obedece; en el gobierno estaban unidos con el 



dÓ EL t^&NSAMl&Ntd 

^Ü^ curíoso el oír cómo algaiH>s órganos de la opinión públi- 
ca desahogan su pena. con sentidos lamentos sobre la ceguedad 
de los partidos^ sobre la ambición de los hombres y otros temas^ 
semejantes : como si el hablar contra los hombres de todos les^ 
K^rtidos no equivaliera á condenar lals cosas en sí mismas, ya 
que á lodos los hacen ó les permiten obrar de una misma ma- 
nera. En todos los países y en todos los tiempos es preciso cod-^ 
tar con la miseria y la maldad de los hombres : mas por eso se han: 
constituido poderes fuertes ; por eso se han planteado institucio- 
nes robustas; por eso se han dictado leyes preventivas y represí-' 
vas ; por eso se han formado los cuerpos que llamamos estadas, 
con. tantos vínculos para impedir la disolución , con tantos eseu-' 
dos para defenderlos contra las pasiones humanas. £n todos 
tiempos y paises han abundado los hombres inquietos y han iu* 
chado entre sí grandes iníere8es> y por eso se ha reconocido la 
necesidad de un poder qu« los protegiese á todos dominándolos 
á todos: nunca han faltado hombres «ambiciosos que aspiraran al 
mando ; y por eso se ha reconocido la necesidad de sacar el pe- 
der supremo de la esfera de los p\3^ñlos jbretendidos , y se han- 
establecido las monarquías hereditarias. Quejarse, pues, de los 
hombres, decir que las cosas irían bien si conviniesen todos en 
cumplir sus deberes, es resolver los problemas políticos y socia- 
les en un orden puramente teórico; es hacer utopias en vez de 
comtónacíones políticas. Cuando en un pais todos los gobernan- 
tes se portan mal, señal es qbe no son solos los hombres los oul-^ 
pables, que lo son también las cosas; y entonces á las cosas debe 
aplicarse el remedió, si se quiere que se enmienden los hombres. 

((La raiz de los males de España está en la profunda debili- 
dad del poder ; en esa debilidad que no le permite ser suave sin 
ser flojo, ni firme sin hacerse violento. Y el origen de esta debili- 
dad profunda está en que apenas hemos salido de la minoría ; en 
que los hombres turbulentos y ambiciosos se alientan con la ines- 
períencia y el candor de la joven Soberana ; en que una parte 
muy numerosa del partido monárquico está descontenta, y si 
permanece tranquila, tambi<en está indiferente; en que todos los 
elementos conservadores que se hallaban al rededor del Trono del 
último Monarca, se dispersaron al soplo de la revolución y de la 
guerra dinástica ; en que esos elementos no bm encontrado toda^ 
vía el punto en que deben reunirse: estas son las causas funda-' 
mentales de nuestro malestar; por eso las ambiciones bullen; 
por eso los partidos se agitan y se diooan ; por eso tenemos ne- 
cesidad de la preponderancia militar ; por eso estamos aun inco- 
municados coa la Europa. 

((Abandonen, pues, nuestros hombres de gobierno las eom- 



I ' 



I 
I 



bioaeioHes ^térilas ; fijen la visla eo la raíz do los male$^ y Ira^ 
.ton da enmendarlos de una vez. Queoo se bagan ilusiones : su- 
^uffibirán ellos como han sucumbido sus antecesolres^ como su- 
cumUirá» los quele suoedan. Las cosas se hallan en un estado en 
qiie es inoq^siUe gobernar bien: tantos escarmientos debieran 
haberlo ensenado. Destruida la revolución en las calle»^ el desor- 
den $0 ha refugiado en las altas regiones : á las turbas populares 
jse les ha impuesto silencio; pero se les hace asistir á las luchas 
que tralmn entre sí los hombres que debieran gobernarlas. ¿Se 
creará que esto pueda durar mucho tiempo? Por nuestra parte 
lo dudamos: eLdesórdenes contagioso^ y Relímente se comunica 
de arriba abajo. 

íQoé k importa al pais que vuelva al poder el general Nar- 
yuz, ó qm triunfen sus adversarios? ¿Qué harán unos ni otros 
ennrm situación como la presente? Con todos los partidos contra 
'^9 ¿<qQé puede hacer ningún hombre? Sin fuerza de qud dispo- 
-Oer^ ¿qué puede ningún gobierno? Si se prescinde det sistema 
r^eseutativ^i^ se vivero perenne contradicción con la ley fun- 
damental; Si se gobierna coa él^ la disolución de los elementos 
poUtiüosserá cada dia mayor, dado que pueda serlo; si van to- 
-dm]m partidas á las Cortes^ se trabará una lucha sin cumplo 
^n uoí^iFos (hstos palamentarios; si va uno soló , los demás pro- 
te^tüján, y su irritación se difundirá por el país; y para colmo 
dedeséfden, el único partido dominante se dividirá en lanías 
fracciones cuantos sean los grupos de seis hombres que se crean 
capaces dé formar un ministerio. Si se gobierna mal, se clama- 
rá contra el gobierno ; si ' se gobierna bien , se clamará contra 
el gobierno; si hay inacción, se le acusará de perezoso; 
si energía, de violento. Las ambiciones no se contentarán sino 
con mandar, y en el mando no caben todos; que aun cuando 
cupieran , bien pronto surgirían nuevas divisiones de amor pro- 
pio, para ejercer mas, ó menos influencia, para dominar mas ó 
menos el movimiento político , 6 para satisfacer intereses predi- 
lectos. Esto no son vanas conjeturas, mas tóen que pronósticos, 
son reseñas históncas ; lo estamos presenciando hace largos años; 
y cada dia que pasa, en vez de remediar estos males, los agrava 
mas y mas. A^ se desacreditan todas las opiniones, pierden su 
valor las ideas; las convicciones se enJlaquece'n ó mueren ;d 
mezquino ^ismo- campea sin rivales^ y el pais se va diesmora- 
lizando, Mciándose de cada dia roas difícil el establecer un go- 
twruo- 

ttPero ¿«e deberá desesjperar de la suerte de España? ¿Se de- 
berá creer sea imposible llegar á un orden de cosas eslable y 
regular. Opinamos que no: antes, p.or, el contrario abrigamos 



M EL PENSAMIENTO 

una profunda convicción de que acometiendo Ta empresa coa 
serenidad, con valor y sobre todo con buena fe, se podrían re- 
solver ventajosamente tos grandes problemas que pesan sobre la 
nación , y ponerla en tal estado que se fueran cicatrizando sus 
llagas. Han desaparecido muchos obstáculos r los miuisteríos quB 
hemos tenido desde la caida de Espartero, á medida que han te- 
nido que acudir á su propia defensa , han ido abatiendo las fueti- 
zas revolucionarias , y acumulando al redetior del Trono elemen- 
tos que podrán ser muy útiles. No se necesitan ahora golpes 
violentos; basta una política firme que marche a sti objeto con ojo 
previsor, sin detenerse por la gritería de los que están interesa- 
dos en que la discordia se eternice en España. 

«Fortalecer el Trono cou una política conciliadora ; reunir 
en torno de la monarquía todos los elementos buenos de todos 
los partidos; buscar conductos por donde se encamine, dirigién^ 
jdose á objetos útiles , la actividad intelectual y material que se 
ha desplegado en el pais; resolver por los medios justos y pru*- 
dentes las cuestiones que tienen en agitación los intereses; seguir 
con las opiniones políticas una conducta imparciaV dé manera que 
ningún hombre de capacidad y probidad pueda creerse escluido 
para siempre de la posición á que pueda pretender por sus cali- 
dades; ser justó con todos los partidos no sirviéndolos sino domi^ 
nándolos: esto es lo único que nos puede salvar. ¿Se dará oído á 
los acentos de la verdad? Difícil es creerlo; consolémonos coa 
esperarlo. 

A. A^arist y Guijarro^ 



U LBERTAD Y LOS LIBERALES. 



¡Libertad! ¿Quién hay que nó sienta henchido de entusiasmo 
el corazón al pronunciar esta palabra? 

La libertad es la justicia, la paz, la felicidad; y como la jus- 
ticia, la paz y la felicidad son las naturales aspiraciones de los 
buenos, por eso ninguno de ellos puede odiar la libertad, por 
eso la llaman hija del cielo, por eso la respetan, por eso la de- 
fienden. 

Pero ¡ah! no la entienden así todos en nuestra época: los 



DB VALENCIA. 93 

malos báula ataviado ridiculamente^ y icoántoe escándalos se die- 
f(m en su nombre I 

Libertad significa el derecho de decidirse y obrar con suje- 
ción á los deberes de la moral y do la ley escrita, no del capri- 
cho de los otros hombres. Esto entienden los buenos por liber- 
tad^ y así reconocen la justa dependencia en que vive el hombre 
respecto á la mor^l y á la ley escrita: asi sujetan la libertad á 
la obediencia, el derecho al deber, según lo aconseja la religión. 

Mas como quiera que los falsos filósofos, por olvido sin duda 
de lo que la moral y la religión prescriben, confundieron on sus 
escritos la libertad con la licencia, ó sea con ki facultad de obrar 
sin trabas conforme á las determinaciones de una voluntad alea^ 
los ignorantes y los pervertidos no quieren entenderlo de otra 
manera^ y en nombre de una libertad que no ha existido, que no 
existe ni existirá jamás, rechazan toda subordinación y depen- 
dencia, y dan al traste con los deberes, como es Tógico, después 
de haber negado los preceptos morales y religiosos para legitimar 
el derecho antisocial de insurrección, el derecho» del mas fuerte. 

Si los partidarios der libre alvedrío hubiesen podido compren- 
der los mates á que dá origen toda exageración, es de creer que 
hubieran moderado sus funestos arranques, en provecho de la 
sociedad y de la misma ciencia que no tolera semejante doctrina 
como absoluta. El hombre no es absolutamente libre, porque es 
en todo limitado, porque hasta en el seno mtsmo' de ka concten- 
eia obedecer debe á la ley moral. Y si es justo y aun conveniente 
que el hombre cu^^)la con la ley moral, porque cumpliéndola es 
como puede alcanzar la verdadera felicidad , h consecuencia de 
ello será que , solo es propiamente libre^ cuando se decide á sa- 
biendas por el mal. ¡ Triste privilegio el de la libertad que na 
se funda en. el deber! 

Partiendo del falso principio de que la voluntad es completa- 
mente libre, confundiendo el deseo con la Ubertad, es como se 
defiende el derecho de atacar á la religión, de mofarse de las le- 
yes divinas y humanas, de proclamar ideas disolventes; porque 
si la libertad es la voluntad, y ésta libre, ¿cómo se sujeta la con- 
ciencia ni la espresion de la conciencia? ¿cómo impugnar enton- 
ces el derecho absoluto de insurrección? 

La lógica es siempre un arma terrible y , admitido aquel 
principio, la lógica favorece á los revolucionarios que lo acep- 
taron. 

No: mi voluntad no es mi libertad, y mi libertad depende de 
mi inteligencia, como esta depende á su vez de otras condieiones 
6 causas que influyen en su desarrollo. Mi ser, en fin, obedece y 
debe obedecer á las leyes prefijadas por el Criador. 



^1 El, l^N8JLMiRK70 

Yo no soy yo sino en cuanto soy obra de mi Dio6 y me soi- 
meto á aquellas leyes: si no fuese asi^ ios malos tendrían la ra- 
nzón de no ser ¿uenos. Mi libertad debe conducir al bien, y el bien 
no se esplica sin el deber. 

Yo creo en el deber: cfuiero creer en él, porque solo así 
terkgo opción á reclamar el derecho : quiero humillarme^ porque 
solo así podré enaltecerme. 

Yo odio el personalismo , porque el personalismo es inevita- 
blemente la negación de Dios, de la moral y de la religión: por- 
que el personalismo es el egoísmo, es la exageración odiosa de 
los socialistas , la muerte de la sociedad . 

£i hoi^e es nn átomo arrojado en la inmensidad del espa- 
cio, como ba dicho ún filósofo : el hombre no es inas que un insh 
tFumeoto de Dios, como dice nuestra religión: el hombre ha &ar 
cido para un fin predestinado que ba de cumplirse conforme á 
la voluntad suprema de su autor: ¿qué puedo ooulra ella la de 
cualquier débil mortal? 

Úomos un vaso de miseria : el demonio del orgullo nos arras^ 
tra al abismo áe nuestra perdición :- un poco de ciencia nos estra- 
vía basta ú estremo dé juzgarüos omnipotentes. ¡Bidícula.pre<- 
suncion! Si el desengaño no sigue inmediatamente á la esperieur 
üia, la muerte se burlará al cabo de nuestra arrogancia. 

¿Qué significa ese espantoso ruido que nos aturde, e$a con-, 
fqsa gritería que no cese, que llena los espacios con el hermoso 
nombre deübertad? ¿Ks el reconocimiento deí poder de Dios, 
de la necesidad de <^umpl:ir nuestros deberes para ser buenos> de 
hacer justicia para que haya paz , para que haya felicidad? 

No; e$e incesante clamoreo no es la vo^ de la justicia , sino 
del oi^uUocttO %$ m tributo que se pide para Dios^ sm para 
nuestra vanidad : no es el ansia de conseguir .el bien moral, sino 
4t satisfacer nues^triats palsiones hoy hasta el esfar^mo^ desbordadas. 

Por eso aquel grito no conmueve a^^s ique á los oialo$ ó á lo$ 
ignorantes: por eso los buenos de recogen temerosos ,. y mas quo 
temerosos ^pantados^ 

Vosotros los que decid que peleáis por la libertad, deponed 
Jas armas: el medio de persuadir os el templo; com^enzad por 
dominaros, cumplid religiosameato vuestros deberes y así ense- 
bareis á los demás cual es el caii^ino de la justicia y de la verda- 
dera libertad. 

¿Queréis convencernos de que la libertad pende esenciat- 
mecite de las formas de gobiernot Vana empresa: ni uno solo dé 
los buenos tendr^eis á vuestro lado, porque saben que eso no es 
verdad. Las iformas de gobierno no son mas que un medio que 
de nada sirve, cuando ^n el foiido se anidan; la falsedad y la dor- 



BE TALeSCU, 95' 

vupmtx. Cuando la verdadera libertod no existe^ un poco mas 
de ensanche en el uso de la palabra dará por resultado un poco 
mas de charlatanismo : un poco mas de amplitud en el sufragio^ 
digo mas de intriga y desorden : un poco mas de fuerza en ios 
de abajo^ mas debilidad en los de arriba^ menos gobierno. 

¿Es eso la libei^lad? Si eso realmente fuera ^ yo no la ama« 
ria como la amo con todo mi corazón. Yo no concibo la libertad 
como forma ^ sino como esencia: no como uua invención^ sino 
como un precepto: no como un privilegio, 8inoe0mo> un don del 
cielo á todos los hombres : no como un sistema , sino como una 
virtud* 

Cúmplanse las leyes divinas y humanas y entonces seremos 
Kbres: legum servi $umus nt liberi es$e possmus. Asi entiendo 
yo la libertad. 

Por tanto, mas fácil será en mi juicio hallar la libertad bajo 
un gobierno ilustrado y justo que respete y haga respetar las le- 
yes , aunque ^e llame monarquía , que bajo una república en la 
cual sea costumbre inculcarlas todas. ¿Qué valen los nombres 
bellos cuando no triunfan los principios sanos? 

Nada mas ridiculo que pelear por vanos nombres , y esto 
es precisamente lo que hoy acontece. Nunca se ha hablado tanto 
de libertad, y es positivo que nunca hubo menos. 

¿Créese por ventura que haya hombres tan estúpidos que 
amen la esclavitud por odio á la libertad? Eso no es cierto : los 
hombres todos buscan el bien , y por lo mismo todos sin dis- 
tinción aman la libertad ; porque la libertad es ia justicia, la 
paz, la felicidad. 

¿Créese por ventura que los hombres religiosos son los me- 
nos amantes de ella? Falso también: nadie mas amigo de la 11^ 
bertad que el hombre religioso que dá *á cada uno lo que es suyo, 
que respeta y acude á las necesidades de los otros , que son las 
que dan origen legítimo al derecho. No es la demagogia , sino la 
religión quien ha santificado aquel nombro. 

Por otra parle, la religiou no ha escogido como propia nin- 
guna forma de gobierno : la religión no se opone á esta ni á la 
otra : la religión las acepta todas. ¿Quién hizo enemiga á la re- 
ligión de la libertad? Los estúpidos y los perversos ; la escuela re- 
volucionaria que predica el derecho contra el deber, esquíen ata- 
ca la religión como un obstáculo á sus horrendos fines. 

Pero la moral es la ley de Dios : la religión cristiana la es- 
presion mas acabada y mas bella de la moral, como que es también 
hija de Dios: la moral alcanza al individuo, a la sociedad y al go- 
bierno, ¿cómo puede ninguno desentenderse de la rel^ion? 

Por eso vemos que^ donde quiera se amort^a el seutimiea- 



96 BL PESAMIENTO 

to relígio^Q^ se debilita igoalmente el sentimiento mora! ; y que^ 
cuando, esto acontece ^ es inútil inventar formas nuevas en garan- 
tía de una mayor libertad^ porque las' nuevas formas coutribu- 
yen ^ á acrecentar la corrupción ;, los nombres suenan , pero las 
ideas y sentimientos no corresponden á las palabras, y el despo- 
tismo mas feroz y humillante se disfraza con el nombre de li- 
bertad. 

Cumplamos los preceptos morales, la ley de Dios, y así sola-, 
mente podremos ser libres. Atendamos á la esencia de las cosas 
y no á las formas; convenzámonos de que la libertad humana es- 
triba en el cumplimiento de los deberes, y de esta manera- con- 
tribuiremos directamente á la regeneración de nuestra sociedad. 

En el lenguaje moderno, los partidarios ó defensores del prin- 
cipio de libertad en política se apellidan liberales , trastornando 
completamente el significado natural de esta última palabra. . 

Liberal viene de liberalidad, y significa «el que dá generosa- 
mente de lo suyo.» La liberalidad es por tanto una virtud moral, 
la misma que en el lenguaje cristiano se llama carida;). 

En este sentido, claro es que habrá muchos que se llamen li- 
berales y no tengan caridad , ni generosidad , ni siquiera tole- 
rancia ; y que en cambio, otros habrá buenos cristianos, carita- 
tivos y humildes, á quienes se les niegue este título honroso y, 
merecido de liberales. ¡Cosas del mundp! ¡Así se abusa de las pa- 
labras y de las calificaciones! ¡Así se trastornan las ideas! 

No : los que, lejos de respetar las leyes divinas y humanas, se 
sublevan contra ellas, vomitan sangre y fuego, no transigen ni to- 
leran á los que por su dicha piensan de distinto modo, no reco- 
nocen superioridad , ni aceptan subordinación , no son liberales; 
y en cambio merecen este titulo muchos hombres á quienes aque- 
llos, sin razón, lo niegan. 

El presente es tiempo de confusión y desorden; pero, ádes- 

{)echo de los revolucionarios, la verdad jamás perece, y un dia 
a justicia dará al fin á cada uno lo que le pertenece. 

Miguel Vicente Almazan. 



ESTUDIOS ETmOLÚGICOS. 

Advertencu. a la invitación hecha por el señor Blat,á 
los señores Eclesiásticos de esta diócesis pidiendo se sirviesen 
darlelaetimolosia.de ARCHIEPISCOPÜS , únicamente ha con- 



DB VALENCIA. 97 

testado un escolar de este Seminario. Agradecemos la fina aten- 
ción del Seminarista ^ insertando integra á continuación su eti- 
mología. Ponemos también la del señor Blat^ para que vean 
la luz imUica ambas producciones etimológicas. 

Arckiepücepus. Voz compuesta de archi y de episcopus, Ar- 
chi , de archd$ , ú que en alguna cosa ú orden es el primero. El 
Arzobispo es el primero ó el sunerior de algunos Obispos. El nom- 
bre Arzobispo toma el arzo de archds. 

Episcopus de episkopos ,ou, o; revisor en español ; en latin 
inspector ; viene de éskopa, pretérito medio del verbo ^fc^ tomata 
mirar en torno , circumspicio, acción propia de todo pastor. 

Creo puedB ser compuesto de ep{ , super^ supra , sobre ó mas 
allá 9 Y de scopus , fin , mirada, señal , del griego skopos, 

Y me fundo : 1.^ El fin de los órdenes ó su término es el sa- 
cerdocio ; sea el episcopado un nuevo orden , sea una extensión 
del presbiterado^ sea su coronación ó lo que sea^ se. verifica que 
es sobre el fin ó término mas allá del presbiterado. 
2.'' Su mirada ha de estar sobre todo ei rebano. 
3.^ Su señal ( scopus^ como presidente ó gefe es la primera^ 
está sobre todas las demás. A su señal siguen bs fieles. 

£piskoph ésy hee , visitatio. Episcopare, egereer el cargo de 
Obispo^ ir visitándola diócesis. 

Un encolar de este Seminario, 

ARCHIEPISCOPÜS. 

Es un nombre latino^ de elevada dignidad eclesiástica , do 
origen griego^ y pasado á la lengua latina del modo que lo han 
sido nnuehísímos nombres^ según el precepto que ya insinuó Ho- 
racio en su Epístola á los Pisones ^ cuando dijo en los versos 
n y 53: 

<(Et nova fictaque nuper habebunt verba fidem 
Si grsBoo fonte cadant parce detorta.» 

Pues si los romanos vencieron á los griegos con las armas^ 
estos vencieron también á aquellos^ á su vez^ con las letras; 
lo que obligó á decir á dicho Horacio^ testimonio nada sospecho- 
so en la materia: 

(cGrsDcia capta férum victorem ceilít^ 
Et artes intulit agresti iatio.^ 

De donde resultó que la mayor parte de los nombres de ar- 
tes y ciencias^ y aun muchísimos que no lo son^ los ha toma- 
do la loQgua latina de la griega. 

Tomo II. 13 



98 EL PENSAMIENTO 

Nadie ignora qiie nuevas ciencias , artes , invenciones ele. 
necesiten nuevos nombres. Pues bien, la nueva Religión funda- 
da por Jesucristo, con nuevos Misterios , nuevos Sacramentos , y 
nuevas dignidades , necesitaba nuevos nombres. Estos fueron to- 
mados casi todos de la lengua griega , tanto por la preponderan- 
cia que aun teuian los romanos en los primeros siglos del Cris- 
tianismo, como también por haber sido los griegos de los primeros 
gentiles que abrazaron la Religión del Crucificado ; y por lo mis- 
mo la Neología del Cristianismo en 5u mayor parte es griega. 

Pasemos al análisis del nombre 

ARCHI-EPi-SCOPTJS. 

Sé compone de tres dicciones griegas : un nombre, una pre- 
posición y un verbo. El nombre es archée , principio (1), de don- 
de con metáfora muy propia pasa á significar gefe , caudillo ó 
principal de alguna cosa. La preposición es epí, sobre ; y el ver- 
bo 5fco/?(?o (contracto skopoo), que significa en su sentido propio 
«mirar con mucho cuidado y atención fijándose en los objetos.» 
Riquísima la lengua griega tiene varios verbos que espresañ la 
acción delavisla, «eido, optao, Iheaomai , scopeo ».; pero'en- 
tre todos sobresale este último, que significa según se ha dicho, 
«mirar con mucho cuidado y atención fijándose en los objetos.)) 

De donde resulla que él que «mira con mucho cuidado y 
atención,)) indispensablemente ha de investigar, observar y co- 
nocer las cualidades de la cosa mirada. 

Debo advertir, que muchos siglos antes del Cristianismo , ya 
tenian los griegos formado el verbo «episkopoo,)) que componién- 
dose dé la préposiciori «epí , sobro) y dicho verbo «skopoo) signi- 
ficaba «mirar sobre alguno con cuidado y atención.)) Del referi- 
do «episkopoo)) formaron los griegos cristianos su «episkopos,)) 
(obispo). Y en efecto , vemos cuan bien corresponde este nombre 
al alto ministerio episcopal , que es investigar, celar, cuidar y 
mirar sobré la grey cristiana cometida á su cuidado. 

El primer obispo, episkopos> ó celador de los cristianos, que 
así podremos llamarle por perífrasis muy propia , fue S. Pedro, 
quien recibió tan honroso cargo cuando le dijo Jesucristo: 

«Y yo te digo, que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré 
mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. 

Y á tí daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que 
ligares sobre la tierra, ligado será en los cielos: y todo lo que 
desalares sobre la tierra, será también desatado en los cielos. (San 
Mateo, Cap. XYI, v. 18-19.) 



(1) En archéeGn.0 logos.... In principio ersít Verbüin.....Eu elprin." 
tipio era el Yerbo.».. ( San Juan , en su Evangelio , Cap. 1 . v. 1.)* ♦ 



BB YALBMGIA. 99 

Y en GOQ&rroacion de tan honorífíca cargo le dijo : ((Apacien- 
ta mi» corderos» «apacienta mis ovejas.» (San Juan Cap. XXI, 
V. 15-16-17,) 

El glorioso nombre de «Episkopos» después de trascurridos 
diez y ocho siglos, lo conservan toaavía los sucesores de San Pe- 
dro, los Sumos Pontífices , pues su título oficial es «Episcopus 
Episcoporum; Obispo de los Obispos, como quien dice. Celador 
de los Celadores CRISTIANOS,» por el afán y celó con que el pri- 
mer Gefe de la Iglesia dá á los demás Obispos que le están 
subordinados, las investiduras , instrucciones, consejos y cuan- 
to sea conducente al mejor régimen , gobierno y.salud espiritual 
de la numerosísima grey cristiana* que le está confiada. 

Él Catecismo del Santo Concilio deTrento, después de ha- 
blar de la dignidad de los Sacerdotes , Obispos , Arzobispos y 
Patriarcas , dice «Sobre todos estos siempre ha venerado la Igle- 
sia Católica al Sumo Pontífice Romano, á quien en el Concilio de 
Efeso llama San Cirilo Alejandrino ((Arzobispo, Padre y Patriarca 
dé toda la redondez de la tierra» porque estando sentado en la 
Cáiedra de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, y en la que 
consta que lo estuvo hasta el fin de su vida, reconoce en éi la 
Iglesia el sumo grado de dignidad , no por sinodales algunas, y 
por otras constituciones humanas , sino por Dios.» 

Y con referencia a la dignidad arquiepiscopal , se^ espresa así 
el citado Concilio : ((El tercer grado es el de los Arzobispos, que 
presiden á muchos Obispos , y se llaman también Metropolitanos, 
por ser prelados de aquellas ciudades que se tienen por matrices 
de aquella provincia. Por esto tienen lugar superior y potestad 
mas amplia que los Obispos, aunque tocante á la ordenación en 
nada se diferencian de ellos.» (2). 

El título de «Archiepiscopus,» aunque indica supremacía no 
ehívüelve contrariedad con elde («Episcopus Episcoporum del Su- 
nio Pontífice, pues es cierto que este Obispo de los Obispos se 
toma en el sentido lato de Gefe ó superior de todos los Obispos, 
de todas las gerarquías eclesiásticas : al paso que ((Archiepisco- 
pus» designa al principal Obispo de los que componen una pro- 
vincia ó división eclesiástica. 

El nombre Archiepiscopus (Arzobispo), fue desconocido en 
los primeros siglos de la Iglesia. Muchos escritores eclesiásticos 
opinan que fue San Anastasio el primero que dio este título al 
Obispo (ie Alejandría , en el siglo IV. 

Es muy verosímil que San Anastasio al dar este nuevo y 

(2) Traducción del P; Zorita , impresa «n Madrid año 1825 , por la Via- 
da de Barco López. 



160 £L rBNSiMIBlIffO 

honorífico título al Obispo de Alejandría / le coDstítoiria al mU- 
mo tiempo gefe ó superior de atros Obil^pos quienes serian los 
primeros sufragáneos. 

Esto se deduce de laetimologfa del mismo nombre; pues «Ar* 
chi, principio ( principal 6 gefe), y Episcopus , Obispo 6 celador, 
resulta Arcbiepiscc^s ; esto es^ principal Obispo , como quien 
dice > el primero de los Obispos que componen la división ecle- 
siástica llamada Arzobispado. 

Pasemosabora á ver los numerosos parientes que tiene Arcbi* 
episcopus; es decir, los nombres que tienen relación con las tres 
partes del compuesto. 

ABBCHI- 

Ante todo, se ha de partir del principio, que el antiguo ar? 
ciée de los helenos , convirtieron los griegos modernos en archín 
pronunciando iota (í), en vez de éta (e larga) Este archise 
conserva de dos modc^ en la lengua castellana: el uno respec- 
to á la pronunciación , y entonces decimos los españoles arqui-^j, 
cambiando bs letras y ñola pronunciación: y vice*versa con* 
servamos otras veces tes letras griegas y cambiamos la pronun-* 
eiacion diciendo archir. Además, quitamos también la letra as^ 
pirada h que tiene el cAí griego, diciendo unas veces aret- y 
otras aret-. También i)aiitamos á los dóricos cambiando la éta 
( e larga ) en alpka (a). Otro si : conservamos la é de arche ea 
algunos nombres. Todo lo cual se verá en los egemplos siguientes. 

ARQUITECTO, de «archée y tekton, artesanos» como quien 
dice el priucipM artesano ; pues la arquitectura , aunque muy 
tosca en el principio del mundo, fue el principal arte que nece-^ 
sitaron los hombres. 

ARCHIDUQUE ,6 principal duque , sale de «archfee y del la- 
tín duce ablativo de dux, y del que se ba fornido duque, áevi^ 
vado del verbo (fí¿cd (guiar ó conducir), y que creo seria un título 
que se concederja á esforzados capitanes , que conduciendú sus 
tropas al combate con acierto y valentía alcanzaban muchas vic-^ 
torios- 

ARCEDIANO, el primero de los diáconos : de «arkée y del 
ablativo latino diácono» derivado del griego^^ suprimiendo la síla^ 
ba cOfVQS\úidLArcedia..nú. 

ARCIPRESTE, dignidad eclesiástica aue significa el primero 
é principal de los presbíteros: de«archee y del ablativo latino 
presÁytero dmvado también del griego, suprimiendo segunda y 
cuarta sílabas , eslo es , las by y ro, tendremos kvc\pres..te.. . 
También me inclino á ci*eer que sea afrancesada esta segunda par- 
te del compuesto, y entonces tendría su origen del presíreívm-t 



M VALBIICIA. 10 1 

cés, auiiqtie siemjHre oriunda del griego. Si es itfas atttigao el 
titulo dé Arcipreste en Francia que eo EspaBa^ no debe dudarse 
esta segunda etimología. Es cuestión que pertenece á los que es* 
tan muy versados en Historia eclesiástica. 

ARCÁNGEL^ espíritu celeste; de archée y angeles : ángel 
priücipaL 

Pasemos k ver parientes que posponen el apellido «arcbée. 

PATRIARCA , nombre que se dá á algún personaje del antiguo 
Testamento^ por baber sido cabeza de dilatada y numerosa familia: 
título de dignidad de algunos prelados: cualquiera de los fundar 
dores de las órdenes religiosas ; de patéer ( padre ) y arcbée , pa* 
dre principal. Padre^ en rigurosa etimología significa cuidador 6 
curador^ no progenitor^ como vulgarmente se cree ; pero como 
los padres^ por lo regular, son los que mas se interesan por los 
hijos , hé a()ui que se toma á padre en sentido de progenitor y y 
los demás títulos de padre como metafóricos , por el cuidado que 
deben tener las personas que se designan con este nombre de los 
sugetos que están bajo su protección ó mando. 

HERESIARCA > el autor de una beregía ; de bairesis, heregia, 
y arebite , como quien dice : «el principal de «fia beregía, ó pro^ 
pagador de ella. 

MONARCA, príncipe independiente ó soberano de algurt reino 
ó estado: de «monos solo y arcbée principio:» esto es gobierno 
cuyo prin^^ipio gubernativo dimana de uno solo. 

anarquía , el estado sin gobierno : de la partícula negati- 
va «aneu , sin , y arehée principio formaron los griegos anarchía» 
sin principio gubernativo, pues todos quieren mandar, derribando* 
se unos á otros, sucediendo la confusión y desorden , lo que solo 
es propio de los gobiernos (ó desgobiernos por decirlo mejor) 
imárquicos. 

-EPI- 

epígrafe , resumen que precede á un capítulo, párrafo 6 
discurso^ etc. decfepí, sobre, y grapbée, escrito; esto es, sobres^ 
crito. 

EPITAFIO, de «epí , sobre y laphfee, sepultura,» es decir: so- 
bre sepultura ; y por énfasis se entiende inscripción. 

EPIDEMIA , de la preposición epi^ sobre, y demos, el pue^ 
hlo ; como quien dice sohre-el-puehlo, pues las enfermedades que 
se designan con este nombre afectan sobre el pueblo en general: 
BO son como otras dolencias , que si bien pu^en contraerlas va* 
ríos individuos, no obstante tienen sus tipos particulares : unas 
sojL proi^as de niños, de jóvenes, de ancianos ; otras propias de 
nogores, de ciertos climas , y aun las bay que pueden contraer- 



102 BL fEN&AMIBIiTO 

se por el trabajo ó profesión que egerce el individuo. En las en- 
fermedades epidémicas , su carácter mas distintivo es la genera- 
lidad , pues vemos que atacan todas las edades, todos los estados, 
todos los temperamentos, todos los climas, y que nada respetan. 
Las demás enfermedades, se puede decir que combaten la hu- 
manidad en guerrillas ; la epidemia en gran balalla campal , y 
hé aquí por qué da tan funestos resultados^ pues como aféela 
sobre-el'pueblo en general , sean cuales fueren sus causas pre- 
disponentes , resulta indispensablemente un grandísimo número 
de atacados , y de un gran número de enfermos se deducen mu- 
chas defunciones. 

Los señores profesores de la noble facultad de medicina, di- 
simularán si en algo me he estraviado, pues profano en la ciencia 
de Esculapio, he hablado de la epidemia sin mas luz que la que 
me dá la etimología de este nombre. No sé si habré acertado. 

ÉPICO, A : parece que tienen el mismo apellido que la pre- 
posición EPI , mas no obstante son de otra familia ; su proge- 
nitor es el verbo EPOO (^yo digo» Este origen se prueba también 
por las tres divisiones principales que se hacen de la poesía : pues 
vemos que se llajila «lírica» la que destina sus producciones 
para el canto ; y cuyo nombre se ha tomado de «lyra , .lyras» lá 
lira, instrumento antiguo muy común en la Grecia, ^^ M^l que 
regularmente se servian los cantores. Se llama «dramática/) aque- 
lla que representa las acciones inventadas por el poeta ; cuya eti- 
mología sale del verbo «draoo» que significa «egecular ó repre- 
sentar alguna acción.» La «épica» se llama así, según he dicho, 
del verbo «époo, decir ; » pues en esta poesía el autor dice ó.dá 
relación de sus pensamientos poéticos. La Odisea de Homero, y 
la Eneida de Virgilio pertenecen á la épica. 

EFEMÉRIDES , nombre compuesto de tres dicciones griegas, 
y que tan lejano aparece de la preposición EPI , pues no queda 
mas radical que la E , es no obstante derivada su primera parte del 
compuesto de la preposición EPI. Su composición es la siguiente: 
de EPI, sobre j HEMERA, el dia ; é IDEA, idea, sale EFEMÉRI- 
DES : como quien dice «sobre-el-dia-ideas» pues en los aconteci- 
mientos cronológicos que se relatan por efemérides, da el cronis- 
ta las «¡deas (ó relación) sobre los diás que va historiando. Voy 
á esplicar el modo con que desaparece la preposición EPI, pues 
no queda mas letra que la E. Primeramente desaparece la I de la 
preposición, quedando ésta en EP , y como deépues sigue HEME* 
RA que tiene aspiración fuerte representada por la H en muchos 
idiomas que la toman del griego, resulla: EPHEMERAS ; de este 
EPHEMERAS haciendo apócope de las dos últimas letras queda 
EPHEMEK.. y dQ IDEA cambiando la A en S para qué represen-: 



DB VALBNQIA, 103 

te plural , tendretoos EPHEMEBIDjES ; y úllimaineDte, como en la 
ortografía castellana moderna^ se representa el PH (ó pM de los 
griegos ) por F , nos hallamos con EFEMÉRIDES. 

He sido difuso^ lo conozco^ pero nii intento al presentar estos 
egemplos^ ha sido probar que en etimología muchas veces no de- 
bemos guiarnos por la semejanza de los nombres ^ pues ÉPICO no 
tiene nada que ver con EPl , y EFEMÉRIDES ^ si ^ como tengo 
demostrado en ambos estremos. 

-SCOPUS ; (sale del verbo griego scopeo.) 

HORÓSCOPO, observación supersticiosa y vana que hacen al- 
gunos astrólogos en el nacimiento de alguno: «horoskópos, de 
hora y skopeo ; como quien dice , «miro con cuidado la hora» del 
nacimiento para predecir la suerte. 

MICROSCOPIO, instrumento con que las cosas pequeñas apa- 
recen sumamente abultadas ; de «micros, cosa pequeña y dicho 
skopeo,» pues sirve para mirar las cosas pequeñas. 

TELESCOPIO, instrumento óptico para ver los objetos distan- 
tes, del adverbio «telein , lejos; y skopeo:» miro lo lejano. 

Estos son los nombres que toman parte de ARCHI-EPI-SCOPÜS, 
omitiendo muchísimos mas, particularmente derivados de la pr^ 
posición EPI. 

Respecto á la etimología castellana ARZOBISPO, viene do 
ARCHON , Arconte ó PRINQPAL , magistrado de Atenas ; de 
este ARCHON quitaron nuestros mayores la N , y cambiaron la 
CHj en Q cedilla, diciendo AR^O-, que hoy se escribe ARZO- por 
ser la Z equivalente a dicha C cedilla, y del ablativo greco-latino 
EPISCOPO, suprimiendo la E y CO, y cambiada la primera P en 
i?, tenemos ARZO- . i?IS . . PO. 

Y últimamente : este es mi parecer , salvo meliori, y que 
someto Omnia sub correctione Sanctw Matris Ecclesiw : conclu- 
yo ofreciéndome á la disposición de S. E. I- y demás señores ecle- 
siásticos de la Diócesis, en cuanto pueda serles útil con mis li- 
mitados conocimientos etimológicos* 

Agustín Blat y.Blat. 

Por ambos artículos etimológicos: 

A, Aparisi y Guijarro. 



101 BL MNáJlinElItO 

Nuestro querido amigo d Sr. D. Teodoro Llórente acaba de 
traducir las meditaciones de Lamartine. Es un trabajo que honra 
su talento^ y que juzgamos muy digno de la luz pública. Sin per- 
juicio de ocuparnos de él con la debida detención^ tenemos hoy 
el gusto de ofrecer á nuestros lectores en la traducción de una 
de las meditaciones mas elevadas del poeta francés una muestra 
brillante del claro ingenio que todos reconocen en el Joven va- 
lenciano. 

MEDITAQON VIL 

Sobre un escollo que las (^ baten ^ . 

inurmarando con eco iastimerOy 

contempla el marinero > — ** 

una tumba que el mar aüi arrastrara: . '^« >. ^ 

el tiempo aun no ha bruñido 
la estrecha y pobre piedra, 

y la silvestre yedra . *' ' 

deja ver solo entre sus verdes lazos ' " 

un cetro hecho pedazos. - ' 

c Aqui yace. • . • Ifo hay nonAre ¿qdiifii f aé ^t« hombre? 
al mundo preguntádselo: su nombre - ' - ■" 
con sangre y fuego escrito está en la líettA ' ' 

desde el Vistula fría * <*'<< 

hasta la cumbre del Cedár; ae encierra '^ ' 

en el Gel corazón de cíen mil bravos; 
lo guarda en su memoria 

el rebaño de esclavos ' 

que aplastaba su carro de victoria. "'"' ' 

Después de los dos nombres 
que cada siglo al otro siglo asHiftetti, 
auo trémulo <le espanto, - ' ''"* 

jamás nombre que humana voz prenuncia 
en las das del rayo voló tanto; 
jamás pJanta de un hombre 
que borra un soplo leve 
en el mundo imprimió tan honda huella: 
¡y se detuvo aqui la planta aquella! 

¡ Aqui yace ! ¡Con tres pasos un niño 



J-* » • j 



I ,' I 



DB valbügia; 105 

medirlo aqaí podría! 

su grande sombra silenciosa y fría 

ni una queja murmura,* 

;y huella un enemigo 

en paz su sepultura! 

Zumba un insecto y vuela en raudos giros 

sobre su altiva frente ancha y serena, 

y oye solo los trémulos suspiros 

del mar sobre la arena, 

¡ Oh ! no temas que ultrage la voz mía 
tu majestad sombría, 
genio sublime, aun en la huesa inquieto; 
al lado de una tumba 
siempre vibró la lira con respeto. 
La muerte es el asilo de la gloria, 
y nada debe , nada, 
perseguir vengativo tu memoria.... 
jNada! tan solo la verdad sagrada. 

Tu sepulcro y tu cuna 
densa nube cubrió , y apareciste 
cual relámpago ardiente 
d^l seno de borrasca oscura y triste; 
tú , porque el mundo mas tiemble y se asombre, 
quebrantaste su frente 
sin tener aun un nombre: 
tal el ondoso Nilo 

que mira Memfís á sus pies tranquilo, 
entre peñascos rompe el curso incierto 
con hórrido fragor , desconocido^ 
de Memnon en el árido desierto. 
Los dioses de su altar habían caído, 
los reyes de su trono; 
mas te eleva en sus alas la victoria, 
de un pueblo ardiendo en sanguinario encono 
contra los reyes, te hace rey la gloría,- 
y ese siglo torrente 

que arrastraba entre espuma ensangrentada 
costumbres, aras, cetros, 
retrocede temblando á tu mirada. 
Ves el error de frente > y lo combates, 
ni la fuerza , ni el número te asombra, 
y luchas, cual Jacob , contra una sombra. 

Tomo II. 14 



tM EL ffssioiisrao 

y tú, débil nHNrtal , la sombra abal^. 

¿Qué mas? juegas sa(94tego y profano 

«OD los augustos nombres 

que el mundo levantara, 

como la impla mano 

del crimen con los cálices del ara. 

¡ Ay! asi cuando enfermo y viejo un siglo 
impotente se agita en su despecho 
y con sos manos se desgarra el pechsí) 
de libertad lanzando la Vox santa, 
un héroe de repente > »• < • 

del polvo se levantft '^ 

con duro cetro para herir su frente^ 
y de su pesadilla al fin despierto 
soñado ve lo que juagaba cierto. 

:Con qué diadema coronarte pudo 

la gloría , tan brillante, 

si levantando sobre el fuerte escudo 

]ás victimas reales inmoladas, 

del cetro hubieses el borrón lavado 

volviéndolo á sus maoos consagr^As! 

¡Tú, de los Reyes vencedor soldado, 

fueras mas grande que ellos! 

Gloria , honor, libertad , los noi^bres bellos 

que el universo adora, 

¿qué fueron para ti? Cual de campana ,;] 

misteriosa y sonora 

la vibración lejana 

que en el cóncavo hueco 

sin comprender repite imbécil eco, 

esos nombres sonai'on en tu oido; 

mas tú solo en la tierra 

el fragor comprendiste de la guerra, 

y del clarín el bélico sonido. 

Sobervio y entregando 
á un desprecio profundo 
cuanto anhela este mundo, 
á este mundo pedías solo el mando. 
Marchabas y en tu marcha 
todo obstáculo era tu enemigo; 
y fue tu voluntad cual bala ciega 



I 



que á do la gaia la ninida, llega, 

aunque atrayíese uo Corazón anigo. 

Jamás de tu Real melancolía 

disipó los enojos 

la envenenada copa de la orgía; 

amaban otra púrpura tus ojos* 

Como el Bel centinela 

que bajo el peso de sus armas yela, 

sin sonreír y sin llorar tú viste 

de la beldad divina 

la sonrisa de amor ó el llanto triste. 

Tú solo amabas ci fragor guerrero^ 

los gritos 7 el pavor de las alarmaB, 

7 el reflejo del sol sdbse las armas; 

solo alhagó tu mana 

á tu corcel ligera 

cuando sus crines sacudía ufiSino 

y sus cascos bollaban al acero. - 

Sin placer te miraste graade f fuerte^ 
eaiste sin dolerte: 
de un corazón humano 
jamás sintió el latido taatmadom* 
Sin amor y sin odio, 
era tu única vida el pensamiento» ' 
Cual águila que rein» 
en la desierta inmensidad del viento,. 
tú tenias tan sola- 
para medir la tierra una mirada 
con la avidez del tigra en ella impresa; 
y fuertes garras para Mi^tu {«esa. 

Sobre el carro volar de la victoria^ 
cegar al universo 

con el fulgor radiante de su ^oria^ 
y con la misma planta hollar altivo 
los gracos y los reyes; 
forjar de odio y de amor un faerte yogo, 
y á un pueblo que rompió sus viejas leyes 
de orgullo y de ira Heno» 
bajo el látigo hacer morder él freno; 
de un siglo ser el pensamiento y vida, 
embotar el puñal del asesino, 
la envidia desarmar ; al aoo df 1 trueoo. 



l-\- 



108 SL. PENSAMIENTO 

y del rayo á Ja luz jmgfu: mil veei^a 
la suerte de este nmndq 
contra el poder divino^. » 
¡qué sueño tan brillante!] 

Y ese fué tu magnifico 'djéstino* ,. 

Mas ¿ qué importa ? caíste, 
caíste de tu altura; ... 
sobre esa rpcii dura - • , 

te quebrantó la t^nipestacli te yj^roi). < 
caer tus enemigos, . , , u « . 

y tu manto imperial se repstrl^ei;on. 

Y ese Dios que ^dprabaa tú, la suerte, 
sobre la arena un reducido esp^Q , ... 
te concedió por último pa^lacio 
entre el trono y la muerte! 

jOh! ¡quién dado me hubiera . 
seguir tu pensamiento 
cuando los grandes hechos de. tu historia 
en tropel inundaban tu memoria, 
cual un remordimiento, 
allá en la soledad! Cuando cruzados. , 
sus brazos sobre el pecho ,. , 

por su desnuda y despejada fr^te . , ,. 
que la meditación al suelo, inclina . 
pasaban , cual nublados, :. 
mil recuerdos de l)orror ! Cual de un torrente 
én la orilla escarpada 
mira un pastor su 8ombi:$^ projoo^ds^ 
seguir flotante la veloz corjrieQtfe: . ,.,. j 
en la desierta cumbre 
de tu altura sublime, 
invocando de gloria hermosos días, i ' 
tu nombre, en el pumdo busoMmrj > : ; r 

Y esos días pasaban <•'< it i 
cual las hinchadas olas í . . i .: 
de un mar embravecido, - u ^ . r 
y al escuchar su armóme» bramido ^ , ^ • < 
con un débil reflejo de tu estrella 
tu frente se veía iluminada,*, 
y cada imagen bella • 
que te traia una ola 
8eg^ia , hasta perd^la , tu mirada. 



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DE VALENCIA. 109 

Ora intrépido el rayo deáaffas 
sobre el estrecho puente, 
ó huellas del desierto el polvo aWfente; 
ya cruza tu corcel eí Jordán santo, 
ya se humilla á tus pies cumbre nevada; 
ora en cetro imperial truecas la espada.... 
Mas ¿qué súbito espanto? 
¿por qué apartas la vista? 
¿por qué tu frente adusta palidece? 
¿de un pasado fatal, qué te cootrisU? 
¿quizá ante tí aparece * 
anegada' de sangre una llanura? 
¿6 de ui pueblo incendiado 
las voces oyes, que entre escombros gimen? 
Pero la gloria todo lo ha borrado. 
¡Oh! todo lo borró, menos el crimen. 
Allí , siempre presente 
una víctima está , y está bañada 
en sangre real, y es joven , ¡é inocente? 
la ola que la traía 

pasaba ¡ oh Dios í y sin cesar pasaba, 
y al pasar á sus plantas, le arrojaba 
el nombre de Conde : sobre su frente 
llevaba con terror su mano Cria, 
cual si de allí quisiera 
una mancha borrar, pero la mancha 
' debajo de su mano renacía: 
j cual un sello, del Señor impreso 
por la mano suprema, 
aquel signo maldito, 
horrorosa diadema, 
coronábale cruel con su delito. 

Y por eso, tirano^ mancillada 
tanta ^oria^eré ; por eso el mundo 
de tu genio profundo 
dudará, al ver tu crimen; 
y tu caito de triunfo 
de sangre dejará una huella impura, 
tu grande nombre> con destino vario, 
errante vagará en la edad futura 
entre el nombre de César y el de Mario. 

¡ Y has Bonertai has muerto como todos mueren 



ti' i .1 ' f 
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lie BL PRNSikMiBNTO 

cual segador que yá por su aalário 
y sobre su hoz se duerme 
antes de recibirlo* tu te annaste 
con tu espada sangrienta, y en aiten^io 
á demandar juaticia é recompensa 
ante ese Dios que te bdvió^ marobastie. 

Y diz, que al ver la eternidad fumeBSS 
en su triste agonfa, su mirada 
al cielo pareció verse eleyada, 
y el signo redentor tocó su frente ' ' 

¡su frente tan altiva! 
y diz, que á espirar iba 
en sus lálnos un nonibre 
que él no osaba acabar* ¡Acaba, acatal 
¡ese es el Dios que reina y que corona, ' 
ese el Dios que castiga y que perdona] 
Para nosotros tiene una balanza 
y otra para los héroes; 
habíale sin temor, con esperansia; 
El solo habrá podido comprenderte: 
de su cetro y sus hierro» le dan cuenta 
el pobre esclavo y el tirano fuerte. 

Su tumba se ha cerrado: 
Dios le juzgó ¡silencio! No profane^^ 
débil mortal sus consagrados manes* 
¿Quién la clemencia del Se&or sondea? 
¡Quién sabe! Quizá el genio 
uno de los azotes de Dios sea. 

Teodm Llórente. 

Por al autor, 

A. Aparüi y Guijarro. 



I I 



rr : >. ». 



MIS PRISIONES. 

POR SILVIO PELUCO. 

» • » 

(ContíniMcion.) 

á ms palaiNras, y sin embargo^. 



DB VALBNOU. 111 

masiado cierto qué el infeliz estaba sepultado en aquella cárcel^ 
me inspiró una viva compasión. 

En seguida le rogué me hiciese una narración compendiada 
de toda su vida. Contóme minuciosamente cuantos pormenores 
sabia yo ya de Luis XYII : cuando le encerraron con aquel mal- 
vado Simón el zapatero^ cuando le obligaron i atestiguar una in-* 
fame caltimnia contra las costumbres de su pobre madre la 
reina ^ etc.; finalmente^ qw bailándose preso en la cárcel^ fué 
arrebatado una nocbe de ella y sustituida su persona con la de un 
estupido mancebo llamado Mathurin. A la puerta esperaba un co-^ 
che con cuatro caballos^ de los cuales uno era de madera bneco^ 
donde le escondieron. Llegaron con felicidad á las orillas del 
Bbio^ y luego que bubieron pasado la raya^ cierto general (cuyo 
nombre si bien me lo dijo no me acuerdo)^ el^ mismo que le sacó 
de la cárcel^ le sirvió por algún tiempo de padre y de maestro^ 
enyiándole después ó conduciéndole á América. Alli esperimentó 
el joven rey sin trono todos los vaivenes de la fortuna^ sufrió el 
bambre en los desiertos^ militó, y fué feliz y obsequiado en la 
corte áA rey del Brasil, donde se vio después calumniado, perse^ 
guido, viéndose obligado á huir. Regresó á Europa hacia el fin 
del reinado de Napoleón , fué preso en Ñapóles por Joaquin Mu-^ 
rat, y luego que se vio libre y en el caso de reclamar sus dere* 
cbos al trono francés, le acometió aquella funesta enfermedad en 
Bolonia , durante la cual fué coronado Luis XVIIL 



Becitaba esta historia con un viso sorprendente de verdad, 
tanto que a mí mismo me admiraba á pesar de no creerla. Cono- 
cía perfectamente todos los sucesos de la revolución francesa, 
hablaba de ellos con natural elocuencia , y citaba siempre al caso 
anécdotas muy picantes. Notábase si cierto no sé qué de sóida* 
deseo en sii íenguage, pero poseía en verdad la elegancia que 
solo se adquiere en la buena sociedad. 

— ¿Me permitiréis, le dije, que os mire como un amigo y no os 
dé tratamiento? 

—Eso es lo que yo deseo, me contestó; y lo único bueno que 
me ha quedado de mis desgracias, es el desprecio á todas las va- 
nidades humanas : creedmjB firmemente ; mas me precio de ser 
hombre que de ser rey^ . 

Todo. el dia le pasábamos conferenciando, y por mas persua- 
dido que yo me hallaba de aue me contaba una comedia, pare- 
cíame tener un alma muy noble, honesta, y naturalmente inclinada 
al bien. Varias veces esluve para decirle: perdonadme^ amigo, 
yo quisiera de todo . corazón que fueseis en realidad Luis IVU^ 



112 BL PENSAMIENTO 

Sero no p^edo alejar de mí la convicción contraria : jiened la sa- 
ciente franaueza para, renunciar á tal ficción. Ademas de esto, 
meditaba yo a mis solas el sermón que le habia de echar sobre el 
defecto de la mentira aun cuando parezca ó sea inofensiva. 

Dejábalo de un dia á otro y esperando siempre el aumento de 
nuestra intimidad^ pero jamás tuve valor para ejecutar mi pro- 
yecto. 

Cuando después reflexionaba esta falla de detarminacjon^. 
procuraba disculpármela dándola el colorido de urbanidad^ ó 
bien como un honesto temor de afligirle; en fin ¡qué sé yol Pero 
todas estas disculpas no me satisfacían^ y confieso ingenuamente 
que me hubiera alegrado mucho de haberle dado la lección que 
me proponía. Yo conceptúo como debilidad el fingir creer una 
impostura^ y me parece que no me volverá á suceder. 

Sí^ lo repito: ¡debilidad! No hay duda que por delicado que 
sea el preámbulo en que se envuelva siempre es muy doloroso el 
decir á un hombre (cno os creo.» Este se incomodara^ habremos 
de renunciar al placer de su amistad^ y aun acaso nos llenará de 
injurias. Pero cualquier pérdida es mas honrosa que la mentira; 
y quizás aquel mismo que nos dirige sus injurias^ viendo que su 
impostura no es creída^ admirará en silencio nuestra sinceridad^ 
y acaso se abandonará á reflexiones que le corrijan. 

La mayor parte de los secondini creían fuese en realidad 
Luis XVII; hablan observado tantas mudanzas de fortuna, que no 
desesperaban ver al preso subir un dia al trono de Francia, en 
cuyo caso esperaban se acordase de ellos (*) : menos el medio de 
fugarse , encontraba en todos vivos deseos de complacerle. 

A esta deferencia debí yo el honor de contemplar al alto per- 
$onage. Era un hombre de una talla regular, entre 40 y 50 anos, 
bastante corpulento , y de fisonomía verdaderamente borbónica. 
Es de creer que esta semejanza accidental le hubiese inspirado la 
idea de representar tan triste papel. 



Fuerza és que me acuse de otro sacrificio que hice al respeto 
humano. Mi vecino no era por cierto ateo, y algunas veces ha- 
blaba acerca de los sentimientos religiosos como hombre que los 
aprecia y conoce ; pero conservaba al mismo tiempo ciertas pre- 
venciones absurdas contra el cristianismo, que contemplaba me- 
nos en su v£rdadera esencia que en sus abusos. Habíale deslum- 
hrado la filosofía superficial que precedió y siguió á la revolución 

(*) El pretendido Luís XVII habia prometido hacef conserge de su pa- 
lacio ai Signor An%ioUno tan luego como ocupase el trono de sus padres. 



DB VÁLBNGIA. 113 

de Francia. Paredale qoe se podía adorar á Dios con' mas pu- 
reza qoe segan la religión del Evangelio. Sin tener profando co- 
nocimiento dé Condiliac y de Tracy , venerábalos como pensa- 
dores eminentes , é ' imaginábase que este último babia acabado 
de resolver todas las cuestiones, metafísicas. 

Yo^ *qbé%abia pasado mas adelante etí tos estudios fllosóñcos^ 
que conocia la debilidad de la doctrina espérimental , y qoe sabia 
losgraúldes errores con que el siglo de Yoltaire ^e habla pro- 
puesto denilgrair al 'cristianisAio ; yo que saludé á Guén'ée y a to- 
dos loá'qtie cMm0 él rlasgaroü el velo de tan falsa crítica ; yo^ re- 
pito^ que estaba convencido de que en buena lógica no se puede 
admitirS'Dios desechando el Evangelio^ y que consideraba cosa 
vulgar's^uir el torrente de las opiniones anti-cristianas; y no sa- 
berse elevar á reconocer cuan sencillo y sublime es el cristianis^ 
mo notidi'óulizáúdole} pues bien^ tuve la villanía de sacrificarme 
á los respetos hunlanos. Me dejé seducir por las graciosidades de 
mi vecitio ^ aunque bien convencido de su futilidad. Disimulaba 
mi creencia , vacilaba y aun me preguntaba á mí mismo si seria 
ó no oportuno contradecirle ; parecióme inútil^ y de ese modo 
traté 06 justificarme. 

Sí : I vHlanía ! ivillanía! porque ¿qué importan la audacia y 
el torrente d& ciertas opiniones acreditadas cuando estas no des- 
cansan sobre ninguna base? Es cierto que un celo intempestivo 
é indiscreto puede irritar mas á quien no cree ; pero confesar 
con tanta franqueza como modestia lo que firmemente se cree una 
verdad , confesarlo aun cuando se espera hallar , no aprobación 
sino desden , es un deber claramente establecido^ y esta noble 
confesión nó puede siempre hacerse sin tomar inoportunamente 
el caracteir de un misionero. 

Síf cóbfesar en lodo tiempo una verdad importante es un de- 
ber; pues aütique no nos acompañe la esperanza de verla muy 
pronto reconocida ^ puede por lo menos disponer las almas á un 
estado capaz de producir un día mayor imparcialidad en el ra- 
ciocinio^ y de aquí el triunfo del talento. 

VENEÜA. 

Ya hacia un mes y algunos dias que permanecía en aquel 
cuarto^ cuando en la noche del 18 al 19 de Febrero de 1821 
me despierta bruscamente el lúgubre sonido de los candados y 
llaves; incorpóreme un poco, y veo acercarse á mí varios hom- 
bres oon una linterna. Mi primer pensamiento fue que venían á 
degollarme^ mas al contemplar aquellos rostros con ansiedad, vi 

ToMoU. 15 



11£ EL T1SKS\MieTfiT0 

aproTLÍmárseme con mocha urbanidad el cobde B*** (*), stfpli- 
eaodoiQe me vistiese iiimediaUifi)et)l(3 para salir. 

Sarprehdíéme lal noeva^ y aun tu v« ia necedad do breer que 
me condujesen á la frontera del Piainonte; ¿Será posible^ me de^ 
cia yo^ que tan terrible tenipestad so haya disipado asi? ¡Volteré 
pues á g<Mtar de la dulce libertad! lAbraiaré á mis amados padres 
yhei'manos! ^ 

Estas ideas falaces me agitaran idgunos instantes: vestíme lo 
mas pronto qtte pude y seguí á mis acompañantes^ sin poder st^ 
quiera saludar á mi vecifH». Parecióme no obstante haber oído el 
sonido do su voz^ y senti en el alma no poderle contestar. 
—¿Adonde vamosí? pregunté al conde subiendo con él y un ofi-^ 
cial de gendarmes en el coobe. 

r-No puedo contestar á oñ pregunta hasta estar distantes do 
Milán al menos una milla. 

Noté que el coche no se xfírigia hacia la puerta Vercdiina^ y 
todüs mis esperanzas se dísipairon. 

Guardaba yo un profundo silencio. La noche era ddiciosa, y 
el planeta ron)ántí(x> esparcía sus psilidos rayos sobre la tierra^ 
Miraba aquellas hermosas calles en las que en otros tiempos mas 
felices' me habia paseado. Aquellas casa^ aquellas i^esias>todo 
me renovaba mil recuerdos deliciosos. 

i A Dios paseo de la puerta Oriental 1 ¡ A Dios^ jardines públi-*- 
túBy donde paseándome tantas voces con Monti , Lodovico cte 
Breme^ Pedro Borsieri , Polrro^ stts hijos y otros muchos ^ami^ 
gos. me entretuve ccm ellos^ lleno de vida y do e^eranzal ¡AM 
al imaginarme que os contemplaba por k vez postrera^ al ver 
ese rápido torbellino que os alejaba de mi vista ^ ¡ con qué fuerza 
senlia que os habia amado y amaba todavía! En cuanto pasamos 
lá puerta cubrí mis (^os con el ala del sombrero^ y sin ser visto 
las lágrimas humedecieron mis ojos. 

(Se con Un itavd . ) Por el a u tor , 

A. Aparisi y Gmjarro. 



CRÓNICA. 

Todavía está viva on los ánimos de tpdos la' honda imprcsioR que 
produjo la noticia dd horrible atentado cometido contra el emperador de I09 

■ 11 ■■III I 11 mil I 1 ■ I I • ■ É II I — — .fcM • I , II I I ■—— ,— .^^ 

(^) £1 coñide Bolza, natural de ConK>, uno de los escrIba¡nos de la di- 
Ireccton dfe la policía, {rfotn dd editor" dt Londres.) 



[• 



BB VALSmiA. lis 

^aoeaes. Todos le lufeguntaB^ y nadie ae «trere á contestar, qué hubien 
lUo de la FMwki, y qué de k| Europa^ si los crimíaales hatueran lograda au 
iatepto* Porqne oo hay que formane iliiaíoiies: la Fraacia sin guia al frente 
dejo gobief no, entregada á las mit eneontradas pasiones que k agitan flori- 
damente, y sin ideas fij&s, se hubiera visto muy pronto presa de las socieda* 
des fleerelaa qtie añr cesar se agitan y trahajaa, ahicinindolas, los ánimos de 
ha poMaciones rurales. Los partidoa mas 6 menos organizados, peto de nin- 
guna manera preireaídoa, ae hubieran visto arrollsdos, por de pronto al me- 
nea, fior la cxaltaeioiide las masas y el desbordamiento de las ideas La 
Rraiieia^ pues , y pono después la Europa, tan desgraciadamente minada 
eonso eHa , hubieran vialo renovarse las escenas^ sin duda con furor mas 
acrecaitada, que. Uenaron de horror á todos los hombres sensatos de todos 
kw partidos. 

De este crimen , emperd, ner |)odemos, no debemos acusar á ninguno* 
Quer^nos y debenses creer que por muy estraftas que sean las teorías 
que 4Bseen !Krr predominar en el gobierno de las naciones, ninguno de ellos 
ha contado ni cuenta, nunca como uno de los- medios de llegar a\ poder, el te^ 
gicidío^qdasi por deagracia algún individuo (fe los que en ellos militan abrir 
gaipé semejante idea y desease verla realizada, este na es ni partidario ai 
hombre, es útia fieía que solo se sobza y se muestra feliz en ver correr á 
torrentes la saagn humana. Esos cuatro mismbles ^ia patria y aín hogar, 
culpados todas ó toa mas de otros crfmenea partienlarea, ¿hay ^r ventura 
sigan partido, alguna fraJbcion que los prohija? 

Con vergüenza y con dolor lo décimos : cuando por todas partes sola ha 
resocíadb un grito de indjghacion contra tan criminal, tan sanguinario in- 
teñto, un pértódico de Bélgica, baldón de la prensa y mengua de eacritoreSy 
too ha dudado en hacerse el apologista de los miserables asesinos, deploran- 
do qué el crimen no haya tenfdo completa ejecución. ] Y esto se escribe 
por los mismos que uo cesan de estampar ea un número y otro número* y 
undiayotrodia1as>palabras, ya fatidicas, de igualdad y fraternidad] ¿Pero 
qué mas? ¿No hay un hombre que llenó en su época las cien trompetas de la 
¿ma con sus novelas, que á todos admiraba y. que todos leian, qiie fue ele* 
vado ala dignidad de par de Frauda, que se le acogió con entusiasmo en la 
academia (laneesa; á quien la patria le prodigó honores y admiraciein la Eur 
ropa; que creyéndose gigante se ha visto como enano relegado en tierra es- 
traña, el cual ha prodanuido y ha instigado al mismo crimen en otra época? 
Yictor Hugo> — porque preciso es confesarlo,— ¿no Ha manchado su pluma 
de escritor y sus arminfos de par, rebajándose hasta el fango para conver* 
tirso en apologista del crimen? 

fexo e^to debe tener un término: si los pueblos, no de Europa sino del 
mundo, se han de ver libras (Je estos atentados que amedrentan, es preciso 
que los gobiernos se $iunan y se concierten^ no ya para pedir, sino para lo- 
grar de ese país que pretende estar 4 la qa.beza de la civilización y que se 



116 EL prasÁMismo 

llama Inglatem, la reforma completa de sas leyes hospitalarias. Wse a| 
desgraciado asilo y protección, enhorabuena; pero no se permita que ásu 
sombra sé fragüen conjuraciones, se consientan crímenes, y se fabriquen 
proyectiles que han de esparcir el luto y la desolación entre las gentes hon- 
radas y pacificas. 

De este crimen empero, ha nacido ó debido nacer una saludaUe ense- 
^ flanza ; la voz de la demagogia y un aviso de Dios : lá primera para pre- 
decir á los pueblos la suerte que les espera y decirles, que con ella solo 
vi la destrucción y la muerte : que ella , la demagogia , que no profesa 
ni principios , ni doctrinas y que únicamente se alimenta de enviiKa , de 
odio y de ambición nada puede dar sino el cios y la revolución por sistema; 
y que nada , absolutamente nada dé lo que constituye la esencia y ia vida 
de las sociedades podrá existir, si ella por desgracia llegara un dia en que 
predominaran por un solo momento sus ideas.' 

La voz de Dios, por el contrario , parece como que dice oon motivo de 
este aviso providencial: «Oíd ó reyes y grandes de la tierra ; yo al usar de 
mi gran misericordia , libertando de la muerte i mi represéntente en Fra.D« 
cia , 06 quiero decir que volváis en vosotros y meditéis ; al poneros al fren- 
te de mis pueblos os he dado poder, riquezas y dignidad , pero para que 
seáis al mismo tiempo dechado de virtiides , modelos ^e justicia ; no he 
formado las naciones para que sirvan de escabel i vuestras pasiones j Binó os 
he puesto al frente á vosotros, para que en vosotros encuentren la reg^ de su 
conducta. Sabed , ¡oh príncipes y grandes del mundo! que para vosotros no 
hay ni puede haber mas familia , ni mas cariño, que el amor y cariño de 
los pueblos que os he dado ¿ gobernar ; y ;ay de vosotros el dia que sedu* 
cidos por ideas falaces os olvidéis que yo solo soy quien soy, y que yo solo 
soy omnipotente y grande! Para pregar vuestra fé y vuestro amor, permito 
que el genio del mal lance sobre vosotros su hálito emponzoñado: pero ¡ay 
de vosotros todos ! repito, si dejáis que los que tengo confiados á vuestra 
guarda aspiren y acojan el veneno que de sus labios arroja : y ¡ay también 
de los pueblos que os renieguen, si en mi confiaia y me soia fieles, por- 
que yo solo soy omnipotente y grande! » 

Dicese que el atentado de Paris esiábai combinado previamente para 
producir un movimiento en Italia ; puesto que el mismo dia se presentaron 
al frente de U plaza de Ancona dos buques procedentes de Corfú ó de Mal- 
ta según unoa, aunque según otros de Túnez ; y cambiando repentinamente 
de dirección , desembarcaron en la playa vecina sobre unos doscientos, hom* 
brea que dieron vivas á la república. La guarnición empera de aquel pun- 
to logró reprimir fácilmente aquella loca tentativa capturando á una parte 
de los conjurados. 

Tanta y tan grande ha sido la sensación que este tan horrible atentado 
ha causado en Europa , que la inayor parte de los soberanos han enviado á 
parís un representante para felicitar espresamente al emperador de haber 
escapado milagrosaniente de las balas de los asesinos , mientras que algunos 



.11 



BB TALUGIA. 117 

ban tomado espontáneamente la inieiáthra , para reformar las le^ 

yes que rigen aobre los refugiados políticos. Así las cámaras belgas se oen- 
paii ya de este asantq , mientras que el consejo federal ¿uizo ha solicitado 
del gobierno se haga una averiguación exacta , con el objeto de sab^ ctitf 
ha sido y es actualmente la conducta que observan los emigrados en aquella 
república , durante los últimos tiempos. Hasta en la prensa inglesa se de- 
bate ya la cuestión ^ de si pertenece y debe la corona espulsar de su territorio 
á los que fraguan conspiraciones de este género, ó si será preciso acudir 
al parlamento para que reforme lo lato y hasta cierto punto perjudicial 
que. abriga la legislación inglesa respecto á los emigrados políticos 
. •—Preocupados los ánimos con el grave acontecimiento que acabamos de 
reXerir, ofrecen poco 6 ningún interés las noticias del resto de Europa ; y 
ni aun la guerra de la India ha logrado fijar la atención. Es verdad que 
nada notable ha ocurrido por aquellas colonias inglesas que sea digno de 
mencionarse , mas que combates parciales y casi diarios, que agotando poco 
á poco y cansando las tropas de refuerzo que la Inglaterra envia, no han lo- 
grado disminuir el número ni el ardor de los insurrectos. Así es que el ge- 
fljeral sir Colín Campbell se limita á una prudente defensiva , aventurán- 
dose taasolo á presentar alguna acción cuando se presenta la ocasión , no 
frecuente , de sacar para él y para sus tropas alguna ventaja. Las últl* 
mas noticias recibidas hacen presentir que esta conducta del general en 
gefe , á quien no puede negarse el valor, ni que posea verdaderos do- 
/tes de mando, deben atribuirle á recientes órdenes de h metrópoli , que 
persuadida no es posible concluir con aquella sublevación tan pronto como 
lo pensara , quiere ahora fijar principalmente su atención en la guerra quQ 
sostiene con la China , hallándose allí también entregada á sos propias fuer- 
zas, habiéndose ya separado del teatro de la guerra ha que la Francia sos* 
tenia en aquellos mares y con ellas la ayudaba. 

Ahora, lector amigo, vengamos á España. £t nuevo ministerio vemos 
que no aspira á lograrla fascinadora aureola parlamentaria ; no quiero em- 
pero, decir con esto que trata de rehuir el cuerpo en la discusión decorosa 
y digna que debe haber en les cuerpos deliberantes, sino que no ha de mos- 
trarse muy amigo de largos discursos ni de pomposas peroraciones, que 
mas bien oscurecen que real^n y resuelven tas cuestiones, y esto no lo en- 
contramos mal, antes bien celebraríamos que ciñéndese al modesto p^pel 
á que parece aspüra, produjera mayores bienes y mas positivos al país que 
paga y que algo tiene dorecho á esperar, que no el que se crea satisfecho 
porque todo, absolutamente todo, lo deja á la merced de la controversia del 
parlamento. Gobernar no es discutir; y los pueblos que con tanta indiferen- 
cia contemplan lo estéril de las luchas oratorias, le agradecerán mas á no du- 
dar que en algo alivie las cargas que sobre él pesan , mas aumentadas 
de dia en día, que el que pase las horas, los días y los meses ocupado en el 
pugilato brillante de la palabra. Aliviar los impuestos onerosos que pesan 
sobre los pueblos^ es el principal de sus deberes; buscar los medios de ami- 



118 BL FnSáVlBNTO 

nor&rlas, sin desatender oUigaciónes precisas y sagradas es sn deber. L09 
que no nos hallamos tentados por la codicia del mandar , ni aspiramos nia^ 
que á la paz y al orden em la cosa pública^ no querremos nunca up go- 
bierno para el parlamento, sino un gobierno para el pais: pcurque harto 
hM visto este en los largos años que lleva de esperiencia que no puede 
esperar grandes ventajas cuando las pasiones se agitan y los hombres yan 
thas aiiá de lo que tal vez quisieran por el inmoderado afán de aparece^ elo« 
vaentes y entendidos en todo. 

¿Se nos acusará por esto de que somos enemigos de toda discusión y 
que ansiamos inhibir al pats de toda intenrencion en el gobierno? Ciegos se^ 
'i^n los que tal crean: mas de una yei lo hemos dicho, y no- nos cansaremos 
de repetirlo : lo que nos disgusta, lo que hemos combatido^ y lo que mien- 
tras las fuerzas nos ayuden combatiremos mempre , es esa inmoderada co>- 
ntezOii que algimos tienen de llevarlo todo al peligroso terreno de la pública 
«dfscusion : no es esa la niisíon, no es ese el objeto del gobierno representa-» 
tho; porque grande, y mas que grande sublime,, es en estos gobiernos la 
obligación de los representantes de los pueblos de ver y examinar en qué se 
invierten y de qué manera se invierten los caudal^ con que cada ano á pro- 
porción contribuye para el sostenimiento de laa^ cargas públicas. ¥a hemos 
dicho que gobernar no es discutir. 

-7-Despues de algunos días de anunciada llegó por fin la hora de que el 
Sr. Santa Cruz esplaoase su interpelación sobre la última crisis ministerial 
y formación del gabinete Isturiz. S. S. deseaba saber muchas qosas; pero 
princípalmeote el objeto que se habia propuesto 1^ mayoría dando la presi-r 
dencia del Congreso al Sr. Bravo Murillo; porque no se habia cumplido el 
decreto de disolución; y por último cuj^l era el pensamiento del ministerio- 
Parece que el diputado aragonés anduvo buscando medios de elevar la cues^ 
tion á una altura fabulosa ; pero desgraciadamente 6 no supo espresarse ó 
equivocó el medio de producir efecto. Nadie ignora que en esto de equivo- 
caciones, especialmente gramaticales^ e$ 3* $• famoso. En fín ora q^e el 
tiempo no sea propicio para interpelaciones, ora que no produzca gran sen- 
sacien la elocuencia del señor diputado, es lo cierto que el presidente del coU'^ 
sejo calmó en brcfves. palabras el celo parlauíentario de su escelencia, dicíéu- 
dole que sobre los dos primeros puntos no podja hablarse, puesto que ha- 
bían sido del dominio partiisular de la regia cámara, y que en cuanto ala 
fnanera que tendría de gobernar ya habia tenido el honor de esplicarlo ante 
el congreso, pocos momentos después de jurar sus cargos en manos de S. M, 
3iQ duda, para ({ue aquella sesión.... parlamentaria no pasara desapercibida, 
los señores Martínez de la Rosa y Mon, individuos ¿mbos del gabinete 
caido, aprovecharon la ocasión de hacer ca Ja uno su apología, y el gran res- 
peto que siempre habián tributado á la legalidad; noticia en verdad que nos- 
otros los profanos teníamos ya olvidada por demasiado sabida. Los pa- 
triarcas y los tfi p<irfi6ti5^— porque el Sr. Mon no ha alcanzado todavía 1^ 



Bfi VALBKOA. 119 

propiedad de tal ^ no puedeo ni (luiercn ser masque niinJa(r08..«. parbh 
meotarios* Coacedido. 

Conekudo este incidente se levantó la sesión. 
*-La comisión á la contestacioo al discurso de la corona ba {««sentado ya 
sú diotimen. "En breve se señalará dia para su dáscusion. 

Estribamos sobremanera qoe ninguno de los diputados de esta jmtovíiit 
cia haya sido nombrado para formar parle ora de esta comisión , ora de 1^ 
del examen de presupuestos, ora bien de cualquiera otra donde se debaten 
intereses de cuantía para el pai^, ¿Por qué será? 
—Han ciit»kido estos dias varios rumores de que iba á ser removido del 
gobÍM-DO civil de esta provincia el Sr. D* Crispin Gioienez Sandoval. 

Ni los redactores de Eh Pknsaiiikiito > ni sus mas allegados amigos tie^ 
nen la honra de serlo del Sr» Gobernador ; y fuera de la única vez en que^ 
con motivo de su llegada á esta caj^ial , fué á cumplimentarle la redacción^ 
como exige la eoriesia ^ no se nos tiabrá visto jamás en sus antesalas. Sin 
embpgo ) sentiríamos vivamente , y con nosotros lo sentirían ski duda If 
mayor parte de los habitantes de esta provincia , que se confirmasen los quf 
á nuestro parecer no tiene fundamento. 

Éiombres de opioioa , y no de partido ; amantes sinceros^ lajusticiai 
deseando ardientemente la unión de los españoles » creemos que aquella 
persona que en el egereieio de un cargo público pvcscifide de las miserias 
que por desgraqia los dividen , y ni conoce amigos ni co0tr^rios al adminis* 
trar justicia , es por esto solo dignisima ; y si á tan estimables cualidades 
reúne las de ilustración y firmen de carácter, no puede menos de ser que* 
rída y respetada por todos los que de alguna masera dependen de ella. 

Nadie mas distante que nosotros de caer en la flaqueza de la lisonja; 
los principióos que sostenemos , y la manera leal é independiente con que 
basta «ahora lo hemos hecho , no se concillan en verdad «on vicio tan ruin« 
por lo mismo podemos decir. en idta vez , que el Sr. Giménez <le Sandoval, 
en d tiempo que lleva de gobierno de la provincia , ha sabido sostener la 
autoridad á la altura de su dignidad ; y estamos en la firme creencia de 
que todos los hombres de buena fe » sin distinción de partidos , desearían se 
prolongase un mando que no puede menos de ser beneficioso á los inte- 
reses del pais , asi públicos como privados. 

— Podemos asegurar y nos ccHnplace «n gran manera el anunciarlo, que 
van á redbir un nuevo y .grande impulso las comenzadas obras del camino 
que conduce desde Atcira á Gandía. Ademas de la cantidad consignada para 
este objeto en el presupuesto .provincial , los pueblos que directamente reci- 
ben las ventajas de esta necesaria via j se han impuesto otro ausilio pecu- 
niario de una cantidad no escasa, para que se lleven cuanto antes á cabo 
dichas obras. Que no queden en proyecto es todo cuanto anhelamos. 
—Nuestro paisano el P. Ambrosio de Roda de la suprimida orden de ca- 
puchinos y misionero apostólico está siendo eí objeto de la admiración y 
respeto del pueblo gaditano. Encargado por el virtuoso prelado de aque« 



120 BL PENSAMIENTO 

lia diócesis de predicar una misión, es tal la unción de su palabra y tal la 
elocuente sabiduría de sus sermones^ que las iglesias son pequeñas para con« 
tener el número de fieles que diariamente corre presurosa á escuchar la 
divina palabra^ notándose, según dice el periódido de donde estractamos es- 
tas noticias, gran mejora en las costumbres de los pueblos é infinito el nú- 
mero de los convertidos. El piadoso cuanto infatigable sacerdote del Sénort 
aftade, no tiene bastante tiempo ni bastantes manos para escachar á los que 
á sus pies se acogen y darles contritos el sagrado pan de la salvación. 

— El 23 del presente falleció en esta en una edad temprana la Señora 
Doña kamona AguUó de Verges, marquesa de Vivel. Grande es la pena 
en que ha dejado sumido á su amante esposo y á sus tiernos hijos: vanas 
serian para él todas las palabras de consuelo mundanal : pero al esposo cris- 
tiano nos atreveremos á decirle « Tened valor y mirad al cielo; desde allí 
pide para ves santa resignación: contempladla alli y animaos; que laque 
sobre la tierra practicó siempre la virtud y fue buena esposa y madre aman- 
te, Dios la guardó para su felicidad eterna un sitio de gloria en la patria ce- 
lestial.» 

— D. Manuel Galindo, modesto jóvelí pero muy inteligente cal%rafo, ha 
concltfido. un vasto cuadro, obra á nuestro entender de raro mérito. De una 
sola Ifueá ^ y en letra microscópica , ha trazado una máquina de vapor con 
su vagón para el combustible en la que se leen todas las noticias históricas, 
estadísticas , agrícolas , comerciales y descriptivas de todos los pueblos que 
atraviesa la via férrea de Madrid á Valencia. Es un trabajo minucioso pero 
de un raro mérito , y todo concluido con una limpieza y una exactitud que 
admira. Parece que esta obra verdaderamente sorprendente va i ser pre* 
sentada á S. M. y ofrecida al principe de Asturias. 

^Tras un tiempo sereno y frió las lluvias ; y con ellas las lagunas y los 
hoyos que á cada paso nos ofrecen las calles de esta ciudad, que; dicen aseada 
y hermosa. ¡ Felices de nosotros que vivimos entregados al beatífico arroba- 
miento, que respecto á policía municipal y ornato público, se halla entregado 
el excelentisimo ayuntamiento! 

—Has leido por ventura , lector mío , esa feliz composición de un dibu- 
jante francés que ha por titulo «las flores animadas?» Pues entonces figúrate 
que has estado en los bailes del casino. ¿No: me dices? Pues en ese caso 
procura asistir á ellos y luego me dirás si no es absolutamente imposible 
que la belleza y la elegancia puedan encontrar mejores intérpretes , fuera 
de las flores animadas que lucen su gracia seductora en los salones del casino. 

Luis Miguel y Roca. 



r' 



•^ 



Sobre el estado actoal polilico de Espada. 

ABTÍGÜLO 6.** 

GENTRALIZAQON, DESORDEN Y FUERZA. 



Guando en una monarquía el Rey solo reina ^ otro debe go- 
bernar. ¿Quién es este? No son las cortes ^ porque su misión se 
reduce á legislar con el Monarca^ y porque^ si en efecto admi* 
tiésemos la soberanía parlamentaria ó del parlamento^ la monar- 
quía convirtiérase en república. 

¿Gobiernan los ministros respon^les? De hecho asi parece^ 
mas si bien se examina y tampoco es exacto^ por cuanto el poder 
de los ministros depende hasta cierto punto de la voluntad del 
Rey^ y por otro lado viven sujetos también al folio de las cortes 
que puede desautorizarles á los ojos del país y del Monarca. 

¿Quién gobierna ? Volvemos á preguntar ; y una voz nos grita 
al oido : todos y ninguno. Esa voz la debemos reconocer ; es la 
voz de la esperiencia» 

Tal acontece en los gobiernos parlamentarios^ porque en elk^ 
no se determina bien nunca la idea del poder ó de la soberanía; 
si se concede al Rey^ los revolucionarios dicen que no puede ha- 
ber libertad; si se otorga á [os electores^ los elegidos quieren ser 
reyes; sise concede á los diputados^ los electores practican la 
república; si se otorga á los ministros^ los ministros son dicta- 
dores y los hombres políticos se sublevan; porque , dictadura por 
dictadura^ cada cual tiene derecho á pensar que es mejor la suya. 

En todas parles^ cuando el Rey sabe gobernar , los ministros 
de partido^ ó sean los caciques parlamentarios y acusan al Mo- 
narca^ y si este se entrega á ellos^ es perdido sin remedio: cuan- 
do los ministros gobiernan en nombre de los partidos^ el gobierno 
es un combate; si los ministros gobiernan por su cuenta^ Iqs 
partidos se dividen y se sublevan: por último, cuando las cortes 
imponen su voluntad al Rey y a los ministros, la monarquía pe- 
ligra; si la monarquía transige^ la sociedad se hunde. 

No hay necesidad de estudiar historias estrañas para conven- 
cerse de estas verdades. 

Hé aquí, pues,, las consecuencias inmediatas dé los gobier- 
nos de equilibrio y del sistema que llaman parlamentario. La in- 
determinación del poder es la causa originaria de la lucha y del 

Tomo ll.'-^Iiáiii. M."«tO Febrero lie «M9. t« 



122 EL PENSAMIENTO 

desorden que ha de traer por último resultado el imperio de la 
fuerza. 

La lucha existe hoy entre el monarca^ los ministros^ las cor- 
tes y los partidos. El Monarca defiende el principio de unidad; 
los ministros defienden lo misnio^ pero en provecho propio á fin 
de conservarse en el mando; las cortes defienden sus privilegios^ 
porque así defienden la importancia y el inflnjo personal de los 
diputados; y los partidos /en fin^ defienden su esclusiva conve- 
niencia. Gomo se ignora dónde reside fijamente el poder ó á quién 
pertenece^ todos se creen con derecho á egercerlo^ todos se lo 
disputan > todos por su posesión pelean. ¡Triste condición de los 
gobiernos parlamentarios! 

Por efecto de esa lucha, los diputados, como los partidos, tra- 
bajan para descentralizar la política; en cambio el Monarca y los 
ministros se valen del recurso de centralizar la administración 
para defenderse. 

La administración exige mayor número de agentes cuando el 
gobierno vive en oposición con los gobernados, por la misma ra- 
zón que se requiere roas fuerza armada allí donde existen ama- 
gos de desorden en cualquiera sentido. Así, cuanto mayor sea 
el influjo político de los pueblos, tanto mayor será también la re- 
sistencia que encuentre el gobierno, y por consecuencia la cen- 
tralización y el número de empleados. Véanse los presupuestos 
españoles desde 1S84. 

£n tal sistema los empleados no pueden ser buenos , porque 
desde que ciertos hombres han dado en la manía de suponer que 
el gobierno representativo es gobierno de partidos, todo se hace 
cuestión de bandería, y los empleados no son escogidos por razón 
de su aptitud y méritos, sino de sus opiniones. La consecuencia 
os lógica aunque el principio sea falso. 

Mas hó aquí que los empleados, convertidos en agentes polí- 
ticos, comienzan por descuidar la administración y acaban por 
no tener conciencia. Esto no impide ciertamente que sean, como 
particulares, muy honrados; pero ¿qué han de ser, políticamente 
considerados, si reparan en que no fueron elegidos ni pueden con- 
tinuar en sus puestos por razón de su aptitud, de su probidad y 
servicios? 

Constituidos en agentes de elecciones, cada cambio de minis- 
terio, como es de inferir, trae consigo mutación de escena, y se 
renuevan los actores y hasta los comparsas , porque los empre- 
sarios traen ¿ la dirección una cohorte de ausiliarcs que les 
ayudaron con la esperanza de colocación. 

Y esos cambios fomentan las ambiciones, y los cesentimién- 
lo»^ y las venganzas. 



1 



DB VALENCIA. 113 

Y como lo que se premia es la intriga^ nadie se esfuerza por 
adquirir fama de entendido y probo. 

Y como los intrigantes sirven para todo, ningún cargóse 
egerce ya por lo que en verdad representa. 

Así la corrupción cunde por doquiera, porque el mal egem- 
plo encuentra siempre por desgracia numerosos imitadores. 

¿Y cómo se gobierna un pais en donde los cargos públicos^ 
aun los de mayor responsabilidad y valía, tomarse suelen por 
asalto; en donde> uo ya cada partido, sino cada fracción y cada 
personalidad tienen para gobernar una familia de empleados ó sir- 
vientes? 

El desorden administrativo, las exigencias de las personalida- 
des y el odio de los vencidos ocasionan, por último, el inevita- 
ble descrédito de los hombres políticos, y este el de las institu- 
ciones. 

Es cosa sabida que. el descrédito ocasiona afrentosa muerte 
moral, y cuando esto tiene lugar , la corrupción se enseñorea do 
la sociedad como del individuo á quien nada resta que perder, y 
el pesimismo anula las fuerzas de los hombres honrados que con- 
templan el espectáculo como desde las gradas de un circo. Es 
tristísimo recurso, pero necesario, proclamar entonces el escepti- 
cismo para que no se dude de la buena fe de aquellos que no tie- 
nen, por dicha, la mala costumbre de especular eu los negocios 
políticos. 

Los empleados^, sirviendo á los partidos ó á los ministros ó á 
los caciques, contribuyen á irritar las pasiones políticas: los pe- 
riódicos se entregan á la defensa de las piarcialidades primero, y 
después á la de las personas ; movidos todos y cada upo por los 
impulsos ciegos de la ambición, luchan cuerpo á cuerpo, se inju- 
rian sin decoro^ y se tiranizan sin piedad cuando egercen el man- 
do, porque su objeto es vengarse y medrar á un mismo tiempo. 
Esa lucha de las pasiones sin freno se califica de saludable, y s(v- 
bre el desorden de que es causa cierta se quiere levantar el edi- 
ficio parlamentario. 

. la lucha es una condición de la humanidad, pero la lucha 
es un mal , y sobre lo que es malo no puede fundarse nada 
bueno. 

La lucha, al cabo, dá el cetra á la fuerza ; y bé aquí como, 

r^ el camino de eso que llaman libertad parlamentaria, se llega 
la esclavitud de la corrupción y de la fuerza bruta. 
En los gobiernos monárquicos el egército sirve para conser- 
var el orden y garantizar el cumplimiento de las leyes; en los 
gobiernos parlamentarios no es imposible que la .guerra de los 
partidos ponga en juego, mas pronto ó mas tarde, á la fuerza mi- 



ííl EL PfiNSAMTENTO 

litar, y desde este momento las leyes carecen de vigor, la socie- 
dad de defensa, y el egército decide ' de la política en batalla 
campal. 

¡Y aun existen hombres tan candidos que, de buena fe, ostra'- 
nan como ese sistema mal llamado liberal se haya desarrollado 
bajo el imperio del sable! ¿Por ventura fue dado esperar otra 
cosa? ¿No es el gobierno de los partidos gobierno de fuerza? 
¿No han solicitado todos ellos la protección del ejército? ¿Qué 
signiflcan sino en política los nombres de Espartero, Nar- 
vaez, O'Donnell, etc.? 

Y lo peor es que los gobiernos de fuerza dejan al fin de ser 
gobiernos de partido y pasan á ser gobiernos de pandilla, para 
convertirse mas tarde en gobiernos de persona* Porque las fuer- 
zas no pueden conservarse largo tiempo equilibradas , y una al 
fin domina á las otras. Guando esto acontece, los partidos se divi* 
dieron ya en fracciones, estas en parcialidades 6 pequeños círcu- 
los de personas, y nadie puede constituir gobierno mas que los 
generales. De este modo la dictadura de muchos acaba por ser 
dictadura de uno solo; dictadura en ciertos casos necesaria , por- 
que, en medio del desorden , los malos instintos han de- 
bido crecer al paso que se debilitaba la fe; y al remate, el temor 
que infundió siempre la demagogia hace admisible, ó al menos 
tolerable el despotismo militar, sin tales circunstancias ominoso. 

Hé aquí un cuadro, desagradable sin duda, pero exacto. £1 
parlamentarismo es el desorden: contra el desorden háse inven- 
tado la centralización administrativa: la centralización adminis- 
trativa es la fuerza brutal de los partidos: la necesidad de la fuerza 
llama al ejército: el ejército viene á ser el arbitro de la política: 
el gobierno parlamentario, en último término, es gobierno de 
fuerza, mas intolerable que el absolutismo mohárquico. 

¿4 dónde va entonces la sociedad? Hacia la revolución ó la 
dictadura. Aquellos precedentes no pueden dar otra conclusión. 
Un general al servicio siempre de cada partido, ó hablando con 
mas propiedad un partido a las órdenes de cada general; las pa*^ 
siones desbordadas, la concuspicencia reinando sobre todas las 
clases, y la amenaza de los motines siempre á la vista. Si al fin 
triunfan los revolucionarios, tendrá lugar una república ver- 
gonzante de ocho dias; después un poco de socialismo y mucha 
sangre y muchos crímenes que legitimarán la dictadura á cara 
descubierta. Porque si hasta aquí la espada ha transigido con la 
toga^ si has^ aquí la dictadura solo fue un ensayo á la sombra, 
no de la libertad , que jamas se avino con ella , sino del par- 
lamentarismo aue parece nacido para aceptarlo todo; cuando 
la revolución sobrevenga, la espada no podrá menos de ser ner 



DB VALENCIA. 126 

cesarla^ omnipotente^ y no transigirá con la loga ^ ni dará^ es 
Ilano^ participación alguna al elemento civil en el gobierno. 

Esto en todas partes aconteció siempre^ si por dicha entre 
nosotros no^ será un milagro visible de la providencia. 

Miguel Vicente Almazan. 



En pliego cerrado llega á nuestras manos el siguiente arti- 
culo que firma un desconocido. Echase de ver que es hon^re de 
ingenio dispierto^ de carácter desenfadado, de sano corazón y de 
pluma suelta. Sea bien venido el huésped misterioso. 

A. y Guijarro. 

PREocuPAcionrfis. 



Felicitación cordial merece la redacción de El Pensamiento 
BE Valencia, por haber dado el primer paso de unión entre per- 
sonas que, si han estado distantes en sus opiniones en cuanto á 
la marcha política, han roto la valla que los dividía, y conocien- 
do el verdadero patriotismo, aspiran al bien de todos los Españo- 
les: entre los hombres de bien, la cuestión es de forma; en la 
esencia todos deseamos lo mismo. 

Propóngome una gravísima tarea , que no sé si podré desem- 
peñar cumplidamente por mi insuficiencia, y porque necesito 
dedicar la mayor parte del tiempo á obligaciones muy sagradas; 
sin embargo, en mis ratos do descanso, y aunque con lentitud, 
procuraré demostrar, que si lodos los sistemas de Gobierno tie- 
nen sus preocupaciones^ tiene incomparablemente mas que to- 
dos el parlamentario. 

Disfrázanse sin embargo con el pomposo título de axiomas^ 
aunque realmente no son mas que consecuencias deducidas de 
principios falsos, ó imitaciones serviles de usos estrangeros. 

Entiéndaseme bien; creo que hago un servicio importante 
distinguiendo las preocupaciones, de la verdad ; así se allana el 
camino, se hace practicable. Marchando por él, nos encontrare- 
mos en un punto, y hablaremos, y discutiremos, y nos entende- 
remos; porque todos los Españoles honrados, sea el que quiera 
el bando en que lucharon, merecen la misma consideración. 

Aspiro á combatir las preocupaciones del sistema parlamenta- 
rio, que por cierto lo separan ínucho del sistema representativo^ 



126 EL PBNSiMIEI^fO 

bien antiguo m ntiestro pais , y al que debe nue9tra historia brí« 
llantísimas páginas: \(\m felicidad unir con estrechísimos lazos 
la Corona y el verdadero pueblo EspaQolI 

Nos encontramos en un camino con malezas, que nos impi- 
den continuaren él, que lo obstruyen, que al fin nos hacen 
variar de dirección y en idas y venidas y en tnarchas y contra- 
marchas ^ se invierte un tiempo precioso que retrasa llegar al 
término. 

Pues bien, las preocupaciones son estas malezas, distingamos- 
las de la verdad , arranquémoslas ; así allanaremos el camino y 
1)odremos llegar al punto deseado por todos los hombres de bien, 
lámense realistas, liberales, progresistas, moderados ó demó- 
cratas: repito aquí lo que antes digo— entre los hombres honra- 
dos, la cuestión es de forma y en la esencia todos deseamos lo 
mismo. 

No es posible que haya verdadera libertad , donde se vive en 
estado de incertidumbre ¿qué ministerio tenemos? ¿cuenta con la 
mayoría? estas son las preguntas que se hacen constantemente. 
Todos los dias hay que resolver el problema; todos los dias esta- 
mos en peligro de resolverlo en sentido contrarío ; y aún así será 
incierta la revolución , que dependerá cuasi siempre de unos 
cuantos votos debidos tal vez mas á la subordinación que al con- 
vencimiento. 

No hablaré , porque ya no es tiempo oportuno , de la práctica 
parlamentaria del discurso de la corona; no quiero sin embargo 
ocultar que tengo esta práctica por una preocupación que obliga á 
las Cámaras á' perder inútilmente mucho tiempo. Asi, dicen, se 
conoce la mayoría. A mí me parece que seria mas natural, mas 
positivo aguardar á conocerla en la discusión de los proyectos que 
el Gobierno presente; de otro modo la Cámara discute cuando no 
hay nada que discutir, lucha en el vacío, no hace mas que con- 
testar á un cumplimiento ó á una humillación del Trono, con 
un alarde de poder y á veces de superioridad. 

He dicho antes qu« estamos viviendo en la incertidumbre, en 
b inseguridad. Supongamos que el Gobierno ha concebido un 
pensamieuto grande, noble, elevado; pues este Gobierno tiene 
que aguardar con los brazos cruzados la aprobación de las Cáma- 
ras. Supongamos que las Cámaras aprueban el pensamiento; en 
este caso quedamos espuestos á la eventualidad de que ó por un 
capricho ó por otra cualquiera razón, esa mayoría naturalmente 
movediza, rechace otro proyecto de menos importancia. En este 
caso, y por seguir otra preocupación también disfrazada con el 
título de axiotíiá, debe retirarse el Gabinete; el que le substitu- 
ye ha de luchar necesariamente con las dificultades de desenvolver 



DB VALEHQIA. Wl 

m proyeeto que no concibió y al que tal vez se opusieron los 
individuos del nuevo Gabinete ¿se conocen parlamentariamente 
otros medios que ó retirarse el Ministerio^ 6 disolverlas Cortes? 
Ninguno. Pues quedamos entre dos gravísimos peligros^ ó de 
c[ue no se lleve á efecto un gran pensamiento ó de llamar al pais 
a nuevas elecciones; ¿cuál de los dos es peor? 

La mayoría ni tiene ni es posible que tenga sistema fijo. He- 
mos visto la facilidad con que cambia. Sin mayoría no se puede 
gobernar; esta puede á su voluntad destruir los proyectos mas 
elevados, y como «s ademas veleidosa, el poder del gobierno es 
en sí ninguno, y así vivimos en la incertidumbre, en la inseguri^ 
dad, al acaso. 

Nadie que medite un poco podrá dudar que las preocupacio- 
nes son tos mayores enemigos de todo sistema de gobierno; por- 
que substituyen a la verdad; pues bien, la Monarquía constitucio- 
nal tiene que luchar contra estos enemigos que son muy peligro- 
sos, ya por el número, ya porque aparentan un afectado libera- 
lismo, y ya porque lisonjeando la vanidad popular no hacen otra 
eosa que ofrecernos una república disfrazada con un Trono que la 
sirve de máscara. 

Todos los poderes del estado deben marchar con independen- 
cia relativa ; pero es necesario mucho cuidado para impedh* las 
invasiones de uno en otro.— La separación de poderes forma y 
sostiene las ilusiones de los políticos; sin embargo, por haberse 
confundido, hemos visto en poco tiempo dos Asambleas consti- 
tuyentes ; y esto ¿por qué? porque mutuamente celosos han tra- 
tado de reunir en un centro las facultades que á cada uno de los 
poderes correspondía. 

Necesario es que todos los poderes conserven su independen- 
cia según sus atribuciones le^es y constitucionales. Todos los 
poderes reciben del Trono una parte de su organización ; todos, 
pues y deben estar unidos con un estrecho vínculo en la dignidad 
Real 

Mi pensamiento es conceder a la Corona el derecho de elegir 
el Presidente del Congreso de Diputados entre los mismos candi- 
datos que este proponga ; de este modo el Congreso conserva el 
derecho de nombrar su Presidente, porque es de suponer que 
todos los designados, reúnan las circunstancias que apetezca la 
mayoría; como la Corona ha de elegir entre los que se le propon- 
gan , evidente es que el Congreso no pierde el derecho de nom- 
brar Presidente ; por este medio ha de estrecharse necesariamente 
el vínculo entre los dos poderes; esta unión produciría inmensos 
beneficios. '4 

Una de las preocupaciones del sistema parlamentario es supo-^ 



128 EL PBSáMlEliTO 

ner que la Cámara electiva es-de derecho^ igual al Trono^ y de 
hecho, un poder superior ante el que todos deben inclinar la 
cabeza. Para probar que esta es una preocupación enemiga como^ 
todas de la Monarquía constitucional, basta considerar que rom- 
pe el equilibrio, porque reduce al Trono a un simulacro de poder, 
a un poder nulo, á un poder neutro, que ni aun merece el 
título de poder. En suma, es el Trono un ministerio inamovible 
que elige los Ministros en nombre de la Cámara electiva para 
que ejecuten el plan que les imponga y que por su, misma índole 
no puede ella formular: he aqui abandonado el Estado á con- 
tinuas oscilaciones, á la inseguridad , al acaso. ' 

El gran resorte dicen los parlamentarios , el origen vital del 
Gobierno, es la mayoría; yo creo que si alguno concibiera el raro 
capricho de hacerse esclavo de una mayoría constante no podría 
encontrar á su apetecido señor. 

La esperiencia nos ha demostrado que la mayoría de las Cá- 
maras, está hoy en el lado derecho, mañana en el izquierdo, al 
dia siguiente en el centro, y al otro dia no faltará alguna coalición 
de amJ)iciosos, que ni en la derecha, ni en la izquierda , ni en el 
centro, hayan podido conseguir su objeto, esto es en una AsamÚea 
soberana resultado de la elección; véase cuántas dificultades 
habrá que vencer para encontrar la mayoría que no tiene asien- 
to en ninguna parte y corre aturdida pior todos los bancos del 
salón. 

La Cámara debe^ limitarse á ejercer la inqj¡eccion y la vigilan- 
cia del poder, de ninguija manera á tener la iniciativa guberna- 
mental como de hecho la tiene; sino por la Constitución, al menos 
por una especie de código no escrito, que se llama— Prácticas par- 
lamentarias—en cuyo código se sabe que hay un artículo que obli- 
ga á la Corona á elegir Ministros de entre individuos de las Cá- 
maras ¿ no es esto una iniciativa gubernamental? sí que lo es, 
repito lo que he dicho al principio , ó apoyan ó no las Cámaras 
al Ministerio ; en el primer caso , se vé este obligado á condes- 
cender en varias cuestiones por no perder la mayoría ó ha de 
disolver la Cámara electiva y esponer al pais á nuevas luchas 
que si principian por ser electorales, cuasi siempre concluyen 
por ser personales : recuerdo la cuasi imposibilidad de encontrar 
la mayoría de las Cámaras. 

La electiva, ambiciosa por vivir los años que la Constitución 
designa , es por consiguiente un poder pasagero ; se divide en 
fracciones, está desconcertada, sin esperanzas de prolongar su 
existencia; pues á este poder, compuesto de ciudadanos elegidos 
aisladamente^ que no tienen relaciones entre sí, ni vida política, 
se quiere someter dos poderes respetables que por su constitución 



orglnicaestto necosasiam^i^! iiütmdoB.eBí todos U» ^nKYtdman 

^ negocios del gobierno. 

He diebo^ y epnclnyo, que la aleceioii «djsoiula por la Ctoiara 
de su Presidente establece una separación entre ella y la dignidad! 
Real con la que no ^ tiene, ni aun ia^ deferencia qu# su gerarquía 
exige: ha dicbo q^ie ron^ el vínculo moral que une á los. dos 

Íoderes: cuando toda la organización civil y militar procede del 
roño, solo la cámara deotivÉi está fuera de él y levanta oleo Trono 
de«ilro de su recinto. ......: 

Convencido yo de que el mayor bien que puede hacerse al 
Gobierno y al individuo es combatir las preocupaciones, .me. <i«^ 
díear^ cuando: mi3 ocupaciones^ me lo permitan á pveisentar la 
verdadí desnuda para, que eoiiaprendiéndoU todos bien, .llegue el 
dia e9 qu^..$9,^able2ca ua sistema de^ gobierno segualo ¡exigeii 
las necesidades del siglo, el estado de nuestra sociedad; y la arT 
monía que debemos proeuirarnos oda la Europa que nos mira, coii 
ceno,, porque contempla en vista de naestrasrcoatíimas oscilacio- 
nes, que gjpmos unos vecinos peligrosos* . : . . ^ 

Otrp dia haré algunas indíeaeíones s(Are>la inlcÁativa gjube; -? 
nainpntal, y, liratarí de la^.^ueslAorv sig»ii««tó¿iiDebd retirarse el 
Ministerio cuando pierde la mayoría? 




"•■•'•.,-*■ , • . • ' ' .: ' ! ■ ...» * . 



í < 



LA ACTUAL OVIUZAOON. 



« < • . 






Awícüiid X. T óltÍmo (a). 

No son esta&las únicas ventajas qw proporciona el sisfema 
electoral ; el corazón se mejora^ es veídad > p^ro no á costa dé 
la inlelígenGia, " . 

> Lais* ciencias todas extienéen^l mismo tiempo sus coAoei-^ 
micnto¿ ú regiones desconocida», y asombran loa adelante^ he- 
chos lo mismo en la lectura, que en h geografía; en escritqra, 
que en matemáticas; en diplomática y en estadística> qUQ ^^V^' 
leografía y en hacienda^^ , , 

v Mil^vece^íhabÉe^ • vista que, papelet^^^ que si», b^ le^crito 



(a) Véase la fagma 718, tomo 1.*- , -i, .. i ,,, ■,,-\^ ... . {/ 

Tono !!• 17 



130 EL FWUWKNY0 

D. Juan QmierUy han aparecido dei9{^(ies con el nombre de 0(>» 
Pablo Té engañas. 

¿í^uede adelaolarse mas en lá eficritura^ aunque se reciban 
lecciones dé lelra inglesa del ralsmo D. Próspero Anguélú? (1). 

,Bn otras en que decia diputado D^ Antoniú Dedeos ^ un Al* 
calde ciego (2) y otro que no conocía la O ; leían de corrido, di- 
pntSiáo D. Andrés Apoyado (%). 

¿Se puede progresar naas en la lectura? 

Cien votos dados al antedicho D. Antonio se han convér^ 
tido en diez y en ciento cuarenta los ^^cuenta del D. Andrés 
mencionado {i). 

Hombres de treinta anos han sido Presidentes de edad jpor^ 
que se descubrid que ^an roas ancianos que los de sesenta (5)i 

Y los de sesenta otras veces han quedado de secretarios idem^ 
porque eran mas jóvenes que los de treinta (5). 

¿Hay mas allá en las ciencias exactas? 

Garabatos tan ininteligibles cerno las inscripciones de los obe- 
liscos Egipcios, se han traducido adpedem Ulem,^ decian da^ 
raoiente voto por D./o*^ ácÉpíaád- 

¿Puede ra^onableinenle exigirse ma6 de la paleografía y di- 
plomática? ' = . ^ 

Se ha probado xjue 'hay menos distancia y es menos cómodo 
para los electores tener la cabeza de colegio ó sección electoral 
en el pueblo B. á tres leguas y á pié llano de su morada , que en 
el pueblo G. á seis Iqguas con otras tantas torrenteras en medio (7). 

(1) Roda. Actas de Ügijar» 

Aiyarez. ídem» ^. . 

(2) Yañez WvtdiáexktyT^i^ A&kie áé^Atlkrizt 

(5) £l diputado D. Miguel Roda en las actas de S, Lúcar alegó como 
causa de nuliclad que el Alcalde presidente' de^lá mesa que leyó las papeletas 
fio sabia leer: le contestaron que se contradecid, porque si según él las babia 
leído, era la mejor prueba de que .spibía leer; á lo que con mucho cbiste re- 
plicó con el cuento siguiente. «Gn mi tierra babia un gitano que trataba de 
vender. un( burF9. puyas bd^ilidades; ponderaba ,'lm9la apegUrjBr : 0|ie t^ia la 
de Ip^r. Dudaron ios ciroünstgntes , se le puso para.prneba. un libro ^sol^r^ 
erbocicb, y el nurro ^ermanébíó grave f sériotcomo'de costumbre , pero sin 
abrir la boca ni aun para rebuznar. Burlándose los circunstantes défgit'dnd^ 
é$te les dijo coa maS;fprinaH49d (|«e la del burro. «tS^fiores )o iqho icHo : el 
burro zabe leer pero no pronunsia» aq\xi podemos decir que el iAlqaide,n^o 
sabia leer pero pronunciaba.^ . ' ' ' , ' .' 

,i.(4)'Rtáa,'Actasdeüg¿jar. ..... ^ i. • . . í 

.|(5J Elecciones d^ Arenas. •,..,:..,. . . ,'.;•> 

\o) Elecciones de Villajoyosa. Ui» -i i; ; / f - -jií 

(7) Msíáoz. Actas de Solsof^a, Ordenes jr B.oTtahd, ' \ ' ' *. 
*))i A^o{mÍsí«o dé'ljris ÜUiíhbt déciái «A los^déét^es^^e Bénas({ué, se les 



.n yuMWik, 131 

¿Hay mas que pediré la geografía?- 

Muchos que no tieoeo: sobre que caerse muertos^;, apoyan al 
Gobierno y se convierten en electores , ganando: la Haciebda pú^ 
blica con esta si^nóílla operación^ h menoa cuatrocientos reales de 
contribución por que figura cada uno , y que acrecerían las ren- 
tas,. si se recaudase por las lisias electorales:^ en k^ar de ipor las 
cédulas cobralorias (%). > 

^ ¿Inventaron jamas ni A Ministra D. Ricarda Wárd ni el mis- 
mo D. Miguel d^ Zavala , en sw Medios j^ara el seguro aumento 
deLReal eraría, un método masingeniosO^, masproductivo para 
el Tei^o publico y. con menos sacrificio/poT: partid de los contra 
buyentes?: 

¿Creeríais acaso que la estadística era una cosa de^otro jee* 
ves, muchos conocimientos, mucho y detenido exáinen del ter- 
reno para clasificarlo?» 

«Hombres ignorantísimos sobre toda la ignorancia de los ig* 
norantes.... antiguamente asi sucedería, pero ahora lo bemes ar- 
reglado de otra; manera» (9); en virtud de loa adelantos actúa- 
íe^s cualquier perito agüónomo^v aunque^los campos leng&n éós 
varas de nieve y ni los árboles se distingan; conoee á primer vista 
las tierras mejores y peores , y si las relaciones dé riqaei:a son 
pon consiguiente exacta» ó inexactas> sidmas que saber por quién 
ha« de votar los dueños (.10)*^ 

¿Podíais e^rar queso re^viesen tos comidicados.'prbblemas 
estadístico», por mediode operaciones científicas BM^sseBcSias? 

i(^é extraño es pQr. lo tanto que simplíiioadas> lasoieocias 
en virtud de la aplicacicín á las mismas de la filosofía elector al\ 
serhay^ik difundido ios conocimiin tos con rapidez, tánmaravillosái 

{¡asmarían^ nuestros padres de ver que. adquirimos abojra 
inas pronto 1» omnmimisiih que i^imochacbo avispado aprendía 
de coro in illo tempore el (desús a. b. c. la carlalla. do la sé.» 

Díganlo sin6 esa.mnHitod de hombres ineptos forrados de lo 
núsWQ^ que empleadoappr sms^ servicios eleotcH'aleSi aprenden á la 
media hora á cobrar lo mismo el sueldo de una Secretaría, que 
el de una Administración dé fincas delFslado, qué el de una Co- 
misaría de montes y plantíos, que el de uña Dirección de cami- 
nos vecinateSi 

Sil ni la expansión de la& virtudes públicas y privadas > ni el 



(8 ) Boda . Acias, de San Liícar la mayor % 
9) Moratin. M médico á palos, 
10} AladQZ. Actas de Boltaña* 



í 



18fÍ BL MmsÜMlBNTO . 

impulso daxio á todos los cótiocimteBtos hatnaQos;. ni la ittslruc- 
cion presuptieslfvora qtie se' adquiere por todos log Españoles, os 
parece bastante para dédararos como yo fervientes admiradores 
ilel sistema electofál^ aleed y estremeceos , nada hay aquí de fa* 

huloso {\\).rí ' 

Llegan los áias de elecciones, y Simón el Mago y Apoloiiié 
Thíaneo, se quedan en mantillas. ' 

Sé traía de sacar Diputado áD.. Juan Melomandan. 

Al rededor de una mesa se sientan cinco : en el centro se' ve 
una urna, 6 en su defecto un puchero (12) 6 cosa sánéjante> 
donde pueda recogerle y condimentarse la volQntad naciODaU^ 

Si los cinco tienen fe ardiente y unos mismos deseos, nada 
les es imposible. 

La fe trasporta las montaSas. 

Acuden á votar todos los electores que pueden hacerlo ami- 
gos y «oemigoSj y según se ve después han volado á D. Juan^ 
némtne discrepante. 

En virtud del misterioso poder presidencial, los electores] 
ekú saber que ban ido al colegio electoral, y aun estando encera 
rados bajo cien llaves con guardas de vista, han volado también 

á D.Juan (13). 

¥ otros que están ^^ l^nas tierras, libado e! día de la elec-r 
cion, aparecen entre los votantes de D. Juan, Volviendo ' dé éi^le 
modo el alma al cfíerpo de las pobres familiar que lloileibáñ su 
ignorado paradero, y que siguteti tlorándblo después. (14). ' 
' Y muef tos ; lio' dé cuatro dias cork) Lázaro, sino de citíitro, 
de seis, de veinte ^eses; resucitan sin mas que el taia^dato pre^ 
tídehcrai^, le^éntute y vota; y süencíoftos y un í)OM aMiirimS; 
efecto del ayunó del sepulcro, depositan su fÑsqpelela en q«fe se lee 
D. lüdiVi y 6B vuelva invisibles ai oementerí»> hasta quie lofúbú 
á ser Mamados (15). ^ '• •;■ * 

Y D. Juan MHmúndan qnQAdi elegido ^or unanimidad] 
Si por una casualidad inexpticatíe condcieBea los de to Mesa 



'La fftmüía de Vteland. 
MBáoz. jic tas de Solsona» 
GonzsAet Serrano^ jactas de A renjrs. 
Posada Herrera jactas de Almeria, 

(14) Pastor. Actas de Luarca. 

(15) Goicorrotea. Actas de Arenys* ... 

kYo me Uaoio^ respondió él interrogado, José Sféndez y vivo en la calle 
Baja: no puede ser eso, respondió D. Raimundo, pues ese sugeto hace un 
año que murió. Ha oido V. mal , dijo D. Opando coo tono de autoridad to- 
mando la palabra^ pues este hombre honrado lia dicho llamarse José ÁÍC" 
lendez j aqui hay personas que lo abonen. Por la Virgen de Flores, Sr. Don 
Opando, que mire lo que dice , pues ese José Melendex ha ido á hacer com- 




c^ue la operacioQ se desgraciaba^ se e^puls^ del local á los electo- 
res, se abre la urna ó se voltea el piHAeroy te qtieman las pape- 
letas y se vuelve á eaipezar basta que salga bien; y es remedio 
probado (16). . 

En vista de esto ¿qué diréis los que os llamáis contrarios? 
Humillad vuestra cabeza anie un derecho tan querido de los Es- 
pañoles, que ejercitan hasta los muertos porno perder la costum- 
bre, mientras no les borran de las listas efectorales. 

La naturaleza, al trastornar sus leyes en favoír de tal sis- 
teifta ha follado sin apelación. 

Gonfedad que la elección, cual la conocemos, es el medió 
único para averiguar la verdadera toluntad naúionaí, y la me- 
dida exactísima de los adelantos políticos de la época. 

¥ desechad de vuestra idea el que á la actual eívifízacidn 
pueda aplieársele respecto á elecciones lo qtfe se d^ó de la póllá 
del refrán: (17) 

Cierto es qué puso nn solo huevo j pero lo puso Mero. 

* . f t * ' 

León GaUndQ/^:de Yejrft. ■, ./ 



'i 



i. 



t.. ' . 

priií á Pürtvgal y no vendrtf lodiyfti €n Mís meses...... que yete que voté 

dig^ron los mas; que no vote, aaees ana ^Ifa, dig^ronlos ui^t^m^^^t^rf^Mn 
consecuencia gran tropel y buÍHciot pero D. Qpando biso conoc<;r.qiaf para 
aqnet caso debia rejir el sistema de tas mayorías, y el yetante yotd en efecr 
td.-^Z). Qpattdoóuntts elecciones^ del Etnio. 8r. D. Serafín fistéyatierÉál* 
deron-. , . - ' ' • .-■.'•'■■'■* ¡ 

(16) ElCxmo'Sr. D. Pedro Ptdal, alegara que as^ .sofiedíó en la^ akp^ 
clones de la Yega de Riyadeó. ' 

(17) Goíbo coronácioB del édíficid electoral no podemos m^nos de con* 
clalr Duestres ártíci^loa eoq el panegírteo becho por el, Exino^' Sr. Di' Joan 
Brayo Manilo cn.la sesión de 30 de Eoero último- ■ ■ i -, , 

«Las elecciones, señores diputados, se hacen actualmente en España dé 
una manera qae<i|da eleedon generales una Verdadera perturbación so ¿ 
ciai.: El país se conmaeye, se agita, y se agita de una manera terrible; He* 
ga¿iaslucbas, llegan las contiendas, Heganlos odiosa los distritos , á loa 
partidos , á los pueblos , á las fattiílias , á tos iadiyiduos. Se. establece , seño- 
res diputados, sin poderlo remediar, por la fuerza de las cosas', poruña 
consecuencia ineyitainle que todos lamentamos, contra 1¿ cual todpsprotes^ 
tamos, pero que no adyertimos que es en yano protestar. y i^méntar., por^^ 
que la fuenea de las cOsas la trae Consigo y á nadie se puede culpar^ 
se establece, repito, una lacha necesaria, ineyitable, naturar, entré él go<¿ 
bí^rnoy los partidos que le combaten, y el gobierno, señores, haco.niucbaS 
cosas ; tiene que hacerla^ ; se ye «en la indispensable necesidad do .hacerlas 
contra su yolunfad, contra sus ideas, contra sus instintos y sus -principiosi 
pero en propia defensa, porque entra en uña yerdadera guerra , y en u¿a 

Cerra puede pensajrfc al principio si se entra o no. en ella j pero después de 
ber entrado nadie tijone tiempo d^ pensar ai es justo á no 4<Bfendexii9 ha^t^f 
mas acá ó mas allá. 



■ i / 



m V'iwm^mwTo 



mmé&.v!m^m¡¡k 



» 



' ■ \. 



AL Sr. D. TEODORO LLGíRENTE. , . 

r 

Mi querido amigo : ¿y tiene V.taior para hacer versos, ver- 
sos en el siglo en que vivimúd/et mas ainlipoélíoo* y prosaico que 
l^au visto y llorado las mudas? HablaBx^o de ál, .decia donosamen- 
te un ilustre escritor : «todo se sujeta i;CÓn»putc( y guarisiiK>s 
ep este matemático siglo XIX, los detitos' que se; cometen ea ca- 
da legua cqadrada , las honras que naufragan eü • cada barrio, la 
parte alicuota.dé moral , ó de salad pública: que vieüe al suelo 
fin cad9, nación , en cada aSto, en cada pueblo, y en. cada me£. .. » 
y yo rae atrevo á aSadif , na:§ifí rubor : queel becerro de ofo va 
haci^éndose el dios universal de esta sociedad gastada .y. caduca; 
su filosofía'; se egcierFa en la inv^tigaoion de Im medios de te- 
ner mas; su poesía, en, refinar los antiguos o buscar otros nue- 
vos para gozar mas.... Por^erto yo no me pasmo, que al ver á un 
joven de virgen corazón y de mente entusiasta, a quien dicen 
algo todavía las estrellas y las flores, y que a la vista del cielo 
y con el pensamiento de Dios espresa en armonioso lenguaje no- 
bles y elevados sentinrientos, yo na me ipasmo^ ni aun estrano; 
que la alta sabiduría de. alguuids hombres le favorezca con una 
suprema sonrisa dte desdeñosa coropasio». 

Y* s? vé i ellos no puídfe'n gusWr de' tjnáíK^^ que ho en- 
cienden ,. y á trueque de^- uo confesarse ignorantes ó. menguados^ 
proclaman frivolos y visionarios á los favoreciólos por ^na inspira^ 
cioft qnesfómpre se creyó que vfeniá del cielo» ' ./ 

Yo^ amjgo mió, aunque hace miicho tiempo* abandoné éi co- 
mercio de las musas, qde sinóme favorecieron', al meaos me 
cpnsolaroft ;,aunquq siento que njjB contamínala attapsféra helada 
éjx que respiramos, y rm mata esta prosa de los negocios foren-* 
ees , rastrera y detestable, á que estoy tristemeale * condenado^ 
todavía, me queda corazón; y aun ^ /siento' hervir y engrande- 
cerse á vista de una acción heroica ode ¿a sentimienta noble. 
Felicito, pues á V., no porqu^hacé versos, sino porque es poeta; 
q^ue. yo no juzgo poesía él arte de componer Versos. maS; 6' me- 
nos :cádenciósos> alhago estéril del oido :sinó:>esa especie de cul- 
to^ digámoslo así, de todo lo que es bello y grande en el mundo 
material y en el moral, que se hace aiwftr 6 ídniir^r jai lo^ honj- 
bres, realzándolo con un lenguaje casi divino. . . 

Parecerá eslrána la • idea , mas el primero, ei mas grande de 
los |)oeiQas;, ^¿s la vista de ún óielo estrellado' ¿4 uiia noche se^ 



rena. El poetares Di'ós^' que kbla i Ibs ojod y al alma del 
hombría. . .. ^. - 

AlgoQds veoes/ di^cQm^da á mis solas^ he peivsado^ que ú 
deslino de edlé 6obre la tierra ; «s buscar m todas partes la \6r^ 
dad , y amar y practicar en todas ocastOMS la virtud — que lá 
verdad debfe üufiíinar á la virtud, y la Virtud debe vivificar á 
la verdad —que la eiencia y6 io que es lo mismo^ la investigacioof 
de la mluraleza de los espíritus y de fós cuerpos/^ de sus mu- 
tuas relaciones / el couocimienta exacto de esta grande y inag-' 
nífica casa en que Dios nos ha puesto, se endereza príncipatmefite 
al hallazgo de la verdad ^que la póe6ia> qué én su acepción 
amplia y ilegítima es li espresion mas bella de cuantd hay de no-^ 
ble y tierno y sublii&e en la^babiralm], obra de!Dios> se dirige es^ 

S^edalipentaá hacer amable á la virtud. La una esclarece d en-? 
endimiento : la otra ennoblece el coraeou; Aquella es la hiz, esta 
el fuego del mundo moral.... Y petisatido 9si, me he dicho : si 
robáis su luz ^1 sol^ el mundo queila m tinieblas; si le fOhais 
el calor, el mundo desmaya y muere.;. • , 

No lo cuente V.' á nadie, amigó iftio, patque reirían los sa- 
bios; pero aveces efttre mis ibas íntimos me ha ocurrido decir 
en, son: de^zumba, lo que^pudierá acaso afirmiarse coü mucha graí-» 
vedada; Esta sociedad e^tá' enferma porque es prosaica : porque ié 
falta aire y tez ; inspiración y grandeza. ¿Dónde en el senp Be lo 
que se llama > civilizaeion se encuentrafí tos amores purisimos; 
loé sefitimientos heroicos, las ideas magnánimas engendradas.por 
el pensamielitb (le Dios'y déla posteridad? L¿a abnegación y el sa-^ 
erifiéio ¿dónd^ tienen:hoy sus altares?.... Ahora, la bolsa es el 
templo, el dinero la^iviaidad ; lá ciencia d^ocei-^^y la poesía.. ^ 
en ciKanto á k poéáía, la hemos encerrado en una locomotora^ y 
la oW^mos á-corrcr por el ^ mundo arrastrando mercancías. . 

: Por éso yeaios con chanto de dia en dia achicarse- los co- 
razones,: degcadafise Jos caracteres', irse convirtiéndo^ en puado 
de ptgíneostoqi^ fue. nación de gi^atiles..:.''|&uépra á la prosa 
ruitidel interés,! quo^^ burla.de todo lográñdej como un jo^ 
robado insolante pudiera mofarse deiun'sermdios!.;.. "Sea V. poe-? 
la y mi querido áisigo, no se avetígiítíice desta gloria j pero tenga 
V. por .musa; á aquella castay púdica, divina, que sabe heilmo* 
sear hasta ^el mismo delqr con la lU2^ de esperanzas^ celestes y 
hasta at misnio ^placerlo sombrea con una^specie de i»efabliey 
santa tristeza. Musa: ^ue. tronó :<;nSÍnaí', que lloró después en el 
Gélgotá, 4^e á visfta dfe) 10B> verdugos deposité unai flop ino^tal 
sobre iftitúmbat do I0s>toártire8/,iqu6:liévaptó eol nwdio^jde^lQS^báiiT 
baros las catedrálesí^eláaédadime^ia: ;1 y acbnipafióíá lbsi;cra>za^ 
di^á JeBtí»BÍQi»í' y/íéiClolon al- Npe^iJiliinido; Btus« qbce aUora^ 



^m 60 Qubstf o» 4¡«s ba recorrido eoa Chateaubriand nodos tos 
cielos , todos los mares , todos los bosques de la tierra^ y reeo^ 
Riendo $us aroioQÍ&s^ Solvió riquísima y brillarle , pra probar 
a.Surqpa^ prendada auQ délas mentirosas hijas del Pindó ^ y de 
]fís iosensaios i sarcasmos de Voltaire^ que la reügion del Diob 
4el Kvasgelio , Dios de \t naturaleza^ así como era la madre da 
k verdad > era también la! uiadre de la belleza. 
< jChateaübriand , ese rey de la prosa > hizo reinar sobre la lira 
ala lielígion, que lleva delft mano á dos musas inmortales: el 
amory la libeytad.; : , 

Gbateaubrjkand l^a dejado numerosos hijos, pefo acaso el pv\n 
mog^nito e$ Lamartine. Aquel fue gran poeta en prcxsa'.ifueel rey 
de la prosaw EstíeíkHeB m verso; y al menos en áus meditat^ioiiés 
parece ua ángel ,i|ue cbaCa* Digo. 6n 'm$ medttatefánes ; porgue 
ei^^bi^aá posteriores > ó mucho me engaSo> ó. el ángel perdió el 
brillo :die: sus aJas^ porque iíuvo la desgracia de abandonar á' la 
musa .de. m juveotud :, y escogió, yo m ié quo especié de musa j 
que ama á Cristo, pero no le adora. 
>. ]Ma$;bQy bablo del Umairliue cíe las meditaciones^ cuya tra- 
duceiooba ;teDid0iY. la bondad deeatiarm^, si« duda con el 
deseo ^^ue inmeFecidameBte me^ bonfa de conocer mrpoibpe opi^ 
nion* Al cual dorrespoiMJUeiido, tomé . lá pluma ^ nms aLpón^írla 
eÉ él «papel iSeeslraViÓA y ha escrito eosas, queeslán pdr.Tehr^ 
tu>raí fuer^ de. sazón y lugar;; mas como escritas para T. tíenep 
aeguüalá indulgencia. Ahora recogiéndome, y atenta á compla-* 
€íerli^,/voy á satisfacer sa deseosa muy breves palabras. \ ! 
I r !Nad& diré deks meditaciones, la ñor mas preciosa dé la 
carona (|e;Lamartine , porque además de no ser juez éoínpetqnte, 
sobro) ¡esta obra inmortal está dicho todo. Pero sí recordaré á 
y«,iio para ^ue. Ib desmaye, sino para que i& anime , (piéieoil 
sor sas! versos de; loü.mas rj^atados y armoniosos que ha suspi- 
rado Ifi . mus^i ürancesa , riicios de altos pensamientos , brülantes 
can: imágenes: hec^icer.as> I y: tepidos de una dubüísimia m€Íati<;olía 
qiie recuerda la del iQisUede Mátttua , hallaron críticos ó envidio^ 
sos ^que mordier&n el pie dal poeta, deslumhrados por la lu£ de 
gbriaquo despedía; su frente;. Pero dellosv^ngó á Lamtartineel 
UustrelGárlos Npdier, <20n eslas enérgicas frasea : <t íes tan agra- 
dable dár> pruebas.' ^el fácil tallento: de .pesar sílabas, disecar palar 
braisi>. snbpfilyar un epil^Oí? atrevido; o uña rima deféctuí(isa!.¿.i 
gozos puerileis de ks medianías que recfuerdan a los insübndores 
púbikoB qu& los rómaiias. colocaban en el camino de |oa tciiifri^Sa^ 
doitéfryiy quéíMítlfis imjrBdibni davarse rodeados, de addmáoíoáes 
yxsemonadb&xléJftprfiles á l^S).]^»^ • ;í >nvi'Á 

,fnoBuestt)ieK:uláestfiiíal6ie^|íáetfaü enistf Q¿n< v^ktíi^okii&Bb 



DB ViLEKClA. 137 

babjar Y. en castellano^ y sa traducción de Y.~8i sobre esto 
deseaba mi bumilde parecer— es digna , dignísima de darse á la 
luz pública. Diré mas^ y lo diré resueltamente : ardua es la em- 
presa que Y. ba. acometido : pero á mi modo de ver^ tal cual está 
desempeñada^ acredita su ingenio y boura su juventud. 

£s un esqelente^rabajo^ y un gran estudio. 

Al medUarlo, me confirmo en la idea que bace tiempo en vis- 
ta de composiciones de Y.^ así en lengua castellana como en la 
lemosioa ^ tenia yo formado. Juzgo que Y. ha nacido poeta. 

Yo no diré^ que sea perfecta y acabada su obra ; y si lo di- 
jera^. estoy seguro de que Y. que sabe^ teniendo un ingenio fe- 
liz y conservarse modesto^ se dolería q\ ver que la amistad mo 
cegaba. Habrá quien eche de menos sonoridad ó fluidez en esto 
verso^ ó entonación ó vigor en tal ó cual trozo ; que suprimiria 
con gusto algún epiteto ocioso y y se holgaría de que en toda oca- 
sión el poeta francés convertido en español , llevase con desem- 
barazo y gallardía el trage de nuestra tierra.... 

Sed ubi plura nitent in carmine 
Non ego paucis oíTendar maculis.... 

Si algún critico, de esos que tienen la humildad de confe- 
sarse grandes hombres , sin nunca presentarnos sus títulos, des- 
conociendo las imponderables dificultades con que Y. ha tenido 
que lucbar/y que por punto general ha vencido felizmente; tu- 
viese ojos para ver solo los lunares , y no para admirar las 
bellezas de su traducción , recuérdele Y, y amigo mió , las 
palabras del, mas modesto, del mas sabio, del mas sencillo, y á 
la vez del mas elevado de nuestros antiguos poetas. «De lo que 
yo compuse juzgará cada uno á su voluntad.: de lo que es tradu- 
cido, el que quisiere ser juez, pruebe primero qué cosa es tra- 
ducir poesías elegantes de una lengua eslrana á la suya^ sin ana-^ 
dir ni quitar sentencia, y con guardar cuan lo es posible las figu- 
ras del original y su donaire, y hacer que hablen en castellano 
y no como estrangeras y advenedizas, sino como nacidas en él 
y naturales. No digo que lo he hecho yo : ni soy tan arrogante; 
mas helo pretendido hai:^r y asi lo confieso. Y el que dijere que 
no lo ba alcanzado, haga prueba de sí , y entonces podrá ser 
que estime mi trabajo mas. » 

Así hablaba |ray Luis de León ,.y debe ser no escasa salisfao- 
cion para Y. tener derecho á repetir sus palabras. 

Sí y amigo mió : la traducción de las meditaciones, como ya 
dije ^ es un trabajo escelente y un gran estudio^ que honra la jur 
ventud de Y. y acredita su felicísimo ingenio. 

Dije «estudio» y recuerdo á este propósito las nobles peregr^ 
nacionesique en el siglo lYI haoian jóvenes ilustres á la ciudad 

Tomo II. 18 



138 EL PBNSÁfillBMTO 

eíerna. Allí esludrJibatt y copiaban á Rafael , para algún dia pre- 
sentarse al mundo discípulos aventajados^ y acaso émulos glorio- 
sos del pintor de Urbino. 

Dije ((estudio)) porque Y. no es de aquellos felizmente^ que 
al primer paso imaginan que está andado ya el camino— no : el 
camino es largo, penoso— es necesario estudiar mucho, meditar 
mucho, trabajar mucho para llegar al fín, á la cumbre; donde 
Hay asientos para los hijos verdaderos de las musas, desde los 
cuales miran bajo sus pies las nubes de la envidia, y se sienten 
consolados é ilustrados por el sol de la gloria. 

Animo, pues, amigo mío, fó y perseverancia: á estudiar, á es- 
cribir , á conquistar gloria. Piense V. qué la patria se corona con 
la que ganan sus hijos ; no olvide Y. que Yalencia es su patria. 

Adiós; y reciba Y. mi enhorabuena y mi cariño. 

A. Aparisi y Guijarro. 



LA ESCALA SIN TERMINO. 



Hablo de la que por espacio de algunos años venimos recor- 
riendo, ó con mas propiedad subiendo los que pagamos contri- 
bución industrial, y muy especialmente la clase de abogados, á 
que por desgracia pertenezco ; en la cual resalta ma'B que en otra 
alguna la injusticia de aquel tributo en los términos en que hoy 
se reparte. 

Debo decir ante todo que considero justo que todas las clases 
que componen la sociedad contribuyan proporcional mente á cu- 
brir los gastos del Estado: y que si me anejo de la contribución 
3ue se exige á los abogados, es porque la conceptúo sin género 
e duda enormemente desproporcionada. 

La noble abogacía, que en los tiempos hoy llamados de igno- 
rancia, oscurantismo y qué sé yo cuántas cosas mas, no pagaba 
ni un maravedí; esa clase, que sin injusticia podría ser escep« 
tuada de toda contribución, ya que presta el servicio de defender 
gratuitamente á los pobres, poniendo en ello un trabajo, que 
regulado vale mas de lo que parece ; esa clase , repito, comenzó 
en tiempo del ministro Toreno á contribuir ademas con metálico 
en concepto de industrial. 

Entonces un abogado en Yalencia pagaba por su patente 
400 rs. vn. Algo mas adelante vino el famoso ministerio Mon^ y 
ños legó el sistema tributario, que aun continúa rigiendo , según 



DS VAUNCIÁ. 139 

el cual ca(ia letrado en Valencia (y demás capitaiesde su clase) 
representaba para el Estado una cuota de 310 rs. vn.; y la can- 
tidad que á este respecto corresponéia á todos los que egerciesen 
la profesión^ debia repartirse por clasificación entre los mismos; 
DO pudíendo ninguno pagar menos de la quinta parte de la cuota ^ 
nimas de cinco de ellas: y entonces dio la abogacía/ siquiera 
para las clases pr¡mer2r!s ^ no pequeño salto en la escala sin 
término. . ' 

Anduvo el tiempo, que nunca para, llegamos al aSo 1851, y 
á título de sí Valencia teniatantas ó cuantas almas, lá cuota in«- 
dividual ascendió, dando otro salto, á 490 rs. vn. 

¥ no paró allí, porque vino luego el ministerio Bravo Mu* 
rillo, y considerando que Valencia podia tener un puerto, que 
hoy, ano de gracia de 1858, ni está concluido ni se sabe cuándo 
lo estará, nos dispensó el obsequio (Dios se lo pague) de elevarla 
á capital de primera clase; y por consecuencia ganando mas que 
en honra en desprovecho, dio la abogacía otro sallo y subió la 
cuota desde 490 rs. á 630; Entonces de un golpe nos pu^mos 
al nivel de los letrados de la corte en cuanto al tanti cuanti de 
contribución; de modo que ni elSr. Bravo pudo^ elevarlos mas 
ni nosotros agradecerlo menos. 

Nos quejamos en aquella ocasión; y ahora conocemos que 
hubo de ser sin razón ; porque el>diablo del tiempo anda que 
andarás, nos encajó en el año 1857^ en que comprendiéndose,, sin 
duda^ que con h nueva ley de enjuiciamiento civil,. de la cual 
han ido elogios á Madrid sin pasar por las provincias, los abo- 
gados^ y aun los litigantes' de estas, habíamos ganado mucho; se 
maadó por Real decreto, que ignoro hayan aprobado las cortes, 
que se aumentase á la industria , y entre ella á la abogacía pro* 
viDcial, una sesta parte mas de lo que venia pagando. 

Y héteme aquí que nuestra cuota individual, dando el quinto 
salto, subió de 630 á 705 rs. vn. 

No olvides, amable lector, que á estos se agregan luego va- 
rios gajes, como el 6 por 100 de recaudación; ó como si dijéra- 
mos toque paga el pagano por irá pagar buenamente álcierta 
casa muy bonita que hay frente el palacio Arzobispal ; el 15 
por 100 para gastos municipales y él 16 para provinciales, con 
alguna otra friolera que siempre suele ofrecerse. 

Y así la cuota por barba, recargada allá sobre un cuarenta 
por ciento^ viene á subir, dando el sesto salto, á unos 880 rs. vn. 

Resultado de esto , y del absurdo sistema de distribución ha 
venido á ser que un abogado de primera clase en Valencia, que 
entíempp del ministerio Toreno comenzó pagando 44)0 rs. vn., 
paga hoy, en el año de gracia de 1858^ 3,000 r^.^ que con los 



i 



lit ' EL PfiMBJkMlBNTO 

recargos ascenderán á 4^200; y si es de segundaclaise, satis- 
fará 3)500 poco masó menos. 

Tanto hemos ascendido en pocos anos^ tan larga escala he- 
mos recorrido, á saber desde 400 á 4,200 , y no bajo cero: y lo 
peor es que todavía nos hallamos en la escala. 

¡Bendita sea ella! y sino fuera blasfemia diría que en mara- 
villosa casi se iguala á la de Jacob. Pero esto es broma ; cuando 
la diferencia entre ambas es tan notable; pues la del Patriarca 
llegaba hasta el cielo, y la que nosotros subimos solo llega á Ma- 
drid, que no es morada de dioses : aquella la vio Jacob en dulce 
sueño; y nosotros vemos la nuestra en amargó insomnio y muy 
desvelados: por aquella se subía y se bajaba, y por la nuestra se 
sube solamente, y eso que es muy empinada: y por aquella, en 
fin, bajaban y súfoian ángeles, mientras que por la nu^tra ^lo 
suten paganos, 

¿Y cómo se verifica que siendo la cuota individual de los abo- 
gados 70S rs. vn. haya quien pague 4,200? Esto solo se esplica 
por d maravilloso sistema del Sñ Mon, según el cual es un error 
lo que antes parecía verdad de Pero Grullo. 

Antes se creia que cuanto menor fuera en un pueblo el nú- 
mero de personas dedicadas á cierto arte, industria ú oficio^ ma- 
yor seria la utilidad que sacara cada una : y el indicado sistema 
ha demostrado que no es así. Ved sino la prueba. Si en Valen- 
cia, por egemplo, hubiera un solo abogado^ no pagaria mas que 
705 rs. vn., sin contar los recargos ; y habiendo g(rf)re doscien- 
tos, puede pagar hasta 3,500, que son cinco cuotas, fuera los 
agregados. Y como cada uno debe contribuir con proporción á 
las utilidades que se le calculan : concluyese de aquí, que pu^ 
mas paga un letrado entre doscientos , que pagaria si fuese úni-» 
co^ mas gana también , siquiera para d cielo^ llevándolo con pa- 
ciencia. 

De modo, que por lo visto, el mal y la injustieia dimanan 
^e la absurdidad del sistema de distribncion : según el cual, el 
hombre laborioso, ú afortunado en su oficio, arte ó industria^ 
paga lo que le correspondo, y además lo que no puede exigirse 
á sus companeros. 

Un abogado (y de esto hay varios egc^aplos) rico, sin ánimo 
deegercerla profesión , quiere por sus fines particulares habili- 
tar la firma ; sonar como letrado que egerce, y al efecto se hace 
inscribir en la matrícula de contribuyentes: y como no admita 
negocio alguno, nadagana, y es colocado en la última dase, pa- 
gando una quinta parte de la cuota : el resto hasta el completo 
de ella, se reparte entre sus compaSeros, acaso pobres, que tra- 
bajan y consum^en la vida en su despacho. Cada novel que entra 



t 



BE VALENCUi 141 

en el gremio representa para el Estado 705 vi. y para sas com- 
pañeros 560 mas de conlribucion. 

De suerte que el pagar yo por égemplo, mas 6 menos, ño 
depende del aumento^ ó disminución de mis utilidades^ siuó del 
mayor 6 menor número de los agremiados que vayan entran- 
do por la cola. Mi cuota no está en proporción con mis ganancias, 
sino con el número de mis compañeros : cada uno que se agremia 
disminuye probablemente mi clientela , y aumenta positivamente 
el tanto de contribución que rae corresponde. Estas son la lógica/ 
la equidad y la justicia del sistema del Sr. Mon. 

La corporación , ó hablando á la moderna,' el gremio^ podría 
impedir el abuso y cerrar la puerta por donde entran los que la 
estrujan , poniendo á la clase última la cuota legal , ó, poco 
menos ; empero ni fuera justo^ ni la Administración lo consien- 
te , porque le conviene dejar muy abierta y espedita la entrada. 
Encontrados los intereses de la Hacienda, con los deí gremio, 
conviene á la primera que haya en este muchos individuos, si- 
quiera doce de ellos paguen por doscientos. Todo medio es buenp> 
si produce mucho dinero. 

Solo pues procediendo así ; solo siguiendo un sistenía de 
distribución tan duro, como irracional , es como puede verificarse 
que un abogado en Valencia pague mas de 4^000 rs. vn., cuan- 
do ninguno, absolutamente ninguno debiera satisfacer mas allá 
de 1,000 inclusos los recargos. 

¡Cuatro mil doscientos rs. vn. por industria un letrado en 
Valencia! Si yo hablara como diputado en el Congreso^ lo califi- 
caría de iniquidad: así solo repetiré que no es justo. Esto, si se 
pregunta >.lo afirmarán el Tribunal superior, los jueces de pri- 
mera instancia, ios subalternos todos, y basta el vulgo de la po- 
blación. 

Esto puede saberlo el Gobierno, por los datos estadísticos ofi- 
ciales que obran en su poder. La injusticia de la contribución 
relativamente á los abogados de las provincias , y muy señalada^ 
mente de Valencia , es notoria, es evidente , y no hay necesidad 
de demostrarla. Sin embargo, me permitiré hacer como argumen* 
to únasela pregunta. . ; 

De^ues de establecida una ley, que sobre cercenar y reducir 
á la última espresion los trámites de la segunda instancia en los 
pleitos, ha suprimido en provincias la tercera, y llevádola sil Tri* 
bunal supremo, á título de recurso de casación : cuando por con- 
secuencia Madrid es el centro de todos los pleitos algo granados 
de lodo el reino. ¿Es justo, es razonable que la cuota para los 
ab(^ados de las provincias sea igual á la de su; companeros en 
la Corte? 



¿Existe en Yalenqia tilguna nolabilldad de las varia$ que hay 
allá^ y que es fama pública que ganan en la abogacía diez , ó doce 
vail duros anuales? ¿Ni cómo puede juslificarse que á un letrado 
en esta ciudad se le exijan 3^500 rs.^ que es el máximo.que pue- 
de según la ley imponerse al primero de la Corte. 

Debió pues en rigor de justicia^ siq^iiera desde la publicación 
déla ley de enjuiciamiento civil ^ rebajarse la cuota de los abo- 
gados en las provincias; y cuando lejos de hacerlo, ha subidq 
recargada con una sexta parte ¿no tenemos robusto motivo para 
quejarnos^ y clamar? . . 

\Pues sin embargo hace tiempo que venimos quejándonos y 
damaudo; y Ministerios han sucedido á Ministerios y y nadie nos 
ha escuchado, nadie nos ha oido ; y lo que es, mas ni una sola vó% 
se ha levantado en el Congreso abogando por la esquilmada^ y.gra* 
vada y paciente abogacía. 

Y el' mal ha ido y sigue creciendo; y. en términos se agra- 
va y que puede obligarnos á retirar las ñrmas y buscar otro oQcio 
á los que hemos encanepido egerciendo la profesión > y defeii.'- 
diendo al pobre, por mas que no tengamos otro patrimonio^j y 
'que lejos de haber vivido á espen^as del Erario, hayamos dejado 
en sus arcas lo que podríamos haber ahorrado para no mendi>- 
-gar en la véjese, ó legado á nuestros pobres hijos, para que ellos 
no mendigáraa. 

Antes , pues, que a ese duro estremo lleguemos ; ahora mish 
imo, ya que el mal es grav^, póngase Temedio> pues lo. tiene, y 
muy fácil y espedito.. Adóptese el sistema de patentes ; fdera ese 
medio de* la, clasificación, que es odioso y, lleva también la dis-^ 
oordia al seno dé los gremios. Digs, establezca. el Gobierno cuán- 
to en cada población d^be pagar un abogado^ á lo$ cinco, á los die?^ 
á los quince años, por egemplo^ de egercicio de la profesión* Ésto 
eís lO' ras^onable.. 

¿Producirá; menos? Duda cabe en eslQ:.; empero poco debiera 
importar aunque así fuese: porque si el sistema actual es eyiden- 
temenle injusto, debe condenarse, siquiera produzca mas para 
jC}1 Erario, El gobierno nunca debe. dar el mal egemplo de va- 
lerse de medios que reprobarla en un individuo: y por cons¡-> 
guíente si reconoce injusticia en el que hoy se observa, es de 
absoluta necesidad que lo derogue y le sustituya con otro,. que no 
inñera tan grave y notorio agravio á los contribuyentes. 

Y si por el sistema de patentes, ya usado en otro tiempo, no 
pudiese acaso cubrirse tan holgadamente el presupuesto de gas- 
tos; castigúele este, . que hacedero es y hasta fácil ,. por mas que 
se diga lo contrario. ' 

En España hay indudablemente de sobra mas de diez gobier- 



DB VÁCitMOU.^ 143 

núB de provincia; cuaráifa ^ nueve consejos provinciales, qué 
nadie echaría ni ha echado de íncnos^ y todos esos empleados dé 
alia clase, que según ha dicho el señor presidente actual del Con- 
greso, se reducen á cobrar el sueldo y dar una vuelta por las 
oficinas. No es justo que tanta gente viva á espensas de los con- 
tribuyentes. 

Considérese á estos como so considera á los empleados, y la 
carga del (jue paga será mas llevadera > Ninguna necesidad babia 
de pojier a sueldo crecido número de empleados públicos, que 
sin él se pasaban y no gravitaban sobre todo el pais. No era de ne- 
cesidad tampoco aumentar las dotaciones de casi todos> ni supri- 
mir el descuento, única especie de contribución que satislacian, 
ni llevar las terceras instancias á Madrid, obligando á losliti-- 
gantes á buscar allí la sentencia egecutoria en sus pleitos, y au- 
mentando con este motivo en algunos miles de duros el presu- 
puesto para crear nuevas plazas de 50,000 rs. en el Tribunal 
Supremo. 

No todo lo que conviene debe hacerse en un pais ya harto 
sobrecargado ; sino solamente lo que sea necesario, ksa gran 
familia llamada nación debe también como las particulares atem- 
perar sus comodidades á sus rentas y recursos. 

Descártese pues del presupuesto de gastos todo aquello de 
que el pais puede prescindir sin mengua de su bienestar y de 
su decoro. 

Mientras mejores y mas bonancibles tiempos no alcancemos, no 
se piense en reformas gravosas como la de recursos de casación 
en las causas, que motivaría otro aumento de plazas de 50,000 
reales vellón en el Tribunal Supremo ; y como la creación de 
Tribunales de alzada para los negocios de comercio^ hoy bien 
despachados en los consulares y en las audiencias. 

Asi se aliviará lejos de agravarse la carga que pesa sobre los 
contribuyentes; así ño pareceremos antenados unos, é hijos otros 
de la madre patria; así se acallará el clamor del pais, que si á 
oidos del gobierno acaso no llega, es sin embargo cierto , y pasa 
por motivado. 

No hay que hacerse ilusión porque los gremios con el sistema 
de reparto de la contribución industrial viven ; pues esto solo 
prueba que viven á pesar de él. Y si en el de abogados nos flja-^ 
mos, se engalla quien del número de ellos deduzca que todos ga- 
nan siquiera para comer. Muchos se agremian porque tienen 
concluida su costosa carrera, tío cuentan otro recurso y prueban 
á ver si comerán. 

Para saber si el número de abogados que egercen unos, y 
quieren egercer otros la profesión pueden vivir á espensas de la 



Iti BL PBNSíAMlENTO 

misma^ fíjese la oonsideracioD en im dalo estadístico o&c\fA, que 
no miente: véase el número de pleitos que anualmente se folian 
en esta audiencia; cuéntense^ si se quiere^ las causas: descártense 
luego los negocios de pobres y de oficio; y de lo que queda útil^ 
se verá que no resulta^ ni de mucho^ un asunto por cada letra* 
do. De aquí se concluirá bien que ni es cierto^ ni es posible 
que todos los agremiados vivan de su noble oficio: y que no es 
justo que paguen lo que con aumento anual progresivo se viene 
exigiendo de ellos por contribución industrial. 

Por último téngase presente que por la misma razón que se 
acaba de mandar suspender el aumento de la contribución ter- 
ritorial^ acordado por el Ministerio Armero-Mon; debiera no co* 
brarse tampoco el de la sesta parle aplicado á la industrial» que 
eis un recargo mucho mayor y mas gravoso; todo procede del 
niismo origen; y ni lo uno ni lo otro está por las Corles apro^ 
bado. 

José Beltran y Pérez. . 



Con un placer indecible insertamos la siguiente bellísima 
composición de un amigó que nos es doblemente querido por el 
corazón y por el ingenio. En esa voz, que llora la muerte de 
una señora que fue un ángel sobre la tierra , ciertos estamos de 
que nuestros lectores reconocerán la voz de un verdadero poeta, 
hijo de esta ciudad, y destinado sin duda a ser una de sus glo- 
rias mas brillantes Es un joven, casi un niño; y no conoce- 
mos á ninguno de su edad^ que le sea superior, ni en Valencia, 
ni en España. 

A. Áparísi y Guijarro. , 

AL SEÑOR MARQUES DE VIVEL. 

EN LA MUERTE DE SU ESPOSA. 

Torna otra vez á suspirar conmigo, 
lira, dejada apenas, 

y que aun en larga vibración murmuras 
los tristes sones que al perdido amigo 
le dediqué en mis penas. 
Tornen las somi)ras (te mí duelo oscuras ' 
4 enlutecQr la frente. 



W VÁUUIGU. • 145 

Torne á pd)lar el tiento 

la flébil voz de mi cantar doliente; 

y torne al pecho el sentimiento va^o, 

la inspiración secreta 

con que se eleva entre el mortal estrago 

voz de la humanidad^Ia voz del poela. 

Fácil será llorar: niustia y marchita 
la preciada corona 

« 

miro en mi sien de virginales flores, 

pausado y lento elcorazon palpita, 

fríos el labio entona 

los himnos de la guerra y los amores, 

y cual piedra en la cima, precipita 

la indiferencia amarga 

mi existencia fugaz en los dolores; 

fugaz en glorias, pero en penas larga: 

que mi marchito corazón ha muerto 

falto de fé y amor y noble orgullo 

herido al fin por su secreta pena, 

y es mi vida cual rio en el desierto 

perdido y sin murmullo, 

que riega en vano la infecunda arena 

por do tuerce incesante el rumbo incierto. 

Así me es fácil el Motar contigo, 
que busca siempre el corazón doliente 
el duelo de otro amigo 
que sabrá de dolor, pues dolor siente. 
No brindes, no, la copa de tu llanto 
al mundo indiferente; 
pídele risas, y bullicio y canto, 
y danza loca, aturdimiento y fiesta, 
que al gemido del hombre y su quebranto 
los himnos del placer son su respuesta. 

¿Has perdido tu bien? ¡gime y delira! 
¿No es verdad que á tus ojos mortecinos 
cadáver es cuanto la vista mira? 
grito agorero los alegres trinos 
del ruiseñor amante^ 

Tomo II, 19 



Ii6 EL l^BTCSáMlBNTO 

• 

viento glacial la brisa que suspira» 

el disco rutilante 

del sol, lámpara opaca, 

y es la noche cual manto funerario 

y es el mundo en redor féretro inmenso 

envuelto con las nubes por sudario? 

Mas ¡ah! perdona si al dolor intenso 
de ver la imagen de tu amor perdida, 
uno el recuerdo de mi pena aguda 
y con palabra ruda 
me gozo acaso en agrandar tu herida. 
No gimas, no: la adversidad es cierto 
que derriba triunfante 
la frágil caña ó el auoso tronco 
pero contrasta su ímpetu violento 
el cedro á quien gigante 
sirve de arrullo su bramido ronco. 

¿Niegas tu fuerza y arrastrar te dejas 
por el impulso de enemiga suerte? 
¿Dices que solo tu dolor proftiádo 
puede calmar la muerte? 
Dolor por dote nos depara el mundo> 
tan solo el varón fuette 
sabe mostrarse en el penar sereno; 
solo el águila audaz rápida sube 
á esa región que ni empañó una nube 
ni surca el rayo, ni estremece el trueno. 

¡Cesa pueííde gemir! No como un día 
es la muerte el finar de los placeres, 
m está la nada tras la tumba fría. 
Dulce promefsa á los amantes seres 
es aquel mes aHá , patria querida 
que torna á unirnos tras de ausencia leve 
al trasponer la vida. 
No triste y macilenta 
la muerte en derredor blando hoy temida 
^u guadaña sangrienta; 
es cual ángel de amor y de consado 



98 VAMMGIA, 147 

• • ♦ • 

que al dintel de la yida . nos jGiefiala 
la eternidad de un cielo. 

¡Cesa pues de gemir ! mira e90s hyas 
ti9aéuipto9 de su amor j sna Yirtude$, 
ellos aabnin DO dodea 
calmar los duelos y penar prolijos. 
Asi del tíénipo la segur derriba 
A tronco añoso, peré en torno brotan 
retoños mil donde su savia yiva, 
mueve sus ramas jugeton el viento, 
crece i Sus plantas la verdosa alfombra 
y halla el cansado caminante aliento 
al dulce abrigo de su fresca sombra. 

I 

3 

. ¡Ce^ pues de gemir ! cese el profundo 

pesar y desconsuelo. 

Qulee es teoer euapdo se cnua el mundo 

solo y eraiote ^ un aoge| que nos mire 

y guie desde ^ €|elo/ 

y en torno siempre de nosotros gire, 

y fortalezoa ál alma si vaeila, 

y muestre en lontaaanza 

comp premio feliz de la esperanza 

la eternidad tranquila. 

Enero 1858. 

YicmU W. Queról. 



MIS PRISIONES. 

POR SILVIO PELLICO. 
(Csutionaeion.) 



Después que anduvimos algo mas de una milla dije al con* 
de B***— Supongo que nos dirijimos á Verona. 
-r-Mas lejos ^ repuso : vamos i Venepia^ donde tengo qn« depo- 
stíAvo$ eo floianos de una comisión espeQial. 



l&S tiL PBNSAMnOTO 

Viajábamos en posta y sin detenernos^ de, suerte que el 20 de 
Febrero llegamos á Yenecia. 

Por Setiembre del año anterior^ un mes antes de mi arresto^ 
me había hallado en aquella misma ciudad^ y habia comido con 
numerosa compañía en la fonda de la Lma y la misma justamente 
á la que fui conducido por el Conde y el gendarme. 

Uno de los camareros se ^reoogió al verme en manos de la 
fuerza pública^ á pesar de haberse disfrazado el gendarme y sus 
dos satélites. Alégreme de ver que aquel mozo mfi conoeiese^ 
pues me imaginé que baria mención de mi llegada á algunas 
personas. . , 

Comimos^ y después fui conducido al palacio del Dux^ hoy 
dia ocupado por los tribunales. Pasé debajo de los adorados pór- 
ticos de las Procuratie^ y por delante del café Florian, donde el 
otoño anterior habia pasado tan deliciosas noches. La casualidad 
hizo que no encontrara ninguna fisonomía conocida. 

Se pasó la Piazzetla.... aqui mismo fué^ sí^ en esta misma 
Piazzetta donde en el mes de Setiembre pasado un mendigo me 
dirigió las siguientes palabras: «Caballero^ se conoce que sois 
forastero^ y yo^ á decir verdad^ no puedo- comprender cómo los 
estrangeros podéis admirar este sitios para mí lo es de desgracia^ 
y solo paso por necesidad.» 

—Sin duda habréis esperimentado aquí alguna trágica aven- 
tura; ¿he? 

— Sí señor^ tanto yo coma otros muchos hemos esperímentado 
aquí una aventura muy terrible, ipios os guarde de ella! ¡Dios 
os guarde t Dijo y desapareció. 

Y al pasar ahora por este mismo sitio, en vano quisiera ol- 
vidar las palabras del mendigo. También fue en esta misma plaza 
donde al año siguiente subí al cadalso para escuchar mi sentencia 
do muerte , y la conmutación de ella en quince años de cárcere 
duro. 

Por poco que se hubiese hallado mi cerebro predispuesto á 
meditaciones místicas, hubiera hecho gran caso de aquel mendigo 
que tan enérgicamente me advirtió ser aquel sitio un sitio de des^ 
gracia: pero solo cito en este momento el hecho como un en- 
traño accidente. 

Subimos la escalera del palacio. El conde B^*^ se entretuva 
un momento con los jueces, consignándome en manos del alcaide^ 
y despidiéndose de mí después de haberme abrazada con ternura. 



Seguí silenciosamente al alcaide. Después de. haber atravesado 
varias galerías y salas ilegamos á una escalerilla que nos conduje 



i 

\ 



DE VALENCIA. 149 

á los Plomos, célebres prisiones de Estado desde el tiempo déla 
República Veneciana. 

Alli se enteró el alcaide dé mi nombre, y me encerró en el 
cuarto que me fué destinado. Llámase los Plomosa la parte mas 
elevada del palacio del Dux, cubierla toda ella de aquel metal. 

La pieza que yo ocupaba tenia una ventana grande que daba 
al tejado déla iglesia de San Marcos, igualmente cubierto de 
plomo ; mas allá de la iglesia divisaba fo en la lontananza la estre- 
midad de la piazza, y por todas partes un numero infinito de 
cúpulas y torres. El gigantesco campanariode la iglesia de San 
Marcos, solo estaba separado de mí por la longitud de la iglesia, 
y oía claramente á los que alli hablaban por poco que alzasen la 
voz. Al lado izquierdo de la iglesia veíase también parte del gran 
patio del palacio y una de sus entradas. En ese lado del patio 
babia un pozo público en el que venian continuamente á sacar 
agua ; pero desde la elevación en que yo me halíaba parecíanme 
pigmeos todos cuantos andaban por abajo , y soto podía distinguir 
sus palabras cuando por casualidad grilatmn. Hallábame mucho 
mas solitario que en la cárcel de Milán. 

Los cuidados que ine daba )a causa criminal dispuesta por la 
comisión especial infundieron , durante los primeros dids, mucba 
tristeza en mi alma^ la que sin duda acrecentaban los dolorosos 
sentimientos de ,una soledad mayor. Veíame ademas mas lejos de 
mi familia^ de la que no recibía noticia alguna. Los nuevos sem- 
blantes que miraba no me eran antipáticos , pero conservaban 
«lerta seriedad muy parecida al espanto. Habíales la fama exage- 
rado las tramas de los milaneses y del resto de la Italia por la in- 
dependencia , y figurábanse que yo era uno de los mas imperdo- 
nables motores de aquel delirio. El alcaide conocía mi celebridad, 
aunqqe pequefia, en literatura; su muger ^ sus hijos, y basta dos 
secondini, todos tenían noticia poca ó mucha de mis produccfio- 
nes. Y ¿quién sabe si un fabricante de tragedias no fuese para 
ellos una especie de brujo? 

Eran serios, desconfiados, ansiosos de adquirir noticias raías; 
pero al mismo tiempo muy finos conmigo. 

De alli á pocos días se familiarizaron todos, y me pareció 
muy buena gente. La muger era la única que sabia conservar los 
modales y el carácter de un alcaide: era una muger como de 
unos cuarenta años, bastante seca de cara y de conversación, é 
incapaz de bondad para todo lo que salía fuera del circulo de sus 
hijos. 

Solía traerme esta el cafe por la maSana y por la tarde^ como 
igualmente el agua, la ropa limpia, etc. Acompañábanla por lo 
regular su hija, nina dé quince anos que sin ser bonita tenían 



ISO EL PBNSiMlBNTO 

SUS miradas un do sé qué de piadoso, y sus dos bijos^ el ynodi^ 
trece anos y el otro de diez. Retirábanse después coq su madr(^ 
y las tres caritas se volvían para mirarme al cerrar la puerta. Él 
alcaide solo entraba en mi cuarto cuando tenia, que conducirme 
á la sala donde se reunia la coúiision de mi interrogatorio* Lo$ 
secondini venian muy de tarde en tarde, porque tenían que vigi- 
lar los encierros de- la policía, situados en el piso bajo, dond^ 
babia siempre muchos ladrones. Uno de estos secondini ^vdi un 
viejo de setenta anos, peroauu ágil para aquella vida tan fatigosa^, 
reducida á correr sin cesar de arriba á baio, subir y bajar escale-, 
ras y visitar encierros; el otro era un joven de veite y cuatro á 
veinte y cinco años,, mas aficionado á relatar sus amores que á 
cumplir con su obligación. 



Sí: en efecto, los. cuidados que produce una causa criminal 
son horribles para un hombre acusado de crimen de Kslado. 
{Cónoo se teme perjudicar á los demás! [Qué de dificultades para 
luchar con tanta acusacioj^, con tanta sospecha! ¡Qué temor de 
que la causa se enrede cada día maá sino se termina pronlo, sí 
se hacen otras prisiones ó se descubren nueVaá imprudenciaá por 
parle de personas d^esconoctdas , pero qué pertenecen á junestro 
partido! 

He resuelto no hablar nada de política , por lo que suprimo 
tctdo loqne tenga relación con mi causa. Solo diré que muchjife 
veces, después de una sesión de algunas horas, volvió á mi cuarr 
to tan desesperado y furioso, que hubiera acabado coa mi exisr 
tejQcia si la voz de la religión y la memoria de mis buenos padres 
no me hubiesen detenido. 

£1 hábito á la tranquilidad que creí haber conseguido en Mir 
lan , me abandonó; por espacio de algunos días desesperé de volr 
verle á hallar, y para mí fueron terribles días. Dejé eni^onces de 
rezar, dudaba de la justicia divina, maldeci á los hombres y.al 
universo entero, rodando por mi espírítit cuabtps áófisaias hay 
acerca de la vanidad de.la virtud. . ' \ 

El hombre desgraciado y furioso de su infortunio tifíne n^icho 
ingenio para calumniará sus semejantes , y aun al mismo- Gria^ 
dor. La ira es mas inmoral, mas culpable que se ia cree en gor 
neral. Gomo no puede uno sonrojarse continuamente , y el ^Imt 
mas devorada por el furor tiene por necesidad sus botas de rer 
poso, estas horas uo pueden menos de resentirse de las anterio- 
res. En tal situación figúrase uno disfrutar de paz , peíx) ,esta paz 
eB maligna , es impía; es una sonrisa salvage, sin caridad^ siü 
dignidad > u» amor al desorden , ú delate , é la burla. 



r 



DB VALElíCti. 151 



En tal estado ][msába yo mis horas cantando con una especie 
át alaría ^ pero una alegría en un lodo estéril de buenos sentí- 
miéntos ; chanceábame con cuantos entraban en mi cuarto^ y me 
eisforizaba en considerar todas las cosas mundanas con una sabi- 
duría vulgar, la sabiduría de los Cínicos. 

Aquel infame tiempo duró poco: unos seis ó siete dias. 
' Mi Biblia tenia dos dedos de polvo : uno de los hijos del al- 
caide me dijo un dia acariciándome : «¿Sabéis lo que dig^o? que 
desde que no leéis en ese li braco estáis mas alegre.» 
— ¿COñqué así lo crees? ¿Eh? 

Cogí la Biblia, quiléla el polvo, y habiéndola abierto sin cui- 
dado alguno, fijé mi vista sobre las siguientes palabras : «Y dijo 
á su« discípulos : Es imposible evitar el escándalo, pero desgra- 
ciado del que le causa ; más le valiera ser arrojado al mar con 
uüa piedra atada al pescuezo, que no escandalizar á uno de sus 
hijos.» 

Admiróme el encontrar esas palabras, avergoncéme al pensar 
que aquel niño notase que yo no leía la Biblia, por el polvo qué 
solare ella habia , y me creyese mas amable por ocuparme menos 
de Dios. 

— ¡Picarillo! lé dije con amorosa reconvención ,. y afligido de 
haberle escandalizado, sabe que este libró no es un libraco, y dek- 
deque no leo en él soy mucho mas malo. Cuando tu madre te 
permitid estar un rato conmigo, hago por alejar de mí el mal hu- 
mor : pero ¡si tú supieras cómo se ampara de mi espíritu cuando 
estoy solo y tu me oyes cantar como un loco! 

El niño se ausentó, y yo esperimentaba un verdadero placer 
al ver de nuevo la Biblia en mis manos , y haber confesado que 
me habia hecho mucho mas malo. Parecíame haberme reconcilia- 
do con un amigo generoso á quien habia injustamente ofendido. 

¡Y yo te habia abandonado^ Dios omnipotente! esclamaba ¡y 
yo me habia ya pervertido! ¡y habia yo podido persuadirme que 
la risa impúdica de los sectarios de Antíslenes conviniese en mi 
desesperada situación! 

Pronuncié estas palabras con indecible emoción. Coloqué la 
Biblia sobre una silla , me arrodillé en tierra para leer, y á pesar 
de que yo lloro con mucha dificultad , me deshice en lágrimas. 

Estas lágrimas eran mil veces mas gratas que aquella brutal 
alegría : empecé á sentir de nuevo á Dios, y amarle ; arrepen- 
tíame de haberle ultrajado degradándome á mí mismo, é hice fir- 
me juramento de nó volverme á separar de él, no, jamás. 

{Ah! ¡cuál consuela y eleva el alma la sincera enmienda de 
haber faltado á la religión! 



192 EL PfiNHMlENTO 

Leí y llore más de una bora ; alzéme después lleno de üon- 
fianzá en que Dios estuviese conmigo y hubiese perdonado mi 
delirio: deéde aquel feliz momenlo mis desgracias^ los tormentos 
del proceso ^ y basta el casi seguro patíbulo me parecían poca 
cosa. Contemplábame feliz sufriendo^ porque sufrir con ánimo re- 
signado es obedecer al Señor. 

Por fortuna yo sabia leer la Biblia^ es decir ^ que no la juz-- 
gaba como en otrQ tiempo bajo la mezquina crítica de Yoltaire^, 
burlándome de aquellas espresiones que solo son fal3as ó ridiculas 
á los ojos de la ignorancia y de la mala fé , porque estas no son 
capaces de comprender su verdadero sentido. Representábaseme 
claramente como el verdadero código de la santidad ^ resultado 
exacto de la verdad: y conocía yo que la delicadeza que se ofende 
por algunas imperfecciones en el estilo^ es cosa antifílosóQca, y. 
muy parecida al orgullo de quien desprecia cuanto carece de for- 
mas elegantes. ¡Cuan absurda es la idea de que semejante colee*, 
clon de libros^ tan religiosamente venerandos^ careciese de un 
origen auténtico! Y ¡cuan evidente es la superioridad de estas 
santas Escrituras puestas en parangón con el Alcorán y la Teolo* 
gía de los indios! 

Algunos han abusado de ella^ algunos han querido convertirla 
en un código de iniquidades ^ en una sanción de sus infames pa- 
siones: de lodo puede abusarse^ es cierto^ pero ¿cuándo ba dado 
el abuso de una cosa derecho para decir que ella sea mala en sí 
misma? 

Jesucristo lo declaró. Tanto la ley como los profetas, esa ve-, 
nerable colección de libros sagrados-, todo se reduce al simple 
precepto de amar á Dios y al prógimo. Ahora bien, ¿por qué 
semejantes escritos no han de ser la palabra siempre viva del Es- 
píritu Santo? 

Una vez desarrolladas tales reflexiones en mi mentQ , con- 
cebí el proyecto de reconcentrar en la religión todas mis ideas 
. acerca de las cosas humanas, todas mis opiniones sobre el prT)- 
greso de la civilización , mi filantropía , el amor á mi patria , y. 
finalmente, todas las afecciones de mi espíritu. 

Los pocos dias que viví en el cinismo habian producido gran 
mudanza en mí. Resentí largo tiempo sus malos efectos, y me 
fue necesario hacer firme intención para combatirla y triunfar 
de ella. Siempre que el hombre se deja arrastrar un momento al 
envilecimiento de su inteligencia, á considerar las obras de Dios 
por el prisma engaQador de la burla , ó bien a desechar el bené- 
fico ejercicio de la oración , en ese caso el desorden que se mani- 
fiesta en su razón le amenaza á cada paso á terribles recaídas. 
Por espacio de algunas semanas^ y casi diariamente^ ocupábanme 



crueles ;peQ9amíeDtji^ d9 |Q^^uii^a4 Ips que óaj^ AevMliar tuve 
que. emplear (¡odsk la fiierM de n)i «s^nlu. / 



''tátik 



Luego que esta lucha hubo C6sado y me conceptuaba de nue* 
yo firme en la costumbre de alabar á Dios en todas sus volunta- 
des, disfruté por algún tiempo dq inefable. paz, Los interrogato- 
rios que cada dos ó tres días me hacia sufrlt la comisión, si 
bien siempre penosos para mí, non^e arrastraban yaá aquella 
cruel ansiedad. Procuraba en mi delióada posición no (altar á 
los deberes de honqr y de amistad, dicieado después: «¡Dios 
haga ío demás! » 

Fui de nuevo fiel á la práctica de prevenirme contra toda 
especie de sorpresa, de emoción ó cualquier género dé desgracia: 
ocujpacion que me ofrecía un nuevo encanto. 

Mi soledad empero se ^crecentaba. Los dos hijos del alcaide, 
queeñ un principio me acompaiiabán alguua vez , fueron desti- 
nados á una escuela , y permaneciendo por ' consiguiente poco 
tiempo en'&u casa, no me venían á ver. La madre v la hija^que 
cuando estaban los dos muchachos sóüañ pararse a hablar con- 
migOj^ ya no se dejaban ver sintí al traerme el café, desapare- 
ciendo inmediatamente. La ausencia de la madre me- era muy 
poco sentida, porque no demostraba un alma compasiva / pero 
respecto á su hija, sin ser hermosa, tenia cierta dulzura en sus 
miradas y espresiooes, que no dejaba yo de estimar; cuando al 
presentarníe el Café decía le he hecho yo me parecía siempre es- 
cdente, pero cuando decia lo hizo mamá eran lavaduras. 

Viendo tan de tarde en tarde criaturas humanas, dediqué 
mi atención á algunas hormigas que venían sobre mi ventana , á 
las que aiimeTitaba tan suntuosamente, que en breve trajeron un 
ejército de ellas, y llenaron toda la ventana. Llamaba igualmente 
mi atención una hermosa araña que tejia su tela en una de mis 
paredes; alimentábala con moscas y mosquitos, y se llegó á do- 
mesticar á punto de venir á mi cama y á mi mano á buscar su 
alimento. 

¡Ojalá no hubiese recibido visita de otros insectos! Pero por 
mi desgracia no había aun terminado la primavera, y los mos- 
quitos se multiplicaban atrozmente. El invierno había sido de 
un temple poco común, y después de algunos vientos de marzo 
llegó el calor con toda sií fuerza. Imposible es esplicaráqué 
punto se caldeó el cubil que yo habitaba; rectamente situado al 
medio día, bajo un tejado de plomo, con una ventana al tejado 
de San Marcos igualmente de plomo y cuya reverberación era 
terrible , me sentía ahogar. Nunca tuve idea de calor tan sofo- 

ToMo IL 20 



fliii BL FBIÜrÉllílBífTO 

cdtíté. AfiiOHáse á este suplíob tal calervft de ibosaBíUos , qoe pbt 
poco movimienlo que yo níete^é y los escttase cAbHaiiflíie de j^lés 
á cabeza: la cama, la mesa, la silla, el suelo, las paredes, la 
bóveda^ todo estaba inundado d^ ellos; y el ambiente copíenla 
ademas una gran multitud que se agitabaii sin cesar ^ iban y ve- 
nían hacia la ventana con infernal murmullo. Las picaduras de^ 
estos insectos son dolorosas, y cuando se íeciben en todósfoisl 
instantes del dia^ y bay que tener la continua molestia. de pencar- 
en disminuir «u número, no hay duda que ocasionan un^i;án^ 
tórmehto dé espíritu y de cuerpfl. ; , « í 

Cuándo á la Vista de tal a¿ote coiio<;i toda su gravedad > y no 
pude lograr se me mudase de local, 'vi renacer en mí cierta in- 
clinación al suicidio, y hasta tuve momentos en que creí perder 
el juicio; pero gracias al cielo duraron poco estos furores, y la 
religión vino de nuevo en mí apoyo: ella me pei;suddiá aue eí 
hombre debjB^ sufrir y auii sufrir con resignación ^ presentábame 
en niedio de mi dolor no sé qué especie de voluptuosidad la com- 
placencia de no humillarme y de vencerlo todo. , • / 

Decíame yo á mí mismo: ((Cuanto mak doíorosa^séa la vldá!^ 
((para mí, menos grande será mi espanto si, joven como soy^ n^e 
(( veo condenado al último suplicio ; sin estos tormentos {)rcfpara-| 
(( torios acaso muriera cobardemente, y ademas ¿qué méritos tetí- 
((go yo hechos pafa merecer la dicha? ¿dónde están misvirlu^; 
((des?» 

* m 

Examinándome coú justicia severa, solo hallaba e\í los anos 
de mi corta existencia un pequeño húmero de acciones algo dia- 
nas de aprobación: reducíase lodo lo demás á locas pasiones^' 
idolatrías;, orgullosa y falsa virtud. ((Pues bien, concluía yo, en 
((ese caso, sufre, hombre indigno^ pues que no mereces mejor 
«suerte; y si los hombres y los insectos te majian, efecto de su 
((Cólera no de su derecho, reconoce por lo ráenos en ellos lo^ 
(( inslrumeíitos de la justicia divina, y cállate.» 

¿Necesita el hombre de esfuerzos para mortificarse con since-^ 
ridad y reconocerse pecador? ¿No es por desgracia cierto que 
gastamos en general locamente nuestra juventud en vanidades , y 
que en vez de reunir todas nuestras fuerzas con el objeto de ade- 
lantar en la carrera del bien, empleamos su mayor parte en envi- 
lecernos? Habrá escepciones, pero confieso que no existen con 
respecto á mi mísera persona. Yo no tengo motivo para estar 
descontento de mí mismo: cuando se ve que una vela arroja mas 
humo que llama, no se necesita mucha inteligencia para decir 
que no arde cual debiera. 

Sí: sin envñecerme, y sin hacer el menor escrúpulo de devoto^ 
y considerándome con la mas completa paz de espíritu, me recono- 



V 



cia dígPQ de (ales Iñigos, üaa voz lak^ior me ideeia: estos 
tigds^de Di0s'te los láeredes p(Mr esto^ y sino par Id otrb. lOjafó 
-que ellos inclinen tu feoftizon hacia aq«¿el que és la perfecciotí 
mfsina, aqnel que todos los hombres^ segim la débil medida de 
sus fuerzas,' deben imitar! 

Y reconoeiéndooie yo. culpable de mil infidelidades para eon 
Dtos^ ¿coa qué apariencia de raso» me fiubiera quejado ú ciertos 
-hoiñkes^ eran Allefs á mis ojois^ y otros iigustos? ¿Por qaé hubiera 
yó de ISirtehtanne si las prosperidades de este mundo me sop 
arrebatadas, si por grados me consunio en esta prisión ó p^ezco 
de iquertié :VÍoleñta? Reflexiones ían ju^^ y verdaderas procu- 
raba yo grabar profundameate ea m corazón , y hecho: etíák, 
Teta ^ue era preciso ser contsecuente, lo «ual solo podia lograrse 
bemüoiénfdo los rectos juicios de DiOd^ amándolos^ y dominando 
tíri lüi interior toda especie de voluntad contraria • 

Con el objeto dé corroborar mas esta resolución, imaginé do 
alM en aidelante pasar . una rigurosa revista dé todos m» ^enti- 
nóentob escribiéndolos* Pero por des^acia al permitinne h coítai- 
fáoa tener pápd y tintero, contaba las hojas, pfdiibiéndome de*- 
fruyeáe alguna de ellas, y reservándose el derecho dé ínsneccio)- 
narlp^s de^ues dé estar escritas.. Piaira suplir el papel eche manb 
del iho^nté artificio dé igualar bien con un pedazo de vidrio la 
superficie de mi toaea mesa, escribiendo eadá áia sobre eib mis 
lai^s meditaciones acerca dé los debwes. del hombre^ y en parti- 
cular los mios^ 

No exa^ro nada si digo que Fas horas así empleadas me pare- 
cían deliciosas, á pesar oe lá dificultad' que esperimentaba en la 
jespírácion^ á causa del escesivo calor y las dolorosas pieadiMnas 
-de U)s fidcísquitds. Para disminuir el numero dé estos uttin^s4«v^ 
qpue cubrirme la cabeza y las piernas aunque me ahogase, y escri- 
bir no solo con guantes, sino con puños dfe punto que no dejasen 
exilracfo á aquellos insectos en mis mangas^ 

PftT el aiM^Tt 

A ApariH y fíúij(vrro. ; 



CRta. 



* . • • ■ * ' ■ ' ■ , '. . • 7 

si no tuviérai^os prueba alguna para Cjiril^icar, para corábatir, pa|w])iir 
eW^ ep una psdabir^ pontra m plaga d^ nue^bra éppc^,que ^e líam?^ el parr 



laneotnrismov háiétíá tion )p¿^úM i ttifeslp()i^^)Mrbiluálé» íeábtéd -Ú^ fiéd- 
iÚQÍtisi dpbiftú1tí^9Sjfesioó«s^elí€ongreso« Traiibase de diseílfir'el^iidiS- 
.méqqye la oor^ieion potúhvf^^,^i^\ efecta bi||x¡4 pijesentado comd Contes- 
tación al dUcursK) fégio de apert'iiic^pY varios 6eñor^$ d¡piitadp9 á quienes; sin 
duda aguijon^dBá la comeíoh de lá ím^iaciéncia, aprovecháronla ocasión,, no 
de examinar si dicha contestación respondía en su conjunto y esencial í las 
'palBibr«g<leS*^Atgy'fiítÍ6 desdar rienda stielt^ á sus pasiones. A^áádáse del 
..objetp pvineipáU queijaséisafter-quiéiiesforinabao lagenuina eomunioft o^á- 
servadoraysi k)S 1'2& ó los 118; si los que elevaron i la presidencia delCoif- 
gresQ sil Sr« Bravo Murillo, ó los qué sOstuvieroq ía candidaMir^ ministerial 
del Sr.'Mayans. ' ".■ ' ' . 

T para ello aprovecharon la posición especial del primerpí dirigiendo s¿(s 
tiros á la reforma que este distín^ido patricio había preseutíado en fós úlÜí- 
mosdiás del gabinete que presndia «n t8í&^. ' * 

Querían saber los de la minoría presidencial si los que hablan votadb 
alSr. Bravo, ló votaron como autor de laTefortiia; y para dio esiigicrn qule 
este señor esplicase francamente qué era io, que actualmente pensaba soj>re 
aquél proyecto que toda España pudo leer á sus anchuras en aquella época, 
porque é la verdad no se hizo de ello ningtin misterio. > ■ jl ' 

Tantagfueron, alfín/Ias alusionesqüe se dirigieron al Sr. Bravo' Mu^- 

rilla, qm «1 fin el presidente del coiigreso> abandonando ¡su silla en la sesión 

. del 30 de enero, ocupó la tflbuna paca desde alli poder ceiitestar con mas tiíf^ 

ridad, y calmar la ansiedad qu^ según algunos aquejaba á muchos señores d^ 

piítados. . . , 

El presidente de lá Cámara electitp tiene ta palabra fócil, pero !e es auii 

mas familiar el talento: asi es, que sin aparentar él satisfacer curiosidades 

. importunas, esplanó on sistema completo de gobierno. Sin embargo , rés- 

Ecto á'los proyectos de reforma que tantas alharacas promovían, el Sr . Bravo 
urillo respondió que solo entres casos consideraba obligado al. hombre 
político á dar esplícacion de su pensamiento , cuando fuese consultado por 
2$. M.; cuando aceptada la nüsíon de formar un gobierno se presentaba á 
los cuerpos colegísladores, y cuando encontrándose alfrentede la dposícioh 
tenía precisión de foirmular un sistema contra' el sistema que combate», 
^ucjra de ertos. tres casos, na consideraba el orador qite ningún dipuitadó vi»- 
.niese.obligaido de.dar espUcacion alguna sobre el sisten^. político qu^ le p^r 
recia maá aceptable ó mas provechoso i los intereses públicos^ j 

El Sr. Bravo Murillo no sé encontraba en ninguno de estos tres caso^. 

Después de contestar brevemente al §r. íllas, que le apélTídÓ «absolu- 
tista vergonzaRte>»—'partcenos que el Sr. Illas no ha estudiado lógica-— al 
Sr. Marl^ez d^ ^ ^oq^ .qi^ie|i aseguró que el silencio de los autores de la 
reforma estaban pesando sot>re la atmósfera, y al Sr. Lafuente— antiguo fray 
Gerundio«»que le amenazó con la imagen de la esfinge, el Sr. Bravo Mu- 
rillo recordó á los señores diputados el estado en que hoy se encontraba no 
solo España sino la Europa, amenazada por él socialismo, que no son otra 
cosa que la revolución; pero la revolución ciega, desatentada> devastadora» 
que nada respeta, que todo lo hunde, lo alto como lo bajo, lo pequeño coma 
lo grande, y para ello recordó los funestos incendios de Valladolid y de Fa- 
lencia, y últimamente los lastimosos sucesos de Andaluda. 

¿Qué se debe hacer, preguntaba el orador, para conjurar los gravísimos 
m^les que nos amenazan? En vez de ocuparse, anadia en seguida, en dispu- 
tas de puhtQs isécundaiííoá, dé política 6 de otrb pétíero, b esencial era con- 
tribuir todos y cada uno pbr ISti párté á formar un gobiei'nfo fuerte, estable y 



DE VALENCIA.' 15*7 

dtíf adéro^ i que se consólicle ' éií. tlspáña él orden; } que cesré el estado de 
agítacíOTí en qiic ños ericontrdtíiós; "^ á que liaya tranquilidad y estabilidad 
en todo* porque la sociedad Iiace mucho tiempo y aun hoy se encuentra fue- 
ra de su asiento. 

Para establecerla y asentarla sobre acidas y firoiM boaet , dice el señor 
Bravo que es indispensable que á ello tiendan ooostaiilémente lo» treA eler 
mentes permanentes ^e la 8ocieda4i y qve tienen sobre 'e]l9gran4e infkijo, i 
saber: la administramon de juitma, lureli^on'y laf^rM qrmadaf sin 
las cuales no puede aquella tener órdeft,:.n{ tranquiUdad ni «atabilídad. 

Pasando en seguida á hablar de la désamorti^don^eclesiástíca y citiI', 
S. S. dijo que siempre habia'considerado que én ün jpais católico, la iglesia 
no podiá menos de terier el derecho de a<lquírír; y qué lo que la iglesia ad- 
quirid en -virtud de este derecho, constiiuia una propiedad tan sagrada como 
k propiedad-de los particulares; que por consiguiente según todos los prínd- 
píos de moral y de ju^tiéia'no se' podía: éisponer de Ainguná manera ni por 
nadie la enagenacioif de esos bienes. Como eonséiduencia Inmediata de este 
principio, sostiene el* 8r.' Bravo cori fundadísima razón que solo la iglesia, 
egerciendo un ado dé dominio^ es la únfca que puede disponer la enage- 
nacion de esos bieúes ó convenir en ella, y que por lo'tanto noconvhiiendb 
aquenaásugéfe'supremóy viaibleen la 'tierra j no se paede'distermínar'iii 
proceder á la enágenadon. • - 

No podemos detéhernos én analizair punto por punto tas diemas partes 
que componen ekte' tan notable discurso, seria preciso trasórÍb(i1o todo en- 
tero £n el número inmé()iato daremos mas ampliamente nuestra opinión; 
por ahora solo nos cumple indicar que es en nuestro concepto infundada la 
opinión de S. á. en punto á que él país podiaí y debía pagar mas de ío que 
paga, porque queriendo vivir á la moderna lio habíamos de pagar á la an- 
tigua. S. S., empero, creemos que se confunde ó úo ha esplanadó bien sii 
idea: es verda<f qué él pais quiere vivil* á la moderna; pero quiere tedas las 
consecuendas dé esta vida, y para ello saerifícatia aún mas de lo qUe'enél 
dia sacrifica, pero pagar con esceso á la moderna como paga, sin téiier orden, 
i^i tranquilidad, ni seguridad, oi saber es qué se inviertan el fruto de sus 
sudores, es.masque doloroso, pesadoj hasta insufrible; dígnese 8. S. visüisr 
no las grandes ciudades sino los mismos pueblos , é : inquiera y pregante Sí 
se¡encuseDtran' no felices sino contentos con la suerte que se les hace y re^ 
cederá á . po dudar grao copia de desengaños^ Paguemos, enhorabuena; peiro 
razonablemente y loque sea justo; que no hay raz<»i alguna qué la almóslB^ 
ra, de la corte decrete é fu placer para entretener superfluidades lo que 
"^ tantos sudores cuenta al pobre labriego el reeoger.-Haya vida para todos; y 
•sobre todo sepamos iodos en qué se invierte nuestro caudal. Córtese esn 
^ag9 de la etn^eomanía v que como dice muy acertadamente el 5r. Bravo 
Murillo, amenaza con devóraitios; dése estabilidad y fijeza á los que sirvan, 
disminuyanse los emf^eadoíí^ y sobre todo nose dé entrada ¿ otr^ nuevos, 
que andando el tiempoy si anda asi, el encontrar un español que lo vhra ddl 
presupuesto será como el encontrar la piedra Qloaoíal. ' 

Por último el Sr.' Bravo Murilíó d vindfcarse del cargo de ábgolutistk 
de' que hablamos eíi ^utf principio, pronunóló las siguiéirteÉ frÉtséá que tras*- 
ládamos integriaS, peneque en mucho respotidéh y éstiSÁi deaicuerdo con los 
principios que cii eiíta RBt^TA véñimoé sustentaildo. . ' 

¡(Vb so;^ ^bsólátisti de un absoliitismp soló, nó rééotíoico ínas que el de 
Dios; porqué ef ábsbíutísmo de Í)ios es él ser ' nécetorio ^ de tín ser único> 




ie m ,,$iBr, ÍDÍÍjpitamepte sabio jé JRfiniUiHf nter juaiQ,. Perp.^^^e^.ijjjSíotr^s 
rporqueyo no,h*plb qe cijra^s.nsMJiOAeSj, no teqgp misíoo pfl^ra bó ,,xx.ijMi^do 
tampoco 4eci> que hay^.,una ^íSáseWpg^^ que s^a genei^)^ qué. $ea lfi~ 
única conveniente pára'tóoos los páiséis, hí puedo decir eso, ni es wi¡ misio^, 
ni lo tengo bastante estudiado] , hablando de España diré á S. S. que no he 
Mdo, bl soy, y «^^^«0 sér i^ib^iitlsltr. Las prnt^s^qUé ár.' $. eriHuéntf^ 
tlé qué'soy absolutista ^' fie (|Oé-tíidndb al abtsc^utikrh)^ esaés^táñ 'califica. 
€¡dñei$dfe é.^.Yost%Y*^em\^6p^ <íonventíIiii?ie*ito ypói'oi^iittízkcion, de 
lir a^bUrariedid^ 7 a»y «wiígo y partidario detjidido ,faitol>íen picff convenci- 
miento y poi< ^rgatiiáa^á^iiv >de^ tí l^aüdad . Yo quietó trono ^ un trono ftiéfr- 
te7;^IvtlX)ll|^reap€|tadel;.])erp no le qqíero arbitrári(^ ,.(le8p4ticQ y absoluto; 
jqiiiero.quetjsngareglas, y que no faitea ^^s reglas. ; ^ ;, ..* 

i{ Yoiqui^ro C6rte$^. |as lieqii^rido sien>pre, jamáá en ningún .pr<xyectp 
}ie propuestp nada oo{|ftiP9/8U existe^tcía. La9 ;iie querido , lasjqMíerp , y ,$ígi> 
queriéndolas» ppn ^n ^^a pr^tigio ^ con : graiidé autoridad^ Lo ;qi3ii^ he f^o- 
3adp alguna y;e^,,lp bj^ .penado enesa direccipii, y ccfii.fise^finf.p^QilovlMil- 
.b^rniie equiyoca4p en lo^.medjos, (4eso,eainiiy posí))loi 9HÍ.Iq$ aenpresidiputaír 
^03 loicrieenasii isea ep.btij^r^ bara,^és^. ppi; aeqtadQ«:¥p «Kt^defiendo esohlp 
..quQ si sostengo es que el tl^ á que se encaii^ínabaq era.á ^r pre9tigÍQ h las 
Qirh^.^ á , darles >aMÍ9rMÍ3id , Ji daries, respetabÚídfaid r ppy^que crepu por iin 
^pr^c^ia i ippr la .existencia jjp. \^ Ips^itu^iojaes ^ y .de-l^aG^rte^r^ jsi tienen 
algún peligro en España , que es el que puede nác^.dp sus propio^r^^^scesóa. 
Pa/ft^lvarlas^ y, par?i. que puedan ^er. fecundos los trabajos de las Cortes, 
jíarac0irisOTV¿rla3 instituciones y consieryar la ápcieiJad , ^' necesario qup 
tengan gran prestigio/^ no pdéílen teiile^rle cuando ^n sus.déliberdcioinej^ no 
hay el decoro quf? gebé haber iísi que, piénsenlo biep los señores diputados, 
porque yo , ^obre eso nada 'propongo , y nada habriá.que . proponer eij. estjp 
Aipmento. Sí Ujega el. casó, cuándo llegue ^ cuantío esta! cuestión qcupe al 
'Congreso ^ que se ñieáit^ bien éMa, y se tenga presente. » . ., . 

. Hasta^pi la discujsion scguija sif cui'sp tranqiijlo y la c^mar^ de^iputa* 
.'dos.nopudo menoi$:d^T<i?op¥oc^r.l^ verda4.de hs palabras que acababa de i^s- 
cujsbar, y asi lo manifesté ^p y^rÁo^ pasages. del discurso... , 

¿;; Empeco'no pareoe: sino que se esperaba k.oóndusion de cüaiitü ténifl 
•ü|iie:deo&.d presidente del la (¿mará, :{nira qijie algunos seooresse apresura- 
iKa« ;á4)e(|ÍF ia paihdirá , quifen para, mostrar sus opiniones , quien )pwk 
^antester cr^yÓHdece aludido .i EL 8r; Martínez de la RPsa y el 8r. Mon^; 
■fi;$V4 Raobés y el ^r.> Gonásblaz Bravo } :*el Sir. Coello >y el <Sr. - fistebati 
Oaltafites;;el ¿»rv Rios Rosas y el tSr. Lafaente ocuparoii Hl (loñgt^o t^n 
jiqu(4|a atísé^ñ y: qn las^ siguientes de cuestiones mas bien personales qií& 
d&interés general : hadiéndpse notar. oñite ellois el Sr. FemandeK^Negi^eté, 
¡antigutí y respetado roole^a^ dd 8r. Brabo MuriUo , iioíen no contento éotí 
dedtfrarqué él^Mnodérado, se hallaba hacia yatierapoea írsiteniaLeonséf- 
.4^10 €ion Jos ptogiesBtas, esdamáenuii rapto de poética docueneiaqud^los 
.iiOBibres^6«é véianinsGritoacn las paredes déla sala, se hallaban espnes»- 
!tos aUí.por conspiradores. Dijéralo & B. en boeo hora por algunos; pero^os 
parece que al oir seíu^aiíteafMtrofe, los nómbrese»' ios inmortates'Dai^lB 
y V}e]arije,vde<^lvarez y ds. Pali|(o^ se cubrirían el rp¡strp.pppr vei^enza, y 
se p^ar^/ia^iaQ^ ^tca. parte 4pn4e Ips Untaran mejor< :EÍ Sr. Fernandesi.Ni^ 
igreti^ olvidó .sip.duda . ^n- su potiiisiasaiQ parl^^ipntario^ qii^ los grilpa d^ 
aquellos héroes queseUa^j^.cpa siia^grpsu JMa^Qriilá patria nc^ jbie ptro 



^"^^ ?ii'í^ «viva el ll^y» .y q^ue Ip que np q.apriap?w ver humillada la 
noble altivez^ española jfcr 4aé^ plantel 



knt'^s de un estrai^^o ¡por atort^nadq que 



DK'VXLíitólA.' M 

lU^é. Es v^\ifá¿i qÍMf 9. S. ^esde sii tímoéi vp ¿n cíéftá Jiesipn eélebre 
parece <jue sé h^ jptijéto A c|erUiá aliicJliiíscíooes., : >. i : > 

. Al Gnt d^ndoée et^ictáineQ por imBcient^m^nie idi^cvtido fue aprobada 
^ yotfu;ipa QÓoiioal en la sesión, del di| 3 por 202 y9trs cojQ^a 4,V- . ", 

- Enf el Sellado hén principiado ya ips débales sobre iacoolestaolSD M 
disdirsa de la oóroB»7«s de e^rar aljenttidacl aspeolotqu» preseotaban eir 
los primeros días i fiase oirán «o la'alta'eénara iWreorímiriacionieS'y ani^ 
mósidad que solare el nii^o asúntd se han tislo en^eliCongreso. P^r «u^nt 
parte na podemos. menos de haoer ferrieotee voto» para. «¡ne los< represen* 
tantas de la nación en ambas cámaras sofoquen cuanto sea posible , y e« 
posible^ofobar/todos los reseDtimieBiosyanilneioneBipetooñales porp alen- 
deralgo mas á las necesidades del pais, que-mécho tiempo ha qae tiene te»( 
bre y sed de justicia, de páir y de buena.adsiiiiÍ8tsaoioii. ^ : 

^Por una real órdén reciente , S. M. se' ha servido anular el recargo ó 
aumento de dos por ciento sobre loa doce que por úba ley pesabs^ñ sobré 
la, propiedad territorial. Por nuestra parte no podemos mehoá de felicitar al 
señor ministro de Qacienda haya aconsejado á S. Al. una medida tan justa, 
y que nos prueba el respeto que el Sr. Sánchez Ocaña tributa á las leyes ' 
establecidas. La arbitraria decisión aconsejada por el Sr. Mon; causó' pro- 
fundo disgusto,; y dé seguro si el ex-ministro de Báeietfda á quien sti pe- 
queña colíQrt^ de amigos quiere hacer pasar por hábil hacendista , no tienle 
^n su imaginación mas recursos qué el que trató de plantear para aumentar 
los ingresos de un presupuesto ya tan crecido de suyo, puede colgar lá casaca 
y retirarse á descansar. És lo mejor que baria la lumbrera de Asturias. 
¡Ojala qué otro tanto hubiera hecho la otra antorcha de las tanontañas de 
CpyadOng^ , el profundo autor de las reinas-hembras. 

* ' ' * • * ' 

•*-Los despfichos telegráficos, ni aun las correspondencias que. se haareci«? 
bido dé la India* nada aclaran sobre )o favorable ó adverso de los acofiteci-* 
mientes deque es teatro aquel país. Descárese, sin embargo, al través 4e 
las declinaciones de los periódicos ingleses que el general en gefe. sir Colín 
CampbeU y les denlas gefea de división, impotentes -para tomar la oiensiva, 
se encuentran rodeados de numerosos cuerpos de insurgentes que. recorren 
el paisa sus anchuras,^ no dejándoles libre masque el terreno que pisan. 
Mas.de cien mil insurrectos ocupan el reino de Ouda, y apenas la Inglateni 
cuenta para someterlo mas que con algunos regimientos, diezmados cada día 
por las enfermedades y los ataques pareiales y casi diarios de las guerrillasf 
Preténdese que la sumisión de las colonias- inglesas es solo cosa de tiempo»; 
penotlos que<asi calculan afecten, no comprender ni la situación topográfica 
de aquel pais^úi la ej^ltanion, y mas que. exaliacion fanatismo que anima 4 
Ic^ rebelados; y se hacen, grandes ilusiones iMSeroa de la riquesa y de la fuei^fl 
de la Inglaterra^ De seguno la Gran^Brelada puede taoer tedavia esruen^sts 
heróicoft y reunir rasonablea recunsoa peouniariosc) no es de dudar atendida 
elamorpatrioiy lo celosos que se han «oostraido siempre sus hijos de su bueq 
nombre y poderío: pero tan^pooo es menos «íerto que esibasta cierto punUí 
impotente pana, sin recurso ageno , peder reusir y trasportar en unmo-r 
menlo.dfido una masa de hotttees: disciplinados tal, que subyugue con su 
fuensa^y. su. valor ^ laiueixa insurreccionada* Pod^á ser cuestión de tiem|H>; 
pero para nosotros y. pam tildes los qu€^ han seguido paso & paso la insur- 
rección de^e el priiiQ^r momento en que estalló, es cuestión de tiempo para 
perder su dominación én la India; y esto nos lo prueba que en los mismos 
despachos en que se asegura que todo está tranquilo, se habla de nuevos 



m 



^hfjm^m^ 



rjeg¡ra¡ento9 subjQT^os.y ^^.o^ps^me el gobierna sejh^j^sV? «P la neee^idafl 
dé desarmar para que po sigmesep «il e^^ 

T-Segua lasi noticias de los £stá(ÍpsTtJn((Ios de AÍnef ipa, parece que la cá- 
itó'ra de rfepr^séirtáíirtés' sfé'ocüpáen úri^ ciertas** 9ctós de corrupción 
electoral (jiiealfectáiíá varios dé süd mfebbrdsr.'])í£éáé'(jtie á consecuencia 
dellaiUtimaiCcísis conieilGial y dfe.las quiebrs^áqutí láíóclugar, diferentes ca- 
a»9 de DomercÍQ se vieifoo íorzadasde presentar sus libros á la justicia. Des* 
cubrios» por elíó^quehabia uoasoma dé ioobó millones .destinada á ganar los 
YOtos 4e*k« r^presentdotes para kicoofecdon^de-cíertas y deteráiinadas 
leyes. i|or ello ayunos periódicos eiaiBtñ fuertemente contra la coocusicm; . 
pero. ..»-■. ;^ • : - . • .' 1. '• 

. U\ presideoite de ils misma repúbliea Mr. Buc^iínam, que tan severa- 
BMoíe ha ccm/deeadq-en su último: moBságeiá las ¿cámaras las espediciones 
de los filibusteros, parece.-seguD cartas .'de aquel pais,, que no ha reouocía- 
do al, principio fde las anexiones que , como todo ^1 mundo recuerda y fue 
discutido y aceptado en la conferencia de Ostende', por cierto número de 
díplomáiicósamericanos» entré los cuales se hallaba Mr. Buchanam La di- 
ferencia está ahora éQ que no se apelará á la fuerza, sino á los medios pa- 
cíficos de las compras de territorios. En 1855j como se sabe ya, Mr. Soulé 
fué el encargado dé proponer al gabinete espafiol la compra déla isla de 
Cuba' y se asegura que este proyecto estuvo muy á pique de realizarse. 
Ahora sé dice que el actual presidente dé lá unión americana va á enviar á 
Madrid die embajador á Mr. Belmont ., representante de la casa de Rosts^ 
child en Nueva^Yórk, encargado, de proponer al gabinete español la venta 
de la perla de las antíllas. Créese en Washington que nuestro gobierno, 
apremiado por las dificultades, financieras de todo género que le rodean, 
no podrá resistir á las ofertas de los anglo-anaericanps, los cuales le per- 
mitirían salir de la deplorable situación en que se encuentra. Los norte 
americanos están dispuestos á na perdonar sacrificio alguno para obtener 
este resultado, sacrificando si fuese necesario hasta quinientoá iñiUones; 
Mucho dudamos, empero j que consigan lo que desean, porque de seguro 
el espíritu público se levantaría «b España contra cualquier gobierno que 
consintiese en semejante venta, á la que, por otra parte sé opondriaa 
también los gobiernos de Francia é Inglaterra. 

— ^^Valencia baila; es su época y baila en el Casino y en el Liceo y en la plaza 
de San Esteban , y en la Cofradía de los Sastres , y qué sabemos en cuantas 
partes mas; baila la juventud ; y se: entretiene la edad madura , y hasta se 
recrea la provecta, porque esta es^época de bailes y de conciertos y de coto- 
qoios duloesy de amores vecinoá de primavera. Adelante , ya que el mundo 
lo tiene asi establecido: que muy pronto, tal ^rez sobrado pronto paraalguaos^ 
resonaran en sus oídos aquellas memorables palabras todos los años repetí^ 
das y siempre olvidadas «acuérdate qué eres polvo» y entonces.'...: Entre^ 
tatito el magnífico' ayuntamiento faaeibndo, como si dijéramos > oídos d«$ 
mercader á las repetidas escitadíDnes* díe la prensa cotidiana , deja, las calles 
llenas de inmundicia , Hb abandodaá au completo descuido >. no se cuida de 
la poüíciá murfícipaly después de logra^estableQer el máocimum en los dere- 
chos de pueitás no so digna , como s0 dice ofreció^ publicar el manifiesto en 
el que se echara de-ver los- fondos qm recauda y las obligaciones que sobre 
ellos pesan. ¿Qué se hizo de aquella laudable costumbref de las cuentas mefi- 
8oaleB?(fNo merece el público UMummda de compasión? ' I 

. . JLt4t« Uiquél y Roca* 



I 



iHm PlJiLIGO. 



y 



El 8r« BraTH UCurlIlo» 



Y aquí me tenéis , lectores mios^ con la pluma en la mano y 
los ojos del espíritu en el Congreso^ dispuesto á escribir como en 
otro tiempo juicios públicos, bien que temeroso de que venga 
pronto para España un día de juicio. 

Otra vez se ban abierto de par en par las puertas del pala* 
ció del Espíritu Sanio.... ¡Que el Espíritu Santo se digne des- 
cender á su casa ! Bien sabéis que todos necesitamos de su luz, 
y supongo buenamente que también necesitan de ella los se&ofes 
diputados. 

¡ Batalla presidencial ! \ Gran batalla ! Al ministerio Armero* 
Mon se le mató en el fondo oscuro de la umcu Sus huestes 
rotas y vencidas— fracción moderada^ unión liberal, progreso-^ 
vieron con pesar y enojo sentado en el sillón de la presidencia á 
D. Juan Bravo Murillo. 

Y parecióles que estaba sentada con él la reforma de 1852. 
Un varón respetable por sus canas y amable por su corazón 

de niño, esclarecido poeta y hombre candido, no podía reco- 
brarse del pasmo que le causó la derrota. Como el Ayax de Ho- 
mero hubiera deseado caer lidiando á la luz, y no morir sin glo* 
ria entre tinieblas. Y pensaba entre sí , y le agitaba su pensa« 
miento como una pesadilla tenaz : si Isturiz adopta nuestro pro- 
grama, ¿por qué nos combaten y nos derriban los sostenedores 
de Isturiz? 

Y es que no veía , qué á pesar de palabras y aun de inten- 
ciones^ un agente misterioso empujaba á Mon y á él mismo hacia 
Yicálvaro , así como empujará a Isturiz hacia el Buen Retiro. 

Hubo quien se lo indicó ; pero el que se aventajó á todos en 
franqueza fue un hijo como él, é hijo mimado de las musas. Nos- 
otros, dijo^ echamos al gobierno por la puerta, ya que él nos que- 
ría echar por la ventana. 

Rugió al oir esto el Sr. Mon^ y estuvo á punto de turbarse 
la serenidad del olimpo; pero el Júpiter de la coalición , sino 
aplacó^ suspendió la tempestad con estas palabras: el Sr, Gam- 
poamor es poeta. 



162 EL PENSAMIENTO 

Mas cuantas una elocuencia persuasiva pudiera emplear, 
halagüeñas y dulces, no alcanzaran á calmar las iras rencorosas 
déla minoría vencida, la cual, trazado con profunda intención el 
plan, volvió á presentar batalla; y dirigióse con todas sus fuer- 
zas contra el presidente, faníaseaudo qué derribado éste y rasga- 
da su bandera se entregaria su egército á la confusión y á la 
fuga. 

Porque pensando que D. Juan Bravo Murlllo era la reforma 
de 1852, y que Narvaez y Sartorius y Campoamor y Borrego la 
combatieron entonces y ayer mismo no la aceptaban, creyó que 
si le forzaba á desplegar los lábios^'^con esto solo era hombre per- 
dido ; puesto que si defendia la reforma, se inutilizaba; y si aban- 
dooaba la reforma, se erapiequéñecía. . . 

¡Que hable, pues, el Sr. Bravo Murillo! Cuanto puede ha-, 
cerse para obligar á un hombre á romper el silencio, tanto se 
hizo.-, pero el Sr. D, Juan se resistia y callaba. ^ • 

Desconfiado tal vez de oir su' V055, el diputado Ranees se le- 
vantó y dijo en sustancia : pues bien/ que nó bable; mas cond^o: 
el Congreso los antiguos proyectos de su presidente.... 

Y decia esto Ranees en apoyo de una proposiciou que él. ha- 
bía firmado y ... ¿quién mas? ¿Quién mas firmó esa proposición? 
¡ Ah! ¡El Sr. Polo la firmó Cambien! y también la iSrmó el seBor 
Ferrer Plegaiftans. . 

Al oir el nombre de Polo— persona á quien de veras eátimo--- 
es fama que el Sr. Bravo, mirándole como atónito, murmuró en 
voz^baja: ¡Tuquoqueü! ; "-^ ' 

Al Sr . Ferrer Plegámans ño le conocía ; mas yo conozco y 
aprecio al diputado pof Réquená como buen caballero ; y me 
atrevo á decirle: ¿amigo mió del año 52, cómo andáis delbfázp= 
del Sr. Ranees en el año 58? 

^ A pesar, no obstante, del Sr; Ranees y su proposición, 
I>. Juan Bravo Mürillo- continuaba ¿aliando. 

Yo francamente encontraba dignidad en este silencio. Yo lo 
alababa en mi corazón, y es sin diida porque como .estoy tan 
cansado de oir hablar, vpfaria una estatua al hombre qué calla. 

La anligüedad hizo'nn Dios dá silenció, y hay ocasionen eií 
que dé buen grado colocarla én medió del Congreso la estatua de 
ese -Dios. •■ '' ■'^■'- ■ • ' "• '-'"' * ' • ^ ''■'•"/ 

' Quiero indicar algunas, aunque sea saltando por sobre el dis-' 
curso del Sr, Bravo Murillo.... Cuando los señores Nocedal y 
Mon yiCoelfo y no sé cuántos mas, se desataran en.... al puúto,^ 
al .punto la estatua del Dios etiniedío de ^llos;' ' * ^^ " 

* Cuando el SrVÑegcetei... ¡Dios mió, y es posible!,;. í)erd' 
olvidemos al nuevo Negrele, acordándonos de Negreteil anftigüo.; 



BB VALEI9GIÍ: 168 

¡Qaé cosas se ven , y qué cosas se oyen , y cómo al verlas y oir- 
ías desfallece el espíritu y llega casi á desesperar de la salud de 
la piatria I A veces sospecho que hasta el aire que respiramos 
está envenenado; HabIad^^ Sr. Bravo Murillo^ mostradnos la re- 
volución que amenaza terrible ^ que el Sr. Negrete atraerá las 
miradas de España sobre unas lápida? en que se inmortaliza lá 
flpiemoria de quienes no hicieron^ según su señoría, mas hazañas 
que la gloriosa de iDonspirar. ... 

Ahora recuerdo que el Sr; Gampoamor hablaba del enfermo 
que muda de postura para buscar alivio en sus dolores. ¿Este 
ebfermo es Es^ña? Pues hay días en que me parece que el en- 
fermo comienza a tantear con crispadas manos las ropas de su 
cama , indicio seguro de sü próxima muerte. 

Pero dejemos al Sr. Negrete y Dios que lo recoja^ y consin- 
tamos al enfermo del Sr. Gampoamor que mude cuanto quiera 
de postura, para ir dilatando su existencia doliente y trabajosa, 
y volviendo atrás digamos por fin^ que el Sr. Bravo Murillo dejó 
la silla de la presidencia y subió q la tribuna. 

Gonticuete omnes, inlenlique ora tcnebant, 

Y habló el Sr, Bravo Murillo:. 

Entiendo poco do política, aunque algo se me alcanza de 
abogacía. He defendido mil y mil. causas, porque conGeso que me 
lleva mi inclinación á sostener al débil y amparar al oaido, y 
por eso, ya que viene á cuento diré, que ahora , con otros ami- 
gos, me he encargado de la de una huérfana que tiene á su pa- 
dr^ en el cielo y á quien los hombres niegan en eí mundo su 
parte de herencia; de la causa, digo, de esa pobre y lastimada 
doncella á guien llaman verdad.... pues con ser yo abogado, que 
encanezco defendiendo causas, no he. visto jamás abogado mas 
?ibogado que eLSr. Bravo Murillo. 

Estaba sentado entre Narv^iez y San Luis y Gampoamor y 
Borrego;^ y tenía en frente á Martínez de la Rosa, buen poeta, y 
á Ríos Rosas, filósofo notable j y supo hablar cautivando la aten- 
ción general, y diciendo cosas que España habrá oido con gustOí, 
y Gopservando la mayoría, y quedando libre sin embargo para 
plantear mañana la reforma. 

Homero dormitó alguna vez, y una ó dos pudó acontecer lo 
mismo al Sr. Bravo MuriÜo; pero fuera dé estas pequeñas som- 
bras brilló su discurso por la habilidad, sin que esto sea negarle, 
otras prendas de precio mas subido. 

Yd, francamente, en algunos 'puntos hubiera deseado algo 
mas, V en otí'ós algo menos; pero no soy exigente, ¿ni quién pue- 
de andarse en melindres, cuando Galilina está llamando á nues- 
tras puertas? Oííé so aleje el enemigo que amenaza, y entonces 



iU 8L KN8AMIBNT0 

con mas sosiego acabaremos de oercaF de allísim^s siQi^las á la 
ciudad que boy está casi indefeosa. 

Entre Rios Rosas y Bravo Morillo bav diferencias notaUes. 
Como orador^ el primero es correcto y brillante; el segundo des^ 
aliñado aunque natural ; babla aquel tronando y no olvida que 
le oye la tribuna; ^ste conversa en familia^ sin pretensiones de 
aplauso^ pero como teniendo autoridad como ella. Rios sabe 
mas.... de teorías; Bravo de hombres; aquel imagina y éste vé. 
Pero los dos son hoy las personas mas encumbradas de ia Cáma- 
ra ; porque representan algo que no es lo existente. Lo existe^tia 
como está ya podrido^ apesta ; y- por eso casi todos^ huyendo de 
boy^ miran al ayer ó miran al mafiana. 

Uno de esos dos egregios diputados va hacia delante; otro 
hacia atrás. 

¿Quién va hacia adelante?... Oigo muchas voces que califican 
de necia la pregunta ; es claro ^ dicen ^ es claro que el que va 
hacia adelante es Rios Rosas.... y yo en voz baja les respondo; 
amigos mios, Rios Rosas vá hacia atrás^ y está el chiste en que 
él no lo sabe; el doctrinario elocuente^ el Guizot español, cuando 
habla^ se olvida de que vive en España.... el que vá hacia ade- 
tantOy esto es, hacia el progreso verdadero , y va sabiéndolo, es 
el Sr. Bravo Murillo. Y ahora reid..-. cuanto queráis.... hasta 
rebentar de risa. Nada me importa. 

Pero tú, oscuro abogado, y escritor aun mas oscuro, ¿pien-^ 
sas en todo como el ilustre presidente de las Cortes? 

Yo que no hubiera ^icho alguna cosa que él ha dicho, en 
muchas, en muchísimas, pienso como él; en otras no lo sé, por-^ 
que no sé ciertamente cómo piensa. 

Hombre político, presidente por el voto de fracciones que 
forman la mayoría, mirando en derredor y no viendo á mano 
)ioy por hoy otros elementos que los que entraña esa mayoría 
^ara elevarse al poder , aunque de natural ingenuo y verídico^ 
sospedM) que no ha podido descorrer todo el velo, que no ha po- 
dido decir toda la verdad. 

£1 sin embargo ha dicho: éyy h espalda á lo pasado, y miro 
sqIo al porvenir. 

pimples periodistas hemos dicho lo mismo nosotros. 
Itl se ha mosl,rado bueno para coa todos, pues que á nadi^ 
acusa de los males de la patria. 

Nosotros dijimos tanibien: todos hemos pecado; pitra que^ 
acordándose ^ue hablan nacido en una misma tierra, ijtadie piiH 
diera acusar a sq hermano. 

M, poniendia el dedo en la Haga , revela ü laal, el mal p&r 



L 



H VALENCIA. 1S5 

eaoelencia; porqae entraña todos los nmles, pendiente sobre Esr- 
pana y sobre el mondo. 

También nosotros, mofando cuestiones tontas, estériles, in*- 
dígnas do hombres graves, una vez y otra vez y siempre hemos 
puesto ante los 0J03 de todos ios espaBoles la gran cuestión que se 
agita hoy sobre la tierra, la revolución que la amenaza, la mas 
grande sin duda y la última quizá que han de presenciar los si- 
glos. ~E1 Anli-Cristo que viene á combatir al Cristo ---que viene 
á sublevar á las muchedumbres para que se apresuren á gozar 
sobre la tierra, ya que la filosofía les desheredó de su parte de 
cielo. 

Para oombatir á esa revolución , para volver la sociedad i 
sa asiento, porque la sociedad está fuefa de él , el Sr. Brava 
Nuriilo vé tres elementos de salud , la religión , la magistratura^ 
el egército. 

Esos mismos há tiempo hemos visto nosotros, y representan 
la fuerza de Dios, la de la razón , la de la espada. 

Buenas son las dos últimas ; pero la primera, es la primera. 

A ñn de que esta sociedad española vuelva á su asiento, 6 
como en alguna ocasión dijimos, á fin de que tras situaciones 
pasageras, turbadas y corruptoras, venga un estado permanen- 
tC) pacífico y bonancible, cree el Sr. Bravo Morillo convenientes 
y aun necesarias tres reformas ; una que evite los escándalos de 
ía discusión ; otra la perturbación social que el sistema electoral 
trae consigo ; la última en fin , esa lucha inmoral de ambicio- 
nes impacientes que se disputan los empleos del país. 

Nosotros hemos dicho á voz en grílo, que habia deHas ur- 
gentísima necesidad. 

Qberemos pues, lo que el Sr. Bravo ; que la sociedad vuelva 
á Stt asiento ; reconocemos que después de la religión , la justi- 
cia, el egército, y la estlrpacion d& causas que mantienen viva 
la^ discordia entre nosotros, y derraman por donde quiera la cor^ 
rupcion , son los grandes medios para llegar al fin suspirada. '■ 

K\ somos, ni podemos ser exigentes ; una larga enfermedad 
no se cura en un dia , ni en una hora se levanta un edificio. 

Damos pues.gracias al Sr. Bravo Morillo por el discurso que 
ha pronunciado. Mas rendido el bomenage de grattlud, lícito nos 
será repetir que hubiéramos deseado y aphudido, que el sefior 
Bravo dijese cosas que calló y callase alguna que dijo. No desr 
conozco, sin embargo, que uno es escribir como yo escribo IHiró 
como los vientos en el mar ; y otro hablar desde la silla de la 
presidwcia el bombre, que acaba de ser encumbrado á ella por 
el voto de cuatro fracciones, cmiprometidas y discordea. 

Esta situación embarazosa kubo de impedir al Sr, Bravo le- 



1<6 EL PBNSÁMIENTO 

"vahtarsá á una altura, desde la cual: dominando á todos los par* 
tidos, anunciara antes que el Sr. Verdugo, que estos no eran mas 
<(que retazos^ miembros desprendidos de un cuerpo corroído por 
Aincáncer desgraciadamente incurable»; que se hubiese • llamado 
•no ya conservador, sino simplemente español ; que hubiese con- 
;^ocado para trabajar en la obra sublime y salvadora , no al par- 
tido moderado á quien falta corazón ; no al partido progresista, 
á quien no sobra entendimiento^ sino á los hombres todos de bue- 
na voluntad , vengan de donde vinieren , y estén donde quiera: 
á la inmensa mayoría (!to lo6 españoles que adoran el altar de su 
Dios y aman el trono de sus Beyes, y que cierto no tendrán el 
mal gusto da: aborrecer ala libertad , siempre que no degenere 
en turbulenta y corruptora Ucencia. 

Seguro estoy de que el Sr. Bravo piensa como el que escribe 
estas líneas, ó por mejor decir, que el que las escribe tiene la 
Inmra (te pensar como el Sr. Bravo. Y debe saber que si por mala 
ventura no se remontara á más alta esfera > persistiendo en vivir 
Qq la menguada de un partido, llegando al poder, su obra sería, 
iporno todas las de partido, frágil y deleznable : y en breve apare- 
cería muy inferior al Sr. Bios Rosas, porque la política que este 
rj^presenta áe unión liberal , .es ñm menos infecunda que la po- 
lítiCii^ ^ unión moderada y qne aquel representaría..,. Esnecesa'- 
do, pues, subir mas alto para respirar aires mas puros ; es ne^- 
cei^río proclan^aü otra polítiea ^ que es la única' ver daderammité 
grjande y fecunda, la política de unión española.. 

Doy gracias también al Sri. Bravo, porque ha dicho la verdad 
al proclamar que la Iglesia es tan dueña de sus bienfes, como era 
de los suyos él mismo. Mas aunque sé que el distinguido pre- 
6i(}enle quiere para la Iglesia una dotación independiente y de- 
corosa ;:que jamás querrá qne; esté asalariada, ¡¿rque una Igle- 
sia asalariada es u na- Iglesia' ésda va; con todo¿ y. creyendo que la 
opinión queerailió,es lina opinión sincera y lealmente profesa- 
day yo me holgáí'a mucho de que'no> la hubiese emitido. 

Nada mas diré sobre este jimtb, sino que vueltos los ojos á 
Boma ó inclinada la cabeza, espero- oir la ,venerable voz del Su- 
cesor de S. Pedro. / ,' . t 

.1 Que hqible Roma y el pleito está fallado. Yo no olvidaré nun- 
0^ qiiela Iglesia conquistó al mundocou una€ruz de madera, y 
que no necesita de mas para salvarlo ; pero confesando ignorar, 
pejes lo que mas .conviene & k Iglesia^ oreoí saber lo quecon- 
ypndria.al Estado. t .: . ' : 

, : Le, convendría, que la Iglesia'poseyera bienes,. y que los po- 
seyeran las casas de piedad., Entre mil rasiones, porqne esos bie- 
nei^.cteAeoden nuestros bienes ; son <somo l^s obras avanzadas de 



DE TÁLBÜGIi. . 167 

Id ciudad y qUQ la Iglesia protege! con su anatema y d hospital 
con sus pobres. Mientras estén en pie ^ la ciudad no será ataca* 
da ; mas en el punto que desparezcan^ lo será^ porqué la revo- 
lución se encontrará frente á frente con la propiedad particular. 

Y pues he nombrado á Ja propiedad particular^ cierto que el 
anuncio de mayofes impuesto? y no habrá sido grato para lo» 
que boy se quejan y y no sin razón y de que es abrumadora la- 
carga que sustentan. Puede dudarse de que el Sr. Bravo se baya* 
mostrado háhil en este puuto ; confieso que ha sido franco y 
leal ; pero juzgo también que el temor á la gran revolución que 
vé inminente y y la necesidad de hacer todo linage de sacrifi-^ 
cios para evitarla^ oscurecieron algún tanto su clarísimo enten-*- 
dimiento^ y le llevaron : n^as allá de lo que tenia necesidad de 
decir^ y probablemente de lo que tendría^ siendo ministro^ nece- 
sidad de hacer. No se paga á la antigua ; se paga muya la mo* 
derna ; y con lo que se pagít y con algo meóos/ podríamos vivir, 
no sé si á la moderna ó á Ja antigua > pero modesta, decorosa y 
dignamente. 

Que se eviten los escándalos de kt discusión ; que se extirpe 
esa fiebre pútrida que ttae consigo el sistema electoral ; que se' 
ponga dique inquebrantable á la empleomanía que todo lo inva- 
de y perturha : que sepan cuánto^ han nacido en España y y á. 
quienes alumbra un mismo sol ^ que solo dá derecho á los em*^ 
pieos la honradez y la capacidad^ y á h)s ascensos la antipue-^ 
dad y los merecimientos; ¿quién duda que es convenientisimo^ 
y aun necesario para acometer la grande empresa de volver á su 
asiento á la Si)ciedad7 mas nosotros conformes en la necesidad 
de estas reformas, según hemos escrito mas de una vez ^ desco-^ 
nocemos los: medios de que /llegado el caso^ piensa valerse el se- 
ñor Bravo Murilk) para eviliu' el mal y poner el pie al menos en 
el camino del bien. - , 

Nosotros hemos creído, que por punto general debia entrar-^ 
se en las carreras por la puerta de la oposición: y no. tenemos 
razón ninguna para afirmar que el Sr. Bravo Murillo opine de 
un modo contrario. > : 

Nosotros hemos creido,. que para calmar la guerra delospari- 
tidos y atacar á. la 'corrupción en su nacimiento^ convendria aou^ 
dir á la insaculación para nombrar Ayuntamientos al menos en^ 
sus doS| terceras partes., las cuales, eligiendo la restante, comple^' 
tarian el cuerpo municipal;; medida abonada por la esperienciaf 
de muchos siglos, náéida del setio de nuestras antiguas liberta- 
des, yque sdo ^^jó- dee;:£istir ení estos: reinos con la muerte da 
sus fueros venerando^, 

Y estb^que hóuossostenií^^coIisio útilísimo; y pairado éomo 



1B8 EL PSNSJLMIBNtO 

Gimiento sólido de uuion entre los espaOoIes^ hoy divididos^ en 
Bingusa parte del discurso del Sr. Bravo Murillo se vé contra- 
dicho. 

Para la designación de diputados á Cortes quiere el señor 
Bravo pocos electores^ buscando la verdad con ahorro del cami- 
no; somos del mismo parecer^ pero deseando que se busque 
estos electores en los individuos de la Diputación de la provin- 
cia ; bien que antes ha de rodearse de prestigio y autoridad á la 
Diputación : ha de representar esta la propiedad , el comercio^ 
las ciencias^ las arles^ la industria , lo que hay de mas noble y 
elevado^ de mas respetable y respetado en la sociedad ; en una 
palabra , renunciándose á una eíxagerada centralización , debe te- 
oer la provincia una libertad racional para entender en sus pro- 
píos intereses ^ y no debe llevarse á Madrid toda la vida , lodo 
el dinero, toda la corrupción y todo el odio de las de España. 

La Diputación , pues , de la provincia asociada de un núme- 
ro igual dé ciudadanos que representen todas sus clases^ elegirá 
dignamente á los diputados de la nación. 

Y esta elección será acertada y respetada ; y no lo seria pro- 
bablemente^ si la hicieran 500 ó 1000 electores. En el primer 
caso parecería ^ y seria verdad ^ que la provincia elegia sus re- 
presjeotantes; en el segundo^ que los elegia una oligarquía con- 
tra la cual siempre esiaria á punto de enarbolar la revolución una 
bandera que no seria impopular* 

En punto á Cortes^ cansados estamos de decir, que queremos 
Cortes. En España las ha habido por siglos; pero como en mate- 
ria de gustos cada cual tiene el suyo, á nosotros nos parecen 
bien diputados independientes y sesudos^ que vayan á Madrid á 
espooer las necesidades de la provincia, que digan la verdad al 
Monarca y le aconsejen y ayuden Jealmente; pero no nos gustan 
diputados ambiciosos ó serviles que vayan a Madrid á convertirse 
en agentes de negocios ó en tribunos turbulentos^ estorbo con- 
tinuo ó perenne amenaza contra todo gobierno. No nos agradan^ 
francamente, los sistemáis de equilibrio y balancín, raquíticos en^ 
gendros de tierras estranas^ porque nosotros somos muy espa- 
ñoles. No nos agradan , francamente , repúblicas vergonzantes, 
porque eso es indigno de hombres graves y de pechos genero- 
sos. Pues que Dios no ha criado á España para república, quo* 
reiSios la Monarquía; pero que el Trono esté muy alto y que las 
Cortes sean dignas del Trono y ^ú país. 

Yo os vuelvo á dar gracias, Sr. Bravo Murillo^ porque según 
parece queréis lo misinof y si llega el caso de que la voluntad de 
S. M. la Reina os eleve al poder, nosotros pediremos á Dios que 
€6 alumbro para que^ tratojando por volver U satieiad á $u 



DE VALBNGli. 169 

asiento y planteéis un sistema que la Espafia anligaa y la moder- 
na puedan acqptar. Ya sabéis^ para levantar el edificio^ quién os 
puede proporcionar materiales ; catorce siglos los ban recogido. 
Esos materiales son de muy buena calidad^ y construido de ellos 
el edíñcio^ resistirá al'furor de las tempestades*... Bueno y justo 
será^ que el edificio esté decorado conforme al gusto moderno. 

Procurad^ si^ que sea espacioso para que en él quepan todos 
los españoles de buena volunlail; procurad sobre todo que haya 
habitación decente para los mas desgraciados^ para los pobres. 
A este propósito recordaré las belfóis palabras que pronunció 
vuestro digno rival el Sr. Rios Bosas^ por las cuales yo también le 
felicito y yo y admirador de su talento y honrador de su buena 
fé; pero no amigo de su sistema.... ((Así como la divina doctrina 
de Jesucristo^ encamándose antes de ahora en ellas (las leyes) 
ha destruido la institución de la esclavitud primero^ y después 
la de la servidumbre , así encarnándose en las instituciones mo- 
dernas^ podrá irse atenuando cada día mas la mala suerte de los 
pobres, y reduciéndose el pauperismo.... Y si bien esta clase 
tiene en los pueblos cristianos y católicos ademas del trabajo, mil 
instituciones de caridad que le ayudan física y moralmente, que 
le prestan socorros mas eficaces y ausilios superiores á los quo 
les I proporcionarían todos los utópicos ensueños , el hecho es^ 
que todavía queda mucho que hacer á los gobiernos en favor do 
esa inmensa clase....)) 

Y esto es verdad.... pero basta por hoy; pongamos ya 
punto , despidiéndonos con solo una palabra de nuestros 
amables lectores. Yo comencé, lectores mios, á escribir un 
juicio público con el propósito formal de solazaros un rato, 
mas lo que se ha escapado de mi pluma, no sé qué título me- 
rece; sen liria haberos proporcionado, en vez. de solaz y- esparci- 
miento, tedio y fastidio. Yo que lo tengo de toda cosa cjue hay 
debajo del cielo, pero que amo ardorosamente á mi patria, aca- 
bo de ver una esperanza y he fijado en ella mis ojos y mi espí- 
ritu.... ¡Plegué á Dios que esa esperanza no se estinga!! 

A. Aparisi y Guijarro. 



Discurso del Sr. Rios Rosas en la sesión del 3 de los corrientes. 

Al niedilado discurso del Sr. Bravo Murillo, contestó el 
Sr. D. Antonio de los Rios Rosas, pujante orador y digno adver- 
sario del autor del proyecto de rfefiorma. 

Tomo II. 22 



170 EL PBT9SAMIRNT0 

Conoce como iodos el mal y traía de curarlo y propone su 
sistema y sus ideas; pero con su sistema y sus ideas nos parece 
que se alejará en vez de acercarse al término que apetece. Exa- 
minemos brevemente su^liscurso. 

((Deseo^ dice^, para bien de mi pais^ que se constituya un 
«partido medio capaz de gobernarle, porque solo puede ser go- 
«bernado este pais por un partido medio.... y á fin de no ser un 
«obstáculo á ningún experimento ni ensayo que se hiciera en 
«este sentido^ pensé y dije que me apartaría á un lado, me 
« obscurecer ia cuanto fuese posible para no estorbar ala elabora* 
«cion de. este partido medio. 

De modo que en opinión del Sr. Rios Rosas, España va á 
ser feliz si se forma un partido mas, nn partido medio ^ como 
sino hubiera hartos partidos enteros de sobra. 

¡Ay ! ocurreme á mí, pobre pecador, que no entiendo qué 
significa ;?ar/írfo medio. ¿Es que ha de reclutarse entre las cla- 
ses medias? ¿Es que no ha de ser socialista , comunista, demó- 
crata, republicano, progresista, moderado, monárquico, ni abso- 
lutista; sino un medio entre todos ellos? 

. El Sr. Ríos Rosas olvida que la fuerza de atracción y absor- 
ción de los cuerpos menores por los cuerpos mayores, son leyes 
de la naturaleza, y que cuando el partido embrión del equilibrio 
empuñado el tiento huyera de la sartén, caería en las brasas. 

Si este pais no puede ser gobernado mas que por ese partido 
medio que ha de crearse todavía ; es probable que antes de que 
exisla con fuerza suficiente para ello, se nt)s haya llevado á todos 
la trampa. 

Si ninguno de los actuales partidos puede gobernar, lástima 
que el Sr. Rios Rosas lo haya intentado en época no lejana, lu- 
chando con un imposible por el reconocido. 

Creer, sin embargo, que seria feliz España si se atreviese á 
hacer un nuevo experimento y un nuevo ensayo, cuando han fa- 
llado todos los ensayos y experimentos hechos hasta ahora , es 
mucha candidez en un hombre tan político como el Sr. Rios Ro- 
sas, y arrogancia sobrada el darlo por seguro. 

Infiero pues de los párrafos transcritos : que la creación de 
un partido nuevo para hacer feliz á España , es aquello de a al 
que no quiere caldo, taza y medía.» 

Que ese partido medio no existe , y que el tratar de crearlo 
no es mas que un nuevo experimento, un ensayo en el anima 
' vili de la Nación, una probatera para darle la felicidad, y pása- 
me por las mientes que á la felicidad de España ha de sucederle 
lo que al soneto de tope , que todo se le fue en probaturas. 



• DB VALENCIA. 171 

Qae el Sr. Bios Rosas no pertenece á ese partido medio, 
puesto que para no estorbar á su creación quiere apartarse y 
obscurecerse cuanto le sea posible ; y lícito es sospechar que no 
valdrá gran cosa el partido del que el mismo fundador huye y se 
aparta. 

Mas no basta en concepto del orador la fórmacion del partido 
medio, se necesita ademas la inmovilidad de las instituciones 
(tporque se ha dicho , y con razón, que la constitución de los 
«pueblos^ que la constitución social y por lo tanto la constitución 
«política^ varía cada siglo; pero no se ha dicho ^ ni puede suce- 
(iáeVy ni sucederá, que- varíe cada cineo^ cada diez años.» 

Me lavo las manos; pero en esto á la experiencia me atengo^ 
y la experiencia me dice que desde el Estatuto Real , hasta hoy 
dia, no han pasado seiscientos auos^ y sospecho que se ha mu- 
dado ó tratado de vanarse cinco 6 seis veces la constitución polí- 
tica de EspaSa, de lo que podría informarnos el mismo ex-minis- 
tro, cómplice, autor ó gefe, de no sé qué acta adicional que me 
zumba por los oidos. Y si ello es cierto , con perdón suyo afirmo 
que se ha dicho > puede suceder y ha sucedido que cada cinco,^ 
cada diez años se varíe la constitución política> y por lo tanto la 
social despueblo Español.... en el papel. 

Y para remedio de estos males, hijos legítimos de lo mucho 
que se discute lo que debia ser indiscutible, de la afición quo 
cunde á realizar proyectos descabellados y teorías brillantes, á 
convertir la política en ciencia al alcance de todos; se aferra el 
Sr. Ríos Rosas en defender «la publicidad de los actos^ palabras 
y votos de los Diputadost^)) 

Yó también digo que es muy buena y muy parlamentaria la 
publicidad; pero hablemos, lector mío, di(\ní internos. ¿Para qué 
sirve la publicidad? A fé mia que para mal. ¡Cuántos Diputados 
que si las sesiones fueran secretas obrarían de otro modo, van 
al salón no á discutir sino á hablar; no á aprovechar el tiempo, 
sino á lucir; no á acertar, sino á brillar; no á exponer razones, 
sino á buscar argumentos de relumbrón que encandilen á los 
oyentes; no á convencer^ sino á persuadir. 

Si de cuando en cuando^ á manera de teatro , se oye un 
bicuj bien, se anima; si bravísimo, muy bien, se entusiasma; 
si logra un aplauso^ se arrebata; si el Presidente se vé obligado 
á mandar que se despeje la tribuna , llega al colmo de la fe-« 
licidad. 

Y los oyentes ¿quiénes son? ¿Son por ventura los oledores? 
Si como los enemigos del sistema parlamentario dicen (¡guárde- 
nos Dios de creer tal cosa ! ) los Diputados todos se eligen en 



172 EL PENSÍlMIENTO 

Madrid, podría ser. verdad ; pero lo cierto es que los electores, 
la inmensa mayoría de los electores, ni presencian, ni sal)eD, 
ni. se cuidan de lo que dicen los Diputados, 

Podríamos afirmar sin temor de equivocarnos que noventa y 
nueve centesimos de expectadores se componen de hembras po- 
litiqueras, de caballeretes desocupados, de menestrales que no 
tienen una afición decidida á estar todo el dia manejando la lesna 
ó el escoplo, y que bvi^can funciones gratis, emociones degrue^ 
so calibre, sesíoues animadas en que los Diputados se digan <(mas 
eres tú.» Trátese de aunpieotar el presupuesto en doscientos mi- 
llones^ ó de aprobar diez ferro-carriles, quince canales y veinti-. 
cinco reglapaentos, las tribunas vacías : se sospecha s^lgun escán- 
dalo, aunque no sea mayúsculo. Heno completo. 

Y es cosa que pasma el que si en mi casa tengo que tratar 
un negocio grave con. personas graves, le diga á.mi muger: 
«hazme el favor de entretener á los chiquillos y que no alboror. 
«ten, y si vienen visitas di que no estoy y que me dejen solo,» 
y me retire al despacho y cierre la puerta ,. y me incomode el. 
menor ruido; y sin embargo cuando se han de tratar los nego- 
cios graves.de la nación, amen los hombres graves la publici- 
dad, el ruido, damas que les miren, ociosos que les oiigan, pú- 
blico que no les entienda y que les victoree y que les ^ijbe y que 
les obligue a decir: «Señor Presidente, ya me aplaudirá^ cuandp 
diga algún disparate.» 

Dame á mí el corazón que en sostener la publicidad, tanto 
como el régitnen constitucional se interesa la vanidad del orador, 
sea esto dicho sin ofensa de los que la sostienen: sentiríaló en: 
gran manera , y naal harían en ofenderse , cuando guardando 
siempre el debido respeto ajos cuerpos . colegisladores , opina, el; 
Sr. Ríos Rosas que la. ley actual de imprenta es absurda, en lo . 
que si fuerji yo Diputado le daría la razón , guardando también 
el debido respeto á los cuerpos colegisladores que Ja votaron. 

Parécete al . robusto atleta parlamentario que suprimir esta 
publicidad, es suprimir de hecho la intervención del pueblo en 
el Gobierno; «porque es quitar el constante cámbio'y comercio de 
iíjeas y la correlación íntima que existe entre el Diputado y el 
eleptor.» 

. ¥ paréceme á mí que suprimir esta publicidad és suprimir la 
causa y/ ocasión de muchos de los males que proddoe el parla— 
menlarismo; que la misma intervención en el Gobierno tiene el- 
pue^Q^j porque oigan las sesiones un <;en tenar de curiosos cor- 
tesaniQ^qiae vana (malar el tiempo ó á huir del ti^abajo; q.tie^sí 
aiitteUosjiüesQn .á:jtomar el soLáJaicalLejde Alcalá, y estos. á su 



BE VALBKCU* 173 

easa á calzar el tiraptó y á emjpuSar Ta garlopa : que es ridículo 
suponer cambio de ideas' entre ei Diputado y los electores que en 
su mayor parle como dice después el orador, «no tienen la ne- 
«cesaría inteligencia para usar del derecho electoral y material 
/(mente casi ignoran lo que se hacen cuando se aceroau á las ur*- 
unas;» y que los electores inteligentes pueden tener el cambio de 
ideas y correlaciones íntimas con su Diputado^ sabiendo por el 
extracto lo ^ue éste ha defendido. 

Y no para aquí: desconociendo que el origen del mal está 
en la esencia del sistema^ en que las elecciones/ según el método 
vigente^ son una perturbación social, una lucha entre el Gobier** 
no y los electores; piensa que mejoraría el estado del pais si la 
cuota fija que se exige para ser elector se convirtiese en cuota 
movible, mas alta para los dudadarios^ menos para, los labriegos^ 
tan honrados como aquellos^, y mas independientes é inleligen* 
tes en su concepto. 

Desgraciadamente í perro viejo no hay tud tu» : los labriegos 
imaginados por el señor Ríos Rosas sefánmuy inteligentes^ mu-» 
chísimo ; pero la mayor parte de los que conocemos por acá, lo 
son tanto como aquellos ciudadanos «que materialmente casi ig* 
«noran lo que se hacen cuando se acercan á las urnas.» Mucho 
temeríamos, si fuésemos capaces de temer algo, que en manos 
del gobierno esa tripa de Jorge llamada censo movifaie , sirviese 
solo para acrecer los abusos que en su severidad de principias 
trata de evitar el dignísimo Diputado. 

Y truena con voz potente contra la movilidad de los emplea^ 
dos y contra la exajerada centralización como causas gravísimas 
de nuestros males, sin querer ver lo que hoy dia ven todos los 
hombres no ciegos por el espíritu de partido, que son launa y 
la otra, consecuencias precisas de los principios doctrinarios, déla 
variación continua de Ministros, de su responsabilidad absoluta: 
y se embravece contra los efectos y respeta las causas , y quiere 
hacerlas aun mas eficaces^ dando mas ensanche al sistema. parla- 
mentario. ¿Si queréis cortar las ramas , por qué cuidáis cariño- 
samente al tronco? ^ . 

Y al mismo tiempo que exponía estas ideas, atacaba al señor 
Bravo Murillo^ que decia : «yo no quiero hacer ni haré jamás la 
«oposición á ningún gobierno conservador.»— Pues V. se la ha 
«hecho al Ministerio del catorce por ciento j áe la manera mas 
«radical , y mas enérgica y mas solemne que se pueda hacer la 
«oposición con el soló acto de haber sido elegido presidente del 
«Gbngreso contra el ^candidato ministerial.» 

Y no deja detenerraiion^el señor Rios Rosas, aun cuando' 
el señor Bravo Murillo sea en esta ocasión el Héroe-p^tf^er^a, 



17i Bt PBNSAMIBNTO 

Ó haga lo que Galatea «et fugit ad sálices ^ et se cupit ante vide- 
ri » y el Congreso represente el papel de Dámelas. 

((Yo no sé lo que baria si llegare á mandar», proseguía Don 
«Juan.— Pues V. tiene obligación y eslá en el deber siempre, á 
«todas horas^ de profesar una opinión fija y formulada enlama- 
«teria.» 

En honor de la verdad paróceme un poco demasiado exigente 
su Señoria, cuando no hay un hombre, ni un partido político, que 
mas ó menos, no haya modificado sus primitivas ideas. 

Y acometedor y acometido convenían , en que era menester 
que los propietarios pagasen mas. 

Nuestros bolsillos escandalizados ^ se replegaron llenos de do- 
lor al rincón mas oculto del escritorio. 

Y también estaban acordes, e^ que era indispensable que 
pocos, muy pocos empleados excepto los Ministros se sentasen 
en aquel sitio. 

Olvidaban sin duda entrambos períoclilos varones, cuan dul- 
ce es votar el presupuesto, para isomérselo después. 

Tal fué el discurso del Sr. Rios Rosas en la sesión del 3 de 
Febrero, elocuente como suyo y á la altura de su merecida repu- 
tación. Al oir al austero republico indicar la enfermedad y las 
llagas que hondamente afligea á la sociedad española, concebimos 
la grata esperanza' de= que con su^ indisputable talento y patrio- 
ttsn)o^ no equivocará los; medios con el fin de su política, y si 
llega á mandar mejorará la situación del pais atacando la causa 
de los males que le trabajan aun cuando para ello tenga que re- 
formar sus teorías y dejar á un lado sus doctrinarias ilusiones. 

'^ León Galindo y de Yera. 



Sobre el estado actaal político de Espaftst 



ARlfCTILO 3. 



o« 



((Ningún poder quiero que sea ilimitado ni absoluto ; ni él po- 
der real , ni tampoco el de las Cortes del reino : » y al espresarge 
asi el Sr. Tejada en la sesión del Senado del 23 de Mayo último, 
deseaba también la limitación é independencia de todos los agentes 
del Gobierno. . : 



in TALBNGIA. 175 

Esta manifestación era la espresion social del país , y de toda 
la humanidad : como á fiel recuerdo dé los preceptos eternos del 
orden moral, un eco universal contestaba— también yo la quiero, 
escitado de un convencimiento interior , de cuyo origen no hallo 
otra fuente que la de la inspiración divina. — Hé aqui la proscrip- 
ción de la omnipotencia social , la idea universal del derecho pú- 
blico, de los atributos de todo poder , la necesidad de que apa- 
rezca benéfico , ordenado , independiente y limitado. 

Pero estos atributos perdieron toda su influencia, rota que fué 
la unidad religiosa por el protestantismo que á su vez acabó con 
la unidad política ; y como desde esta época carecen las naciones 
de un vínculo común, sin otro principio conservador que el de sus 
respectivos intereses; no tratan de formar la sociedad con sus 
verdaderos elementos , les falta la palanca advertida por Bonnald, 
y viviendo unas respecto de otras en un estado de independencia 
salvage , según espresion de Lamennais (1), hállanse los estados 
en una lucha perpetua, no existe derecho púMico oue asegure la 
estabilidad y sucesión^ de las familias reinantes con la designación 
de los límites de su autoridad j y no es estrauo que si el germen 
de las revoluciones intestinas está en los deseos sobreescitados de 
la muchedumbre por los Tribunos que las esplotan y benefician, 
como dijo el Sr. Donoso Cortés, se sucedan las revoluciones á las 
revoluciones , los alborotos á las sediciones y la incertidumbre al 
desorden. 

¿Será posible que todavía se desconozcan verdades tan sen- 
cillas? Si la sociedad del hombre es un estado de orden, y univer- 
sal, la erección de una autoridad suprema , ¿ cómo no convenir en 
que todo poder debe ser limitado para ser legítimo, y que no será 
estable careciendo de unidad y de segura sucesión? Estas condi- 
ciones hacen pues necesarias de suyo las funciones también limi- 
tadas é independientes de los cuerpos ausiliares para ilustrar su 
dirección, sostener los pueblos bajo el justo imperio de las leyes 
civiles y á las naciones fraternizadas por los vínculos sancionados 
en el derecho público. 

No presenta efectivamente la tradición pueblo alguno sin el 
concurso moral de los cyerpos ausiliares que amaestrados por la 
esperiencia, constituyeron el elemento constante de su institución 
social : llegó tiempo en que la ilustración se propagó aumentán- 
dose el número de hombres inteligentes , y al reformar antiguos 
Gobiernos , desconocida que fué la unidad religiosa , se confun- 
dieron desgraciadamente el origen y atribuciones de los cuerpos 



(1) Tratado de la Religión considerada en sus relaciones con el orden 
poL'tico y ciyil. 



176 EL BBMSJ^VfElErO 

ansüiares ^levándcdds al rango de legisladores absolutos rompien- 
do asi la unidad cítíI. Si este mievo paso fué un progreso en la 
ciencia social , la esperiencia de los sistemas ensayados ha de- 
bido manifestarlo. La verdad que palpamos es , que en todas las 
naciones existen dignidades emiueirtes por sus servicios , talentos 
y virtudes, en quienes se supone la superioridad de conocimientos 
é instrucción ; y que si estas personas son postergadas por* las 
aclamadas por él mayor número de ignorantes confiriéndoles ade- 
mas una potestad omnímoda ; resultará una verdadera reacción 
parodiando las tumultuosas asambleas de las antiguas Grecia y 
Roma. Enhorabuena que los pueblos se llamen entonces libres^ 
pero presto pueden repetir desengañados con el orador Romano. 
¡Ah! matamos al tirano, y todavía existe la tiranía entre nosotros! 
¡Desterramos los déspotas y levatitamos de nuevo el trono de la 
arlHtrariedad! 

En verdad que las vicisitudes sociales de la antigua Roma 
confirman la escelencia de las leyes fundamentales del orden so-^ 
cial ; pero como llegó á ser la dominadora del mundo y pueden 
juzgarse preferentes los diementos contrarios que la rigieron, ele- 
vándose a la cumbre de su eri^andecimienlo material de^es 
del destierro de sus Reyes , útil fuera su examen y comparación 
con los sustentados en esta revista* 

Gracias á la Provideiwjia la conservación de la unidad de los 
poderes civil y religioso, con sus inmensas ventajas, fué causa de 
la prosperidad de la gran nación Espaüola. Esclava de los Césares 
y subyugada por los Godos^, no hubiese formado una sola familia 
de los dos pueblos sin preceder su proclamación solemne por Re- 
caredo. Acordes sus espertes magnates en que el poder debe te- 
ner sus límites , apareció la amplia intervención de los socios au- 
sillares en la revisión de las leyes fundamentales y en la elección 
de los Príncipes entre los mas aptos de lá estirpe regia. Cierto que 
como de todo abusa el hombre^ fueron cayendo en desuso suá 
venerandas prácticas ; y que exigiesen ó no su inobservancia laá 
circunstancias de los pueblos , faltó la previsión de curar su re- 
forma y restablecimiento dando lugar á las revoluciones del siglo. 
Sin embargo, los recuerdos de la Roma libre según se ha -dicho 
y las constituciones de los campeones de Covadonga y Sobrarbe, 
confirman de un modo evidente la bondad indispensable de las 
leyes fundamentales del orden social. 

Tomás Mateo. 

Por el autor, 

A. Aparísi y Guijarro. 



0B VALBMGIA. 177 



ESTUDIOS ETmOLÚSICOS. 



LEGITIMA ortografía DE CRISTÓBAL, 

El error en materia etimológica es causa de que escribaa 
mal algunos nombres^ no tan solamente los que están poco 
versados en ortografía y sino también los sugetos mas adelan- 
tados en ella ; por egemplo : he visto escribir Cristo Val con V, 
á muchos literatos^ funcionarios públicos^ abogados de nombra* 
día, y hasta los mismos impresores. ¿Y esta por qué? Por la razón 
muy sencilla, que se hace derivar á Cristóbal de aquella tradición 
piadosa, pero infundada, que dice: «Que este santo era un gigante 
que habitaba inmediato á un caudaloso rio, y se entretenía en pa- 
sar al hombro a los pasageros que no podian vadearlo: llegó un 
dia el niño Jesús, y se hacia el pesado, de modo que el gigante á 
pesar de sus muchas fuerzas esclamó : iCRISTO VALme! ¡cuán- 
to pesasl Entonces el niño Jesús le contestó : CRISTOYAI^ te 
has de llamar.» Y de aquí seguramente ha dimanado el escribir 
CristóVal con V. 

De donde se deduce, que San Cristóbal hablarla castellano; 
que el niño Jesús le contestarla en el mismo idioma, y que la 
etimología sirve únicamente para la lengua castellana • 

No quiero decir con esto que la gente de letras de quienes 
he hecho mención crea tal especie, sino que lo escriben mal 
porque van copiando á los antiguos que , poco ortográficos cre- 
yeron tan disparatada etimología. 

La verdad de todo es : que el pintar á San Cristóbal llevando 
al niño Jesús al hombro no es mas que un símbolo , aunque 
también es cierto que de ahí sale el nombre. Vamos á verlo. 

La etimología griega se compone de CRHISTOS, Cristo: y 
VEOmO llevar (yo llevo), de donde resulla CHRISTOPHOROS, 
esto és, el-que-llev a- á' Cristo. 

La etimología de donde se ha formado la voz castellana debe 
llamarse greco-latina : pues se compone de dos dicciones , á sa- 
ber : CHRISTOS, Cristo (parte griega), y BAJÜLANS, el que 
lleva ( parte latina ), por ser participio del verbo BAJÜLO, llevar; 
de lo cual resulta en su legítima ortografía: 

C.RISTOBA..L,..: (1). 

Es verdad que quedan muy pocas letras de BAjuLans , se- 
gunda parte del compuesto ; pero entre ellas queda la B, que es 

(i) Los puntos iadican las letras que se suprimen de la etimología. 

Tomo if. 23 



178 EL PENSAMIENTO 

suficiente para probar que GristóBAL debe escribirse con B^ y 
no con Y como escriben casi todos. Y ya que me he tomado el 
ouidado de analisarlo y ponerlo en claro^ espero, sean apreciados 
mis estudios etimológicos , y lo escriban con B cuantos lo escri- 
ben con Y. 

En latin se dice CHRIST0PH0RÍ7S, tomado literalmente del 
griego GHRISTOPHOROS , con solo el cambio de la O final en 
ü. Este cambio es muy frecuente en los nombres terminados ett 
la lengua griega en 05 y ON ; los cuales convierte el latin cuan-^ 
do sigue la analogía en ÜSyüM, v. gr. , GREGORIOS, GRE- 
G0RIÍ7S ; THEOLOGOS , THEOLOGí/S; SYMBOLOi^T, SYMBO- 
hüM; THEATROiV, THEATRíZilí, eto- 

Yolvanüos á CristóbaL Nuestro dialecto valenciano á pesar de 
la indiferencia con que lo miran los que no conocen tan precioso 
tesoro, toma este nombre de la lengua sabia , pues dice G.RIS- 
TOFOi.. analógicamente á GHRISTOPHOROS. 

Es verdad que la mayor parte de los idiomas europeos to- 
man este nombre del griego, pues vemos que los franceses dicen 
GHRISTOPHE ; los ingleses GHRISTOPHERS ; los italianos G.RIS- 
TOFORO 6 G.RISTOFO, etc- Pero también es cierto, qiie la gerga, 
la zaragatana ( epítetos que dan muchos ignorantes á la lengua 
valenciana), tiene muchos nombres tomados del griego, mérito 
deque carecen aun los mas principales idiomas de Europa, 6 
á lo menos desfiguran mucho la etimdogia. (2). 

Por egemplo : los valencianos dicen ñau , de ñau , vocativo 
griego de naús, naos , por la guinta declinación ; en castellano 
nave ; francés vaisseau 6 navire; italiano nat?e ; inglés $hip. 

Bou, del vocativo bou, de bouSj boos, por la quinta de* 
clinacion ; castellano, buey ; francés, bceuf; italiano, bue; in« 

glés ,0!C. 

Fulla y de fullas (phyllas), nominativo de phpllas, phylla- 
dos, quinta declinación ; castellano, hoja; francés feuiUe; ita^ 
liano, foglia ; inglés , ledf. 

Sema, del nominativo sema, sematos, quinta declinadon, 
castellano, 5^naí; francés, sí^n^; ilaMsino, segnale; inglés, sign. 

Yesprá, de espéru , esperas ', por la segunda dedinadon; 
castellano tarde ; francés, soir ; italiano, sera ; inglés, evening^ 



(2) Esta no ddbe entenderse tan literalmente como suena , pues cuan- 
do digo «mérito de que carecen aun los mas principales idiomas de Europa» 
debe entenderse respecto á los ege rapios que cito, y miickos mas qaepift^ 
diera citar ; pues nmgun filólogo ignora que la mayor parte de los idio- 
mas europeos (ornan un copiosísimo caudal de voces de la lengua griega, 
y párticoiarmente los nombres perteaecíentes á artes y eienciast, 



DB VALENCIA. 179 

Nitjádníún, fUhíos, (¡¡ain^ declinacioD: castellano^ noche; 
francés nuít ; italiano^ noít^ ; inglés^ níght. 

£$ídl,áQ stoloSj nomíoatívo de síolos; stolou, por la terce- 
ra decliaacion ; castellano, egéráto ; francés, armée ; italiano^ 
eserdío ; inglés^ army. (3). Pudiera citar muchos mas egem- 
plos j que omito por no ser prolijo. 

Aunque parecerá á muchos que me be espresado con alguna 
libertad , creo merecer algún disimulo , á motivo que soy muy 
valenciano, y no puedo tolerar con indiferencia , que cuatro ig- 
n<Mraates critiquen un idioma que no entienden ; y que aun en- 
tro los mispaos valencianos ^ son muy pocos los que conocen el 
mérHo de uoo de los mejores idiomas^^ aunque desgraciadamen- 
te está puesto ca^ en olvido. 

Agustín Blat y Blat. 

Por el autor, 

á. Aparisi y Guijarro. 



LECTURAS PARA TODOS- 



Con este modesto título^ varios jóvenes de esta ciudad , dig- 
nos de alabanza y loor , han en^prendido una publicación sin pe- 
riodo fiio y por un precio tan bajo^ que na hay fortuita alguna 
por módica ^ue sea , que no pueda adquirirla (l)i 

Dignos son, repetimos de alabanza los que semejante trabajo 
han emprendido ; porque dedicarse á propagar las ideas de la 
verdadera moral cristiana y los santos principios religiosos y so- 
ciales entre las clases pobres, cuando apenas se empieza á gozar 
de las ilusiones doradas que el mundo ofrece ; abstraerse por com- 

(5) La voz griega stolos representa idea de multitud , j así decimos 
correlativamente en valenciano : «Un estol de taulading» esto es, una mul- 
titud de górrionea. Y por lo mismo puede ropresentar egércilo que es, como 
Icmíos saben , m^a multitud de soldados reunidos pa^ra las operaciones de 
la milicia. 

(i) Est^ publicación, que tiene por objeto entretener, instruir y mora- 
lizar, dará al mes de cuatro á cinco números en períodos indeterminados, si 
bien procncando 'hacerlo en domingo odia festivo. La soscrtcion varia d^ 
dos á Qualrp reales i voluntad. Los artesanos 7 jornaleros aue no puedao 
suscribirse , como también los pobres , recibirán gratis todos los egemplares 
qae;sobren después de satisfechos los suscritores* ge suscribe en Valencia, 
calle deCuarte, »úm. 5, oasa de D. Manuel MQHcheta, s<^ii6rU; y «A la 
de :Q. Pedro M ootesiAcis^ ltt?r«adO| núm» U. 



ISO BL PENSAMIENTO 

pleto largas horas de la vanidad mundana, para dedicarlas á es- 
parcir la luz de la verdad y de la razón ; despojar á los natura- 
les deseos de la edad de su afán de goces, para darlos á quien 
tiene necesidad de instriiccion ; abstraerse del confuso ruido del 
mundo para ir á fortificar los corazones débiles , ú ofrecer una 
luz clara y un seguro guia á los que no ven , actos son estos 
que parecerian ágenos de quienes han emprendido tan trabajosa 
tarea, á no estar, como de seguro lo están, fortalecidas y sos- 
tenidos por una santa caridad. 

¿Hay nada , en efecto, mas grande ni mas sublime que la ab- 
negación de estos jóvenes que sin pretensión ni altivez , comu- 
nican sus ideas , dejan correr la pluma con sencillez , hablan á 
sus amigos y hermanos con el corazón , le arrancan , por decir- 
lo asi , sus penas , aplicando para curarlas el bálsamo de su pa- 
labra? ¿Hay nada mas admirable que el observar á esos jóvenes 
aplicarse con afán á curar las llagas del alma con sus locucio- 
nes sencillas , con su acento tranquilizador, y haciendo en es- 
tremo llevadera ,:;Sin6 amena, hasta la misma pobreza, hasta el 
mismo dolor? 

Permítasenos, pues, que mostremos en estas breves frases al 
señor D. Carlos Caro y demás jóvenes companeros suyos todo el 
placer, mas aun, toda la admiración que nos ha causado su 
idea realizada ya: permítasenos que les felicitemos cordial y sin- 
ceramente por tan útil pensamiento. Grato es para nosotros que 
saludamos el otoño de nuestra vida tan azarosa y combatida- 
el contemplar el celoso afán que tienen por el bien intelectual 
del pobre , a quien dedican su clara ifiteligencia , y su firme- 
za en la religión santa que adoramos. Y grato doblemente nos 
es porque en el espantoso indiferentismo que nos ha amenazado, 
y por desgriacia lleva todavía inhiesta su bandera, se presenta 
para combatirla sin tregua , y fortalecida con el invulnerable es- 
cudo déla fé cristiana, una porción de jóvenes ansiosos, no de 
gloria, no de honores, sino de satisfacer la ardiente sed que les 
devora de amar y ausiliar á sus hermanos haciendo con ellos gala 
de cristianos. 

Animo^ pues, y valor mis amigos : no abandonéis el reducto 
que ganasteis , y desplegad allí con noble orgullo el sagrado es- 
tandarte de la caridad cristiana : decid al pobre á quién os de- 
dicáis enteros^, que para ellos deslinó*Dios su reino celestial; 
decid al desgraciado, que el sufrir con resignaciou, es labrar- 
se con su propia mano una corona inmortal ; al que las enfer- 
medades aquejan, que es breve la vida, y grande y eterna la 
recompensa : á todos, en fin , que se amen mutuamente como her- 
manos que somos, porque este es el principal precepto que Jesu- 



BB Valencia • 181 

cristo nuestro único maestro nos dejó^ para que siempre lo tu- 
viéramos grabado en el corazón. 

Sobre todo^ mis amigos^ no os abatáis si lá indiferencia ó la 
vanidad resentida quisieran abrir una brecha en el amor propio: 
compadeced mas bien que combatid ^ al que de esta manera os 
ataque : reflexionad que hay ojos que no ven ^ y entendimientos 
que no quieren comprender; y sobre todo reflexionad , que no os 
ha movido á emprender esa útil publicación^ ni el deseo de glo- 
ria ^ ni el afán de lucro^ sino únicamente el de enseñar é ilus- 
trar recreando. 

Luis Miquel y ñoca. 



A MI AMIGO D. TOMAS GUIJARRO. 

Ia Golondrina. 

Ave que crazas ligera 
la brillante azul esfera 
en tus alas sostenida, 
buscando én la otra riyera 
de los mares, acogida: 

Peregrina de los vientos 
que impávida tus acentos 
mezclas al bronco fragor 
que forman los elementos 
al chocarse con furor: 

Atrevida navegante 
de los aires, que triunfante 
las tempestades dominas 
y con tu vuelo pujante 
sobre un trono te reclinas; 

Trono que un mástil cimenta 
y en su cúspide presenta 
un abrigo á tus pesares, 
librándote en la tormenta 
de la furia de los mares; 

¡ Ah ! cuando estiendas el vuelo 



180 £L PETÍSJLMÍENTO 

pleto largas horas de la vanidad mundana, para dedicarlas á es- 
parcir la luz de la verdad y de la razón ; despojar á los natura- 
les deseos de la edad de su afán de goces, para darlos á quien 
tiene necesidad de instriiccion ; abstraerse del confuso ruido del 
mundo para ir á fortificar los corazones débiles , ú ofrecer una 
luz clara y un seguro guia á los que no ven , actos son estos 
que parecerian ágenos de quienes han emprendido tan trabajosa 
tarea, á no estar, como de seguro lo están, fortalecidas y sos- 
tenidos por una santa caridad. 

¿Hay nada , en efecto, mas grande ni mas sublime que la ab- 
negación de estos jóvenes que sin pretensión ni altivez , comu- 
nican sus ideas , dejan correr la pluma con sencillez , hablan á 
sus amigos y hermanos con el corazón , le arrancan, por decir- 
lo asi , sus penas , aplicando para curarlas el bálsamo de su pa- 
labra? ¿Hay nada mas admirable que el observar á esos jóvenes 
aplicarse con a£an á curar las llagas del alma con sus locucio- 
nes sencillas , con su acento tranquilizador, y haciendo en es- 
tremo llevadera ,!.sinó amena, hasta la misma pobreza, hasta el 
mismo dolor? 

Permítasenos, pues, que mostremos en estas breves frases al 
señor D. Carlos Caro y demás jóvenes compañeros suyos todo el 
placer, mas aun, toda la admiración que nos ha causado su 
idea realizada ya : permítasenos que les felicitemos cordial y sin- 
ceramente por tan útil pensamiento. Grato es para nosotros que 
saludamos el otoño de nuestra vida tan azarosa y combatida- 
el contemplar el celoso afán que tieneu por el bien intelectual 
del pobre , á quien dedican su clara ifitelígencia , y su firme- 
za en la religión santa que adoramos. Y grato doblemente nos 
es porque en el espantoso indiferentismo que nos ha amenazado, 
y por desgracia lleva todavía inhiesta su bandera, se presenta 
para combatirla sin tregua , y fortalecida con el invulnerable es- 
cudo de la fe cristiana, una porción de jóvenes ansiosos, no de 
gloria, no de honores, sino de satisfacer la ardiente sed que les 
devora de amar y ausiliar á sus hermanos haciendo con ellos gala 
de cristianos. 

Animo^ pues, y valor mis amigos : no abandonéis el reducto 
que ganasteis , y desplegad allí con noble orgullo el sagrado es- 
tandarte de la caridad cristiana : decid al polfre á quién os de- 
dicáis enteros, que para ellos destinó*Dios su reino celestial; 
decid al desgraciado, que el sufrir con resignación , es labrar- 
se con su propia mano una corona inmortal ; al que las enfer- 
medades aquejan , que es breve la vida, y grande y eterna la 
recompensa : á todos, en fin , que se amen mutuamente como her- 
manos que somos, porque este es el principal precepto que Jesu- 



¿B VALENCIA. 181 

cristo nuestro único maestro nos dejó^ para que siempre lo tu- 
viéramos grabado en el corazón. 

Sobre todo^ mis amigos^ no os abatáis si la indiferencia ó la 
vanidad resentida quisieran abrir una brecha en el amor propio: 
compadeced mas bien que combatid ^ al que de esta manera os 
ataque : reflexionad que hay ojos que no ven ^ y entendimientos 
que no quieren comprender; y sobre todo reflexionad y que no os 
ha movido á emprender esa útil publicación^ ni el deseo de glo- 
ria y ni el afán de lucro^ sino únicamente el de ensenar é ilus- 
trar recreando. 

Luis Miquel y ñoca. 



A MI AMIGO D. TOMAS GCIIARRÓ. 

Ia Cíolondrliia# 

Aye qne cruzas ligera 
la brillante azul esfera 
en tus alas sostenida, 
buscando én la otra riyera 
de los maresy acogida: 

Peregrina de los vientos 
que impávida tus acentos 
mezclas al bronco fragor 
que forman los elementos 
al chocarse con furor: 

Atrevida navegante 
de los aires, que triunfante 
las tempestades dominas 
y con tu vuelo pujante 
sobre un trono te reclinas; 

Trono que un mástil cimenta 
y en su cúspide presenta 
un abrigo á tus pesares, 
librándote en la tormenta 
de la furia de los mares; 

¡ Ah ! cuando estiendas el vuelo 



tít EL PSMglHIEirtO 

V defleobng otro cielo 
en estrangera región, 
HüiiOa olvides de este saelo 
ia hospitalaria mansión* 

Y desde la alta atahya 
que se levanta en la playa 
donde ta eanto se oia, 
allá cnando el sol desmaya, 
te buscaré, vida mía. 

Y las brisas de los mares, 
de tus sencillos cantares 
serán fieles mensageras, 

y olvidaré mis pesares 
con tus nuevas?lisongeras. 

SI el viento no favorece 
y si el céfiro enmudece, 
del mar en la fresca^biuma 
mi pecho siempre te ofrece 
un suspiro con la espuma. 

Tú en cambio los arenales 
en que imperan Jos chacales 
y el Beduino feroz 
que contempla en los cristales 
del Nilo, blanco albornoz; 

Las solitarias palmeras 
y esa8¡moles altaneras 
que los siglos nos legaron, 
letras imperecederas 
de pueblos que ya pasaron; 

De su fausto, explendor, gloria; 
me contarás tanta historia 
con los pasados imperios, 
presentando á la memoria 
descifrados cien misterios. 

Y también de Palestina 
me explicarás, golondrina, 
la tierra de eternal nombre 
do la palabra divina 
tomó la carne del hondnre.. 

Y del monte aquel sa^do 
donde lloró mí adorado^ 



»B VALBNGU. IgS 

so el olivo aoUtarlo 
del Gólgota sublimado 
con la sangre del Calvario. 

Y ¿qaién sabe si á tu acento 
brotará en el pensamiento 
la sublime inspiración, 
en inefable contento 
inundado el corazón? 

Canta, canta, mensagera, 
y al llegar la primavera 
deja el África abrasada, 
cruza el Estrecho ligera 
y reposa en mi morada. 

No habrás echado en olvido 
que guardo blando y mullido, 
pendiente del alto techo, 
de barro y plumas el nido 
que ha de servirte de lecho. 

Francisco Joíi Cerda. 

A. Apa/mi y Gnjarro. 



MASCARAS Y CARNAVAL. 



I. 

¡Oh! ¡ouáu dulce es vivir! ¡la vida jes bella! 
hermoso el sol que seü^orea al eielOi 
la tierra hermosa con galanas flores, 
y dulces los dolores 
del amor, y de púdica doncella 
el mirar virginal.... ¡la vida es bella! 

Vivamos, pues, y de espumoso vino 
la copa alcemos en festivo acento, 
vuele el perfume á enriquoc^r el viento, 
suene á hechísarnos el cantar díving. 

Y con trémulo pie, y atea iQStMi^» 
acerquémonos ¡ay!á «sos ]i»iim9i . 



184 EL PRNSlMi£NTO 

que brillan y cual en plácidos vergeIjB», 
cargadas de rocío frescas rosas* 
¡Ellas nos miren, pero no crueles! 
Acerquémonos ;ay! á esas hermosas, 
y con blando reír y hablar suave, 
¿ su oido encantado murmuremos, 
mágicas espresiones que amor sabe. 

Que hoy las máscaras alegres, 
hoy bulliciosos amores, 
hoy el ceñirse de flores^ 
boy e) ebrio enloquecer; 
y riendo y suspirando . . 

estar ledos contemplando 
vuestra pureza de ángel 
vuestras gracias de muger* 

¡ Poetas! decidnos versos, 
Pero versos tan sentidos 
que embelesen los oidos 
alegrando el corazón* 
Pintad fogosos artistas, 
pero tan fíeles amantes, 
que al mirarlos palpitantes 
digamos «felices son.» 

Suspirad, vírgenes bellas, 
suspirad suaves canciones^ 
y los tiernos corazones 
desmayen al escuchar; 
y estasiados os diremos: 
cuan dulce es amar, hermosas, 
y tímidas, ruborosas, 
nos diréis: «dulce es amar.» 

Amemos, pues, y la que en puro anhelo 
hoy adorando su beldad nos vea 
sea la esposa que nos guarde el cielo 
y madre bella de hijos bellos sea. 

11; 

, ¿Quién es ese que al son de blanda lira, 
con delicioso fuego, 
• los tiernos ayes del amor suspira? 
El canta, él rie, él enloquece... ¡ciego! 
¡oh ciego! en breve, en breve 
vendrá.... yá nos asoinbra 



BE V/AJ(^B«CU. I8K 

ese día sublime, 

que el labio solo estremeoido fi<Niibra, 

que al alma en santa magostad opsime. 

¡Grande, terrible, solitario (Ua, 

en que una yoz iatidiea y .^dienjte 

¡ay! del mundo cristiano 

mustia ceniza esparcirá .m la fveoteJ 

¡Grande, terrible, solitai|^4ia? 

El canto funeral, ronco f^t^mbH 

en el templo». . . esa lúgubseflanipiíniíi 

¿qué nos dice en su gnito.áe Agopto? 

que una generación baja idajtmiba; . . 

que otra generación crece boiy tofEftna, 

pero á la tumba bajará miAapii. 

¡Mas cielos! ¡qué he vi8t9, CÍQliOp! 
¿No la veis? ¿qué no la veis? 
una mano descarnada 
escribe en esa pared .... 
¡y es la mano de la n^uerte! 
¡Cielos! temblad, y leed. 
«Terrible es ver á los bombines, 
precipitarse en tropel, 
tras mentidas ilusiones, 
y fantástico placer; 
y del sepulcro olvidados 
¡oh! tremenda cosa ^.yet, 
cual se acercan al seppl(^o 
fócanle, van á caer, . . , 

y al lanzar quizás un grito 
de alegría, húndense.ea. él.; 
Y en.taQto d grande, de glorias 
arde en hidrópica sed, 
y azota á los tristes hombres, 
tirano, y siervo .tarobieni 
y en espantadiza noche 
visita en callado pie, 
y palpa con.nanos frías 
su planta avaro soez, 
que oye en la calle desierta 
al mendigo poroo^.,.... 



I - 



tT- ¡InsQWfttos! i%w im isahe» 
Tomo U. 24 



186 BL PENSAMIENTO 

que hay de la cuna al^sepulcro 
breve senda, ¿apera, infiel. 
Un relámpago es la vida: 
ya sollozando nacéis, 
miráis un instante al mundo, 
alborota ísle tal vez; 
y en tanto suenan los golpes 
sordos, lúgubres, con que 
abre la azada en la tierra 
el palacio que tendréis. 
—¡Insensatos! mientras dora 
este confuso entremés, 
uno representa al pobre, 
otro representa al Rey, 
este alza erguida la Árenle, 
aquel le besa los pies. 
Has iguales los espera 
y recibe tumba crud, 
y al devorar un cadáver 
no pregunta de quién es. 
Que á la entrada del sepulcro 
deja el noble su altivez^ 
galas y flores la dama, 
el guerrero su laurel..:* 
y trémulos y desnudos 
los vé quien es Dios y juez, 
el que pide estrecha cuenta, 
y pesa en balanza fiel 
las miserias^^del^mendigo. 
la pompa y goces del Rey. » 



A. Aparísiy Gujarro. 



MIS PRISIONES. 

POR SILVIO PELLICO. 
(Gontinüadon.) 

Mis meditaciones tenian mas bien un carácter biográfico: en 
ellas hacia la historia de cuanto desde mi niñez h^bii podido ser- 



I 



BB VALENCIA^ 187 

me útil ó desfavorable^ discutiendo cramigo mismo , esforzándo- 
me en hallar solución á todas mis dodas^ y ordenando lo mejor 
que podia mis ideas y conocimientos . sobre cada cosa en par- 
ticular. 

Guando todo el tablero de la mesa estaba cubierto de ren^o- 
nes^ leíalo repetidas veces ^ meditando sobre mis propias medita- 
ciones; y por último me decidía, casi siempre con sentimiento, á 
rascarlo todo con el^ vidrio á ñn dé dejar de nuevo disponible la 
superficie para recibir otros pensamientos. 

Asi pues continué mi historia, á menudo interrumpida por 
mil digresiones, ora por el análisis de algún punto metafísico, 
ora por la moral, poltnca> religión, etc. ; y cuando ests^ Ueno el 
tablero, volvíalo á leer muchas veces yá destruir de nuevo. 

Para que mi áspera pluma reprcídujese con mayor libertad 
tanto los sucesos que referia coma- mis opiniones, y. previendo 
ademas la posibilidad de alguna visita inquisitorial, escribía mis 
shuntes en gerga , es decir , con. trasposiciones de letras y abre- 
viaturas que me eran muy familiares. No tuvalugsur sin embargo 
ninguna visita dé esta especie , y nadie podia imaginarse que pa- 
sase yo tan dulcemente mi tristísimo tiempo. Si oia ai alcaide ú 
otra cualquiera persona abrir la puerta , cubría incontinenti la 
mesa* con un lienzo^ colocando sobre ésta el tintero y mi cuader- 
no oficiaL 



e 



De tal suerte^ consagraba yo á aquel cuaderno muchas de mis 
horas, y ^gunás veces todo un dia y su noche entera. Escribí di- 
versas obras literarias á saber: t Ester d' En§addi, r Iginia 
d^ Asti, y los cuatro cantos que titulé: Tañer eda, Rosilde, Eligte 
Válafrído, y Adello.^ sin contar varias tragedias y otras composi- 
ciones en bosquejo, como por ejemplo, un poema sobre la confe- 
deración Lombarda, y otro sobre Cristóbal Colon. 

Como el permiso de renovar el cuaderno no llegaba ni pronta 
ni fácilmente, trazaba yo mis ideas de composición, cuando aquel 
estaba- Heno, sobre la mesa 6 sobre el papel gris en que me traían 
envueltos higos ú otra fruta seca. Algunas veces acaecía que dan- 
do mi frugsd comida á un secondino, y manifestándole no tener 
apetito, lograba me regalase algunas hojas de papet blanco. 

Esto solo lo hacia cuando la mesa se hallaba ya cargada 
de apuntes, y yo no me determinaba á destruirlos: decidíame 
entonces á sufrir el hambre, y á pesar de que el alcaide tuviese 
mí dinero en depósito, no- le pedia ningún alimento en . todo el 
curso del día , tanto por no hacerle caer en sospecha de que yo 
regalase mi comida , cuanto porque el secondino no me creyese 






f 8S EL FBNSÁMIENVO 

embastepb' al deeirle ^e esM^a' ina]^etMte. Por ta noche solo ton 
maba aña taza* de café m\iy faecto^ que rogaba hiciese lá Sioréí 
Smi2fé; eraefsta' te hija del alcaide^ lá cual simpte que poffia haocp 
el café sin que su madre la viese, le cargaba de tal modo, qué 
baUando 'viacíó mi estómago me calistí)a uhb especñe de' agit^ion 
netr^osQ'^ (Mor , que me Éoaiítéma toda lar noóhe en^ vígilih* 

Bn' áqfíiSBl estado de semi-émbriaguez seiitia yo redoblarse mis 
fileitdsis intélectiiales ; entrégábantó' á lá filosofía^ ádapoe^a^ y 
rezaba hasta la llegada del crepúsculo maítutiüb con eierto marar 
viUoso pkeer. Apoderábase después de mí cierta repentina debi- 
Iklaid; echábame^ entonces ^bré mi cama, y á pesar de que losr 
íno€H;ttUoS'p(Hr níuoho^ que me tapase hallaban sibmpre Aiedio á& 
chupaj?me la i^ngre^ dormia profundamente duraáté una ó dos 



lias noches, tan agitat^a á causa del café fuerte, anknábatiseí 
empero por una exaftacbn tan dulce , que yo proeurabaf se sucék 
diesen á menudo. ¡Cuántas veces no tocaba mi comida y se la r©^: 
§skía& al seeott^na para obtener por la noche el encanto desea-f 
do que me procuraba aquel mágico breteige! ¡Feliz ^e m 
guando coAseguia mi obj^o ! Mas de una vez suceilio qu^ el oafó: 
no estaba preparado por la comjíasiva Zanzé , en cuyo caso solt>í 
era una insípida bebida. Esta burla me ponia un poitio de mal huí^ 
mor, porque en vez de electrizarme penaba, bostezaba, tenia 
hambre, y arrojábame sobre el lecho sin poder reconciliar el 
sueño. 

Quédeme amargamente á^ la Zanzé, ía qti^e se compiadeeía de 
mí; üb dia que la tomé con ella como sí la infeliz tuviese lá 
ou^y eehéi la jfO¿Te á llorar, diciendo: ay, seUor, yo nunca he 
en^fíado á ñame, y todos me dicen la embustera. 

^¿Todos? ¿he? Es decir que no soy yo eí solo á[ quien táleá 
tevaduras ponen de mal humor. 

—No quiero decir eso; ¡ha! si vos supierais-., sí yo pudiera 
abriros mi corazón.... dijo y lloraba. 

: ~Por Dios, mSa, no libres así. ¿Qué tien^? Perdóname si te 
leconvitie injustamente; estoy convencido de que» no es culpa tuya 
sielcífé^estanmaío. 

-^üb, seBbr, fempocp es' eso lo qtie me hace llorar. 

Esta i^espiíestía mortifico algún tanto mi amor pr<q)io> pero di-' 
sibi«áéí 

^¿Eá dtecír que lloras al íeconvenü^te , pero» por otro motivo 
muy áiVeíso? 

•^^; ló confieso^. !! 

-¿-Püeá' tearños ;' ¿quiéníe llama embusterea 
—üñ atoante^..,. 



Deqraes de ptoüundar ^ta páTabrá' ^utoiése. Sú cara^ dé^nr 
rojo eacandídoi y con la mds m^oaa cMianza' mt coató todb ua 
idilio tragicómico qae me enterneció* 



Itesde aqiiel día vine á áer , no s6 por qué , el' confidente db 
aquella joven con la que píaticaDa laTgamente. 

Una vez me dijo : « oois tan bueno , que no puedo menos de 
« miraros cotao á un padre.» 

-^Poco favor me haces en eso, la repuse soltándola su' mano qtíe 
tenia asida, aun no he cumplido treinta y dos años^ y yanie con- 
sideras capaz de ser tu padre, 
— ijhies bien, entonces diré como áf ufl termano.' 

Amparóse por fuerza de mi mano apretándola con afección, 
todo con la mayor inocencia; y luego me decia á mí misiiio': «A fó 
«que es una fortuna para mí elno ser bonita esta niña, pues de 
« otro modo sü inocente familiaridad' pudiera perturbarme. » 

Y otras veces me decia: « Bueno es que sea tan joven ; asi ño 
« temo enamorarme de una criatura tan tierna.» 

De vez en cuancfo notaba yo, no con poca sorpresa , qtíe ,mo 
habia engañado al juzgarla fea, y acababa por persuadirme que 
tanto en la forma de sn talle, como en los contornos de su flso- 
áomía, se encontraba cierta regularidad. 

« Sino fuese tan pálida , decia yo, y no tuviese esas pecas eií 
« el rostro, pudiera pasar por hermosa. » 

Lo cierto es que es imposible no hallar algún encanto en el 
trato ^ miradas y conversación de una joven viva y afectuosa. Por 
ío demás no habia yo hecho el meiior esfuerzo en cautivar* el 
afecto de Zanzé, y me miraba, á' mi elección, como á uti padre 6 
aun hermano: ¿y por qué? porque había leido mi Francisca dé 
Rímini y el Eufemio , y mis versos la hacían llorar mucho: que- 
ríame también , según decia ella, porque estaba preso sin haber 
matado ni robado á nadie. 

Finalmente, ^cómo es posible que habiéndome yo aficionado a 
Madalena sin haberla visto, permaneciese indiferente álos cuida- 
dos fraternales, graciosas lisonjas y excelente café de l^d 

Venezicenma adolescente sbirra? 

Fuera yo un imposfor si atribuyese á mi honestidad el no ha- 
berme prendado ciegamente de aquella niña ; no me enamoró de 
elia porque sabia tenia un amante que amaba locamente^ (Ay de mí' 
si así no hubiera sucedido! 

Pero si el afecto que causó en^mi 'pecho ño fue el del amcir, 
confieso que por lo menos se pareoiai mucbd* .Deseaba yerb feliz 



f 9d BL PKNUMIBMTO 

y unirse á qaien ella amaba. Yo no esperímeataba la menor som- 
bra de celos y ni remotamente imagin2d)a pudiese fijar sus ojos en 
mí; pero al mismo tiempo^ cuando oia abrirse mi puerta me latia 
el corazón con la esperanza de que fuese Zanzó; sino era ella me 
incomodaba; si era, los latidos se aumentaban con doble fuerza, 
y su presencia infundía en mi corazón suave deleite. 

Habiendo formado sus padres un buen concepto de mí ^ y sa- 
biendo ademas su loca pasión por otro , no tenian ningún reparo 
en permitirla me presentase siempre el café por la mañana y al- 
gunas veces por la nocbe. Era ingenua y afable sobre manera. 
«Estoy enamorada de otro, me decia, y sin embargo ¡tengo tanto 
« gusto en estar junto á vos ! Cuando no veo á mi amado , en 
« todas prtes nie fastidio menos aqui.» 

—¿Quieres saber por qué? 

—Sí señor, pues yo misma no lo comprendo. 

—Yo te lo diré: porque te dejo hablar de tu querido. 

— Eso será sin duda; pero también consistirá en que os estimo 
entrañablemente. 

¡Pobrecilla! tenia el adorable defecto de cogerme siempre la 
mano y estrecharla con fuerza , sin echar de ver que me llenaba 
de placer al mismo tiempo que me turbaba, j Ah ! ¡ Doy gracias al 
cielo de poder recordar sin el menor remordimiento tan peregrina 
criatura! 

Estas páginas seriau, no hay duda , mas amenas si la Zanzé 
me hubiese amado, 6 por lo menos hubiese yo esperimentadb tan 
dulce sentimiento hacia ella ^ y á pesar de todi), el lazo de la pura 
simpatía que nos unia me era mucho mas grato que el mismo 
amor. Si algunoa momentos temia yo que mi corazón en su es- 
travío pudiese cambiar de naturaleza, me entristecía de todas 
veras. 

Figurándome cierto dia que pudiese llegar este caso , y pare- 
ciéndome, sin saber por qué, mucho mas hermosa que antes, 
admirado de la melancolía que su ausencia me causaba y el pla- 
cer que tenia á su lado , decidíme á estar serio con ella por espa- 
cio de dos 'ó tres dias^ no dudando perdiese asi parte dé la fami- 
liaridad que conmigo tenia- El ensayo no fué feliz : ¡era la nina 
tan tolerante y tan amable 1 Apoyaba su codito sobre el borde de 
mi ventana, mirábame dé hito en hito silenciosamente , ypro- 
rumpia después : « Conozco que mi presencia os fastidia , y qui- 
« siera no obstante estar todo el dia á vuestro lado, porque veo 
« que necesitáis distracción. Ese mal humor es efecto dé la solé- 
« dad ; inas procurad hablar un poco , y veréis como sO: disipa. Si 
* « vos no queréis hablar, yo hablaré.» 



VB ViLINGU. 191 

-^¿De tu amante , no es verdad? 

—No señor, ¿por qué ha de ser siempre de él? También sé yo 
hablar de otras cosas. 

Referíame en efecto interiores de su familia ; hablábame de la 
aspereza de su madre ^ bondad de su padre y locuras de sus her- 
manitos; su discurso ad)undaba siempre en sencillez y gracia , mas 
luego sin notarlo caia de nuevo en su tema predilecto , en sus 
desgraciados amores. 

No depuse yo mi soledad creyendo que por ello concebiría 
algún despecho , pero sea efecto de inatención ó de sutileza , ella 
no parecía advertirlo, y tuve por último que volver á mi primi- 
tivo estado, teniendo frente serena, riéndome con ella, conmo- 
viéndome y dándola gracias por la dulce paciencia que manifes- 
taba conmigo. * 

Deseché el ingrato pensamiento que concebí de causarla enojo, 
y poco apoco fueron calmándose mis temores. En realidad, yo 
no estaba prendado de ella: examiné largo tiempo mis escrúpulos, 
escribí reflexiones sobre el asunto, y su desarrollo me hizo mucho 
provecho. 

El hombre muchas veces se asusta de nada , y debe para evi- 
tarlo mirar las cosas con mas atención y mas de cerca. 

Y ademas ¿era por ventura culpa mia si deseaba con tierno 
anhelo sus visitas , si apreciaba su dulzura, si celebraba su com- 
pasión, si con mutua lástima nos pagábamos cuando nuestros 
pensamientos conservaban la pureza de la infancia, y si al apre- 
tar sus manos con las mias , o al cruzarse nuestras miradas em- 
balsamaban todo mi ser, al mismo tiempo que le turbaban, con un 
saludable respeto? \ 

Desahogando una tarde su pecho de cierta aflicción que hal)ia 
esperimentado, arrojóse la infeliz á mi cuello inundándome el 
rostro con sus lágrimas. Era un abrazo desnudo de toda idea pro- 
fana: sí; una hija no puede abrazar á su padre con mas respeto.. 

De aqui resultó quedarse mi imaginación vivamente impresio-^ 
nada. Aquel abrazo se le representaba á menudo á mi espíritu, en 
cuyo caso me era imposible pensar en otra cosa. 

Habiéndose poco después abandonado á igusd impulso de con- 
fianza filial, procuré separarme de sus queridos brazos, y sin 
estrecharla y sin besarla , la -dije medio balbuciente : «Por Dios, 
(( Zanzé, no me abraces asi, porque no está en el orden.» Detuvo 
su vista en mi rostro , y la bajó ruborizándose ; esta fue cierta- 
meite la vez primera que leyó en mi abna la debilidad que cerca 
de ella me amenazaba. 

No por esto dejó e^ lo sucesivo de ser familiar conmigo; pero 



19E BL fVHUUKirre 

era una familiaridad mas reservada, mas conforme c<m mía de- 
seos ; 'Y se lo 'agradecí. 



Yo no puedo haWar de Jos males que afligen á los demás horn- 
ees, p^o por los que me tocaron en suerte desde que vf la luz 
prímera, debo confesar que esaminados de cerca siempre he re- 
conocido en ellos cierta tendencia á algún buen dn. Sí, la enoon- 
,tré basta len ;aquel horrocoao calor [que me consumía, y en aque- 
Jlog inmensos ejércitos de biohos que tancruel guerra me hicieron. 
¡Cuántas veces me hioe ¡la jsiguiente reflexión : n Sin este inagota* 
.«ble manantía) de tonnealos, ¡meidecia yo, nunca hubiera ^hallado 
.« en mi la vigilancia y fiumeM jpeceBarias.para mantanerrae iovtfl* 
« nerable á los tiros de un amor qiie me amenazaba, y .^ue tanto 
« me hubiera paitado con^er en Jos Hoütes del re^etoi, teniendo 
((aquella niña un carácter tan vivo y cariposo. ^ tantas vece^ 
<( desconfié de, raí mismo j ^cómo hubiera yo podido goberiiar la 
((debilidad de raí Jnpiagi^Eicioii, sí siendo la atmósfera algo mas 
({ grata hubiese vertido cierta alegría en mi alma? 

«Si considero -la imprudente conjianza que los padres de la 

« Zanzé 'hacían de mí., sí reflexiono sobre la poca ó ninguna re^ 

"i niüftj la cual no preveía me pudiese inspirar 

ile, y si pienso en la impotente &alvaguar<)ia de 
; 1, tío puedo rqertos de^nirar como unbenelicio 

iratura de aqii^l hofno y la cruel picazón de I05 

e tto^poco este jpéii$aimicnto con aquellos azotes, 

fo a mí mismo: «¿pretieres verte Ubre de ellos 

itro cuarto mejor y mas fresco á condición de 

«no volver íi ver 'á esa afectuosa ^riatur^f» 

■ A ,de€ir v^ddid, no tné bailaba con fuerzas bastantes para 

contestarme. 

iCuando se desea felicidad á una persona es indecible "tíl placer 
hue producen las cosas mas (epues. A veces una sola palabra de 
^Zanzé, una sonrisa, uná.légrimaj un chiste de su dialecto vene- 
ciano, la agilidad de sus brazos echando del cuarto los mosquitos 
con su pañuelo ó abanico, todo, todo infundía eii mi í^nímo cierto 
contento infantil que se prolongalía todo el día. Sobre todo tírame 
muy grato , el ver que al hablarme se calmaban sus aflicciones, 
■que mi piedad la era agradable, 'mis consejos |a persuadían, y su 
corazón se infljunaba cuando hablábamos de Dios y de la.yirtud. 
«Después de haber hablado cóit vos -dé religión^ mé decía, 
«rezo.de mejor volun,lad y fé.» 
' ÉOTtandó repentinamente otras Veces la conversaciou, pasaba 



m VALSNGIJL 19B 

de un objeto frivolo á la Biblia , que cogia y abria , besando un 
versíeulo cualquiera,- y después me suplicaba se lo tradujese y 
comentase. Y cuando yo la habia complacido me decia: «Quisiera 
« que cada vez que volváis á leer este versículo os acordaseis 
« que sobre él imprimí yo mis labios.» 

Por el autor: 

A. Aparisi y Guijarro. 

• ■ '■ . ' . ' ' . , 

M&sms y pensamientos mondes, religiosos, polltíeos y tloséfieos 

de varios antor«s. 

Cometido un mal, no se borra nunca: aunque no tenga con- 
secuencias funestas para nadie, spbsi^te para el que lo ha come- 
tido, y permanece como un claro en 'nuestra existencia, como un 
vacío que nada puede Henar, ni aun las mas heroicas virtudes. 

Mad: Guizot. 

Toda diversión inútil es un mal para el hombre cuya vida es 
tan corta y el tiempo tan precioso. 

/. J. RouseaUs 

En la antigua ley. Dios recibía en su templo las primicias de 
los bienes de la tierra: en la nueva el templo donde ofrecemos 
sus frutos y estas primicias, es el hospital, la morada de una fa- 
milia pobre; y los sacerdotes que los reciben en nombre del Se- 
ñor, son esos huérfanos, ese padre, esa madre que ocupan el lu- 
gar de Dios. 

Bourdalue. 

El que holira á su madre, es como el hombre que reúne un 
gran tesoro. 

Libro del Eclesiástico. 

No hay nada grande que no sea tranquilo. 

Séneca. 

» 
* 

El alma humana tiene sed de creer, de preguntar , de locar 

por un punto cualquiera á un poder superior á ella. 

Champagny. 

La compasión que acompaña á la limosna es un don mas gran- 
de que la misma limosna. 

Masillon. 
Tomo II. 25 



19i EL PBHSAOiUBNTD 

La educación modifica el alma del(^ rnuos hasta d punto de 

hacerla ad(}uirír iusensibleaienle costuolbres qué la embeilecen 

ó la desfiguran. 

Plutarco. 

El gusto cpp que se emprende el trabajo^ impide el sentir su 
fatiga, 

Ovidio. 

La delicadeza es para la caridad , lo que la gracia para la 

hermosura. . :. ^ 

Michaud. 

Donde no gobierna la moral, se pierde la dicha por la de- 
mencia; y la adversidad se degrada por el envilecimiento. 

BenjiínUu Constant. 

Temed á Dios y vivirá Tueslra alma. 

Salmos. ' 

'.'. ' ''' '^- '.''..' ' ■ ' 

Amar alguna cosa mas que á sí mismo, es el secreto de todo 
lo que es grande: saber vivir fuera de sí inismo^ es el objeto de 
todo interés generoso. 

Almacén pintor eseo. 

Vale mas separar los ojos de las cosas que nos disgustan.... 
y dejar á cada uno en su opinión; iqu^ agriarle con disputas. 

Imitación de C fisto. 

León Galindo y de Vera. 



¿Deseas saber , lector amigo , lo que hay de nuevo en política? 
Nada te dirán muchos, absolutamente nada. 
Mucho , pero mucho ; te dirán otros. 
El ministerio está en crisis , añadirá alguno. 
El ministerio está completamente asegurado , esclamará otro. 
E) partido moderado está profundamente dividido , grita este* 
El partido moderado estácompacto , vocifera aquel. 
Vamos á caer en Vicálvaro , esclama esotro. 
No , sino (JerechitD al absolutismo ; dice el de mas allá. 
Esto va mal; murmuran varios. 
• La situación se va consdidando ; cantan, los otros.... 
Y en esta confusión de pareceres, y de opiqioQesy de gustos^ Vfs ft saber 
quién tiene razón y quién está en el buen camino. 



¿Has oído por ventura aquella Ifiida oattíéíoií del iíijofeíiío, qtle dfce, la 
éonñaémobUe? 

Pue» ftien, á todo eaarito te dfgati y á títtatite leas en peHódicos grandes 
Y peo^ños te aoonsejo que to oanteií, ia donna é moMle. 

Doña Política , como buena muger y muger sensible , está espuerta á v^i- 
lüíeiclnes Vy4 ata«|aés>de ner^d^; y á convulsiones , y á toáas las peripecias 
á que des^kmclainente y pof su naturaleza frágil , está sójeta una muger ; y 
por eso nada tie&e de estitaño que todos y cada uno de sus amantes abriguen 
TO)c*oe y esperanzas , powpje al fin y A h postre como dice la canción , la 
d99uk^émftik^:\ 

Entretanto iú y yo, lector mió, consolémonos con la esperanza de ganar 
lá ¿tória sf llevamos con pácienéia , (jue 3i llevaremos , el nuevo apéndice de 
cincuenta millones con que él gobierno ha aumentado la contribución ter- 
ritorialL 

Ya se vé; cuatrocientos millones g6-<. súmero mas redondo y no cuesta 
tanto de repartir como doscientos. 

Y he aqui la otra escala sin término de que te hablaba hace poco, mi In- 
teligente amigo y compañero Beltrán y Pi^ez. 

t)e ciento á ciento cincuenta fuimos subiendo de un salto á dosdeotos; 
de doscientos dimos otro saltito mas y subimos, á doaeieptos ciocuenta ; de 
doscientos cincuenta aun saltamos á trescientos ; á los 4r^ientosauD crei- 
moi estar muy bajos y estirándonos algo alcanzamos á trescientos cincuenta; 
y como estando aquí aun se creiatque estábamos muy bajos, sacamos Cu^ep^s 
d^ flaqueza y. agarrándonos al escalón inmediato de cuatrocientos nos diji- 
mos ; mtiento .* se^igeroó; bomum e9t no$ hic esse^ aquí estamos bien. 

Y como estando ellos bien, también debemos estarlo nosotros, ho aqui 
que á sumagntfiGat , respondemos nosotros coa voz dolorida y levantando 
los ojos, con íin sentidísimo D^pro/'nlUÍis. 

: CoasolénioiiosUKioSv empero; porque para eso vivimos i la moderna. 

Y es muy justo (pie el rekimidoírao del atgto XiX cuesle de hediBras 
a^o mas que ía casaca, la chupa y el calzón de los pasados siglos. 

¥ vívieado á la Hioderkia taifibten vivisios y gozamos dd envidiable ré- 
gimen parlamentario. 

Que es como si dijérainos ei. summum ^num , la felicidad suprema de 
una casa de orates. 

* Porque por mucíbo qtfe te 4lgan y le lo «noomien , el sistema represen- 
talivo$ es HñíAj dii^ente ai rógitíien parlamevitario. 

Y casi te podria decir que es sü iiñt^lesás, aunque lo oigan coO disgusto 
sus defensores. 

Peto en fin, esto no es de es^e lugar. 

Hablemos del presupuesto presentado al Congreso por el ministro de 
Hacienda. 

Tanto el ordinario como el estraordinarío, ascienden á la suma de 

MIL NUEVECIENTOS OCHENTA y CUATRO MILLONES. 

Con diez y seis mas , cuenta redonda. 

Mil setecientos setenta y cinco mitlóne^ están destinados al presupuesto 
ordinario, y los restantes doscientos nueve al de: obtas públicas y bienes na- 
cionales. 

También se anuncia sel piréseñtarán en breve los que hayan de regir 

en 1859. 

¡Quiera Dios que asi sea! 



106 EL PfiNSAMIBNTO 

-^Antes te hablaba del parlamentairifimo/ 
Para que veas que es una escrecencía qué daña al verdadero sisteflia 
representativo, ¿creerás , lector amigOy que hasta el ilustrado y houradísímo 
Sr. Tejada hizo en el Senado un discurso muy-largo, para probar que era 
dañoso el hacer grandf^s discursos? 

Y sin embargo S. E. dijo cosas buenas.^ muy buenas y tan atinadas 
. como todas las que salen de sus labios; pero en puridad, lo confieso, yo oreo 
. que debiera haber hablado menos, 6 haber sido un poco mas conciso. . 

Y eso que el alto cuerpo, coiegislador, como abriga en su seno ibenos 
ambiciones impacientes > se conoce que está por liablar poco y emplear el 
tiempo que perderia en palabras en obrar en provecho del país. 

¿Parque al fín á qué conduce ese inés ó mes y medio ocupados en ver 
si están bien puestas las comas v los puntos en el discurso de apertura? 

Nada mas que á que brillen los que tienen la palabra fácil y la imagina- 
ción ardiente. , * 

¿Saca algo el país? 

Nada, absolutamente nada. 

Las cortes no han sido nunca ni deben ser una reunión de poetas, 

A cada uno su lugar, y contribuya cada uno por su parte que el carro no 
se atasque. 

También en el Senado fue aprobada la contestación al discurso regio 
por 88 votos contra 16. 

Y hablando de cosas mas alegres , voy á darte una noticia que tú ya 
sabes. 

—¿Creerás que la grave Gaceta se dejó trasconejado el decreto que nom- 
braba embajador en Roma al Escmo. Sr. S. Pedro José Pidal , marqués de 
Ídem, condecorado con todas las grandes cruces imagitiables y posibles? 

Pues nada menos obraba en su poder desde el ÍOú 11 de Enero, y ha 
venido estos dias en reparar tan nótame olvidd. 

Ya sabes , y te es conocida, la afición que tenemos á este señor escelen- 
tísimo, y casi me parece debérianK)S quejarnos de esa felta imperdonable del 
periódico oficial. 

Pero no; «hora recuerdo que el Sr. ü. Pedro José debía tener su voto 
para la presidencia del Congreso, y no quería que al saber su nonibramiento 
de embajador se empeñaran los padres de la patria en que se.... marchara 
cuanto antes. 

Lo cierto es, lector amigo, que d tal nombramiento ha hecho lanzar un 
agudo grito de dolor á toda la prensa, de Madrid que se ha apresurado, para 
consolarle, á componer versos en su loor, 

Y como nosotros estamos destinados á ser encuadernados ó.,,, envolver 
azúcar, queremos pagar al grande académico el óbolo de nuestra admira- 
ción. Sí el gran Pidal no se ablanda, capaz $erá de disputar la dureza á la 
misma roca Tarpeya. 

Hé aquí la primera: 

A Boma va Pidal: ¿y á dónde iría 
ese astúr distinguido y elocuente, 
á comer y á dormir con alegría , 
ensanche dando á su elevada mente? 

¡Genios! sembrad de flores su camino 
ofreciendo á sus ánáias dulce tregua: 
dale el poder á mas de un gran destino, 
cíen reales, meóos diez, por cada legua. 



» M VJLLBTÍCtA; W 

A Roma va Pidalf eoto los rmgüfatas 
va á formar uua nueva aristocracia; 
si llegan á vencer los reformistas, 
como á los confiados progresistas 
acaso el golpe les dará de gracia. , ; 

Si el viático (1) cobra en el viaie^ 
si acepta emolumentos de mil modos, . 

no es racional que lo toméis á ultraje; 
que él lo mira cual gaje . . ' 

de precisión para los tiempos godos. 

Piensa, forokar ea Roma otra Academia; 
y si á los socios dan sueldos corrientes 
ya veréis á Pldal cuál nos apremia 
con su nueva epidemia 
deamigotcs, paisanos y parientes. 

A Roma va Pidal: ségun costumbre, 
y creyendo que hablar no es un aburso^ 
juzgándose de etencia «na ve$lufnbre^ 
porque á la gran ciudad su fama alumbre, 
echará al Padre Santo 'este descurso: 

«Señor, yo soy Pkla^, y jui en mi tierra 
niozo de empoje y de los mas garbosos^ 
á luchar deprendí y la dura piedra . . t 

juegue^ y aun hoy arriedra 
ver que de un tiro derribédiez osos. 
Por eso me eligió la culta gente 

y llegué á deputadb y á meni$tra 

y á consejero rial y á presidente, 

y para no dejarneitjfwft registro 

mi cunado me hadó plenipotente. 

Sabed , señor , que quien asi se esplica, 

está siempre dispuesto al sacrificio: 

si entro aquí con iñal pié , mi honor adicat 

yo cumplo en todas pjartes con mi oficio 

y me voy con viático j, hasta África. »"' 
Al concluir Pida! este responso, 

se dirá Lambruschini , agallas ttene 

cuando con tal discurso se nos viene: 

pues señor, este astúr es algo intonso 

y pasarle la mano nos conviene. ^ 
A Roma va Pidal: ¿por qué en su jaula 

se estremece la estatua de Cervantes? 

Roma va á ser de su oratoria el aura.- 

todo el que no le admire, será un maula. 

¡Saludad su grandeza , caminantes! 



(i) ¡Ilabríse visto cosa mas rara! Llamar ^''^''^<>J^Í ^^g ^ZTl^Z^ 
bre?L *que viage y -f vierta -^^^^^^^^^^^ f^l^^Z] 

Si á todoslos que están á punto de ^"'í^Y^^^f^^'^* 4^^^^ yuclu al mundo, 
capaces serian de saltar iiic^íf/te^^^^^ 1 

á^lZ'lJX S:- S S: rSacio y otro, emKmentos. 



1«8 



^u rmsmimv) 



Sí estos tío te conteatan ah( taa kA^qs; 
Pídal, sabio sin igual, lii títuloá la ácádetoía, 



busca otro punto del mapa; 
se va á Roma á ver ai Papa, 
y el Papa verá á Pídal. 
¡Ayí por mas que diga quejes, 
un marqués como una Joma.' 
¿cómo han de creer en Roma 
que el tal marqués es marqués? 
¡Anda con Dios, palQn;uQÓ[. ) 

j Anda, pichóhr T */ 
y perdona si me obstino '. 
en darte V antes que en camino 
te pongas, una instrucción. 

Lamentarán de mil inodós 
todos los bandos tu a\isénc¡á,i 
que tú por condescendencia, 
has pertenecido á todos. 
Mas ya que su ingratitud 
llevas clavada en el alma, '| 
pues no te han dado la palma 
que merece tu virtud; 
aunque te lloren mas triste^ 

que el mismo Mon, 
si de tu plan no desistes 
y á sus lágrimas resistes, 
observarás mi instrucción. ' 

Tu marquesado con maña 
oculta sin darre tonoj 
¿qué diría Pío nono 
de los marqueses de España? 
J)íle que aquí no se prenvia 
á ningún hombre de luces, 
que á tí no te han dado cruce^j 



^. I 



y eso que has enriqtieddo 

á la nación 
con el piropusii y twíido 
que prueba bien que ha nutrido 
tu talento la instrucción. 

r • * 

' DifequedolNiloalEbro, 
ToeaWos muy ' nuevos siembras; 
<díle que las reinas hembras 
l»h naddo en tu cerebro. 

Y sí tkhto barbarjsti») 

; no entíende^elPapa en un año, 
i Mq iqüe eso no es estraño, 
• q«e> aquí sucede lo mismo. 

Y por regla generri, 

' ' ^n escepcion, 
évtk todo ¡cardenal 
.^cie Pedro José Pidal 
€S iin poKO de infiitniocioa. 

■ ' i'X 1 . 

' Y ya que tu deber ea, 

al llegar á la ciudad,. 
, besar coa toda humildad 

al jSanto Padre los pies$ 

^mo sé que eres «riseo, . 

quisiera que muy presente 
. tuvieras qué dífereole 
: jes un beso d^ un mordisco. 

Y pues tu GÍeocia es notoria, 

de tu misión 
saldrás cubierto de gloria, 
Pidai, si <le tu memoria 
no se borra esta instruiscion. 



Otro le sigue cantando estas ená^hap: 



Ya se parte, ya se parte 
Perico José Pídal, 
ya renuncia al ministerio , 
y á la embajada se vá. 

Treinta y cinco mil durítos 
se lleva para gastar, 
y vivirá en un palacio 
1q misinQ qqe un KaixK^akan. 

.Académicos le ]lora«»j . . 
muchachos le van detrás^ 
qtíe«8<6iii disputa don Pedro 
una iiotai>ilidad. 

ta^títírtéqueéltóíKtíídb 



-.1 



iQÍnguno la tímirá^ 

que él s^propvuió ser algo 

y hüfü es algos, en plural. 

(^aminito va de Rooia 
á ver á Su Santidad, 
que á Roma se va por todo 
y él ya no puede ir por mar. 

Djscursitos que él echahü 
nq se volverán á echar; 
ya^ respira Cai^ga Argolles, 
ya «e turba Nocedal, 
ya sonríe BeiMrvides 
ya sle ioipacienta Bertrán, 



BB VALBHGIÁ. IM 

ya Marfori tose fuerte, Ya sé ))avtey ya 'se parte < 

y Reliki se abrocha el Á*ao; aquel oraaof pir^afi^/ 

que al alejarse don Pedro ¿qué va é ser deoaestros sabios 

volrió á sus pechos la paz. que estudiaban d b^a ba? 

Y para cerrar esta colección de despedidas , ahí van esas seguidlUas. que 

cantaba el otro ¿ia una admiradora de los gemelos astures» : 

. ■ " < . . • . 

Ay, Perico del alma, Yeta, Alejapdro mio^ 

caro Perico^ vete con Pedro, . , 

¿por qué no te acompaña y admirad d^e Rcmai 

tu ciiñadito? al orbe eptero. 

Anda, roonono, Andad, moñones, 

que aquí lo plisaremos que aqi,ii lo pasaremos 

bien sin vosotros. bien sin vosotros* 

' • • . ♦ . . . • 

Si todo esto lector quearido no tdha^ olvidar loa cincuepta iqiliones 4^ 
recarga en Ja contribución , digo que no eres hombre de gusto. Anímate^ 
pues, y no te abatas, que este mondo otro lo h^ de heredar y d^, enero 4 
enero el dinero es del banquero; y m99 p.ijsa un buey que cien golondri^ 
nas; y de fuera vendrá quien de casa nos echará ^ y haz bien sin mirar j^ 
quien y.... . , 

Basta ) basta que estamos en cuaresma. y ^^ precipiQ ayunar. . 
Sobre todo no hay que dvidarse de aquello.; ;« acuérdate hombre que 
eres polvo.» .:. 



£1 criminal atentado contra el emperadi)r de los franceses ha producido 
una reforma en el consejo de ministros del vecino iipperio; el ministro del 
interior presentó ia dimisión y fu^ inmediatamente reemplazado por el ge* 
néral Lespinasse ayudante de campo de S. ^. I. Asombro y aun cierno 
disgusto causó al principio este nombramiento, por cuanto se creia que al 
confiar el emperador su puesto tan importante, coa Qppecialidad en estos mo- 
mentos, á un ayudante suyo, indicaba que no. taii solo S. M. queria dirigir 
mas inmediatamente las disposiciones que emanan de up importante depar-r 
tamento. sino que ^ iban á adoptar naedidas represivas de alguna trascei^t 
dencia. El nuevo mini<<tro, empero, en sii circular á los prefectos de I09 
departamentos ha tratado de desvanecer esta idea» asegurando que solo s^ 
quiere imponer á los eternos perturbadoras de la sociedad que no perdonan 
med^o alguno para conmoverla basta en sus cimientos , y servir al misuiq 
tiempo de garantía para que gocen de paz y tranquilidad los ciudadano^; 
honrados y pacíficos á quienes el gobierno concede y concederá siempre toda 
seguridad y protección. 

Consecuencias también de tan nefando atentado han sido la adopción d^ 
ciertas medidas que pueden llamarse preventivas contra los que han toma-^ 
do parte activa y directa en anteriores revoluciones^ medidas que han sido 
propuestas y debatidas en el cojasejo de Estadp del imperio; como )a divÍT 
sion de las fuerzas militares en cinco grandes mandos confiados á marisca^e^ 
del egército pera reconcentrar la acción de la fuerza pública en casos dacjp^^ 
como la creación del consejo de regencia para el caso desgraciado quefalT 
tase el emperador. , 

— Pasadas en Inglaterra las fiestas celebradas petrel casamiento de la prin-r 
cesa Alicia eon el presunto -heredero de la corona de Prusia^ se ha ocupado 



2t0 BL PBNSáMlBNTO 

el parlammto de la ^em 4e b India, y de la nota pasada por el gobierno 
francés para que procur^ adoptar muidas mas restrictivas respecto á los re-. 
fugíados políticos. Hasta ahcnra no se ha presentado modi6caciün alguna á 
las leyes hospitalariab, pero, el gobierno privadamente, y según dedaraeioü 
de lord Palmerston, ha asegurado que procurará en adelante no permitir 
que los emigrados políticos se concierten y ^unen, para premeditar crímenes 
como el que últimamente ha ensangrentado la calle de Lepeiletier de Parí». 
Sea asi en buen hora, y comprenda por fín la Inglaterra que la hospitalidad 
que es por sí una virtud esceiente y digna de alabanza, $e trasformaria en 
criminal y punible cuando su sombra sirviera para empujar á los desgracia- 
dos ó delincuentes en el camino de los grandes crímenes sociales. 

— La guerra contra la China ha tomado nuevo incremento. Las escuadras 
inglesa y francesa combinadas han bombardeado á Cantón y asaltado el -10 de 
Diciembre último. El fuerte de Geog fue volado por una mina. La defensa 
de los chinos parece que fue desesperada, pero tuvieron que sucumbir Bnte 
la decisión y arrojo de las tropas europeas. El virrey, á la fecha de las últi- 
mas noticias, no había contestado áúh á las intimaciones que sé le habían 
hecho^ ni á las proposiciones qué se le habían entregado para trasmitirlas 
á su c6rte. Los gefes de las escaaídras combinadas le habían hecho entender 
que si dentro de un breyé plazo no recibían contestación satisfactoria, pro^ 
seguirían bombardeando y apoderándose de las ciudades que encontr§tsen á 
su paso. 

— En Mágico ha estallado una nueva revolución. El presidente Comonfort 
aborrecido de todos y abandonado por las tropas ha tenido que dejar el 
campo libre á sus enemigos. El general Santana> llamado por sus anti- 
guos amigos, se ha puesto al frente de la insurrección y marchado contra 
Mágico. Triste, muy triste posición, y nada envidiable por cierto, es 1^ que 
tiene nuestra antigua colonia, que seducida por falaces promesas de preten- 
didos reformadores, y creyéndose grande rompió los lazos que la ligaban con 
la madre patria, que siempi{e la habiá considerado como una de las mas 
preciosas joyas de su corona 

—En estos pasados días ha fallecido en esta ciudad y en edad avanzada, el 
teniente coronel retirado D. Pedro Antonio González. De vasto ingenio, y 
matemático profundo , cuyas obras sirven hoy de testo en los colegios , el 
señor González se dedicó desde muy joven á la enseñanza, siendo maestro en 
el colegio de cadetes situado en el convento de San Pío V, estramurosde 
esta ciudad, desde donde pasó al de Segóvia cuando fue nuevamente organí* 
zado en IS'ii ó 25. Maestro querido y apreciado de una buena' parte de los 
actuales generales del egército, el Sr. González de seguro hubiera llegado 
también á esa misma altura, porque verdaderamente le amaban y era acree- 
dor por su talento, si una escesiya delicadeza de pensamientos y la rigidez 
con que guardaba su honor no le hubieran obligado á reusar todo ascenso, 
y contentarse para ganar su subsistencia con las lecciones que daba. De aine- 
no trato y de agradable conversación, elfínado ha dejado un vacio entre los 
muchos amigos que contaba, y un gran dolor á sus hijos. 

*-^Tras el bullicio del Carnaval, el silencio de la Cuaresma: es verdad que 
el primero ya por lolhivioso del tiempo, ya porque afortunadamente esa 
diversión pagana va estinguiéndose entre nosotros, solo se ha visto frecuen- 
tada y aplaudida por algunos desvergonzados zaragüelles, y que al abrigo de 
ese trage que creemos debería respetarse porque perten(/ce á una clase tan 
laboriosa, se permiten tantas chocarrerías y abusos de lenguageque ofenden 
hasta los oídos menos delicados y morales. 

Luis Miguel y Roca. ' 



LAS GéRTES V EL PAÍS. 



No es por cierto cosa grata discutir sobre política en esta des- 
dichada nacíoQ^ pero acontece á los que para el público escribi- 
mos^ lo propio que á quien ^ por deber ó necesidad^ ha de asistir 
á un enfermo aunque sea repugnante su dolencia. Y al menos 
tuviéramos libertad de decir todo aquello que sentimos y de ma- 
nera tal que pudiesen fácilmente comprendernos^ pero la ley lo 
prohibe y confesamos que la prohibición está motivada y cuando 
se trata de cosas y personas que deben hallarse siempre fuera de 
toda discusión. A ser posible otra conducta , no pecáramos segu- 
ramente de obscuros ni apasionados^ antes bien señalaríamos con 
el dedo todas las causas grandes y pequeñas que han traido al 
pais á este estado en que boy se encuentra. Mas tampoco hay ne- 
cesidad de tomar el asunto de tan lejos ^ volviendo atrás la vista: 
para juzgar de lo presente hemos dicho ya lo bastante en nuestra 
revista^ y bien podemos ocuparnos en los sucesos actuales con la 
seguridad de que han de comprendernos nuestros habituales lec- 
tores^ si se dignan traer á la memoria lo que^ sobre el sistema 
parlamentario^ de antemano les hemos dicho. 

La gran cuestión del día ^ la que pudiéramos llamar cuestión 
batallana^ recordando una frase que estuvo en moda tiempo atrás 
entre los periodistas^ es (cqué significado tiene la votación para la 
presidencia del Congreso en favor de D. Juan Bravo Murillo y lo 
que puede esperar el pais de aquella votación.» Esto me propon- 
go tratar en el presente artículo, pero á mi modo, sin sujetarme 
al parecer de los periódicos de la corte, en los cuales, la verdad 
ante todo, hállanse cosas muy buenas, hábilmente dichas, pero 
que no me parecen exactas. Cada partido juzga allí tal cual le con- 
viene de los hechos y de las personas, y no es en Madrid, según 
mi opinión, donde puede encontrarse la verdadera exactitud en 
las apreciaciones. Para juzgar con independencia , nadie mejor 
que nuestra Revista, supuesto que no se halla filiada en ningún 
partido, ni admite otro mas que el que debieran formar los hom- 
bres de buena voluntad, aquellos que desean de todo corazón el 
bien de la patria amada. 

¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo se esplica que unas Cortes mo- 
deradas hayan derribado a un ministerio también moderado, con 

Tomo ll.T-Iiáiii. t9.— f 9 febrero de tSSS^ «e 



A 



202 EL PENSAMIENTO 

el fm de elevar á la presidencia del Congreso al hombre que en 
1852 fué obgeto de odio para los mismos que ahora le enaltecen? 
¡Una coalición le derrumbó entonces y otra coalición le sublima 
ahora 1 ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo esplícar tan maniñesta con- 
tradicción? 

En busca vamos de la causa ^ y después de haber meditado 
seriamente sobre tan pasmoso acontecimiento , solo podemos des- 
cubirla en uno de estos dos estremos : ó la mayoría de los dipu« 
tados se ha vuelto reformista ; ó Mon, Armero y Martinez de la 
Rosa militan ya en las filas del progreso. Y no vayan á creer 
nuestros lectores que es pequeña la distancia entre ambas supo- 
siciones y ni mucho menos que puedan ambas conciliarse para 
producir, como un solo efecto, el resultado portentoso de la 
votación de la presidencia. Me esplicaré. 

Supongamos que la mayoría de los dipotados se haya vuelto 
reformista: ¿puede ser esto verdad? Mucho nos habríamos de ale- 
grar si asi fuese, pero sospechamos sospechamos que no lo 

es. No es asi, no: la esperiencia ilustra ciertamente, pero el in- 
terés ofusca, y esto es tan cierto como aquello. Los que por lar- 
gos aflos vienen defendiendo las prerogativas que inventó en mal 
hora el parlamentarismo, saben bien lo que hacen: los empleados 
que necesitan su deslino, comprenden que, bajo otro sistema, no 
podrían gozar influencia como diputados : la generalidad de los 
hombres políticos conoce también que, bajo otro régimen, no se 
pudiera medrar por gracia de esos servicios políticos que tanto fa- 
vorecen en punto al medro, que elevaron como por ensalmo á los 
mas ineptos hasta las mas encumbradas posiciones; porque solo á 
rio revuelto saben que han de ganar los que son de oficio pesca- 
dores, y por ello no es natural, no es lógico pensar que^ contra su 
propio interés, hagan unos y otros la guerra álos mismos princi- 
pios y prácticas que hasta aqui les sirvieron de escala en su feliz 
carrera. Tanto valdría pensar que el avariento arroje un dia su 
tesoro por la ventana, que renuncie á su esperanza el que no 
tiene otra, que se corte las manos el que mas necesita de ellas. 
No es eso, pues; no es eso. ¿Ni cómo pudiéramos pensar tam- 
poco que, en el transcurso de brevísimo plazo, se hubiese consu- 
mado tan estupenda metamorfosis en las creencias de los que apo- 
yan hoy al célebre autor de la antes condenada reforma , rene- 
gando paladinamente de sus anteriores compromisos^ fallando á 
la consecuencia política? Verdad es que en cada torre, en cada» 
minarete suele haber una veleta que marca el cambio de los vien- 
tos: verdad es que á los sabios se atribuye el privilegio de mudar 
consejos ú opiniones : mas , ni los diputados son veletas , ni son 
sabios todos , ni hay tan larga distancia desde 1898 á 18S2 para 



BB VALEliCIA. 293 

suponer olvido, ni debemos imaginar, por fin, que ¿ la faz de la 
nación diesen los diputados el fatal egemplo de no tener convic- 
ciones. 

Lo he dicho ya: no es eso. T sino es esa la causa del triun- 
fo presidencial del Sr. Bravo Murillo, es seguro que, á la vuelta 
de algunos meses , tornará la división , y que cuando llegue la 
oportunidad de reconvenirse unos á otros por la consecuencia 
política que se deben mutuamente cuantos dieron su voto al señor 
D. Juan Bravo, se acudirá á las interpretaciones, espticando cada 
uno según su conciencia el sentido en que aprobó las ideas del 
nuevo presidente. Mirándolo estamos, como si en realidad ocur* 
riese ahora mismo semejante acontecimiento : creemos tener el 
espectáculo ante nuestros ojos: imaginamos ver las disidencias, 
las retracciones ^ la división entre muchos de los que reciente- 
mente aplaudieron al orador reformista. 

Y si esta suposición se realiza, ¿qué habría ganado el pais? 
Algo en verdad se gana sien^re que de una ú otra manera se re- 
conoce lo que es justo, lo que es bueno; pero si, cuando llega la 
ocasión de cumplirlo, el interés retrae á lia mayoría, preciso será 
esperar nueva coyuntura, y el- estado del pais no consiente mo- 
chas esperas. Pronto, muy pronio nos hallaremos en situación de 
repetir aquel sabido refrán : «herrarlo quitar el banco.» Para 
entonces aplazaremos á los alud idosi 

No negamos que> entre los que votaren y aplaudieron al se- 
ñor Bravo Murillo , los habrá desengañados , cuerdos , prudentes, 
é imparciales; ¿cómo habríamos de renunciar á tan halagüeña es- 
peranza? pero tampoco debemos forjarnos ilusiones vanas, é 
ilusión fuera pensar que^ en esta parte, había acuerdo entre 
todos absoluto* 

Pasemos á la segunda suposición. 

¿Se habrán filiado en las huestes del progreso^ Mon, Armero 
y Martines^ de la Rosa? Rechazado: no puede ser. La mejor 
prueba de ello la encontramos, no ya en los antecedentes de tan 
apreciables personas, sino en los nombramientos últimos del ac- 
tual gobierno. Pidal, cunado de Moo, sustituye á éste en la emba- 
jada de Roma, y Marlinez de la Rosa vuelve á la v ice-presidencia 
del Consejo ReaL Además, los individuos del pasado ministerio y 
basta los periodistas que con mas calor les defendieron, protestan 
hoy de sus ideas conservadoras. No obstante, dice el adagio, que 
agua lleva el rio cuando suena; y la verdad es que si Mon> Arme- 
ro y Martínez de la Rosa no son todavía progresistas , no piensan 
tampoco como al parecer piensa la mayoría del Congreso^ supues- 
to que sus parciales calificaron de absolutismo disfiazado el pro- 
grama de Bravo Hurillo, y supuesto que el Sr. Rios Rosa^^ amigo 



20& EL PENSAMIENtO 

político de los antedichos , se encargó de presentar otro progra- 
ma^ roas liberal en sentir de S. S.^ aunque en el mio^ humilde^ 
humildísimo, sea muy al contrario. Hay que notar además, que el 
ministerio Armero se inclinaba á los vicalvarislas, especie de 
partido nuevo que se ha de formar bajo la base de la ordenanza 
del egércilo; que la Época y el Clamor páblicOy los cuales gozan 
indisputable prestigio entre los moderados; defendieron decidida- 
mente al indicado ministerio ; que éste no trabajó para ganar ía 
votación' del Sr. Mayans, y por último, que al frente del futuro 
partido medio, viealvarisla, figura un hombre importante por su 
capacidad y temible por su valor, O'Donell. 

Con estas esplicaciones , ya es menos difícil despejar la in- 
cógnita y acercarnos á lo cierto. Lo cierto, pues, según parece, 
es que el ministerio Armero , conociendo cuál era el estado del 
Congreso, y temiendo el influjo indisputable y en cierto modo le- 
gítimo del actual presidente, imaginó contrarestarlo agasajando á 
los vicalvarislas: que como a la cola de ese partido se halla el 
Clamor público, tomó cartas éste en el juego y lo descubrió: 
que desde este momento los moderados que se acordaban del 
inolvidable bienio se pusieron en guardia : que buscando un 
punto céntrico de apoyo, creyeron hallarlo en aquella personali- 
dad política que contaba mayor número de votos en ^1 Congreso: 
que puestos en la dura alternativa de obtar entre el año 52 ó el 54, 
obraron cuerdamente decidiéndose por el representante de la re- 
forma, con preferencia al autor de aquella malhadada insurrección 
que puso al pais á dos dedos del abismo: que el ministerio Arme- 
ro, por ignorancia ó por orgullo, imperdonables en quien blasona 
de hombre de Estado, no acertó á conjurar la tormenta , cosa en 
mi juicio nada difícil si hubiere llevado desde un principio pro- 
pósito verdadero de unir las diversas fracciones del partido con- 
servador , toda vez que la única temible , la del Sr. Bravo , no 
había de ser obstáculo ^ á causa de que el nuevo presidente no 
quería, ni podía entonces encargarse de la dirección del go- 
bierno. 

Colocado después aquel ministerio en la situación de respetar 
compromisos, ciertos al parecer aunque por el vulgo exagerados, 
se sacrificó sin cordura , y sacrificó también al Sr. M-ayans, vi- 
niendo á quedar hoy como tela tornasolada, cuyo color verdadero 
no puede determinarse con exactitud. 

No acierto á descubrir lo que sucederá á los señores Ar- 
mero, Won y Martínez de la Rosa; pero dánme temores de verles 
algún dia, á su pesar, arrastrados por el amor propio hacía las 
filas progresistas, si^ como es de creer, no cuaja aquello del 
partido medío^^ que no cuajará; porque los verdaderos partidos 



DB YALBfVGIA. SOS 

medios son el reformatlor y el progresista, y entre progresista y 
parlamentario, uo es fácil señalar la diferencia. 

Resulla, pues, quepn mi juicio, la mayoría de las Cortes votó 
á Bravo Morillo por temor á los de Vicálvaro y en odio á los pro- 
gresistas; pero que ni ello prueba que el Congreso sea en cuerpo 
y alma reformista, ni que veamos unido por esta vez al partido 
conservador. Mañana podrá pasar el peligro de hoy y volveremos 
á las andadas ; salvo el caso de qoe los señores Armero, Mon y 
Martinez de la Rosa continúen en su lenguaje destemplado, y re- 
cibiendo el apoyo de los progresistas legales; porque entonces 
es posible que esa liga que se susurra informe, llegue á ser algo 
mas durable, y se consolide al fin^ por mas ó menos tiempo, 
gracias á ellos, cualquier ministerio que sepa gobernar. ¡Cuan 
poco han aprendido nuestros hombres! Dá lástima verlo. 

Entre tanto el pais asiste al espectáculo, del cual no se des- 
agradaría tanto si al final no fuese preciso votar el presupuesto 
de gastos. Sin esto y sin otros percances, estoy por decir que 
aplaudiría al parlamentarismo por lo mucho que él tiene de ju- 
guetón y divertido. Pero créanme los señores diputados: el pre- 
sidente Bravo Murillo, ora descorriendo, ora corriendo el velo de 
sus intenciones, ha dicho sendas verdades de aquellas que están 
en la conciencia de todos, y que por lo mismo no han de ser nun- 
ca mal recibidas. Al pais, en mi opinión^ le importa un ardite 
del parlamentarismo; lo que le importa es que se gobierne con 
justicia , que se pague ío preciso, sabiendo de qué modo? se em- 
plea lo que se paga; que se acabe el ominoso despotismo de los 
partidos y se respeten de una vez las instituciones, ya sean bue- 
nas ó siquiera medianas: y como todavía se halla en el caso de 
desearlo, no es estraño que el pais sea reformista hasta conse- 
guirlo. Y tengan presente también que, en tal sentido, todos son 
reformistas ; porque nadie en el fondo de su conciencia diera el 
voto por lo que hoy existe;" prueba clara dé que no^es bueno. La 
diferencia estrivará en el modo de hacer la reforma, porque unos 
quieren ir mas adelante, lo cual equivale á exacerbar el mal, 
añadir leña á la hoguera: otros querrían llevarlo todo á sangre y 
fuego: otros claman por lo antiguo y no admiten nada de lo 
nuevo: otros juzgan que con la actual constitución pudiera go- 
bernarse si abjurasen los encargados del gobierno de esa ridicula 
jurisprudencia parlamentaria: otros, en fin, como nosotros , solo 
desean que se gobierne á la española , dando al Monarca y á los 
pueblos lo que aquel y estos necesitan respectivamente para que 
vuelva la sociedad española á su perdido asiento , para que se 
ponga coto á los abusos inflqitos que todos lamentan, y en vez de 
charlatanismo, encontremos un gobierno justo, conforme con 



206' EL P£IWAM)ENTiO 

nuestras costumbres y tradicioues ^ que dé á Dios lo que es de 
Dios y al Monarca loque necesita para no ser ludibrio délos 
especuladores ó de los insensatos. 

A los que trabajan por la creación de un partido nuevo ^ les 
darla un consejo ^ desautorizado^ pero hijo de la mas profunda 
convicción: observad, les diria, el estado moral del Congreso y 
veréis en pequeño el estado del pais qm bulle y se agita; traed á 
la memoria los sucesos de los últimos veinte anos, y poned los 
ojos y la consideración en la situación presente de España y de 
Europa. ¿Qué vais á hacer? ¿Queréis dar pábulo á la discordia y 
á la confusión? Ciegos estáis, sino veis que la fuerza misma de 
las cosas reunirá al cabo aquí , como en los demás pueblos de 
Europa^ á los hombres políticos en dos solos partidos: uno que, 
tomando por base la soberanía de la muchedumbre, aspire á la 
república que ha de franquear el paso al socialismo ; y otro que, 
agrupando en derredor del trono todos los elementos conservado- 
res, y reconstituyendo en cuanto es posible aquellos grandes prin- 
cipios que dieron gloria y libertad en los pasados tiempos, adop- 
te, purifique y aun engrandezca las mejoras de los. presentes. 
Vuestra empresa, por lo tanto, es imposible; pero aun dado que 
no lo fuese, nadie podria envidiaros la gloria de realizarla. 

Y si lícito nos fuera en esta nuestra humildísima posición di- 
rigir la espresion de nuestros sentimientos á la augusta persona 
que ocupa el trono, como fíeles y leales subditos, amantes del 
pais y de la monarquía, habíamos de decirle: «Señora: los parti- 
dos acosan á V. M. y Y. M. no puede hacer el bien que ar- 
dientemente en su corazón desea: los partidos acosan á Y. M.y 
Y. M. quiere benévola transigir sus diferencias; pero ellos, sin 
embargo, no obedecen á sus maternales deseos, batallan; cor- 
rompen, destruyen ; y como nada por ellos es durable, todo se 
desprestigia, nadie tiene fé, ni resolución , ni consecuencia; nin- 
guno trabaja para el porvenir, y el pais, harto de miserias y es- 
cándalos, desea vivamente que se consolide algo que no sea 
pasagero, algo que dé fin a tanta turbación, algo que satisfaga 
la justa y natural ansiedad de los que detestan la política pandi- 
llera y suspiran porque haya pronto verdadero gobierno en Españft. 

Miguel Vicente Almazdn. 




BB VUBNCIA. 207 



LA CENTRALIZACIÓN. 



ARTÍCULO ni Y ÚLTIMtf. 

¡Peregrina ocorrencia/díria el Gobierno^ la de administrarse 
las provincias sus intereses! 

¡¡Peregrina ocurrencia ^ decimos nosotros^ la de administrar 
el Gobierno los intereses de las provincias!! y él con una, y nos- 
otros con dos admiraciones, salíamos del paso. 

Y ainda mais , añadiríamos por vía de consejo amistoso, las 
reflexiones que ahora que no estoy muy reflexivo, me ocurren. 

Mala es una disolución de humores, pero no es cosa apeteci- 
ble una congestión cerebral, y el efecto de una congestión cere- 
bral en el cuerpo humano, producirá á la larga en el cuerpo po- 
lítico el abuso de la centralización. 

Entonces serán las sangrías apresuradas, y los golpes de san- 
guijuelas en las sienes para disminuir la sangre de la cabeza, y 
los sinapismos y demás revulsivos en las eslremidades para lla- 
mar allí el calor y la vida que se aglomeran en la cabeza ; y en- 
tonces ni sinapismos, ni sangrías, librarán al enfern^o.... 

Mor te morteris. 

Y mientras llega tan tremendo suceso, los pueblos poco á 
poco van perdiendo la energía, el movimiento, y confiados en que 
el Gobierno tiene obligación , ya que todo lo abraza , de cuidar 
de todo; se vuelve imprevisor y lodo lo espera del Gobierno. 

Y en vez de trabajar y de extender el círculo de la actividad 
individual á los ramos del saber^ á mejorar la agricultura, per- 
feccionar la industria, extender el comercio, emprender por me- 
dio de la asociación y el patriotismo grandes empresas y proyectos 
de mejoras; se tiende beatíficamente en el sulco y acusa al Go- 
bierno de imprevisor y de inepto, y el Gobierno trabaja por to- 
dos, y siempre se le exige mas, porque las necesidades crecen 
progresivamente. 

Y alacusarle se le mira con repugnancia y crece el disgusto 
' visiblemente, y desea el pueblo mudanzas continuas sino para 

librarse del dolor ^ para mudar de postura, y del deseo de mu- 
danzas á tratar de derribar lo que existe, no hay mas que un 
paso, y otro al de ponerlo por obra; y no hay Gobernante bueno, 
ni Gobierno mediano , ni oposición antipática, ni motin que no 
se disculpe , ni rebelión triunfante que no se celebre como 
salvacbra del país. 



208 EL PBNSiMIBMTO 

Para poder sostener la excesiva cenlraüzacioa necesítase una 
superabundancia de agentes^ que inoculan en el país la empleo- 
manía^ plaga de la nación Española. 

Para todos los ramos han de crearse oficinas centrales^ em- 
pleados que cumplan sus disposiciones^ que inspeccionen el cum- 
plimiento^ que recauden los fondo$4)ara distribuirlos después 
nuevamente; y este el seis por ciento, y aquel el dos^ y el otro 
el medio^ y el de mas allá el sueldo fijo; todos van cercenando la 
plata con que se ha contribuido para las necesidades del estado; 
como el seco arenal va chupando el agua del arroyo que lo cruza. 

Y como consecuencias precisas de esta exageración centraliza- 
dora que lleva al Gobierno á ser único motor social^ a guardar 
en tal concepto en su mano el nombramiento de todos los. em- 
pleados^ y aumentar fabulosamente los agentes del poder; vienen 
el crecimiento espantable de los gastos^ el déficit continuo en el 
presupuesto, los arbitrios para exprimir mas y mas á los con- 
tribuyentes: cada mudanza de Ministerio^ una revolución de 
empleados; y cada revolución de empleados, un millón de pre- 
tendientes y de cesantes; y cuanto mas pretendientes y cesantes, 
mas hambre; y cuanto inas hambrientos, mas interesados en 
nuevas revoluciones; y cunde el tráfico de conciencias^ y la sedi- 
ción latente y la inmoralidad descubierta; y entonces la vagancia 
y la codicia, y el deseo de rápida fortuna, .se apoderan del co- 
razón de la pervertida sociedad. 

Y amen de esto, la multitud de empleados y de oficinas y de 
trámites, entretienen y no ilustran; la administración, sobrecar- 
gada, trabaja inútilmente, y los particulares se aburren, y el buen 
servicio público padece, y la nación paga tan solo para estar mal 
servida. 

El espíritu público considera enJlonces al Gobierno como una 
sanguijuela monstruo, y en cada chupón que dá al bolsillo, aun- 
que sea con la mayor necesidad , un ataque á la propiedad en 
beneficio del despilfarro. 

Y poco á poco la centralización excesiva vá matando todo 
sentimiento patriótico, pone en lucha á las provincias con la 
corte, convierte al Estado en una personalidad independiente y 
hostil á los asociados, quienes, lejos de ayudarle en sus empre* 
sas, le oponen sordamente cuantos obstáculos pueden^ como otros 
tantos remedios para salvar la amenazada bolsa. 

La importancia de la corte se eleva artificialmente de este 



I^fi VALENCIA. 2<09 

mño, bdsta que el dia en que por una reacción que está en ei 
ánimo de todos los buenos patricios se adopte un sistema ide 
ádminiistraciori descentralizadora^ se ia arruine completamente 
dausándosé mil perturbaciones que ahora pueden evitarse. 

Porque todo afluye á Madrid. Asi como en noche obscura 
al resplandor de la fosfórica luz de los huesos humanos semi so- 
terrados en el cieno de una laguna, acuden arrastrándose asque- 
rosos cuantos insectos cobija ; asi todas las ambiciones inmotiva- 
das^ Jas medianías atrevidas, las chispas sin genio, las trojvesuras 
sin estudios, las imaginaciones sin ciencia; acuden á Madrid al 
resplandor fosfórico del cadáver de la ñaciotl convertida en cre- 
ciente presupuesto que se reparte en la coronada villa. 

Allí donde no son conocidos, donde nadie pregunta, ni sabe 
' quien es su vecino^ donde una quintilla con seis versos prueba 
la aptitud (tara una cátedra; un artibulo de fondo sobre la econo- 
mía que resulla de llevar botas de charol , la ciencia suílciente 
para gobernar a una provincia ;^ un plagiado discurso literario 
sobre la claridad de las Soledades de Góngora , merecimientos 
superabundantes para alcanzar una t(^a; y un casamiento con la 
prima, lá sobrina ó la hija de D. Alejos ó D. Luis, conocimientos 
enciclopédicos sobre todos los ramos de ultramar; — allí donde la 
ambición es un título para pedir , la prodigalidad y el lujo un 
derecho para obtener, los servicios de cierto género, un manda- 
miento de ejecución contra el destino que mas plazca ; —allí don- 
de se dice públicamente ^(aue es la nación una vaca y quien no 
ía mama un tonto;)) allí va aglomerándose toda la fuerza, todo el 
vigor, todo el dinero de la sociedad Española. 

No sé en verdad por qué m^ enojo tanto al hablar de centra- 
lización exagerada, cuando bien mirado aun debíamos dar gracias 
humildes al Gobierno y pedirle que continúase mejorado y au- 
mentado su sistema. ¿Debería haber cosa mas agradable para 
nosotros los provincianos que poder libremente « tendernos á 
la bartola, roncar bien, y dejar correr la bola,» y que el Gobier- 
no cuide de todos nuestros negocios, y nos advierta reglamen- 
tariamente y por medio de encargados especiales, cuándo debe- 
mos dormir, comer, ayunar y levantarnos y que cobre por nos- 
otros sin que nos cuidemos de ello> y nos diga: «esto és lo que 
os pertenece?» 

¿Hay cosa mas envidiable que poseer las provincias adminis- 
tradores vigilantes que cuiden de recojer los frutos de nuestras 
haciendas, medir nuestros vinos y aceites, contar nuestros gana- 
dos,, repartido todo entre el estado y los propietarios como foue- 

Tomo II. 27 



^ 



%í^ EL PENSAMIENTO 

níQiS: hermanos, dirijir ouesJiros ijasp», Qpngt^lqirse eu eura¿kir€s. 

¿S^JitriiaA ellas doaao gaBtar por sí i;oI»s sQ. diuepo uljlo^nto^ 
¿SabriaQ si l^. gonvenja 4 i»mm pof ^mí p vpx aUí, p» w el 
piarlo ha de paralizarse ó seguirse^ ni si fiilcino v^pinq y 99no- 
cidp isHyo, gestidOoaria mejqr ens«s negocios que el de£ifiofa|eiicidP 
que nop>lura!$ja el Ministro? - i 

par Yíalura. ¿mirapían ettag Qop nías celo sh^ ioijer^^aa que. 
el Gahierwí? ¿T^ndrin »as ouidsido de len^r Ift boís^ fiihi.erto p,apa 
gBsíar y carrada parareoibir , qua el ^uíd*!^ ftue.parn Iq ijijQty. 
ps^r? W QlrQ desplegará e^l ll¡nistpri« estq ?i e} Mipi^evio aqj^el? 

Y ¿qué papel hapia Slspíf», enlpe l^s pt?as paciones s*«i|0 pre-, 
sentasje á sus deslpnibr*dos oj^s^^ cualroci^niqs Winislros pisados 
y pífis^nles, veiotiíJineo Oiríppiones geijieriatís en spi^vieip, vil ^ 
dos ppmUipoes tao úlileis , taq necesarias pr njeior deci?, qjup: 

se qwian y se^ crean pqr cada MieisíeríQi mP quipi^ftias Qfipí»?»' 
y flQSciflptas mil empleadq^? 

JíqftS: si la cpnlifaJiíaQioA adw¡nisl,raliyí ^?ciesil^ tpdp^ eslPS; 

hrazOiS. auxiliares para su de^enipeipq y para, gu. sosten , y si Ipdf)*. 

dios fpriftan el verdiderp lujP espapol,y si el lujo es señAl de rir 

qqe^a; ¿Vernos de declaramos^ sin eínl)argQ, ep ^qnira d^ la ceprr; 

trajüziacíoft? 

¿NOi saeinplean mcápr asi Uns. ípndfts?¿No brilla nws la nacipQ. 
EspanpJa co^ (antp re4v*eseptia».t^ de posipii^n oficial , qu? si desr. 
centr4i?an,dQ y suprimiendÍQ bra?Q.s, s^ empleí^seo, Iqs sueldos en 
alguna, qka d^ algún miseraWei pqentejeillp., ó caipino yppipafe 
de mala muerte? Esto solo servii^la quiM para, dp^ p Ir^s n)i| yi^/ 
geros, cuando en aquellos se honra y enorgullece lodo el pais, 

¡Provincias ingratas y desconocidas! Con cuánta razón po- 
dría el 6ohierao alvertan mal recompensacjo; su celo;pof vuestro 
esplejgidor, quejarse amargamente, y: dectiiir como aq^el airriero:;' 
«por mas que le cercena la ración al burro^ él flaco quo flaco.» 

¿Os Ila&^is^ convencido? Bespreciad léc^pres mio&á esas gentcs: 
asustadizas y chíquáiicuatros: de la alta politicá qu^ nos perforan 
cotidiauaijG^ujte los oidos con sus profecías de Casandra. Dejad: 
que dj^n coa acento pavoroso y mustias y cariacontecidas ^<;¿Bn 
(c qiié consiste: aparte de otras causas pasageras, cual es. la caiisa 
(c cons|aqte diel aumento 4e los presupuestos d^ gastos? ia centrar 
(( lizacj^n y la burocracia , el n^úmero crecido de empleados^ el lia^ 
« cerse cargo el Estado de todo , de los caminos generales , de jíosL- 
((proyÍQ«i^, de los ViCciaales^ de todo : el ser á b vez febri- 
(( pan^e ^ miuero , indastcial^ empresario^ toin^isáaMprr eso trae¿ 
(c consigo el pjnecimieníp excesivo^ inconmcínsumble^ es¡smto8P. y 
<cabaur4!)idel.priesupue§to...., desceitralizad;^ y descentra^izaiHld 



(^)tajdí*eüs Id riiitad AeM emplédidos ; deécefttralizád , y dii alivia- 
« reis el presupuesto reducíéikk) á la irritad sufe obligaciones ; des- 
V centtafizad y '4eseétiti*alifcan(do habréis resuelto la cuestión polí- 
(( tica por toedío de la cuestión éttonóiuicaí (a). 

Contestadles que no queréis descentralizar ; porque si el Go- 
bierno se hace cftrgo de tddios los e&iriinos generales , provinciales 
y vecinales, por eso los tieíne dé un modo inmejorable y que iló 
los tetidtia nui«tt5a la provincia sí ella por si se los arreglase. En 
tiieirtpo ^0 > pulverizados coiíio ttn calüpo aradft^ binado, terciado 
y Cóneóltódó , tan mülíidbfe que tío hay mas que eéhar el gi^ahó sí 
se quieta ftprovéehartós para la sementera , y si llueve . fórtaándo 
arroyóá tan caudalosos (^e en tiíiá pieza se reúne eaminó y ca- 
íiál eoh ^0 itttf^nfi^ dé Ids viándáMes y con harta econtomfa del 
tesoro público. 

Si ¡por la Éteftttiilízación ef Gobierno es fabricante > minero, 
indusirtal , empresario y comerciante ; mejor que mejor , ese tra- 
1^ bos Abóírá; y el trábelo fué un castigo impuesto por el pe- 
cado origitel> que ño debemos ehvidiíaLrlé. 

Si ©lio tfaé cíeciSiiento dfe presupuestos , efthorabitena , hos 
iremos acercando rápidamente á las opulentas Francia é Ingla- 
terra , ^ hos convértiréífiós en nación preiupMÉtera de •Tprimer 
ófdeh con graií decoro y hohria nuestira. Cuesta ün pioquillo mas, 
es vetHfed> per6 honra y provecho no caben en uh saioo. 

Si áuittéíitatt los em«pfeád()s> mayor néinéfro habrá dé Éspa- 
fiOlesr dldAoséis > y la dicha M mayor námiero ha dé ser el objeto 
constante d^ la s^lici^ud gllbernamiental , hasta que Hegue el día 
^n((üé todos seftmos ewipleadós y felices por etidé. 

Bei^igamos por lo tanto k k centralización : por mí parte eis- 
toy decidido y espero que me auxiliéis carísimos ledto^es , si al* 
guo^ izquierdea y á ella se opone, á declararle yo wMmtaie qua 
fmvgúty traidor al estómagcí, esperando que el Gobierho no olvi- 
áíLra mis esfuerzos en sostenerla ^ y me premiará con algtin des- 
timjo aunque haya dé crearse e^proleso. Habrá un Es|)afial feliz 
mas^ y ua cesante menos. 

icott Qalindn y de Vera. 



kt 'lili 



BROMAS* DÉ CARNAVAL 

«ttl Corazón dd tierno heredero de la Corona, aleccionado por 
tos consejos de S. M. como rtiúdre y tómú Reina, abrigará el amor 

(fá) a Sr. tliós H6te& eú U sesióú dé 3 de febrero áé este añ6. 



21jl EL IWfrAMWI^TO 

á los .pullos y el respeto á la ConstitocioD y á la&.leyes ée^ i^ue 
vuestro reinado es una viva enseñanza.» 

Las palabras que anteceden las leimos en el proyecto de eon- 
Icstacion al discurso de la Corona que aprobó el Congreso, 

Separando completamente la augusta persona cuyo R^eal. nom- 
bre se toma para determinar una época en quien no ha íiabidp la 
mas leve culpa de nuestras miserias^ y cuyos noMes y generosos 
sentimientos bastarían sin duda para labrar la felicidad del pai3; 
separando/repetimos , con el mas. profundo respeto el nombre 
augusto de la Reina^ de esta quisicosa parlamentaria ; consíderer 
mos un poco , si place á nuestros lectores^ los bromazos que 
trae consigo este diablillo de carnaval. Y no estrañeis que os M-^ 
ble de bromas de carnaval entrada en dias la cuaresma^ porque 
las carnestolendas políticas duran todo el año. 

Ya lo sabéis^ amigos mios, ¿queréis aprender cómo se respeta 
la Constitución y las leyes?— Pues desde 1833 basta esta bendita 
hora, es España una viva enseñanza. — Desde el puñal del sar- 
gento García hasta la sesión de la minoría facciosa, nuestra mo- 
derna historia está atestada de páginas edificantes; y todavía que- 
da mucho papel en blanco y los moldes corrientes. 

Respeto á la Constitución. ---En cuanto á eso nada hay quo 
decir.... pues claro está. ¿No es ella el ídolo de la nación? ¿Nó 
la tienen todos los pueblos en retablillos á manera de santos, en 
la plaza pública, y la encienden dos hachones en dias clásicos? 
¿No la lleva todo ciudadano en el bolsillo, en tes monedas que 
dicen «Reina de las Españas por la gracia de Dios y de la Cons^ 
titucion?...» iMk\ ¡nol No todosla llevan en esta forma, porque 
ni todos llevan bolsillo, ni con qué UenarLo; pero esta es harina 
de otro costal. 

£1 susodicho García fue el primero que dio pruebas de su 
respeto á la Constitución ; pues con tal de hacerla soberana de 
España, no titu^beó en llevar á cima la fechoría de la Granja. 
Desde entonces ¿qué de conspiraciones^ motines, revoluciones, 
insurrecciones, pronunciamientos^ alzamientos,, sacudimientos y 
desahogos con su correspondiente obligado de tiroteos, palizas, 
prisiones, destierros, metrallazos, bombardeos, incendios, asesi- 
natos y otras bellezas por el estilo? 

Y todo para mayor honra y prez de la veneranda Constitu- 
ción Porque lo cierto es que todo ello se hizo para enaltecerla 

mas y mas y adornarla con nuevas gracias. Los jóvenes no la 
quisieron vieja, y reengendrándola en 1837 la quitaron de en- 
cima nada menos que 25 años, y repitiendo la operación en 1845, 
te cercenaron otros ocho. Procedimiento fíicil y sencillo para con- 
servar las cosas sieiúpre fre$quitas> que si pudiera aplicarse á las 



SHStancías alimmttQiaá s^f ia una ganga; Sto embargo, do sim^ 
pre produce buenos resultados, pues en 1S55 $b trató de repror 
duoir ei milagro^ y solo se consiguió fabricar un eadáver^ en cu- 
yos pulmones no se pudo introducir el aliento vitah-^Y eso <(ue 
en materia da pulmones el ano era fértil. 

En boca jde los progresistas, la Constitución de 18iS es tín 
absurdo moostruoso (esto, se entiende^ sin peijuicio del respeto 
que ella se merbce). tos moderados, por su parte, vociferan 
que la Constitución dé 1837 es un código anárquico. Pero<r-esa 
sí^^uncís y otros juraron ambas Constituciones e» siis tieaipos; 
y si luego se revelaron contra ellas y las echaron abajo^ despue», 
restablecidas^ volvieron á jurarlas. Queda, pues, sentado que en 
punto á respetar la ConstiluoioB, nadie nos tose desde que la. te- 
nemos^ . . 

Un poquito mas apurados nos veríamos al sostener que las 
demás leyíes han sido respetadas basta el punto de ofrecer España 
un ejemplo edificante. 

Y es que allá en el fondo de nuestra conciencia tropezamos 
con algunos ataques directos y triunfantes contra los poderes y 
autoridades, y contra el derecho de propiedad , y contra la segu- 
ridad individual que á pesar de nuestra despreocupación ^ nos 
traen un tanto inquietos por el qué dirán. 

Pero no hay que apurarse. Hombres eminentes tenemos siem- 
pre dispuestos á sacar á salvo así los intereses morales y mate- 
riales de la patria, como su honor. 

Y algunos de esos hombres, algunas de esas notabilidades, 
orgullo de la nación^ gefes de los partidos militantes, pilotos mas 
de una vez de la nave del Estado, ban acertado á encontrar una 
fórmula feliz que no solo absuelve todo lo pasado, y aun hace 
mas, pues que lo canoniza; si que también abre ancha puerta para 
que en el porvenir puedan penetrar con la cabeza erguida en el 
santuario de las leyes, los que una ó cien veces las hayan hollado 
con sus pies. 

¿Qién, señores, no ha sido conspirador alguna vez?— Hé aquí 

la fórmula Es decir: « Yo he conspirado— tú has conspirado 

— aquel ha conspirado— todos hemos conspirado— luego estamos 
en paz — nada nos debemos — nada tenemos que pagarnos ni 
echarnos en rostro;— luego la justicia está satisfecha. 

La justicia es la ley.— Ella está satisfecha, y como no podris^ 
estarlo si se la faltase ál respeto, queda probado que la ley ha sido 
respetada entre nosotros. 

Es, pues, indisputable que es lícito sublevarse contra las leyes 
existentes; con tal, empero, de que la sublevación quede triun- 
&nte; ó por lo mj^nos que los sublevados escapen con vida^ para 



I 



211 BL PKRMHISNTO 

TMider ^cir Wk dia m el Senado 6 ea el Ooogreao t -^ «la qob yo 
ii¡e«5 todos tototfos lo habéis hecho también o) 

Esa es )ft disculpa que la moderna cifüi^aeioü tní enáoütrado 
á tos ioumerablbs ttiastoroos de lodás otasen qm han oonmovido 
nuestra sociedad desde que el último Monarca padó á mejor vi'- 
da.... i^h! Si esa dísbulpa e6 ó nó tegtlíma, tl^aiilo ios miHares 
de hombres que han perecido en los campos^ en tas cbltes ó éü 
los ¿adalsos por efecto de esas cobBpiraeiónes>, díganlo sus viudas 
7 htiérfettos^ díganlo las infinitas familias que han qtiedafdo SU"- 
suidas en la ifndigenda; dígalo, en fin, la gran voss de ia desmo^ 
i^li^aeioQ qtie de tod^s vientos viene á atronarnos el oidoh.. 
l^ero no hay cuidado: loí muertos> las v¡udas> los indigentes, no 
líenen vpz ni voto eh el Paflatiento; y én ouamoá ta de^draUí- 
zacion^ ya se guardará de decir uua sola palabra en favor de la 
jnísticia. 

Y bueiro bs que todos oatten/ y haUeía ^ló losqoe dicen «qtfe 
España es una viva enseñanza de respeto á las leyes desde 1833. >^ 
^^No fa»y cuidado de qué yo lei^ contradiga^ 

iustú Marzo. 

Per leí ^iévt 



Con vefídadero placer insertamos la relación que se nos ha 
dirigido, en la que se consignan los abundantes frutos producidos 
por la tierna solicitud de la Asociación de Sefiotas para la instruc- 
ción religiosa de las nmgeres^ penadas. Él Señor reeompeKise sus 
afanes : nosotros admiramos su meritoria obra , que vuelve al ca- 
mino dé la virtud y dé la religión á mugeres criiüinales y déápre- 
ciadas como la he¿ de ía sociedad. 

León Galindóy de Veriji. 

Lá itsociaoiotí tie SeSoras dedicada á lá iristrücdo*i y ensé- 
fianía de la doctrina <^^tiaña y principios religí^osos á las Muge- 
ws penada* residertw en la Casa Oalerá de esta ciudad, de acuer- 
do con el E«^o. é Itmo. Sr. Arkobispo de éSla diócesis y ¿el 
señor Cnm^aÉdaitte del píre^dio de «sta ptasá ^ eóncibieroh el 
laudable pensaMiieíáo de que ¿e predRMárá tmk miáion en áicte 

casa , como de hecho acaba de verificarte '' cotí tati feüK ékiló, 
que ba superado \^ esperanzas qué se habiáti atrevido á formar. 
Efectivamente , la palabra d!e Dios , esa inunda y divina siéñüifa 
que tan suavemente sabe in^nuarse eti Ibs (:;oratónes> predicada 



cQB una wftcioni y energía T*rda4eT8W»pte evangélica» pcar loí 
Padws .Misioneros capnchUios^ encjí^rgados da la empresa, no ha 
m^ m tierra estárii, puei^ ba i^oducido roarwiOosas oonversiCH 
nfiSjiín número muy cyeoido dp confQsjones gm^xvim, la reca»-» 
ciüacioft d« la3 qup Yi\iaa ^w^ini^te^s , la astíncáon da 6ám& in- 
Yftteradoa y k refonoa de todasi, 

. En el dia U (iel comente, pTiw^r dia de carnayaJ, recibieron. Ift 
Sagrada Comunión en la igtesia del roisuKi estaWecimiento co» la 
mayor devoción y edificante fervor doscientas de las referidas mu- 
geres , y las nueve restantes hast^ el completo número de ellas se 
están preparando para verificarlo mas adelante con las debidas 
disposiciones. A dicho acto,, que se ha efectuada con la mayor so- 
lemnidad y acompañamiento de órgano, asistieron la mayor parte 
de las señoras asociadas y otras personas notables que igualmente 
han participado del Pao Kueari^UQO; aJtepf nai^ido con las penadas 
que lloraban dé gozo al ver- las fraternales y amorosas atenciones 
^V,e ^ las. prodigaban . §egui4ainent,e se les dio á todas ^ asi oomo 
á Iqs diez y sietp niñps de ainboft se^^o^, hyos d^j la? mismas, á laa 
in^pcK^tpra^, alcaide,. poi:Íero$ y doQia^ dependíe^^tes., un escelejnte 
desayvqió y chocofate con bi^eoehos á lapi qcho enfermas, á espen-^ 
sas todo/ lo, nii^H)Q que la cera y d^inas gastos indi^ptensables, 
de^ pecHliOi particular de las referidas señoras y las limosnas de 
per^na? piadosas. 

A las diez de la mañana se presento en el propio tempiq 
S. E^. Bina* el Sr. Aízoh¿$pei para adipinistrar el Sacraipentq de la 
Gonfi^rmacion a las peqadas qjm, habian manifestadq qo haberle 
i;6cil)idQ y á los nifíos que se hallafean ep igual caso,, á cuyQ reü- 
giosp aeto estuvieron tam^n P5esentes les señores Con)aindante> 
Ayudante y Mayw. <W presidia , prpnuneisM^do despue^ , dicho 
{IsemQ. Prelado una tierna plátiiPa que hi^o a^inaif lasi l^grinp^ 
de lois;espec^adQref .. Perp lo que no pudo me^íog de eau^r ^ ism 
profunda emoQien en. cuiafl|l¡e^ IjO preseUiCifaroH , fue la intere^apta 
despe<^ida A? las^ penadas de sw bieul^ecfewsi> á, las eua}^ se 
abaíanzsaroíi inunípiíMJeías de besos, sí)i:?«;p3 y o^ras eordjia^es de- 
Diostracionés cojji que quis^evoiji espíesai; s¡a agrade^inüento y rerr 
gocflQ por el ujestimafilí be^ipfteiíi que aca^ij^an de. qqnsegujir 
reconciliándose cqu J^ios, 4^d9 4 H g^tiene?. y l»iení>s pticíps 
de las» ipi^ma^ señoras* • 

. I^ado §ea. ei; cristiano ceW 1 earÍdflL4 \er4^dpríw«í^te, Ijicir^a 
dle tan, generóos, i?9ati;onas, que (m tanto aíau, y l^iWflde a^nega-f 
cion ;eQnsagc^ sm dq^veW» 4 lajfefwW- y W^iera die e^as, ^e^ra- 
ciad^sj yíclin^a del vicio, que,sumi|ías en tau .peiJpSQí e«íciei;r(? s^ 
IM^n ex^iandcf sys cifig^ii^es eslt^-av^íog^ Per^^sofeC!? todoensaíh 



216 EL PENáAMÍEPCTO 

ha 'dignado dirigir una mirada de clemencia sobfe esas infelices, 
las cuales han debido corresponder fielmente á las poderosas y- 
edcaces inspiraciones de la gracia cuando han llamado alas puer- 
tas de su corazón. Reciba , pues , dicha corporación del sexo 
piadoso el mas cumplido parabién , no menos que los Padres mi- 
sioneros y todas las personas que han cooperado á laií santa obra, 
superior en verdad á todo elogio y encarecimiento y a la que 
únieameñte el cielo puede dar la justa y merecida recompensa. 



Cantos de Rúñebérj^* 



EL HERMANO DE LA ^t}BE. 



En tina altura entre bosques salvages, lejos de los caminos 
reales tioride reina desde el otoño el tumulto de las armas, hay. 
una pobre choza cuya senda ignora el enemigo. El cuervo que graz- 
na en las nubes , el milano aue saciado se mece en la copa de los 
pinos, el lobo que busca al través de las malezas una guarida 
donde ocultar algunos sangrientos despojos; .han sido para ella 
los únicos indicios de la guerra y de la mortandad que reina en 
la llanura. 

Era un sábado por la tarde: en la pobre choza, descan- 
sando del trabajo de la semana, está sentado. un labrador 
pensativo, que apoyado un brazo sobre la mesa y en su palma \k 
sombría frente, gira en torno con frecuencia su inquieta mirada. 

Su hijo adoptivo y su hija, solos con él en la cabana,' no bo- 
tan su cuidado; sentados cerca del tosco muro^ entrelazados los 
brazos^ unidas sus manos, la cabeza del uno reclinada sobre la 
del otro, permanecen callados^ tranquilos, dichosos. 

El anciano, por fin, rompió el silencio con palabras asaz sig- 
nificativas para el que comprendia su sentido. Cantaba como por 
pasatiempo, y decia: «el oso ha nacido para ser el rey de Jas 
selvas, el abeto crece para adorno de las montañas; pero ¿el hijo 
del hombre ha nacido para ser fuerte y grande, ó para la vani- 
dad y la miseria? ¡Quién lo sabe! Una tarde de invierno vile. ve- 
nir á mi choza, niño perdido como un pájaro montaraz en la ha- 
bitación de un hoúoibre. Su cabeza desnuda; sus pies descalzos 
holláten la nieve; al través de los girones de su vestido veíase su 
pecho. -^¿Qoíéti eres, y de dónde vienes?— -Pregunta quién es, y 
de dónde viene al rieo que tiene un padre y un hogar, ¿íte 
dónde vengo? Quizá el viento lo sepa; el viento que empuja á esa 



DS VALENCIA. 217 

nube que puedo llamar hermana mía. ¿Quién soy? Soy como la 
nieve que cae de los pies de la noche en el umbral de tu cho- 
za.— Pero no se desvaneció como la nieve^ ni como su hermana 
la nube fue arrebatado por el viento. Quedóse el nino^ y llegó 
á ser mancebo. Pasó un ano^ al segundo ya su hacha abatía los 
árboles de la selva. Antes de concluir el cuarto estío habia 
muerto un oso que acometió al rebaño. ¿Qué es al presente de su 
nombre^ tan querido para nosotros^ y ante el que desaparecían los 
demás nombres? ¿Qué ha sido de la esperanza de su padre 
adoptivo? Sentado está en su hogar el viejo inútil esperando va- 
namente una sola noticia del resultado de la guerra. ¿Es libre su 
patria todavía? No entiende el lenguaje de las aves, no sabe ex- 
plicar los graznidos del cuervo; ningún extrangero le traerá no- 
ticias en su desierto.... ¡y el jóven^ que era su única esperanza^ 
se ocupa tan solo en interrogar y escuchar al corazón de una 
muger! » 

Cuando durante una tarde de verano en medio del reposo de 
la naturaleza, semejante al reposo del domingo , de repente la 
tromba inapercibida^ rápida como la flecha^ se hunde en el seno 
del lago encentrado en los bosques; ningún soplo agita aun la 
atrevida cima de los pinos^ quietos están los árboles corpulentos, 
inmóviles las flores sobre los bordes escarpados, pero en lo pro- 
fundo del abismo ruge ya la tempestad; asi el joven, á medida 
que el canto hiere sus oídos, permanece mudo, pensativo, in* 
móvil; pero á cada palabra siente latir con mas viveza su cora- 
zón. Toda la tarde permanece al lado de su companera, después 
váse á descausar al mismo tiempo que el anciano , finge^ que 
duerme; pero macho antes que ninguno se despierte, y cuando 
apenas alborea, abandona cauteloso la cabana. 

Ha llegado el dia: el sol sube por el horizonte; pero solo son 
dos los que despiertan en la pobre morada: Ja joven prepara el 
desayuno; pero solo son dos los que se sientan á la mesa. Van 
á comer, y el que esperan no ha vuelto. La frente del anciano 
está todavía sin nubes, los ojos de la joven todavía sin lágrimas; 
mas después de la comida , ni el uno ni la otra disfrutan del 
descanso á que invita el domingo. Se pasa una hora parecida á 
aquella en que la nube tempestuosa se forma en los cielos. El 
anciano aventura algunas palabras de consuelo.-^ ((El pueblo está 
lejos, hija mía, los caminos son malos, las lluvias de otoño haii 
engruesado los arroyos, y los barrancos vienen llenos; los pasos 
están destruidos en muchos puntos; ha partido á los primeros 
albores del dia, no puede pues estar de vuelta antes de la noche.» 

Sti hija le escucha distraída : como la flor cierra su cáliz ai 
viento de la tarde> así su corazón encierra su pensamiento; sin 

Tomo II. 28 



218 EL PBNBÁMIBNTO 

embargo pronto una lágrima se desliza por sos megiilas; su frente 
so inclioa, y murmura: ((¡Cuan cierto es que cuando un corazón 
ha enconlradp otro corazón, lo que antes tenia en mucho precio, 
estima después en bien poco. ¡Tierra^ cielo, patria, padre, ma* 
dre! ¿qué sois vosotros entonces? En un abrazo, el que ama, ha 
recibido el mundo todo; en una mirada ha contemplado el cielo; 
y mas fuerte que la voluntad de un padre, y que el consejo de 
una madre, es el suspiro apenas percibido. ¿Qué poder mas pro- 
digioso que el poder del amor? No hay obstáculos para el que 
ama: se extienden inmensos lagos, los croza con la rapidez del 
viento: las montañas preséntanse elevadas, el águila le presta sus 
alas, y mucho antos de la comida del medio día está de vucltaj 
cuando no se le esperaba hasta muy entrada la noche.» 

El ancianO:, inquieto y apesadumbrada al oir los lamentos de 
su hija, salió en silencio de la cabana en busca del que faltaba; 
tomó el sendero apenas trillado, y cuando el sol ya tan solo co- 
loreaba las cimas de los árboles, llegó fatigado al caserío mas 
cercano. 

Como el pino que respetado por el incendio se destaca aislado 
sobre el matorral, una sola cabana quedaba en medio de la he- 
redad recien saqueada: una muger se encontraba allí inclinada 
sobre la cuna de su hijo dormido. 

Cual el pájaro, que oyendo un ruido inesperado reconoce el 
silbido de la bala, y se estremece, se agita, bate las alas; así la 
joven asustada se lanza hacia la puerta que se abria; pero el jú- 
bilo reemplaza al temor cuando conoce al anciano; corre hacia 
él, estrecha sus manos, y lágrimas abundantes surcan sus megi- 
lias: asalud, le dice, salud, padre venerable; en medio de mi do-^ 
lor, bendita sea tu venida y tres veces bendito el intrépido joven 
que has criado; defensor de los oprimidos, bienhechor de los des- 
graciados. Siéntate : tus pies amortecidos descansarán , y mien-> 
tras tanto escucha con regocijo los sucesos de este dia.» 

«Aunque la guerra se ha encrudelecido mucho desde el otoño, 
y nuestro pais ha sido saqueado igualmente por amigos y enemi-' 
gos, al menos se habia respetado la vida de ios inermes habitan- 
tes; pero ayer una partida de los nuestros^ formada en la parro- 
quia vecina, salió para combatir aquí cerca: la victoria burló sus 
esfuerzos^ y la muerte exceptuó á muy pocos; se dispersaron, y 
el enemigo se precipitó como un torrente en nuestros campos. Lo 
mismo los <\w resistian que los que estaban indefensos, hombres, 
mugeres, nifios; no encontraron piedad: esta maSana, cuando tas 
campanas llamaban á los divinos oficios^ llegó el enemigo furioso* 
El valor me falta para contar esta escena de dolor: mi marido fue 
derribado en ti^ra y atado, iba á correr la sangre> imperaba la 



9B VALSNCIl. 219 

violencia y parecía imposible nuestra salvación; yo misma, sujeta 
por ocho brazos, era una presa que se disputaban como bestias 
feroces ; pero entonces apareció el salvador; el hermano de la 
nube se precipitó en la cabana; los asesinos se detuvieron, los 
raptores huyeron: ahora estoy sola en mi saqueada choza, mas 
pobre diee veces que el pobre pajarillo que no encuentra su nido; 
pero tendré mas alegría que en nuestros mejores dias, si mi ma^ 
rído y mi salvador retornan sin heridas del pueblo á donde mar^ 
charon en persecución del enemigo. » 

Cuando el anciano oyó estas palabras, se levantó como si bu* 
biera descansado demasiado tiempo; el dolor y la inquietud obs- 
curecian su frente: en vano la pobre muger le rogaba se quedase 
todavía; sin escucharla siguió el camino que conducía al pueblo. 
Ya solo guiaban sus pasos los últimos rayos del sol poniente, 
cuando como una estrella entre las nubes distinguió la iglesia to- 
davía envuelta entre humo y ceniza ; se adelantó por entre los 
muertos amigos y enemigos, como una sombra que atravesara 
un campo recien segado^ Por todas partes el silencio y la des- 
trucción: ni un suspiro que revelara la vida:. en una revuelta del 
camino yacía un soldá(k> cubierto de sangro. Sobre su semblante 
pálido apareció al divisar al anciano un- débil sonroseo tan fugi-^ 
tivo como un relámpago entre las nubea argentada» de la tarde. 
Sus 0)03 apagados se reanimaron, y con voz débil usalud, dijo: 
espiro contenió porque me ha sido dado contarme entre los que 
mueren por sú pais después de haber alcanzado la victoria; salud 
á vos que habéis criado al libertador de la patria, y sea tres veces 
bendito él, que nos ha conducido á la pelea. Mas fuerte él solo 
que todos nosotros^ juntos^, nos encontró derrotados, dispersos, 
esperando una muerte vergonzosa, sin un. hombre cuya voz pu- 
diese dominarnos^ sin haber quien mandase ni quien obedeciera; 
hasta que del fondo del desierto salió el hijo del mendigo con la 
presencia magestuosa de un Rey^ Su voz^ que noe vdvia á llamar 
al combate, fue escuchada^ huyó el miedo; su entusiasmo inflamó 
todos lo» corazones^ porque era biea conocido de todos; nuestra 
partida se arrojó sobre los adversarios como el viento de la tem- 
pestad sóbrelos débiles cañares. ¿Veis hasta la estremidad del ca- 
mino hacia la iglesia los enemigos sembrados por el suelo? Allí 
donde la cosecha está mas espesa, por allí ha pasado el héroe; mis 
ojos le han seguido cuando mis plantas se han negado; y mi pen- 
samiento le sigue ahora hasta en la muerte.» Dijo, y algunos 
ínatantea después sus ojos se cerraron suavemente. 

También suavemente se habian apagado los últimos reflejos 
del día: la luna, pálido sol de la noche, alumbraba tan solo los 
pasos del anciano, cuando entró eii el campo del eterno reposa 



220 EL PENSJLMIBlfTO 

que rodeaba la iglesia: un grupo estaba entre las cruces inmóvil 
y silencioso como los que dormian sobre la tierra: ninguno salió 
al encuentro del anciano^ ninguno le dirigió una palabra; ni aun 
una sola mirada: entró en el círculo y vio a sus pies muerto ai 
que buscaba; á pesar de la sangre que lo encubria^ fácil era re- 
conocerle: asi como el árbol rey de los bosques^ abatido entre los 
otros es aunque derribado el mas alto y el incomparable; así en- 
tre los enemigos muertos sobresalía el héroe. 

£1 anciano estaba allí cruzadas sus manos^ mudo é inmóvil 
como herido por el rayo; pálido el rostro y trémulos sus labios; 
al fin su dolor encontró palabras^ y estallaron sus lamentos. «La 
tempestad ha derribado mi techo^ y el granizo ha arrasado mi 
campo; mas que á mi techo y á mi campo amaré en adelante á un 
sepulcro. [Ohl [desgracia^ desgracia! t^s posible que te encuen- 
tre así; á tí /apoyo de mi vejez; á tí^ honra de mi vida; á tí^ envia- 
do del cielo ; ayer tan valiente y tan hermoso; tan mísero hoy 
como el polvo sobre que reposas! » 

Así concluyó el viejo su triste lamentar^ continuado por la 
voz de su hija que entonces llegaba: «le amaba tanto^ decia^ que 
al estrecharle contra mi pecho parecíame imposible que en el 
mundo hubiese un cariño mayor ; y sin embargo^ ahora que el 
frío abrazo do la muerte ha helado su corazón^ le quiero aun 
mas. Su amor era para mi de mas precio que mi vida; pero á 
su amor prefiero su gloriosa muerte.» 

Después^ sin llorar ni gemir^ se arrodilló y limpió suave- 
mente con su pañuelo el rostro ensangrentado; los aldeanos^ ar- 
mados todavía^ la rodeaban silenciosos é inmóviles; las mugeres 
que habían acudido por sus propias desgracias^ permanecían tam- 
bién tristes y calladas. «¿Querrá alguno^ dijo ia heroica jóven^ 
traerme un poco de agua? Lavaré su rostro y arreglaré por últi- 
ma vez con mis manos los rizos de sus cabellos; veré su mirada 
amorosa hasta en la muerte^ y orguliosa jnostraré á todos al her- 
mano de la nube, mendigo despreciado^ que se levantó un día 
y fue el salvador de su patria. )v 

Oyendo hablar á su hija^ viendo cerca de si á la pobre des- 
amparada^ el anciano^ con voz entrecortada^ la dijo: «ilnfeliz! 
has perdido con él la alegría de tu alegría^ el consuelo de tus 
penas^ el apoyo^ el padre^ el hermano^ el espeso; pues todo esto 
era para tí. ¿Qué te resta ya sobre la tierra?» 

Todos los presentes prorumpieron en sollozos^ y en los ojos 
de la joven se agolparon las lágrimas; pero temando la mano del 
que lloraban^ dijo: «no se ha de celebrar tu memoria con llanto 
como se derrama por cualquiera que muere hoy y se olvida ma« 
nana> no: la patria te echará de menos como la hermosa tarde de 



DB VILENCIA. 221 

estio al rocío de la oíaDana y recordará tus hazañas en medio de 
su paz, de su pura alegría, de su esplendor^ de sus cantos y de 
sus es peranzas de un magnífico porvenir.» 

Por la tradactora desconocida, 

León Galindo y de Vera. 



ESTADO DE Li HACIENDA EN US DOS SICILIAS. 



Se nos ha remitido para su inserción el siguiente artículo tra- 
ducido de la Gaceta oficial de Venecia, que demuestra el próspe- 
ro estado de la Hacienda en el reino de Ñapóles : no nos admira; 
si los sobrantes del tesoro público de las Dos Sicilias fueran ma- 
yores, casi podria compararse con el nuestro. 

León Galindo y ék Yera. 

Sres. Redactores de El Pensamiento de Valencia. 

Como W. sustentan siempre en su ilustrado y juicioso perió- 
dico las doctrinas de una buena administración de la Hacienda 
pública , he creído á propósito hacerles saber lo que , respecto á 
la misma del reino de las Dos Sicilias del cual tan mal se habla 
por ciertos inovadores sin conocerle ni estudiarle, dice una cor- 
respondencia que inserta la Gaceta oficial de Venecia , por si en- 
cuentran oportuno y digno el darle cabida en su dicho* periódico. 
La correspondencia, que lleva la fecha de 23 de Enero, se espresa 
en los siguientes términos : 

«Hablando sobre el estado del reina de las Dos Sicilias, no me 
propongo rebatir por cierto los escritos que se publican reciente- 
mente en el extrangero sobre este punto; esto sería de volúmenes 
y no de artículos de periódicos , me basta solo reseñar algunos 
hechos , (jue puedan interesar algún tanto á todos los lectores , y 
no solo a los economistas y hacendistas. Por lo demás , el que 
quiera saberlo mas detalladamente tiene un medio fácil , no con- 
sistiendo la posición de nuestra Hacienda en un secreto , puesto 
que su curso se publica en la colección oficial de las leyes. 

La tendencia gubernativa en Ñapóles bajo el reinado de los 
Borbones^ ha sido siempre la disminución de las cargas é impues- 
tos de cualquier naturaleza que fueren , por lo cual todos los mu- 
chos y antiguos impuestos se han reducido á uno solo: el de 
inmuebles ó predial. Considerando ser impuesto directo solamente 



222 EL PfiNSiMlBNTO 

aquel que afecta la propiedad inmueble y la mueble ó renta en 
manos del poseedor, en Ñapóles no hay otro impuesto directo, que 
el que carga sobre los fundos. No se reconoce otro impuesto que 
cargue sobre el capital ó renta mobiliaria; ninguno que pese sobre 
las personas ó profesiones libres. 

La contribución sobre la propiedad inmueble que asciende á 
unos 7 millones de ducados (cada ducado vale unos 16 realefe), 
es la cuarta parte de las rentas del Estado, las otras tres cuartas 
partes se componen de las imposiciones indirectas de aduanas 
protegiendo al comercio nacionad, de los derechos reservados y 
estancados, como, por egemplo, el de tabaco que es una contri- 
bución voluntaria para los consumidores, el de la lotería que lo es 
igualmente , de las rentas de los bienes patrimoniales del Estado, 
de la Casa moneda, de la Administración general de correos^ del 
registro y sello , de los caminos de hierro y de los telégrafos 
eléctricos. 

El presupuesto Napolitano de 1851 presentaba un déficit con- 
frontado con las entradas presuntivas de 3.667,289 ducados. Tal 
presupuesto estuvo en vigor en los años sucesivos hasta el 1856, 
en que siendo justa y firme la presungion de las entradas genera- 
les del Estado por la suma de 27.3&1,617 ducados, se aumenta- 
ron las consignaciones para el ramo de obras públicas y para el de 
guerra y marina. De.aqui resultó un mayor déficit de cerca de 
5.500,000 ducados. 

Pero este déficit era en verdad todo aparente, pues que no 
solo se cubria, sino que se superaba abundantepente por las ma- 
yores entradas efectivas comparadas con, las presuntivas del pre- 
supuesto. En 1857 , igualadas mas á la verdad las entradas pre- 
suntas y aumentadas las dotaciones de algunos ministerios, espe- 
cialmente del de obras públicas, el déficit en el presupuesto figura 
por la suma de cerca un millón de ducados; pero también en 1857 
tal déficit ha sido aparente, habiendo sobras de las entradas efec" 
tivas , como resulta de las cuentas de la Tesorería general y de 
las del gran libro de la Deuda pública y caja de Amortixacion^ 
discutido todo con la publicidad de un juicio solemne ante el tri- 
bunal especial que es la gran corte de las cuentas. 

La deuda pública Napolitana, comprendidas las pensiones de 
gracia y justicia, escede poco de 7 millones de ducados y no llega 
según esto á igualar la cuarta parte de las rentas , no digo efec- 
tivas, sino presuntivas del Estado. Es casi toda nacional y esto 
como se conoce es un bien , porque el hacer nacional la deuda 
pública ha sido siempre la mas digna y noble aspiración del legis- 
lador y de los hombres de .estado > que han sklo dwtinadps á 
regir la hacienda pública. 



DB VáLBKGIA. 223 

En geneñl la situación de la hacienda en Ñapóles^ demostra- 
da por el parangón de los presupuestos de los años precedentes 
con las cuentas dadas por la tesorería general y el estado de las 
rentas públicas recaudadas en los dos últimos anos 1856 y 1857 
es tal y que no solo ha podido y puede hacer frente á todas las 
eventualidades extensamente previstas en el presupuesto^ sino que 
basta también á suplir los créditos supletorios que en el curso 
del ano^ se acuerdan de vez en cuando al ramo de obras publicáis, 
hacia las cuales el Gobierno con solícita providencia y actividad 
dirige las mayores riquezas del erario. 

En efecto, la consignación al ministerio de Obras púUicas que 
en 1851 presentaba una suma de gastos apenas de un millón y 
medio de ducados , se elevó á mucho mas de dos millones. La 
vasta y útil administración de las bonificaciones , la reforma y 
ordenamiento de la de puentes y caminos y la reforma de todas las 
cárceles del reino llevada á cabo en términos de dar un gran 
egemplo de la humanidad y sabiduría del gobierno de las Dos Si- 
cilias y de la civilización de la época, la construcción de los nuevos 
puertos de Gallipoli, Sichia y Brindis, la empresa por cuenta ex- 
clusiva del Real gobierno del camino de hierro desde Capua á Ce- 
prano, las innumerables construcciones de caminos , de puentes y 
de otras obras dignas del genio de un Príncipe de grandes dotes y 
ardiente promovedor de la prosperidad de sus pueblos ; hé aquí 
los objetos principales en que el gobierno de Ñapóles gasta las 
rentas del Estado, que adelantan á satisfacción de todos los va- 
rios servicios públicos. 

Ademas, el Gobierno dirige todos sus cuidados á hacer pros- 
perar las industrias y manufacturas nacionales, y a proteger y 
animar por mil modos el comercio. Se ha ordeñado ya un gran 
depósito de reexportación de mercancías; la ampliación del puerto 
mercantil de la capital y la construcción de otros puertos, faros y 
lazaretos ; la revisión y reforma de las tarifas de aduanas , me- 
didas acomodadas á prevenir y reprimir lel contrabando ; la me- 
jora de las manufacturas de privativa del gobierno: todas estas 
cosas concurren poderosamente con la buena posición geográfica 
del pais, con la abundancia de sus productos y con la tranquilidad 
del orden púUico; á acrecentar siempre mas y mas el rendimiento 
de las contribuciones indirectas del Estado. 

Aun mas, con los decretos de 9 de Julio y 28 Setiembre 1857 
la administración de correos se ha reorganizado enteramente, ha- 
laéfidose adoptado los sellos para las cartas y una muy benigna 
tarifa uniforme. La de los telégrafos eléctricos se ha reorganizad<) 
iguahnente , y se puede decir creado bajo la inspiración de mayor 
amplitud para el público y comercio. La misma acción se desplega 



tti EL PENSAMIENTO 

cada dia sobre todos los demás ramos^ aunque sean de menor im- 
portancia bajo el aspecto de los intereses de la Hacienda. En una 
palabra , aumentar la fuerza productiva de la Hacienda , disminu- 
yendo los gravámenes de los subditos y manteniendo todos lo& 
gastos del servicio del Estado , es el objeto de la administración 
del gobierno del Rey de las Dos Sicilias , objeto noble y generoso. 
Y todo esto es verdadera mejora y progreso, que está en los he- 
chos y no en la pompa de vanas palabras. » 

VV., señores Redactores, no podrán menos de sacar de lo dicho 
grandes y saludables consecuencias , porque tal correspondencia 
está escrita con pleno conocimiento de causa y no por espíritu de 
partido , antes bien fundada pn la verdad á la que es fuerza que 
todos se inclinen, a no ser que vivamos entre aquellos Atenienses, 
que condenaron á Arístides al ostracismo cansados de oirle siem- 
pre clamar por la justicia. 

José Royo y Salvador. 

Por el traductor, 

León Galindo y de. Vera. 



MIS PRISIONES. 



POR SILVIO PELUCO. 
(Continuación.) 

Sus besos, debo confesarlo^ no siempre venian al caso, sobre 
todo cuando por casualidad abria el libro en el Cántico de los 
Cánticos. Entonces por no sonrcqarla, me aprovechaba de su ig- 
norancia en el latin, echaba mano de otras frases que me permi- 
tiesen poner en salvo tanto su inocencia cuanto la santidad del 
libro, pues ambas me inspiraban profunda veneración. En seme- 
jantes casos procuraba no sonreirmé ; era no obstante algo emba- 
razoso para mí cuando teniendo la niña dificultad en comprender 
mi falsa traducción , me rogaba la tradujese la frase palai)ra por 
palabra, sin permitirme pasar á otro asunto. 



Nada hay duradero en este picaro mundo. Cayó mala la Zan- 
zé. En los primeros dias de su enfermedad venia á verme y se 
quejaba de fuertes dolores de cabeza. Lloroba sin dejar traslucir 
la causa de sus lágrimas ^ solo manifestaba confusamente algunas 



■ 



]>B VÜLENQIA. 225 

Juejas de su amante : « Es un bribón y decia y pero Dios le per- 
oné.» 

Por mas esfuerzos que hice yo para que me manifestase como 
otras veces sus secretos, no pude lograr de su boca la esplicacion 
de su desgracia. 

«Mañana volveré,» me dijo cierta noche; pero al dia siguien- 
te su madre me trajo el café^ y los demás dias los secor^dini. La 
Zanzé estaba gravemente enferma. 

Contábanme los secondtni cosas equívocas sobre los amores 
de aquella joven que erizaban mis cabellos. « ¡Una seducción! 
¿Es posible? ¡Acaso será una calumnia! » A pesar de todo confieso 
que mi credulidad cedió , y me sentí herido mortalmente de tal 
desgracia. «Quizás habrán mentido estos! ¡Ojalá! » 

La pobre nina, después de un mes de enfermedad, fue condu- 
cida al campo, y no la volví á ver. 

Es indecible cuánto lloré su pérdida. ¡Ah! ¡Cuan horrenda se 
me hizo mi soledad! ¡Y cuánto menos amargo hubiera sido para 
mí el contemplar ausente á aquella joven que saberla desdichada! 
¡De cuánto me sirvió en mis miserias su compasión! ¡Mas ay! 
¡Mi compasión en la actualidad no puede hacer nada por ella! ¡Ahí 
La desgraciada sabia muy bien que mi corazón la lloraba , y que 
hubiera hecho toda especie de sacrificios para procurarla , si da- 
ble me hubiera sido, algún consuelo : sabia también que jamás 
cesarla yo de bendecirla y de hacer votos por su dicha- 
Las visitas de la Zanzé, bien que siempre cortas , interrum- 
piendo agradablemente la monotonía de mis continuas meditacio- 
nes y silenciosos estudios, mezclando nuevas ¡deas en el curso de 
las mias, y despertando en mí suaves y deliciosas simpatías , em- 
bellecían realmente mi adversidad , y sentía redoblarse mi exis- 
tencia. 

Aquel tiempo pasó, y mi prisión se convirtió en sepulcro: 
durante muchos dias fui atormentado por una tristeza tal, que me 
quitaba hasta el placer de escribir. Sin embargo, era una tristeza 
pasiva comparada con los furores que en otro tiempo esperimenté. 
¿Querría esto por ventura decir que estuviese yo mas familiari- 
zado con el infortunio , que fuese mas filósofo ó mas cristiano? 
¿O provenia acaso de que el voraz ardor de mi aposento hubiese 
aniquilado en mí la fuerza del dolor? ¿Qué digo? ¡La fuerza del 
dolor! ¡Oh, no por cierto! Esa fuerza me acuerdo muy bien que 
la sentía con violencia en el fondo de mi alma , y aun acaso en 
mas alto grado por no decidirme á desahogarla gimiendo y agi- 
tándome. No hay duda que este largo noviciado me puso en el 
caso de sufrir nuevas aflicciones, resignándome con la voluntad 
de Dios. Muchas veces me decia yo que era propio de cobardes 
Tomo IL 29 



226 EL PENSAMIENTO 

el quejarse , que había logrado poder contener mis quiejas 
próximas á estallar, y me avergonzaba al verlas cercanas á mis 
labios. 

El hábito de escribir todos mis pensamientos contribuyó á 
reforzar mi ánimo, a desengañarme sobre las vanidades terrenas, 
y á reducir la mayor parte de mis razonamientos á. las siguien- 
tes conclusiones. 

«Hay un Dios: luego su justicia es infalible; luego cuanto su- 
cede está ordenado hacia un buen fin; luego todo lo que el hom- 
bre padece sobre la tierra es para su propio bien.» 

La amistad de la Zanzé fue igualmente para mí un beneficio. 
Dulcificó mi carácter; escitóme su deliciosa aprobación á no des;- 
mentir durante algunos meses el deber que causa á todo hombrie 
la obligación de mostrarse superior a la fortuna, es decir, á ser 
sufrido, y estos pocos meses de constancia me plegaron a la re- 
signación. 

La Zanzé solóme conoció dos ocasiones de enfado; la primeta 
fue por aquel maldilo café, y la segunda voy á decir por qué; 

Cada dos ó tres semanas solía presentarme el alcaide uña 
carta de mi familia, cuya carta, pasando primero por las manos 
de la comisión, llegaba a las mías horriblemente mutilada y ta* 
chada con negrísima tinta. 

Sucedió el dia que me encolericé, que en vez de destruir soló 
algunas frases de mi carta, estendieron los tachones por toda 
ella, dejando solo legibles las frases de quendisimo Silvio^ con la 
que empezaba, y la de te abrazamos todos de corazón^ con lá 
fcual terminaba sin otra cosa visible. 

Enfurecióme de tal modo el hecho, qtíe en presencia de la 
Zanzé prorumpí en anatemas y maldiciones, no sé ya contra 
quién. La pobre nina se compadeció de mí; pero al mismo tiempo 
íne acusó de no ser consecuente con mis principios. Conocí que 
tenía razón, y no maldecí mas. 



Cierto dia entró uno de los secondini con aire misterioso it 
mi encierro, y me dijo: 

—Cuando estaba la siora Zanzé.... es que como os traía ella el 
café y se deteniá siempre largo rato á discurrir con vos, temia 
llegase á penetrar todos vuestros secretos, porque ¡ya es buena 
maula, ya! . ./; 

— Jamás penetró ni uno solo, le repuse incomodado; y 'Habéis 
de saber que si yo tuviese secretos no seria tan tonto qué mé los 
dejase arraDcar. Adelante. 

—Perdonad^ Vo no digo que seáis tonto; pero yOjnQ mefiaría 



^B VALBMGIA. 227 

de la siora Zaozé^ y abora que no tenéis á nadie que os haga 
compañía^ no dudo que.... 

— ¿Qué? fisplicaos de una vez y sin rodeos* 

— Bien^ pero juradme antes que no me haréis traición. 

— ¡Ah! bien puedo jurarlo, pues en la vida hice traición á nadie. 

—¿Conque lo juráis de veras? 

—Sí; juro no descubriros; pero habéis de saber, grandísimo 
majadero, que yn hombre capaz de hacer una traición no io es 
inenos de violar un juramento. 

Sacó de su bolsillo una carta que me entregó temblando, y 
rogándonie la rasgara en cuanto la hubiese leido, 

.-.Esperad un momento, le dije abriendo la carta, y después de 
haberla leido la rasgaré delante de vos. 

—Bueno, pero es preciso que me deis una contestación, y yo 
no tengo tiempo de esperar. Mas vale que lo hagáis con comodi- 
dad, quedando acordes sobre lo que voy a deciros. Mirad, cuan- 
do oigáis ruido en la puerta^, sabed que si soy yo, vendré caq^* 
tando la copla de sognai mi gera un gato (*), en cuyo caso no 
temeréis sorpresa alguna, y podéis tener en el bolsillo los pape- 
les que gustéis; pero si no oís la canción,, es señal de ser otra per^ 
sona, ó de venir acompañado; entonces cuidad bien de no tener 
papel alguno escondido , pues pudiera hacerse una pesquisa; si 
tal sucediere, rasgad pronto el escrito^ y arrojadlo por la ventana. 

~No teláis cuidado, ya veo que sois hombre prevenido; yo 
también lo seré por mi parte. 

—Sí, pero con todo, me habéis llamado majadero, y ya v^is 
que..^ 

—Hacéis bien en reconvenirme, le dije cogiéndole la mano. 
Perdonad, 

Marchóse, y leí lo que sigue: 

: ^Spy (aquí ponia el nombre) un admirador vuestro, y sé de 
meiBoría toda vuestra Francisca de Bimini. El motivo de mi pri- 
sión es.... (aquí le especificaba), y diera no sé cuántas libras de 
mi sangre por tener la dicha de estar con vos, ó por lo menos 
bal)itar un encierro próximo al vuestro que nos permitie^ con- 
versar. Apenas supe por Tremerello (daremos este nombre al 
confidente) que estabais preso^ y por qué, ardí en deseos de de- 
ciros que Had¡,e en el mundo puede compadeceros ni amaros mas 
que yo« ¿Seríais tan bueno que aceptaseis la proposición de ali- 
gerar mutuamente el peso de nuestra soledad escribiéndonos? 
Os prometo, á fé de hombre de honor, que jamás alma viviente 



O Soñé jtni^ era .y9*aq gato {dialecfá veneciano). 



228 EL PENSAMIENTO 

lo sabrá de mi boca^ persuadido de que si oceptais^ puedo esperar 
de vos igual sigilo. 

((Y entre tanto^ para que forméis una idea de quien soy^ os 
remito el adjunto compendio de mi vida.» 

Seguia el compendio. 



Fácilmente se penetrará el lector , por desavisado que sea, 
del efecto eléctrico que semejante carta pudo producir sobre el 
ánimo de un mísero preso, y sobre todo de un preso con índole 
nada selvática y corazón amante. Mi primer sentimiento fue el 
de aficionarme al desconocido, conmoverme por sus desventuras. 
y sentir un íntimo agradecimiento por la buena voluntad que 
mostraba. 

«Sí> esclamé entusiasmado, acepto tu proposición, hombre 
generoso. ¡Ojalá puedan mis cartas ofrecerte un consuelo igual 
al que las tuyas me proporcionarán , al que he esperimentado 
solo con tu primera.» 

Leí y releí aquella carta con un júbilo infantil, y bendigo 
cien veces la mano que la había trazado: cada una de sus espre*- 
siones parecía revelarme un alnwi pura y noble. 

El sol estaba en su ocaso; la hora de mi oración habia lle- 
gado. ¡Ah! ¡Cómo se me representaba Dios! ¡Cómo le tributaba 
yo gracias por procurarme el medio de no dejar ociosas mis fa- 
cultades intelectuales y morales! iQué placer esperimentaba con 
tan preciosos dcmes! 

Hallábame de pie en la ventana, con los brazos fuera de la 
reja, y las manos cruzadas. Debajo de mí estaba la iglesia de San 
Marcos, sobre cuyo plomizo tejado triscaban una multitud prodi- 
giosa de palomas independientes, se acariciaban, volaban, y ha- 
cían sus nidos. £1 cielo ostentaba su mayor magnificencia. Domi- 
naba toda aquella parte de Yenecia que la vista podia alcanzar 
desde mi prisión: un lejano ruido de voces humanas hería dul- 
cemente mis oidos. En aquel sitio terrible, pero asombroso, con- 
versaba con aquel cuyos ojos solos me veian, encomendábale mis 
padres, y después una tras otra todas las personas dignas de mi 
aprecio, á lo que me parecía oir esta respuesta: «Confia en mi 
bondad.» «Sí, esclamaba yo, en tu bondad infinita confio.» 

Aqui concluí mi oración enternecido y consolado, sin reparar 
en las picaduras que mientras tanto me hablan hecho el enjambre 
de cínifes. 

Como se tranquilizase algún tanto mi espíritu aquella noche 
después de tan cruel agitación, los picaros insectos se hiciesen in- 
tolerables, y echase yo de ver la necesidad de cubrirme manos y 



DB VALENCIA. 229 

cara^ asaltóme de repente cierto pensamiento bajo y malo que me 
hizo estremecer; procuré desecharle, mas fue en vano. 

Tremerello me había insinuado una infame sospecha con res- 
pecto á la Zanzé: osó decirme que espiaba mis secretos. ¡ Aquella 
alma tan candida^ aquella joven tan interesante que nada sabia de 
política ni nada quería saber! 

Dudar de ella me era imposible; pero yo me decia, ¿puedo 
tener confianza en Tremerello? ¿Y si por ventura fuera ese infa- 
me el vil instrumento de alguna odiosa maquinación? ¿Si cual- 
quier desconocido hubiese forjado esa carta con el solo objeto de 
que yo haga confidencias importantes al nuevo amigo? Acaso el 
pretendido preso que me dirige su escrito no exista y ó si existe 
sea un pérfido que pretenda arrancarme secretos para comprar su 
vida revelándolos, ó quizás sea un hombre de bien , en cuyo caso 
es Tremerello un pérfido que quiere á ambos perdernos para ana* 
dír un suplemento á su salario. 

¡Ah! Cosa cruel, pero harto inherente á todo preso, temer 
por todas partes odio y maldad. 

Semejantes dudas envilecían y aniquilaban mi alma. Mas no: 
respecto á la Zanzé no me dominaron ni un solo momento. Solo 
desde que Tremerello soltó aquella espresion respecto á ella, caí 
en cierta especie de duda, no relativamente á la niña, sino con 
arreglo á los que permitían su entrada en mi cuarto. ¿Habríanse 
acaso propuesto, movidos espontáneamente por su celo ó por la 
voluntad de sus gefes, constituirla mi espía? Si asi lo imagina- 
ron, á buen seguro que el resultado no habrá satisfecho sus es- 
peranzas. 

Pero ¿qué determinación tomaré acerca de la carta del des- 
conocido? ¿Limitarme á los estrechos y rígidos consejos de ese 
miedo que llaman prudencia? ¿Devolver la carta a Tremerello 
diciéndole: «No quiero arriesgar mi reposo?» ¿Y si en lodo eso 
no hubiese ninguna falsedad , si el desconocido fuese acreedor á 
mi amistad y digno de que yo aventure algo para mitigar las an- 
gustias de su soledad? ¡Cobarde! te ves al pie del suplicio; la sen- 
tencia fatal va á serte pronunciada de un dia para otro, ¡y aún 
rehusas este último rasgo de afecto! Debo contestar: sí. Pero si 
por desgracia se descubriere un dia esa correspondencia , y aun- 
que en conciencia no pudiesen inculparnos, ¿dejarla de caer un 
fuerte castigo sobre el pobre Tremerello? ¿No es suficiente esta 
consideración para que yo me imponga un deber absoluto de cor- 
tar toda correspondencia clandestina? 



Permanecí agitado aquella noche sin poder cerrar los ojos en 



2S0 f^ PENSAMIENTO 

toda eUaj y cercado d$ tantas ÍDcertidumbres do sabia qué par- 
tido abrazar. 

•Al rayar el dia sallé de mi caroa, y me dirigí hacia la venta- 
na, donde me puse a orar. En toda circunslaacia diíicil se espe- 
rimenta el deseo de enderezar uno sus suplicas á Dios> escuchar 
sus divinas inspiraciones, y confornaarsQ á ellas. 

Asi lo hice, y después de una larga oración me bajé de la 
ventana, espanté los mosquitos^ páseme con cuidado las manos 
por mis mejillas plagadas de aguijona;zos^ y lomé la resolución 
de manifestar á Treraerello el temor de que la tal corresponden- 
cia redundase en perjuicio suyo, decidido por otra parte á renun-j 
ciar á mi proyecto caso de que él titubease; ó de aceptar si mi 
temor no le aredraba. Paséeme largo i;ato por mi estrecho recinto 
basta que oí la canción de Soffnai mi gera un galOj e ti m 
^jor^zs^^üí (*). Tremerello me traía el cafe. 

Manifesléle mis escrúpulos sin omitir nada que pudiese espi- 
tar su temor, mas él permanecía inexorable en el deseo de servir, 
según decia, á dos caballeros tan completos. Estas palabras for- 
maban tal cual contraste con su cara de conejo , y el nombre 
de Tremerello que le habíamos aplicado. Pues bien^ tnanlúveme 
yo igualmente firme. 

—Os regalaré todo el vino que me den, le dije ^ con tal que me 
procuréis el papel que necesito para esa correspondencia, y estad 
persuadido de que al menor ruido que. perciba yo de llaves, noi 
oyendo la canción consabida, en un abrir y cerrar de ojos habré 
destruido cualquier escrito clandestino. . 

— Aqui tengo justamente una hoja de papel, lomadla; os daré 
cuantas necesitéis, contamdo siempre con vuestra destreza en caso 
necesario. 

/ Abrasábame el paladar para concluir pronto el café. Treme- 
rello salió y me puse á escribir. 

¿Hacia yo bien? ¿La resolución que acababa de abrazar era 
realmente una inspiración de Dios? ¿O era mas bien un triunfo 
de esa audacia natural que me inclina á preferir lo que me place, 
antes que penosos sacrificios? ¿O era el efecto de una orguUosa 
complacencia por el apreció que hacia de mí el desconocido, com- 
placencia mezclada con el temor de parecer pusilánime, prefi- 
riendo un silencio prudente á una correspondencia con algún viso 
de peligrosa? ¿Cómo resolver tantas dudas? Esponíalas con can- 
dor en la respuesta que hice á mi compañero de cautiverio, aña- 
diéndole no obstante ser mi modo de pensar, (}ue cuando se cree 



{*) Soñé que era yo un gato y tú me acariciaban. 



DB VALfiNGU. 2S1 

tener razonen poderosas para obrar sin repugnancia positiva do 
h conciencia / no hay motivo^ para temer. Suplicábale no obstante 
meditase sinceramente por su parte sobre lo que íbamos á em* 
prender, y me espusiese con franqueza las razones que tuvo para 
temer ó estar tranquilo al determinarse; y si eslas reflexiones le 
presentabat) la empresa como demasiado temeraria. 

<(Reuoamos, le decia yo, nuestros esfuerzos, y renunciemos 
al consuelo que nos prometía la correspondencia proyectada, 
contentándonos con habernos dado mátuamente á conocer, y 
cambiado algunas palabras escasas, pero eterna muestra de una 
sinoera amistad.» 

Escribí cuatro páginas animadas por el mas vivo y cordial 
afecto; insinuábale en pocas palabras la causa de mi arresto, ha- 
blábale largamente de mi familia y otras personas que apreciaba; 
prooorando en toda mi narración descubrirle lo mas recóndito 
de mi corazón. 

' Entregué mi carta por la noche. Gomo no había dormido 
nada en la anterior, estaba rendido; el sueño ño tardó en jun- 
tar mis cansados párpados, y á la mañana siguiente me desperté 
restablecido, feliz^ y palpitando de gozo con la idea de que acaso 
en breves instantes recibiría la respuesta de mi amigo. 



La contestación llegó con el desayuno. Tendí mis brazos á 
Tremerello dieléndote con ternura: «¡Dios te pague tanta cari- 
dad!» Habíanse; dísipíido, sin saber yo mismo por qué , los 
rícelos que tuve de él y del desconocido; seria tal vez porqué las 
sospechas rae eran odiosas, porque teniendo la T^reoaucion d^ no 
ciíar para nada ía política, me parecían ÍDÓtiles, porque al mismo 
tiempo que soy admirador del ingenio dd Tácito, creo poquísimo 
en la infalibilidad de su doctrina^ que consiste en ver casi todas 
las cosas en negro. 

Julián (así tuvo á bien firmarse el desconocido) encabezaba 
su carta con un preámbulo de urbanidad, y se decia exento do 
toda especie de inquietud con respecto á la correspondencia proí- 
yectada; mofábase después, primero con reserva^ de mi perpla- 
gidad, y mas adelante iba adquiriendo aquella mofa un aspecto 
mas acerado., Finalmen»te, después de un elocuente elogio de la 
franqueza, suplicábame le disimulase sino podia ocultarme el 
disgusto que esperimentó al hallar en raí^ según decia, cierta es- 
crupulosa indecisión y y cierta cristiana sutileza de conciencia 
que no puede acordarse con la verdadera filosofía. 

«Os estimaré siempre> proseguía, aun cuando sobre ese pun- 
to no marchemos acordes; pero la franqueza que me caracte- 



232 EL PEIfSilMIBNTO 

riza me obliga á deciros que no tengo religión alguna, y las 
aborrezco todas. Me doy por modestia el nombre de Julián, por- 
que aquel buen emperador fue enemigo de los cristianos, pero en 
realidad le sobrepujo mucho en esa parte. El Julián coronado 
creía en Dios y tenia sus correspondientes beaterías, mientras 
que yo no tengo ninguna; como llevo dicho, no creo en Dios; 
toda la virtud consiste según mi opinión en amar la verdad y á 
quien la busca, y en odiar á quien no me gusta,» 

Y continuando por el mismo estilo, no daba razón de nada^ 
se enfurecia á diestra y siniestra contra el cristianismo, en- 
salzaba con pomposa energía la superioridad de la virtud sin re- 
ligión, y lomando un estilo medio serio y medio burlesco, elogia- 
ba al emperador Julián por su grande apostasía y filantrópicos 
esfuerzos para borrar de la tierra todo rastro de Evangelio. 

Temiendo después haber herido demasiado mis opiniones, 
volvíame á solicitar le disimulase, y á declamar contra la falsedad 
tan común entre los mortales. Por último, manifestábame de 
nuevo su vivo deseo de entablar relaciones conmigo , y me sa- 
ludaba. 

Su posdata decia: «Solo tengo un escrúpulo; el de no ser bas- 
tante franco. No puedo menos de manifestaros mis sospechas de 
que el lenguaje cristiano que usáis conmigo sea falso, y lo deseo 
de todo mi corazón. Si así fuera, arrojad la máscara, yo os di el 
egemplo.)) No hallo términos conque espresar el efecto estraño 
que la tal carta produjo en mí. Al leer la primera línea me pal- 
pitaba el corazón como á un enamorado , y después parecía que 
una mano de hielo me le apretaba. Su sarcasjno sobre la suscep- 
tibilidad de mi conciencia me ofendió , y me arrepentí de haber 
entrado en relación con semejante hombre. ¡Yo que desprecio tan 
altamente el cinismo! jYo para quien esa doctrina es de todas las 
tendencias la mas antifilosófica^ la mas absurda! ¡Yo en fin á 
quien la arrogancia impone tan poco! 

Al terminar su lectura comencé á doblar la caria por ambos 
lados y con ambas manos á un tiempo, y alzando la izquierda y 
bajando la derecha, resultó quedar cada una de mis manos en 
posesión de una mitad de la carta. 

Por el autor, 

A. Aparisiy Gujarro, 




DB YALENGIA. 233 

máximas y |»ensaiBientos morales, religiosos, políticos y filosóficos 

de varios autores. 



El secreto, de la virtud y de la dich^ se encierra en estas pa- 
labras de San Pablo: «Apoyaos mútúameat^.)) 

Roberti. 

Hija mia, te aseguro que el oficio de reprender es muy fácil; 
pero muy difícil el de enmendarse. 

San Francisco de Sales. 

No hablemos con tono soberbio y arrogante, es una debilidad 
animarse de este modo: la fuerza verdadera consiste en la razou 

tranquilamente manifestada» 

Bmsuet. 

£1 sabio economiza el tiempo y las palabras. 

La Foníaine. 

Quien confia en el Altísimo, recibirá favores positivos de la 
protección del Dios de Jacob. 

Deuterenomio. 

Upo de los efectos de las revoluciones es el de contristar el 
carácter de los pueblos. Las grandes conmociones abren violen- 
tamente el corazón del hombre, y se descubre él fondo que no^se 
vé nunca sin espanto y sin dolor. 

Lamermais. 

Vale mas incomodarnos mil veces con nosotros mismos, que 

una sola vez con los otros. 

Nepveu. 

Sed yunque mas bien que martillo. 

San Francisco de Sales. 

El que busca esposa, hermosa, rica y noble; busca due3a ea 
vez de compañera. 

Chilon. 
Tomo II. 30 



234 EL PENSAMIENTO 

La Religión es el aroma sin el cual se corrompe toda la cien- 
cia humana. 

Bacon. 

X 

Lo inútil siempre es caro. 

Amyot. 

Los que se fian en él porvenir y descuidan el presente, ja- 
más hacen cosa alguna. 

Dwplessis. 

Guando el viento de la vanidad sopla sobre el hombre supe- 
rior, le convierte en un necio dd que el primer tonto que se 
presenta tiene el derecho de mofarse. 

Mad. Girar din. 

Querer abarcar todos los negocios que el turbilloo de los su- 
cesos nos proporciona, es exponerse a perderlos todos. No ten- 
gas mas que un fin, lo demás empléalo como medio para al- 
canzarlo. 

Bacm. 

En todo pais ha^e gobernarse con las doctrinas que en él 
dominan, no con las propias por excelentes que parezcan. 



■*rfc* 



Decídete siempre por las opiniones moderadas, porque en la 
moral, lodo lo extremado es casi siempre vicioso. 

Descartes. 

El solo medio de conocer las verdaderas costumbres de un 
pueblo, es el de estudiar la vida privada de las clases mas nume- 
rosas; porque detenerse en las personas que figuran, es examinar 
á comediantes. 

Rousseau. 

«¿Eres ámbar? decía un sabio á un terrón perfumado que 
había recogido de una maceta, tu olor me encanta.»— Respon- 
dióle: «no soy mas que tierra vil; pero he habitado algún tiempo 
con la rosa. » 

Sadi. 

« 

Antes que la libertad ^política , es la independencia de la pa- 
tria ; antes que un Gobierno libre, es necesario uno emancipado 
del yugo extrangero; antes que las instituciones representativas. 



DE VALENCIA. 235 

soD las instituciones nacionales; antes que la reforma 6 el pro- 
greso^ son tas condieienes esenciales de uno y de otro^ á saber^ 
el sacudimiento de una tutela interesada en coartar su desarrollo. 

El amigo que nos oculta nuestras faltas^ nos sirve menos que 
el enemigo que nos las echa en cara. 

Pythágoras. 

Los hombres de la medianía no se acostumbran, á: tos ^ogios 
de otros. 

Marat. 

Dos cosas hay temibles^ la envidia de los ámiges y el odio de 
los enemigos. 

Cleóbulo. 

Cuando hs preocupaciones no combaten abiertamente la pú^ 
blica prosperidad ^ el Gobierno transige hasta con las preocupa- 
ciones. 

Salamanca. 

Tf es cosas os recomiendo sobre todas : ciencia , prudencia y 
silencia. 

Sócrates.. 

Las demasías del Gobernador supremo, raras veces tienen por 
objeto ó por víctima á la plebe. . 

Mealá G altano* 

Los beneficios soft Iroieos que se erijén sobre el corazón dé 

tos hombres. 

Xenophonte. 

Ea las guerras civiles es necesario juzgar á cada uno de los 

partidos con sus propias ideas, porque las guerras civiles son casi 

siempre la expresión de dos deberes en oposición el uno contra 

el otro. 

Lamartine. 

Las raices de las ciencias son amargas, pero el fruto es dulce. 

Aristóteles. 

Guando se canta victoria antes deUombate nunca se triunfa.. 

Dnplessis. 



236 EL FEIiUMIBNTO 

El mundo es una cárcel y la muerte la libertad» 

Fernán Caballera. 

Qaien está ea mayor fortuna , tiene para cualquier culpa 
menor licencia. 

El Padre Menda. 

El verdadero mérito de la limosna consiste en que aliviemos 
la miseria de los pobres privándonos de satisfacer algunos de 
nuestros deseos, es decir, disminuyendo esas necesidades ver- 
gonzosas creadas p^ el exesivo regalo, como si la naturaleza no 
estuviese bastante cargada de necesidades. 

Bossuit. 

El poderoso tiene esclavos , el rico aduladores, el hombre de 
talento admiradores; el sabio solo tiene amigos. 



■k -k -k 



lean Galindo y de Vera. 



>O0 



CRÓNICA. 



«La sociedad está fuera de su asiento,» decia el Sr. Bravo Murílío en 
su última discurso : la S9GÍedad se desmorona, decanos nosotros , sipo se 
acude pronto, muy pronto á conjurar los males que la minan y la destrozan. 
Ayer clamábamos para que se pusiera coto á esa indiferencia religiosa que 
es la causa d^ tantos robod sacrilegos como se notan; hoy es la falta de res- 
peto á las leyes , el ningún temor al castigo lo que yenimos á denunciar. 
Ayer eran los vasca Sagrados robados^, la Hostia inapta profanada y desapa- 
recida; hoy es un crimen cometido á la luz del dia, en una de las calles pú- 
blicas de Valencia,, cuando un desatentado hiere , al parecer, atraiciona 
otro y sin qué se TÍ^ra acaloramiento que le motivara, clavándole una daga 
homicida, dejándole casi exánime por la profundidad de la herida. [Y era, 
según nos aseguran , un padre el que así trataba al esposo de su hija! Un 
Garazon desalmado que sin iemot de Dios , y como desafiando la concien- 
cia pública y el castigo que por acción tamaña mereciera, ofendía á Dios y 
ofendia á la sociedad , perpetrando un crimen que toda ley divina y humana 
irremisiblemente condenan. 

¡A dónde vamos sino se castigan con mano fuerte las tendencias que con 
los crímenes continuados se advierten, en la sociedad eu que vivimos! ¡Qué 
será de todos el dia en que roto todo Vínculo religioso y social, crea el hom- 
bre que nada tiene que temer ni en este mundo ni en el otro! jQué de la se- 
guridad, qué de la tranquilidad del hombre honrado y pacifico, si se viera es- 
puesto á ser presa de una malevoleocia proca2i6 de una venganza sin frenoJ 

No pedímos cumplan con su deber los tribunales , porque nos dan repe- 



DX VUEHCIA. 237 

tichfl pruebas ele su jüstkia y de so rectitud; pera si, con este suceso que tan 
hondamente afectó á los muchos que lo preseneiaront nos dirigiremos i los 
que tienen en sus manos el poder, y les diremos: «ved lo que pasa en el país 
que gobernáis y para quien trabajáis las leyes : ved la incárediÁidad religioM 
qué ancho camino se traza; ved el poico temor que va inspirando ja lenidad 
del castigo; ved las consecuencias de haber sentado como prtneipíos verda^- 
deros los principios de una filosofía material y absurda; ved lo que se des- 
prende del relajamiento del principio de autoridad: ved en fin que á seguir 
asfy sin poner fuerte remedio, todos, y vosotros también, nos precipitare- 
mos tal vez para no salir de él, en la confusión y en el caos. No os durmáis, 
]oh legisladores y ministros! que el enemigo está á vuestras puertas; mas 
aun, va penetrando ya por la puerta que creísteis cerrada; y dentro de poco, 
si continuáis durmiendo, os encontrareis al despertar maniatados y esclavos. 
Enalteced la religión y protegedla sobre todo : asegurad con ürmeza este 
segurísimo bahiarte de la soeiedad; sostenedla en toda su pureza, y defendedla 
de todo ataque que se la diriia: fortificad las leyes para que sean el amparo 
y la protección del ciudadano honrado y el castigo del crimlnah si adverCís 
lenidad en ellas, reformadlas y hacédlas mas severas; que cuanto mas seve- 
ras son, mas garantías de seguridad, son también para el que fielmente las 
acata y obedece. No iemáiis; eo, pecdr de severos; que en et estado en que 
hoy va encontrándose la sociedad, vuestra severidad justa y legal, antes que 
temida ni que odiada , será enaltecida y apreciada por el honrado y {(robo 
ciudadano. 

£1 crimen que ha dado origen á nuestras someras reflexieoes , toda Va- 
lencia casi ha podido contemplarlo, pues desde un estremo de la ciudad hasta 
el otro estremo donde se halla colocado el Santo Hospital , atravesó el care- 
ro que conducía al desgraciado herido, á quien dos piadoso» sacerdotes sos-r 
tenían y consolatran -^ santos varones cuyos nombres quisiéramos saber 
para consignarlos en estas líneas— y que no le dejaron hasta su destino. 
fCuán dulce es su ministerio sagrado que no busca más que ocasiones de 
consolar, y no tiene. para todos y en todo mas que palabras de amor y de 
perdón! íQué dulce recompensa no espera á quien asi lo egerce sin cuidarse 
de que el mundo aprecie ni estime en algo su abnegación! 

El criminal autor del asesinato, parece que logró escapar al primer mo- 
mento; empero perseguido al instante por varios jóvenes que tras él corrie- 
ron no tardó en caer en manos de la jmtícia.. 

— Gran confianza nos inspira la severa rectitud d^ ^eñor Gobernador de la 
provincia: mucha y «iempre nos lá ha inspirado el digno señor Capitán gene- 
ral de la misma y su distrito; y en ambas confiaremos siempre, porque público 
es el celo y hr actividad que demuestran en asegurar la paz y la tranqui- 
lidad de sus administrados. Un diario» de esta capital ha señalado 6n sus 
correspondencias una partida díe foraigidps que tienen amedrantados á algu- 
nos pueblos, y hoy á nuestra vez venimos tambieh á indicar que otra par- 
tida de perdidos , perfectamente armados, recorren los términos de Monser- 
rate , Turis y Chiva, sembrando el pavor en las casas de campo que en ellos 
hay situadas. Últimamente parece que trataron de penetrar en la masía lla- 
mada de Calabarra, sina estamos mal informados, pero advertidos sus colo- 
nos por los ladridos de los perros, $é retiraron sin lograr su intei>to. ' 

. — Despqes de esta estadistica criminal que siempre nos repugna el regís* 
trar , porque no quisiéramos ocuparnos sino de actos dignos de loa y ala- 
ban!» , querrásk ahora , lector amigo > que te digamos algo de lo que pasa en 
la, oóftej ¿qo es verdad? , 



i 



238 BL I^NBAMIBRTO 

Pues fias de isaber, mal que te pese, que en la oórte no pasa nafda, absa- 
lulamente nada de nuevo , sino que el Congreso se ocupa en examinar las 
acias de los nuevamente elegidos, y en algunas interpeladornes de importan^ 
cia secundaria, mientras que los periódicos se entretíeneftr en-adirinar si la 
liga que no es de las de Pedroñeras ni de las de goma , sino simplemente lo 
que álüs llaman' una liga, está disuelta ó á punto de disolverse; 

¿Y qué es disolverse? 

Disolverse quiere decir que cada uno obre por si , y tire la cuerda por 
su lado. 

[Entonces se romperá! 

No lo creas aunque te lo aseguren moros, porque la tal liga , según 
dicen los que andan en ello, está ahora mas fuerte que nunca. 

Sea asi y no demos en tierra con el carro. 

¿Y no hay mas?* 

Ah sí, me olvidaba: losr periódicos progresistas y el demócrata se andan 
asaeteando con artículos de la fuerza de mil caballos para decirse que nada 
tienen que ver los unos con los otros. 

Bueno; asi se irán aclarando las posiciones» 

¿Y es eso todo? i - 

Espera un poco: como el pan cotidiano iambíen se ha dicho que habia 
crisis. i 

Y admírate: se deeia que habia liga roioist^ial de Concha. -^Mon^-^ 
Mayans. • * 

¿Y qué mas? 

Que la fracción que han* dado llamar de Narvaez se movía por su propia 

cuenta- 
Pero todo esto ha pasado como lluvia de verano^ aun cuando estamos 

en Febrero, y los mismos que lo han inventado se han reldó al día siguiente 

de SU! candidez. 

Es verdad que haiy gente muy cltndida:^ - . 

Y eso que la candidez no es moneda muy corriente en esta épocas 
¿Quién querrá que le llamen candido en un siglo que tan perfectamente 

conoce el arte de engañar? 

. Tú y yo lo somos sin embargo lector amigo: tú en creer verdad cuanto 
te cuentan los periódicos , y yo en abrigar la ilusión de que vives contento 
y feliz porque te instruyen y deleitan. 

Sobrq todo cuando los periódicos graves te hablan del baile de la duque- 
sa de A,... del thé dansafit^ —un thé que baila—de la marquesa da B... del 
chocolate de la condesa de C... de la reunión del barón de D.... del sarao 
del vizconde de E.... y asi recorriendo todas las letras del abegedarío. 

¿No te se figura que el paladajr te se hace agua al leer tales noticias? ♦ 

Y sobre todo cuando los susodichos periódicos graves se oqupan,— siem- 
pre gravemente— del miriñaque, y de los volantes, y de las mangas, y de 
tantas otras cosas tan graves de suyo? 



' La nota pasada por el embajador de Francia al gobierno inglés pidiendo 
que éste revisara las leyes hospitalarias, y quejándose de la sobrada favora- 
ble acogida que encuentra todo emigrado político en el suelo de la Gran- 
Bretaña, ha dado lugar no solo á varias reuniones particulares del pueblo 
para protestar contra lo que allí se llama coacción egercida por un gobierirío 
estrangero, sino fuertes interpelaciones en la cámara de los comtmes y va- 



DB VALBNOA. 239 

rías prpposicioBes presentadas por algunos oiiembros contra la Conducta po- 
lítíc9 seguida en este asunto por el gejfe del gabinete. Tales y tafntos han sido 
I09 ataques que se ie han dirigido^ que el gabinete en masa se ha Yisto obli- 
gado á presentar su dimisión. Parece que ha. sido aceptada, y encargado el 
conde Derby de la formación del nuevo ministerio. Este acontecimiento eo 
nada creemos que influya en el mantenimiento de las buenas relaciones que 
hoy dia existen entre ambos gobiernos; porque el inglés especialmente, está 
sobrado rodeado de serias dificultades que unas mas que otras podrán acaso 
influir en su grande existencia politica, y en el rango que ocupa entre las 
naciones europeas, para no tratar de evitar á cualquier precio que salve su 
independencia y su dignidad, una ruptura que en los momentos actuales pu- 
diera serle funesta. El nombre del conde IJerby, á quien se dice encargado 
del gabinete que ha de sustituir al de lord Palmerston dimisionario^ es una 
garantía tal vez roas fuerte aun de que las buenas relaciones entre ambos 
paises serán mantenidas en toda.su fuerza posible. No por eso creemos que 
esa alianza que hoy se quiere mantener con gran vigor sea por largo tiempo 
duradera: antes al contrario estamos intimamente persuadidos que las anti- 
guas rivalidades entre ambos pueblos, mas aun, sus odios seculares volverán 
á renovarse en la primera ocasión propicia: la Francia no recuerda, aun des- 
pués de tantos siglos, sino con horror y maldición que la Inglaterra dominó 
una buena parte de su territorio; y la Inglaterra no perdona á la Francia la 
humillación que ha impuesto á sus tropas en nías de cien combates, ni mu- 
cho menos la superioridad intelectual que sobre ella tiene en Europa. Es una 
lucha antigua, calmada pero no estinguida: lucha y antagonismo, que ha ido 
sucediéndose de padres á hijos y de generación en generación. 

Por de pronto la caída de lord Palmerston es como ha sido siempreun 
fausto acontecimiento para todo amante de la paz y del orden, no solo 
europeo, sino del mundo; porque ó sea malicia ó sea desgracia el nombre 
de lord Palmerston se ha visto asociado á todos los lances desagradables que 
han ocurrido en las naciones y siempre que ha estado en el poder, se han 
visto mas envalentonados los fabricadores de revoluciones, lanzándose en 
ocasiones semejantes á empresas atrevidas. Podrá ser que todos los aconte- 
cimientos y todos los síntomas revolucionarios se hayan fraguado y llevado 
á cabo sin su consentimiento y aun contra su voluntad; pero es también 
muy estraño que habiéndoselo avisado veces repetidas de proteger y alentar 
el espíritu revolucionario, el noble lord no haya encontrado ocasión propicia 
de desmentir voz tan absurda, si lo es, desplegando una conducta contraria 
y obrando de una manera diferente de la que siempre ha manifestado. 

Por nuestra parte, volvemos á repetir que la Europa pacífica debe felici- 
tarse de ver alejado del poder al vizconde Palmerstoi). 

-«Por 227 votos contra ük ha aprobado el cuerpo legislativo francés la ley/ 
de sospechosos que se le habia presentado. Los debates han sido acalorados^ 
según todas las correspondencias; pero lo mas notable que se echa de ver en 
ellos, y lo que acaso causará mayor estrañeza , es la defensa que han hecho 
algunos oradores de los principios monárquicos. La impresión que causara 
el atentado dura todavía y el deseo de comprimir por todos los medios 
imaginables las tendencias desorganizadoras de los revolucionarios de pro- 
fesión, ha sido la causa principal de que la ley votada haya encontrado en 
todos los cuerpos politices que la han examinado fuertes y hasta entu- 
siastas defensores; pero esta misma arma tan terrible de suyo que el cuerpo 
legislativo ha puesto en manos del gobierno, no basta, nos parece, á estirpar 
la gangrena que lentamente corroe aquel cuerpo social y desgraciadamen- 



240 EL PE'NSAMtfiNtO 

te el de muchas naciones de Éoropd. La Francia se halla por decirlo asi, 
minada por las sociedades secretos, cuya influencia se estiende hasta muy 
lejos: la incredulidad y el ateísmo por una parte, y la ambición y la sed de 
las riquezas devoran á todas las clases y á todos individuos; y este mal añejo 
pero latente no bastará á conjurarlo toda la energía del poder egecuti\'o, 
ni todas las leyes de sospechosos de que se arfne su brazo. El pueblo 
francés, tan móvil en sus impresiones y en sus afectos, desechando hoy 
lo que ayer fué su ídolo, fáeiltíiente pasa del amor á la indiferencia, y 
de la indiferencia al entusiasnto, y si bien admira al genio de Napoleón III, 
acaso no conserve, el mismo a-fócto pot él que le suceda si desgraciada- 
mente llegara el caso de su falta. La única política posible en Francia es, 
por su mal, tener que vivit al dia; porque ¿quién puede adivinar ni pre- 
venir lo a azares del porvenir? 
— La reorganización de los principados danubianos vuelve á complicarse 
de nuevo. Parece que los individuos que componen la comisión europea 
de Bucharest están muy lejos de entenderse acerca del partido que sea 
mas prudente adoptar. £1 Austria , Inglaterra y Turquía , opinan por 
mantener el statuoquOy tíñetiit&s que Francia y Cerdeña desean la unión 
de ambos, poniendo á ¿u frente cómo soberano, á un principe estrangero, 
y Rusia opina porque esta elección recaiga en un príncipe indígena. Prusia 
no ha manifestado, hasta ahora, su opinión. Dignóos, empero, de no- 
tarse, que no parece se ha abandonado enteramente el proyecto de anexión, 
como te dijo un dia, antes bien se insiste siempre en él por parte de las 
potencias que desde el primer miomento se mostraron resueltas á llevarla 
á cabo. 
•I-Las ultimas noticias de Turquía dicen que en la Bosnia y la Hezzegowi- 
na reinaba gran fermentación. En el Montenegro hablan estallado serios 
desórdenes que habían llamado la atención del gobierno austríaco. Parece 
que las causas principales de aquelias turbulencias eran las reformas reli- 
giosas otorgadas por el Sultán en favor de los cristianos. Por otra parte en 
las fronteras de Albania había ocurrido un encuentro, en el que \m puñado 
de valientes pastores montenegrinos resistieron el ataque de dos mil turcos. 
Viéndose aquellos cercados por todas partes, se abrieron paso por entre las 
filas de sus enemigos, perdiendo tan solo cinco de sus compañeros; pero 
enviando gran número de turcos á dislVutar del paraíso de Mahoma. 

-^El gobierno sardo ha presentado á' las cámaras su proyecto de ley rela- 
tivo á las conspiraciones contra la vida délos gefes de los gobiernos estran- 
geros. Et máximum de la penalidad que establece es el de diez años de tra- 
bajos forzados , sin perjuicio de la que hay establecidas en su código penal. 
La apología del asesinato político será castigada con prisión de tres meses á 
un año. En el mismo proyeGt<^ de ley sp copsignan algunas modifícaciones 
en la ley del jurado. 

—-El br, 1). Francisco Povedaha sido repuesto en su pbza de médico de 
los baños de Chulilla. Felicitárnosle sinceramente porque el gobierno 
de S. M; ha hecho justicia á su mérito reconocido y á sus servicios en bien 
de la hupíianídad. pignp es tapbíen de alabanza el ministro, y por ello le 
felicitamos también , que reconociendo la abierta injusticia cor que se pidió 
y obtuvo la separación del ^r. Poveda por no sujetarse á exigencias exage* 
radas, se ha apresurado á aconsejar á S. M. este acto de completa y estricta 
legalidad. 

Luis Miquel y Roca. 



t > 



j 



PENSAMIENTOS FILOSÓFICOS 

S(MBRC m^ ESTADO ACTUAL DE U ft0GIB0A9 , RETOLUGION (}ÜE tA 

AMENAZA , T MEmOS. DE CONJURARLA. 



(continuación.) 

Hay en nosotros una concejera divina, á quien llamamos 
conciencia. Dios grabó su ley en el corazón del hombre^ pues era 
d^no^ necesario, que Dios quelocrió^ pusiese luz en su alma 
para que anduviese por sus caminos^ ya que hasta al bruto con- 
cedió instinto seguro para obrar conforme a su naturaleza. La 
ley natural se oscureció, merced al pecado, y por eso vino Jesu- 
cristo á escribirla perfeccionada en un libro santo que selló coa 
su sangre^ para que estuvieran presentes siempre á nuestros ojos 
su mandamiento y su sacrificio^ su voluntad y su amor. 

Sea ó nó ütíl^ dé 6 no placer, el hombre debe obrar conforme 
á la voluntad de Dios, que es justicia y caridad; por eso nosotros 
los cristianos decimos: Dios^ derecho natural, ley revelada; los 
que no lo son, suprimen á Dios, y dicen: hombre^ utilidad.,... 
la utilidad es la moral del ateísmo. 

Pareciera escándalo en los antiguos tiempos difundir como 
principio de moralidad en el hombre su utilidad y conveniencia^ 
bien que en el terreno práctico, en toda época y pais lo han seguido 
no pocos. Mas fuera de los Epicúreos, jamás hasta ahora se pro- 
clamó como doctrina, ¡triste gloria «que cupo al inglés Bentham^ 
avergonzándose la conciencia de las gentes honradas! Lo justo^ 
según él, es lo útil; lo útil, lo que da placer ó contentamiento; lo 
nocivo, lo que da malestar ó dolor. Esta doctrina roba todo su 
mérito á la virtud y la despoja de su celeste aureola; sino hay 
Dios^ sin embargo, la doctrina es muy cierta^ porque sino hay 
Dios^ tampoco hay virtud. 

El hombre en este supuesto seria el juez único de la morali- 
dad de sus acciones; teudriapara ello, es verdad, un guia infali- 
ble: tal cosa me gusta, tal me repugna: huyo pues de esla^ 
abrazo aquella. Me enamora la muger de mi progimo; ¿y por qué 
be de negarme al placer de amar^ y á la satisfacción de ser ama- 
do? Mi vecino es rico y yo no lo soy, ó por fortuna ó por vicios, 
uo importa; el hecho es que él tiene mas que yo, y yo me hallo 

Tomo ll.-— Núm. «0.-«t« Harso de t9ft9, st 



242 EL PENSi^MIENTO 

siempre dispuesto á partir mis bienes con hombres semejantes.... 
£1 (lia en que tal doctrina «ntre en las cabanas de los pobres^ tem- 
blarán las casas de los ricas. • 

Este primíipio preseiütado al desnudo éépanl* á los honrados 
y da asco á los generosos; se le vrste/pues^'se le adorna , se le 
presenta menos repugnante á los ojos del mundo. La convenien- 
cia, dicen algunos, es prinoip^io de moralidad, pero es la conve- 
niencia bien entendida, es el bien particular que no ofende al 

genera!, y aun en solemnes ocasiones se sacrifica por este 

Pero entonces, ¿qué es de vuestro sistema? ¿qué se ha hecho el 
guia infalible, el placer, principio seguró, según vosotros^ de 
toda moralidad? Ya no podrá adoptarse como tal, puesto que hay 
muchas cosas qué lo proporcionan, y deberán rechazarse, ó por-; 

2U0 dañan á otros, ó porque á la postre causan ó pueden causar' 
olor. Fue, pues, locura alborotar al mundo, suponiendo haber- 
se encontrado un nuevo sistema, pues con repetir lo que se ha 
predicado infinitas veces, estoes, que el hombre debe siempre 
practicar la virtud y huir del vicio, todo estaba dicho. Por tanto, 
si adoptáis esta opinión, desertáis de'vuéslro campo, y os pasáis 
á nuestras banderas; y cierto os admitiremos gustosos como sol- 
dados de la buena doctrina,, con tai que juréis fidelidad á Dios 
que nos ha dado uüa ley, y tiene una eternidad de premio para' 
los que fieles la siguen, y de castigo para los que prevaricadores 
la traspasan. Pero sino tenéis por Dios á nuestro Dios, entonces 
cuanto podáis decirnos no es mas que palabras. 

¿Por qué he de sacrificar yo en ningún caso mi bien por el 
bien de otros? ¿quién rae asegura que el sacrificio que rae ha de 
costar esfuerzo y dolor, no se me impone por el capricho del 
fuerte, ó el abuso del rico? Y aun cuando así no sea, ¿por que 
he de sufrir ya, para que otros no sufran ó acaso gocen? ¿Sacri- 
fi<ji0s me pedís? Pagadme el sacrificio.... pero no tenéis con qué,' 

pues renunciasteis al tesoro de la eternidad No os parece 

buena náoneda sino la que corre en el mundo; soy de vuestnai 
opinión, soy del mismo gusto. Haré pues el mió mientras pueda, 
y si tú; ¡oh! ¡sociedad» me caslj^as, no ha de ser sino con el 
derecho del mas fuerte. Pero juro yo, que el dia en que lleguemos 
á ser los mas fuertes los ahora débiles y miserables, ya arregla- 
remos las cosas de otro modo; y pues nos habéis desheredado de 
la eternidad y reducido á la vida que dura tan poco, no hemos dé 
consentir que nadie goce tanto como nosolj-os; y antes de entrair 
en el sepulcro y ser nada^ queremos esplotar la vida y serlo todoj 



VALBNGIÁJ Sis 

Decir que la virtud es siempre úlil^ y el peoado nocivo^ es en 
boca del hombre descreido un sofisma estupendo^ ó una insolente 
ironía; pero es verdad en boca del cristiano. Conforme á la ley 
de Dios^ y tomando en' cuenta la eternidad^ el pecado es siempre 
perjudicial, y la virtud provechosa la virtud es gran mereci- 
miento, en cuánto jirguye sacrificio; cierto, que este sacrificio 
será recompensado con premio infínitb en la vida futura, pero 
cuesta en la présente; y el esfuerza que hago yo para \encer 
mis malas inclinaciones y ob;rar conforme á las miras divinas, 
ése esfuerzo «s la virtud, que vale mas, cuanto mas cuesta, y 
qué si nada costase, valdria bien poco. En fin, como puede creer 
;úlil un hombre valiente derram£|r su sangre en el campo de bata- 
lla, ó por el' premio que espéraááus' proezas, ó por la fama que 
ibmbrtalizará .su mentoria, m puede el cristiauQ considerar siem- 
pre útil la' virtud, teniendo fijos los ojbs^n el cielo adonde le está 
guardada la corona^ 

Nos asalta albora una idea que naturalmente se enlaza i las 
apuntadas sobre la caida y corrupción del hombre. El placer y el 
"dolor podrían ser signos casi seguros de la moralidad ó inmorali- 
dad de una acción ó hecho, si el homfitre se conservara puro; sí 
no hubiera pecado. La razon^ laz* del aím^, señora de los senti- 
dos, ausiliadá por su celeste consejera, lá conciencia^ conservara 
vivo en el hombre el gusto de las casas del cielo, y naturalmente 
repugnaría las torpes de la tierra. Asi vemos a virgen de limpio y 
casto pensamiento, en comunicación con Dios por la inocencia de 
so alma, que le causa repugnancia y hasta mortal pesadumbre la 
acción ó palabra deshonesta !que inundaría dé bastardo placer á 
una muger impura. De donde nace que el hombre^ cuanto mas 
por.su virtud,. esto es, por su esfuerzo para domar los malos si'^ 
nieslros del alma^ 6 los torpes apetitos de la carne, se acerqup á 
la perfeccioa, es decir, á Dios, tanto mas podrá tener por regla 
de moralidad el placer 6 el dolor que una acción ó hecho/ 6 la 
proposición solo, ó el mero pensamiento de' ellos produzca en síu 
espíritu. Por el contrario, cuánto más se .aparté de Dios y se 
pegue pervirtiéndose á la« cosas á6 h tierra,^ encontírará menos 
gusto en la contemplación sublinie de la verdad , y en. la práctica 
austera de la virtud, y anclando por entre sombras de muerte, 
codiciará por fin hasta el refinamiento del vicio, ó la estravagan- 
cia del crimen., para proporcionar deleite ó vida al corazón 
estragado^. 

A\ Apari^i y Guijarro. 



tu EL PBC^AMIfMTO 



LA FRANXIA Y LA INGLATERRA. 



El atentada contra la vida del Emperador de los franceses ha 
dado ocasión para que éste conociera lo que no supo apreciar sin 
duda poco tiempo antes cuando corrió igual riesgo el Monarca 
Napolitano, Para lecciones el tiempo. 

Ahora^ con una celeridad inusitada^ Napoleón III acaba de 
adoptar resoluciones gravísimas para atender á la tranquilidad de 
su pueblo en el porvenir^ y aunque no puede negarse que lo ha 
hecho con notable habilidad , ha dado no obstante que sospechar 
con ello temores personales , y ha revelado ademas el estado de 
agitación interior en que la Francia se encuentra , que hace te- 
mer por su imperio y mas que todo por la consolidación de su di«- 
nastía. 

No somos del número de los que piensan que Napoleón obra 
así dominado por el terror : esta apreciación vulgar no nos parece 
fundada, porque el Emperador ha corrido riesgos mayores y por-^ 
que, no seria un hombre mediano siquiera, sino comprendiese 
que habia de encontrar en su elevación otros nuevos. Lo mas pro- 
bable parece ser que las personas que le rodean , por amor á su 
persona ó por odio a la revolución , habrán instado de buena fé 
para la pronta publicación de aquellas disposiciones, las cuales 
por otra parte es natural que estuvieran muy en armonía con los 
deseos del Emperador. Nosotros pues, no vemos en tales actos 
la influencia de un temor personal que, si bien fundado^ rebaja- 
ría el carácter de Napoleón , sino el noble propósito de destruir 
por completo las esperanzas de los revolucionarios. 

Entre las disposiciones á que aludimos, es tal vez la princi- 
pal la nota remitida al gabinete inglés , pidiendo una modifica- 
ción en las leyes sobre emigrados. Sabido es que Inglaterra ha 
tenido siempre francas sus puertas para recibir á los refugiados de 
todas naciones, en lo cual fundó la mayor de sus glorias, vendien- 
do como uu favor á los estraños lo que en verdad puedo conside- 
rarse como una especulación en su provecho. No entraremos 
ahora en el examen de las consideraciones económicas que el caso 
ofrece, aunque ciertamente no son del todo despreciables, porque 
nuestro ánimo es fijarnos esclusivamente en las políticas. 

La Inglaterra, predicando humanidad , lo mismo en esta que 
en la otra célebre cuestión del tráfico negrero, solo atiende á su 
conveniencia , porque al ofrecer libre entrada en su territorio á 
toda especie do emigrados sabe que, no solo conquista simpa* 



DB VALRNGIAV 2i5 

lías^ no solo gana defensores de su sistema para fegercer des- 
pués mas cómodamente la propaganda política y religiosa que 
todos conocemos, si que, y esto es lo principal, se hace arbitra 
de la paz interior de las demás naciones , disponiendo cQmo Jú- 
piter olímpico de los vientos, de la tempestad y del rayo para 
afligir á aquellas contra quienes dicta en su enojo tan cruel 
sentencia. Asi vemos que suele su policía vigilar con mas ó 
menos eficacia según le acomoda; que consiente los clubs y la 
entrada ó salida de los emigrados aunque conozca sus intencio- 
nes. Y que las conoce aquel gobierno no es posible dudarlo, su- 
puesto que se pregona que en Inglaterra se sabe todo aunque á 
nadie se molesta. Ademas, tales cosas se saben en cualquier páis, 
aunque esté menos bien gobernado que la Inglaterra; y siendo 
esto verdad, deberemos concluir que él gobierno inglés habrá 
sabido en todas ocasiones los planes dejos refugiados de los di- 
ferentes países de Europa, porque estos desde hace muchos años 
:6stan conspirando allí como en su propia casa y mejor aun que en 
ella. No inculparemos á los ingleses, pero sí á su gobierno, por- 
cino esto es muy útil y muy tolerable para él, pero se halla, á nues- 
tro modo de ver, eu abierta oposición <jon lo que aconseja la equi- 
dad, la justicia y los buenos principios de derecho internacional. 
Inculpamos, sí, al gobierno de Inglaterra, á causa de que, tolera- 
da la permanencia de todo género de emigrados en un pais, no es 
posible creer que sus gobernantes dejen de aprovechar tan pode- 
rosa palanca para trastornar al mundo en beneficio propio. ¿Por 
qué sino habia de sostener sola la Inglaterra prácticas contrarias 
á los principios de derecho internacional que aceptan las demás 
naciones? 

Si de un hecho aislado se tratase, nada* argüiríamos, porque 
no hay previsión humana que baste a impedir lo que en el mis- 
terioso secreto de los clubs se fragua ; pero no es un hecho, son 
muchos y muy graves los que han tenido lugar en nuestra época, 
dispuestos y ordenados tranquilamente en aquel humanitario asilo 
de los desgraciados : testigos Roma , Ñapóles , Austria, Francia y 
nuestra misma España. Y volvemos á decir que fuera estúpido 
«uponer que el gobierno de Inglaterra lo ignoraba , como lo seria 
igualmente negar que están én su derecho las demás naciones 
cuando por semejante motivo dudan >de la buena fé de la Inglaterra. 

Por tales razones, desde el momento en que los periódicos 
dieron á conocer el testo de la nota remitida al gabinete inglés 
por el ministro de Estado de Napoleón, dudamos que la Inglaterra 
accediese á los deseos de éste, y solo atendiendo á la situación sin 
duda embarazosa del Eeino-^Unido, podíamos esperar que no fuese 
<K)fflpletankeüte desatendida. Mas bé aqui que se presenta un biU 



24:6 KJ/ PEMSIMIBNTO 

sobre las maqmfiaotoQi&á de Io9 refugiado^ polítícoá que tei^áti 
por objeto: ej asesíTiaílo de los Monarcas aliados ó amigos; y qup 
después de; una discusión !en la cual sehizo cargo á la dinasta 
Napoleónica de haber conspirado en el suelo Irbrede Ingiatérrá*, 
de haber recompensado, al que proyectó el aáesihato de WeliHg- 
:ton, etc. , y después de haber pesado en fin la importancia de las 
célebres manifestaciones de lo« coroneles del imperio , se aprueba 
no obstante el bul por una gran mayoría, gracias ál parecer á la 
segunda nota de. Walewski- relativa al sentido en que debian to^ 
marselas indicadas manifestaciones. . > = í 

. Hasta este puntó solo hubo ocasión para un poco tje esdiaí- 
.dalo, considerando la manera conlo se hablaba /á la fezdelBu^ 
ropa, eji ;el parlamenlí) inglés , de la persona d«l Emperador su 
noble aliado-' No era dado sospechar que semejante asunto se 
complicara, porque: no; eá esto costumbre en Inglaterra : riías 
llega el momento de Ja segunda lectura y un diputado se atreve 
á preguntar si elMwiiforpublicaria lá segunda nota de Walewskk 
contesta PaimerstQ¡n que ei^to era una iticonveniencia: preséntase 
entonces una enmienda que ¡Jeitruíá virtualmenle el bilí en cue$^ 
lion, y resulla aprobada por otra nueva mayoría si bien menofe 
numerosa que la anterior. ¿Qué novedad ácohtecio entre la'pul>- 
merja y. segunda Votacíom. del parlamento? Pudiera haber. ¡atíowte^ 
cido que otra nota de Walewski complicara el asunto,;© bien que 
el Monitor á otro de lofe periódicos semi-oficialesi delimperio eot- 
metiesen en aquel intervalo ialguna inconveniencia ^ pero hada de 
ello se sabe, y es forzoso por lo' tanto creer qufe lá causa: úniqa 
de la nueva complicación es que , al tiempo de la lectura primera 
del bilí , no había aun fermentado bastante el amor propio de los 
ingleses. ' . •- :••.;.. , ^ :.':'■:•;.• 

¿Qué vá á suceder ahora? ¿Tendremos ó no guerra? Difícil es 
preveer la§ consecuencias de tan grave resolución ^ pero, dejando 
al tiempo que confirmé ó niegue la exactitud de nuestro júici», 
lo espondreraos^sin pretensiones de ninguna clase, con el solo 
objeto de ilustrar en algún modo á nuestros lectores; .i 

Los motivos principales de la oposición del parlamento in- 
glés son, al parecer, laá manifestaciones algo belicosas de los qa- 
roneles de Napoleoh, y el temor de qu:e piense la Europa que los 
ingleses obedecen ala presión de la Francia. 

En cuanto á las manifestaciones, son ellas tan sigbificaUvas, 
tan trasparentes, que no es dado presumir ignorase Napoleón ¡la 
importancia de su inserción literal en el Monitor. No es. hombre 
tampoco el Emperador á quien puede con motivo inculparse de 
ligereza^ y cuando dio. aquel paso, sabidas tendría de antemano 
las consfeQuencias. Partiendo dé este líupuesto^ no& preguhtare^ 



BE Y^mmiKVi 241 

mbs abora: ¿quisa 'Napoleón iQtíiii1(]dnr á lo& ingieres? Verdad es 
que^ atendida la situación de éstos en la actualidad ^ pedia consi- 
derar el Emperador oportuna la ocasión pata ecbaí^ bfabatas im- 
pQAemenle;.pero ni esto era digno/ ni lampocó conducente para 
el ot^eto de conseguir la modificación de tas leyes sobre emigra- 
dos. Semejante recurso, por lo inconveniente, seria calificado con 
justicia de. necio. Debemos suponer, por lo tantp, que no fue 
aquella la . inteticion del Edpiérador, y sinolo fue, ¿cuál otra 
pudo ser? , . ^ ^ • 

- En nuestro juicio, si la publicación de aquéllas rudas n^ani- 
féstabiones en e\ Monitor, no fue una ligereza; debemos pensar 
qué Id alianza con la Inglaterra estaba ya fuera de los pl&n^es de 
Napoleón; que esa: alianza comenzó á peligrar desde entonces, y 
que se romperá, biejí propto sino ocurren cofqplícíieiones de otra 
especie. '• * 

^ Bien, coroprendemos todo el interés qüepuedan tener la Fran- 
cia y la Inglaterra en la conservación áe las buenas relaciones 
qaeno!sin dificultad^ hánse prolongado después de la <;ampBna de 
Rusia; pero contra ese interés, mas bieq aparente que i:eal, existe 
el odio que de antiguo, dividió á las dps razas franca y sajona, las 
bumillacioneá que ha sufrido Inglaterra durante la lucha de 
Oriente^ el orgullo natural de la Francia desde que la esperieii- 
cia confirmó su notoria «superioridad , sobre Inglaterra coffio>na- 
cionmüilar, et caráx)ter,ó.mejor dicho ,^ el sistema inglés- que- no 
sufre rivalidades^ el de la Francifll qite necesita. vivir en una ac- 
tividad perenne, los recuerdos de Waterloo y Santa. Elena, y por 
últíina las cuestiones personales reciente^, tas cuestiones de or- 
gullo ó de dignidad, siempre las mas)' difíciles de transigir cuan- 
do' mediata piensas graves. , . . ii' 

Lá verdad es ique, si bien ,el Monitor puWicó siil correctivo 
aquellas célebres: manifestaciones, la nota segunda de Walewski 
bí^staba en. nuestro. juicio para atenuar, sino para destruir comi 
pldtainenle Isu efecto, quitando |je esté modo todo pretésto a Ja 
Inglaterra para considerarse atacada. Diriase :tal vez que la nota 
de Walewski nío salvaba, la 'terriblp pero 'justa acusación, dirigida 
algobierno. inglés^ perb en estos casos puede niucbó la forma-, y 
desde el momento en que el ministro de Estado de Napoleón dio 
esplicaoionés; y el gabinete inglés las ju2^ bastantes, todo mo- 
tivo dé^ueja habia desaparecido; El {^rlaaiento: lo estimó también 
así en la votación primera, y siUvémbargo: la enmienda Gibson 
fue ?Lceplada en otra segunda votacioíi, sin. alegarse nuevoTS mo- 
tivos, sin cuidarse ninguno de desagraviar al Emperador de los 
franceses calificado con los mashumillantes epítetos en pleno par- 
laniento^ y dei^estimaado al propio tiempo: las razones de conve*^ 



248 EL MRSA»1ROT0 

níeñcia que algatios alegaron piafa conservar la buena armonía: 
€on la Francia; ^ 

Supuesto todo esto^ como también la formación de un nuevo 
ministerio^ según las circunstancias lo exigían, la posición de In* 
glaterra va a ser en estremo difícil^ porque Napoleón no puede 
desistir de su idea sin desprestigiarse á los ojos de la Francia y 
de la Europa que no le podrian tolerar pequeño como le han lla- 
mado en el parlimemlo inglés. £n tal caso no puede volar el mis- 
mo bilí el mismo parlamento, y será preciso disolverlo; pero 
aunque es verdad que así se gana tiempo, cosa dé mucha impor- 
tancia siempre y mas particularmente en casos parecidos al ac- 
tual, las relaciones se irán enfriando en perjuicio directo de in-» 
glaterra, y cuando llegue, si llega, nueva oportunidad de volar 
aquel bilí, ú otro parecido , volverá á presentarse la misma di* 
ficultad. 

Hé aquí nuestro modo de ver en tan importante asunto. Ig- 
noramos lo que trataron Francia y Rusia cuando las célebres 
conferencias de París , ni lo que resolvieron en su entrevista 
posterior ^os monarcas poderosos; pero ciertamente no nece- 
sitamos saberlo para comprender que la actual complicación 
no debe ser hija del acaso^ y que, en el estado que hoy tiene, no 
alcanzará solución fácil sin que sufra notablemente el amor propio 
de una de las dos naciones, esto es, de aquella que al remate se 
vea en la triste necesidad de ceder. Y aunque este caso llegara, 
lo cual dudamos, en nuestra humilde opinión, la alianza anglo- 
francesa no podria dejar de debilitarse mucho, porque los acon- 
tecimientos de esta naturaleza no pasan nunca sin dejar un sello 
visible de desconfianza y de resentimiento. 

Según las últimas noticias , parece que el Embajador inglés 
ha manifestado á su gobierno que, á pesar de lo ocurrido. Napo- 
león desea conservar las, buenas relaciones con la Inglaterra, sin 
menoscabo de la dignidad de una y otra nación. Este es un golpe 
diplomático muy propio del Emperador; esto es dar tiempo á los 
ingleses para que reflexionen, y colocarse él mismo en mas fa- 
vorable posición: así el dia en que le desairen, no le desairarán ya 
á él, sino á la Francia , y entonces acabarán las buenas, rela- 
ciones. 

Cierto es que el Emperador dijo á la Francia y á la Europa que 
el imperio era la paz; pero recuérdese que á poco tiempo se inau- 
guró la campana de Crimea. La primera página de la historia de 
la Francia bajo el imperio de la paz, fue por consiguiente la guer- 
ra contra Rusia; nosotros pensamos que la segunda será el rom-^ 
pimiento de las hostilidades contra Inglaterra. Si Dios concede 
algunos anos de vida al ^mperadpr^^no. dudamos que asi suceda^ 



i 



DB VALBHCU. 2i9 

porque dos raciones rivales 9 enemistadas de antigao, separadas 
por uri pequeño bra^o de mar^ necesitan en verdad poco estímulo 
para llegar á las manos. Ademas^ mientras la Inglaterra continúe 
en su actual sistema^ y no es de esperar que lo abandone ^ nin- 
gún Monarca de Europa tiene menos seguridad que Napoleón^ y 
mas aun diremos, que esa seguridad estará siempre en razón in- 
versa del mayor poder de la Francia. 

Por último , con motivo ó sin él , es opinión general en Eu- 
ropa que á la Inglaterra conviene perpetuar el desorden en todas 
partes, y teniendo la Francia una superioridad incontestable en 
el ^ército de tierra y fuerzas marítimas casi iguales, teniendo 
asimismo de su parte la razón en este caso, el apoyo de la opi- 
nión pública en Francia y las simpatías de casi todas las nacio- 
nes de Europa, ¿podríamos creer jamás q/ae la complicación pre- 
sente dejase de traer mas pronto ó mas tarde conseeuendas be- 
licosas? 

No discurriremos ahora sobr^ los inconvenientes de una 
guerra que por necesidad deberia ser trascendental al resto de 
Europa ; soto intentamos apreciar la presente, y por lo dicho 
comprenderán nuestros lectores que no fiamos mucho en la paz 
para el futuro. 

Concluiremos diciendo: que no deseamos la guerra, pero que 
si hay un Dios justo que castigue las iniquidades en las naciones 
como en los i<ndividuos, y así lo creemos nosotros, su justicia se 
Gumptirá. Entre tanto clamaremos coa el salmista: Eripite nos 
€x miseriis, eripite nos ex faucibm eoram quorum erudeHtas 
nosíro sanguino non potest expleri. 

Miguel Vicente Almazan. 



ELECCIONES DE LUARCA. 



No hace muchos dias escribía yo á propósito de la publicidad 
délas sesiones de Cortes: «trátese de aumentar el presupuesto en 
«doscientos millones, ó de aprobar diez ferro-carriles, quince 
« canales y veiok y cinco reglamentos, las tribunas vacias: se 
« sospedia algún escandíalo aunque no sea mayúscuk), lleno com- 
ee pleto;» y no pensaba en verdad que tan pronto pudiese con 
t^tmiplo^palpüantes, justificar la certeza de inis doctrinas. 
Tomo U. 32 



250 EL PBNSikMlBNTO 

Lo que me aprieta el goubizoq hasta el panto de ahogarme por 
falta de espacio donde pueda hacer la sístole y la diaslole^ es que 
¡ ay lectores mies ! creía qae el mal estaba circunscrito a los es- 
pectadores, cuando veo que se ha inoculado hasta en los mismos 
padres de la patria. Sí^ con dolor lo digo, pero lo digo : inútil «s 
ocultar la herida, si la herida mana sangre. 

Siéntolo por el prestigio del sistema parlamentario al que tanto 
quiero^ aunque le he combatido tanto: quizá le quiera poroso 
mismo. No lo extrañéis: Ricardo Corazón de León apreciaba mas 
á su valiente enemigo el gran Saladino, que á las tres cuartas 
partes de los Príncipes cristianos compañeros , incluso el mismo 
Felipe Augusto. Secretos dd corazón humano. El hijo pródigo 
suele ser el hijo predilecto. 

Ahí tenéis las úUinyeis sesiones del pasado Febrero que no me 
dejarán mentir. Tratábase de las bases para la nueva ley de hipo- 
tecas, proyecto interesantísimo sobre todos los interesantes, como 
que afecta a la primera y principal riqueza de España ^ á la ri- 
queza, inmueble; y sin embargo las tribunas estaban vacías^ y ni 
la inmensa clase de propietarios, ni la numerosa de prestamistas, 
si la acuciosa de usureros , ni la innumerable de víctimas del 
logro, han prestado atención por un momento; y á pesar del pro* 
fundo discurso del Sr. Permanyer, ha pasado el proyecto des- 
apercibido. 

Pero ¡qué extraño es, si los mismos Diputados por boca del 
Sr. Cardenal , manifiestan que solo las discusiones de otra Ín- 
dole inspiraban el deseo de tomar parte en ellas, lo que 

aunque es muy verdad, lectores, 
es una amarga verdad. 

Por hoy no quiero sacar consecuencias de esto: merece que 
le dediquemos un artículo especial, y así lo haremos en ocasión 
oportuna. 

En cambio la discusión de las actas de Luarca ha estado 
animadísima: verdad es que esta es de la otra Índole , como 
dice el Sr. Cardenal. 

Por fuerza las elecciones me tienen un cariño entrañable, ó 
yo me perezco por sus perfecciones ; cuando sea por fas 6 por 
nefas f siempre rae toca ser el panegirista de la amplísima base 
en que descansa-el sistema parlamentario. 

Parece que allá por la provincia de Oviedo existe un distrito 
llamado de Luarca, en el que se había presentado como candi- 
dato, en virtud del derecho de posesión no interrumpida > el se- 
ñor Marqués de la Cruz del Marcenado, á quien se le opuso el 



D£ VALENCIA. 251 

Sr. Navia y Osorio^ algo pariente^ si mal no recordamos^ del 
Sr. Marqués; así como hermano carnal^ 6 cosa semejante. 

El adium fratemum de los antiguos^ y que aquí podría Ha*- 
marse oposüio fraterna^ hizo datas suyas, y el dislrito de Luar- 
ca presenció escandalizado esta lucha ^ recuerdo é imitación de la 
de los hijos de Edipo en los campos Tébanos. Y los casos fueron 
tan parecidos, que ambos contendieotes quedaron como Eteocles 
y Polinices muertos en el campo de batalla. Se necesitaban sesenta 
y seis votos para triunfar, y el Sr. Eteocles^ ó sea el Sr. Navia, 
obtuvo sesenta y cuatro, y el Sr. Polinices, Mairqués de Sania 
Cruz del Marcenado, cincuenta y. siete. 

Aqui de Dios y del Bey: la mesa estaba intervenida por per- 
sonas de las dos parciahdades , y como de la discusión nace la 
, luz, después de bien «oídos y reflexionados y discutidos los mu* 
tuos argumentos de los mutuos contrarios oradores, unánime- 
mente determinaron los unos, que era «1 candidato triunfante el 
Sr. Marqués; los otros que el Sr. Navia; que era lo mismo que 
opinaban, antes que la discusión hiciera nacer la luz. Como po- 
dia ser, que necesitándose sesenta y seis- votos para vencer, hu- 
biesen sido proclamados Diputados electos reuniendo solo se- 
senta y cuatro^ y cincuenta y siete; y cómo se arreglaba que ha- 
biendo uiía vacante se declaraba á entrambos con derecho para 
obtenerla; y cómo peleando dos, resultaban los dos vencedores y 
ninguno vencido; nó ha en^trado todavía en mi caletre; pero sin 
duda aquellos y estos se apoyaban «n iguales razones: el caso es 
que se decidió qm los dos hablan ganada. Y esto mo recuerda á 
aquel Andaluz que contaba un dia^ las hazañas de su magnílíco 
perro de presa^ i^?w fin me lo mataron: un dia le encerré con 
otro que le hacia puntas, para decidir de una v«z cuál era el 
gallo. ))~«Y ¿cuálganó, compadre?» preguntó uno de los oyen- 
tes.— «Pues á^eso voy: ¿creerán VV. que los dos ganaron? Cuan- 
do abrimos ya no encontramos de los perros mas que las punías 
de los rabos: ¿y saben VV. que fue? que como los animalitos 
eran de tanto poder, se habian-comido el uno al otro, y al llegar 
á::los rabos, cansados de tragar carne de perro, se los dejaron.» 

• 

Mas á un lado perros, y volvamos á nuestros escrutadores de 
Luarca , quienes á pesar de que tampoco pudieron tragarse el 
rabo de dos y siete votos que fallaban á sus respectivos candi- 
da-tos para reunir los sesenta y seis indispensables; ánimo, se 
dijeron^ al Congreso que falle sin apelación ^ y á «quien Dios se 
k dé> San Pedro se la bendiga; y las actas subieron al Cóngres^o 



2S2 EL PENSAMIENTO 

con protestas por parte de todos ^ en las que afirmaban unos y 
otros que habían sido víctimas de atropellos y violeneias^ y que 
el verdadero Diputado era su candidato^ y qué sé yo cuantas co- 
sas mas. 

¡Desgracia de estas elecciofies Asturianas I la comisión de 
actas se vio también envuelta en la guerra fratricida y se dividió 
en mayoría y minoría^ proponiendo esta por boca del Sr. Süa- 
rez Inclán ^ que se anulase el acla^ y la mayoría por la del selioi* 
Canipoamor^ «que se aplicasen catorce votos que considera ile^ 
(ígalmente excluidos al Sr. Navia Osorio, y se le proclame Di- 
«putado^ pasando al Gobierno el tanto de culpa que resulla en el 
«expediente.» 

Abrióse el debate sobre el voto particular^ y «¿cómo está, 
«dijo elSr. Gampoamor^ tan ilógico el Sr. Suarez, que opinando 
«que debe anularse el acta, no propone que se encause á los au^ 
«tores de las ilegalidades cometidas? El Gobernador, con unaco- 
«mitiva casi regia, recorrió previamente la provincia, y todos los 
«que cobran de los presupuestos generales, provinciales y muni^- 
«cipales, fueron condenados á la mas ciega obediencia electoral.» 

¡Gomo si los Gobernadores no tuviesen lo mismo que los de** 
mas ciudadanos el imprescriptible derecho de pasearse por todas 
partes, y como si los agentes de la autoridad pudiesen opinar de 
un modo distinto del que opinara su gefe! 

«Y las credenciales de Alcaides, seguía diciendo, fueron ad- 
«judicadasal mejor postor electoral.» 

Sino fuera por aquellas palabras del Sr. Bravo Murillo: «el 
«Sr. Gampbamor es poeta,» nos hubiera admirado este descu- 
brimiento de subastas electorales no previstas por las leyes, que 
yo sepa, y que baríannos creer que las Alcaldías se sacaban en 
venta; pero repito, «el Sr. Campoamor es poeta,» y de sus frasep 
se ha de rebajar algo , porque sabido es lo que dice Horacio: 
«pictoribus atquepoetis.yy 

« 

Lo que no he podido encontrar por mas que lo he buscado 
en la proposición del Sr. Suarez Inclán , es la falta de lógica de 
que le acusa el Sr. Campoamor, y perdóneme que por esta vez 
me oponga á su poética opinión. 

Si se concretó á pedir la nulidad de las actas sin exigir la 
formación de causa contra los autores de las ilegalidades cometi- 
das; podría faltar este extremo, estar el dictamen manco; y el 
existir una laguna que puede llenarse, no es haber falta de lór 
gioa, es no apurar las consecuencias; y por lo tanto^ perdóneui^ 



, 1>£ VALKmU. 2S3 

otra ves la poética persona del Sr. GaiopQamor; si algo hay iló- 
gico aqaí^ es su argumento. 

Entendía yo por ilógico, aquello que es contrario a la lógica; 
por egcmplo^ si el Sr. Suarez Inclán hubiese dicho: «propongo 
«que se castigue á lodos los Gobernadores que hayan cometido 
«ilegalidades en las elecciones, y en su consecuencia que se as- 
«cienda en premio al Sr. Campoamor.» Esto etí mi concepto seria 
ilógico: no decir nada, no es ni lógico, ni ilógico, es simplemente 
dejar á cargo de otro, del mismo Sr. Campoamor, la tarea de 
pedir castigos por ilegalidades electorales. 

Cuando leíamos esto, se nos figuraba oir la voz del Sr. Mo- 
rón que le decía al oido: «amigo Ramón ¿ya no te acuerdas de 
«aquella apuesta en las elecciones de Sueca que me ganaste del 
«modo que tú sabes y los Valencianos no ignoran? ¿Quis tulerit 
«Gracos de seditione querentes? Disimúlanae que te lo diga en 
«latín, porque sentiria decírtelo en castellano y que no te rubo- 
rizaras.» 

Sin duda debió ser vana imaginación mia^ porque el Sr. Gam- 
poamor siguió impertérrito su acusación contra las actas de Luar- 
ca, exclamando: «después, se desecharon con pretextos frivolos 
«catorce eleotores.... poro los catorce electores que no se admi- 
«tieron á votar, dijeron qus favorecían can sus votos al Sr. Na- 
«via Osorio. Así, pues, el Congreso debe computarle estos votos.» 

{Qué extraño es al oir esto que el Sr. Suarez Inclán se espe- 
luznase de horror, si nosotros, con ser nosotros, al leerlo dimos 
un salto que nos levantó dos palmos del asiento! ¡Computar votos 
que no se han. dadol Pues ¿y la votaoion secreta, y la exclusiva 
facultad de ios escrutadores para dar fé de ios que votaron, y 
los colegios electorales y las papeletas rubricadas, y la ley de 21 
de Marzo de 18i6? 

No eran del todo desconocidas estas dificultades al agudo in- 
genio del preopinante, y contestólas de esta manera: «Dice, el 
«Sr. Suarez Inclán: no ha habido caso en que el Congreso haya 
«computado votos que no han entrado en Las urnas; pues bien, 
«si su Señoría no quiere sumar, restemos. Quitemos un elector 
<i trashumante y y cinco á quienes el Sr. Gobernador buscó susti- 
(iíiUos electoraleSy y tiepe también mayoría el Sr. Navia Osorio.» 

No he podido entender bien 1q de electores sustitutos, em- 
presa que podría al parecer dejar mas ganancias que una de subs- 
titución á quintas. No es extraño: los empresarios exclusivos son 
los Gobernadores, y aun no hemos llegado á esa altura. El señor 
.Camfoamor que lo ha sido y debe estar enterado por lo tanto, de- 
biera haber explicado el método algo mas^ en obsequiq de los que 
m materia de eleccioaes;^ 003 heme» criado así á la pata la llana. 



2Sfc EL PENSAMIENTO 

Se encuenlra también muchísima de la gracia^ á eso deUa* 
mar á los electores que perteneciendo á una sección voten en 
otra^ electores trashumantes] pero soy franco, no encuentro tan 
bien el retorgueo argumeñtum que hace fundado en este hecho. 

((Según esta teoría, dice, cuando veamos perdida la elección 
«en Madrid, no tenemos mas que hacer una buena ^^aco/tY/a de 
(«electores Manchegos que varíen el resultado.)) 

Ño, amigo mió, confesemos que si el argumento está mal ex- 
presado en la forma, el fondo es enteramente ilógico. 

Sin defender el que sea legal, que á un elector se le permita 
votar en una sección distinta de la suya, al fin y al cabo, el elec- 
tor tenia el derecho de emitir su voto sobre quién habia de ser el 
Diputado del distrito de Luarca: las secciones se han inventado 
para mayor comodidad de los electores, y siempre que nó vote 
después en su sección, podría sostenerse que es licito el cambio, 
porque la ley no lo prohibe ; pero los electores Manchegos no 
tienen derecho para nombrar al Diputado de Madrid, y por lo 
tanto, aceptada y todo aquella doctrina, si el ferro-carril trajese 
una buena pacotilla, de eteclores^ tendría que volverlos por don- 
de los trajo. 

Esto en cuanto al fondo: en cuanto á la forma ya que se les 
aplica la denominación de electores trashumantes, como si fuesen 
carneros merinos; lo que habría de traerse por el ferro-carril, no 
es una pacotilla de electores, que eso de pacotilla huele á géne- 
ros de comercio, sino un rebano, ó técnicamente hablando, una 
cabana. La exactitud del lenguage en materias tan graves, es 
antes que todo, y según las reglas del arte poético^ las metáforas 
han de seguirse hasta el fin. 

Ya he dicho que me habia hecho mucha gracia la trashuma- 
cion de los electores; pero mas me la hace el método de de- 
cidir las cuestiones electorales de modo que sumando y restando, 
quitando y poniendo, se obtenga el mismo resultado^ la elecciotí 
del Sr. Navia Osorio. 

Solo que contra la suma se oponían áe consuno él texto de 
la ley y la jurisprudencia constante del Congreso que en estas 
cuestiones siempre habia rechazado la pretensión de que se com- 
putasen votos no emitidos en las urnas; y para la resta, el que 
siendo la votación secreta, no se sabia si los votos que emitie- 
ron los substitutos y trashumantes eran en pro ó en contra del 
Sr. Navia, y si eran en pro y se eliminaban, adiós mi dinero, 
me salió el tiro por la culata. 

Y amén de esto las cuentas del Sr. Gampoamor, añadiendo 



M YALBKCIA. 255 

votos á Navia ó qnitáodolos ai Marqués^ me recordaban á mí que 
de eslas cHesUoaes no entiendo, lo de aquel cazador que le decía 
k su compañero: «quédate el mochuelo y me llevaré la perdiz, ó 
«^ino te parece bien, me quedaré yo con la perdiz y te llevarás 
«el mochndo.»— Me pasma que el Sr. Suarez Inclán no le con- 
testase como el compañero del cazador: «pero observo en las su* 
mas y restas de Y., Sr. D. Ramón, que siempre cargo yo con el 
mochuelo.)) 

Y esta elección que según el Diputado por Játiva y Yinaroz, 
se ha falsificado y es una abominación política y un escándalo 
social que hace estremecer á la naturaleza humana , es la que sin 
embargo el susodicho Diputado doble^ impide que se anule. ¡Fla- 
quezas diputadüesí 

«Yo preferirla que se proclamase Diputado al Sr. Marqués 
«de Sania Cruz del Marcenado, antes que ver repetir otra edi- 
«cion de ese fratricidio electoral,» dice en un arrebato de noble 
indignación el Sr. Gaimpoamor. Miiy bueno es esto : no dudamos 
de su sinceridad, pero observamos sin embargo que á pesar de 
su solemne quisüra, arriiha el ascua á su sardina pidiendo que 
se proclame Diputado á su candidato. 

Yo en vez de desviarme un si es no es de la ley, hubiera dis- 
currido cualquiera otro medio para evitar una segunda edición 
del fratricidio electoral. Según su Señoría «el gobierno pensó 
primero en varios candidatos á quienes después hizo retirar dán- 
doles Gobiernos de provincia.» — ¿No vé el Diputado en este he*- 
cbo denunciado por el mismo envuelta la idea luminosa, quepó- 
dia salvar al distrito de Luarca de que se repitiese el crimen del 
Abel y del Gain electorales? Haga el Gobierno Mariscal de Campo 
al Sr. Navia si es Brigadier, ó Teniente General si es Mariscal 
de Campo; y Gobernador civil, si Oficial de un Ministerio, al señor 
Marqués, si quiere serlo; y con esta segunda edición xle lo antes 
hecho, todo se hubiese compuesto. 

Al Sr. Campoamor contestó el Sr. Suarez Inclán, terció el 
Sr. Borrego, sostuvo el Sr. Posada Herrera la anulación del acta, 
y aprobó el Congreso por ciento un votos contra setenta y cuatro 
la validez; y pw ochenta y nueve contra cincuenta y nueve deci- 
dió que los catorce votos no emitidos en las urnas se le computa- 
sen al Sr. Navia Osorio, que quedó declarado de este modo re- 
I^resentante legitimo del distrito de Luarca. 

Sentí no obstante leer después en el Occidente: «uno de los 
mas influyentes individuos del anterior gabinete y algunos de sus 
escasos amigos, han manifestado mucbo empeño en la votación 
de las actas de Luárca; joero todas sus gestiones, les han dado por 
resultado una derrota mas.» 



2S6 EL FENSl^MIRNTO 

Y repito cpie sentí lecrio, porque quién quita que esa gente 
malsciosa y susfMcaz que tanto abunda^ dijese para su sayo al co* 
mentar aquel prudente suelto, <epues parece que dá á entendí 
que las actas de Luarca se han mirado no como una cuestión de 
justicia y de dar á cada uno su derecho ; sino como una cuestión 
de partido, y por eso tenia mas intríngulis de lo que parecía, su 
aprobación ó desaprobación. Si tal fuera, esta me explk^ria por 
qué él Gobierno de entonces apoyó según cuentan la candidatura 
del Marqués, y por qué ha votado en contra del mismo Marqués 
la mayoría del Gobierno de ahora. » 

«Yo bien sé que el Gobierno moralmente siempre es uno mis* 
mo, continuo é indivisible; sin embargo^ paréceme que hay cier- 
tas y ciertas diferencias entre el Gobierno aquel y el Gobierno 
este, entre el Gobierno Narvaez, el Gobierno Armero y el Go- 
bierno Isturiz: y que á pesar de su unidad, continuidad, é indi- 
visibilidad, cada cual ha mandado cosas distintas ; por convenir á 
los sucesores: lo c(Mitrario de lo que coi^venia á los antecesores. » 

«Y quien dice discusión, dice partidos, seguxi nuestro Minis- 
tro de la Gobernación lo estampó en letras de molde no hace nm- 
chos dias, y como á los partidos se les ordena previamente lo 
que han de hacer , y como en virtud de la disciplina obedecen 
ciegamente; hé aquí por qué esa cuestión se ha fallado como se 
ha fallado.» 

Esto quizá diría ó pensaría el comentador del Occidente ^ fun- 
dado en lo que aquel y otros periódicos se atrevan á proclamar 
^n son- de triunfo; pero condeno por mi parte tal juicio como te- 
merario, y sostendré que en esta ocasión, como en todas, se ha 
votado en conciencia, y si el acuerdo de hoy se opone á otros 
acuerdos anteriores; áichaque es de todo tribunal compuesto de 
muchos el que la opinión que hoy esté en mayoría se encuentre 
mañana en minoría^ y triunfe un día y se hunda al siguiente. 

Resumamos pues las ventajas sociales y políticas que nos 
han resultado por la elección del distrito de Luarca. 

Primera: La lucha encarnizada de dos hermanos, que sin 
-duda alguna habrá contribuido poderosamente á aumentar el dul- 
ce amor fraternal, y á estrechar los lazos entre todos los mieeft- 
bros de la familia, divididos entre los dos campos contendientes; 
y esto; como se conoce á tiro de ballesta, edifica. 

Segunda: £1 que se diga en el Congreso que los caargos de 
Alcalde se han conferido ei^ súbala electoral á los (|ue han ofre- 
cido mas votos; lo que infundirá en el país Gallego^ a no dudario^ 



una confianza ciega en la buena administración é imparcialidad 
de las autoridades municipales; y esto, como se vé, moraliza. 

, Tercera: El que aprendan los pretendientes que para ser Go- 
bernadores civiles y ó cualquiera otra cosa de tan poca impor- 
tancia para el Estado como ésta; basta con presentarse por can- 
didato de un distrito del que quiera disponer el Gobierno; y no 
puede negarse que este descubrimiento es remedio probado con- 
tra la empleomanía. 

Cuarta: El que se convenza la masa social de que en el acto 
príncipe del Gobierno representativo, se cometen falsificaciones, 
atropellos, violencias y abusos por las autoridades , y esto, áí no 
dudar, infundirá un saludable horror al vicio en los criminales. 

Quinta: El que se hayan hecho dos subdivisiones mas en la 
raza electoral, la de electores trashumantes y la de electores subs- 
títulos; lo que siempre honra á la raza y al clasificador. 

Sexta: El que se haya sancionado que puede elegirsel Dipu- 
tado al aire libre, manifestando los electores públicamente que 
votan por fulano ó zutano, sin necesidad de urnas, ni colegios; 
ni secciones, ni plazos, ni demás impertinencias que exige la- 
ley electoral; y esto nos acerca á las prácticas del poli Inglés, 
prototipo de todo lo bueno en estas materias. 

Séptima: El que quede apuntado en el cuaderno de prácti- 
cas parlamentarias y que cuando en un distrito ningún candidato 
ha reunido mayoría^ no ha de repetirse la elección; sino que su- 
mando y restando, añadiendo votos al amigo, ó quitándolos al 
enemigo, pueden arreglarse las cosas de modo que el primero 
reiina la mitad mas uno, ó mas dos, ó mas tres de los votos emi- 
tidos, y Cristo con todos. 

Dirá alguno: a en mi concepto la decisión de que hablamos se 
(jipone á la jurisprudencia establecida....» ¿Qué jurisprudencia ni 
qué niño muerto? No hay mas jurisprudencia que las decisiones 
de las mayorías, y si la que se habia seguido hasta ahora en ca- 
sos análogos reclamase, Je taparía la boca diciéndole: «amiguito* 
mió, ten paciencia: qui te fecit^ te desfecit.n 

León Galindo y de Vera. 



OBSERTACIOÜTES mOBAliESt 



LA BIQÜEZA. 

En el mundo, sino se ama, se respeta ó se teme al poder. El 
oro és un poder, porque representa los elementos para atraer ó 
Tomo II. 33 



2gg EL PENSAMIENTO 

dominar á los hombres^ haciéndoles bien ó corrompiéndoles. El 
rico tiene en su gabeta su subsistencia y la subsistencia de mu- 
chos; natural es que los hombres vayan en torno de él, para 
vivir del. 

Es tanta la ruindad de los hombres, que pasarán por junto un 
hombre virtuoso sin mirarle siquiera; pero siempre se inclinarán 
delante de un rico. El oro, por brillante sin duda atrae sus mi- 
radas, y como es la divinidad del mundo materializado, pide y 
obtiene incienso y adoración. Nunca están desiertos sus altares. 

Ese hombre va en coche tirado por cuatro caballos blancos 
como la nieve 6 negros como la noche. ¿Es un biznieto del rey 
Vamba...? fue un asentista, y ahora es un caballero. Si viene ha- 
cia mí, me aparto; me atropellaria sino: yo no podria luchar con 
ti, con sus tres lacayos y con sus cuatro caballos. 

¡Paso á la aristocracia del dinero! Es muy mas insolente que 
la antigua, y no está protegida como esta por la sombra de 
los héroes. La aristocracia antigua se engrandeció derramando su 
sangre; la moderna chupando la de los demás Brotó aquella en 
Lepanto y en Pavía, esta salió tiznada de la bolsa. 

Si quitáis á ese hombre su dinero, veréis cómo se trasforma 
hasta su figura. Ya no es tan gallardo ni tan ingenioso ; roto el 
talismán aparece lo que fue siempre, un intrigante de mala ley, 
ó un fatuo de no buenas costumbres. Las cortesías con que an- 
tes le acatabais, las blandas sonrisas con que le oíais, no se di- 
rigían al hombre, sino al dinero del hombre. 

No hay en el mundo sino una cosa mas despreciable, que el 
rico despreciable; y es el adulador de su riqueza. 

Un Tico vicioso, como va en coche, y no á pie como el vulgo 
de los hombres^ recorre en breve tiempo la larga carrera de su 
vida; usa y abusa en diez años de los placeres que podían llenar 
una vida de cincuenta; y visto todo y agotado, y viejo en medio 
de su juventud, encuentra para entretenerse.... el fastidio. 

El pobre labrador que trabaja seis días para descansar y 
solazarse en el séptimo, es mas feliz que ese hombre ; porque 
siempre sabe bien el pan, que se baña con el sudor de la frente. 

¡Pobre avaro, que mira con ansia y palpa con alegría febril 
el oro con larga angustia amontonado! Un ligero rumor ledis- 
pierta trémulo y acongojado en su lecho. Pfo tema: las rejas y 



/ BB VALBMGIA. SSO 

candados que protegen su casa no consentirán paso al ladrón 
nocturno.;., ¡á no ser que el sirviente sea infiel! Pero cierre y 
atranque la puerta de su cuarto para defenderse de la infidelidad 
posible del sirviente.... 

¡Pobre avaro! hay un gran ladrón que entrará, cuando menos 
lo piense, en su 'casa, al través de las puertas barreadas; á quien 
no ablandará con súplicas, ni ahuyentará con gritos, ni podrá 
perseguir ante los tribunales dé justicia. AI menos ¡si no fuese 
tan angosto el ataúd! ¡si pudiese meter en él todo su dinero, y 
todas sus casas, y todas sus heredades, y llevárselo todo á la 
eternidad...! ¡Pero qué remedio, si nada cabe! ¡si se ha de dejar 
todo en el mundo! 

¡Pobre avaro! ¡Y cuan pobre aparecerá ante un Dios inexo- 
rable! Porque sus riquezas las dejó en el mundo y descuidó pro- 
veerse de libranzas contra el tesoro dé la eternidad. Esas libran- 
zas lascan los pobres i tos ricos para que puedan entrar en el 
cielo, 

¡Cosa verdaderamente divina!" üños tienen en el mundo ca- 
sasv heredades , dinero: otros la palabra dé Dios. Pueden darla 
como en prenda ú hipoteca: y deben encontrar quien les preste 
sobre ella; porque se paga en el. ctela, y es^esta casa segura y 
acaudalada. 

Hasta ahora solo Dios á la otra parte del sepulcro pedia 
cuenta á los ricos de los bienes que administraron; paréceme que 
quieren adelantarse á pedirlas en. el mundo los sociaUstas* 

Yo quiero ser rico; muy rico, inmensamente rico. Nunca 
hay bastante dinero, porque nunca hay bastante felicidad. Poco 
necesito para vivir, y aun para gozar; ¿qué haré de mis cuan- 
tmsas rentas? Conozco á muchos que no pueden trabajar, ¡son tan 
viejos algunos, y otros» están tan enfermos! Ademas tier- 
ras hay incultas en España; las cultivaré, las nlantaré^y podré 
dar jornales al pobre trabajador^ contribuir á desterrar, la ocio- 
sidad, aumentar la riqueza pública, ser la providencia de los in- 
digentes; y esto ¿no vale mas que dormir en lecho de plumas 
6 votar en briHante carroza? Esas vides que yo planté y que 
ahora hermosean te tierra, me pagan muy bien.... ¡cuánto gozo 
en ver esos árboles, que por mí crecen lozanos, y me dan grata 
sombra y riquísimo fruto! ¡Y las bendiciones de esas sencillas 
gentes que acaso viven por mí ! ¡ y el pensamiento de que 



260 EL PEM6AJMIEMT0 

Dios sd)e de quién es el parí que comen sus hijos desgraciados! 
¡y la paz de mi conciencia en el mundo, y la esperanza de mi ri- 
queza en el cielo!... Vamos, me dan lástima esos ricos, porque 
nó saben ser felices.... ¡Tenedles compasión!! 

A. Aparisi y Guijarro. 



"^Mm^m^^^ 



Hé aqui el sombrío cuadro que traza el príncipe de los escri- 
tores, de la revolución francesa , al hablar de los historiadores 
fatalistas, que por hacer la apología de este grande escándalo, <]e 
esta invasión del infierno en el mundo , osan justificar sus 
monstruosas iniquidades. Sobrecójese el ánimo de terror pro- 
fundo; imposible le parece que puedan haber existido* hom-' 
bres, que con cabeza de loco y corazón de tigre se deleitasen en 
amontonar ruinas y degollar sobre ellas á sus hermanos^ gritando* 
libertad y tolerancia; sin embargo abierto está para todos ej libro 
terrible de esa historia , y manchado se vé todavía con sangre 
reciente. Esa es la lección mas grande que haya dado jamás la 
justicia de Dios á los hombres ; cuando se pisotea y escarnece la 
ley santa. Dios entonces abandona á la condenada sociedad; agí- 
tala un trastorno horrible; apodérase de lodo una absurda anar- 
quía; se confunden hasta las nociones paas sencillas de justicia; 
el interés domina, la fuerza manda, y en medio de esta infernal 
ceguedad y arrebatados por un vértigo espantoso, muchos hom- 
bres á quienes creisteis algún tiempo razonables y quizá buenos, 
aparecen ser unos locos y unos tigres. En todo país nacen Robes- 
pierres y Marats; en lodo pais, sí llega 1^ ocasión, encontrareis 
verdugos de reyes, y verdugos del género humano.... pero oigáM 
mos á Chateaubriand , á ese varón ilustre cuyo nombre sólo hace 
palpitar á todos los corazones nobles de amor á la Religión y á iat 
verdadera libertad. 

A. Aparisi y Guijarro. 

El primer número del Boletín dB las leyes contiene el decreto 
por el que se instituyó el tribunal revolucionario; consérvase tal 
decreto al frente de esta colección, no para hacer uso de él, su- 
pongo, en tiempo ni ocasión alguna, sino como una inscripcioa 
terrible grabada, en la fachada del templo de las Jbyes para ater- 



/ 



DB VAt'ENCIÁ. íél 

rar al legislador é inspirarle horror á la justicia. Declara el 
decreto qu6 el único castigo aplicado por el tribunal revolucio- 
nario, es la pena de muerte. El artículo 9.*^ autoriza á lodo 
ciudadano para prender y conducir ante los magistrados á los 
conspiradores y a los cóntrarevolacionarios ] el artículo 13 dis- 

Í)ensa de pruebas de testigos, y el artículo 16 priva de defensor á 
08 conspiradores. Este tribunal tuvo sü apelación. 

He aquí la gran base sobre que es necesario fijar nuestra 
admiración: ¡honor a la equidad revolucionaria! honor á la justi- 
cia de las cavernas! Ahora examinemos los actos dimanados de 
su justicia. El republicano Prudhomme, que no odiaba la revolu- 
ción y que escribió, humeando la sangre todavía, nos ha dejado 
seis volúmenes de pormenores. Dos de estos volúmenes están 
consagrados á un diccionario donde se halla inscrito cada crimi- 
nal por orden alfabético con su nombre , apellido, edad, patria, 
calidad, domicilio, profesión, fecha y causa de su sentencia, dia 
y sitio de la egecucion. Encuéntranse entre los guillotinados 
18,613 víctimas, repartidas de este modo: 

, • . » • • 

Nobles.. .'.•.••.. .1,278 

' . Señoras. • • . • • 250 

Mugeres de labradores y artesanos 1,467 

"Religiosas. ............ 350 

Clérigos. ..........:. 1,635 

Plebeyos de distintoal estados: ..»•.. 1 3^633 



« ■ » 



Total. . . ..... . 18,613 

Mugere^ muertas por conseGuencia de abortos. . 3^400 
Mugeres embarazadas y ea paftó». ..... . 348 

Muger^s muerta^, en la Vended 15,000 

Niños id 22,000 

Muertos en la Vendeé. . . . . .... 900,000 

Victimas en el proconsulado de Carrier en Nantes. 32^000 ' 
Niños fqsilados* . . • . • . . ... 500 

Id. ahogados.. . . .^ 1^500 

Mngeres fusiladas. ...... ... . 264 ,.' /. 

Id. ahogadas. ........... , 500 

Clérigos fusilados. . . . . . . . . . I ' Í300 

Id. ahogados.. ......... , i 460 

Nobles ahogados. . ... . . . .... 1,400 j 

Artesanos id. . . . . . . ....:• • * r bi^OO : . • ^ 

Victimas de Lion ..♦ . 3i,.00p , : , 

- ■ , ' ' 

No comprendetíios eií este cuadro los asesinatos ^leVosqs díi 
Versalles <5on los carmelitas, los de la Abadía, los de lá' lífevcra'de 
Avígnoo, los fusilados de Tolón y de Marsella desjpues dé ios 
sitios de ambas ciudades > ni el degüello de la ciudad proVenzal 
de Bedoin, cuya población peredid toda entera. í^ - 



262 Bf. PB9IfiA*IIBNT0 

iQSlaláronse en Francia en cumplimiento de la ley sobre sosr 
pechosos de 2t de Setiembre de 1793 mas de cincuenta mil socie^ 
dades revolucionarias. Según el cálculo de Gambon^ individuo de 
la convención^ costaban anualmente quinientos noventa y un mi* 
llon que les estaban sonalados. Cada miembro de estas soi^iedades 
recibía tres francos diarios, y ^u numero ascendía á quinientos 
cuarenta mil: esto es, quinientos cuarenta mil acusadores lenian 
derecho de condenar á muerte. Contát)anse solo en París setenta 
sociedades revolucionarias; y. cada una dq estas tenia su cárcel 
para detener á los sospechosos. 

Decís que únicamente los TiaWes, los clérigos ^ los religiosos 
figuran en los registros mortuorios: si únicamente se tratase de 
tales gentes, el terror seria verdaderamente una virtud á vuestros 
ojos. Mas perecieron ^\gz y ocho mit nuéveeientos veintitrés 
individuos de diverso» estados, no nobles; dos mil docientas 
treinta y una esposas de labradores ó artesanos ; dos mil nifios 
guillotinados^ ahogados y fusilados: y en Burdeos guillotinaban 
por el crimen de neg&ctantismo. ¡Las mugeres! ¿Conocéis algún 
pais, alguna época, alguna nación del mundo, alguna proscrip- 
ción política en la que no hayan estado libres del verdugo las 
mugeres, gi esceptuamos varios hechos aislados de Roma en 
tiempo de los emperadores, de Inglaterra , en el de Enrique VIH, 
la reina María y Jpcobo II? El terror únicamente ha presentado 
al universo el infame y despiadado espectáculo del asesinato jurí- 
dico de las mngeres y de tos niños en masa. 

El girondino Ríoufife,* prisionero con Vergiand, con madama 
Rolland y con otros ami^s en la consergería, cuenta lo que sigue 
en sus Memorias de un detenido. ((La§ mugeres mas lindas y de 
edad mas tierna, las mas interesantes caían confundidas en este 
abismo (la Abadía), del que sallan para ir á docenas á iqpndar de 
sangre el cadalso. 

(cHubiérase dicho que el gobierno estaba en manos de unos 
hombres depravados, que no contentos con insull&r al sexo 
de la hermosura con sus monstruosos apetitos, Iq profesan toda- 
vía un odio implacable. Jóvenes embarazadas^ jóvenes recien pari- 
das y que permánecián aun en aquel estado da debilidad y de 
palidez, consiguienle al estraordinario padecimiento de la natu- 
raleza que respetaran los pueblos mas salvagesj jóvenes en cuyas 
venas habíase suspendido de repente el cursó del primer alimento 
del niño, a causa del horror o á causa de haberles arrehiiítado 
los hijos, de su seno, lloírabs^n dia y noche sepultadas ett .ealar 
boizo, amarradas^ sus débiles mauQS^coa in^dignos hierros; y aun 
veíanse algunas coa argollas al cuello. liegalí^n unas desmayadas 
y en brazos de Ips.crjadc^ de lo» caroe}ej^o&/ que se reiaú (& 



DB ValeMgu. 263 

ellas^ y otras estupefactas y casi imbéciles. Hacia los últimos me- 
ses^ sobre todo antes del 9 Thermidor, reinaba aquí una activi- 
dad infernal: crugian de día y de noche los cerrojos: llegaban 
por la tarde sesenta personas para poblar el cadalso: reemplazá- 
banlas al dia siguiente cien mas^ á las que aguardaba después 
igual suerte. 

«Catorce lindas doncellas de Yerdum^ de un candor sin igual^ 
y que teoian todas las maneras de unas vírgenes consagradas á 
una fiesta pública^ pisaron juntas el patíbulo. Desaparecieron de 
una vez^ y fueron sacrificadas en su primavera: el patio donde 
yacian las jóvenes^ presentaba al otro día de su muerte el aspecto 
de un jardín despojado de sus flores por la tormenta. !Nunca ob- 
servé en nosotros desesperación igual á la que escitó semejante 
barbarie. 

(cPérecieron también juntas veinte mugeres dé Boitan, }a ma- 
yor parte pobres: paréceme ver todavía á aquellas desgraciadas 
víctimas; paréceme verlas tendidas en el patio de la consergería 
postradas de cansancio á causa del largo camino^ y durmiendo 
sobi'e el empedrado.... En el momento de salir para el suplicio 
arrancaron de brazos de una de estas desdichadas un niño á 
quien alimentaba^ y que en aquel instante bebia una leche cuyo 
manantial iba á secar el verdugo. ¡Ob agudos gritos del amor 
maternal! ¡Gritos inútiles!... Algunas mugeres murieron en la 
carreta^ y sus cadáveres fueron guillotinados. ¡Cuántos indivi- 
duos del sexo de Fa hermosura vi conducidos á la muerte^ algu- 
nos dias antes del 9 Tbermidorl Habíanlas declarado embaraza- 
das.... ¡Y estos son los hombres^ los franceses de quienes sus 
mas elocuentes filósofos predican por espacio de sesenta afios la 
bumanidad y la toleranciaU . . Habían ya profundizado en la plaza 
de Saint-Anloine un acueducto inmenso por donde debía correr 
la sangre. Preciso es decirlo^ por mas horroroso que sea^ ponían 
todos los dias en cubos la sangre humana^ y en el n^omento de 
la egecucion ocupábanse cuatro hombres en vaciarlos en el acue- 
ducto. 

«Descendían al tribunal á lafs tres de la tarde estas largas 
procesiones de víctimas^ y atravesaban lentamente por bajo de 
anchurosas bóvedas, por medio de lo» presos que se colocaban ' 
en fila con un ansia sin ig.iial para vierlas pasar. Yo vi caminar 
á la muerte con el mismo talante eoo que caminaban en otro tiem* 
po á las ceremonias públicas á cuarenta y cinco magistrados del 
parlamento de París, y á treinta y tres del parlamento de Tolosa: 
yo vi marchar con paso reposado y firme á treinta asentistas; los 
veinticinco primeros, comerciantes de paño de Sedan, lamen- 
tábanse al acercarse su fin por la suerte de diez mil jornaleros 



2^4 EL íensamibisto 

que dejaban siupan. Yo vi k^^qxi^Baysser, terror de Im rebel- 
des de la Yendeéy y el roas hermoso soldado que ha tenido la 
Francia; yo vi á todos aquellos generales á quienes la victoria 
acababa de cubrir de laureles, (jue:habian cambiado de repente 
en ramas de ciprés; yo vi por ulli.mo á laníos militares jóvenes 
tan aguerridos y vigorosos.... caminaban en silencio.... sabían 
únicamente morir.» 

Prudhomme completa este cuadro. 

«La misión de Le*Bon en los departamentos que lindan con 
el ISorte^ puede conopararse á la aparición de aquellas negras fu- 
' lias tan temidas en los tiempos del paganismo. 

((En los días de regocijo eoiocabase la orquesta al lado del 
cadalso: Le-Bon decia a las doncellas que se hallaban allí: ((Se- 
guid la voz de la naturaleza; eotregáo»^ abandonaos á los brazos 
de vuestros amantes.... 

((^•os niños á. quienes había corrompido componían. su guar- 
dia, y eran los espías de sus padres. Tenían algunas pequeñas 
guillotinas. con las: cuales se acostumbraban á. dar la muerte á los 
pajaritos y á Ips ratones.». Sabemos que Lc-Bon, después de ha- 
ber abusado de una mugar que se le habia entregado para salvar 
á su marido, asesinó a este infeliz ante los ojos de la desventu- 
rada esposa, á la que úqicamente quedó el horror de su sacrifi- 
cio; atrocidad común entonces^ y Prudhomme dice que no pddia 
contar su número. 

((Carrier se distinguió en Naiites. Cerca de ochenta mugeres 
sacadas del depósito y conducidas al sitio de la carnicería fue- 
ron aqui fusila(las: despojáronlas en seguida de sus ropas, y los 
cuerpos desnudos permanecieron diseminados por espacio de tres 
dias. 

<(Condujeron al propio tiempo para fusilarlos á quinientos ni- 
ííos de ambos sexos, de los que el mayor número apenas rayaba 
en los catorce años. Nunca hubo espectáculo alguno mas tierno 
y horroroso: la pequenez de los cuerpos puso á muchísimos al 
abrigo de los tij-os: desatáronse las vendas; derramáronse por los 
batallones de sus verdugos buscando un refugio en sus piernas, á 
lasque se abrazaron fuertemente alzando á mirarles el rostro^ 
en el que estaban pintados la inocencia y el horror. Nada causó 
impresión en sus asesinos, que los sacrificaron á sus pies.» 

Ahogamientos de Nantes. 

§ 

((Colocaron á bordo de las gabarras á muchísimas mugeres 
embarazadas la mayor parte, y otras con sus hijos en brazos.... 



BB TALBNGIA. 245 

c(Las inocentes caricias^ la sonrisa de las tiernas victimas^ es- 
cítan en el alma de sus llorosas madres un sentímienlo que aca- 
ba de despedazar sus entrañas: ¡ corresponden con viveza á tan 
sensibles cariños pensando que es por la última vez!!! Una de 
ellas acababa de dar á luz un bijo en la plaza^ y sus verdugos le 
concedieron apenas el tiempo necesario para terminar este dolo- 
roso trance de la naturaleza: adelantáronse los asesinos^ amon- 
tonáronlas en las gabarras^ y después de haberles desnudado á la 
clara luz del dia^ atáronlas las n^nos á la espalda. Resonaron 
por todas partes los gritos nías penetrantes^ las amargas repren- 
siones de las desgraciadas madres contra sus asesinos: Fonquet^ 
Robin y Lamberly les respondían con golpes de sable^ y la tímida 
belleza, ocupada en ocultar su desnudez á los monstruos que la 
ultrajaban, vuélvese temblando á mirar á su companera desfigu- 
rada por la sangre, y que ya vacilante entre la muerte y la vida 
exhala el último suspiro á sus pies. Suena la señal: los carpin- 
teros con un golpe de hacha quitan las troneras y sumérgelas 
el mar para siempre.)) 

¡Ved aqui el objeto de vuestros himnos! ¡Millares de egecu- 
ciones en menos de tres anos'^ y en virtnd de una ley que pri- 
vaba á los acusados de testigos, de defensores y de apelación! 
¿Habéis olvidado que la memoria de una sola sentencia, injusta^ 
la de Sócrates, deshonra después de veite siglos á sus jueces y 
á sus verdugos? Para entonar cánticos triunfales necesario era 
por lo menos que aguardaseis á que los padres y las madres^ las 
esposas y los hijos, los hermanos y las hermanas de las víctimas^ 
hubiesen muerto: ¡mas ahora todavía pueblan la Francia! Muge- 
res^ ciudadanos, comerciantes, magistrados, paisanos^ soldados^ 
generales, inmensa mayoría de plebeyos que fuisteis víctimas del 
terror, ¿os place prestar nuevos materiales á este estrdordinaf io 
espectáculo? 

- Dicen: una revolución es una batalla: (coémparacion inexacta! 
En un oampo de batalla se recibe la muerte dándola: ambos partid 
dos tienen las armas en la mano. El verdugo combate sin peligro: 
empuña la soga ó la cuchilla, y le entregan maniatado.al enemi- 
go. No sé que nunca se haya dado nombre de combate á lo que 
pasó entre Luis XYI, las doncellas de Yerdum, Bailly, Andrés 
Chenier> el anciano Maiesherbes, y el verdugo. El ladrón que me 
espera al estremo de un bosque, juégase al menos su vida! contra la 
mia; pero el revolucionario que después de haberse vendido ya á 
la corte, ya al partido republicano^ envia desde el seno de la di^ 
solución los carros llenos de mugeres á la plaza donde está el ca« 
dalso, ¿qué riesgos corre con tan débiles adversarios? 

Los prodigios de nuestros soldados no fueron obra del terror: 

Tomo U. 34 



266 BL raifSAMlEKTO 

prodújolosd e^íritu militar de los franceses, que se despertará 
siempre al son de la trompeta, 'üo fueron los comisarios de la 
convención y las guillotinas, los: que restablecieron la disciplina 
en los egércitos, siao los egércitos restablecieron el orden en 
Francia. 

Lá imposibilidad de que se repitan tan malhadados tiempos, es 
la prueba de que no tenian cosa alguna de superior que pueda re^- 
nacer* Los tumultos, las matanzas populares pertenecen á todos 
los siglos, á todos los países; pero una organización completa de 
asesinatos llamados legales, de tribunales sentenciando á muerte 
en todas las ciudades, de asesinos asociados despojando á sus víc*-! 
timas y conduciéndolas casi sin guardia al patíbulo, no tendrá 
nunca igual. Ahora resistírianse los ciudadanos uno á uno: cada 
cual se defendería en su casa, en el campo, en la cárcel y hasta 
en el cadalso. Él terror no fue- iuTcncion de algunos gigantes: 
fue sencillamente una enfermedad moral, una peste. Un médico 
lleno da entusiasmo por su arte, decía todo regocijado: «Hemos 
encontrado la lepra.» No podemos decir otro tanto del terror* 
Na enseñemos al pueblo á'amar los crímenes: no queramos 
pasar por una nación de ogros, que lame con delicia como el 
león . stts ensangrentadas quijadas. £1 sistema del terror llevado 
al estremo, no es otra oosa qué la conquista conseguida por 
el estermiuio; pues no es posible nunca consumir todos los holo- 
caustos con tanta presteza, que el horror que inspiran no subleve 
hasta los atizadores de las hogueras. La propia admiración que 
conceden al terror^ predíganla á los terroristas con igual siara- 
zoni los que los han tratado de ceüca , saben que la mayor parte 
de éstos eran unos miserables^ cuya capacidad. mental estaba 
ceñida á límites muy regulares; héroes del miedo asesinaban con 
el temor de ser asesinados. Lejos de haber formado esos desig- 
nios profundos que se les suponen en el día, caminaban sin sabqr 
á doníie se dirigian, juguetes de su. embriaguez y de los aconte- 
cimientos. Se ha dado el nombre de inteligencia á los instintos 
maierlates : se ha forjado la teoría después de la práctica : se ha 
deducido la poética del poema. Si algunos de aquellos estúpidos 
diablos han mezclado casualmente ciertas prendas á sus vicios^ 
estos dones estériles parecíanse á los frutos que se desprenden 
de la rama > y se pudren al pie del árbol que los ha producido. 
Uii verdadero terrorista és un hombre mutilado, privado eomo el 
eunuco dé la facultad de amar y de reproducirse : y han ;querido : 
quO' fuese obra del ingenio lo que era obra de su impotencia etc. 

Por cópift, 

, A. Aparisi y Guijarro. 



i 



VB YALBRCU. 267 



AL MEU INOLVIDABLE AMICH 



Al Yore que á ya1encla> la nóstra patria hermosa, 
malalt y trist deixares á Dea per tu pregaba 
y veent que no tornabea ab^ queixa carinyasa 
ma veutde; uit y. día doleuia. te cridaba: 

«¿ AhoB estas , Gregóri y amich y germá meif, 
ahon estas qú'et busque y no te puch trobar? 
yo soch el que te crida... ¿cóm calles si 6us ma tcu? 
¡ mes llágrimes no eixugues y trif^t me sents plorarl . 

Mes ¡ay! tan.séls el eco respon á lo mea crit... 
un trist sepulchre mire eñ mig la soletat 
y ém diu Tangel qu'el guarda, aloant al cél lo dit: 
« Al teu amich no crides que está en la eternitat*» 

Al cél ¡ah! t'en añares y. adeu no me diguerés, 
y asóles me deixares en mig de lo trist mon. ..«! 
mes no...*; que asi ta imáge yo yeig com si víxqueres, 
y tot cuant me rodeja memories teues son: 

La casa ahon vares viure , els Jlóchs per ahon an^rem,; 
1^ teuea dol9es cartes de tú me están parlant. . . » 
y en eixa hermosa llana , que els dos junta admirarem, 
en mig la nit callada ta imáge estich mirant..*. 

Mes ;ay! vaig á ta casa y está muda y deserta* «•« 
fúgf del cél la Huna y Ibseh queda lo jnon.... 
la blanca aurora asoma, del sómit me despérta 
y tristamente m'anun9ía que tot mentira fon! 

¿Qué fon de aquella gracia difusa en los teus Ilabis 
que á tot el que t'ouía deixaba embelesat? 
¿Qué fon del teu injéni, l!admirasió deis sabis? 
En una trista fosa, ;mireu en qué ha pars^t! 

¿Qué fon d'aquella Musa que al punt que la cridabes 
de sa manció sagrada baixaba sonrient 
y versos te donaba cuants tú li'n demanabes 
y ab sa divina flama ilumina ta raent? 

La veig mes.... ¡per tú plora la Musa valenciana! 
, ;Ay trist! yo li demane que inspire el meu cantar 
y com jamay esquiva me diu:— «Pregaría vana, 
les flórs que yo tenia á éll les vaig donar.... 

Ara la meua Uira ab pena concentrada 



268 EL PENSAMIENTO 

sospira melancólica per eíxe á qui tant vóls; 

la meua llo9anía vaíg pédre y agostada 

les flórs se m'acabaren; Uágrimes tinch tan sóls.» 

Calla y plora la Musa: ¡ay! yo també callara 
qae el plant ma veu ofega; mes sóls te cante huí 
pera que en ma memoria vejes que yius encara 
y digues cuan m'ascoltes:— «No s'ha olvidat de mi.» 

A'ír una corona á Sen Vicent teixies, 
himnes d'amor y gloria ab tos amichs cantant, 
mes ¡ay! pulsant la Uira al mon adeu li dies.... 
¡y hui els que ab tú cantabem ta mórt estem plorant! 
. Mes ¡cóm! ¿Perqué no "vius perdut ya te plorem? 
bó fores y qui es bó en mig del cél esiá.... 
sigam nosatros bóns y allá te trobarém 
que sóls se pért cuan mor el que á lo c él no yá. 

¡Dijós tú que á ningú plorar may yares fer 
y hui de grans y jichs, de tots eres plorat; 
dijós tú, puíx ta yida tan bóna asi ya ser < 

que allá com en la térra debies ser premiat. 

¡El cél! eixa es la patria deis que en lo mon bé yiuen! 
els pobres que al mon venen son angels desterráis 
per aixó veem que ploren tan pronto com se riuen 
y trists van els díjósos y trists els desdijats. 

¡Plaers, fortuna, gloria! ¿quices tot si bé se mira? 
no res... ¡Uamp que un punt brilla y á fosques deixa al mon.. .! 
lo front al^e per vore ais grans qu'et mon admira 
me incline á son sepnlchre y.... no mes que pol9 son. ... 

¡Dijós aquell que plora que Deu son plant replega 
dijós el que mor pobre, menys furt la mórt li fs.... 
dijós qui dret camina qu'al cél cuan mor aplega, 
dij^s el que mor jove qu'al cél mes pronte va. . . ! 

Adeu amieh, per sempre viurás en ma memoria 
que si has pogut morhie me queda el recórt teu. . . . 
¡ah! tú que en 1<^ mon trist me veus desde la gloria, 
tampócfa de mi t'olyides y prega per mí á Deu. 

Benito Altet. 




Bfi VALBNGIA. 269 

MIS PRISIONES. 

POR SILVIO PELLICO* 
(GontmaacíoD.) 

Fijé mi vista sobre los dos pedazos, y púseme á meditar un 
instante acerca de la inconstancia de las cosas terrenas y la false- 
dad de sus apariencias. ¡Ahora poco me sentía animado del mas 
vivo deseo de recibir esa carta, y en esle momento la rasgo de 
indignación! ¡No hace mucho esperimentaba un dulce presenti- 
miento por la nueva amistad que iba á entablar con un compaflero 
de infortunio, sentía una fé tan viva en nuestro mutuo consuelo, 
una disposición tan seductora á dedicarle todo mi afecto, y ahora 
le llamo insolen tel 

Puse los dos pedazos uno sobre otro, y repitiendo la opera- 
ción anterior, los dividí en cuatro: iba á hacerlo por tercera vez, 
cuando uno de aquellos pedazos se escurrió de mis manos; bájeme 
para cojerle, y en este corto intervalo de tiempo de inclinarme y 
volverme á levantar mudé de parecer, y me ocurió volver á leer 
aquel desdeñoso escrita. 

Me siento, aproxima los cuatro pedazos sobre la mesa, y em- 
prendo la lectura ; dejo h carta en tal estado, me paseo un poco 
y vuelvo á leerla, haciendo las siguientes reflexiones. 

Si na le contesto me va a creer ese hambre confundido, ani- 
quilado, é incapaz de parecer de nueva en presencia de semejante 
Hércules. Contestémosle, sí; y hagámosle ver que no tememos de 
ningún modo confrontar nuestras doctrinascon las suyas: demos- 
trémosle con buen modo, que no es cobardía pesar las decisiones, 
y vacilar cuando se trata de una resolución azarosa, y aun mucho 
mas espuesta para otros que para nosotros. Sepa que el verda^ 
dero valor no consiste en burlarse de la conciencia, ni que Ijt ver- 
dadera sensatez reside en el orgulh). Descúbrannosle la invencible^ 
razón del cristianismo y la impotente fógica de la incredulidad. 
Y sobre todo, si el tal Julián manifiesta opiniones tan distintas 
á las mias, si no escasea sus punzantes sarcasmos, y si se esfuer- 
za tan poco en cautivarme ¿na prueba al menos que es un espía? 
A no ser que el continuo crugir de su látigo sobre mi amor pro- 
pio fuese efecto de sublime malicia Mas no, no puedo 

creerlo. Soy un ruin, pues ofendido por esas burlas indiscretas 

Quisiera persuadirme de que es preciso ser para asestarlas el mas 
espreciable de los hombres. ¡ Oh vulgar malignidad que tantas 
veces critiqué en los demás; sal de mi corazón! No. Julián es solo 



270 BU PBNSiMIBWTO 

un insolente, no un espía; pero ¿tengo realmente derecho de 
aplicar el odioso tí t Ato áe insoleñetak lo nii'smo que él llama sin- 
ceridad? ¡Ahí tienes tu humildad^ hipócrita! ¿Basta que cual- 
quiera con espíritu estraviado sostenga falsas opiniones, y ponga 
en ridículo tu fé^ para que inmediatamente te abrogues el dere- 
cho de tratarle de vil? ¡Quién sabe si esa humildad furibunda, si 
ese malévolo celo, no sea peor en mi corazón cristiano que la 
audaz franqueza djd aquel incrédulo! Acaso no 1|3 falte sino un 
solo rayo de gracia para que su enérgico amor á la verdad de 
cambie en religión aun mas sólida que la mia. ¿No baria yo me- 
jor ¿n rogar por él que en irritarme y <5reerme muy superior? 
¿Quién sabe si mientra? yo rompia su carta con tanta furia^ es- 
taba acaso él leyendo la mia con dulce siippatía, ó confíase de tal 
modo en mi bondad que me considérase incapaz de creermie ofen- 
dido por sus despreocupadas palabras? Entre dos personas de las 
cuales la una dice amando no soy cristiano, 7 la olra(dice:soíy 
cristiano y no amo, ¿cuál de las dos será mas inicua? E^ tan di- 
fícil el juzgar á un hombre aun cuando Be hayan pasado largos 
años en su compañía; i y yo quiero juzgar á fste ,tan solo por 
una carta! Entre tantas probabilidades ¿no pudiera haber aquellja 
de que ese hombre, sin confesárselo así mismo, nó estuviese:del 
lodo convencido de un ateísmo, y me escitase á combatirle . con 
la secreta esperanza de verse obligado á qeder? ¡Ah! ;Si así fuera! 
¡Dios mió! Tu en cuyas manos los mas viles inslrumetitos pue- 
den cambiarse en eficaces, dígnate elegirme para lalobra ; dícta- 
me razones tan poderosas como santas para convencer á ese des- 
graciado, atraerle á que te bendiga > y á que confiese que lejos de 
tí no hay virtud que no sea una contradicción. 



Subdividí los cuatro pedazos de la carta en una infinidad de 
pequeñitos, sin esperimentar ya el menor resentimiento de cóler 
ra: djrijíme á la reja por entre .cuyos hierros saqué el brazio, ar- 
rojándolos, y me detuve para seguir con la vista la suerte de 
cada pedaciio abandonado á la merced del viento : unos quedaron 
sobre el plomo de la iglesia, y otros giraron largo tierai>o por el 
aire, parándose por último en el suelo; disemináronse de tal 
suerte que nó temia d<3 ningún modo pudiesen ser jamás reuni- 
dos y descubierto su contenido. 

Escribí después á Julián poniendo todo mi conato en no pare- 
cer estar picado. , 

Chanceéme un poco sobre el temor que manifestó do que lie-- 
vase yo mi susceptivilidad de conciencia 4 punto de tío poderse 
ligar con la filosofía^ y le ^uplioba .susf^dlose al menos sobre 



DB VJ^LBKGIA. 271 

ese punió BQ faioio. EnGomiábalé la franquea de (|oe deoia hacer 
profesión, y protestábale que sobre eso acaso yo le igualara; con- 
tinuando que para darle una prueba de ello ^á)e cenia tan solo á 
defender el cristianismo. 

«Persuadido, anadíale, de que si yo me pireslo guslpso á es- 
cuchar con amistad vuestra opinión, pueda esperar por vuestra 
parle tengáis la generosidad de prestar oidó a la mia.» 

Propúserae hacer paulatinamente dicha apología, y entre tanto 
comencé por un análisis fiel sobre la esencia del cristianismo:— 
Culto de Dios despojado de toda supersUción* — Fraternidad de 
los hombres. -^Perpetua aspiración á la virtud.— Humildad sin 
bajeza. — Dignidad sin orgullo. — Y por tipo un hombre-Dios. 
¿Qué podrá hallarse de mas' filosófico tii d^ itias grande? 

Procuraba después demostrar de que modo se habia esparcido 
con mas ó menos eficacia la profunda sabiduría entre aquellos 
que buscaron. la verdad con la antorcha de la razón, pero que 
jamás se estendid díe su llenó en el. mundo; y de qué manera, á. 
la llegada del divino Maestro sofreía. tierra, dio tan grande tes- 
timonio de sí niisma operando aquella maravillosa difusión por 
medios humanamente mas débiles. La ruina de la idolatría y la 
oratoria universal de la fraternidad humana que janms pudieron 
conseguir los mas subllmps filósofos, lográronlas algunos apósto- 
les ignorantes. La emancipación de. los esclavos^se hizo mas fre-. 
cuente dé día en dia, y finalmente;! apareció en el mundo una' 
civilización sin siervos, estado (Jé pociédad que juzgaban impoéi- 
ble los antiguos filósofos. ' , ' ;,[" , 

Ui^a reseña de. la historia del tnupdo de^do Jesucristo deJna 
por. últrmo de^uostrar de qné modQ'larreligiou.por él fMindf^a se- 
habjaplegado]^ren()pre alas dífere;) tes forma$ de la civrlizaejon. 
Xsn füiéo es quQ.contjnuaado l|i civilización su marcha progresiva 
deje jamás §1 Evajagelip de hallarse en armonía con ella, , 

Escribí: efi letra: menudia y;mucho^ mas á pesar de todo no 
me pudbéslender cual. deseaba ,..pu«s me faltó el papel- Leí repe- 
tidas veces la introducción , la que me pareció estar bien ; m se 
veía en toda ellautía frase que dcjass' trasluotr «1 n^enor resenti- 
miento por los sarcasmos >deJutiaD; abundafaja por iel contrario^n 
egpresiones de bondad,, porqué. mixórazosn , libre ya completa-' 
menté de intolerancia > me. las habia diclado^. : 

Envié mi carta , y á I^ mififna siguieMe esperaba coü: impa- 

ciéneia la contestatíioDi ¡ : ' ••■ 'i ' • " ' 

; Tremerplloseritraiy me dice: i : .! :, 

— Ese caballero no ha podido contestaros, pero me ha eiiéarrt; 

gado os diga que póüdeis €Oi^tii!mar laLbrQOía^ ^* : 



I 



I 



_ 



27% BL PKNgiMlBMO 

«—¡Gomo broma! esclamé: no habrá dicho broma^ acaso habréis 
comprendido mal. 

— Eso será^ conlesló Tremerello encogiendo los hombros. 

— No, ¿pero de veras creéis que dijo broma? 

— Lo mismo que oigo en este momento la campana de San Mar- 
cos (el reloj daba justamente la hora.) 
Tomé el café y guardé silencio. 

— Pero decidme, ¿leyó aquel caballero toda mi carta? 

—Me parece que sí, porque reía como un loco, y después hizo 
una pelota con ella que arrojaba por el aire jugando; y cuando le 
advertí que no se olvidase de romperla^ la rompió delante de mí. 

—Eso mé gusta. 
Di la tasa a Tremerello, diciéndole que bien se conocía que 
aquel café estaba hecho por manos de la Siora Bettina. 

— ¿Pues qué os ha parecido malo? 

—Detestable. 

— Sin embargo yo soy quien le ha hecho, y puedo aseguraros 
que está fuerte y sin nada de poso. 

— Consistirá en que tenga yo mal gusto de boca. 



"*■« 



Me paseé toda la niaBana temblando. ¿Qué casta de hombro 
será este Julián? ínedecia yo á mí mismo. ¿Por qué habrá tomado 
por broma cuanto le digo en mi carta? ¿A qué mofarse y jugar á 
la pelota con ella? ¡E^ós son los incrédulos! Conocen la debilidad 
de sus doctrinas; y así qiie cualquier hombre se toma el trabajó 
de refutarlas, no prestan oido, se rien y ostentan cierta superio- 
ridad de enlendimieníó que parece no deben examinar nada. 
iDesdiohadosl ^Dónde han leí<lo filosofía alguna que pueda sus- 
traerlos del exameti m dé la gravedad? Si Demócrito tuvo siempre 
la risa en los labios; es porque Demócrito fue un bufón. Pero 
bien merezco ese tratamiento; ¿por qué emprendí corresponden- 
cia con semejante hombre? Podía perdonarse un momento de ilu- 
sión; mas luego, que se hizo insolenté ¿no füí yo un majadero en 
contestarle? 

Decidíme pues á no volverle á escribir. A la hora de comer 
cogió Tremerello mi parte de vino^ la echó en una botella, y al 
tiempQ de guardársela en el bolsillo dice: (c¡ay! no me acordaba 
que traigo en el bolsillo un papel para vos;» y me le entregó* 

Salió, y yo, al contemplar aquel papel blanco^ me sentía con 

tentación de escribir por la vez postrera á Julián y despedirme 

de él, dándole una buena lección sobre la fealdad que presenta la 

insolencia^ . ^ . , ; 

—¡Bella idea por cierto^ me dije dei^es^ volver desprecio por 



M > VAL«!«CIAI. 



278 



desprecia^ hacerle que áWrezca atíti utas al drídt¡á1(fi$mp; pues 
que yo cristiano le muestro, orgullo é ¡ntgleíríaíoda! Bs*p>recis0 es- 
cribirle aun otra ve¿, pero; sin etinepor'elí^^^ ya que 
iQ€i sieulo capaz de escribir Vin^^npjOy ¿no f^ter^ mejor aparentar 
completa ignorancia sobre sus necias burlas^ y el epiteto de bro-*- 
ma que ba dado gratuitamente á mi carta? ¿No convendría acaso 
mejor continuar yo pof mi' parte la apología del cristianismo?' 

Refle?jonj¿Io un ralo,, deciidl^fldoiue fioalmerite por ía úl- 
timMdea^ . . . . ^i ........ 

Despaché por la noche mi pliego, y á la mañana siguiente re*- 
cibi por contestación alganas líneas de un frió agradecimiento, en 
las cuales no había ninguna' espresicm áspera, tii aproWion iii 
deseo de contin\)ar, / , 

pisgusióme en estremo el billete, .bien que me. hallase resuel- 
to á llevar á cabo la empresa sin desanimarme* 

Ni tesis no podía tralahe con ligereza, por lo cual la estendí 
bastís Henar cinco ó sei^' cattias bastante largas^ á cada una délas 
cuales contestaba ' JuHan dándome unas gracias mu^ lacónicas^ y 
además alguna que otra declaiQíacion estraga en un todo jal objeto, 
ya desatándose en imprecaciones contra sus enemigos^ ya bur- 
lándose de si mismo, y-dibiendo ser muy hatural que él mas 
fuerte oprima al mas débil: otra* Veces se afligía de tid recono- 
cerse' bastante fuerte, y ¿onduía co'nfiándo'me sus amoríos^ y cl^ 
imperio que éstos egercían sobre ¡sa atornieptAda imagloaiciom 

Por el'ndtor, 

A. Apárisi y Guyarro^ 



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«ftéNKA. 



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■u,¡. 



l 



¿Qué hay de nuevo en la comedia humana? : 
Nada^ absolutamente nada, calma profunda, sueño. / 

, Pero cronista indplente^ ¿asjl estamps? , , . , * 

¿Y qué quieres que íe cuento yo, leptor querido, si la huoiíuja comedia 

no presta para mas? . ,. . ,, ..' ; 

,/;-¿Nacbnpces ya su enredo?^ ;. .| ^ .: .\, ^ . .\. 

¿Wó sabes ya de memoria tndos sus episodiosr .:.':'...' 

¿No conoces también á los actores^ 

— ¿N<>losHíM»-«HMido^algtni»y«Ef - - 

,.!,.¿J^i|^9 eptwce^quí qwiwesqiwiyo.te quont^qu^ bi jia sejws^.y acaso 

tengas bWidadiot pOC Saki^O?.; :. ? ..l í -j ^ i.> hdoI Í;..í- ; i: iii'i^^ í:. t^:>i í«.> 



) » . 



Tomo II. 



35 



^ 2P: FJ/ J?»ff6A,í«EMaro 

déjenla pla^^íüwíeipara.Qtr,»*,»..: .•ir...... ...• ...' ./ ■ ■ - ;.., , , .,»,., 

Y yo te repita una. y mil veces que Jo; mismo exactamente que yo hary. 
erquéHíes«¿éfla,áihéiibs/qUfe'pátótfdlilto^^ ' \ *^ 

>'i Ptíéi'<|Mé tíiiéfy|a('q[»éial'S9 y'á'lá'|)(>át^e es^á es" é))ócá'Ae édg^^y flé^l 

meMtaN;U. (,]-:•••; • /, •'.^. -ii:;jíl -i-. ».!«.> {V-M.. ': ' i ! -I-jí'm'^ 

. . jisla conyarsaiojoq l^nia np J^ce ffiMPhoÉl iis^f^ el.g^e lestaPiJinqrt -estjrihfíí: 

con UQjector, habitual} (}p laUBviSTA^iá «ijifin. .poi¡ jma¡s /que.rj^ici^j.Dy P^^ftí 

nunca cpñvéncér (3é qiie'por ahora no hapíjj.drisis mirtisterial." . -. , ' 

' Es vterdadiqtíe'i ntíestró buen' atóigbW escocía el recargo de los "cin-. 
cuenta millones^ y anda siempre en busca de un ministro que le tia^^págaif ^ 
á-lQ antigua,^ •- .;:¡ r rJ • r ,{';•• ! ■*': • ¡ f-, . ; '--i ,- : i 

Kn vaoo le diremos que e) i9/mir¡ kiaíinpáern^íim^'qn^'C00^t}jít^^^ii(tT) 
que para hacer rodar la máquina, ^uberoanientdlse; n0C^$itei\,f)i^^fil:ei9Ti 

pieos y empleados. ' ' ' '"' !,., * ] ¡' '¡' 

Pero él se obstina en creer tqdo l.o contrario, y jufá ^ perjura ijiíé losí' 
machos de al^ra n^Wcén lüáá que éntdfpecéryy que ¿on íoisí '^ó(?os de la 
antigua se marchaba &in.tao4io.ttfópiíe¿o;^ /.>- • ' -í: ; ' ''•'•' H i */ ¡i \j ti 

Nuestro amigo s^t bQmpila al eit \q que.él üJJcq Ique, aoif blasfemias* ; 

, .'jY añade que cuatro que trabajan hacen mas ,q}ie diez ,y ^w, q^e {uin^|:^..^| 

El ¿uen hombre no comprendé. todo el perfume que^ arroiajel fiumo, * , 

T^i IkáeíUaLééiióicefarnieké. V . '^ "^ " • - ''í' ' 

.i.Wí^Ia ¿omó^dadde ViVir del prtádpuestó'.'-'- ' -'*; '*''i ''• ' ';' ^^''í*; - ^' 

:,Ní d/pl^eccdfíYerse:incluidoen'lá'TOmítíá¿ «';:' í' ' :íí«:. Ím:. 

j.'IÍMy^^!^''^^/^®■^hr^w^la pagaalTm*! faiey. . ' .-iííí • j ?jr. ,li::r,i 

/.Kj.QJira^^pjiíchasabogrlas suteí su jiotes. •;:,;. : ,• '<: :a ii*; * j ¡'.¡«'i 

^Oüe han venido ¿s^r ahora V que.era ántíguameDte.Weruntío^e^ 

Ahoi^^shiéj<H--téñérlo-W"éadT^id.'^^''''^^ i-.^ri.);-' ^/-^ ^ ,? :J!i')qM;¡ 

Y sobre todo qy^^s^a diputado. 
O personage, influyente. 
OháblWéR'^^ V. <':<wy.vv. .^ 

O mata siete y espanta ocho. 

Y como hay muchos sobrinos, también ha de haber forzosamente mu- 
chos tios. 

Y los muchos tios y sobrinos exigen que suba cada año el presupuesto. 
Para eso hay quien dice que queremos vivir á la moderna. 

Consecuencia: « ? i <; v * / * 

Que reunida la comisión de ^^^j||pestos)del congreso ha encontrado 
buenas las razones del gobierno pára"aunientar la contribución. 
Pero cuidado; que no ha de pasar ?el catorce por ciento. 
Lo mismo, lo mismito q\ie pretendia €^ gran Mon. 
El cuñado del gran Pidal. - :r-: '.:;;:». ? • .- .' . : .:,»• 

A propósito de esta tiótiábiltdáldV'*' ' "* ' ' . " , ' " [ ' ';; 

D. Luis Pidal y l^jlon ha sido nomhi*^o agfégadb á'la embajada^eñUbina. 

¿No te basta, ;oh insigne académico! que te den para tífós'ctíar^ntjpi'in'fl 
del pico, y un viático de noventa por legua,, y btros emolumentos (l)l;¿¡no 
que aun quieres mas? 






en Roma han ascendido en el año 1857 á vEiNTicufCÓ^'Mit^ lívAos. ' - '''•'' rfinv- 
- .11 ^^KoT 



¿T^íJw^i^í^piífwifc'wlpterÍTéiiInra el'dejarnosper istam?' ■ í » »' ' ' i ' ¡^ 
¿No te basta ^\ conier y:aun hartarte del preaupil^fo^ sitio^qtie áün Mgrás 
queledenun plala'á'tii hqo queHdd? ■ i; m 

, ;0h gran Pidalí sqbre lo principal ,:^un quieres , un agt^a^o?; . , ■/ 

' Qüúusgúe tándem j oh PidaU jáHtfir^^^ 
' Consuerate entre tanto, que pi.hacés Jiopar nuestros bplslHos, todos íós 
alumnos de Apolo y los qiie no lo. son saludan. tu .^larcha con las siguientes 
despedidas: 



1 • 



I :■ I 



LA DEL.HÜHO.: 



Llorad, alumnos de Applo, ' ^ . D. ífecjro Jpsé Píd^V * '^^ 
gértiis y HitíáafsV Hórád,^ ': ¡OJófs'qutí tó* vieron ir,; ''í' 

ayer salió para Romái ' ' ' \ ' " ■ .; que no le vean tornari'.. \ 



• I 



I • j "/ í 



"" ; 



-; i,. 



;':;"^\,;j;' ::.:;;í'^égün Y cqmq: v;,;;';^.' •; 



', ' • 



LfeTÜItLA. 



o 









..r 



I» . ' 



Para que te represente 
. . . . ,^ dignamente, , , . 

a péces5tas,.¡oJi Español . 

un nombre sm hiel ni sana, 

muy circunspecto y prudente,- 

con up genio, ap^elícal, 

con un candor de paloma^ 

I). Pedro José Pidal 

M.jt>ará|grap papel en, Ropaa^.^ .,. 

!jyf^^f ^^i íjcrbu^oas arisco. 

que dé destempladas voces, 

5,tJirjB,yaqqAnococi9Sn 
e.cuandp en cuandq.up mordisco^ 
que aplaste |iíi[ia cateijiral .. ...i 
sijSoJÉre ella sc^ác^splom^,; ,. . 
í)a]fá.gr$iu p^pel.en^'.IiQma,. . 
J),,jPeí}r.a}osé.Ri¿l^ll,. \.[ . ^ 

.'j8L,te!,h9¿e ia^a i^ sugeto.^ ' 
muy discreto, / ; • . 
qpe^cpn ^ju^sab^i; pypfqnda- . 
a. ta' cap^al; del miando . • 
cristiano inspire respeto, 
cuya palabra fonpaU , ^ ^ 

sélcíhgápor ún á'xiomá,, .''' ' . 
D. Pedro José Pidal ' "" ' ' ] 
no hará gran papel en Roma* 
Mas si te basta la ciencia 
de apariencür^' 
í^ue^ pantos hap .adquirido.; 
por Jíi,graci^,i4> UP partido 
que es todo él inteligencia, 
de ideas poco caudal 



». !iJ 



tiJ ' 



I ■ f 



• • { 



yén caml^ia mucho di^loñiá, " ' 
, b^rá gran pajiel eo Roiiiá • 
..> fíf P:edrfx Joj^é PiaaL í wj ¡ ;•-:. 
SiJÍ0 4^ bubpre» la embajada > 
tandeaeada <i i .: ; 
h^s(9r;por alguA.hpprioa,.;. .i'i . .: 
que los.trQjoM»! mil dehpico • .1; 
invertiria en cejada.: . : » 

^uijen4éfso)lucíoa citba^í;]* . > ii< / 
á. tqda. jouestiou que .«soma /r . . ; 
D. Pedro José Pidáis :j : » 
no hará gran pai)el en Rompió' . : 
^. Ma3'sies prQRia Ja misíoa . ¡ v »' 
• de u»hombn)ni: .r 

fórnido^iCasi oiiadradOyi > 
que se Ueye daun bocado /> 

. toda una Constitución; i . >.- ? * j /. I 
^He se «?impe un cardenal.) .:r- : ' 
. ó dp? (leúna /sol^^ilomaí . 1 /i / >• 1.: r 

. hará gran papel en, Uomak^i / ; . -: . :A 
p. Pedro Jpsé.Pidall : ¡ ir' / , v 

. . Nuestrps Jibufilpatcn^ian . ->•, > ..ííi 
i.ydeciaiií, , . ..: . ,; i, ;, u; 
qvie es en m enviado ippngua^.j. (• 

, .m poseer 'bien Jajengua.t ,> . , ,,«-. 
del país a que.19 envían, 

' si esta tiiáxinía tríviar ; '.) 
no debe tomarse á broma, 
i). Pedro Joéé Pidal' - » ^" 
Bobará;gNin!papelen Ronia. í: 
. Mas sí esta málinfia necia > /' 

se^diíspne^íai/i.jíiiOL' ol. u, 
' yunque como el castellano 



Pidalhable el italinno, • :> ' •' <tae pdcderhaUaÉse «o i4í€imá^ 

y en Roqia.cpQiQii^n VesfSQia : j ! ¡ hari gran papel en Rorim ''' 
digan que es todo lo mal D. Pedro José Pidal. ' .' 

Y es fama, ségiín cueotá no péHó^ico, que el.gran Pids^I al oifeítar^e la 
vfspera de su mai^ha, ^pues ya recordarás lector querido que el Sr. Marqués 
tibs'hitó sábbr en cierta ócasfóri que áe afeitaba áóJo,— 'cantaba las siguiep^s 
coj^lfllias parodiando las déh' Marqués de Carayaca. 

Quién me verá i mi . , .Quifn me verá á mi 

Con casaca bordada y tricornio' ' PaTsear por la orilla del Tíber 

Por Roma salir. ...... «^ ^ - . . ;í MicuerpogentiU.M... J' 

Me ecbaré un 5roc/e^^in.clf arpiado Me pondré bajo el brazo mis. tjtulips ^ 

Que ajuste y sujeté.. ! , , , . ; . J^^ triple académico < - ; 

Mi asturiano pié ' ' ' Por ciencia y saber, 

Y dirán al ver mi esheltura^ . Y diráaen la patria de Rómulo 

¡Qué bello marqués! . . ; ^ . . . . ^ ^ ¡Qiíé ilustre marqués! 

— £1 senado se ha dividido en la votación sobre la renuncia del cargo de 
Senador del Duque de la Victoria: 3$ contra 33. 

Y como según reglamento nó había bastante número de senadores pre- 
sentes, se hfi.^pl^^o la resolución. < ' 

—Los periódicos progresistas y d'emócratas continúan disparándose saetas 
y hasta balas rojas por saber quiénes son los representantes mas genüthbis; 
y meji6res defensores de la líbertaíd. 

Acuerdo completo. . . * 

Los moderados á su veü tatñbíen se arrojan piropos sobre quién el^ iñas 
conservador y mas. •.. modeifado. ' 

Completo acuetdo. ' ^ *' ' . ^ 

Y mientras! agí se entretiene lo que llaman el cuarto poder del estadp, 
se presenta al congreso una autorización ó voto de confianza para cobrar 
las contribuciones, atimentadafeí con un recargo de dncuentamilloncejos en 
la territorial; '' 

Y se presentan enmiendas sobre enmiendas para aclarar esta $utbri2aí^ 
cion , y se retiran ó se desechan ; porque hay que dar un voto de confianza, 
pues de lo contrarío á\ít qué nos amagaría una crisis ministerial,/ 

Y los contribayentes que no entienden un ardite ni se cuidan de i^úé 
haya crisis ó no, saltan de dolor al ver que cada aSé se les añnienta la cáótá. 

Y aun cuando 4es dil;en que es pveciso pagar á la moderna poiqué que- 
remos vivir á la idenl, dios se miran y observan que tóda'^la llevan encima 
la casaca y la chupa, pero descolorida y hecha giroLes. '" ' ^ 

¿No valiera más que el decantaíJo cuarto poder del estado ^e ocüp^t^ 
menos de rencillas que á nada conducen, y algo maá dé' lo ^ue tanto in- 
teresa á los pobres piígands? ' , V 

Pero Madrid será siempre Madrid ; y á quien nada ^ierde^y sieJDdpr^ 
gana> poco le importa, que despojen la casa del vecino.. ' . .^ '^^ 

Efectos naturales! del parlamentarismo. ■, •;,.,.■ 

Y de la centralización. .,.->. 

Por eso nos dícén.que Madrid es el corazón ddleatado. 

Convenido: pero es un corazón que absorbe toda la sangre qaé'Cih:tiíV& 
por el cuerpo social de las provincias que se ven ftmená^Mas^ andando 
asi , de completa parálisis. ' J 



,1 ;íC'j ' í -■ i'^. A 



'^ ^ 'iífc' írÜEÑcíí. '277 



— El'proceáj de los Végjcídás ñé- Fraiícii lía tíerinííikao.yi déápnés^ (Te 
solemnes y páblfcos (IÍebaléi3«''ha^b!Qhdo s^dÓ senténcfiado^ á la pena^ de 
los parrScidafs Orsini, Píériy Rudfo, y á la de trabajos forzados perpetuos 
á Goniez, supuesto criado del primero. .í)e 'estos cuatro miserables la á- 
gura que descuella como principar es la de Ofainl, qiíé ha .figurado en gran 
manera durante la iiltima revolución italiana , fu^odose atrevidamente 
áe la fortaleza donde le hablan encerrado fos austríacos. ¡Turante el pro- 
ceso no ha desmentid > su carácter ni ha .tratado dé ccultat su crimen, que 
ha ditího ser hijo del amor que jírdíéia i la fiÜertad é independencia de 
su piaiis. Fácil es de comprender el< ei^lusiasmo y hasta la exageración )§i 
que puede llegar el anior tle la pátrjá; coi;n(]^énde$0 tám))jen aunque coh 
menos facilidad , que esta exageración Itégae hasta él cHinen peí'Soúái;' pero 
DO puede comprenderse' que pam llevar á efecto este crimen , se lleve el 
duelo y. la .desolación á centenares.de familias. Ss^.prsiuí que .tap^tp de- 
canta el amor a su patria, ¿odi^ba.acaso i If^8.ír9ince^s2. No; asi lo- ha 
repetido varías veces ; .odiaba sólo Ji su £nx);)|ei;acíor, pprqúe ^gíin él haj^íia 
paralizado la regeneración de la, Italia •,, y para; /vengarse de éi no tietie 
valor para representar el papel die .Bruto , sino qp^e.jdíesciende al miserable 
de un execrable asesino. Np. tiene áxiimo para, habérsela frente á firea- 
te. y cara á cara con Napoleón UI^ y .prqfier,e desde lejos arroja^r jiinto: ^ 
él máquinas de destrucción qfíe, esparzan la sangre' inpcente. Dios ha libeiv- 
tado de la muerte al Emperador 4^ ios franoeses , porque se complace en 
destruir todas las intrigas y proyectos,, aun ,Iqs que parecen mejor .combina- 
dos, de los que solo se etisafian en el. crimen y*eb la destrucción; y Orsiqi en 
esta ocasión no ha sido ni há podido, ser mas que un crio^ioal vul^r y de- 
testable. ■ . .,•••• . . 

Orsiai« desde su calabozo yantes deser sentenciado, há escrito ¿ Napo- 
león 111 una carta que su elocuente dofensc^ ha leidoj no para atenuar. su 
crimen, sino como prueba del amor de Orsini por su país. Insertámoffla tal 
cual la encontramos en los' periódicos. . , , .: . • 

Á Napoleón Ul, Emperador de ¿os franoese*^ 

«Las declaraciones que eofit^a mi mismo he prestado en el proceso polí- 
tico intentadi) con motivo del atentado deí li de Enero, son sfíifícientes para 
que se me condene á muerte , f la Sufriré sin pedir gracia , tanto porqué 
nunca me humillaría á pedirla al que ha matado la tuciente libertad de mi 
patria, cuanto porque en la situaíciotí en queime encuentrof, la muerte eé 
para mi un beneflclo. ' ' ' 

Cercano alt^mino de mi carrera, voy síin embargo á hacer un ultimo 
esfuerzo para ayudar á la Italia, cuya independeticia me háhechb afrontát 
tantos peligros, me há'impuestd tantos sacrificios. Siempre Ale objeto cons- 
tante de mis afecciones, y esté óltirno pensamiento es el (pie deseo consig- 
nar en las palabra» que dirijo á V. M. ■ -'• " ■ ■ '^ 

Para mantener el equilibrio actual dé teürópai, ejí preciso 6 hacer que 14 
Italia sea indep^díente, ó remachar las cadenas cort q^ el Austria la tiene 
esclavizada. ¿Pediré para su libertad que se derrame sangi*ett^ailcéáaéti fá'- 
Vordelüs italiaaos? No: no llego á taúta. Lo que Italia pkle es' quíe lá Fran- 
cia no intervenga contra ella: (juenopértjlíta que Alemania apo^e al Aus- 
tria en las luchas que puedan un diadas ó menos cercano estallar. ' 

. Esto: es precisamente lo que V.M. puede hacer, sí' quiere; de Vuestra 
voluntad depende él bienestar ó lá deprecia dé mí patria; lá vida ó íá muerte 
de una lutcion á quíefn :|a Éirropa es ón gt^n fiarte deudora de ' áu cívijizacióh,'. 



desqsperandpde qup píi^ débil jVqz 89a pid<i\. CQií|uíP,..pues, <ítV- lAvíixpxe 
(^eyiielva^ la Italia 1^ JDde^pdfsncia que s^s híj^^ p^r(i|ieron eo Í8.&9v por 
culpa de los i;pia(nos f^^ncesQ^t ftecue^ae, V..M- qpi^«|Ios italiaQps, ,emtrplo$ 
queseiíiicontrabamtpadrejVert^ s,U(sapgrQ, por,NapoWr> €¡1 

Grande, adonde quieran que. este le ,plugO',condupJrÍQS;..reeuer4e V. M une 
le íuéroñ fíjeles h^istja'su ca ida ;. recuerde ,j,po;r ultipoo V., .M.^ .qu« eo. taotp 
(íjiíe Italia pp ^ea iñaepeodient&, ^ t^^aqíi^li^^d'cle ¡Europa y la 4^ .S. . M; se*- 
ransolaipénte, una quimera* ■. , .:;....,, ^ ; ,- : • ' •• < ■' 

Dígiiesé V, M, aqo^e.r este ultlpí^-o yoto . qué pn patriota 1^ dirige de^djs 
los escalones del.cadalsp: libertad. ájpí pátr^a^^y las bendiciones de25i nú\Wr 
nesdecíudádanopseguUát^.á V,.M. en.lappsterida^, .. . . ;, 

Prisión de Mazaa 11 de Febrero d¿ 1858. / . f,' • 

'La "pubHcaciorrrfe esta carta ha escit^iJo Bastante irtteré^ éti ¿1, publico 
^párlsienlse, según a'SiégúráTilos periódicos y las cartas particulares; peíohos,- 
•¿^os á qiiieniss ni cié¿a el '6'dio' ni láí paáióp, y que sí cóiliprentfeiííoé y.iió 
criticanios'la^pasíanes politicás/iio podemos nf'aplatidiremós jamás sus exa}- 
gefaciones que indíspíérié'áblem^té conducen á los grábdes crímenes, no én- 
coniramós eii ella mafs tjiieuna deíRínsa de ets/á aberraícíóri misma de tírsiní, 
prodiJcienda ahte el que quería* hacer su víctima üná circunstancia atehuÍBinté 
-de su acto álioniinábfe:' Vemos en ^lla oó at crirhinfál qpe' cree habéf obrado 
'Segün le ímpúlsába>sli amor á la patria, sino álqde viendo ájzársé' ante sus 
ojos él cadáisor,. recuerda al qué ha querido désttuir que á pesar de todo a'tñá 
todaviá la' vida, poniendo 'ante sus ojos'.lps seryicíos.qüé los italitinósy sú 
propio padre habfárn enr otros tiempos pi*eslado al primer Napoleón. Orsíiu 
no quiere niorir y espera. Si Orsini amaba la república, de cierto los repú- 
-blit^ahos déí siglo' itlX no se parecen á los altivoá republicanos de ^R9Ípa se- 
gún riíjslbs "han dejado consignadas las historias, ' ^ ''!''.. 
j' ' Nada decimos de su^ Compañeros dé crimen, ]íótque del proceso V dé^ífó 
debates se desprende que antes de sectfndár á Orsinr en su execrirble pifo- 
yecto, habian sidosentenciados y perseguidos (ior' robos y asesinatos. Mise- 
.rabien á quienesi nadfi impelía ni aun la.f^soMBade la exageración que lia es- 
cotado Ja curiosidad y hasta eáertp interés bácia Orsini. Eate, Piévri y Rudio 
han apelado de la> s^ntenpia al tEibuns^l superior de jQasacioo. 
j , íil célpbre oradpp cajt^lico P» Ravignan ^ha fallecido; -Hé.aqüí Jinaisu- 
fiinla biografía de este esclarecido sacerdote, .'.!'' 
« Francisco Javier de Ravignan , hijo de una familia noble del departa^ 
«ineintQ dei\ ^arons^,. nacf(^fen l.° de DiciembriQ de 1795. Era muyjjóven 
púando por su talento ^ iivsliruccion y relacionei^i obtuvo/ la plaza devmagi»- 
trado en la real audiencia de París» y en la que se distinguió mucho,; ¿.pesalr 
de sus pocos años. ; Predicaba por aquel tiemp<» ^susifiélebres confdrencks 
en la catedral de París, Mons. Fressmons^ Uno de, bus mas, asiduos 'oyentes 
era.M. de Ravignan , y fué también pna de sps ima$ .ilu/$tces conquistas. 
,I)eséQgañado del. mundo, que le brindaba con un bcillante f)orYenír^<at)tfaz& 
la.c^rrera .e(?;lesi^stiqa,' y entró en el seminario de San. Sulpicití para estuüiar 
la sagrada teplpgia. Concluida esta, y ordenado de sacerdote > entró: en la 
Compañía, el 2 de Noviembre de 1822. Después del noviciado fegentóvariás 
cátedras y por espacip. de algunos años Isi deieología en Francia ;y .811 iaa.M'* 
. «^o que le hizo célebre fueron sus confereoqias de Ueligion eivJft icate- 
dral de París, y que prdinariamqnte versaban sobre lo$ errores deldia; hasta 



Ílfjp.pi^.lps últimos añQs iQgr^jWo : triunfo que nadie íbabiaosado eapetaryy 



egercipios de San Igi^kQ i>fi^(»:l()9 bqmbi^es.^óraBW la Sétoana 



Sant»;T*strib(íyéhdólé« la Comunión é( di^ di Paídlí. Es incrpíblé el froto 
que' se ptíogió y el bíéivqdo résiíHb filü 'Religión "Hiibó CdiIiúiíIod general 
(te ntastleSieOO hombres, peHenecieníes 6 lo mas lucido déla kicielad pa-' 
risteusff; Se vieron comnlgar, meícladüs y con sus iinirormes ; liares , magia-^ 
trodoa, dípuUdos,'gerieraIeá, y'ofrós militares dé' todos gfadós'; duques, 
condes,' marquesesj btfrOñés,' literatos: inuchos jóvéneS estudiantes en leyes, 
menÜcinai, escuela politécnica, ett. ' ■.■-■-..,■' 

I «EíP. Bavignan ha sido síiiierior muchos años' én' una casa de la Com- 
paHfa dé Bórdeos, y'a¿ ims délas de Paírís; 'E\ afto dclSSS'prédicó fe Cua- 
resma en la capilla dé las Tullerlas, delante de SS. MM- ÍI. ' " " ,' 

' «Lo^trabájíDisdHs predieacidn lé ocasionaron años afras una laringitis 
qnete hizosufrii'muichú.' - '■- -y , ' .■!.'.;'■■:■- 

• Esciisaiñostai^nifestar^iie nos Asociamos al'dólor <ítie :h^' producido la 
suerte tIeMte {lu£|Ire jesuíUi ifiíé tántó'frutóha sftbido sác&r de su talento,' 
psramáyorhoíirtiy ^oria-de Dios.» ■<•■■! ■■ 

■^Constituido el ministerio ÍD^lés'sé há p — "'"'i, ja'á!las Cámaras.. 
Asegúrase, y no lo dudamos, que présentarJ ounáley cootca I98' 

refugiados, ailh ' cüand()' ^ufra alguna modi •n lB.Íorma..ni:itr^7 

tatito ha asegtñ'qdd h\ gabinete' d^ Francia' < ar^.'míicho! nifiis ^e 

ceréá^fjue 'Hasta ahora la'condupia de Jos ian lio' pé^metiendoi^i 

frag;lien en su teHtorío crímenes como'él tji ido 'j' plinto lilíima-, 

mente dé conmover la Eurdpa. Asi es de cj js nuevos ministros, 

porqué estaiüos pél'suadidps no ignorap'que los fiómbres de todos los. 
países y dé todas las opiniones sensatas aqusán , ahora con más >igoi 
qué nUnca^' á la Inglaterra , d^ patrocinar j aun áusiMar cop sit aqui^s-y; 
ceticltl'j' sileinció'los planes de. lodos los conspiradores del mundo; áuii 
ma¿, de Ser 1a Gran Bretaña el refügio'seguro de todo criminal. Si .esU: 
nación , pues, quiere conservar su prestigio , que mal que la pesé em- 
plea á 'd(!itiim1)ar^e,es preciso que sé rehabilité á lós ojos t)e ja Kuro-, 
I^ y r'edima con Una legislación más severa las faltas antéríore^; (jiiésise. 
obstinase'én seguir )Jor sú errad?' cami^ió i' fácil sería tq acor^éciese lo^ 
qué &l£t qntiguÉi;Cartago, y, qué solo se ó||'^rt| una voz géhej'qlquéijtiinp 
en la aníiguá'IRíima dijera;' "Deífhrfjj ««>'". ,' ■ ,.■,'.,.',.' 

.'—.tri «¡leste imDetip.h'^'^'triftomia, gran .l^illación.) sohre .mil hombres 
délas es<:uadras frai^w'^ , é,. Inglesa coípbjpad^ ,ge. h^uiapqiterado' de Centón 
y bécliqpri'sion^o al,virfcy y^h. La '^itidad qMe.nuenlA sohK^un miUoa 
dé Jhabitiint^ y. ^, halU^.guvpecidq de 30,000 soldado^, lÍElaroB no ha. 
podido resistir at empuja; .de uao9 p'/cos soldados eurppeQSv LpS generales 
sucesores b^.i^^l^lado ^n g^hi^f na prpvj&toiial y eo.v,tadq ^«1 .Éntperador, ique 
s& dice .hijo' ^^l^ol,>usintjmac¡{>ne^, ^1 si^ide.^ Gtiipa i\'% osaureci¿odoBe,'y: 
la^raja mt^ralla qué ,^ fjjjijra, invencible np, baippdido . sostener elempúje 
deuná' bc>mbar(|^. ,,, ■',.;,.,■. ,., ; ,, 1^ ■ .:<..■ 

'.Todas Vas aut()rÍaad^B«hf ñas han preferido ser prisioneras de \osbdrba- 
roi,' & iojiplorar en su (juida la deniéncí« it^l celeste Emperador , que, como 
toáoelmuadp sabe , ápu^tuni^ira á nimbar cMlarta cat^^ á los. .subditos 
suyos que hen.sido-veq.ijidlps. '■ ■-.{.: .- w: 

. En cuanto alc^lebré.gob^nado.t; Yeti„.estaÍ)a á bor|)a í\el.Iiifewikle, que 
salió de la rada de Cantón f ara Bocca-:Tigris , cjofide, pei;n>atiectfá con iloa 
Üuqi^es Coícufa y Safufareil. pícese gqe cuando le preguntaron quéhabis 
sido de los diez y ocho prisioneros ingleses que quedaron allí el año pasado, 
Yeh respondió que ifó tiniésen cuidado a^uno de ellos, porque los había 
mandado enterrar como conespondía. 



un' aniigQ deibejnpá la lec{türa dqj^T^fen^<^uíe esta cor poracÍQii ba put)lieado 
de to¿^ actos ácjStt acjii^^^ estado de la misma eoi el 

áiio presenté. Canfcsamos.q^ pausado, honda ^mpresjon y no.poeo» 

disgusto, el Ver impreso este acto d^ ajr.iíiQi^ que np otro nombre mereo«;«! 
¿mentimos, y con nosotrqs estamos per^u^c|i^9S q|Ue tambiien lo senUráü todo3 
sUs administrados, el ver la penuria éñ que .^.encuentra de fctndo^ paracu-^ 
brir sus atenciones^ pero no poclr^n ipepo^ d^; e^ránar, como.QOSotros lo 
estrauai^os» eí.iu) ver, e$ta^xpado eji^elfói uns^ AplUntad mas (irme, uaa de*? 
cisión mas pro'nünoiada ^e saüj^ de es^ es^ta^, dq^ngustia en qi^qdicese.. 
halla^ reclamando ya c^^cjctax^ente,. ya p^ Iqs ir^pre^entantes de 

la ciudad y provincia, contra ciertas pretensiones quq cof^tra^lps fondos am*. 
mcipal^^s^Jtieqen, lip i^uy fundadas», 4: pi^esjtro modo de v,er^ef) la justicia. 
No Íes con actos, fl^.atVicioncpipp el q^e nos pcupa con los que la corporación 
múnicipat debe presentarse ante los que la eligieron y éu ella depositaron su . 
omnímoda cqnGanza , , sino con actos pos^iti vos que demuestren que sobre 
todíi' su penuria^ sí)bre tódk ¿(i'escásí'aí hay una cpsa jpas fuerte y que sabe 
aitostraHo'todo : una voluntad firmé y decidida. El exlámen de la reseña dé . 
qufe hablamdá Ib harelnbs próximamente y en otro lugar con mas estension^ , 
péro^rtties esp^famófe coii gran coníiiinza ver desvanecidos los runipres qu(^ . 
hfth ll0gado á iiuesilro apreciabíé, colega Él Valenciano^ y qué por el dé- 
cófd y fauéh honibré dé la corpóracipn nauhicipat, él cómo nosotros qí^eremoi. 
ver prontári^entÉl (Jesinentiíío^. Sí por desgracia fueren ciertos , nuestro! 
afprecláblé cótega coi) su lógica contiúiideñte, y nosotros con nuestra habitual 
franqueza' diriamok que seniejante medida que nada ahopa,:y que ppr ^1 cpn- 
tratio las circunstancias én que el Ayuíitiraienlo se halla colocado resistenV, 
siéH'á el mas solemne méntís^ que pudiera darse en lá Reseña por sus propios 

autores: '• .^ ';'[ \ ; ' ;./■;; > :/'.'" ", *' • • .'V ^-" ¡, 

-^Asi ¿omo sothofe ádniirádores entusiastas del brillante estado en que hoy 
síe halla el fegército espíihpl ,. guarda de nuestras libertades y de nuestra 
ségiltídad, y la severa disciplina dé los cuerpos de fjiuestrsi brillante, gua^í*- ; 
dórí, asr sérH;inios/en élalma que algunos soldisidos olvidando en sus mo- 
mentos de distracción fo^ue Vátén , profieran, expresiones inínor que 
rebajan la dignidad del que las profiere y ofenden la 'pública cónciencía/Por 
fortuna loicjue lis prítiieren feolo -sptt ésjéepciorrc^ y aun raras, pero como 
estáf» pudieran aminorar érprestjgibque á su buen nombre se' debe, sujili-* 
canáiosá-^nue^his tíiuy dignas y sfíéinprb célosai autoridades 'militares,. ast- 
comoá los beneméritos geíesde losi cuerpos; próéüreti cortar estos abii^os 
impropios á la? verdad de i»edhos reiigíoáoá y cristianos. • 

'^r-Llamamos la áfteneion dé ñuestroáMédók-es hacia el primer anuncio^ue 
insertamos en las cubiertas ée húestra ri^^is^ta. Cuando un prelado de fa. 
IgMia s^o^ops sin descanso' éh* recógét*' material piara describir minucio- 
samente toda la veneración que siempre ha inspjradp en el mundo Cató- 
lico el misterio de la Iñmactilaila Édncépcíoti , hoy eíevado á dogma para 
mayor honra del catolicismo, justo ésqíié todos contribuyan con sus. noíi-^ 
cías áique está ohra'sea la mas completa pósiiüé , y iséa dfe graiV reátie jJaí-a 



España que desde muy antiguo lo hajenído ppr tal < Todas las noticias 
yi^eiiniéntos délíéí-áti dirigirse ^ í>. teon'Carbóñero y Sol, directpr de 
ht'C^uHí, irevist^' religiosa de í^évilía, quieífi. es éí especial eñcgirgiado para 
tnastoitirlos ariítaé. Sh. Obiifpó dé Ptííy (Prrfñfeía)VatitPr de ía cftada óftra. 



o it» 



PENSAMIENTOS FILOSÓFICOS 

SOBRE EL ESTADO ACTUAL DE LA SOCIEDAD , BEYOLUCIOTi QUE LA 

AMENAZA , Y MEDIOS DE CONJURARLA. 



(continuación.) 

Como en enfermo al parecer de no mucha gravedad descubro 
á veces médico esperimentado algún síntoma que anuncia próxi* 
ma muerte, así el hombre pensador, cuya mirada perspicaz pe- 
netra hasta en las entrañas de las cosas, puede descubrir en gran 
parte de la sociedad europea dos síntomas precursores casi infa- 
libles de la gran revolución que amenaza destruirla. Es el uno el 
desapoderado apego á los bienes materiales ; es el otro el liberti- 
naje de espíritu que se mofa de lo mas serio, y se atreve á lo mas 
sagrado. Ambos revelan en la sociedad la ausencia de Dios, y 
como Dios es la vida y la luz, la proximidad por consiguiente de 
la muerte y de las tinieblas. 

Es indudable que el Dios que adoran muchísimos es el becerro 
de oro; casi no ois hablar de otro que de intereses materiales, y 
no son muchos los que se acuerden sinceramente de los morales. 
Enriquecerse y gozar parece ser el credo del siglo XIX; por ello 
huele á corrupción. Hay palabras que están en moda, como má- 
quinas y bolsa ; las hay que suenan y son comprendidas por po- 
cos, como abnegación y sacrificio. Se fabrican hoy muchos tea- 
tros, se hacen muchos caminos de hierro, pero acaso no seria 
posible levantar un nuevo Escorial: no puede pensarse ni obrarse 
tan altamente. Ha perdido el pleito la poesía, el culto de los 
sentimientos elevados; ahora abunda la prosa, pero ruin y men- 
guada prosa. 

Por otra parte, muchísimos desprecian la sabiduría de los 
siglos pasados, y no diríais sino que algunos se avergüenzan de 
sus glorias; los jóvenes se mofan de la ancianidad, y espanta oir á 
muchachos imberbes hablar campanudamente de derechos, antes 
de saber lo que son deberes. La autoridad moral (eso es induda- 
ble) va debilitándose en buena parte de Europa; va quedando solo 
la fuerza para la defensa de la sociedad ; pero la fuerza al fin 
cederá ó se quebrará^ y roto el dique, ha de derramarse el río 

Tomo II.— Múm. t«.--f • MarBO de t9ft9, 9% 



282 EL PENSAMIENTO 

con grande estrago por los campos j cuanto mas represado, mas 
furioso. 

Penetrad en un pueblo donde la palabra de Dios reine en los 
corazones de los hombres^ donde el respeto á la majestad de las 
glorias pasadas y la veneración á los cabellos blancos de nuestros 
padres sean una especie de religión. Aun quedan de estos eu 
nuestra España; montanas altísimas parece que estorban la entra- 
da al cólera moral que se ceba en las entrañas de las grandes 
ciudades. Pues bien : no se necesita fuerza física para conservar 
el orden en estos pueblos^ lo cual dimana de que sobreabunda en 
ellos la fuerza moral.... hay un hombre á quien se llama párroco, 
y á quien se venera como al hombre de Dios, á la providencia de 
los indigentes^ al consuelo de los afligidos; hay un hombre á 
quien se llama alcalde, al cual se respeta como al representante 
del rey, como á la misma justicia, que lleva por cetro una vara, 
y no necesita levantarla para que lodos se inclinen. ¿Y quién 
pensaría siquiera en desafiar su autoridad? Kl pueblo escanda- 
lizado daria un grito y lo confundiría, porque los hombres res- 
petables por su honradez, por sus canas, rodean al párroco y al 
alcalde, y los jóvenes, cuando ven de lejos á esos hombres, están 
acostumbrados á ponerse en pié, y á escuchar en silencio cuan- 
do hablan. 

En una nación que semejara á un tal pueblo seria imposible la 
revuelta y el desorden; pero en una nación en que con olvido 
de Dios se menosprecia al sacerdote y se mofa al magistrado, 
la revolución siempre está preparada; está cargada la mina y solo 
falta quien aplique la mecha. 

Ahora, es preciso reconocerlo: los socialistas son lógicos; si 
el pueblo es soberano, que mande el pueblo; si los hombres tienen 
que esperar poco del cielo, que gocen cuanto puedan sobre la 
tierra. Afuera, pues, todo gobierno ^ que es tiranía; afuera la 
propiedad, que es un robo. Proudhon lo ha dicho, y el Satanás 
de Charéuton tiene razón. 

Los ricos y algunos intrigantes, para serlo, apoyados en el 
ejército, son los que gobiernan, administran y gozan^ esplotado- 
res de la sociedad^ y á la vez sus tiranos. Y qué^ ¿no ha de 
llegar nunca su dia á los miserables y hambrientos que sudan ó 
s^onizan en Europa? Ellos son los mas; ellos, cuando se conoz- 
can y coaliguen, serán los mas fuertes; á ellos pertenece, pues, 
el imperio del mundo* Oid sus muroiuUo&y quejas; oid áJa re- 



DE VALENCIA. 283 

volucioQ que ruge á la lejos y por intervalos^ pero que ál fin^ 
rompiendo y sacudiéndose^ convertirá al mundo antiguo en 
ruinas. 

Asi debe ser; y^ si Dios no se apiada de nosotros^ asi será: 
no hay razón para que la muchedumbre soberana sufra sed y 
hambre^ mientras algunos privilegiados sienten el hastío del goce 
y el embarazo de la riqueza. El que en coche magnifico hace 
retemblar hoy la choza de miserables labriegos, prepárese á partir 
sus bienes^ ó por mejor decir, á abandonarlos á estos nuevos 
soberanos. No eslá bien que un hombre, declaradb rey , vista 
de andrajos; siga á la igualdad de derechos la igualdad de con- 
diciones. ¿Y qué podriais decir, ;oh grandes! ¡oh poderosos de la 
tierra! á esa turba do reyezuelos desnudos, que se agolpan á la 
puerta de vuestras casas, y miran desde afuera con ojo codicioso 
la poúipa de vuestros festines? ¿Les diríais: Vegásteis^ amigos^ 
tarde al festin del mundo; están ya ocupados los puestos; resiga- 
naos, pues, á vuestra suerte y tened paciencia? ¿Y por qué han 
de tenerla? ¿por temor á Dios? les habéis Hbrado de ese temor. 
¿Por la esperanza de la eternidad ? tos habéis despojsrdo de esa 
esperanza. Alzaos, pues, buenos señores, que bastante gozasteis, 
y desocupad vuestros asientos ; alzaos, porque sois los menos, y 
dejad que se sienten ellos, qu« son lo& ma^..... ¡La fuerza^ ya 
idbels saberb^ es el derecho del mundol 

A. Apmsi y Gnijarro. 



SOBRE LAS LEYES FUNDAMENTALES 

DEL ORDEN SOCIAL COMPARADAS GON LAS QUE RIOIERON i LA ANTIGUA ROMA 
DESDE SU FUNDADOR RÓMULO HASTA EL. ElftPBRADOB AUGUSTO. 



n ■* 



Dueño Bómulo del poder supremo de la naciente Boma can 
la muerte de su hermano Remo, desde luego agregó á la ciudad 
los descontentos de otros Estados. Dividió en «lases al pueblo 
designando sus diversas funciones: de los mas ancianos y dé 
mayor influencia eligiólos quehabian de componer un Senado^ 
refundiendo en sus familias la privilegiada clase de los patricios;: 
las leyes que queria promulgar, pasaban al examen del Senado^ y 
éste las proponía después á la sanción del pueblo reunido en 
asamblea para su aceptación y aprobación. Tres mil hoipUres con^ 



* 
I 



284 EL PENSAMIRNTO 

taba la nueva ciudad tan dispuestos para la guerra como entu« 
siasmados por su caudillo y fundador á quien no se ocultó la 
facilidad de reunir en una asamblea tan reducido niimero de 
ciudadanos. También tuvo presente Rómulo que sin la influencia 
de las ideas morales espouia la existencia del orden público , y 
para prevenir este escollo estableció la unidad del poder religio- 
so, mandando preceder á todas las empresas, las oraciones y sa- 
crificios á la Divinidad ; ceremonias tan respetables que inculca- 
ron en el pueblo romano la veneración y confianza apetecidas. 
Asi el poder reiigioso sirvió de robusto elemento en lo sucesivo^ 
pues á pesar de haber llegado el civil á la mayor incertidumbre, 
á su prestigio debió Roma no perecer en su cuna para mostrarse 
después la. conquistadora del mundo. 

Meditadas estas leyes fundamentales ^ adviértese en Rómulo 
que como caudillo del pueblo, procedió por sí solo á su división, 
y á otorgarle el derecho de intervenir en la formación de las 
leyes. Aspirando á que prevaleciese su voluntad, si bien parecia 
quedarse tan solo con la iniciativa y egecucion de las .leyes, de 
hecho reunió. en su persona la potestad llamada legislativa; pero 
fallando después con la voz del fundador y caudillo, el respeto 
é influencia de su prestigio personal, Roma quedó abandonada á 
la decisión de sus recíprocos debates sin cuerpo intermedio que 
conciliase las rivalidades de sus tres elementos de gobierno, el 
Senado , pueblo y sucesores de Rómulo. Puestas efectivamente en 
pugna las tres instituciones, ya que el Senado -tratase de absorver 
toda la autoridad, ó que el pueblo con su sexto rey Servio Tulio 
intentase introducir el régimen republicano, lo cierto es que es- 
citando el Senado la ambición de Tarquino usurpó el trono con 
la muerte de su rey legítimo. Tarquino egerció desde luego su 
dominación con la mayor tiranía , mas al fin el levantamiento del 
pueblo con ocasión de la desdicha de la célebre Lucrecia dio por 
resultado el destierro de Tarquino el Soberbio y la abolición de 
los reyes de Boma por el ano 245 de su fundación. 

Ansioso el Senado de aumentar su autoridad substituyó á los 
reyes con dos cónsules, y para que el pueblo quedase mas sa- 
tisfecho, nombró á los dos patricios que hablan libertado á Roma 
de la tiranta de Tarquino: así pasó toda la autoridad al Senado^ 
quien no tardó en distribuir á los patricios la mayor parte dé 
las tierras conquistadas. Reducido el Estado al corto recinto de 
sus murallas no era difícil descubriese el pueblo la verdadera 
política del Senado^ ni que se reuniese con frecuencia en sus 
asambleas y comparando la ambición y prepotencia de los unos 
con la miseria y deudas de los otros , se promovieran las mas 
graves disputas y cuestiones. La idea de esta situación puede 



1)B YALBNGIA. 285 

formarse^ al recordar que apareciendo el midmo TarquiDO con 
poderoso egércilo en las puertas de Roma para recobrar su im- 
perio, el pueblo se negó á tomar las armas en su defensa: en alta 
voz contestaron los plebeyos al Senado, que ningún interés te- 
nían en evitar la dominación del tirano, puesta que era mas in- 
soportable la tiranía do los patricios , teniendo que recurrir el 
Senado para salir del conflicto al nombramiento del primer dic- 
tador de Roma. Las órdenes imperiosas de esta autoridad , uni- 
das á la repetición de promesas y ofrecimientos al pueblo causa- 
ron su efecto, y tomando las armas venció al enemigo, cesó el 
dictador; pero las promesas del Senado quedaron sin egecucion. 

¡A cuántas reflexiones no dan lugar estos hechos! Él pueblo 
que deslierra hasta el nombre de reyes, recibe por galardón el 
yugo de la aristocracia : indiferente á la vuelta del tirano, se le 
opone al fin y vence movido de las promesas del Senado, y éste 
se lo agradece engañando de nuevo sus esperanzas. Como si 
tal estado no fueSe demasiado opresor , los hijos y sobrinos de 
Bruto y Colalino libertadores de Roma, conspiraron para alzarse 
con el poder absoluto y la erección de nueva dictadura evitó su 
triunfo. Recurso eficaz era este para acallar las frecuentes dis- 
cordias de los romanos : la autoridad del dictador no tenia lí- 
mites : libres y esclavos debian obedecer sus órdenes bajo pena 
de muerto , y su imperio tan despótico en el acto y rápido en 
su egecucion parecia fugaz, pero terrible constelación que disi- 
paba las tempestades sin asegurar la serenidad del horizonte. 

Acrecentada entretanto la arbitrariedad de los patricios , el 
pueblo educado por Rómulo entre el estruendo de las armas y 
bullicio de las asambleas , quejóse agriamente acordándose que 
habia sido feliz en tiempo de sus reyes : que éstos babian sido 
desterrados por los patricios para egercer mayor despotismo , y 
que habiendo salvado á Roma la sangre de los plebeyos de Tar- 
quino el Soberbio , gemían ahora en la miseria : contestaron los 
patricios que la desigualdad dé las fortunas nacía de la frugali- 
dad y economía de los unos y de la embriaguez y dilapidación 
do los otros , y que sus prerogativas eran tan antiguas como 
los cimientos de Roma. No hallando el pueblo medio alguno dé 
mejorar su suerte abandonó la ciudad replegándose al Capitolio 
de donde no regresó hasta obtener del Senado la institución de 
tribunos para la defensa de sus intereses. 

Conviene observar que desde que fueron desterrados los re- 
yes de Roma no aparece en su gobierno estabilidad alguna; redu- 
ciéndose á un poder ilimitado egercido por el Senado directa- 
mente ó por los cónsules que estraia de su seno sin cuerpo al- 
guno ausiliar que contuviese su autoridad^ á la manera qtie en 



286 EL PBHSAMlEinrO 

pueblos modernos se ireviálíeron de la potestad absoluta las cá- 
maras llamadas constituyeates. 

Nueva época presenta Boma á los 260 anos con sus cinco 
tribunos: dos siglos y medio habian gobernado los reyes^ y so- 
bre 20 años la aristocracia : ahora la potestad tribunicia se diri- 
gió á socavar el inmenso poderío de los patricios. Al efecto se 
convocaba al pueblo y sin el concurso del Senado se sanciona- 
ban leyes : en las asambleas oradores destinados al efecto atri- 
buian todas las calamidades públicas á los patricios, y los cón^ 
sules se.oponian en los mismos comicios 4 los tribunos echándo- 
les en cara, que socolor del bien público turbaban el sosiego de la 
república, ideando mejoras impracticables para escitar los odios y 
rivalidades y alzarse ellos con 1a dominación : unido fuertemente 
el Senado á los cónsules procuraba sostener su dignidad , y los 
tribunos por su parle procuraban triunfos a la democracia. La 
ambición y animosidades fomentaban diariamente las discusiones 
y los oradores de ambos partidos avivaban el fuego de las pasio- 
nes: fué el poder compartiéndose entre el ^nado y los tribunos, 
y la incertidúmbre, la oposición y encuentros de las órdenes del 
Estado se entronizaron. El proyectó de la ley agraria jugó con 
frecuencia, aplaudiendo la muchedumbre cuanto halagaba á su in- 
terés, y el Senado promovía nuevas conquistas y guerras esterio* 
res para distraer al pueblo y sus turbulentos tribunos: con la espe- 
ranza del;bolin y triunfos de las guerras, marchaban desahogar su 
cólera contra los eslrangeros y asi quedaban suspensas las discor- 
dias de Roma para renacer con mayor furor á la vuelta de las le- 
giones á manera que se recarga la fiebre del enfermo, pasado al- 
gún intervalo de sosiego. Los cónsules y Senado reprobaban las 
leyes de las asambleas populares, y los tribunos interponían su 
velo á los decretos del Senado , y en esté estado de confusión, 
convinieron unos y otros -en adoptar de la Grecia sus mejores 
leyes suspendiendo entre tanto la dignidad consular y tribunicia 
y reemplazándolas con la de los deeemviros^. 

En Grecia se hallaba no menos degradada la humanidad con 
la esclavitud : á las pequeñas monarquías habian sucedido las 
formas republicanas, y hasta la famosa Atenas era presa de la ti-" 
ranía de las facciones. El gobierno de Grecia, según unobser-^ 
vador, llevaba en sí mismo el germen de las querellas intesti- 
nas por haber puesto los asunto^ mas im];K)rtantes en manos dé 
la multitiid tan fácil de seducir; de lo cual convencióse el mismo 
Solón con Pisislrato, que se convirtió en su primer tirano. Los 
combates de Maratón, Termopilas, Salamina y oíros dieron á la 
Grecia el renombre de guerrera <, mientras la devoraban coitio á 
Roma las facciones, y se condenaba al ostracismo á sus ihas escla- 



DB VALBMGIA. 287 ' 

recidos hijos. La prueba^ dice Chateaubriand^ de no encontrarse 
en la Grecia los verdaderos principios^ es qoe extinguida la dig^ 
nidad Real viéronse abismadas en la anarquía las repúblicas pe* 
quenas; tan solo Esparla que tuvo la fortuna de hallar reunidas 
en el mismo hombre las cualidades de un revolucionario y de un 
legislador gozó el fruto de su constitución: en gran parte de las 
provincias de Grecia se formaron repúblicas independientes^ adic- 
tas unas á la aristocracia y otras á la democracia^ y casi todas obli- 
gadas á pedir la protección de las potencias vecinas interesadas en 
dividirlas. Atenas y Esparta eran los pueblos de mayor nombra^ 
día: en general la Grecia presentaba ancho campo a ¡as conju-^ 
raciones: pueblo injusto^ condenó á sus mejores ciudadanos; y 
vicios entrañados en su constitución criaban oradores que adu- 
laban á un pueblo orgulloso é inconstante. 

Los legados que fueron de Boma , no vieron en Grecia que 
los Estados en que el poder se halla dividido é incierto^ se encuen- 
tran en la dura alternativa y como se hallaba Roma ^ de destru- 
irse á sí mismos^ ó á los pueblos contrarios; entre las conquistas 
ó revoluciones^ como asegura Bonnald. El resultado por lo tanto 
de la embajada romana fué la colección de materias civiles de que 
se formó el código de las doce tablas; pero Roma no consigió la 
tranquilidad interior que necesitaba^ habiéndola colocado muy 
luego en nuevos conflictos el patricio Goroliano. Con la suspen- 
sión de los cónsules y tribunos é institución de los decemviros 
por el año de 302 ^ habíase variado el nombre de las cosas: 
ejercían por turno su mando absoluto^ y al ocuparse en la for- 
mación del nuevo código con lo mas selecto de la legislación de 
los griegos^ trataron de perpetuar su dominación. Descargando 
el peso de su arbitrariedad sobre patricios y plebeyos, recurie- 
ron á la fuga los principales ciudadanos de Roma: el despotis- 
mo é injusticias de los decemviros correspondieron á la potestad 
indefinida que se las habia otorgado, y fueron tan grandes sus 
violencias que las proscripciones y el terror eran los agentes 
dominadores. Los tiranos de esta época, dice un escritor, rei- 
naban sin contradicción: custodiados siempre no solo por los 
lictóres, sino también por un numeroso séquito de esclavos de 
confianza, y clientes y algunos patricios. Appío fué entre ellojs 
quien mas se distinguió por sus violencias, y ansioso por saciar 
una pasión brutal en la joven Virginia, causó con nuevos distur- 
bios y muertes la terminación de los decemviros y el restableci- 
miento de los cónsules y tribunos el año 307. 

Claro es que el gobierno de Roma durante los decemviros fue 
igual al ejercido por solos los cónsules: la arbitrariedad con el 
imperio absoluto triunfaron en ^mba? épocas^ con la diferencia 



288 EL PENSAMIENTO 

de que los deceinviros tenían subyugados á patricios y plebeyos 
y los cónsules descargaban sobre éstos solos su autoridad , com- 
partiéndola con el Senado; y muestra tambien^este período la fa- 
cilidad de dejarse seducir los pueblos atraidos con la variación de 
los nbmbi*es de las cosas sin atender al fondo de las nuevas cons- 
tituciones y hasta que una dolorosa esperiencia les proporciona á 
la vez el desengaño y el arrepentimiento. La constante incerti- 
dumbre del poder y el absolutismo en su ejercicio encerraban la 
disolución social de Boma y y tiranizándola alternativamente pa- 
tricios y plebeyos, se desbordaba la anarquía. La esperiencia de 
lo pasado presagiaba ahora la repetición de los celos y animosi- 
dades que amenazaban la restauración de los cónsules y tribunos: 
la oposición debia desde luego reproducir conjuraciones, y asi es 
•que los primeros cónsules y tribunos se confabularon para tira- 
nizar á Roma. Desvaneció el Senado la conspiración pudiendo 
ganar, felizmente para él, la voluntad del tribuno Durillio, 
quien abdicando su dignidad trastornó el proyecto^ por invalidar 
el veto de. uno las disposiciones de los otros. 

Tomás Maleo. 

Por el autor, 

A. Aparisi y Guijarro. 



INQUILINATOS. 



Nadie dudará de la sinceridad de nuestras palabras al decir 
qufe profesamos un respeto profundo al derecho de propiedad, 
consagración social del egercicio de las facultades que el hombre 
nó ha recibido sino de Dios ; garantía y estímulo del trabajo, al 
que se siente irresistibleíliente impelido como condición precisa 
de su existencia en la tierra que está destinado a regar con sus 
sudores. Pero la adhesión á los principios , de cualquiera especie 
que sean , jamás nos ha conducido á exagerarlos. Tenemos para 
nosotros que la exageración ha hecho siempre de lo hweno, malo; 
y de lo muy bueno, peor. 

De algún tiempo á esta parte se ha dado en decir que la pro- 
piedad es sagrada é inviolable , y como esto que es verdad indis- 
putable en la esencia , no lo es en todos los accidentes y relacio- 
nes de aquel derecho con otros, de cuyo buen concierto resulta 
la armonía social, se há venido á parar en hacer aplicaciones erró- 
neas y perjudiciales de que se resienten diversas leyes. Ninguna 



DE YALBlfCIA. £89 

mas que la de inquilinatos^ sobre la cual hace tiempo hemos fija* 
do la atención. 

Aunque confusa la antigua legislación y \iciosa por ser prin- 
cipalmente de privilegio para los habitantes de la corte^ la juris- 
prudencia habia logrado estenderla por todo el reino , y fijar de 
acuerdo con la ley de Madrid y la de partida los únicos casos de 
espulsion de los inquilinos , a saber : finido el plazo , y si éste 
no se habia pactado como sucede comunmente , cuando el dueño 
quería habitar la casa por si^ ó necesitaba disponer de ella para 
hacer obras , dado caso que no se prestase el inquilino a sufrir 
la incomodidad^ si deterioraba éste la finca, y si dejaba de pagar 
dos anos, que se entendían plazos o vencimientos. Susceptibles 
de claridad y perfeccionamiento eran estas reglas , no lo nega* 
mos ; pero es preciso reconocer que tenian por base la equidad 
y la conveniencia social. Se dejaba entender por ellas que se res- 
petaba el derecho, sin dejar de poner coartaciones á su abuso; 
que no se consideraba á una sola clase de asociados, sino que se 
protegían los intereses de todas , asegurando, como es debido, los 
mas espuestos y precarios , y que en la propiedad no se veía 
solo un medio derecho estrictamente civil, sino algo mas, un 
resorte, un medio influyente y poderoso de bienestar común. 

De reciente hemos tenido la grata complacencia de oir á dos 
oradores distinguidos que , á pesar de representar escuelas muy 
diversas , han convenido en encarecer la urgente necesidad de 
infiltrar en las instituciones modernas la doctrina evangélica^ 
como medio de atenuar muchos males que afligen á la socie- 
dad , y de cierto , como medida de salvación para librarla de la 
invasión creciente de ideas seductoras en apariencia y preñadas 
en el fondo de destrucción. £1 Sr. Rios Rosas, con e^cialidad, 
fue harto esplícito en esfa parte de su discurso. Las leyes que 
llamamos civiles propiamente, y que son las de mayor trascen- 
dencia en el estado social, debían inspirarse las primeras del es- 
píritu de caridad cristiana : sin dejar esta de ser virtud , como 
es ahora y conviene que sea siempre, debía ademas formar parte 
de la ley : digimos poco ; la caridad que une y atrae debia ser 
alma de la legislación^ suprimiendo la teoría absoluta del indivi-* 
dualismo que aparta y desliga, engendrando odios entre los que 
debían permanecer unidos por un vínculo común de amor y fra- 
ternidad. 

Esta materia nos Uevaria insensiblemente á consideraciones 
aplícaWes á muchas de nuestras leyes. Pero nuestro propósito 
del momento es solo enunciar la doctrina sin desenvolverla y 
concretarnos á censurar severamente la ley de Abril de 1842, 
que en vez de haber confirmado y estendido el principio justo y 
Tomo 11. 37 



290 EL PENSAMIENTO 

benéfico de la antigua vlegislacioü^ rompió las tradiciones de lo 
pasado para entregar las mas numerosas clases de la sociedad 
en manos del sórdido individualismo sin cortapisa de ningún 
género. En medio de la falta de precisión que se observa en el 
lenguage de esta ley, se descubre que su pensaniiento no fue 
otro que sacrificar las legítimas causas de espulsion á la libre 
voluntad del dueño, romper el escudo que protegía a tantas gen- 
tes contra el mal espíritu del egoísmo y de la especulación. 

Dignos de este origen han sido los efectos de tal ley, porque 
desde su publicación ni un instante hemos dejado de ver en cre- 
cimiento progreávo el precio de los alquileres, y lo que es peor, 
se ha perdido completamente la seguridad del hogar, tan necesa- 
ria para que el hombre se -entregue tranquilo á su industria y á 
sus negocios. No parece sino que de esa inmensa masa social 
que carece de hogar propio se haya querido hacer un pueblo 
nómada , siempre dispuesto a trasladar su ajuar de uno á otro 
punto sin hallar descanso en ninguno. ¡Quién nos protege con- 
tra la ley que por serlo respetamos sin embargo! ¡Este es el cla- 
mor del sinnúmero de ciudadanos ambulantes que abundan hoy 
en todas las pobfaciones, clamor que , como es de presumir, 
crece en proporción á la importancia de estas últimas! 

Pero donde con mayor resalto aparecen los inconvenientes 
y males que acarrea la moderna legislación, es en los inquilina- 
tos de tiendas y demás establecimientos industriales. El que en 
fuerza de las necesidades de su modo de vivir toma una casa 
para el egercicio de alguna industria, desde aquel dia se sujeta 
á pasar por las horcas candínas que fabrica la ambición del 
dueño y salvo siempre honrosas escepciones de personas que no 
desoyen la voz de la equidad. Fija el inquilino sus relaciones, 
afianza su crédito, pues esto que es fruto principalmente de su 
trabajo, de su buen comportamiento, de su fortuna si se quiere, 
le servirá para escitar los celos de un envidioso que se pre- 
senta á hacer un ofrecimiento mayor al dueño , si es que éste 
sin necesidad de escitacion agena no se ha sentido ya tentado de 
la especulación y la codicia. Y hé aquí la terrible posición en 
que ha colocado la ley al hombre laborioso. O dobla la cerviz 
al yugo de duras y voluntariosas condiciones , ó un desocupo 
forzado viene á dar al traste con todos sus intereses, con todas 
las esperanzas de su porvenir. 

Nos duele el considerar que esta ley salió de un congreso al 
que perteneció el que escribe estas líneas. Pero es ya mal añejo 
buscar el liberalismo en las formas, y no cuidarse del que debe 
existir en el fondo de las cosas. Así es que deslumhrados los le- 
gisladores con aquel tema constitucional de la propiedad sagrada 



DB VXLBNGIA. 291 

é inviolable^ no se hubo de hacer reparo en que se dictaba una 
ley oiigárquica^ que tal puede llamarse la que dispensa íncousi* 
derado favor á los menos^ en perjuicio manifiesto de los mas. €on 
esto lo que se hizo fue no respetar el- principio que nosotros esta- 
mos muy lejos de combatir, sino exagerarlo considerándolo en 
abstracto y como absoluto, y no en surelapion con los contratos 
que rigen el movimiento de la sociedad y que haoen susceptible 
la propiedad de modificaciones diversas para contribuir de este 
modo ^ la uliíidiad general. 

La declinación del fiel déla igualdad en los contratos, es 
siempre la injusticia. No se alquilan las casas como se alquila un 
caballo para dar un paseo ú otroS'Objetos que solo se quieren para 
un fiíi determinado y pasagero. El inqirilino de habitación' aspira 
á proporcionar hogar y asiento á su familia, a desenvolver algu- 
na industria, á dar fijeza á sus relaciones 6 intereses, á objetos 
en fin que requieren todos estabilidad. La ley debe darle, pues, 
seguridad de perseverar sin temor en eV arriendo • mientras no 
medie causa justa de desahucio, ai^' como al dueño debe conce- 
derle garantías para eh cobro de Ibs alquileres^ que es el objeto 
tjue se propone al celebrar el contrato^, y para que sea desalojada 
la habitación con prontitud cuandí> intervenga justa causa. El 
abandono de una casa por parte delinquilino, ningún perjuicio 
supMe para el dueño, 'pre6ediend<> aviso, y refiriéndonos á ciu- 
dades y villas populosas: al revés, el desocupo forzado supone 
siempre perjuicios notables para el inquilino y aun á veces la pér- 
dida de su fortuna^. 

Tener siempre una especie dé puja abierta respecto al precio 
de los alquileres, cuando las habitaciones no se hallan vacantes, 
es abrir paso á la especulación y la codicia, privar á las profesio- 
nes, á la industria y al comercio de la tranquilidad que necesitan 
para su desarrolla, mantener en constante perturbación á las fa- 
milias, y violar las condiciones^ esenciales de los contratos. Por- 
que en estos ademas de la igualdad de que ya hemos hablado, 
debe existir libertad completa departe^de ambos contribuyentes, 
y esta falta enteramente al inquilino que, una vez ocupada la 
casa y radicada allí su familia o su industria, se vé forzado á su- 
cumbir á las mas duras condiciones á trueque de no pasar por 
grandes molestias ó de no esponerse tal vez ár perder los. medios 
de subsistencia. 

Una ley que, como la de Abril de 1842 , viola las reglas 
esenciales de los contratos, haciendo dueña del campo á una de 
las partes para que audazmente llegue hasta los últimos límites 
de la ambición y del capricho, mientras la otra sé halla por la pa- 
turaleza misma de las cosas atada con liga4ufas qué nunca es fá*- 



V 



/ 



292 EL PBI^SAMIBNTO 

cil^ y á vetes itnposiUe, quebrantar; uoa ley que privilegia á una 
clase de asociados en daño de otras mas numerosas y mas nece- 
sitadas do protección, manteniendo en estado de perturbación 
constante á las familias á quienes se priva de la seguridad del 
hogar que la conveniencia social exige que todos tengan para po- 
der consagrarse tranquilos al egercicio de sus profesiones é in- 
dustrias; una ley , en fin , que sanciona un principio absoluto e 
inflexible, poniendo el espíritu de especulación muy por encima 
del sentimiento de la caridad ; queda ya juzgada á los ojos del 
jurisconsulto, del filósofo y del moralista. 

Nuestro deseo es que llegue pronto el dia en que la veamos 
reformada de tal manera que aparezca garantido el derecho de 
propiedad en su uso recto y benéfico, no en sus exageraciones, 
no en su abuso perjudicial y vejatorio. Para ello nó hay que ha- 
cer sino restablecer las justas causas de espulsion , espresándolas 
con claridad y precisión , y dictando procedimientos brevísimos 
que cierren la entrada de la mala fe. También convendría deter- 
minar que no espira el inquilinato por traslación de dominio por 
titulo universal^ conservando la preferencia legal que á la viuda 
é hijos -concedió la ley recopilada. De cierto no seremos solos en 
creer que esta y otras materias parecidas darían buen empleo al 
tiempo que se pierde en lastimosas querellas de partido. La ini- 
ciativa ilustrada de los gobiernos en el terreno pacífico de la le- 
gislación puede preveuir muchos males ^ muchas exigencias, tal 
vez muchos desastres. 

Manuel Benedita. 



amsmwíWJkCEONE» momamm». 



SL TALBNTO. 

La verdad es ío que es. Conocer una cosa es saber una ver- 
dad. Dios conoce todas las cosas, porque las hizo. 

La alta ciencia es conocer á Dios en sus relaciones con el 
hombre ; conocer las relaciones entre el espíritu del hombre y su 
cuerpo. 

Conocer bs oMígacíones y derechos del hombre en sí y con 
relación á \o^ derna?, ya particulares, y9 inv,estídos de autoridad,, 
e? la cipacia iQoral y social. 



DB VAtBNGIA. 293 

Goooeer las co&as materiales que forman este magnífico pala- 
€¡0 que llamamos mundo ^ y las relaciones entre ellas para hacer 
de las mismas útil aplicación^ es la ciencia natural. 

* 

Quien canece muchas verdades sabidas^ es un sabio ; quien 
gobre ellas descubre una verdad importante^ es un génio^ es un 
nuevo Colon que ensancha el mundo. 

El ingenio encuentra una manera divina de decir la verdad^ 
y como si entreviese el cielo, se empeña en hermosear y engran- 
decer los objetos qué conoce, y de éstos y de los que fantasea^ 
crea un mundo mejor, desdeñando el presente. 

ios hombres, $uya mente descubre de mas lejos, y vuela mas 
alto, son los ricos Se Dios, los mas heredados por él, sus primo* 
génil03.v 6n cuanto se aplican á estudiar la verdad, y á difun- 
dirl9 entre los hoinbres» Pero si abusan para descarriar su enten- 
dimiento y pervertir su corazón , son los mas miserables en- 
tre los hombres, y horriblemente ingratos, pues que recibieron 
stt talento de Dios, y usan de su talento contra Dios. 

Los rayos que despiden las frentes de los grandes, hombres 
forman reunidos la aureola de la humanidad, 

Gomo un pueblo sin juventud semejaría á un año sin prima- 
vera, así una nación sin hombres de talento á un cielo sin es- 
trellas. 

Gran escelencia es el talento; pero quien vé mas y sabe mas, 
está atenido á mayores obligaciones , y sobre todo sufre mas; 
cuando mas claro veáis la verdad, mas os dá en rostro el error; 
cuando mas vivo tengáis el sentimiento de lo bello y de lo grande 
que escasea , mas ha de^ repugnaros la ruindad 7 la miseria que 
abunda, ... Fuera de que las imaginaciones vehementes son las 
que forman las grandes tempestades en las regiones del alma. 

Un hombre de gran ingenio suele entregarse entero á grandes 
ilusiones; y mientras !se mece, juguete dellas, en un mundo ideal, 
en este prosaico y positivo > le engaña un niño y le burla una 
muger. 

Como hombre que vive en hermosísimo pais , donde cultiva 
fértil heredad, y ha edificado casa muy á su gusto , y tiene en 
torno de sí todos los objetos de su amor, si se vé desterrado, 
$olo y para siempre a tierra despoblada y estéril , bajo un cielo 
triste y nebuloso, ó se entrega furioso á la desesperación ^ ó ago* 
niz9 consumido de tristeza ; así el hombre^ que viviendo de ílu* 



IH BL PENSAMIENTO 

siones vé morir una á una estas bellas hijas de su fantasía^ y al 
fín se encuentra solo en un mundo desierto con un corazón des- 
trozado. 

Y al fin ¿qué sabe el hombre que más sabe? Casi nada.... 
acaso que es mas miserable que los demás hombres. La única 
verdadera ciencia es poner en orden ios movimientos turbados 
del corazón; gozar con moderación del bien, sufrir con resigna- 
ción el mal, y viviendo de buena fé cuidar del dia de hoy, dejan- 
do para Dios el de mañana Pero esta ciencia no se adquiere in- 
ventando máquinas y componiendo poemas. 

Así como los ricos delmundo se afanan por ensanchar sus 
heredades, y los Reyes por añadir algunas leguas de tierra á sus 
reinos, así los príncipes de la inteligencia luchan por estender su 
fama, esto es, para adquirir mas admiradores^ 6 como si digéra- 
mos, mas vasallos; porque el reino suyo es el reino de los es- 
píritus. 

Dice Pascal^ que estar bien en la estima délos hombres es 
gran colocación, mas creo yo que obstinarse en obtenerla es tam- 
bién gran miseria. Porque quien esto hace, pretende ; y se hu- 
milla^ como pretendiente, al ruego, y se espone á la repulsa^ y se 
afana con la competencia y sufre con la injusticia , y en fin hace 
depender la paz y el contentamiento de su espíritu de la opinión 
agena; de ta opinión de los eruditos que es envidiosa, de los pe- 
dantes que es tonta, de la muchedumbre que es ciega. 

Desconocidos casi murieron Camoens y Cervantes. Y la Fedra 
de Pradon fué aplaudida mientras la de Bacine silbada. 

Hombre codicioso de gloria paréoeme un viejo muy respeta- 
ble que sé desvive, perdido de amor, por los favores inciertos de 
una muchacha liviana. Yedle: sale á lai escena del mundo, y aun-* 
que procura disimularlo, pálido y an8Íoso> dice al público: ((Aun-- 
que yo creo que sé mas que tú, te ruego que gustes de mi obra 
y me aplaudas.» ¡Válgame Dios! Antes que ese hombre de tájleo- 
to, quisiera ser un pobre leñador, sin otro afán que ganar mi 
jornal de cinco reales para alimentar mi familia. • 

Quien se precia de su talento, es aun mas vano que una mu- 
¡er que se pavonea con su hermosura. El talento es mas alto 
Ion, pero al fin es. don prestado. 

Teófilo que ha impreso , yo no sé si uña oda 6 un folleto, el 
dia en que se anuncia al público, se echa á la callO; la frente mas 
alia ^. el paso mas firme ^ el corazón mas satisfecho. Se dirigd 



DB VALBNCU. 283 

á los sitios concurridos^ mira de reofo por observar si le mir 
rao^ y c<ahora dirán (piensa entre sí)^ por abí pasa un hombrode 
talento.)) Ignoro si han reparado siquiera en. él> pero sé, que el 
que pasa^ á pesar de su laienlo^ no es mas. que un necio. 

Confieso que pueda disculparse el afán por la gloria; que este 
afán ha producido graodes hombres y estimulado á nobles accio- 
nes; que da muestra de tener en mucho á los hombres quien 
anhela colocarse altamente en su estimación^ y vivir después de 
muerto, en su memoria; y sin embargo todo esto me parece una 
brillante vaoidad. 

Oí á Teófilo, hombre de mérito, las siguientes palabras: 
«Pena me dá que D. Simplicio me admire: acaso sea yo dos 
dedos mas alto que él; pero ¡si soy tan pequeño! ¡Ademas es tan 
buen hombre, que quizá creerá que obro bien> porque sé alguna 
cosa.... ¡oh! quisiera esconder mi ciencia como un defeQto, y mi 
talento conoo una vergüenza!... ¿Qué es el Iqlento^ si su luz no os 
muestra la verdad? ¿Qué es la ciencia^ sino os enseña á amar la 
virtud? . . 

Escribir un hombre sus ideas, arrojarlas impresas á los cuatro 
vientos del cielo, ver que ansiosos los hombres las leen , pensar 
que influirán en ellos, y en los hijos de sus hijos-... y que des- 

f)ués de muerto, siglos después de muerto, vivirá su nombre en 
a boca de las gentes á pesar del torrente de los siglos; eso es ser 
rey, y mas que rey, semidiós.... pero decidme, os ruego, ¿quién 
dará noticias á Chateaubriand, á ese muerto inmortal, quién le 
dará noticias ahora de las ediciones de sus obras? ¿Quién de las 
alabanzas que le prodigan las gentes? El se fue al sepulcro con 
ese pensamiento; mas en el momento de espirar^ el pensamiento 
se desvaneció, y se llevó toda su gloria. 

Fantasee, si gusta dello el hombre, que vivirá eternamente 
merced á sus obras.... ¿Eternamente he dicho? ¡Ab! que el mun- 
do ha de acdbar, y al fin la Iliada no tendrá lectores.... ¿qué vale 
la gloria dé unos cuantos siglos para una alma que es inmortal? 

Llevad^ pues, vuestro talento como un don prestado: estu- 
diad por encontrar verdades, ¡rico patrimonio ! escribid, por 
disipar errores, ¡gloriosas conquistas 1 Por lo demás, sino podéis 
desprenderos delamor á la gloria, no la busquéis al menos; si toca 
á la puerta de vuestra casa , recibidla con sencillez , como á un 
huésped noble^ pero importuno. No hagáis depender vuestra feli- 
cidad de la opinión variable de la muchedumbre ; conservaos li- 
bre y verdaderamente grande; hecha una obra ^ consultadla con 



ÍH el PBNBillIlBntO 

amigos qaeamM la yei^d^ y si llegáis á persuadiros que hi^ 
oisleis algo bueao^ que os sea baslahte recompensa el gozo soli^ 
tario y sublifne que llena el alma de quien acerló á poner en cosa 
suya algún rayo de aquella luz que viene del cielo.... Dios sp 
gozó al ver sus obras que eran buenas; también será lícito go- 
zarse al hombre^ sino olvida que de todo es deudor á su Dios. . 

A. Aparisi y Guijarro. 



CONFESIONES DE UN FILOSOFO. 



Una de las mas preciadas plumas de España^ tal voz la pri* 
mera para nosotros^ se ba dignado remitirnos ufia traducción de 
varios pasages del último escrito de un escritor filósofo de Ale* 
mania^ de ese pais que es para mucbos el plantel de los grand<» 
y libres pensadores. En una época en la que cuenta tantos adep^- 
tos la doctrina del libre examen; en la que se proclaman y sos- 
tienen con marcada tenacidad tantos y tan funestos errores; en la 
que se procura envolver en el caos de la duda hasta las concien- 
cias mas firmes^ es de gran consuelo para los que creemos y para 
los que amamos^ el ver que hasta los maestros de esas escuelas de 
confusión no pueden sofocar en lo íntimo de su alma^ el grito de 
la verdad ; de esa verdad santa que tiene su base en las ásperas 
rocas del Gólgotha, y su cúspide en el cielo. 

Gracias mil , á nuestro simpático y buen amigo por su envio^ 
y crea que es para nosotros y con especialidad para el que estas 
líneas escribe , el acceder á sus ruegos de no publicar su nombre 
un sacrificio que hacemos á la buena amistad que nos dispensa: 
su nombre que es para toda puUicacion segura garantía de acierto 
y de razón. ¥ puesto que acatamos su deseo^ aunque contra nues- 
tra voluntad y nuestro interés propio sea^ obligúele nuestro afecto 
a no olvidarnos^ y á recordar siempre que sus líneas^ y su coope^^ 
ración son siempre para nosotros las bellas y perfumadas flores 
que vienen á embellecer la árida senda que nos hemos propuesto 
recorrer^ al tratar de hacer escuchar los acentos de la razón y de 
la verdad^ desde el ignorado rincón de una provincia. 

Gracias otra vez y no nos olvidéis. 

Luis Miguel y Roca. 

-^Guán doloroso es ver el a£an con que la prensa busca en el dia 
ocasiones para atacar oon furor toda opinión contraria á la suya^ 



DE TÁLENÉIA. Í97 

en particular las religiosas^ esto lo comprenden aun los mas tibios 
católicos. Por eso no podemos menos ^ aunque no sea mas que 
para consolar á otros afligidos como nosotros , de traducir algu-* 
nos párrafos^ no de un escritor religioso^ ni tampoco de un filó- 
sofo cristiano^ sino de un libro que ^ con el título de Confesiones^ 
ha dado á luz uno de los primeros^ sino el primer escritor demó-^ 
crala y filósofo ateo alemán^ el famoso Enrique Heine^ el hombre 
de mas entendimiento^ chiste y originalidad que ha producido la 
moderna Alemania. Después de vencer aquel natural estremeci- 
miento que causa tomar en sus manos escritos de hombres que 
han libado á negar á Dios, sigue la escitada atención con ere- 
cíenle interés á este gran genio eslraviado^ en su primer paso ea 
la. conversión. Una larga enfermedad, dolores agudos, lo postran; 
en este estado se entrega y embebe en la lección de la Biblia^ y 
cuando vuelve á tomar la pluma p^ara escribir su moderna obra^ 
que lleva por título el arriba mencionado, dice: 

«Queda al hombre honrado, en todas circunstancias, el dere- 
cho imprescriptible de confesar francamente sus errores, y de 
este derecho usaré sin temor ni jactancia. Confieso, pues, abierta 
y francamente, que es tan falso como irreflexivo cuanto he dicho 
en mi obra sobre la Alemania acerca de la gran cuestión divina; 
tan falso é irreflexivo es igualmente el juicio que, imbuido por 
mis maestros de las diferentes escuelas filosóficas alemanas, repe- 
tí, y fue, que la idea de la existencia de Dios está destruida por 
la lógica en teoría, y que no subsiste sino miserablemente en el 
dominio de una fe agonizante. No. No es cierto que la crítica de 
la razón, anonadando las pruebas de la existencia de un Dios^ 
tales como las conocemos desde San Anselmo de Cantorbery, 
haya anulado al mismo tiempo la idea de la existencia de un 
Dios. El deísmo vive de su vida, la mas real y la mas eterna; no 
ha espirado, y de manera alguna ha sido herido de muerte por la 
moderna filosofía alemana. En las telarañas de la dialéctica berli- 
nesa, no hallaría la muerte una mosca, cuanto menos un Dios.» 

A los muchos jóvenes que hoy dia se entusiasman por la filo- 
sofía alemana (pensamos que sea sin comprenderla tan bien como 
Heine), puede el juicio que hemos traducido servirles de pauta. 

Habiendo hecho los filósofos alemanes correr la voz de que 
Heine había entrado en el gremio de la religión católica, éste se 
apresura á desmentir esas voces, y sé espresa así: 

«Mi redamación está, pues, dirigida, no contra el ogro (1) 



(1) Ogro , monstruo , hombre silvestre que se figuraba haber existido 
en el tiempo de las hadas, y se comía á las criaturas: nombre que dan los^i- 
lósqfos á nuestro Santo Padre. 

Tomo II. 38 



2d8 EL PENSAMIENTO 

de Roma^ srno contra verdaderos animales (2). He renunciado^ 
mucho tien^)0 hace^ coippletdmeote á hacer la guerra al catolicis- 
mo romano^ y dejo descansar en su vaina la espada que había 
empuñado para el servicio de una idea, y de ninguna manera por 
una pasión personal. En efecto : yo no era en esta lucha sino un 
soldado advenedizo que se bate bizarramente, pero que.despue? 
de la batalla no conserva uoa gota de hielen su corazón^ ni hacia 
la causa combatida, ni hacia aquellos que la defienden; una ^ner 
miga fanática contra la Iglesia -úq Roma no podia existir en mí, 
pues estoy libre de ese e^írilu estrecho que es preciso tener 
para semejante animosidad. Conozco demasiado mi altura ó al- 
cauce inlelectuaU para no conocer que no hubiese podido, ni con 
los mas violentos asaltos, llegar á hacer la mas mínima brecha á 
un coloso tal como es la Iglesia de San Pedro. Hubiera podido 
todo lo mas ser un modesto peón en una lenta depioiicion que 
duraria siglos; estaba demasiado versado en la historia para no 
reconocer las proporciones gigantescas de ese maravilloso edifi- 
cio. Nombradle, si se os antoja^ la Bastilla del entendimiento hu- 
mano; sostened en buen hora que aquella fortaleza no está de- 
fendida sino por inválidos: no será por eso menos cierto que esa 
fortaleza no seria fácil ganarla, y. por cierto que mas de un jo- 
ven acometedor irá aun á romperse. la frente contra sus adarves. 
Como pensador, nunca he podido rehusar mi admiración al en- 
cadenamiento ingenioso y consecuente de todo ese sistema reli- 
gioso y moral que se llama la Iglesia católica apostólica romana; 
y así puedo vanagloriarme de no haber nunca , ni con burlas^ ni 
con sarcasmos;, atacado^ ni su dogma^, ni su culto; así es que me 
han hecho á un tiempo mucho y poco honor llamándome pariente 
de Voltaire en el entendimiento.» 

Esto dice un franco contrario. ¡ Qué amargo contraste con lo 
que dicen y escriben otros que se dicen cristianos y están de 
hecho en nuestra comunidad! 

^ Pero oigamos á Enrique Heine^ ese gran preste de la demo- 
cracia, espresar sus ideas sobre ella, aunque no sea mas sino para 
probar la manera absurda y exagerada conque aquí y en Francia 
se propalan las doctrinas democráticas. 

Dice así: 

((En cuanto á la filosofía alemana, yo habia divulgado sin am- 
bages el secreto de la escuela envuelto en sus fórmulas escolást^t 
cas, y que no era conocido sino de los iniciados de primera clase. 
Mis revelaciones escitaron en Francia el mayor asombro, y re- 
cuerdo que eminentes pensadores de aquel pais me confesaron 

(2} Los filósofos alemanes. 



k 



BE VALENCIA.' 299 

con lá mayor seticilfez que habían ienidó siempre á la.ñlosofíji 
alemana por tfna cierta niebla torstica^ en la cual yacía ocolla la 
Divinidad como eñ tin santuario dé nubes. Anadian que siempre 
les había» parecido los ñlósofos alemanes visionarios en éxtasis^ 
que no respiraban sino.piedad y amor de Dios. No es culpa mía 
sino es así, y si la filosofía alemana es cabalmente lo contrario 
de lo que se la supone. Él mas consecuente de estos hijos terri- 
bles de la filosofía, nuestro moderno Porphyrius, que lleva real- 
mente el nombre de Arroyo de fuego (Feuerbach)^ proclamó^ de 
cencjbrta con áus amigos, el mas radical' atei&mo, como última 
consf ouenqia de nuestra metafísica. €on un frenesí da bacantes, 
arrancaron esos celosos impíos el vejo azuldel cíela alemán^ gri- 
tando: ¡Mirad! Las deidades han huido, y allí arriba no-, reside 
mas que una vi^ja/conmaínos de hierro y corazón desolada.... 
¡La necesidad! 

ii\kh\ Lo que no ha mucho parecía tan estrano , se preconiza 
y predica sobre lodos los tejados^ allende del Rhin, y el ardor fa- 
nático de muchos d^ esos predicantes. es* espantable. Tenemos 
ahora misioneros y frailes de impiedadiy: Torquémadas de ateís- 
mo^ que harían quemar á VpU^ir^y porquie .en el- fondo de su co- 
razón el Sr. deFernayno era sipa un deisla «la^pj'ecido. Mien- 
tras estas doctrinas fueron secreto priyileg,io de. una aristocracia 
de hombres de estudio y de talonto^ Y.^^^ sq JdisQutian en un len- 
guage de afiliados sabios^ léhguagé qjie rió comprendían los do- 
mésticos colocados tras nuestros asientos para servirnos mientras 
blasfemábamos en nuestros banquetes fílosóflcos ;' mientras eso 
pasaba, yo también pertenecía áaqáenb&fr'fvólós ésptrüus fuer- 
tes; pero cuando me apercibí que el populacho empezaba á dis- 
cutir los mismos temas- en su symposiúms crapulosos; en que el 
candil reemplazaba la bugía; cuando el ateísmo empezó a oler á 
tabaco, seboy agaardieotei. entonces mis ojos se abrieron^ y com- 
prendí por las náuseas del asco ló^que no pu-de comprender por 
la razon^ y dije adiós al ateismo. ' v 

«Pero^ á decir la verdad^ no erar solo el: asco el que me lle- 
vaba á abandonar mis ideas religiosas; np^entrabat ea poca parte 
el miedo, porque habia visto alateismo form¿)r uogí .alianza mas 
ó menos oculta con el socialismo el mas avanz?ulp^,Q para alejar 
á un lado toda hipocresía de denominaciones^, con el comunismo. 
Este miedo no era el del ricacho que tiembla por. sus capitales^ 
sino el terror secreto del artista y del sábio.qüe ye amenazado 
con nuestra civilización todo el fruto de una íábór de tres siglos^ 
y el verdadero elemento de nuestra moderna vida:' * 

«Esta civilización será destruida por el comunismo, y aun- 
que en teoría pueda yo, por un generoso árrasirfc^ sacrificar los 



300 EL PENSAMIENTO 

intereses ^del artista' y del sabio á las necesidades de las masas 
desheredadas y esplotadas^ tengo no obstante^ eu»la esfera délos 
hechos, horror á lodo cuanto se hace por la muchedumbre » 

Por el traductor, 

« Luis Níquel y Boca. 



Al leer esta composición y otra igualmente bella que inserta- 
remos en el próximo número, nos hemos preguntado: ¿ha resu- 
citado Lista? Y creemos, que se harán la misma pregunta nuestros 

lectores. 

A. Aparisi y Guijarro, 

GRANDEZA DE DIOS. 



Gran^k es mí Dios : su nombre misterioso 
brilla del sol en la radiante frente, 
de la luna en los pálidos fulgores, 
del cíelo en el dosel resplandeciente, 
de la aurora en los candidos albores, 
en el manto azulado de los mares, 
en los bellos vergeles, 
do brotan azahares, 
odoríferas rosas y claveles.... • 
y en 1^ frente del hoinbre 
brilla con pura luz su santo nombre. 

Grande es miDios: con célica aimonfa 
bendicen su grandeza soberana 
el ave de plumage esplendoroso, 
la brisa de la plácida mañana, 
el rayo con estruendo fragoroso^ 
la airada tempestad ^ el torbellino, 
la fuente que murmura 
trazando en su camino 
laberintos de aromas y verdura, 
y la mar irritada 
por fuertes huracanes agitada. 

Grande qs mi J)m : y de su e^r^gio trono 



9K VAL81WU. ZQl 

son «acábelo nacaradas nubes» 

las estrellas alfombra de sil planta, . 

nuncios de sus bondades los querubes, 

el s«l reflejo de su lumbre santa, 

y luz y Yída su amoroso aliento; 

la tierra con sus flores, 

sus galas y concierto, 

de la historia inmortal de sus aniores 

son la página hermosa 

escrita por su daano portentosa. 

Grande es mi Dios í,sa augusto poder io 

la tempestad desata ó encadena, 

fuerte oprime á la mar embrtTseida 

con valladar de delevoabla arena, 

lanza el rayo de luz enrogecida, 

dicta á los orbes soberanas leyes, 

el cetro de conquista 

de prepotentes reyes 

quebranta con furor cual seca arista, 

y hunde en el abismo 

sus sueños de grandeza y heroísmo* 

Grande es mi Dios : el ángel de sus iras 
tendió su vuelo, visitó á Sodoma, 
y torrentes de fuego la inundaron; 
tocó en la frente i la soberbia Ronaa, .. 
y Iqb hijos del Norte la humillaron; 
dd gran NapoleoQ, ^on leve aliento 
rozó ki altiva frente^ 
y cayó de su asiento 
derribado el coloso prepotente, 
y homo fué su gíorm, 
y vil tamo el hurel de su victoria. 

Grande es mi Dios ; de 'amar enardecido 
ocultando su liiz só humano velo 
el munido visitó : con lazo de oro 
unió la tiearra con el alto cielo, 
seoó del hombre ü perdurable lloro, 
.y úaeudieodo del Gólgot^á la cumbre 



301 BL ÍBM6ill!SNY0 

con holocausto tierno ^ 

de amor y mansedumbre' - ' 

abrió los cielos i confundió al aremo, 

y con su cruz bendita ' ^ 

la libertad del hombre dejó escrita» 

Grande el Señor : con himno de yedtura 
ensalcemos su gloria- eiscforecidav 
su augusta magestad y fortaleztf; 
su aliento es el amor,-8u'kEz;la vida^ 
él, principio de gracia y de pureza, 
él, tesoro de gloría y de^ ventura; * 
él, la fuente copiosa 
deamorydetérnufa^^' ' '' 
y origen de la ciencia prodigiosa ; 
él de la noble alma '■•■ •.:■.' 

supremo bien, y paz y eierhacAlmá.- ' : 

Eduardo Legido^ Cura de la Llaa. 



I > ' 



> i .- ' 



MAS SOBRE AQUELLO DE U ESCALA SIN TERMINO. 



He descubierto que tro cdnviene Babl&r; y para íecirlo vuel- 
vo á tomar la pluma. La homeopatía ños ¿a perdido: el similla 
similibus está en moda' y se ha ttaslada-dó, 6* mas bien se ha es- 
tendido de la medicina á la administración dé nuestros bienes. 

Nos quejamos de sobra de empleados^ y cada día se aumenta 
su número : nos parece, y sia .g^oer.o de.duiáa escesivo el presu- 
puesto de gastos y va en aumento progresjypicoi^stenle. 

Cada glorioso deja cesantías, y ninguno aplica e^a receta al 
presupuesto, con respecto al cual estoy contra la ley de desamor- 
tización; porque creo conveniente que se amorticen^ó se maten 
unas cuantas de las partidas que lo componen. 

Y siquiera fuese mi voz \h del que clama en desierto; pero es 
el caso que sin duda para mal no falta quién la oyó; pues me en- 
cuentro con ochenta y cuatro y pico de millwies mas^ en el pre- 
supuesto para el ano que comienza^ y do íelizfbeble« 

Se nos aplica la homeopatíay y no len globulUJIoi^ que al fin 



W ^ALENCJA. : 303 

hay quien dice que do haoen ni bien ni mal^ sino en millones y 
de ochepta en ochenta^ 

- .. ¡En.hora roeoguada despegué mis labio»! Sin embargo, como 
apenas hay cosa tan mala que no tenga algo de bueno; tampoco 
de esto carece el sistema de aumento de empleados y de presu- 
puestos. Enseña al que no sabe, si quiere aprender. 

He inventado, (y no fallaran envidiosos que lo tengan por 
copia) un modo ou^'o de adniinisirar y gobernar mi casa y ha-* 
cienda; y con él voy,á ser feliz y pasarlo en grande. 

.Subiré los arriendos: tomaré mas oriados'; les aumentaré el 
salario para, que me sirvan á gusto , y chille quien chille. De 
esta suerte progresando sia cesar, á la vuelta de pocos anos me 
encontraré con un sianúméro de sirvientes, y con una renta pin- 
góle, si hay quien me la pague, que es la unida dificultad que 
&1 fin puede presentar mi plan de administración. 

Con el similia similibiís tengo el remedio para todo : si mis 
arrendatarios se quejan, subo el precio y lomo un criado mas; y 
que lo paguen, y trágala perro. Haré cuenta que son serviles, y 
les cantaré esta antigua patriótica canción. 

Un inconveniente: me acurre en este momento, y ;e8 que bie- 
nes tengo: tan pocos qué no pueden prestar para mucho aunque 
los estire á guisa de: bayeta: y que como soy abogado, y de 
¿00. rs. vn. que óomenoé pagando, me encuentro ya en pocos 
anos á la altura de 3520, j aun estoy ^n la escala, la industria 
se me comerá, y no poco a poco, mi profesión y mi escasa ren- 
tó, ó tendré que dejar el oficio y; meterme á empleado, que es la 
mejor vida del mundo.^ sino estuviera espuesta á reveses glo- 
riosos. 

¿Y saben. VV. poí qué he nombrado, mi industria? Pues es 
porque se ha dado en decir y asegurar ^ue industria es la abo- 
gacía. 

Si esto lo hubieran oido mis abuelos; y íaún mis padres, lo 
hubieran tenido por un disparate; pero nosotros, mas ilustrados 
que ellos, hemos descubierto que es verdad. 

Hacer pedimentos, resolver conforme á las leyes las dudas 
que se nos consulten en materia de derecho, y defender al acu- 
sado para que se le absuelva si es inocente , ó si culpable no se 
le imponga mas pena que la señalada para el caso, esto es in- 
dustriarse, t . : , : 

Y dá más amplitud, mas ensanche aunque no mas honra á 
la profesión: porque. convertido en industria su egercicio, cada 
quisque puede hacer pedimentos, espetar dictámenes y vomitar 
informes con razón ó sin ella; ¿somete el zapatero á averi- 
guar si es ó no es razón que haga zapatos? 



301 EL PRNSAMIKNTO 

. Por consiguiente esto es uña iaina; y desde que se ha eom- 
prendido que la poseemos los abogados^ se nos ayuda á esplo^ 
tarld; si es que no se nos espióla á nosotros^ clase la mas gra- 
vada de cuantas pagan subsidio. 

¥ solo considerándonos tan industriales como al comerciante 
se nos puede exigir contribución^ que de otra suerte no i^ ccHi-* 
cibe sobre qué habia de recaer. 

Porque el comerciante maneja un capital mas ó menos cre- 
cido: el zapatero, el sombrerero, el herrero, etc., tienen también 
su caudal en hierro , sombreros , zapatos^ etc. Mas ¿cuál es el de 
un abogado? Ninguno^ como no se entienda serlo su cabeza, su 
entendimiento: é imponer contribución sobre esto es como poner 
á precio las cabezas , cosa que en verdad suena mal. 

Teniendo industria ; siendo tal la ciencia del derecho y la fo« 
cultad de hacer pedimentos, ya es diferente : aunque no haya ni 
propiedad ni verdad en la suposición , debemos ser clasifioatlos, y 
paga/ con arreglo al famoso, por racional, justo y filosófico sis-* 
tema tributario que sabiamente rige, á pesar de las bendiciones 
que lleva encima. 

Sistema que entre otras virtudes y exelencias tiene la de ha- 
cer pagar vejando y humillando; pues á los letrados queegereen 
la profesión; esto es, al plantel de donde salen la judicatura y la 
magistratura toda, y no pocos consejeros para la corona, les obliga 
á comparecer como gremio , ni mas ni menos que el dé alpar- 
gateros y pelaires ante el administrador; ante un empleado becbo 
de lo que se hacen casi todos, para que ponga á cada uno marca 
y precio, V. gr., clasie primera 4500 y...., clase segtfnda 3520, 
etcétera. f 

Allí el qr&mio nombra síndicos, y el administrador clasifica- 
dores. Esto es tratar aja clase con honra y decoro ; convertirla 
en gremio ante un administrador, por respetable que sea su per^ 
sóna, es elevarla á la altura de la ilustración del siglo. 

Ahora, después de agremiados los industriales, cuando ya 
cada uno tiene clase y cuota, (marca y precio) no va ni por aten- 
ción un cobrador á recoger su contingente.: sino que ellos como 
oprderitos han de acudir á casa del recaudador (en esta ciudad al 
palacio de una novísima exelencia) á entregar en buenas monedas 
SQ dinero; y en cambio se les dá un tálon con sus correspopdien*- 
tes casillas, en la última de las cuales por remate de fiesta y de 
obsequio figura un tanto, el 6 por 100 creo, sobre lo quQ pagar 
les tocaba por derecho de recaudación y matricula. Es á saber, 
por el trabajo que cada uno puso en ir a soltar la mosca, y el que 
se pusO' en forjnarle et pnotocolp ^ en ajustarle ta cueoteeita indi- 
vidual. 



DE VALENCIA^: 308. 

No viene al caso ; ffivo vaya de cuenlo. Guando. estáUa en uso 
la peua de horca , era costumbre sacar de los bienes del ahor- 
cado el precio del dogal. 

De todo pues venimos á sacar en limf^io^ que el tal sistema 
de distribución de la contribución industrial merece p^len^te dé 
mención. Es mas justo que la misma injusticia ; mas lógico que 
el Sofisüaa : y sobre todo para el gremio de abogados. 

Esta clase^ merced a dicho sistema y á los adelantos del si- 
glo^ viene desde el año 1835 recorriendo á la vez dos escalas 
diametralmente opuestas: una.de descenso en las utilidades ^ y 
otra de ascenso en la contribución. ¿Qué mas justo ni nias lógico 
que aumentarla por egemplo^ cuando a pretesto de suprimir 
Ta tercera instancia en los pleitos se ha llevado al tribunar su- 
premo (allá á Madrid eomo saben VV.) con el título de recurso 
de casación. 

Así con esta justicia y esta lógica obra'ndo^ mañana cuan* 
do' se haga otro tanto en las causas criminales^ debe espe- 
rarse que la cuota individual para los abogados en las capitales 
de provincia suba siquiera hasta mil reales vellouy que es cuenta 
mas redonda. ' . 

Pero hablando con seriedad, si son evidentes la injusticia y la- 
absurdidad del consabido sistema^ ¿por qué se sostiene y se lleva 
^delante? ISo puedo creer que sea porque produce bueá resultado 
material ; mucho dinero: pues si á esto fuéramos^ conozco yo^ y 
eso que soy un topo^ otro que produciría mas^ y no es tan com- 
plicado. 

El por qué dé la existencia de dicho sistema^ allá se lo sabrán 
de seguro los q^e.lo sostienen,. qitteidabeQ u^s.que nosotros. Pero 
lo. cierto es que en todos los pames de admiaistracioa del Estado 
hace ya anos qué vamos de reforma en reforma, menos en el pla<a 
de estudios; y el tributario de marras siempre continua campe^ 
obano é inaltepable, y sin otra novedad qii^ aumentar cada año 
con algunos mllloncejos el dividendo. 

Verdad es que en cambio estamlos bien servidos y de día en^ 
día lo estaremos mejor. Por esto , áin duda^ los representantes 
eoosideran(}o< que para: bien nuestro Ha de ser el aumento de la^ 
contribuciones , vari diciendo amen , amen á/ lo que para labrar 
nuestra felicidad propone el ^bieroo: y por lo mismo también 
cuando se ventilan cueslfiones económicas^ pomo aquella de los 
oidhenta y ciuatrd millones ma8> no se dignan acudirá las sesionen 
Ids djpnladós de esta proviociav escepto unoí á quien Dios^recom^ 
pensará el interés que se tomó por nuestros ioltereses bibn etír 
teadfidos^ Votando éoflilra' Ibs enmíeBdas y jf^bb |a áutoríisaddh que 

Tomo II. 39 



^ 306 EL PENSAMIENTO 

se ha podido para cobrar lo que ya sin perjuicio se estaba co- 
brando. 

En la cuestión de presidencia faltaron pocos á votar : pero 
una vez resuello quién habia de presidir^ en lo cual el país se 
interesaba tauto como YV. y yo sabemos ; lo demas^ que pague- 
mos ochenta millones mas ó menos es indiferente : cuestiones de 
maravedises^ al fín^, sien^pre son mezquinas y despreciables. ¿Ni 
por qué han de volar los diputados el presupuesto? Los que les 
dieron el sufragio no los enviarían para tan poca cosa á las 
Corles. 

Lo que importa es que nos demos tono y tengamos ínsulas 
de casa principal, de nación rica y voyante. Mucha estofa, largo 
número de empleados civiles y militares bien y puntualmente pa- 
gados. Para vivir a la moderna es preciso pagar del mismo modo, 
y no andar en regateos, como lo hacian nuestros antepasados 
cuando eran pobres, aunque poseyesen la India ^ que nunca era 
tan. verdadera India como la que nosotros hemos alcanzado^ y 
ellos no conocieron. 

Esto es lo que oigo decir á gentes que parecen bien informa- 
das: pero sucédeme á mí lo que a Bautista Moscatell en la co- 
media el Gafaut, que hablando del lujo de Madrid, decía que se 
alegraba de verlo, pero no de pagarlo. 

Y un poco escéntrico come soy, creo y no quisiera enga- 
sarme^ que sin pasar por mezquinos, podía recortarse algo, y auní 
algos del presupuesto. ¿No podríamos pasar con unas cuantas pro- 
vincias y por consiguiente con otros tantos gobiernos civiles 
menos? ¿Hay en la Constitución algún artículo que prescriba que 
hayan de ser 49? 

¿Es de necesidad la institución de los consejos provinciales? 
Dos años hemos pasado sin ella, y nadie la echó de menos. Dé 
lo gubernativo y económico podían encargarse las diputaciones; 
y de lo contencioso, si es que hay algo, las audiencias. 

Podíamos sin grave inconveniente haber ido pasando con el 
reglamento provisional para la administración de justicia, que 
con ligeras enmiendas fuera la mejor ley de procedimientos que 
hemos tenido y que quizá tendremos en España; y nos hubié- 
ramos ahorrado diez mil duros que cuestan cuatro plazas nue- 
vamente creadas , y cinco mil que costarán las dos mas que hay 
proyecto de crear en el tribunal supremo. 

Sino se quería que hubiera tercera instancia en los pleitos^ lo 
natural era haberla suprimido ; y no llevarla á Madrid por medio 
del recurso de casación^ algo mas caro, y no menos largo que lú 
general de aquellas. 

En materia de jubilaciones y cesantías podia recortarse tam- 



BE VALBNCIA. 30^7 

bien alguna cosa. Todos en nuestros respectivos oficios servimos 
al Estado : con la diferencra de que moos no eobrámoí suddo y 
pagamos contribución^ y otros no la pagan y viven á espensas del 
Erario. ¿Por qué, pues, todo empleado á cierto número de años 
de servicio ha de tener jubilación? El profesor, ó el artista que se 
inutiliza trabajando , vive con los ahorros que hizo, ó mueren en 
la miseria. No seria pues injusto que los empleados corrieran 
igual suerte: la misma ni mas ai menos que los que pagamos y no 
cobramos dotación alguna. 

Pase^ sin embargo, que » ciertos empleados de humilde, y 
aun de modesta categoría, que necesitan lodo su sueldo para vi- 
vir en la medianía^ se les concediera aquel recurso para la ve- 
jez ; pero a los altos funcionarios, á. los que, acaso sin mas que 
dar una vista por las oficinas, disfrutan pingües dotaciones, no 
bay razón que yo* ateance, para que en su retiro hia manienga 
et Estado. Que vivan de. sus. economías ya que pueden muy bien 
hacerlas. 

Los rectores de las. universidades^ que hoy e<^ran 30,000 
reales, también por 20,000 servirían su honorífico, destino, que 
sin sueldo fiie servida: en otro tiempo. 

Los Capitanes generales, podian vivir -muy holgadamente con 
S,00d duros aauales, y de seguro que por la rebaja de 20,000 
reales vellón, ninguno reaunciaFia su alto empleo, ni dejaría de 
sepvir á la Nación con el mismo celo que hoy*. Suponer otra 
cosa ó dudan de lo dicho, seria no hacer justicia á su patriotis- 
mo: mientras que hacerla rebaja indicada, seria dispensar no pe- 
quero alivio a los contribuyentes. - 

También los gastos del egército, sin reducirlo,, me parece 
que -consienten disminución. Cinco reates vellón mensuales por 
plaza se le abonan para prendas mayores: lo cual, suponiendo 
qué dicho egército se compone de cien mil hombres, significa 
quinientas m'ú reales vellón cadií mes ; ¿Y los necesita para el 
objeto indicado? No ciertamente: prueba de esto es que no los 
consume; y de que no Tos consume la prueba es, que hay cuerpo 
de los mas bien eqlMpados, que cuenta doce ó- catorce mir duros 
de ahorros que no necesita, y que componen un sobrante ocioso 
y sin ningún destino.- 

Otras economías podrían aüadlrse á las indicadas, y todas 
de- seguro sumarian algunos miHones, ¿Es posible hacerías? Sos- 
tengo que sí, mientras no se me demuestre lo contrario. Y esta 
es- la cuestión vital para el pais. 

Alivio en las contribuciones, justicia en su distribuciones 
lo que desea, es lo que necesita. Sino las consigue, se habrá en- 
gañado en su cuenta cierto amigo mió , porque según ella su pa-" 



sos BX. PEN8AMIBMT0 

trimonio viene á rematar en punta^ y ^o eréo que al menos el de 
ios sA)o^(ios de las provincias rematara en cero. 

José Beltran y Pérez. 



MIS PRISIONES. 



POR SILVIO PELLICO. 
(Contiauacion.) 

No obstan te> al recU)ir mi última : carta ^ que versaba sobre el 
cristianismo^ anqncióme preparar una fuerte réplica. Esperábala 
con ansiedad durante una semana^ y lejos de cumplir su pala- 
bra^ hablábame de cosaj» en un todo opuestas^ y por lo regular 
obscenas. 

Supliquéle se acordase de su promesa^ itivitándole á que re- 
pasase y juzgase con madurez las razones que le esponia yo. 

dontestóme cofi algo de enojo, prodigándose los atributos de 
filoso fü^ de hombre pacifica, y sobre todo ^ue no había que re- 
flexionar mucho para conocer que las lucernas no son faroles. 
Proseguía después con humor testivo á contarme sus escandalo- 
sas y torpes aventuras. 



Tomábalo todo con paciencia por no atraerme lós epítetos de 
santurrón ni de intolerante» y no desesperaba de que tras aquella 
fiebre de eróticas bufonadas llegase á su vez el instante de la re- 
4exion. En el ínterin manifestaba yo a Juliav hasta qué punto 
desaprobaba el poquísimo respeto que tenia al bello sexo^ sa 
modo profano de concebir el amor^ dándole á conocer la lástima 
que me inspiraban aquellas infelices que él decia hablan aido $us 
víctimas. 

Fingia no dar crédito á mi desaprobación^ repitiéndome c(m- 
tínuamente: «¿Qué estáis barbotando do inmoralidad? estoy per- 
suadido de que os divierto con mis relaciones. Todos los hombres 
gustan como yo del placer^ solo que no tienen mi franqueza para 
confesarlo á la faz del mundo. Puedo deciros tanto^ que en con- 
ciencia os creerías por último obligado á aplaudirme.» 

Pero pasábanse las semanas sin que renunciase á sus infa- 
mias^ y yp^r mi parte á cada carta suya que recibía, creyen- 



M VXLfiffCIA. 309 

flo bobiese ya dafnésto sa imi<uro Ia[ngQaj6^ recoititla dé* la croE 
á la fecha con eüno^idad^ y sí mi alma do quedaba del todo sé- 
dudcb, flobreoogiase por lo méaos^ alejándose mas y mas* de todo 
peosamiento noble y santo. El trato con los hombres viies mñ 
envilece á nosotros inismos^ i menos que no se posea una ttr^ 
tud superior 1^ la general y á la mia. 

«Hete ya castigado , me decía yo á mí mismo^ por tu loca 
presunción. Esto es lo que se adelanta cuando se quiere hacer 
el apóstol sin tener el verdadero carácter sagrado para ello.» 
Decidíme un dia á escribirle las siguientes palabras: 
(c Hasta afaora rae he esforzado en llamaros hacia asuntos muy 
diversos, y vos por el contrario me contáis cosas que ya os tengo 
dicho francamente me desagradan. Si gustáis que nos ocupenios 
de mas dignos objetos, continuará nuestra correspondencia; de lo 
eontrario démonos la mano y quedemos en paz.» 

Dos dias pasaron sin recibir contestación, lo que yo celebraba 
infinito. jOh soledad beE»}íla, esclamaba, cuánto menos amarga 
eres que> un trato sin armonía ni nobleza! En vez de incomodar- 
me eü leer impúiüeos escritos, en vez de esforzarme en oponerles 
la espresíon de los sentimientos que honran á la humanidad , em^ 
peztré de nuevo á ocuparme de Dios, de la memoria de mi fa- 
milia y de mis verdaderos amigos. Volveré á leer con nuevo 
9rdor la Biblia, á escribir mis pensamientos sobre la^mesa, todo 
con el fin de esludiar el fondo.de mi corazón mejorándole, y por 
último tornaré á gustar las dulzuras de una inocente melancolía, 
mil veces pre^ible á las alegres é impías imágenes. 

Cada vez que entraba TremercUo en mi cuarto me decía: 
aTodavía no. hay, contestación.» 

— Bueno, le decia yo- 
AI tercer dia me dijo: 

-*EI señor N. N. está medio malo. 

-^¿Qüe tiene? 

— Nolodiee, pero está siempre tirado en lá cama^ ni come ni 
bebe nada, y está de mal humor. 

Estremecíme al pencar que aquel hombre sufría sin tener á 
nadie que le consolara, y se escaparon de mis labios, ó por mejor 
decir de mi corazón, las siguientes palabras: 

— Le escribiré dos renglones. 

~Con eso los llevaré yo esta noche, dijo Tremerello, y des- 
apareció. 

Eaperiménté cierto 'embarazo al aproximarme á la mesa. 
¿Hago bien por ventura en renovar esta correspondencia? ¿No 
bendecía yo ahora poco mi soledad cual un reconquistado tesoro? 
¡Cuan inconstante soy! y sin embargo el infeliz no come ni bebfe> 



310 EL PENSAMIENTO 

no hay duda está enfermo; y en tal caso ¿ddbeiíé abandonarla 
No: mi última carta era en efecto amarga^ y habrá contribuido 
á afligirle. Pnede que á pesar de la divergencia en. nuestras opi- 
niones no haya él jamás deshecho el nudo de nuesttra amistad. 
Habrá creído mi carta mucho mas picante de lo que era en rea- 
lidad^ y la habrá mirado como una despedida ultrajante. 



Escribí en estos términos: 

«Siento en el alma no disfrutéis de buena salxid. Quisiera de 
todo corazón ser vecino vuestro para poderos ofrecer el consuelo 
y servicios de mi amistad. Desearé que el mal estado de vuestra 
salud haya sido la única causa del silencio que guardáis hace tres 
dias. ¿Os habrá acaso enojado mi última carta? La escribí^ os lo 
juro, sin la menor intención, siniestra, y con el solo objeto de lla- 
mar vuestra alencioa sobre asuntos mas serios. Sino os halláis 
^ estado de escribir, dadme por lo menos noticias exactas do 
vuestra salud; os escribiré todos los dias alguna que otra co- 
silla capaz de distraeros, y que os haga recordar cuánto os 
aprecio.» 

Nunca hubiera esperada una contestación como la que tuve^ 
concebida como sigue: 

«Rehuso tu amistad, pues sino sabes qué hacer dé la mia, 
yo tampoco tengo en que emplearla tuya. No soy de aquellos 
hombres que perdonan hs ofensas; si me desdeñan no me hu- 
millo. Has sabido que estoy enfermo, y te aproximas hipócrita- 
mente á mí, esperando que la enfermedad debilite mi inteligen- 
cia disponiéndola á escuchar tus sermones^ etc., etc.;» y conti- 
nuaba en el mismo tono, ultrajándome á su capricho, mofándose, 
criticando con acrimonia cuanto le habia yo dicho acerca de la 
moral y religión, y protestando su voluntad de vivir y morir 
siempre el mismo, es decir, en el mas completo aborrecimiento y 
desprecio de cualquier especie de filosofía que no fuese la suya. 

Quédeme confundido. «¡Vaya unas conversiones que hago! 
esolamé exhalando un doloroso suspiro. ¡Dios conoce bien la pu- 
reza de mis intenciones! No: no merezco tales injurias. Pues 
bien, tendré paciencia, y me servirá de desengaño. 0^^^^ <5on 
Dios ese insensato, y si se place en crear ofensas imaginarias 
para tener después el gusto de no perdonarlas, nadie me obliga 
á hacer mas de lo que he hecho.» 

Sin embargo, pasados algunos dias taimóse mi indignación, 
y llegué á imaginarme que aquella carta furibunda hubiese po- 
dido ser efecto de una exaltación pasagera. «¡Acaso se avergüen- 
za en la actualidad^ me decia yo, ó bien tiene suficiente oiigullo, 



i 



DB VílXBNGIA. 311 

pa^a no confesar su culpa. Y.... ahora que ha tenido tiempo dé 
calmarse^ ¿no seria generosidad d^ mi parte el esjcribirle de 
nuevo?)) 

Mueho me costaba hacer semejante sacrificio de amor propio^ 
pero le hice. El que se humilla sin envilecimiento no se degrada 
uunca^ por injusto que sea el desprecio que le sobrevenga. 

Recibí por respuesta una carta mucho menos violenta y sino 
menos insultante. Decid mi implacable antagonista que admiraba 
mi evangélica moderación. 

«Emprenderemos de nuevo nuestra correspondencia, decía, 
pero hablemos claro: nosotros no nos queremos; nos escribire- 
mos por nuestro gusto particular, trabando con libertad sobre el 
papel cuanto nos pase por la cabeza, vos vuestras seráficas amo-* 
nestaciones, yo mis blasfemias; vos vuestros éxtasis sobre la dig- 
nidad del hombre y de la muger, y yo la ingenua narración de 
mis profanaciones, ambos con la esperanza de convertirnos uno 
al otro. Contestadme si os conviene el pacto. 

Contéstele: «Eso que llamáis pacto es solo una irrisión. Siem- 
pre me he manifestado para con vos poseído de las mejores in- 
tenciones; en la actualidad no me permite mi conciencia sino 
desearos toda ei^pecie de felicidad en esta vida como en la otra.)) 

De esta sue^rte terminaron mis secretas relaciones con aquel 
hombre, ¡qui4n sabe! acaso menos malo en sí, que azotado por 
k desgracia: y exasperado por el abatimiento. 






. ^ Bendecí de todo corazón otra vez mi soledad, y mis dias pa- 
saron de aoeivo por algún tiempo sin suceso digno (le ser notado. 
El V4^ranó espiré. En la segunda mitad de Setiembre dismiuayó 
el calor; llegió Octubre, y me regocigé al verme en un cuarto que 
debía téneri muy buen temple en el invierno. Pero una maSana 
veo llegar el alcaide é insinuarme la orden que había recibido 
para trasladadme á otro encierro. 

^¿Y adonde voy á parar? 
- *-Aquí cerca; un cuarto mucho mas fresco. 

•r-¿Por qué: no me mudaron á él cuando el calor me abrasaba, 
cuando ú aire- de esta pieza era un conjunto de mosquitos; y mi 
cama un chinchorrero? 

— Hasta hoy no me han pasado la orden. ; 

— ¡Paciencia! vamos. 

Sentí abandonar aquel encierro, si bien había sufrido, mucho 
en él, no solo porque debiera ser muy caliente en el invierno, 
sinójior otros muchos motivos. En primer lugar tenia lyoallí 
una porción de hormigas que quería y alimentaba con un cuida- 



ñi% EL. ffSKSJLMlfiNTO 

db^Qe.Uáoiarift paMrnal si h espresíoD do fuese ridicula. Ade- 
Idas hacia poces días: que aqitella arana ^ de que va be, haUado^ 
emigró do sé por qué motivo; pero yo decia: ¡quién sabe! Aeaw 
se acuerde de tai y vuelva. Si lo biciese abura aue me marcho^ 
vendrá y encontrará la habitación desalquilada^ o si halla alguo 
huésped^ será quizas algún enemigo de las arañas que con la 
su6la. de su zapato destruya esa hermosa tela y despachurre al 
pobre animal, Y sobre todo^ la piedad de la Zanzé ¿no habia em*' 
bellecido á mis ojos aquel recinto? En esta misma Ventana ea 
dondei tantas veces se apoyaba y distribuía generosamente sus 
míguita» de pan (*) á mis hormigas; 

Aq)»í es donde se solia sentar, aquí me habtato de esto y de 
lo atro^ aquí es donde medio apoyada sobre mi mesa daba libre 
curso á sus lágrimas. 

El sitio donde fui colocado se bailaba también cubierto de 
plomoy pero estaba al norte y al occidente, con dos ventanas, la 
una de un lado y la otra del otro; mansión propia de eternos res* 
triados,, y del fria maís agudo en los meses rigurosos. La ventana 
que miraba al poniente era muy grande, y la del norte fpequena, 
elevada, y situada sobre mi cama; 

Asoibéme á la primera, y vi que daba hacia el palacio del pa-* 
triarca: o tros, edciér nos contiguos al mió formaban á mi derecha 
un ala de poca estension, con una: salida enfrente de mí. En 
aquella salida habia dos encierros, uno sobre otro; el inferior t&^ 
nia una ventana enorme, al través de cuyos cristales veía yo pa- 
searse un sugeto muy bien vestido. Era el señor Caporali de Ce- 
sena; me vi6, me hizo una seña, y nos dijimos nuestros dombres. 

Quise despu^ examinar el punto de vista que presedtato la 
serguñda ventana. Pata egécutarlo puse la inesa. sobren la cama y 
encimai de ésta una silla^ sobre la cual me subí, y me encontré ál 
nivel: de una parte ded tejado del palacio. Mas alia del . palacio' se 
dejaba ver un bello trozo de la ciudad y de la laguna. 

Detúveme un momento á contemplar tan hermosa vista;,> y 
como oyese de repente abrir mi puerta^ permanecí en la misma 
posición. Era el alcaide que al verme tan encaramado, y olvidan- 
do: que utrera yoí ninjg'Un duende para poder pasar por entre los 
bienios de la reja, creyó que pensaba escaparme^ y en ^u primer 
arrebato salló sobre la cama sin atender á sus dolores^ reumáti^ 
eos, y asiéndome por las' piernas empezó á gritar como un des^ 
esperado. 



(*) El orig¡Q9l en ye^ á^pan dice buz%olai, que'es aba especie de torta 
que sé hace en Yene'dia, cot^püe^á c'oíi hárikiá y buevos. (Nota del tta- 



m VAL^NQU. SIS,' 

— ¿Pero no veis, hombre de DioS;, que eslos hierros se oponen 
á mí salida? ¿No conoQcis que solo he subido aquí por curiosidad? 

—Sí seaor, sí^ ya lo veo; pero no importa, bajaos, os lo suplÍT 
co, pues siempre son tentaciones de fuga. ,: ' 

Tuve que bajarme, y lo hice riéndome. 



Por las ventanas de los encierros laterales conocí otros seis, 
detenidos por causas políticas. 

Hé aquí que cuando yo me disponía á la mas completa sole- 
dad, me encuentro de repente en una especie de sociedad. Al 
pronto me afligió^ sea qué aquella vida por tan largo tiempo 
aislada hubiese formado mi carácter á lo salvage, sea que el des- 
agradable ñu de mis relaciones con lulian me hubiese hecho des- 
confiado. 

Sin embargo, por la poca • conversación que tuvimos tanto, 
por señas como de palabra, no tardé en considerarla como. un be-, 
neficio útil, sino para escitarme á la alegría, por lo menos para 
distraerme. A nadie hablé de mis relaciones con Julián; había- 
mos mutuamente prometídooos guardar el secreto bajo palabra de 
honor. Si. vuelvo á hablar dé Julián en esta página^ es porque, 
estoy seguro que de cuantos lean esta obra no habrá ninguno ca- 
paz de adivinar quién pudiera ser el que entre tantos infelices se- 
pultados en aquellas prisiones habia tomado el nombre de Julián. 

A las nuevas amistades que hice con mis compañeros de 
cautiverio, vino á añadirse otra muQho mas dulce. Divisaba des- 
de m ventana grande mas allá de los encierros de enfrente una 
gran hilera de tejados, coronados de chimeneas, belvederes, cú- 
pulas y campanarios, cuya vista se iba perdiendo en la perspec- 
tiva del mar y del cielo. En la casa mas próxima a mí que for- 
maba una de las naves de la patriarcal, habitaba una buena 
familia, la cual, manifestándome por señas la compasión que l^s 
inspiraba, se hizo acreedora á mi gratitud. Un saludo, una pala- 
bra amistosa es ün.gran consuelo, una caridad para el des^^ 
graciado, 

Vi un niño como de unos nueve ó diez años , colocado en una 
ventana , alzar sus manilas hacia mí , y le oí gritar : a ¡ Mamá! 
¡mamá! Ahí arriba en los Plomos han metido á uno. ¡Pobre preso! 
¿Quién eres?» 
—Soy Silvio Pellico, le contesté. 

A esto se asomó otro niño un poco mas grandecito, y,me dijo; 
«¿Eres tú Silvio Pellico?)) 
-^Sí, hijo mió, Y vosotros ¿quiénes sois? 
— yo me llamo Antonio S.... y mi hermano se llama. Pepe.c 
Tomo II. 40 



314 EL PENSAMIENTO 

Aqui se volvió para decir: ¿qué mas le preguntaremos? 

Y una señora que yo me figuré seria su madre , mostrándose 
apenas^ dictaba palabras de compasión á aquellos preciosos ninos^ 
los que me las repetían ^ y yo les daba gracias con la mas viva 
ternura. 

Aquellas conversaciones vallan poco^ y era preciso no abusar 
por si se incomodaba el alcaide ; pero tenían lugar todos los días 
)or la mañana, al mediodía y por la noche. Al encender ellos la 
uz cerraba aquella señora la ventana , y los niños me gritaban: 
«¡Buenas noches Silvio!» y ella también, haciéndose mas deter- 
minada en la obscuridad, repelía con voz alterada: «¡Buenas no- 
ches, Silvio! ¡ánimo! » 

Cuando almorzaban los niños ó cenaban me decían : « ¡Ojalá 
pudiéramos darte de nuestro café y leche! ¡Ojalá pudieras catar 
nuestras tortas! Mira, el dia que le suelten, acuérdale de venir- 
nos á ver; verás como le damos de estas tortas bien calientes, y 
muchos besos.» 



i 



El mes de Octubre me traia ala memoria el mas cruel de mis 
aniversarios. Fui detenido el dia 13 del mismo mes en el año 
anterior: varios recuerdos igualmente tristes se me reproducían 
á la miáma época. Dos anos antes, también en Octubre, ahogóse 
por un funesto accidente en el Tésino un hombre de mérito que 
yo apreciaba mucho. Hacia tres años , igualmente en Octubre, 
habíase SBÍcidado involuntariamente de un fusilazo Eduardo Bri- 
che, joven á quien yo amaba cual si hubiese sido hermano mío. 
En los primeros años de mi juventud, también en Octubre^ apo- 
deróse de mi ánimo una grande aflicción. 

Esta fatal reunión de deplorables recuerdos , que vinieron 
todos á atormentarme en el mismo mes, inspirábanme, si bien es- 
toy lejos de ser supersticioso, una gran tristeza. 

Cuando desde mi ventana hablaba con los niños de enfrente,. 
6 bien con mis compañeros de cautiverio^ aparentaba cierta ale- 
gría; pero bajando a mi lóbrego encierro^ sentía caer sobre mi 
alnaa un peso indecible de dolor. 

Tomaba entonces mi pluma con el objeto de componer algún 
verso ó el de dedicarme á cualquier otra ocupación literaria, pero 
una fuerza irresistible parecía obligarme á escribir otra cosa. ¿Y 
qué cosa era esta? largas, larguísimas cartas que jamás hubiera 
podido mandar k mi familia , en las cuales esplayaba mi corazón. 
Escribíalas sobre la mesa y después de escritas las borraba. Con- 
tenían vivas espresiones de ternura, recuerdos de la felicidad que 
había gustado cerca de mis parientes tan buenos y dignos de ser 



w 



m vátEffciA. 315 

amados. El violento deseo que teoia de verlos me inspiraba una 
inmensidad de ideas afectuosas. Después de haber escrito boras 
y horas quedábanme todavía mil cosas que decir. 

Esto era, bajo otra forma, volver a empezar mí biografía^ for- 
marme una ikision reproduciendo la imagen de lo pasado^ y dete- 
ner por fuerza mi atención sobre un tiempo feliz que ya no exis- 
tía. ¡Cuántas veces ¡oh Dios mió! después de haber trazado con 
los colores mas vivos un rasgo de mí mas hermosa vida ^después 
de haber embriagado de tal modo mis sentidos hasta creerme al 
lado de la persona con quien hablaba , recordando de pronto mi 
situación presente, la ptuma se me caía dé la mano^ y me estre- 
mecía de horror 1 Aquellos momentos eran atroces para mí ; ha- 
bíalos ya probado^ otras veces ^ perO' jamás coa las convulsiones 
que entonces me asaltaron. 

Atribuía aquella agitación y. horribles angustias á la escesiva 
exaltación de mis sentimientos', á la forma epistolar que daba á 
mis escritos^ y á.la idea que concebí de dirigirlos á personas tap 
amadas. 

Quise escribir sobre otroasunto^> y no pude : intenté abando- 
nar la forma epistolar, yi me fue imposible. En cuanto tomaba la 
pluma para escribir, resultaba siempre alguna carta llena de 
ternura y de dolor. 

¿Qué se ha hecho di^ mi libre albedfío? me décia yo á mí 
mismo. Esta continua necesidad de hacer lo que no quiero, ¿no 
es una subversión de mi cerebro? Esto no me acaecía antes* Fácil 
fuera esplicarlo en los primeros tiempos de mi arresto; mas ahora 
que ya me encuentro familiarizado con la vida de encarcelado^ 
ahora que mi fantasía debiera hallarse en dulce calma, ahora que 
tanlo me he alimentado con reflexiones de sublime filosofía y de 
religión, ¿en^ qué^ consiste que venga yo á ser tan puerilmente 
esclavo de los ciegos deseos de mi- corazón?; Ocupémonos de otra 
cosa. 

Dediquéme pues á la oración y al penoso estudio de la lengua 
alemana.. ¡Vanos fueron mis esfuerzos! lo que escribía era una 
carta. 



Semejante estado era una verdadera enfermedad^ y aun no 
sé si debiera decir una especie de sonambulismo: era á no dudar^ 
lo^ efecto de un gran cansaiicio producido por la vigilia y ía 
aplicación. : i 

Fue en aumento; el insomnio y el desvelo se ampararon dé mí 
todas las noches. En vano dejé de tomar café por la tarde^ mis 
ojos se cerraban. 



316 EL PENéxMiENfO 

* Parébia haber en mí dos hombres ; de los •cuáles el ,unó solo 
quería escribir cartas y eV otro, ocuparse ;de otro objeto. Pues 
bien, dije^ transijamos; escribiré, cartas, pero las escribiré en ale- 
mán, de ese modo me perfeccionaré en el idioíría. 

Desde aquel momento lodo lo escribía eñ mal alemán^ y lo- 
gré en efecto hacer algunos progresos. ' 

Por la mañana, después de haber velado largo rato, mi ce- 
^rebro debilitado caia en una especie de sopor: empezaba á so- 
'ñar ó por mejor decir á delirar^ parecíame ver á mis padres 6 
amigos condolerse de mi suerte^ oía sus lastimeros sollozos, y 
pronto me despertaba asustado y sollozando también. 

Otras veces durante aquellos sueños de corla duración creia 
óir á mi madre consolar á los demás, entrar con elloá en mi en- 
cierro dirigiéndome las mas serias espresiones sobre el deber de 
la resignación; y cuando me regocijaba al contemplar el valor de 
todos ellos, rompía en amargo Manto mi madre^ y los demás la 
imitaban. Nadie podrá esplícar cual ise raísgaba en aquel mo- 
mento mi auna. 

Por él autor, 

A. Aparisi y Guijarro. • 



CROMCjI. 



{ffó$8ánttaríTes\eces¡hos8annaí 
Porque ya se ha votado la autorización. 

Y se ha cimentado la confianza. 

Y vivirán holgadamente. 

Y tendremos caminos de hierro, aunque no se cuiden tos de piedra, y no 
se traté de hacer los vecinales. 

¡Hosmñnal tres veces /^ox^anna.'^ 
Ya pagamos á la moderna. 

Aunque con tu permiso, lector amigo, á mi se me figura que todavía no 
vivimos á la idem. 

Sea esto dicho con perdón de un grande hombre. 

Y pagando á la moderna también iremos subiendo un escalón mas para 
llegar al gremio de los elegidos. 

Y todos tendremos aspiraciones de hacerla felicidad del país, sipí olvidar 
la propia, se entiende. 

Caridad bien ordena($si ya conocen el final* . 

Terq^e quaterque btati, ' . 

Los años pasarán volando. 

Y con ellos volaremos nosotros hacia la eterna felicidad. 



• ••■..•• 

Y la isupirétiiá felicidad para algunos^ ¿$ en pariamehtaripio cároí. -. 

Y caanto mascaro tnasfélícidad. ,. > t >>; 

Tú crees que no, lector amigo , pero ya sabes que tú ni yo somoá Yoto 
en estas materias del inarmUlosú artificio. • ' ' > '- • / '• ' ' 

' Tú y yo no podemos oí debemos hacer mar ^e pagar cada tres meses 
pafa que nos den lo que^ hace tiempo nos han ofrecido el darnos. 

Pero siempre estamos esperando con la boca abierta. 

Y nada» absolutamente nada entra por ella; ni una mosK». 

Por egemplo; tú dices que ya que pagas mucho quisieras que te dieran 
seguridad al menos. 

Y por no enfadarte, crees algunas veces que sueñas que la tienes . 
Pero te despierta la voz del Sr. Canga Arguelles, quien interpelando 

fuertemente al gobierno, dice que son tantos los robos sacrilegos que se han 
perpetrado durante el pasado año, que casi sale á uno por dia. 
Esto sin contar los que no pertenecen á esta clase. 

Y tú y yo, como buenos cristianos que somos^ y que tenemos en mu- 
cho la honra y prez de nuestra religión santa, decimos . también al go- 
bierno. 

¡Ubinam gentium summ! ¡in qua urbe vivimusf 

¡Cómo asi! ¿Gobierno de nuestro bolsillo, y que para contentarte no nos 
duelen prendas , permites que teniendo upa guardia civil inmejorable , y 
unos tribunales celosos de hacer justicia , se cometan cada dia crímenes que 
avergonzarían al pueblo mas escéptico entre los escéptícps? 

¿ Por qué no averiguas las causas de este desenfreno y de tan grande 
inmoralidad? 

¿Cómo quieres que se respete por Ips malvados la seguridad individual 
ni la propiedad, sino se respetan la seguridad y la propiedad de las cosas 
de Dios? 

Y sino tomas un medio pronto , eficaz , para atajar este mal que va 
haciéndose crónico, ¿cómo^ repito, has de estranar que los inmorales y los 
criminales no lleguen un dia á mofarse dé tu poder y te insulten cara á cara? 

A esto se me responderá , no lo dudo, que ya hay un Código penal que 
castiga toda clase de delitos según su mayor ó menor culpabilidad. 

Pero gobierno nuestro, te argüiremos; ¿cónlo no has echado de ver, y 
serias muy torpe si te obstinaras en tener los ojos cerrados, que el tal Có- 
digo penal es insuficiente para el caso que hemos llegado, y que no basta 
toda la actividad de la Guardia civil, ni el celo de los tribunales para cortar 
un mal que no sabe atajar la ley por la que haq de juzgar? 

' Y si como nosotros, [oh gobierno! estas persuadido que de ahi proviene 
el mal , ¿ por qué no le reformas? 

Pero basta: porque asunto es este que merecería ser tratado con mas 
detención. 

Se me olvidaba: ¿creerás lector amigo, que el ministro de Gracia y Justicia 
al contestar al Sr. Canga Arguelles , dijo que si se cometían robos sacrilegos 
tan repetidos en. sitios despoblados, era porque allí se acogían los criminales 
de profesión , estando tan activamente perseguidos en las ciudades y los • 
caminos por la fuerza destinada al objeto? 

¡Es mucha candidez la del Sr. Fernandez de Lahoz! 

Dicho se está , á creer al Sr. ministro, que los santuarios é iglesias que 
no estao eli grandes poblaciones, pueden ser pasto de los ladrones que huyan 
perseguidos. 

Se bao robado templos que están en poblaciones. 



318 EL fmsümmio 

, - ...» 1 

¡Como 3i l09 tenritorios deshabitados no pertenecieran á España! 
¡Es mucha la lógica de un ministro parlamentario^ 

^Aotraeosa* 

Dicen que la estrella de Vicálvaro se ha eclipsado* 

No es QBítraño: doce liombres de corazón son muchoscorazonesparaun 
pais que no ha podido abrigar ni quiere abrigar mas que uno. Pero que 
éste sea bueno. 

Si pones lector amigo muchos corazones en un solo cuerpo, ya verás 
como, d tal cuerpo no tarüará en bailar el baile de San Vito. 

Y todo serian convulsiones y pataletas. 

Y estiramientos de nervios. 

Y síncopes. 

Y desmayos. 

Y al fín y á la postre la muerte. 

Porque doce corazones necesitan mucha sangre para vivir. 

Y muchas arterias. 

Y muchas venas. 

Y un soto cuerpo no tiene mas que lo necesario para vivir. 

Es verdad que á veces los estremos del cuerpo se van secando y aniqui- 
lando, porque toda la sangre va refluyendo hacia el corazón. 

Sobre todo cuando es un corazón qué exige para irse sosteniendo mil 
nuevecientos ochenta y cuatro millones de gotas trasformadas en 'reales de 
vellón , acuñados en la casa de la moneda, 

Y sobre todo que sean de buena ley. 

Y poco gastada. 

Es cierto también que este mismo corazón se reserva la facultad de de- 
volver al cuerpo lo que á él le sobra— que no es muclio — para que las estre- 
midades no pierdan la fuerza por completo. 

Y aun cuando suele devolverlos en moneda gastada y desconocida , tie- 
nes que aguantarte y recibir lo q^ue te dan, porque mas vale algo que nada. 

Aun cuando después te veas obligado á sostener una polémica con tus 
abastecedores^ Y hasta con d estanquero— si posees una garganta á toda 
prueba — para hacerles comprender que aquella moneda que rehusan procede 
inmediatamente del corazón. 

—Ahora no se habla de crisis, 

Pero se me figura que en mi próxima ya te hablaré^ 

No por eso creas que estoy iniciada en Jos misteriosos arcanos de la 
política. . , .j 

Te aseguro que soy completamente profano, y que lo mismo me importa 
oir hablar de crisis que del buey que rabió. 

Pero como en el maramlloso artificio, es la comidilla fayorj[ta„ poi; eso 
te decía que para mi próxima ya tendríamos de qué ocuparnos. 

Solo me fundo eq que se ha votado ya la autorización para cobrar los im- 
puestos. ' 

Y asi como en la casa que no hay harina todo es mohína , mientras no 
hay una autorización de por medio , nadie quiere tomarse la molestia de pe- 
dirla por temor de atrapar una laringitis. 

Asi también cuando la casa está bien surtida ó se tiene autorización para 
ello , todos ansian coger la llave de la despensa para despacharse á su gusto. 

Cuando yo te decía que el parlamentarismo es una comedia 'muy entrer 
tenida, sabido me lo tenia: y ahora te añado qiie seria mucho mas divertida 
sino fuera tan cara é hiciera llorar á veces. 



i 



1>B tAtBNCU. 319 

— Tamíien me hd reído yo del número 57 : pero esto pertenece á la h¡s- 
toria^ y yo solo quiero ocüparnae del presente. 

Y aun así y todo, siempre oigo decir que ando rezagado. 
Enterremos pued el 37 que es un núaiero muy feo. , 

Y j[)ara algunos , hasta doloroso. 

— Según dicen , las sesiones del congreso empiezan mas larde de lo ordina- 
rio porque los señores diputados andan algo perezosos en asistir. 

Nos hacemos^ cargo que la Ristori necesita cama. 

O al menos levantarse tarde. 

Aun cuando no exija absolutamente el acostarse temprano. 

Por eso una buena parte de los padres valencianos se retiraron con tiem- 
po á la sombra del Miguelete. 

Donde se disfruta de una agradable temperatura. 

Y se escusan de votar la autorización. 

Y se evitan compromisos. 

Y luego dirán.... ¿pero qué importa la chismografía de los que no son ni 
electores ni elegibles? 

La de los primeros ya es otra cosa. 
Pues la de los segundos... ;vaya un grano de anís! 
Lector mió : sino te gusta la monserga del parlamentarismo te digo que 
üo ere^ hombre de gusto. 



-^Orsifií y Pierrí perpeiradorifs del atentado del íká^ Enero contra el em- 
perador de los franceses,. bao sido guillotinados el 13 del actual. A su céro« 
plice Rudio sentenciado taimbiená sufrir igijuil {tena le ha sido coomutada por 
la de trabajos forzados para toda su vida. 

A pesar del horror qnie causó aquel cvfmen iK>r solo en París sino en toda 
Francia , los anarquistas aunque en número reducido trataron de producir 
cierta agitación, según unos para libertar ¿ los acosados , según otros parn 
secundar el movimiento repúUieo-sociaUsta que se estaba preparando en toda 
Francia. En efecto el mismo día que se notó en el arrabal de San Antonio 
de Paris el movimiento que se sospechaba y que la fuerza pública disipó al 
momento ,. recibió aviso .el gobierno de que también se había tratado de per- 
turbar el orden en Chalons y en Dijon. £n ambos puntos , empero , fué es«- 
eáso el número de tos alborotadores <pKi se presentó ^ y las autpridades no 
tuvieron que ! emplear grandes esfuerzos para mantener la tranquilidad. Ei 
gobierno imperial había previsto de antemano estos sucesos , y alg^nos dias 
antes había dispuesto el conveniente arresto de algunos sospechosos, á quie- 
nes se creta afiliados en la grao sociedad secreta que tanto y tan activamente 
trabaja á la Francia. Uijose al principio que estas prisiones habían sido muy 
numerosas, pero el periódico oficiai del imperio para desvanecer estos ru- 
mores dice que Solo han sido cincuenfta en París , veinte en Lyon , doce en 
Marsella; y sobre cuatro , término medio en cuarenta departamentos. Todos 
estos presos deben ser llevados á la capital , para ser juzgados alli según la 
nueva ley. 

Con el significativo titulo de El Emperador Napoleón III y la Ingla- 
terra se ha publicado en Paris un folleto que ha causado no solo gran sensa« 
cion pública, sino que ha llamado la atención de la prensa inglesa. Escrito 
con notable moderación y gran templanza, su autor después de hacer una 
sucinta relación de los atentados que se han oi^anizado en Inglaterra por los 



3*^0: EL. PEK^ikMIENTO 

refugiados político? y aun por algunos ingleses contra la vida del e]BpQi:ador; 
después dé esponer los rnotwos de resentimiento que la Frs^ncia puede tener . 
contra Inglaterra, por ver que en su seno, y sin que el gobierno británico 
adoptase medio alguno para cortarlos, se fraguasen y aun se lleyasen á cabo 
planes revolucionarios contra la existencia del imperio y lá vida del ennípe- 
rador, concluye diiciendo que la alianza de las dos naciones se debe única y 
escíusívamente á lá convicción personal del emperador, y que solo el gefe 
del Estado es el que ha podido dominar los odios y las preocupaciones que 
el pueblo francés tenia contra la Inglaterra desde muy antiguo. 

Este folleto, como acabamos de decir, ha causa,do cierta impresión favo- 
rable en la prensa inglesa. El Tintes confiesa que está escrito con gran mo- 
deración y que los hechos que cita son irrecusables , y por ello cree que la 
Inglaterra no puede negarse. decorosamente á introducir algunas reformas en 
sus leyes hospitalarias, que sin amenguar la libertad de los refugiados polí- 
ticos que en ella se acogen, les impida fraguar conspiraciones ni llevará 
efecto crímenes como, el perpetrado el 14 de Enero últfnao. 

Sin embargo, á pesar de esta modiGcacióh eii las opiniones de la prensa 
inglesa; á pesar de la situación un tanto precaria de aquel gobierno, envuelto 
como se halla en una cuestión de vida 6 de muerte para él , como es la in- 
surrección de la India ; á pesar de la necesidad que tiene de conservar á toda 
costa su unión con la Francia, mucho dudamos qué el gabinete de la Gran 
Bretaña, por muy animado que se halle de buenos deseos, y no se puede du- 
dar de ello contando en su seno á lord Derby y á Mr. Disraeli , pueda intro- 
ducir en su legislación medida alguna que corte de una vez y para lo suce- 
sivo las maquinaciones y planes que á su sombra se fraguan contra los esta- 
dos del continente: y lo sentimos asi porqifie la historia, gran maestira de la 
vida, nos enseña que nüñca jamad la alianza y la unión de los pueblos fran-^, 
cés éiliglés ha sido sincera y lealmente profesada^ bastandp casi siempre uto 
pretesto fútil para que los antiguos odios y el eterno antagonismo reVivan,- 
y se renueven luchas que tanta sangre han costado por ambas parteg. Empero 
es preciso comprender que las circunstancias que hoy dia rodean á la Europa 
óMigán á mantener ^actualmente esa unión por aparente que sea entre ambos 
pueblos; porque una lucha abierta ahora, produciría á no dudar males sin 
cuento, y que á todos cuaimas, cual menos, alcanzarían y tendríamos que 
deplorar. ' 

Bernad, el cóniplice de lo6 regicidas de Parfs, será juzgado por el tribu- 
nal criminal de Londres. - 

•i— La guerra civil que había estallado en Mégieo empezando por arrojar de 
la presidencia de a<]fuella república á Gomonfort, parece próxima á calmarse 
bajo la presidencia del general Zuloaga, á quien se han sometido la mayor 
parte de los pueblos Este, según las últimas noticias, parece que habia ase- 
gurado al encargado de negocios de Francia se hallaba dispuesto dar á España 
cuantas satisfacciones fueran compatibles con su dignidad y su decoro. 

— D. Manuel Galindo,' de cuyos trabajos caligrafíeos nos ocupamos en uno 
de nuestros anteriores números, ha sido agraciado por S. M. con la cruz de 
Carlos III, y nombrado ademas calígrafo de su real cámara. 

Luis Miquel y Roeei., 



. '.,¡ . 



k 



Hace quince auos O^agum tevi humani spatiumj , que se 
escribió el artículo que hoy reproducimos en El Pbnsamibnto. 
La tristeza y el desfallecimiento del espíritu del autor se refleja- 
ron en su obra. Eran los tiempos en que la escribió, turbados y 
obscuros; triste el présenle, espantable el porvenir. No es mucho 
mas risueño el tiempo actual ; porque si bien el cielo parece mas 
despejado, se ven sin embargo nubes que amenazan tempestad. Y 
lo hemos dicho , y lo repetimos : siguiendo, cual hoy las cosas, 
la tempestad vendrá y estallará , y nos traerá dias de indecible 
confusión y quebranto. Hé aquí, pues, el artículo que se impri- 
mió en los dias de Semana Santa de 1843. 

LOS TRENOS DE JEREMÍAS. 



La Iglesia está de lulo; recuerda y solemniza aquellos grandes 
dias , en que todo un Dios permitió que le clavasen en una cruz 

{)ara salvar al mundo, é inclinando su cabeza coronada de espinas, 
o salvó. Cubiertos se vea de gasa fúnebre los altares, los sacer- 
dotes están enlutadoSjTel santuario lleno de misteriosas tinieblas. 
Al bollar el cristiano sus losas sagradas^ siente estremecerse el 
pie y su ánimo sobrecogerse de santa y magestuosa tristeza, 
porque aquellas tinieblas, aquel luto, aquella gasa fúnebre que 
en señal de desconsuelo cubre el tabernáculo del Señor , le dicen 
con voces mudas, pero elocuentes, que ha muerto Jesucristo. 

Los brazos abiertos, como para abrazar al mundo, y hecho la 
mofa del mundo, Jesucristo espiró.... Los ángeles lloraban. 

La Iglesia , á la luz de la fe , contempla en estos dias á Jesu- 
cristo cargado con una cruz, á Jesucristo espirando, á Jesucristo 
descendiendo al sepulcro; y ved por qué solloza y vístese de luto^ 
como viuda inconsolable. 

En medio del santo silencio y de las sombras misteriosas del 
santuario , resuenan , haciendo llorar ai alma , unos cánticos de 
tristeza inefable. En todos los ángulos de la tierra el pueblo arro- 
dillado escucha religiosamente aquellos melanc^icos acentos, 
acentos que há veinticinco siglos, cubierta de ceniza la cabeza^ 
exhalaba Jeremías á vista de las ruinas de Jerusalem. 

Nabucodonosor, aquel gran rey que soñé hacerse Dios^ y tan 



322 EL PENSAMIENTO 

luego le locó la mano de Dios, descendió á ser menos que esclavo, 
habia entrado á fuerza de armas á Jerusalem , y asolado sus edi- 
ficios, y abrasado su templo, y llevado á la flor del pueblo judío 
en duro cautiverio á la altiva Babilonia. 

Cuarenta y cinco años hacia que el gran profeta derramaba 
lágrimas^ y las interponía entre Dios y el pueblo de Israel, por 
ver si moviéndole á penitencia, podia apartar.de sobre él la cóle- 
ra divina. Mas al contemplar que sus abominaciones la habian 
hecho por fin estallar, que era grande como el mar el quebranto 
de Jerusalem, tan grande como la insolente alegría de la triun- 
fante hija de Edom , sentóse et profeta á llorar , y suspiró entre 
las ruinas de su pueblo sus inefables lamentaciones. Pero cuando 
lloraba la desventura, dispersión y cautiverio presente, veía tam- 
bién con la luz del cielo, y lloraba al propio tiempo la desventura 
por escelencia que un dia, y en castigo de su atroz deicidio caería 
sobre Jerusalem ; la dispersión sin egemplo por la que arrojados 
sus hijos en medio de enemigas naciones , seríanles teslimouios 
vivientes de la viviente cólera de Dios; y el cautiverio por fin 
en que habia de tenerlos el espíritu de las tinieblas, hasta que 
adorando en Jesucristo al Dios ^e Abraham, les reuniese éste por 
su piedad infinita al pie del monte Nevo; y allí, á vista de la mis- 
ma nube que viÓ Moisés, y se manifestó á Salomón en la dedica- 
ción del templo^ les descubriera , brillando de magestad y miseri- 
cordia, el arca de la alianza • 

Por esto y por ser tales cánticos la espresion mas viva del 
mas profundo dolor, úsalos nuestra madre Iglesia en los días de 
mas triste y sombría solemnidad. 

Abrid el libro santo, y leed: 

Y aconteció , que después que Israel fue reducido á cautive- 
rio, y Jerusalem quedó desierta; se sentó el profeta Jeremías llo- 
rando, y endechó sobre Jerusalem con esta lamentación , y suspi- 
rando con amargura de ánimo, y dando alaridos, dijo (1): 

—¿Cómo está sentada solitaria la ciudad llena de pueblo? ha 
quedado como viuda la señora de las naciones : la princesa de las 
provincias ha sido hecha tributaria. 

—Los caminos de Sion están de luto, porque no hay quien ven- 
ga á las solemnidades: todas sus puertas destruidas^ sus sacerdo- 
tes gimiendo, sus doncellas desaseadas, y ella oprimida de amar- 
gura. 

— ¿Cómo cubrió el Señor de oscuridad en su furor á la hija de 



(1) Versículos entresacados de los cuatro primeros capítulos de los 
Trenos de Jeremías* 



DE YALENCU* 323 

Síon? arrojó del cielo á la tierra la ínclila Israel , y no se acor- 
dó de la peana de sus pies en el dia de su furor. 

—Y de la hija de Sion se fue toda su hermosura: sus príncipes 
han sido como carneros , que no hallan pastos ; y se fueron sin 
fuerza delante del que los iba siguiendo. 

—Los hijos de Sion, ínclitos, y vestidos de oro muy fino, ¿cómo 
han sido reputados por vasijas de barro, obra de manos de al- 
farero? 

—Los que comian deleitosamente murieron en las calles: los 
que se criaban en la púrpura, abrazaron el estiércol; 

—Todo su pueblo gimiendo y buscando pan : dieron todo lo 
que tenian mas precioso por comida para refocilar su alma. 

—Llamé á mis amigos, y ellos rae engañaron: mis sacerdotes y 
mis ancianos fueron acabados en la ciudad.... 

—Mira, Señor, y considera á quién has vendimiado asi.... ¿Con 
que es asesinado en el santuario del Señor el sacerdote y el 
profeta? 

—Quedaron a fuera tendidos en tierra el mozo y el viejo; mis 
doncellas y mis jóvenes cayeron á espada : los malaste en el dia 
de tu furor : los heriste y no tuviste lástima. 

—Llamaste de los contornos como á un dia solemne á los que 
me aterrasen , y no hubo en eldia del furor del Señor quien es- 
capase , ni fuese dejado: los que crié y alimenté, mi enemigo los 
acabó. 

—¿A quién te compararé? ¿ó á quien te asemejaré, hija de Je- 
rusalem? ¿á quién te igualaré, y te consolaré, oh virgen hija de 
Sion? pj^rí^ue grande es como el mar ta q^uebranto:. ¿quién te 
remediará? 

—Tus profetas vieron para tí cosas falsas y.necias, y no te 
manifestaban tus maldades para moverte á penitencia.... 

--,¡0h vosotros^ todos los que pasáis por el camino, atended y 
mirad si hay dolor como mi dolor!... 

—Palmearon por tí con las manos todas los que pasaban por el 
camino:, silbaron y menearon sa cabeza sobre la hija de-Jerusa- 
lem,. diciendo: ¿Es esta la ciudad de perfecta hermosura, el gozo 
de toda la tierra? 

—Gózate y alégrate, hija de Edom, que moras^ en tierra de 
Hus: á tí también llegará el cáliz, embriagada serás y desnudada. 

—Abrieron sobre tí su boca todos tus enemigos: silbaron y cru- 
gieronJas dientes y dijeron: Nos la tragaremos: ea, este es el 
dia que esperábamos , lo hemos hallado , lo hemos visto. 

—Levántate , alaba de noche en el principio de las vigilias: 
derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor ; alza 



32i BL PENSAMIENTO 

á él tus manos por la vida de tus chiquitos que desfallecieron de 
hambre 

iQué poesía! aun cuando solo humanamente la consideremos^ 
¡cuan bella y augusta poesía! Asistimos á la ruina, contemplamos 
la desolación de JerusaJem. ¡Qué imágenes, qué espresion, qué 
colorido \ y sobre todo i qué tono tan lúgubre y desconsolado! 
Jamás encontró la musa cristiana una voz mas dolorosa , fuera 
isea la de Job ; pero Job personificaba á la humanidad en el mas 
subido grado de sufrimiento^ y por eso arrancaba de sus entra- 
ñas aquel grito de («¿por qué fue concedida luz al miserable y 
vida á aquellos que están en amargura de ánimo?» 

El ilustre Bossuet decía, que Jeremías había igualado las la- 
mentaciones con los dolores; y críticos distinguidos han reputado 
sus trenos como el mas bello modelo de poesía elegiaca que nos 
haya quedado de los tiempos antiguos sin encontrar rival en los 
modernos. Nosotros que así lo creemos, pensábamos en prueba 
de ello revelar alguna de sus admirables bellezas; mas al abrir el 
libro de la vida y al releer las lamentaciones, sentimos agolparse 

las lágrimas á los ojos, y caerse el libro santo de las manos 

No es eslraño, pensábamos en nuestra patria; al través del polvo 
de Jerusalem, veíamos el cadáver d^ España. 

¿Cómo pudiéramos conservar bastante serenidad en la cabeza, 
y sosiego en el corazón, para hacer notar las bellezas literarias de. 
los versículos trascritos^ cuando las grandes verdades que en- 
cierran y las terribles desventuras que pintan^ pueden casi exac* 
lamente aplicarse á nuestra patria infortunada? ¿Qué hemos visto 
nosotros^ infelices? Estábamos en la cuna y aun casi retumbaba 
en nuestros oídos el estampido del canon francés; la leche que 
mamábamos era amarga. Apenas habíamos llegado á la edad déla 
infancia, y en vez de entregarnos, á la inocente alegría de sus 
juegos rodeábamos á nuestros padres tempranamente envejecidos, 
y escuchábamos de su boca la historia de las desgracias pasadas 
en medio de las presentes desventuras. 

Nuestros padres nos decían: hijos mios, el cielo os conceda 
gozar de días mas apacibles y serenos: ¡votos sagrados^ mas no 
oídos por el cíelo! 

¿Quién de nosotros al poner el píe en la carrera de la vida no 
retrocede con espanto? ¿Quién de nosotros no ha llevado luto por 
su padre ó su herniano, ó su mas tierno amigo, muertos en 
guerra fratricida? ¿Quién de nosotros no ha lanzado un grite de 
terror cuando arrancaba la peste mas cruel de nuestros mismos 
brazos, y de un solo golpe, a la madre que formaba las delicias 
del corazón; á la esposa^ encanto de la vida; al bijo^ esperanza 



I 

i 



BB VALENCIA. 325 

de la vejez? No hemos visto sino calamidades; sangre en los 
campos^ sangre en las ciudades^ pesres, miseria^ revoluciones 
sucediendo á revoluciones^ guerras civiles brotando de otras 
guerras civiles; y á España por todas partes despedazada y becba 
un cadáver^ cuyos restos miserables dispútanse perros hambrien* 
los y devoradores. 

Y no es esto aun lo mas doloroso; lo que aflige desesperada- 
mente el ánimo es levantar los ojos al cielo para leer en él una es- 
peranza siquiera^ y no ver en el borizonte sino señales de próxi- 
mas y mas desoladoras tormentas. 

Tus profetas, decia Jeremías bablando á Jerusalem, vieron 
para tí cosas falsas y necias. También nosotros bemos tenido 
profetas semejantes; mas aquellos no insultaban al menos las lá- 
grimas de Jerusalem, diciéndola que era dicbosa. 

¡España! ¡Desgraciada patria mial ¿Cuál de tus buenos y lea- 
les hiios no derrama inestinguibles lágrimas al contemplarte, y 
cuál de ellos no esclama coa grande alarido á semejanza del pro- 
feta de los dolores? 

¿Cómo está sentada solitaria la gran nación que llenaba á los 
pueblos con sus egércitos, el mar con sus navios, el universo 
con el ruido de sus glorias? 

¿La que arrolló^ lanza en mano, á los guerreros de Ismael; 
envió sus bijos á Grecia^ y Grecia cayó á sus pies; tronó en Le- 
panto, y estremecióse la media luna sobre las mezquitas de Cons* 
tantinopla; voló á Pavía y recogió la espada de un gran rey; atra- 
vesó las soledades del Occéano y plantó en un mundo nuevo un 
estandarte divino? 

Los pueblos temblaban al sonido de su voz ; los reyes se al- 
zaban en sus tronos para acatarla. 

Y ella, querida del cielo, resplandecía en medio del mundo 
que silenciosamente se le inclinaba, con un manto de oro sobre 
sus hombros, la corona de veinte naciones en su frente , el cetro 
de dos mundos en su mano. 

Ha caido, ha caido del cielo la estrella^ que entre todas mas 
bellamente lucía; ha quedado como viuda la reina de las nacio- 
nes; ¡mirad la señora de las provincias^ cómo ha sido hecha tri- 
butaria! 

Gomo á una prostituta la han tratado; sobre ella misma ras- 
garon su manto de púrpura, dejaron en su frente para escarnio 
una sombra de corona, y en su mano pusieron una cana infame, 

Al estampido del canon se agitó: era muy lúgubre aquel es* 
tampido; volvió los ojos y vio descender á un rey del trono para 
entrar en el sepulcro. 



32^ EL PENSAMIENTO 

AI rededor de aquel sepulcro agolpáronse sus hijos; ninguno 
lloró; miráronse muchos con furor^ y debajo de sus mantos cru- 
gian temerosamente las armas. 

La hija de. la desventura dio un largo gemido. 

¿Quiénes son esos que tan furiosamente se combaten? ¿Quié- 
nes son esos cuyos ojos centellean de alegría al despedazarse 
unos á otros, y beber. bárharamente su sangre? 

La hija de la desventura á unos y á otros les llamaba sus hijos; 

Lo que huye de la espada^ devóralo el fuego; lo que escapa 
del fuego, la hambre lo consume. El ángel de la venganza va á 
acabar con los primogénitos del pueblo maldecido. - 

Senor^ tu ira estalla sobre nosotros: Señor, tu ira sé ha re- 
doblado. 

Ese cielo está encapotado y sombrío: del Norte , del Norte 
viene una plaga devoradora. Los pueblos saltan de terror: estre- 
mecidos le han dado un nombre espantable; ese es su nombre^ 
esa es la cólera de Dios que pasa entre vosotros para visitar las 
entrañas de mi patria. 

Ensanchad esas lúgubres ciudades , moradas de los muer- 
tos.— Hasta mañana^ amigo mió.— Un mensagero llega: tu amigo 
está espirando — Otro: tu amigo ha espirado; 

¿Por qué tan mustias y tan solitarias las calles? ¿Por qué has 
descendido á los subterráneos, como si allí no te, viese la ira de 
Dios? Asoma la desmelenada cabeza, y verás; aplica codiciosa- 
mente el oido, y oirás; los que van por las calles, atónitos van, 
espantados, precipitadamente, como si la muerte les siguiera; ne-. 
gros ataúdes cruzan lenta y melancólicamente por ellas , y «n 
hoyo profundo caen mezcladas la juventud y la vejez , el que fue 
rico, el que ya no es indigente. 

Ahora sí que sois todos iguales. ¡No han podido los grandes 
alcanzar las vanidades de las pompas fúnebres! ¡No han podido 
disfrutar ni de. un sepulcro de piedra! Tenia prisa la muerte. 

La recien desposada huye del lecho de su esposo; la madre 
deja caer en tierra al pequeñuelo que colgaba de su pecho. Pero 
tus sacerdotes ¡buen Dios! van á' pagar el odio y el desprecio ro- 
deando amorosamente el lecho de los moribundos. 

Apiñaos^ sacerdotes de Dios, los que te hacéis descender del 
cielo con vuestra palabra; apiñaos al derredor del altar, á la som-^ 
bra del mismo Dios.... esos tigres golpean con hachas sacrilegas 
las puertas del santuario, las han despedazado, precipítanse de 
tropel. El infierno se alegra. Apiñaos al rededor del altar, sacer- 
dotes del Altísimo. 

¡Maldición sobre tí, hija de maldición! ¡las losas del santua- 
rio están bañadas de sangre! 



DE VALENCIA. 327 

iLa sangre de tus hijos^ Senor^ ha salpicado tu altar! Señor^ 
tú has visto la sangre de tus hijos. 

Por todas partes estalla el eslruendo.de armas; por todas alum- 
bra ruinas la luz de los incendios ; por todas álzaose bramando 
los pueblos. 

¡Dejad que esos hombres luchen y se despedacen! ¡Dejad que 
arrastren á sus mismos caudillos! ¡Dejad que invadan embriaga- 
dos el alcázar de sus reyes! 

Pero ¡madres, no esperéis abrazar á vuestros hijos! Vestios 
de luto, ¡oh vírgenes! no escuchareis palabras de amor de la boca 
de vuestros amantes. El sepulcro no restituye su presa. 

¡Bienaventuradas las estériles, al menos no morirán por el 
crimen de haber engendrado un hijo! ¡Bienaventurados los que 
no tienen padre; esos niños los tenian y ya no existen! ¡Biena- 
venturados sobre todos los que no han visto la luz en estos dias 
de maldición! 

Todo el pueblo está gimiendo y pidiendo pan; todo el pueblo 
siente el filo de la espada sobre su cabeza. Pero el Senor^ al en- 
viar su ira sobre los pequeños, no se ha olvidado de las frentes 
elevadas. 

Los Proceres han trocado su manto de púrpura por los an- 
drajos de mendigo. 

Ese príncipe vive en ignoble cautiverio; hubiérale abrumado 
las sienes una corona de oro; pero lleva con dignidad la corona 
de la desgracia. 

¿Y eres tú también hermano de un rey? ¡Ah! pareces «eomo 
carnero que no halla pasto^ y vas sin fuerza delante de los que te 
van siguiendo.» 

A esa reina, á esa reina, la han coronado con corona de tri- 
bulación; sus amigos la vendieron; los que decian, ven y adorna- 
remos de flores, ¡oh ángel! tus caminos, la repelen y gritan con 
frió desden: muger^ vete.... y ella se va llorando; tos alaridos 
de sus hijas rompen el alma. 

¿A quién, oh patria, te compararé? ¿A quién te diré seme-" 
jante? abatida estás, exánime te postras, hecha un cadáver. 

Las naciones te han herido ignominiosamente con el pie, han 
reido con escarnio y se han hablado entre sí; ¿y esta es la nación 
que cenia con sus brazos la tierra^ y pudo con su solo nombre 
estremecernos...? 

Alegraos ahora que es llegado vuestro dia; y alégrate sobre 
todos , tú que te has vestido con nuestra desnudez, tú que te 
engrandeces con las desventuras del mundo; alégrate, que tam- 
bién á tí llegará el cáliz y serás embriagada; y se espantarán las 



328 EL PBNSIMIEKTO 

nacioDes al ver que ningún navio sale de lus puertos^ y se menti- 
rán vengadas al conten^plar las convulsiones de tu agonin. 

¿Pero qué tienes tú^ qué tienes tú^ patria mia, qué. exhalas 
ahora ese grande gemido^ y te levantas azorada de tu lecho de 
muerte? ¿Por qué revuelves á todas partes el semblante pálido y 
asombrado? ¿Acaso sientes bajo tus pies estremecerse la tierra 
con el rumor de amenazantes re>^oluciones? ¿Has oido acaso la 
voz de tus enemigos que riecia: uNos la tragaremos^ ea, este es 
el dia que esperábamos, lo hemx>s hallado, lo hemos visto? 

Cae de rodillas^ hija de la desventura^ cae de rodillas^ y cu* 
bre de ceniza tu frente^ y clama de lo hondo de tus entrañas al 
Dios de las piedades: 

Acuérdate, Señor^ de lo que nos ha acaecido: repara^ y mira 
nuestro oprobio (1). 

Nuestra heredad ha pasado á forasteros: nuestras casas á es* 
tranos. 

Huérfanos hemos quedado sin padre^ nuestras madres como 
viudas. 

Los ancianos fallaron de las puertas: los jóvenes de la danza 
de los tañedores. 

Falló el gozo de nuestro corazón: convirtióse en luto nuestra 
danza. 

Gayó la corona de nuestra cabeza: íay de nosotros! porque 
pecamos. 

Por esto nuestro corazón ha quedado melancólico; por esto 
se han entenebrecido nuestros ojos. 

A causa del monte de Sion^ que fue destruido^ raposas andui^ 
vieron en él. 

Mas tú, Señor^ eternamente permanecerás^ tu solio por gene- 
ración y generación. 

¿Por qué nos olvidarás para siempre? ¿Nos desampararás por 
largura de dias? 

Vuélvenos, Señor, á tí, y nos volveremos; renueva nuestros 
dias como al principio. 

A. Aparisi y Guijarro. 




(1) y«r$ícalo« eAtrestoados del capítulo 5.^ de los Trenos. 



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'"'■' Étitfe tódás las cértmotíiás religiosas á qiié convida ík Iglesia' 
á los crijtianos, es tal vez impostble encontrar otras trías l'rerhíí¿ 

¡subliníies qué las que ofrece la Setíiabíi Santa á la piedad deld^ 
feles. En estos días solemnes en' que todo ora, desde el Salva- 
a6r,titi^éála'\fctirtíá' haSlá íá liferrí que' ya rió sé cnüfe dé ti- 
nieblas; desde Jerusalep basta fíoma^ y de Rdma Hasta 1(1. más 
hútail^Je fle las choíaié xálÓliéáS, Iddo ef universo, inclinada la 
hhtTA éh'elipdivó, ¿efidraflla arpie de ésá crtíz que l^e redimió, 
flé esfe Cálfíitio eí! qtíé lá áarigrtí tutaea to&avíá, y de dóri^e' saltar 
la iidfc fetémá. .lias' para vm- lá i¿¡áter¡ósa Semahar eñ toda fó 
feá^ttlflcenclá de sU cultój bara émbdaáífáéf de esa; fé qué regOf^ 
cijft él áliiía, es preciso hallai^se eh íáfeíudad etfeniíi^ [éúatido' eT 
dbinin^Oí ^e Ránios abré 61 período de los doílorés diVlríos.',' "* ' 
Nci és entonces Rofñá' por quién suspir^ Jeremías e^ ¿óelícat 
feíüBirtáclOtí, en Rucias callea de Síbn Uót'ah por quéñádleTiéner 
á' Ms solemnfídadésV.SÍ' tel prbfelál fuera Ijésligo ' de 'esa soliiDitadf 

qué 

fía Vá conió éfí tiempo . - «^ ^.^^, 

^üfeolo éátá sentada en medio fleí desierto? lia señora de lás riáf' 
Ctóné^ há duédado cónjo viuda; lá reina dé Ibs provincias bstá' 
sóflfiétidí al lí^iboló, f dé todos los qué atalalra: ao ha4 quién s¿ 
presenté para ¿obsofórfe^.))^ ' " 

Hoy 
«(^cioi 

tfé lAdaii ._ , . .__.., . ,, ^_.„ 

jéniar ^árle en las sabtü^ tristezas dé lá muerte dé Jleáüs^ y en 
lúte aliEigWas de te Pascua. 

El raiércoleá de la Semana Saínfa ha' parecido, y yá el pueblo 
ób^tróye las tres callea de las columnatas de San Pedro. Los 
¿ríhcipés y los pobres!, íois artistas y los^ ignorantes, los Ingleses 

^i'otéslafites y las familias católicas', 16s Rusos y los humildes pe- 
egrinoá que desde lo alto dé las monlafias ó del profundo ¿le loS 
Valles han venido a btíséar la éspfefanía, y besar les pies del que 
evangeliza la paz, lodos están allí confundidos, mezcládfos entre' 
áí'por ün pritóéi- benelfldd de láReligloi^ todos aguardan impa- 
tóeiiftégsfeabfaftlásfpuerías'délá' capilla '" 

' -Hélá'á-aM'líúé se agitatf,- qíiié' fttedán Sobré Síife :goti^i (Té 
bronce: la remolinada muchedumbrp se prefcípífá erf él Yétínro;* 
luego comienzan los tres dias déiUuérte y db misterio* 

Tomo II. 12 



33Q «L I^^NSAMUSNTO 

El pálido boyero de las lagunas Pontinas^ el aldeano vecino 
del lago emponzoia^o de la Scrifatórra-^ <nedia eubiertos de su 
salvage veslimeDlá^ sé encuentran cara á cara con el rico viagero 
ó la alta señora á quien hace poco sesuian con su vista en los 
(^mposi^waiios cércateos i]jBj)oeli(^ sote Sbbre las baldosas 
dé esa capilla consagrada en él. Vaticano álaiUas pompas cristia- 
nas, lio hay ya distinciones ni. clames: sólo se ven calólícos que 
vienen á orarVluego. el iííserer^. que. hace resonar ÍQs.áuste^os 
ó querellosos versículos de su salijjodi^^ esplícá ,y comenta e3a 
gran lección dada jpór la Iglesia^ ' .,. / ! 

Allí, al <)aer de la larde, cuantío d^sol que se pone va. aieján-! 
dose poco á j>oco déla admirabléipiDiura yl fresco en que Migu^ 
Ángel pintó el /ultimo juicip, vibra á vuestros oijdos un (^o, 
como de mueHe ó dearrepenUmiento^.como. una d(s esas plegar 
rias cuya pa^tica armonía solo el aliña puede concebir. No cabéis 
de do vienen aquellos acentos de tan tierna mouotonía; sdio oís! 
unas voces que ora dulces ólormidaUes llevan á vuestras cor^--, 
zones la penitencia ó el ei^panto. Cuando á cada jirofélica lamen- 
tación, las voces se .paran como oprimidas bajo, las impr^iones 
que prpduceb, apágase un cirio, conio en iódas las Iglesias en 
que se canta el ioficio dei tinieblas^ y i la dudosa claridad qu9 
despiden en la oscuridad masjirofunda los demás que sucesiva- 
mente^ apagan. Jai vista ve levs^^itarse AUle sí los ,jgigantescos 
fantasmas que él genio de Miguel Ángel j)rec¡pita al pie del trono 
de ese Dios que juzga las justicias. Ye a los sepulcros ^ñire- 
abrirse^ á ios mueclos dejar sus ; sc^uUurasi, y trémulos de alp- 
gría^ ó pálidos de espanto^ asistir a la eterna separación dalos 
buenos y los malo^v . ^ ,. . ; 

En este momento en que él pasmo y la admiración emíbargan 
á los mas endurecidQs/np hay, cabeza que no se incline, ¿todo 
el mundo no^debéaquí enlra.r, denjt(rq de si mismo? ¿Xodp.jCÍ 
mundo no esta présente con el pensamiento á ése juicio que. ^l 
pincel tan osado de Miguel Ángel flguró sdbre la piedra?. <. 

Cuando todos los versículos diil Miserere han desplegado sus 
dolientes armonías, el Pápa^ vestido de lulo, se levjiniá qu. medio 
de la noche que le rodeaj su mano, que siempre bendice., se ¿s- 
tiende sobre U muchedumbre^ y esta que tenia arrépepUoúenttí 
en el corazón y lágrimas en los ojos, se aleja entonces mediíando 
el misterio á que sé la acaba d^ preparar; Juego, á cada ehcruoi- 
jada, á cada casa, se ()ét¡ene porque donde quiera eppuén^ 
una Madonna^ donde quiera cristianos. arrodillados. á sus piés^ y 
no hay «na voz que dé cerca ó de. Ie|os no protiímpa rpi¿l|?ndo 
este estribillo popular: < 

E viva María, 



I 






( .-/ ' 



DS VUBNÉIÁ. 831 



<••••■ :. 



I 



María vivia^; 
E tivá María, 
Bbhi la creó. 



» 



Al oír efite canto i ten 8Uftve> estas palalirag tao^ tilmas» se 
orMfia qué el pueblo ¡qw acaba de asistir á la agooía^ del Hija, 
quiere^ como digamos, •canscdár á b Aladre^ cuya alma va á ser- 
tao cruelttieiito despedacada>. ca7M:0Jos se* anegarifQ eu tantaá 



Pero antes qué todí) estuviera cottsumado, fesus^ ha4í¡a que*; 
rido dejarwos la posírimétó prenda de su amor. Había dicho:* 
«Este pan es mi cuer^)©, esléviho es ral sangre, feaced" esto en 
memoria de mi.)> Y lá Iglesia^ el Jíievés Santo- se adorna de to- 
dos sus esplendores, se envuelve' de todo su lujo^ á fin de dar 
testimonio á la sángféde expiación que va á coi^rér. Et-lblo, los 
acentos tó^óbres^efiepulcroi todo ha desaparecido; es un glo- 
rioso preludien de lá Pascua^ uúa resurrección anticipada cuya 
gran importancia compretide pérféotsfmente ef- cristiano. 

Asi desde lá maRána ^ la muttUud en trages d^ fi'esla , sitia 
esa' misma cápítta donde la tísperá, stígan las palabras de Isaías, 
ha llorado lodo su corazón. Efinciénso humea en rededor del 
altar, como en ios días eti qdeliaí Iglesia saluda con sus cantares 
de júbifo el tósebre dé Beiem , óceletira la vertida del É^fííritu 
creador. El -Papa cotocado en su trono , comulga bajo las do? es-, 
péóítes, y entonces ¡oh, sublime igualdad de íá primíri\^ Iglesia! 
los Cardenales,' chispeando db oro, cargados de púrpura, se' ade- 
lantan por óHen- de antigüedad*.* Be dos en dos, como sirapíes 
füeléfe, ser acercan ál labernácufo, para romper én manos del cele- 
bráhlí ieí pande vida qué a aquelia misma ííora ofíefció Jesús á 
sus 'Apóstoles; ,De allí escoltado dé toda su corte,, eP soberano 
Pontífice hienda las olas dé aquel' pueblo de cristianos árrodiltados 
en los máripoles del: Vaticano, y va á deponer procesionalmerite 
la hostia consagrada frente al sepulcro preparado para un Dios, 
en lii capilla Paulina. Trasládéindose tüegoi'á^ una dé las inmej^sas 
galerías donde fefael prodigo los tesoros de su paleta, y qué las 
artes cubren* coti sus obras maestras , p sus mas preciosoj? monu- 
mentos , se le vé acercarse á' doce pblíres sacerdotes i qué tiem- 
blan bajo el peso dé íá edad Sos nSános, que tienen ef' poder de 
atar y desalar énlá' tierra lo que será atado é desatado en el 
crélo, lavan los pies de aqujBlfos representantes de los Apóstoles,^ 
porqué aldíscípúlo no debe arredrar ningún? de' {as obras praó- ' 
ticadils por él macísíro, porque el Príncipe y el Rey,'á íiñágén del \ 
Dio^ cnyo intérprete és etí lá tierra^ deben humHIár su ébronjída 
frente ante eí;bí i^t>res por quien tanto ha heclio !a Bélír'^ ^ 





Verdaderamente desde aquella Jt^GJ^.^op^jke&za la Semana San- 
ta. En aquel pueblo tan sensible ¡ /aj|) apasionado y amante del 
tumulto^ no busquéis ya lo que/rorp^ su yi^a habitual. El pueblo 
romano con sus costumbres francas y sus inspirados cánticos ha 
^^sQpave^ido; eclífKSSúsé'i^p presencia: deücda tir»& eiibiecla d¿ fú- 
Qabff váo;. está tríale c0n>k Itístézaide ja tiglesija, tiara; comt^ 
HorahanJas sjifiifts.mii^efeáde;! £lafcviapjfa.<ítti4Mto. llegan laseeref 
g^QQÚis q^eiúin^una pklaka piUMdi^ egresar, euáneflQi^l i vierné^^l 
el silencio de sus cuatrocientas campanas le anunciaque el Bli^ 
queje, bfi^eQbQ ipa$. íi^j.flu^ .niinqaj,,;^!^^ paíáMa que 

ló^jíinVigMíífi fioDjMuw? no de$tin^baP|Si(njOsik s^íáí escífiv;ps €«Í|abtesi, 
Ipym ií^olificár^ con el díñela ^pJalglesiaéCus^ftda íqs Gardiei-' 
nales,^, s#ci9i^ eQcorva^o^. bajo, el. peso, de $u^ Ifirg^ ijuoftsas: 
U^ncas y peg^ras^^ se ant(^ran^ cpjrj ^nib^s rqdit^ papr adorar.al 
VrMci^iqaiJOi de quiep.son Jlo? .pr*m9roS:i8a<?erdiBt§í;:. cuando 'el; 
patriarca d« í^r,usalem,Todead(0, de sms pí^iapqs, viepft ^; nombre 
^b^ Judea dfiipiía. a. hupiiHar.ep eV polyp upa frente, qut^fdt» 
aUinge muisiilmaii b^. surcado frecuenleiftenle wa Ija^^gloripsa^ cir,. 
cajrices^ d¿Í martirio; ^1 puebla .qiffi.cowipíende y. pa^tifjipaj detesta 
fe*, sentado ^n torno (Je fa^. ligeras cpíjup-nas de i¡Dtárm9l. quj^. sfogr . 
tjenen la ba^íUcá, ora ooiji. Ios.ojqs^ ors^.póalo^lábió^ y el corazón,; 
. "Todo es ep él cristiano, y las aug,usias magnificencias q.uej, 
ostenta en ese dia la melro^^ del mqndo, no Üaman ya la aten- 
ción sino djé algunos, estrangeros; mas dí?jad que enme^io.d^^ 
S|^n Pedro aparezca, susjpjEJnsa die' ía, cúpula! que .^jareciB ;50uma- . 
versé,. Ja cruz, luminosa,, símbpíet para el de ía . mjae^^^^ l^j 
inraórlalidad: loh! énlpn9es a.qu él pueblo,. sep,uÍta.(í,Q;jpbj(jp. tóeif.i 
sti 'silencio, §e^tijemece cbp' s^nto pkcér* Ep«y,cruz que a iún^! 
señal dada alunjibna la Tastá íjíasilica, como un^ de^^e^^'ilifmii^á^i 
cíoíié^s m^^icág djé^ i% ..cif pula . dé . San Pedro , qqe'spIpi'^^P^ ^ 
^m^^ l^j9 WÍ^ |í^;í?r.»<>cfc^? «sta cru;z:;reY?lai oiif íila^e^pe^ 
ranzá Iiay. encerrad^ !^p, d senujóp que.l0sjudips^^3n..si^4^^^ yi'^ 
qué guardan, cojí^^ Bii lij;z, ^rijlüfxte. réílejá^en Ip*.. 

estatuas qüé;de¿pi:áft. íps ^epulprbp d'ei Jos JPap'a*, Sküw < eslá.ror 
rfead^ Ja. tesilipí^ cpooip de .glorio^ moriaja, y al aMe9Aoi,áé ^a?'- 
í^^^pí^oiiíJa iiiiágfin.jdel..ci;isUaqjsmp íefi ine^ip, dp ,%s4ip¡p^fei^,: 
déifó.yida,/ i cÁ,4f^,i)pc|uen6§. spá. ipíi ^robres: \c^niv^ü&a4o^, 
súf( D^|^saii^étjl,p5 cle,arabici9¿ jf. s.\^ sueños de Je|í$iclatl,! . 
,i ! |áf*»lp y efj;4 ii)<}fiie% ,eo ,que.el Papa,!á,pfe,s.a^g^í(í(> : 
dejpfl9;,el s^prp cp|^g;io, se p^stfa alpie íe aquella ,.pr;p35„!el 



hímñp de tqdplsi \qs dolpriésj ^IcantP de muerte, k&t'Sfi^atmfíri 
[t 'i#í#i^ '.'¿Ni? ^^''^^ PTO'ya i sa^i4a, 4ft .% .de. Ji(¿ ítp^^, , 



^e^^eijiaido-gptíre loda^a cjudat^/j Gfdjl íglftaw.,.i«tíeQ»dMja«ert 
&V^ Qf;Q^na,&fytpa de hl^, In^r^lu^4.^6faJ;ljte^;OfacioQell; perO' hftV 
9%i|Da¿ ()i)(^4ÍQaw uii9v trisleza. mas (Poé^ioii. <|ue olr^^. u^na ¡aa^ 

Sr;e$Jon i(^ \¡a a^QQ) rna? dírec^npefile .4 alma;; la^'*hdy> -que' leowd 
n'teslafiíentode muerle> mezpiafl oántico^ riUieyosiá le^^daLore» 
anti^^^.yitojqliQSibqvedasde^ la capilla m ()üe oraulasxái'me- 
l¡j^s/dx3:fsa, capilla lestigo^de taiilas; au3t«i:idiKiefi U]»i.religi(fé9rr 
óf^te ^ppflad9&,p9r tas bijas de las masi rmblea casas. Aeltoliaj 
^..oyé, :1.9^ yijBnies sabios ufl. himno q^^; no debe olvidarse aqUíi> 
.pe), cla^slfro; que Siíf^ (fe sepulcro i aqüetlas \oiunAa^iais 
rm lisas, el caalo que reproducimos se escapa.coínouoai meta a-i 
CvUcia in§pjifa;Qioi) ^ c^-e de (og l^tii^s de un poeta ^. ceuiei'bubieron 
¿ifi QC¡r,iffir df la. boca .de JapefBÍa^ las- j^rmoaioaas ; tiüste w^> yA^ 
sja^m^ alegrías., que se t^a apropiado, la Igle$to para '> es{)r68ar au 
^s(]{^jatQ( ó. su. a^fgría. .M 9qui eu (oda s«i;.p¡tidc^a smcWkzttíA 
^^ Ü^ntfíáo, por mMgei;es que qí inundo po c^Aocerrá Jams; ' 

. «:¡y^ 9 couQf I^ sSj9gr& de 1% alianzal ¡bréenla ha.ek diiAteo 
^l^diador! 4Q(¡Migftuév<^sie los eielosi^ él: rey de la inooeMía^s áos 
Yfiices^'priiadar, deloa híjQS d^Adaoir iGloriai laaiud para.cl alma 
red i ni) ida! ¡Tu ^lo podías co-pcebir e^le desi^mo^ obiOiOs, hijo 
4a.Dk%lJ^.'tiejrr9 esp^^.t^da ve repo^fVr su felicidad en tu seno.» 

( ,;« yerbo, ¡i)jQrea(jío, vícliiDa. repacienle, los^otivos. recoge» tus 
sus^ir9^. ..Pof'Copsiimer el sublinie misterio^ lu purísimo amoe 
se adelanta] ái que$(ro3« deseos* Juez Jet mundo^ ó si ^prdperes.ese 
taff. dijjoe; Bpmbr^ (|u^ te liio.ei araor>;£ordiero sjn.inaficillp^ in*^ 
n^a^,o,|iopt4^'berBpai)Qs, el Señor las peifdpnóipór liu sangre i»./ 
.. . <(Cu2|n(|0|la;.i)marUlei{ se .difaadi^rá.por bd^semblante ¡coaio.^ii 
qÍí^O^q v,eJQ^(:iiai^^ ppr yeuga^r tus . ultrages retf opedeitáiii loé 
^í§s,al:de^if)rte dQi I^s ¡cf^elos ; .ciidodo «íI /Etenao .solo Mfíjar& su 
)[j^Ía jEia A$iE^.|eru;s,,enr qm se duerme ^li HQmkf^-^DiOa^ permíle; 
L^h .fcsjiitsj fijue.ipi xilnia coq^lernaida pwda. vepte;eii ios braios 

. :«QHfbn?nlpjdQ;,esjlá por l3ft iflic|Oidades de J« tiarpa, y cargado 
con el peso de inaldades sin cuento, correa ofriefciertgu^ úiofeívr 
teS; mi^mbro^ ^; la, montana clqi>dei le agma^rdaiafr^ toso .madero. 
I4 «íu^ftiB, l^;qerca;poP' horribles ipfllss:, y su corazon;S6'abalapzib 
ei^ ;bus(^ del ;i^epulQrO' SaitofldQrQQrre su. saipgfe.de su teísle xo^ 
rqpaijialflgre eslftoppj un jcelro.de Q í . .,[•, , <,.? r í • ,» 

l.,.ocClo;)^;(]> si podeiSi» la^ heridas del Ijpcreadioíqjue.íraáimomr 
QOf. ppfqtíTos. £| cielo ^solamente comprenda latí inji^rías 4}qe ^ee^i^ 
ta^.l^l sfipsi delo&,i(erdPgQ$:.£l.Sipaí:;ipclinar^u. eiufúiada Gima;> 
téqihlado .l^p^Qj IÍ9ft:Ci^iyM)d«l jpegr9>líba:Qa} ift^muenteiniisinia ha 
W%áfti%^líoR«ilyMI yol ioHOtt')r«»ií^<* l>Q«l}r«9íodja,gOTiidpíi 



«¿Cónio liaiiiáreiiMMr#e9te aügtisto sacrificio? ¿Y ton qúéiiom- 
bre fe apeHidaremos^ fi' tí, tk inmolado; á fí, el santo; á tí/ bt 
jaato, que has querido desterrarle á la tierma? ¡Ah! deja que es- 
tienda/ que alce enagenado los brazos hacia esa cruz, testigo 
é instrumenlo de tu penar; en tus miradas bebo lá es^eranzá]^^ 
tú haces Imllar la felicidad en la muerte.» ' ! 

«La muerte asi6 su divina conquista. El hombre-Dios cahsu- 
mido de nuestros^ dolores^ apenas respira ya> inclina la cabeza^' 
tengo sed, esclama, y todo eslá consumado Angeles, cielos^ pro- 
vidjencia, vosotros qué llorabais sobre vuestro Cristo, abrevado 
de amarguras. iCómo sabe vengarse de su muerte! nolforeis ya... 
el mund^ eslá salvado.» * / 

Sin embargo ya el puebío calólico ño de^rráma lágrimas. Sus- 
penso entre el dolor y la alegría, procura contener los divétsos 
afectos que llenan su alma; pero desde el siguiente día por la 
mañana, cuznáüeí Ghriain éxcelsis Deo, sal ido de la' boca* del 
Vicario der Jesucristo^ a^ita con las campanas dé la ciudad '^aíhta 
todas hé de la cristiandad que á la misma hora se banfrbóléan^ 
cuaiulo el misterio ciimptido no deja ya acá bajo mas que una; 
tumba vacia;, y un Dios en el allár^ el Romano á esta seflal de x^^ 
surrección prorumpe en sus cantares de felicidad. ^ < / • '; 

El canon del castHlo Sant-Angdo mezcla sus délónac^iohcfS' 
guerreras á las aclamaciones de la muchedumbre que se apiña en 
las calles^ que se agita én indeciblt»s muestras de regocijo^ qucr 
aplaude pakpoteando ante les fuegos de Paséua\éncetídrdós «n 
cada plaza en presencia de fos innumerables cohetes'^ue se ele* 
van y mueren en;los aires. Las imágenes de í)üéslra Setífera Cu- 
biertas de íuto desde el miércoles; se revisten sú Irage dé so- 
lemnidade>S; y las rodeaíi de bugías y ofrendas. Hasta tos (iéndas 
86 adornan con Qores y huretes; y Li^óc^a tan morat cómo instruc- 
tiva! ios judíos 6ncerradlE>s en su ghetto^, y qiío- iteván grisibado 
aun en su frente el anatema ffii tal de deicidas, tomata |)arte en la 
alegría común. Al ver los estremos que se ven obligados á osten- 
tar^ parece se les nidá cuenta de k sangredivina quedetramaron 
sus padres en el Golgola. ^ * i: !• ; ; 

En medio de estas pompas tan ilénás de triste* y d\s ialegría,, 
de tiernos misterios y de sublimes lecciones Vllogá el áiá'dla P|is-* 
cua. Para esos desgraciados; deserícantadas de toda 'Ci^^eiVciá/' 
que dan mas crédito á los desOorisoladOTél^ sofismas! de la .duda;' 
que á las 4nces del Evangelio, que sé préorpitaft en níáres'rfe in- 
trigas, por ahogar \oá remordtmienlo& dé la cbÍHíV3ncia; la Pascua 
es un dia oonno otro cualquiera; para tos Aomandí es otra' Cosa; 
., Besucitati: eob sd Dios t coa su Dkf^qu^d'sé aleá.triun&nte dé|^^ 
seitülGra^isbotefnptaiiy desplegadas aobt^ioij áhMiúidoii nkurcléí ite' 



' 



I 



I 



Sfmt*ADiKflQ>JiakiB fiEktiguas. águila 4« la; traú^ica mífdaf^.iBn her- 
iDiOSQ ,maFidag6 cod Tas llaves de S. P^aro^ la baoder^ ide .1% 
lipi^ftad tremola en las murallas del oiau^oleo de Adri9QÓ;, que 
los vándalos Irasfórmaroo en fortaleza, l^s síi^(e basílicas pstenri 
tifn.sus fqas rk^os ornamentos; luego á tiiayés de aquellas pobla- 
ciqfips qju^ se dirigen presurosas hacia la madre dé todas las 
kjésias^ mjfan pasar éso$ Reyes^ y Cardenales^ y Embajadores, y 
f^rjqrkpes qiue van á ^omar parle en la fiesta universal. ; . , 
^ , jSi) bay ya puentes^ ni calles; bastante espaciosas par£f conte^ 
ner ía muchedumbre. En el momento en que elPapa seádelanta 
para entonar el himno de júbilo, párase toda aquella multitud^ 
dominada por un poderoso instinto. Ora en las plazas^ ora en las 
escaleras de mármol que conducen al templo; porque desde aquel 
dia, sabe que data una nueva era para Boma. 

Vosotros los que poco há visteis la Religión envuelta con sus 
largos velos de luto, como una hija que llora á su madre, acer- 
caos, si podéis; Jesucristo.ha vencido, Jesucristo reina, Jesucristo 
impera en ese recinto que el genio ^levó á la divinidad. No es ya 
hoy el sombrío aspecto de la muerte el qiie se presenta á vuestra 
vista; no hay aqui ya tabernáculos abiertos, ni cruces sepultadas 
bajo las negras sombras de la muerte, ni lágrimas de gratitud 
que corren sobe un sepulcro; una noche ha trasformado los acen- 
tos de la tristeza en himnos de bendición, y sobre el pavimiento 
y en rededor de los sepulcros dó duermen con par eterna los so- 
beranos Pontífices, el cristiano^ dichoso con su féyse postra en 
el recogimiento y la oración; 

La hora solemne ha resonado^ £1 Pa(ya se* muestra revestido 
de sus sagradas vestiduras, y cada unoy guardando en su cora- 
zón como un depósito precioso las palabras de vida que caen de 
sus labios, se anonada ante la mageslad dQ la Religión que pro- 
clama el mas sublime de los misterios. .. < . , 

Roma, en el discurso de la cuaresma se ha ceñido de su dolor 
como de una vestidura. Eldia de Pascua, én ese dia qué el Señor 
hiciera, ha reconquistado su alegría. Para darle la señal de júbilo 
al descender la noche, la búpulá de S. Pedro sé ilumina por en- 
canto, despidiendo á lo lejos sobre la ciudad y las campiñas sus 
mil fuegos de diversos colores que parece la encierran en una 
vasta red de incendio. ' : ' 

El castillo de Sant-Angelo que guarda el puente del Tíber, 
vomita en el rio susigirándulas, lanza á los aires sus innumera- 
bles cohetes, sus brillantes soles, que sé cruzan, chocan y se 
rompen armonipsamente unos coatra otros, y los Romanos á quien 
encantan estos placeres nocturQOS y los estraogeros que de ellos 
participan, todos aplauden; difundidos en kts calles adyacentes ó 



9Í6 iRÉWMímE^o 

¿•fado ]^r-piatÍoS(^ itíóttiéhtoé; tbdos^ católicos 6 pít*dté8!afií.teá/itti| 
cfódulos ó héregíes^ s6 itítiitian áiíté esa (le^lá que tlfeñe püt léá^ 
tigoslos rdpresenlaiileS del univéráo eníero; ' ■ - ' " - 

ASÍ áé pdfi* bra en tós lágrimas de la piedadj^ (írtí éú^Vái "eúd*^ 
genaoionés de leí alegría^ esa Sania Setnahaj dejando tantos cbp- 
^efos éo el coraíon de los que asisten á sus cerémoTlléíS bort Ibá 
ojos de la fe, y larft'ós rtouerdbs de mageslad religiosa' en e! alteJí 
di^ los (jdé nü bání venido ajerias sino Hñpulsados de trn sentí- 
mieüto dó crfílbádid. ' ' ; í^^ ' . , -.: .í 



• r'.' 



1 : • ^• 



A LAS ftÜÍNAS DÉ JERÜSALEM. \ 

' - . ; 

• . • • . , ' • • •, . ' ' 

I ¿Por Qué lloran taa raústias , tan desiertas ,.,:.: 

.-. -;: JLaa^Ues de Sipn? o ^ ¡Oh ¡templo santo! • ' , . / 

" ?. •' '. ¿íjui^n, ajó tubdlteceaiy tudecoío?. , .id 

¿Quién destrozó tus sacrosantas puertas? . . • ' ' i > 

: < * . ¡¿Qoíév enrittústlb sifenéib el: daloe canto^ 

' í 'Y en ó^üro metal cdiiTÍrtií eltíro? 

^' ;¿A^dóiídétiite&iro^, ' ' »' 

■ ' i ; '» 8¡6n?.\.' nombra HVíána' 

Tu pompa soberaiiá.... ' 

.' Ajado él cedro, cuVá frente hermosa 
Cubriendo el áúélo de verdor sombrío, 
Se alzaba con órjgullo y audaz brío; 
Pálida está de Jerieó la rosa» 
, \í marchitas las .Qoresdel Carmelo, 

Delicia de David ^ amor del cieU. , 









\ / 



:.¡Sio.n, ,trí8(e¡SiQn{... mira.anguislíadas 
' A tos Irijas llorando: • .. á tus anidianos . 
Del inoiénso dolóf désfialllecfdós^' 
Ooíntéliijtiita éir laíí tégioteá tfpa^tadaft 
^ Tú^ Uijos eétóMiétído ' á' Ú sus ígáUóíii ' 



DE VALENCIA. ^ 337< 

Peí cielo y de la tieéra aborrecidos; 

¡Son vanos tus gemidos, 

Jerusalem^ Un día 

En la ribera umbrk 

Del Eufrates ccm hierro» lastimados . ^ 

Tus infelices hijos, jaylcoigafaan 

De los sauces las arpas , y lloraban 

De su patria dulcísima acordados.... 

Mas ¡ ah ! tal desventura que aun te asombra • 

Imagen fugaz es, y débil sombra. 

¿Y eres tú, hija de Dios , quien tras victorias 
Cantaba el himno célico, y el manto 
Rico cenia, y el laurel radiante, 
Como cuando en el dia de tus gloria? 
Dedicó Salomón el templo santo, 
C^m las perlas y el oro centelleante? 
Salve |oh reina triunfante!... 
Mas ¡ay! que ora enlutada 
Cual viuda desolada , 
; Jerusalem , Jerusalem! te miro. 
¡Jerusalem! ¿Dó es ida tu hermosura? 
Cdííida estás con manto de amargura , .. .. ^ . 
El corazón cercado de suspiro; 
Y humillada .la frente yen<;edora, 
Hoy esclava infeliz^ ayer señora. 

[Llorad, cedros del Líbano!.... en quebranto 
.Cayió.I^raeL... Rasgad el sabro 'velo, .:• . \. 

. Yírgenes de. Sioo, ea pena dura; ; < 

;0h tierra, oh cielo, acompañad mi llanto! :... ,i. 

*' -A ti ; Jerusalem , ya no hay consuelo.... 
¿Qué esperas tú , Jerusalem impura , 
• Sino eterna amargura? ' 

Tras tí ea guerra indignada 
' , Peste, y fuego, y espada, • . • , 

Furiosos van.... el Dios de la» clemencia 
Ya no es Dios dejsrael.,., tú has enojado 
Su brazo vengador que ha traspasado . . . 

A estran^is. gentes de Jacob la herencia,. . 
Y de..ira primogéoita la llapa, . 

... ¡OhpueWo aborrecido! en ti derrama. ' i- • : 

Tomo II. 4S 



33S EL PENSAMIENTO 

ii 

En la bora terrible, misteriosa, 

Cuando la tierra y cielo enlutecidos 

Gimen , y el liombre yace en sueño blando; 

Suena en Gólgota voz , voz dolorosa 

Que clama entre espantosos alaridos, 

¡Jerusalem, Jerusalem! llorando. 

Repite suspirando 

Su tristísimo acento 

Elcedmn turbulento; 

Vése vagar por la tinieblá frir 

Mil sombras, sollozando amargamente; 

Que en eco funeral y voz doliente 

Claman, ¡Jerusalem! ¡ay de ti impía! 

«Tu Dios, ¡tiembla! ese Dios por tí ultrajado 

«Como adultera vil te ha desechado.» 

(1834..) 

A. Aparisiy Guijarro. 



ffllSTIFIC ACIONES PARLAMENTARIAS. 

DISCUSIÓN BE PnESUPÜESTOS. 

Siempre me ha gustado la palabra i^mistifieaciotí)) aunque 
dudo que se eucuentre en ei Diccionario de la Academia; pero 
la uso^ porque al ño y al postre es un poco menos ofensiva que la 
de «mentira,)) y sentiría que se incomodase el adji^livo parla- 
mentario de verse unido á este substantivo, cu^iudo puede evitarse 
aplicándole aquel, que mulandas miUandas ,qm djjo el otro^ 
viene á ser lo mismo; 

Torpe es en mi opinión la de aquellos que sostienen, que 
cuanto mas amigos mas claros] significando por claridad la 
rudeza en el modo y hasta la desvergüenza. 

En mi concepto lo contrario es lo justo: cuanto mas amigos, 
mas suaves, mas corteses, mas formularios. Si tememos ofender 
con nuestro lenguaje duro á un extraño , con mucha mas razón 
debemos procurar no herir á las personas que queremos. 

Pero si el hombre honrado no tiene obiigacian do decir ver- 



i 



dades á t6do.eI nrondo^ deUfiíido oallar eil mücbfts iKmionés; la 
tiene íiopreseindible de decirla cuando babia; y atempre á los amt- 
¿o$v aea. de este nlodo, ó del otro^ ó del de mas alia. 

Sirva eslc prólogo de disculpa al atrevimiento del título de 
esle artículo. 

Amo (coa un amor boDeste y lícito por supuesto) al parla-- 
4neni.ammo: dobo decirle la verdad cuésletne lo que me cueste^ y 
la verdad es «que nos eslá engañando mvtchos.años hace.» 

Pero por lo mismo que le amo, no debo agiiarle^ ni beriFle^ 
ni ofendi^rle, y le digo con voz meliflua^ y con rostro apacible: 
«querido mió, hace muchos aQos que nos mistificasen 

GunppSo con el deber de hombre honrado y con el de buen 
amigo: el pa^lamentarísmo no puede quejarse^ y quedo con la 
eoücieock trauquila y salisfecba. 

En tiempos antiguos, muy antiguos^ estábamos sumidos en la 
barbarie; y s^gun cuentan, siempre que nuestros venerados Be- 
yes tentan que emprender alguna grande obra, reunian las Cor- 
tes, pedi&n un sabsidio para aquella empresa, y las Cortes con- 
ccdian ó negaban según bien les parecia. 

Ha^ta que las Corles discutían^ so convencían dé la urgencia 
y concedían; el Monarca no podía exigir ni exigía el tributo pe- 
dido, llegando el caso de haberse noalogrado grandes planes por 
la uegaliva. de los recursos, ó pcQ^ haberse votado mcEquinos por 
los Brazos. 

Es claro que no todos los Reye& sufrían esto con igual man* 
sedumbre; peco lo sufriaa. 

Se cuenta también quo el Emperador Carlos I, cuyo nombre 
llenaba entonces la Europa, y hoy no puede pronunciarse sin ad- 
miración y respeto, necesitó fondos para sus continuas guerras 
en Italia y Alemania, y pidió á las Corles se te concediese el tri^ 
bttto de la sisa^r impuesto sobre géneros comestibles. Pasiéronse 
en juego todas las artes para conseguirlo : capí lulo uoo de los 
Brazos, pero otro se mantuvo firme en la negativa^ no^mfe^tán- 
dole al Soberano los males^y penuria del pais, y expreibéndose 
coQ, un calor excesivo el Condestable de Castilla. 

Olvidado el Emperador por un momento de SB grandeza^ é 
irritado ante los obstáculos que sus vasallos opoaian á sus peti- 
ciones: «cuidad, le dijo^ que si persistís, no os arroje por la 
«ventana,» á lo que el Condestable contestó: «Señor, soy muy 
«pequeño; pero peso mucho para ser arrojado por una ventana;» 
y Garlos I no lo arrojó, y se oyeron las razones del CoDdestable^ 
y de diseotió la petición. 



340 EL PSNSJiíMIEmO 

Asi ^deüeádía tal pueblo oántra la imposición de iniefvos 
tributos^.y eso que entonces se alegaba siempre para :eKigirlos 
un motivó poderoso^ una guerra extrangera^ la honra nacional. 

Los adelantos det siglo fueron perfeccionando lá teoría de que 
el pueblo debia tener por medio de sus representantes una inter- 
vención directa en la formación de los presupuestos del Estado, 
no pudiendo exigirse contribución alguha para cubrirlos, sin que 
se aprobasen previamente: este era el gran medio que los pue- 
blos se reservaban para oponerse á las demasías de Ir^s Ministros; 
así como la disolución de las Cortes, era el de los Ministros con- 
tra las d^iasías de lo^ íepresentantes del pueblo, oonstituyendo 
ambos recursos la mayor y mas sana parte áel.maravilloi^o' ar- 
tificio.... 

Y como para aprobar ó desaprobar es necesario el examen, y 
para d examen ha de oirse á los que han formado las cuentas, 
puicsto que de otro modo serian hijos de un simple é infundado 
cápriehO= el asentimiento y la negativa; púsose en la Constitución 
iú cuafenta y cinco que felizmente nos rige, el artículo 75 que 
dice así: 

(fArt. t?5. I Todos los años presentará el Gobierno á las Cor- 
etes el presupuesto general de los gastos del Estado para el año 
«siguiente, y el plan de las contribuciones y medios para llenar- 
•«Jpsj conüo asimismo' las cuentaé de la recaudación é inversión de 
(dos caudales púMicos, para su examen y aprobación.)) 

. Párti^rios entusiastas cuantos Ministerios hemos tenido, de 
guardar en toda su pureza los preceptos constitucionales, han co- 
brado siempre los presupuestos por autorización y sin examen: 
fto sé si ello es consecuencia muy legítima de la obligación de 
j^iscutir que impone la ley; pero sí que es un método itan có- 
m0áo\ ¡tan cómodo!.:. 

' Consecuente el actual Ministerio con lo que habian hecho los 
anteriores) han pedido también autorización para cobrarlos en la 
•forma y modo que los há presentado el Escmo. Sr. D. José Sán- 
chez Ocafia: 

Y en esto hace bien : ¿por qué se habian de alterar costutn- 
bres establecidas desde tan antiguo? En España, costumbres dero- 
gan leyes, con tal i que aquellas reúnan los requisitos necesarios: 
lo mismo es. el consentimiento tácito, que el mandato expreso. 

Y q.ue reúne esta costumbre los requisitos necesarios para de- 
rpgar elart. 7 5 <Jel sagrado Código, no puede ponerse en duda. 
. . Mluso déipueblo^ó'^ay&r pnrte de él: aquel precepto* cons- 
titucional se dio para los cuerpos colegisladores representantes 



DE YALBUefA.M ¿SU 

del páis, y sabido es qué las mayoría^» la mayor parte de aque- 
llos; han convenido siempre en que el examen eéíftótií, yliah 
dado en la flot de autorizar á tod^JS'tos Ministros : de Hacienda 
pretéritos y presentes^ en prueba de'su'cariflo y confianza^ • 

O^c €l Señor de la tierra lo sepa y no lo contradiga y h 
tenga por bien: no tenemos noticia alguna de que ios Ministros 
que son los S^íí ores ¿^ /a tierra , se hayan opuesto jamás á que 
se les autorice para cobrar los presupuestos que presentan, sin 
que se discutan, cercenen, ni escatimen. 

Que esta costumbre dure por diez años: convienen todos Ti- 
rios y Troyanos, en que es inmemorial en los fastos del Parla- 
mento la costumbre de no discutir los presupuestos, y con seguri- 
dad completa se sabe, que sobre ellos no han dicho tus ni mus, 
desde. el año cuarenta y siete. - 

Que^e hayan dado conceger amante dos juicios según eltd: 
nadie que tenga ojos en la cara y oidos en la misma , lia dejado 
de ver y oir , que lo menos lo menos se han dado cinco 
juicios eoncegeros de esta clase; declarando siempre las Cortes 
que teman por muy bueno y muy honrado y muy de fiar aP Mi- 
nisterio peticionario, y que por consiguiente l6 concedían la auto- 
rización seguras de que en buenas manos dejaban el pandero. 

Si pues la costumbre de la autorización está eri los principios 
jurídicos; sino solo tiene fuerza de ley, sino que posee la bastante 
para derogar la contraria; ¿en dónde está esa infraéción ó despre- 
ció del precepto constitucional tan vociferado por los murmurado- 
res de todo Gobierno que forman la oposición? Que lo digan los 
hombres desapasionados. 

^ El Sr. Sánchez Ocaña, sino hubiera temido quizá rebajar la 
cuestión á los términos que Cortina rebajó la defensa de S. M. la 
Reina madre, á una especie de alegato forense; pudo haberse de- 
fendido con solo decir á los oposicionistas: «Rigió el art. 75, pero 
está derogado : distingue témpora et concordabis jura Desechó 
este medio y lleno dé fervor constitucional y de confianza en el 
cariño entrañable de sus oyentes, contestó con voz entera al se- 
ñor Santa Cruz y autores délas enmiendas... ; pero antes^ dé que 
trascribamos la peroración ministerial , queremos dar á nuestros 
lectores una pequeña idea de la discusión habida, y de los ata- 
ques que ha sufrido impávido el impertérrito Ministro de Ha- 
cienda. 

Con fecha del 12 de Febrero se presentaron los presupués-^ 
tos, y de ellos, después de mucha frase y muchos números^ y mu- 
chas promesas; se saca eñ limpio. 



342 n nraAMiB^to 

. Que los gastos ordmarios importan nada mas (fue 1775 mUió- 
iftes 155,^93 rs. vn. 

Que el presupuesto especial de bienes nacionales y obras ex- 
traordinarias, solo sube á 209 millones que aumentan aquella ci- 
fra hasta 19S4. 

Que al Ministro presupuestante le parece que con un eraprés^ 
tito de 90 millones mas, podrá atenderse a las carreteras^ cana- 
les, ferro-carriles y otras obras públicas. 

Que por si acaso se equivoca, le parece bien que la deuda 
flotante quede en 640 millones^ máximum que permite la ley de 
16 deAbrilde18?6. 

Pero no hay que asustarse con estas cifras: los presupues- 
tos son como la lanza de Aquiles que sanaba las heridas que ha- 
cia, y al lado del de gastos fijos, verdaderos imprescindibles; se 
halla el de ingresos presumibles, calculables, deseables y espera- 
dos que se compone: ' • 

De las contribuciones directas, impuestos indirectos y recur- 
sos eventuales, papel sellado, propiedades del Estado y sobrantes 
de Ultramar; que importan exactamente los mismos 1775 millo- 
des IS 5,3 93 rs. que los gastos ordinarios. 

De los productos de ventas de bienes nacionales y otras pe- 
queneces que ¡oh felicidad! suman también los misraofe mismísimos 
209 millones, que el presupuesto especial de gastos. 

Como no presenta ingresos con que pagar á fln de año los no- 
venta millones que produzca el empréstito, ni los cincuenta ó los 
ciento, ó los seiscientos cuarenta que se consuman (que sí se con*- 
sumirán) de la deuda flotante ; es regular que en definitiva sirvan 
de prueba irrebatible de que es indispensable aumentar en igual 
cantidad los 1984 millones en números redondos del presupuesto 
ordinario. 

Pero sigamos nuestro cuento. Para cubrir los 1775 millones y 
pico que se señalan por ingresos de contribuciones directas etc., 
se aumenta este año la contribución territorial con cincuenta mi- 
llones mas. 

Se adjudican los bienes nacionales y del secuestro de D. Gar- 
los etc.,, etc., cuya venta se suspendió por el Real decreto de li 
de Octubre de 1^56 , porque aun m había recaído la aprobación 
de las. subastas. 

Se queda los fondos y pagarés de las corporaciones cíiyiles 
en cambio de inscripciones de cien reales por cada cuarenta de 
capital. 

Y se determina para no defraudar á los contribuyentes ni en 
un ardite de las felicidades que se les propinan en los presupuestos, 
que se considere el tiempo transcurrido, como no tr^kscurrido, y 



DB VALENCIA. 343 

los aumentóla que en ellos se hacen , como vigentes desdo 1 ."^ de 
Enero de 1858; 

Y hé aquí como la creencia de que los viernes son felices para 
España porque el viernes 21 de Abril de 1503 obtuvo D. Fernan- 
do de Andrade la victoria de Seminara , y el siguiente viernes 28 
de los mismos el Gran Capitán la de Ceriñola, y el viernes M de 
Ocubre de 1492 descubrió Colon el nuevo mundo; se halla rcH 
bustecida por los sucesos contemporáneos. 

Los presupuestos llevan la fecha del 1 2 de Febrero último^ 
que sino miente el calendario , era viernes. 

Y han de rejir desde el I/" de Enero de este aBo^ quetant- 
bien era viernes, para ventura de todos los Españoles. 

¡Que digan después los incrédulos! iva! ¡preocupaciones! 

Tal es pues d esqueleto y la armazón de la ley de pr^wi- 
puestos. 

Por fin para perfeccioMmiento y non plus de esta máquina 
de guerra contra nuestros bolsillos , pidió el Gobierno que se le 
autorizase para plantear los presupuestos sin discusión. 

Aquí fué ella : alborotáronse unos y otros, y llovieron enmien- 
das y las presentaron Villalobos , y Latbja, y Polo , é Illa, y Arda- 
naz, y Agell, y Fernandez Negrete; pretendiendo todos, que ya que 
se autorizase al Gobierno para el cobro del presupuesto de ingre- 
sos^ fuese sin ei aumento de los cincuenta millones en la contribu- 
ción territorial y y sin la adjudicación de los bienes subastados ^ y 
sin el empréstito de los noventa ; pero el Ministerio dijo á todo: 
«mi ser turco, mi no entiende,» y los enmendadores menos Illa 
y Ardanaz, retiraron sus proposiciones murmurando: aestá visto 
que tienen los Ministros la mollera mas dura que un Navarro» y 
aquellos tuvieron el gusto de reunir 48 y 25 votos, contra lOU 
y 1*0. 

Desembarazado el Ministerio del fuego de guerrillas de las en- 
miendas , dióse la batalla campal , y el Sr. Santa Cruz y el sefíor 
González de la Vega con algunos auxiliares le atacaron en masa, 
aunque con poco éxito. 

ti La autorización, decian, es contraria á la Constitución: para 
«conceder al Gobi^no facultad de cobrar insoportables recargos de 
«cuya necesidad las Cortes no tienen el mas mínimo conocimiento; 
(^valdría mas que' ¿e cerrasen estas puertas. » 

«D<*sde el año pasado se ha aumentado en trescientos millonfes 
«el presupuesto dé gastos, y cosa es esta que merece fijar k aten- 
«cion del Congreso, cuando para satisfacerlos se aumenta la con^ 
«tribuciotít territorial ett cincuenta millones.» 



i 



31& EL PENSAMIENTO 

<(J6¡D el presupuealo de ingresos se elevan lofi rendimientos de 
(das rentas públicas, de un modo caprichoso é infundado.» 

<< Por: las operaciones de crédito de los pagarés cedidos por los 
((compradores de bienes nacionales, que propone S^ E.; se impone 
(cal pais un gravamen perpetuo de veinte y tres millones de. reales. 
((Mas de doscientos millones de deudas que antes pesaban so- 
((bre la flotante, han. pasado á deuda de otra clase; ¿por qué hade 
((Conservarse sin embargo el tipo de los seiscientos cuarenta mi- 
((Uonea, que antes tenia aquella señalados?» 

((Solo en sueldos de empleados hay un aumento de cincuenta 
(c«iillones,.y justo es que para aprobar el pago, examinemos pri- 
((mero si aquel es motivado,» 

Yalieutemenle pelearon ; pero como he dicho, coa fortuna es- 
casa, porque no fueron menores los brios con que el Espmo. Se- 
ñor autor del proyecto, se defendió de sus adversarios. 

Hé aquí su discurso traducido en lenguaje vulgar para la in- 
teligencia de los que no entendemos los ambajes parlamentarios. 

((Elart. 75 de la Constitución^ contestó arrogantemente; es 
(ícierto previene que el Gobierno presente los presupuestos antes 
(idel dia 1.** de Enero del año en que han de regir; pero, esto es 
«bj^eno para qiie lo crean los tontos que se fian de lo que está esri 
(ícrilo en letras de molde: lo cierto y ello es que desde el año 
((treinta y cinco, apenas se. ha cumplido el tal prece|¿ito,» 

«Y ademas Sr. Santa Cruz mi dignísimo compaSero; ¿qué os 
((.importa que ^ se discutan 6 nó los presupuestos? ¿Creéis qm ni 
((yO, fÁ los Ministros que me. han antecedido, ni los que viBndran, 
((hago, han hecho, ni harán caso de que digáis blanco ó negro; 
(cnos concedáis mil, ó. tíos concedáis dos mil millones? Gastamos 
«lo .que nos parece, .y lo demás es aire.» 

((Y sino a la prueba: desde 1846 á 1849, se presupuestaron 
((y concedisteis para gastos , seis mil sesenta y cuatro millones, 
((Cuarenta y tres mil nuevecientos setenta y cuatro reales y dos 
((maravedises; (que para que veas si somos los Ministros escru- 
((pulos^s , hasta contamos los dos maravedises) y ún embargo se 
((pagaron seis mil, seiscientos setenta y un milloiíes^ ctiatrooien- 
((tos veinte y un mil, trescientos treinta y ocho reales, trei^ntay 
«un maravedises, de modo que la diferencia de los tres anos no 
«fub mas (jue la de seiscientos ocho millones en námeros xedonr 
((dos,ar)a(liendo si bien os parece á esla cantidad el piquillo de otros 
((Seiscientos diez y nueve que se quedaron á d^ec.al personal «pa- 
^(ciepte éinofensiyo,' al qlero y á las religiosps^ y temendo en 
<!;puefita que adems^ qviedó entripado ej tesoro, por el niaterial^ 
ücon .óbligacwpea cuyo i^kporte nQ.s^ 

((Ello es verdad .que tal% r^yf.al. Q^ mü idoflcientos veinte y 



BB VALBNGU. 845 

«siete millones de diferencia en gastos conocidos , y una deuda 
«incalculable por desconodida, en tres anos, no son mas que frio- 
«lerillas que no deben descorazonarnos ; pero friolerillas y todo 
«prueban para qué sirve esa formalidad con que queréis discutir 
«los presupuestos de gastos. A eso le llamo yo perder el tiempo.» 

«¿Y el de ingresos? ¿Pues, desagradecido, no estáis viendo 
'«las fatigas que soportamos? ¿Os parece que es moco de pavo el 
«estar mas de un mes todas las Direcciones sin levantar cabeza, 
«acoplando los ingresos á los gastos, en lugar de limitar los gas- 
«tos á los ingresos , que es lo que hace cualquier papanatas arre- 
«glado en sus negocios? ¿Qué es un grano de anís «justar las 
«cuentas de modo que ni sobre ni falle un céntimo? ¿Qué no 
«cuesta de encontrar la nivelación? Pero por ñn se encontró sin 
«mas que aguzar el ingenio , haciendo cabalgar á la aritmética en 
«el alado caballo de la poética fantasía oficinesca.» 

.«Y para convenceros, voy á poner un ejemplito.)> 

«Las Aduanas producen, verbi gracia, cien millones; pues 
«calculo que producirán ciento diez y gano diez millones por un 
«simple cálculo.» 

«Las minas de Rio Tinto produjeron el ano pasado seis mi- 
«Uones; pues este año supongo que producirán doce, y me sobran 
«seis, con solo una pequeña suposición.» 

((Las minas de Almadén dejaron limpios para el tesoro cuatro 
«millones; pues por ios polvos de la madre Celestina, quiero que 
«dejen ocho; y hé aquí que sobran cuatro, solo por la virtud de 
«un ensalmo.» 

«De las cajas de Ultramar se sacaron ochenta millones; pues 
«doy por seguro que sacaremos ciento quince; y con una sola 
«palabra puedo disponer de treinta y cinco millones mas.» 

«¿Señores Directores, se han cubierto ya todos los gastos? 

«¿No? Pues volvamos a enjpezar. Las aduanas supongo que 
«producirán ciento veinte millones en lugar de ciento diez : las 
«minas de Rio-Tinto calculo que redituarán diez y ocho en lu- 
(igar de doce: las de Almadén presumo darán catorce en lugar de 
«ocho etsic de cceteris, y ya están nivelados los gastos con los 
«ingresos, con solo suponer, calcular y presumir.» 

«Es verdad que las aduanas pueden no producir los ciento 
«que han producido: cierto es que no es posible que las minas de 
«Rio-Tinto tripliquen sus rendimientos : innegable que las pose- 
«siones de Ultramar siempre codiciadas y amenazadas, pueden 
«verse obligadas cuando menos á gastar en su defensa todos los so- 
«brantes : lógico que arreglásemos los gastos á los ingresos y no 
«los ingresos á los gastos: incuestionable que es aventurado supo- 
«ner que lo que este año ha producido seis, producirá mas de seis 

Tomo U. U 



346 EL PlÍNSilMIBNTO 

«el qijie viene: de sentido común que auoientar gastos ^/os y se§u* 
«ro5 , para pagarlos con recursos probables , es exponerse á un 
«chasQo solemnísimo; pero ¿para qué Ministros anchos de pecho y 
«cuadrados por su base ? Confiad en mí , y por eso no dejéis de 
«aprobarlos.» 

«¿Para qué están los recursos extraordinarios de empréstitos, 
«recargos de contribuciones , suplementos de créditos , cojiversio- 
«nes de deudas y todas las zarandajas de la nomenclatura finap^ 
«ciera?» 

«Ademas es menester tener en cuenta que todos los Mimsjtros 
«Iffesentes y pasados ; progresistas , moderados , conservadores, 
«puritanos, etc., etc., todos han sufrido algunas equivocación- 
«cillas.» 

<(En 185)3, para no buscar fechas atrasadas, solo se cubrieron 
«con recursos extraordinarios ochenta y tres millones de reales 
«en que se equivocaron los presupuestos; y como el progreso es 
«una ley inevitable de las cosas humanas, las equivocaciones fue- 
«ron progresando de ano en año.» 

«En 1834 la equivocación fué de ciento treinta y ocho millo- 
«nes.» 

«En 1855 de trescientos veinte y nueve.» 

«En 1856 de cuatrocientos cinco.» 

«En 1857 retrogradó la equivocación en un ano y solo im- 
«portó trescientos veinte y siete millones.» 

«Pues si ellos se equivocaron también puede á njí sucederme 
«lo mismo. Minister sum , nihil ministeriale a me alienum puto. 
((Verdad es que yo para evitarlo en cuanto es posible á la flaqueza 
«ministerial, he aumentado algo los presupuestos; pero al fin y al 
((cabo esto no me libra absolutamente de error, porque el de gas* 
«tos no llega á dos mil millones aunque le falte poco; por supuesto 
«no contando los recursos de la deuda flotante, ni los noventa 
«millones del empréstito para las obras públicas, ni las ganancias 
«de los pagarés. » 

«Pero sea de esto lo que sea : ¿á la nación le importa algo sa^ 
í.ber ni discutir lo que ha de pagar? Nada de eso. La grao cues- 
«tion es averiguar si yo soy persona de su confianza, cuestión pu- 
«ramente política , ante la que desaparece la económica, y por eso 
«no pido que se discuta cuánto se ha de cobrar , sino que me au- 
«toriceis para cobrar lo que os pido. En fin no os apuréis, pues 
«ya que no discutís los presupuestos de este ano, he mandado que 
«>^yan arreglando los del venidero cincuenta y nueve para que 
«presentados á su debido tiempo puedan examinarse.... como es- 
«tos.» (Anadia por lo bajo.) 

Asi se defendió el Sr. Sánchez Ocaña, y nosotros quedamos 



ftÉ VALENCIA. 347 

álSSdrloá de |daceí eseucMndole, auiique si* acabar dfe compren- 
der cómo se convierte en cuestión política , el que no se me diga 
para qué ni por qué ha de sacarme e! dinero S. E. 

No sé cpié política haya en que los Diputadlos adviertan al se- 
ñor Mitíi«tro dé Hacienda: Sr, D. José, mire V. E: que podHan re- 
bajarse* cinco müllonejoá de aquí y diez de allá , y eso lAeilos paga- 
rí«rt tos conílribuyentes : Sr D. José, atienda V E., que V. E. no 
hadift ser probaWemente él que use la autorización dé cobrar, pues 
ár k» ocho dias de votada, estará V. E en el panteón, y quizá no 
tengamos en el Ministerio que le reemplace, la confianza que 
V. E nos merece. Sr D. José, tenga V. presente, que discutir los 
presupuestos es una obligación impuesta por el Código conslitu- 
cfonal; y si el eximir de las obligaciones legales es prueba dé con- 
fiaínfzá, adiós íeycs y adiós Constitución. El Rey dirá: «tened con- 
«flifiWzaen nrf, y desaparecerá el art. 46.» El Congreso le con- 
testará: «tenga V. M. confianza en mí , y yo mismo sancionaré 
<da8 leyes que discuta;» y poco á poco de confianza eií confianza 
nbs qnedafremos en cuanto á leyes fundamentales^ ¡oh dolor! per 
islam. 

En. ayuda innecesaria detSf. Ministro acudió el Sr. Laso de 
la Vega: «Es preciso, decía, que sfe conceda la autorización, por- 
«que es imposible qu^ las presupuestos puedan discutirse a su 
«debido tiempo; porque sino se la concedemos, etGobierno tendrá 
«que salirse de la legalidad ó planteando tos presupuestos de Beal 
«ónten é desatendiendo todas las obtigaciones del Estado, aunque 
«en verdad yo no sé cuáles son estas obi ¡gaviones ^ parque no be 
«mirado el presupuesto de gasíos.» 

Pues compadre, sin que ¥. nos lo dijese sabíartiosque los pre- 
5apUBsto¿ nO' podían discutirse para antes de.l.* de Enero 
de 1*58,* presentándose á las Cortes el ít de Febrero; ¿pero por 
ello se ha de autorizar al Gobierno para que los plantee? 

Cufentarique dn plantc^dar Herlo de buenos deseos' dé que su 
bijo fuese un sabio, cadia vez que rio sabia la lección' le mandaba 
que azotase á un* esclavo para que aprendiese en cabera agena á 
no'ftrllar á sws obligaciones. Diria'yo que cada* vez que el Mi nls'- 
terro' faltará su deber no Ubvando a las Cortes' los presupuestos 
paraPsü'e^titnenantes de 1.® de Enero, lafs» Cortes le mandan qutí 
azote á los contribuyentes con autorizaciones para cobrar nuevos" 
impbtf^oS' sin discusión, á fin de que aprendaii de este modo sus 
Excelencias á cumplir con la oWigl'tífon de presentarlos á' sú de- 
bido ticimpo; 

Será un n^étodo sapientísimo para escarmentar á los Minis- 
tros, pero permítanos el Congreso que dudemos de su eficacia. 

Respecto del bijo del consabido plantador, sí que podemos 



3i8 EL PENSIMIRMTO 

asegurar que cada día supo menos^las leccioues^ y menudeó mas 
los azoles|sobre el esclavo. 

¡Pero las obligaciones del Estado quedarían desatendidas! di- 
cen llenos de un ministerial terror los ministerialísimos Diputa- 
dos. Y yo^ admirando su patriotismo^ les contestaría : «Así como 
ha pasado el Gobierno hasta ahora sin perjuicio de lo que resuel- 
van las Cortes ¿no podía haberse seguido un mesesillo mas? ¿Le 
han fallado acaso recursos para gobernar? ¿No tiene en su bolsa un 
trimestre de todas las contribuciones? ¿No han aflojado los paga- 
nos la mosca sin la menor oposici^? ¿No podían haberse discu- 
tido los presupuestos desde que se pidió la autorización hasta el 4 
de Mayo en que es exigible el segundo trimestre? 

Y si como dice el Sr. Laso de la Yega^ puede el Ministro 
plantear los presupuestos de Real órdeo^ ¿á qué nos está majan- 
do la paciencia con tantas discusiones de autorización para hacer 
lo que hará también sino se le autoriza? 

Y sino ha visto el presupuesto de gastos según afirma^ ¿cómo 
la dá por bueno bajo la palabra ministerial? [Ay Laso de la Vega! 
cómo te aplicaría yo sino te enfadases aquello 

De lo que ha dicho el Ministro 
Pido la palabra en pró-^ 
¡Sino ha hablado!— Pues que hable; 
Lo que diga, digo yo. 

En fin dejémonos de coplitas y sigamos la narración: después 
de haber perorado en pro el Sr. González Bravo^ aunque pareció 
q4ie lo hacia en contra; y en contra de verdad el Sr. Canga Ar- 
guelles^ y ni en pro ni en contra el Sr. Benavides ; se procedió 
á la votación últimü ratio parlamentorum, y se concluyó tan 
descomunal batalla concediéndose la autorización por 184 votos 
contra 14 , pasando al Senado donde se ha aprobado ya á estas 
fechas. 

Es fama que al publicarse el resultado, el art. 75 de la Cons- 
titución tomó el hato apresuradamente y el bastón del viageró, y 
dijo: «Me marcho...., adiós, Ocana^ está visto que estoy de sobra 
en la Constitución; y que el Ministro que le despedía, quedóse pen- 
sativo un momeutO:, y le contestó con desconsuelo: «oreo que yo 
también lo estoy ya en el Mínisterío^ si te esperaras ujio& dias... 
quizá nos marcharíamos juntos.... 

Pero el debate sobre la autorización concluyó aquí en las 
Górtes^^ y aquí concluye este artículo. 

León Colindo y de Vera. 



DB yALBNGIA. 94) 

EL SACRIFICIO DE LA ESPOSA. 



BN LA SOLEMNE PROFBSIOK RELIGIOSA BE SOR F. B. Y E. 

Brilla por fin en la celeste altura, 
sereno y esplendente, 
el magnífico sol de ta Tentura^ 
y en ta modesta frente 
ondula el blanco vela 
adorno de las vírgenes del cielo. 

Dia feliz: el templo suntuoso 
cubren loza^nas flai es 
y oculto en d altar, el santo esposó 
con suspiro de amores 
que el corazón inflama, 
y con sonora voz» así te llama. 

«Ven , doncella feliz , esposa mia^ 
ven al huerto escondido 
mansión de santa paz , y de alegrías. 
Aquí tiene su nido 
la candida paloma 
y rosas hay de celestial aroma. 

«Reina eterna la luz ; su llama ardiente* 
ni abrasa, ni fatiga; 
y allá en la gruta de coral luciente- 
que ofrece sombra amiga, 
suenan arpas- de. oro* 
y el hosanna inmortal del santo eoro« 

Ven, hija de Sion, ven presurosa 
á tomar de mi mano 
el anillo nupcial ; huye gozosa 
del hálito del mundo, que profano 
robara tu alnot^. esencia. , 
Ven al altar, corona tu inocencia. » 

Así con dulce voz , con blando mido, 
cual de brisa entre flores, ' 
llamó á tu corazón , y habló á tu oido 



350 Bi> pbusamtbiíto 

el Diotf de lotf amores, 

y ante el ara sagrada 

llorando de placer, te yes postrada. 

En raudo giro, del Edén desciende 
la lumbre misteriosa 1 

que el fuego del amor en tu akna endetide; | 

y con sonrisa hermodi 
al alto cielo sube^ 
tu plegaria en las alas de \m querube. 

Se aceptó la oblación. Con dulce agrado 
miró Jebová potente: 
á la esposa feliz que al hijo amedd' 
sigue pura , inocente, 
y á su dulce mirada 
se estremece la bóveda azulada. 

Entra ya, esposa fiel; con planta leve 
penetra en el santuario, 
sin escuchar la voz y el grito aleti^ 
del mundo temerario, 
que llora tu partida 
cuando vuelas al seno de la vida. 

Entre los lirios del vergel frondoso, 
en la noche cailaday 
al rayo de la luna misterioso, 
contemplo levantada 
la enseña salvadora 
de gloria y redención que el oiM adéíMt; 

La cruz de nuestra fé: símbolo santo 
de esperanza 3rcons8elo^ 
lazo eternal de indefinible eneantio^ 
que une la tierra al oielo^ 
broquel sagrado y. foeite 
do se estrellan los dardos de^ te tímtífíéi 

Bajo su nombre celestial, levanta 
tus manos sanTrnánoilh, 
y en alas de la fé sublime ysantar; 
al trono donde brilla 



M VlLKtiClA. 351 

d IMos de la demencia 

rauda suba la voz de tu inocencia. 

Voz poderosa que inraortd resuena 
en la celeste cumbre, 
que el ceño airado de Jehová serena, 
y torna en viva lumbre 
de plácida esperanaea 
el rayo destructor de su venganza. 

Entra ya, espcMsa fiel ; veo anhelante 
del claustro á los confínes, 
que ya preparan con sonrisa amante 
graciosos serafines 
la corona luciente 
que ha de ceñir tu nacarada frente. 

Eduardo Legido, Cura de La Llosa. 
Por el autor, 

A. Ápatisi y Guijarro. 



MIS PRISIONES. 



POR SILVIO PELUCO. 
(Continuación.) 

Para alejar de mí tales angustias hice la prueba de no acos- 
tarme. Dejaba arder mi vela durante toda la noche^ y permane- 
cía en mi mesa leyendo y escribiendo. ¡Mas qué importa! había 
momentos en que leía, y á pesar de estar completamente des- 
pierto^ no comprendía nada^ sin que mi cabeza tuviese fuerza 
para combinar las ideas. Copiaba entonces alguna cosa ; pero lo 
hacia rumiando en mi espíritu cosas muy distintas de las que 
escribía: pensaba en mis aflicciones. 

A pesar de todo ^ si me echaba en la cama^ mucho peor. 
Acostado me era imposible soportar ninguna postura: era una 
continua agitación^ y tenia por fuerza que levantarme; ló si por 
casualidad dormitaba algo^ causábame mas daño que el insomnio 
mismo. 

Mis oraciones eran áridas^ y no obstante las repetía á menu- 
do. No las componían abundantes palabras; pero sí un impulso 



352 EL PBMSAMIBNf o 

hacia el Ser Supremo^ invocando al Omnipotente unido al hom- 
bre^ y que esperimentó los dolores de la humanidad. 

En aquellas horribles noches se exaltaba de tal modo mi ima- 
ginación^ que me parocia, aunque despierto^ oir tan pronto en 
mi encierro grandes quejidos como risas ahogadas. En mi infan- 
cia jamás creí en brujas ni en espíritus, y entonces me aterraban 
aquellas risas y gemidos^ sin saber cómo esplicarlo, y me veía 
obligado á dudar si sería yo el escarnio de alguna potencia mis- 
teriosa y malhechora. 

Varias veces cogí con trémula mano la luz para mirar si se 
había ocultado alguien debajo de mi cama para burlarse de mí: 
no pocas llegué á creer que me babiau trasladado a aquel encierro 
por haber en él alguna trampa , ó alguna raja disimulada en sus 
paredes^ por donde mis esbirros^ pudiesen acechar cuanto yo 
hiciera^ y divertirse cruelmente en atemorizarme. 

Cuando estaba sentado á mi mesa me parecía unas veces que 
me tiraban del vestido, otras que una mano oculta tiraba al suelo 
mi libro que veía caer, y bastantes que venia cualquiera por de- 
trás á apagar con su soplo la luz que me alumbraba. Levantá- 
bame entonces precipitadamente, miraba en derredor mió, me 
paseaba con desconfianza^ y me preguntaba si me había vuelto 
loco ó estaba en mi sano juicio. De cuanto miraba y sentía, no 
sabia qué era realidad ni qué ilusión, y esclamaba acongojado: 
Deus meuSj Deus meus^ ¿ut quid dereliquisti me? Dios mió. Dios 
mío, ¿por qué me has abandonado? 



Al acostarme cierto día un poco antes de la aurora, creí estar 
perfectamente persuadido de haber colocado mi pañuelo debajo 
de la almohada. Después de haber dormido un poco me. despierto 
como de costumbre, y creía que me ahogaban. Reconozco en 
efecto tener á mi cuello una ligadura bastante apretada, y lo mas 
estraño es que realmente mi pañuelo rodeaba mi pescuezo con 
varios nudos. Hubiera jurado no haberlos yo hecho ni haber to- 
cado mi pañuelo desde que lo coloqué debajo de la aimoha<la: era 
preciso que lodo se hubiera realizado durante el sueno ó en algún 
acceso de delirio, sin conservar el menor recuerdo. Pero no po- 
día yo creerlo^ y. desde aquel dia me figuraba todas las noches 
que iba á morir ahogado. 

Conozco fácilmente cuanto tienen de ridículo para los demás 
semejantes alienaciones de espíritu; pero para mí que las espe- 
rimenlaba me causaban tanto mal, que aun me- estremezco en 
pensarlo. 

Disipábanse esas visiones por la mafíana> y mientras duraba 



DE VALENCIA. 353 

la luz del sol sentia tan fuerte mi ánimo contra ellas ^ que aun 
me parecia imposible me volviesen á perseguir. Pero al anoche- 
cer comenzaban de nuevo los temblores^ y cada noche se repro- 
ducían los estravaganles espectros de la anterior. 

Cuanto mas débil me hallaba en las tinieblas^ mayores eran 
los esfuerzos que hacia durante el dia por mostrarme risueño y 
jovial en mis conversaciones con loscamaradas^ con los niños de 
las tortas^ ó con los alcaides. Seguramente que nadie al oirme 
chancear como lo hacia^ hubiera podido sospechar la deplorable 
enfermedad de que era presa. Creí hallar algún vigor en estos 
esfuerzos^ pero de nada me sirvieron: aquellas apariciones noc- 
turnas que por el dia llamaba yo. tontas ilusiones^ presentában- 
seme por la noche como horrorosas realidades. 

Si me hubiese atrevido hubiera suplicado á la Comisión me 
mudase de cuarto, mas nunca me determiné á ello por temor de 
que se riesen de mí. 

Hallando igual falta de fuerza en todos los raciocinios, reso- 
luciones, estudios y oraciones, la horrible idea de que Dios me 
hubiese enteramente abandonado vino á apoderarse de mí. 

Todos los malos sofismas contra la Providencia, que en mi 
estado de razón me habían parecido tan miserables, silbaron en- 
tonces brutalmente en mis oidos, y me parecieron dignos de 
atención. Luché algunos dias contra la tentación, mas después 
fui su víctima. 

Por el autor, 

A. Aparisiy Guijarro. 



A CRISTO CRUCIFICADO. 



SONETO. 

¡Oh! ¡cuál está el Señor de tierra y cíelo 
Entre ladrones de la cruz pendiente! 
;Tú, en cruz, el bueno, el santo, el inocente, 
Tú, que luz das al sol, flores al suelo! 

Aunque roto, sangriento, sin consuelo, 

Tomo II. 4:> 



« 



354 EL PENSAMIENTO 

Escándalo y ludibrio de la ¿ente, 

¡Cuál fue tu magestad que un delincuente 

Te descubrió escondido en mortal velo! 

Perdona á <[uien le hirió, muere porque ama, 
Desnudo está y riquezas nos ofrece, 
Al espirar la tierra se estremece^ 
El juez que le condena Rey le aclama, 
Y venciendo á la muerte ¡oh gran victoria! 
La infamia déla cruz convierte en gloria. 

Benito AUet. 



CftéNICA RELIGIOSA. 



Renunciamos por esta vez, y de buen grado, á ocuparnos de nuestras mi- 
serias y disensiones políticas: la semana que atravesamos es sobrado seria y 
altamente imponente para el cristiano para que vayamos nosotros, ni por un 
momento siquiera, á distraerle de sus santas ocupaciones. ¿Podríamos ofre- 
cer, acaso, al lector un cuadro alhagüeño de bienandanza tanto moral como 
material que le sirviera de agradable distracción, ó motivo de gracias al cielo 
por la felicidad que concediera al mundo? 

Por nuestro mal , y para mal de nuestra triste época, las pasiones bullen 
y se agitan; los ánimos viven intranquilos, la ambición lo devora todo, y 
por doquiera no se vé ni se observa mas que zozobra é inquietud : no parece 
sino que el espíritu de perdición quiere hacer presa de todo para sepultarlo 
en el abismo. 

Dejemos, pues, por hoy la crónica mundana, y para el pecho católico 
insertemos en su lugar esta crónica, que aunque antigua, ha sido, es y será 
siempre moderna: crónica siempre sublime y magestuosamente tierna, por- 
que no presenta sino máximas y preceptos de amor y de consuelo. ¡Ah! [sí 
ácada momento los tuviéramos presentes! ¡Si procuráramos escuchar la 
voz divina que tantos siglos há, y ahora y siempre nos los repite para que 
sean la única norma de nuestra vida, el objeto único á que debiéramos as- 
pirar! 

Cedemos hoya un antiguo deseo: nunca jamás desde nuestros años pri- 
meros, y aturdidos como tantos otros por el rudo embate de las pasiones, he- 
mos leido lo que insertamos del Evangelio santo, sin sentir una profunda 
conmoción y un tierno sentimiento. ¿Era predisposición natural ó efecto de 
su lectura? De lo segundo ciertamente, porque á poco que se quiera meditar 
se observará la inmensa grandeza que destilan todas las palabras, todas las 
máximas con las que todo un Dios hecho hombre se despedía de sus discípu- 
los y amigos en el mundo. Y en la oración postrera ¡cuánta ternura y cuánto 
amor! ¿Hay algo en lo humano á que pueda compararse? 

Nuestra crónica, pues, la titularemos: 



DE TALBNGIA. 31)5 

LA ULTIMA CONVERSACIÓN DEL SALVADOR CON SüS 

DISCÍPULOS. 

Empezaba una nacva época: los^crfficios de sangre de la- hj- antigua 
habían terminado para ser reemplazados por otro sacrificio mudio mayor y 
mas grande; por un sacrificio de amor. El hijo de JMos, y Dios él mismo no 
quería separarse del mundo que había venido á salvar sin darle una perpetua 
prueba de cuánto le amaba, dejándole en prenda de su vivo amor su cuerpo 
y sangre sacratísimos. 

Era el único sacrificio de la nueva ley que empezaba; sacrificio de amor y 
de abnegación. 

En un vasto eenácub de la ciudad que fue grande y después traidora, 
preparado por su dueño para celebrar la Pascua que se aproximaba, se veían 
al derredor de la mesa, y recostados sóbrelas camillas, trece hombres mo- 
destamente vestidos y 'humildemente atentos á lo que decía el qu3 sentado 
á su cabeza les presidia-. 

Su esbelta: figura, su mirada magestuosa pero triste, su hermoso color 
aunque algo pálido, sus labios de carmin y su luenga y poblada cabellera que 
se confundía en su colorido indescriptible con su espesa barba, inspiraban el 
respeto y la veneración á cuantos á él se acercaban: diriase que aquella figura 
humana que pertenecía al mundo, porque en el mundo vivía, no podía pro- 
ceder sino del cielo, porque deU cielo solo podía: emanar un objeto tan 
perfecto. 

Era el Hombre-Dios, el Salvador del mundo* 

Todos los espíritus celestes habían contemplado con admiración profunda 
la institución del nuevo sacrificio y la inauguración de la ley nueva: cubier*- 
tos con sus alas de púrpura y atentos á todas las palabras, á todas las espre- 
siones que vertían los.lábíos celestiales del hijo de Oíos, llenaban el cenáculo 
de un oloroso perfume que, descendiendo del alto empíreo^ daba por decirlo 
así, nueva fuerza^ nueva 'Solemnidad á aquel acto de tanta magestad. Solo 
el mundo ignoraba que en aquellos- moméntos-de silencio, y en una humilde 
casa de la ciudad que fue santa, se operaba un misterio augusto que había 
de ser i)ara él, la enseña gloríosa.de su completa regeneración. [Ohl el mun- 
do con sus pasiones* ignobles> con su» deseos insanos, no. podía comprender 
cómo el que miraba como hombre pudiera venir á practicar en éL lo que sok» 
Dios debía haberle! enseñado. £1 mundo- tosco y material no adivinaba cómo 
podía subrogarse al reinóle la pasión, la. influencia y. el dominio del es* 
píritUr .... 

La Eucaristía quedaba instituida, y con ella y por ella el cristianismo: 
el cristianismo que no es solo una religioD de amor, sino religión de caridad, 
de fraternidad^ de abnegación y de sat;rificío. Este egemplo del amor de todo 
uu Dios por los hombreSf es loque da tanta fuerza al cristiano para ar- 
rostrarlo todo, para sufrirlo todo. Pregúntese, sinoy al misionero que atra- 
viesa á pie descalzo y sin mas que su breviario y su báculo por entre las hor- 
das salvages de las montanas del Asia y de la América: á la joven que des- 
pojándose de sus ricos y brillantes atavíos sepulta su belleza entre el tosco 
sayal de las inditas hermanas de 1» caridad; al sacerdote que vela día y no- 
che y sin dar descanso á sus miembros fatigados y achacosos, junto al lecho 
del moribundo; á la muger de sociedad que se encuentra á veces eu la mU 
sera buhardíll£^ del pobrej á todos en fin los que en estos tiempos de egoís- 
mo y relajación moral dan al mundo el noble espectáculo de sacrificio y ab« 



356 EL PENSAMIENTO 

negación: preguntadles, repito, lo que les inspira, lo que les sostiene, lo 
que les anima para sacrificar no una pasión, no un deseo, no un capricho, 
sino mil vidas si las tuvieran para enjugar una sola lágrima, aliviar el dolor 
consolar el infortunio de los que sufren, y todos á una voz os responderán 
La Eucaristía. 

¡Qué mas pueden bascar los modernos pensadores! ¡Con qué pueden 
reemplazar esa escuela divina de fraternidad, de sacrificio y de abnegackin 
donde á los preceptos mas sublimes se unen los mayores egemploai f Ahi 
vosotroa ignoráis sin duda todo el mal que hacéis cuando tratáis de matar en 
las almas la fé, si es que no ocultáis acaso, y bajo una hipócrita faz, el odio 
implacable á la humanidad que os devora! 

El Salvador, empero, después de instituido el Sacramento de amor y de 
perdón no pudo menos de conmoverse al pensar en la traición que iba á 
efectuar uno de sus discípulos. Padre amante y maestro cuidadoso «un hu- 
biera querido que Judas, el traidor infame, se hubiese arrepentido de haber 
llevado á cabo un designio tan villano. Quiso al efecto llamarle la atención 
en medio de sus compañeros, y aunque sin designarle, dijo: (1). 
— »En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. 9 

Los discípulos del Hombre-Dios se miraron sorprendidos y llene» de 
tristeza. Solo Judas permaneció impasible, porque la traición ciega el espir 
ritu y destruye el corazón. Mas como también escluye toda vergüenza, pre- 
guntó como los demás 
— ¿Acaso soy yo, Señor? 
— Tú lo has dicho, contestó el Salvador. 

El Iscariote salió del cenáculo. 

Era de noche ya, la hora del crimen, porque solo el criminal desea y 
busca tes tinieblas. 

Jesús, entonces, cual si se reflejase ya en él la gloria de su padre , escla- 
mó viéndole salir. 

-^ «Ahora es gloriíioado el hijo del hombre y Dios es glorificado en él. Sí 
Dios es glorificado en él, Dios también lo glorificará á él en sí mismo, y luen- 
go le glorificará. Hijitos mios, aun estoy un poco con vosotros. Me busca- 
reis, y asi como dije á los judíos: adonde yo voy, vosotros no podéis venív; 
lo mismo digo ahora á vosotros. Un mandamienta nuevo os doy: que os 

AMÉIS LOS DNOS A LOS OTROS ASÍ COMO YO OS HE AMADO, FABA QUE VOS- 
OTROS 08 AMÉIS TAMBIÉN ENTRE TOsoTRos MISMOS. En esto couocerán todos 
que sois mis discípulos si tuvieseis caridad entre vosotros. 

»Nose turbe vuestro corazón. Creéis en Dios^ creed también en mi. En 
la casa de mi padre hay muchas moradas. Sí así no fuera yo os lo hubiera 
dicho: pues voy á aparejaros el lugar. Y si me fuese y os aparejare lugar, 
vendré otra vez y os tomaré á mí mismo, para que en donde yo estoy, estela 
también vosotros. También sabéis dónde voy y sabéis el camino.» 

Y como Tomás le dijese que no sabia dónde iba y que por consiguiente 
Ignoraba el camino, respondióle el Salvador: 

T-»Yo soy el camino y la verdad y la vida ; nadie viene al Padre sino por 
mi. ¿No creéis que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que 
yo os hablo no las hablo de mí mismo. Mas el padre está en mi él hace 

Si) Todo lo que está entre comillas, pertenece a la traducción da la 
gata por el P. Scio* 



DE VALENCIA. 357 

las obras. Creedlo, sído, por las mismas obras. En verdad, en verdad os 
digo; el que en mí cree también hará las obras que yo hago, y mayores 
que estas hará ; porque yo voy al Padre, y todo lo que pidiereis al Padre 
en mi nombre, yo lo haré; para que sea el Padre glorificado en el Hijo. 
»Si me amáis guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y os dará 
otro Consolador para que more siempre con vosotros. £1 Espíritu de la 
verdad á quien no puede recibir el mundo, porque no le vé ni le conoce: 
mas vosotros le conocéis porque morará con vosotros y estará en vos- 
otros. 

»No 08 dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 

sQuien tiene mis mandamientos y los guarda, aquel es el que me ama • 
Y el que me ama será amado de mi Padre, y yo le andaré y m^ lo mani- 
festaré á mi mismo . » 

Preguntóle entonces Tadeo: 
— ¿Cuál es la causa que te has de manifestar á nosotros y no al niundo? 
— »Si alguno me ama, le respondió Jesús, guardará mi palabra y mi Padre 
le amará y vendremos á él y haremos morada en él. El que no me ama 
no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oido no es mía , sino del 
Padre que me envió. Y el Consolador, el Espíritu Santo que enviará el 
Padre en mí nombre , él os enseñará todas las cosas y os recordará todo 
aquello que yo os hubiese dicho.» 

Y como Jesucristo notase la triteza de sus discípulos que tanto amaba 
prosiguió: 

— » La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo. No 
se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Ya habéis oido que os he dicho: 
voy y vengo á vosotros. í¡ me amaseis os gozaríais ciertamente porque voy 
al Padre: porque el Padre es mayor que yo. Y ahora os lo lie dicho antes 
quesea, para que lo creáis cuando fuese hecho. Ya no hablaré con vosotros 
muphas cosas porque viene el principe de este mundo y no tiene nada en 
mi. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre y como me dio el 
mandamiento el Padre, asi hago. Levantaos y vamos de aquí.» 

Y saliendo de la casa se dirijieron hacia el monte de las olivas. 

Apiñáronse los discípulos en derredor del maestro el cual continuó en 
estos términos. 

— »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento 
que no diese fruto en mi, Ip quitará, y todo aquer que dies^ fruto lo lim- 
piará para que dé mas fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que 
os he hablado. 

nEstad en mi y yo en vosotros. Como el sarmíepto no puede de sí mis- 
mo llevar fruto sino estuviere en la vid { asi ni vosotros sino estuvieseis 

eo mí. 

»Yo soy la vid , vosotros los sarmientos: el que está en mí y yo en él, 
este lleva mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. El que no es- 
tuviere en mi, será echado fuera asi como el sarmiento y se secará, y lo 
cogerán y lo meteirán en el fuego y arderá. 

»Si estuvieseis en mí y mis palabras estuviesen en vosotros, pediréis 
cuanto quisieseis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre en que 
llevéis mucho fruto y en que seáis mis discípulos. 

»Como el Padre me amó, también yo os he amado. Perseverad en mi 
amor. 

«Si guardareis mis mandamieJ(it€|íi persevertireis en mi amor^ asi como 
yo también he guardado tos mand¿imicntos de mi Padrq y estoy en su amor. 



358 EL PENSAMIENTO 

«Estas cosas os he dicho para que mi gozo esté en vosotros y vuestro 
gozo sea cumplido. 

i>Este es* mi mandamiento : que os améis los unos a los otros gomó 
TO os AME. Ninguno tiene mayor amor que éste , que es poner su vida poí' 
sus amigos. 

«Vosotros sois mis amigos si hiciereis las cosas que yo os mando. No óá 
llamaré ya siervos , porque el siervo no sabe lo que hace su Señor. Mas á 
vosotros os he llamado amigos porque os he hecho conocer todas las cosas 
que he oido de mi Padre. 

»No me elegisteis vosotros á mí , mas yo os elegí á vosotros y os he 
puesto para que vayáis y llevéis fruto, para que os dé el Padre todo lo que 
le pidiereis en mi nombre. 

»Esto os mando: qüe os améis los unos a los otros. 

»Si el mundo os aborrece , sabed que me aborreció á mí antes que á 
vosotros. Si fuerais del mundo el mundo amaría lo que era suyo: mas por- 
que no sois del mundo , antes yo os escogí del mundo , por eso os aborrece 
el mundo. 

» Acordaos de mis palabras y que os he dicho: el siervo no es mayor que 
su Señor. Si á mí me han perseguido, también os peráeguirán á vosotros: si 
mi palabra han guardado , también guardarán la vuestra. Mas todas estas 
cosas harán por causa de mi nombre , porque no conocen á aquel que mé 
ha enviado. 

»Sino hubiera venido ni les hubiera hablado no tendrían pecado; mas 
ahora no tienen escusa de su pecado, 

»E1 que me aborrece á mí también aborrece .á mi Padre. 

«Sino hubiese hecho entre ellos obras qué ningún otro ha hecho , no 
tendrían pecado ; mas aliora que las han visto , me aborrecen á mi y á.ml 
Padre. 

«Para que se cumpla la palabra.que está escrita en su ley: aque me abor- 
recieron de grado. 

»Mas cuando viniere el Consolador que yo os enviaré del Padre , el Es- 
píritu de verdad que procede del Padre , él dará testimonio de mí. Y vos- 
otros daréis testimonio porque estáis conmigo desde el principio.» 

Escuchaban los apóstoles al Salvador con retigioso sifeñcíó como para 
mejor grabar en sü corazón las máximas santas que brotaban de aquellos 
labios divinos. El Señor, empero; para aniniíarles y fortalecerles contraías 
persecuciones que les esperaban, continuó: 



r •» 



—«Esto 08 he dicho para que ño os escandalicéis! Os echarán de las sinago* 
gás: mas viene la hora en que cualquiera que os mate pensará que hace un 
servicio á Dios. 

»Y os harán esto porque no conociferoti af Padre ni á mí. Mas éslo pshe 
dicho, para que cuando viniere la hora os acordéis que yá os lo dije. Ño os 
dije estas cosas al principio porque estaba con vosotros. Msis ahora voy á 
aquel que rae envió y ninguno de vosotros me preguntar : ¿A áónáe vas? 

» Antes porque os he dicho estas cosas la tristeza ha ocupado vuestro co- 
razón: mas yo os digo la verdad ; que conviene á vosotros que yo me vaya, 
porque sino me fuere no vendrá á vosotros el Consolador : más si tne fuere 
os lo enviaré, 

» Y cuando él viniere argüirá ¿I mundo de pecado y de justicia y de jui- 
cio» De pecado, ciertamente; porque no han creído en mí. De jastickf por- 



k 



DB VAL£NGU. 35$ 

que Yoy al Padre y ya no me veréis. Y de juicio , porque el príncipe de 
este mundo ya está juzgado. 

»Aun tengo que deciros muchas cosas; mas no las podéis Ueyar ahora. 
Mas cuando viniere aquel Espíritu de verdad , os enseñará toda la ver- 
dad. Porque no hablará de si mismo » mas hablará todo lo que oyere y os 
anunciará las cosas que han de venir. El me glorificará > porque de lo mió 
tomará y lo anunciará á vosotros. Y todas cuantas cosas tiene el Padre mías 
son. Por eso os dije: que de lo mió tomará y lo anunciará á vosotros. 

»ün poco y ya no me veréis, y otro poco y me veréis , porque voy al 
Padre. » 

No acertaban los discípulos á comprender estas palabras y se decían en 
voz baja: «¿Qué quiere decir con un poco y no me veréis y otro poco y, me 
vereiS) porque voy al Padre?» 

Mas Jesucristo les salió al encuentro y les dijo: 
— «Disputáis entre vosotros de esto que os dije : un poco y no me veréis y 
otro poco y me veréis : en verdad , en verdad os digo; que vosotros llorareis 
y gen^ireís, mas el mundo se gozará y vosotros estaréis tristes ; pero vues- 
tra tristeza se convertirá en gozo. 

»La muger cuando pare está triste porque llega su hora ; mas cuando ha 
parido un niño ya no se acuerda del apuro , por el gozo de que ha nacido un 
hombre en el mundo. 

«Vosotros tenéis ciertamente tristeza ahora; mas otra vez os he de ver 
y se gozará vuestro corazón y nadie os quitará vuestro gozo. Y en aquel dia 
no me preguntareis nada ; porque en verdad os digo , que os dará el Padre 
todo lo que le pidiereis en mi nombre. 

DÜaséa aqui no habéis pedido nada en mi nombre.... pedid y recibiréis, 
para que vuestro gozo sea cumplido. 

» Estas cosas os he hablado en parábolas. Viene la hora en que no os ha- 
blaré por parábolas, mas os anunciaré claramente de mi Padre. En aquel dia 
pediréis en mi nombre ; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, 
porque el mismo Padre os ama porque vosotros me amasteis, y habéis creído 
que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo ; otra vez dejo al mundo 
y voy al Padre.» 

Llenóse de gozo el corazón de los discípulos y uno de ellos le dijo: 
— «Ahora hablas claramente y no dices ningún proverbio: y ahora conoce- 
mos que sabes todas las cosas y que no es menester que nadie te pregunte. 
En esto creemos que has salido de Dios.» 

Jesús les respondió: 
— «¿Ahora creéis? Hé aquí que viene y es llegada la hora en que seáis es- 
parcidos cada uno por su parte y que me dejéis solo: mas no estoy solo por- 
que el Padre está conmigo. 

«Esto os he dicho para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis 
apretura: mas tened confianza que yo he vencido al mundo. » 

Aquí terminó la última conversación de Jesús : lleno empero su corazón 
del amor que profesaba á sus discípulos quiso recomendarles á su Eterno 
Padre, y levantando los ojos al cielo y estendiendo sus manos esclamó: 

— «Padre , viene la hora , glorifica á tu hijo para que tu hijo te glorifique 
á tí ; así como le has dado poder sobre toda la carne , para que todo lo que 
le diste á él, les dé á ellos vida eterna. 

»Y esta es la vida eterna: que te conozcan á ti solo Dios verdadero , y á 
Jesucristo á quien enviaste. 



3G0 EL PENSAMIENTO 

»Yo te he glorííkado sobro la tierra : he concluido la obra que me diste 
á hacer. 

«Ahora , pues , Padre , glorifícame tú en tí mismo con aquella gloria 
que tuve en ti antes que fuese el mundo. 

»He manifestado tu nombre á los hombres que me diste del mundo. 
Tuyos eran y me los diste y guardaron tu palabra- 

» Ahora han conocido que todas fas cosas que me diste de ti son. 
«Porque les he dado las palabras que me diste ; y ellos las han recibido y 
han conocido yerdáderamente que yo sali de ti y han creído que tú me 
enviaste. 

»Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo sino por estos que me . 
diste, porque tuyos son. 

» Y todas mis cosas son tuyas y las tuyas son mias , y en ellas he sido 
glorificado. 

n Y ya no estoy en ^I mundo: mas estos están en el mundo y yo voy á 
ti. Padre santo, guarda por tu nombre á aquellos que me diste para que 
sean una cosa como nosotros. 

«Mientras yo estaba con ellos los guardé en tu nombre. Guardé á los 
que me diste y no pereció ninguno de ellos , sino el hijo de perdición , para 
que se cumpliese la escritura. 

»Mas ahora voy á ti y hablo esto en el mundo para que tengan su gozo 
cumplido en si mismos. 

»Yo les di tu palabra y el mundo les aborreció; porque no son del mun- 
do, como tampoco yo soy del mundo. 

»No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes de mal. 
»No son del mundo, así como tampoco yo soy del mundo. ^ 
«Santifícalos con tu verdad: tu palabra es la verdad. 
«Como tú me enviaste al muado^ también yo les he enviado al mundo. 
«Y par ellos yo me santifico á mí mismo , para que ellos también sean 
santificados en verdad. 

«Pero no ruego tan solo por ellos, sino también pot los que han de creer 
en mi por la palabra de ellos. 

«Para que sean todos una cosa; asi como tú, Padre, en mi y yo en tí, 
que también sean ellos una eosa con nosotros, para que el mundo crea que tú 
me enviaste. 

j»Yo les he dado la gloria que tú me diste> para que sean una cosa; como 
también nosotros somos una cosa. 

»Yo en ellos tú en mí para que sean consumados en una cosa, y que co- 
nozca el mundo que tú me has enviado y que los has amado como también 
nie amaste á mí. 

«Padre, quiero que aquellos que tú mediste estén conmigo donde yo 
estoy; para que vean mi gloria que tú me distej porque me has amado antes 
del establecimiento del mundo. 

«Padre justo; el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido, y 
estos han conocido que tú me enviaste. 

«Y les hice conocer tu nombre y se lo haré conocer, para que clamor 
con que me has amado esté en ellos y yo en ellos.» 

Concluida esta dulcísima plegaria, separóse el Salvador de sus discípulos, 
y acompañado de solo tres de entre ellos atravesó el torrente Cedrom hacia 
el huerto de Getsemaní. Allí debían principiar para el divino nmestro y 
Señor las veinte bofas d« dolores^ de sufrimientos y de martirio, que mortal 
alguno no podría resistir. 

Luis Miquel y Roca. 



LA autonomía del INDIVIDUO. 



EXAMEN DE LA FILOSOFÍA DEMOCRÁTICA. 



El periódico La Discusión , representante de la democracia 
en la prensa de Madrid^ trabó hace algunos días descomunal ba-, 
talla con los órganos del progreso^ la cual ha producido dos re-, 
sultados, por cierto muy importantes; primero: la separación, 
digo mal, la guerra mas cruel é implacable que hemos presen- 
ciado en nuestra época entre progresistas y demócratas; segunda: 
la enunciación do la filosofía democrática española que es una 
cosa bastante notable para motivar este nuestro artículo. 

Necesario será convenir en que los demócratas han conven- 
cido á los progi^esistas de que son un partido doctrinario; pero 
en cambio deberían convenir también por su parte los demócratas 
en que no saben fijamente lo que piensan. 

Al separar los unos y los otros sus antes confundidas legio- 
nes, intentaron separar también los signos y. colores de sus ban- 
deras^ mas si lo primero era fácil, lo segundo no, á causa de que 
los principios son indivisibles, y como no pudieron confundirse, 
tampoco ahora han podido separarse. Así pues, al practicar 
aquella operación.,^ vieron los republicanos que los progresistas 
se quedaban sin principios, sin bandera, por cuya causa habiau 
de confundirse necesariamente entre los que defienden el eclecti- 
cismo, y en esto fundados, dijéronles muy ufanos á los progre- 
sistas: nos vamos con nuestra bandera; observad que os quedáis 
sin ninguna. 

¿Cuál es vuestra bandera?: preguntaron los del progreso, y 
los demócratas respondieron : la misma que por deferencia á 
vuestro orgullo arrollada tuvimos hasta ahora, la misma que al 
viento desplegamos desde este instante en que somos libres: ved- 
la: la autonomía del individuo. 

Estas palabras, un tanto cuanto enigmáticas, llenaron de es- 
tupor á los progresistas, porque al parecer no hablan sonado si- 
quiera en ellas, y preguntábanse unos á otros, ¿qué será eso de 
la autononiia del individuo? Llegaron estas interrogaciones á 
oidos d« ¿^ Discusión y quiso sacarles de dudas, diciendo: la 
autónoma del individuo contprende todos los derechos necesa- 

Tomo II.^Núm. St.-iO Abril de 1959. 411 



362 EL PBNSAMIRNTO 

ríos al desarrollo del mismo ^ cuyos derechos son absolutos. Y 
para probarles después la posibilidad de realizar aquella fórmula, 
La Discusión ha ido esplanaudo su sistema en una serie de artí- 
culos repletos sin duda de ciencia y de luz^ tanto, que los pro- 
gresistas debieron quedar tamañitos. 

Nosotros varaos saliendo también de nuestro error, el cual 
consistía en creer que Balmes y Donoso eran nuestros únicos fi- 
lósofos en la edad presente. No acertaremos tal vez á esplicar 
buenamente lo que nos pasa al leer ciertas cosas, pero siguiendo 
la opinión .del vulgo que califica de sabiduría lo que no alcanza á 
comprender, a nadie desde hoy negaremos el título de filósofo 
desde el momento en que lü pretenda, y confesaremos llanamente 
que el Personalismo de Carapoamor, y los discursos de Castelar, 
y los artículos de La Discusión rebosan ciencia por todas partes. 
¡Habíamos de contender sobre la bondad de lo que nunca hemos 
comprendido! Pero volvamos al asunto^ aunque esta digresión no 
está fuera de luggr, porque, tratándose de filosofía, pareciera in- 
justo olvidar á nuestros mas renombrados escritores. 

Si la adtonomia es la libertad de gobernarse por sus propias 
Ifeyes, y se aplica la aulonomia á la democracia para formular un 
sistema político , diremos que la nueva fórmula, salvo el caso de 
que nos la espliquen mas favorablemente , equivale á la negación 
de todo gobierno , al reconocimiento de la soberanía absoluta del 
individuo, á la desorganización de la sociedad. Esto nos propo- 
nemos demostrar en el presente artículo. 

Por de pronto, natural parecería que, obedeciendo á las re- 
glas del método, los demócratas nos hubiesen dicho qué leyes 
propias son esas por las cuales quieren que el individuo se go- 
bierne Ubérrimamente; porque sin esta primera esplicacion, con 
su venia diremos que, cuanto sobre ello se diga, es poco menos- 
que hablar al arre. El buen arquitecto^ ante todo, procura dispo- 
ner sólidos cimientos que sostengan sin riesgo el. edificio, pero 
los demócratas, haciendo gala de sus instintos independientes, 
han querido prescindir de csfo, y ahora su edificio se bambolea. 
Se bambolea^ sí: por eso andan colocando puntales aquí, allá y 
acullá; rellenando vacíos, fortificando los puntos débiles; mas 
todo inútilmente, en nuestra opinión, porque no se acaiba bien lo 
que ha comenzado mal. 

¿Qué entienden los demócratas por esas leyes propias, cuyo 
gobierno libre ha de constituir la autonomía del individuo? ¿Son 
leyes propias las nacionales ó del país? Si así foese, no hahríaínos 
aprendido nada: esta es una máxima antigua y vulgar, ¿ lo cual 
no sabemos que se falle. ¿Son leyes propias las naturales que go- 
biernan á los seres dolados do razón? En tal caso tampoco na- 



DB VAL£MGIÁ. 363 

bríamos adelantado gran cosa en punto á doctrinas nuevas ^ por- 
que esta es iguaioiente vieja^ pero en cámbioy si los demócratas re- 
conocen el deber natural, explicado y perfeccionado por la reve- 
lación cristiana, aun podremos entendernos. Por último: ¿son le- 
yes propias las que dicta la razón individual^ ola razón de los 
mas? En el primer caso, con la aulonomia del individuo se 
probaria que el bcllo/idcal de los sabios es el estado salvage, que 
el resultado final de los progresos humanos es la barbarie ó sea 
la exageración del individualismo; porque cada uno por s/ signi- 
fica lo mismo que cada uno para st. En el segundo caso, la de- 
mocracia se pondría volunlaiiamcnte en berlina , porque la doc- 
trina de las mayorías tampoco es nueva, y prescindiendo de su 
falsedad, tomada en absoluto, vendria á demostrarnos que la de- 
mocracia no tiene otro sistema que la exageración del sistema de 
los progresistas. 

Deseamos esplicaciones, y en Ta confianza de que los demó- 
cratas nos dirán al fio categóricamente lo que eutieudeu por leyes 
propias, continuaremos nuestro examen* 

Según La Discusión^ la autonomía del individuo significa 
lo propio que «suma de los derechos naturales del hombre en 
sociedad.» Suponiendo que asi se esplique bien la autonomía^ 
¿concibe la democracia el derecho sin el deber? Y si concibo el 
deber como necesario para la realización del derecho, ¿por q«ó 
omite los deberes? ¿Por qué no comienza por el principio? ¿Por 
qué, ante todo, no establece como fundamento de su sistema po- 
lítico la doctrina de ios deberes? Y ello ha de ser así, porque 
no nos atrevemos á pensar que La Discusión acepte el derecho 
sin el deber, ni que admitiendo esté, no admita al propio tiempo 
una ley fija, inalterable^ eterna; para evitar que su sistema se 
repule no solo caprichoso, sino inmoral> ateo. ¿Qué ley moral 
admite? ¿No es la revelada? Será por lo menos la natural, aque- 
lla que Dios dejó grabada en la conciencia de todos los hombres. 
¿Tampoco es esta? Pues díganos en puridad^ cuál es^ para quo 
podamos juzgar con conocimiento de causa, que a fuer de hom- 
bres francos y decididos, tanto nos repugna hk lucha con los que 
huyen el cuerpo para hacerla perdurable^ como con los fantasmas 
que no se dejan locar. 

Los sistemas no se llaman filosóficos sino cuando se apoyan 
eu principios incontrovertibles y se desenvuelven al propio tiem- 
po lógicamente y con claridad. El derecho supone el deber, el 
deber y el derecho suponen la ley: ¿qué ley es esa? ¿Es divina ó 
humana? Aconsejamos a los demócratas que den pronta solución 
á esta dificultad. 



36& 



EL PENSiLMIBriTO 



Continuemos sin embargo en el comenzado análisis de ia 
doctrina democrática para adelantar en nuestras observaciones. 

Y diUdiie La Discusión , esos derechos son aftsoÍMíos. ¡Dere- 
chos absolutos en el hombre! Pero dejemos esto para después. ' 

¿Qué es el derecho absoluto"! Lo absoluto es lo ilimitado, lo 
infinito: lo absoluto representa la esencia de las cosas considera- 
das independientemente de toda relación. TJn derecho absoluto 
será por lo tanto un derecho indefinido é indefinible, y en lal 
sentido^ La Discusión no viene obligada á dar razón de ello. 
Pero semejante recurso no es siquiera ingenioso. El hombre, ser 
limitado y finito, no puede poseer derechos absolutos. El hombre 
no se ha formado á sí propio, ni depende de sí mismo, ni puede 
en su consecuencia resistir á las leyes que gobiernan su ser fí- 
sica y moralmente considerado. Esto es vulgar. Para conceder 
al hombre derechos absolutos, es indispensable hacerle señor y 
arbitro de sí mismo, es preciso olvidar á Dios y sus leyes. Hom- 
bre y derecho absoluto son ¡deas que no se concillan. Este len- 
guaje solamente lo usan los racionalistas. 

Deinas, el derecho absoluto^ como principio filosófico, consi- 
derado en abstracto, es una frase sin sentido, salvo el caso en 
que se hable de Dios: porque derecho absoluto es derecho sin ley 
que lo gobierne, un derecho sin deber que lo limite* lo cual no 
se comprende por los que no somos racionalistas. Y si del sin- 
gular pasamos al plural, ¿cómo conciliar derechos independien- 
tes^ ilimitados, con la unidad de causa? 

Grave error es pensar que puedan tralairse estas materias sin 
locar á la religión y á la moral, sin elevarse hasta Dios. Prosí^ 
gamos. 

En verdad, los derechos y los deberes pueden considerarse 
subjetiva y objetivamente, como dice La Discusteni pero, si se 
añade la calificación de absolutos, nos quedamos á oscuras, 
¿Qué es un derecho absoluto subjetivo? Será cuando mas una 
idea confusa de todo punto inapreciable. ¿Qué es un derecho ab- 
soluto objetivo"! Una idea confusa, que subjetivamente considera- 
da es inapreciable, no puede tener forma esterior determinada, 
y por consiguiente el derecho absoluto objetivo corre peligro de 
ser un absurdo. Pero supongamos la posibilidad de su existencia; 
¿qué seria el derecho absoluto objetivo entre los hombres?; la 
autocracia omnímoda, la cual, para ser legítima^ debiera tener 
por fundamento la doctrina del derecho divino que los demó- 
cratas rechazan. ¿Quién, sino el representante de Dios^ podría 
egercitar en la tierra objetivamente un derecho absoluto? ¿Se nos 
dirá que todos? Contestaremos que ninguno^ porque un derecho 



DE VALENCIA/ 36S 

absoluto en todos baria imposible el deber^ y semejante derecho 
fuera por ello nulo ó irrealizable. 

A pesar- de estas sencUias pero incontestables observaciones^ 
< DO dudan los demócratas en sacar de la doctrina de los derechos 
absolutos la fórmula de la personalidad política^ diciendo que la 
autonomía del individuo comprende: 

El derecho de votar en las asambleas populares. 

El derecho de seguridad personal é inviolabilidad del domi- 
cilio. 

El derecho de publicar sus pensamientos por escrito, sin de- 
pósito, sin editor responsable y sin una categoría de delitos ar- 
bitraria y absurda. 

£1 derecho de reunión y asociación pacíica para todos los fi- 
nes de la actividad humana. 

El derecho- de no ser juzgados y condenados sino por la con- 
ciencia pública^ ó sea -el establecimiento del jurado para lodos los 
delitos. 

Con mayor fundamento pudiéramos nosotros decir por via de 
hipótesis, que la autonomía del indivijduo comprende: 

El derecho de alimentarse. 

El derecho de cubrir la desnudez. 

El derecho de habitar. 

El derecho de defensa. 

El derecho de obrar en todos sentidos conforme á la vo- 
luntad. 

Suponiendo ahora que tales derechos , naturales y hasla 
cierto punió necesarios, debiesen ser considerados también como 
absolutos, la sociedad que por ellos se gobernara, presentaría el 
espectáculo admirable de una gran lucha de fieras. Hé aquí la 
consecuencia legítima de toda exageración ; el error, el absurdo. 

¿Qué objetarian los demócratas á los que defendiesen la doc- 
trina del deber absoluto? 

Así como los progresistas, cuando reniegan de ser doctrina- 
rios, se van sin conocerlo hacia la democracia^ de la misma manera 
los demócratas, cuando intenten realizar sus doctrinas^ se irán 
derechamente al socialismo. 

Pero concedamos que La Discusión haya aplicado bien la pa- 
labra autonomía , y que esla comprenda realmente aquellos de- 
rechos y no otros : ¿quién los gobierna? Si en realidad fuesen 
absolutos, nadie; porque desde el momento en que una ley los ri- 
giese, la ley estarla sobre los derechos, y estos no podrían ser ab- 
solutos. Y si la ley faltase á su objeto primordial^ aue es determi- 
nar los deberes, ¿para qué la ley? Véase, pues^ como en verdad 
I9 fórmula de los demócratas es el gobierno del individuo^ la ne- 



366 EL PENSAMIENTO 

gacton de toda autoridad. Dios mismo debía ser á sus ojos un 

autócrata^ ea cuanto se opusiera al libre egercicio de los dere- 
chos absolutos. ¿Quién gobierna^ pues^ aquellos derechos? 

Dícennos los demócratas que se gobiernan unos á otros ó 
por sí mismos, y con esto creen candorosamente haber resuelto 
la dificultad ¿Mas qué significa ese lenguaje? ¿Cómo se gobier- 
nan los derechos por sí mismos? Sino es esa una locución vacía 
de sentido, querrán darnos á entender pon ella los demócratas 
que los derechos de unos se modifican por los de otros, ó lo que 
es iguala que los derechos de estos creaft deberes en aquellos y 
\ice-versa. Enhorabuena: ¿por qué negarse á pronunciar la pa- 
labra deber? Por huir de toda ley, por alucinar.... y aun tal vez 
engañarse á sí propios. «¿Se niega esto? Pues veamos qué signi- 
fica aquello. 

Derechos absolutos que se gobierncm mas por oíros ó iodos 
por ellos mismos, según la autonomía; los cuales derechos ^ no 
obstante su carácter absoluto^ son también relativos sin perder 
lo absoluto: de modo que lo absoluto se gobierna por lo absolu- 
to j ó lo absoluto se gobierna a si propio, y muchos derechos ab- 
solutos son independientes é ilimitados y se gobiernan sin emba- 
razarse etc. ¿Quién podría entender esto? 

Lo principal en todas ocasiones es respetar las prescripcio- 
nes del sentido común y determinar bien las ideas y hasta ei sig- 
nificado de las palabras antes dé forjar sistemas filosóficos que den 
ocasión á los estraños para compadecerse de nuestra ignorancia. 

Dos observaciones tenemos aun que haoer. Es la primera, 
que tales cuestiones no pueden ser tratadas como .convieüO en 
artículos de periódico, y por lo mismo aconsejaríamos á los ra- 
dactores de Za Discusión, si eslimasen en algo nuestro consejo , 
que las espusierau en un libro. La seguftda es, que tratándose 
de un partido ó de un sislon>a que algunos suponen niíevo, se 
requiere suma claridad en la esposicion de las ideas, y como ha- 
brá podido comprender La Discusión, hasta ahora no fue muy 
feliz en este punto. 

Por otra parte, amonestamos también á todos los hombres pen- 
sadores que hoy escriben en la prensa periódica para que no tole- 
ren so estravíe la opinion'pública con ciertas ideas exageradas que 
nada tienen de verdaderas ni por consiguiente de admisibles. Hace 
tiempo que, por un error indisculpíible, vienen diciendo los roas 
conservadores que aun no es llegada la hora del triunfo legítimo de 
la democracia, dando á entender con esto que sus doctrinas son 
verdaderas y que solo tienen contra sí la razón de oportunidad. 
Si esto fuese cierto , sino existiera btro motivo para, oponerse á 
la propagación de las doctrinas democráticas mas que la £aUa de 



I>B VALENGU. '■ 367 

dporl»mdad^ nosotros seríamos demócratas á cara ^descubierta^ 
porque somos amigos de la verdad y seguimos la máxima de que 
ío verdadero debe defenderse siempre por todos. Pero nosotros 
no pencamos como aquellos conservadores: nosotros condenamos 
indistintamente todos los sistemas absolutos, y creemos que 
esas doctrinas democráticas, las cuales sea dicho de paso nada 
tienen de nuevas, son completamente falsas en la forma coma 
se pretende realizarlas. Diremos aun mas; que esas ideas po- 
drán trastornar al mundo, pero de seguro no se creará por su 
virtud nada bueno ni siquiera durable. La lucha de las clases, 
la del individualismo contra la sociedad, la resistencia , en fin, 
contra el principio de autoridad son hechos tan antiguos como el 
mundo. Partiendo de este supuesto, creemos que continuará la 
misma lucha por los siglos de los siglos^ dándose en cada época 
importancia mayor á este ó al otro principio contrario según de 
donde vengan los abusos. Si ahora se hiciese aplicación de esta 
nuestra doctrina á la época actual, seria fácil conocer, observando 
bien de donde viene el abuso y el peligro, cuál es el principio 
que está en nuestra opinión desliuado á adquirir importancia 
mayor en el gobierno futuro de los pueblos. 

Los principios contrarios, como absolutos, solo sirven para 
estraviar la opinión del vulgo, para forjar sistemas exagerados y 
absurdos. La ciencia de lo absoluto es la ciencia de Dios: las 
ideas de gobierno han de ser esencialmenle prácticas, y como en 
et mundo viven unos y otros principios contrarios^ á despecho de 
los absolutistas de todos los sistemas^ la ciencia del hombre, en 
ef gobierno como en las demás cosas, se reducirá siempre al arte 
de armonizar ó conciliar según las circunstancias^ para conse- 
guir, no lo bueno absoluto, sino lo mejor ó lo menos malo; y esto 
tan solo se conseguirá cuando, para hacer el bien de los hombres, 

te ciencia no se olvide de Dios. 

Miguel Vicente Almazm 



PREOCUPACIONES. 



Al conoloir mi anterior artículo sobre preo^opaciooes políti^ 
cas, me comprometí á hacer alguna indicación sobre la iniciativa 
guberbaaienlal : tambieb apunté la siguiente cuestión ¿debo ó no 



36S BL PBNSAMljBNTO 

retirarse el Mioislerio cuaotlo pierde la mayoría? No se me ocuUa 
que muchos de los que se litulaa polilícos, dirán desde luego^ 
que esto do admite discusión porque es un principio; sin em- 
bargo voy á í^xamínar si ló que se llama principio merece el Ululo ' 
de tal^ ó es otra preocupación: me duele por cierto no tratar esta 
y otras cuestiones con el detenimiento que exige materia tan 
Importante. 

La preocupación mas absurda que sirve de base á todas las 
demás es la que atribuye al pueblo la soberanía : si alguno ó mu* 
cbos se alarman al leer esta proposición^ combátanla con templan- 
za seguros de que no faltaré en mi puesto para sostener con 
razones mis doctrinas. Por consecuencia de esta preocupación 
hemos visto que algunas asambleas han supuesto que se habia 
trasladado á ellas la soberanía^ como si esta pudiera delegarse por 
el voto de electores que designa un número menor ante el que 
ha de incliuar la cabeza todo el pueblo soberano que de hecho y 
humildemente renuncia la soberanía. 

Agítase con mucho calor la cuestión de reforma electoral^ 
cada uno se afana por sostener sus opiniones, el resultado es que 
no nos entendemos en tan ardua y trascendental cuestión. 

¿Creéis que la elección por distritos es la mas perfecta? pues 
bien^ téngase en cuenta lo que voy á decir : cada distrito uombca 
sus diputados en los que domina esclusivamente el espíritu de 
localidad ó el deseo de restituirse á sus casas para no dejar aban- 
donados los negocios importantes de familia: no hablo de los que 
tal vez procuran ser diputados para medrar en sus respectivas 
carreras y mejorar su posición y la de los que les han dailo 
el voto. 

Estos diputados que llegan á la corte sin tener mas que ideas 
super&ciales de la situación política, ni conocer por lo común , 
mas intereses que los de su respectiva localidad; no albergan nin- 
guna idea colectiva y común que reúna en un centro á estas dis- 
tintas individualidades. 

Sin embargo, luego que se reúne esta confusión electiva, se 
la pregunta si quiere ó no sostener al Ministerio, si quiere que 
continúe ó no el sistema político del Gobierno; he aquí la inicia- 
tiva gubernamental: mudad ó sostened el Ministerio, pronunciad 
sin esperiencia, sin detención, sin conocimiento, puesto que ni 
aun á vosotros mismos os conocéis; trazad sin embargo al Trono ' 
el camino que ha de seguir, imponedle hasta los Ministros que ha 
de nombrar ¿llamáis á esto monarquía constitucional? ¿no veis 
que esta iniciativa sostiene siempre la instabilidad, la inoertidum- 
' bre, la. duda? 

¿Debe retirarse el Ministerio cimndo pierde I9 myoría? eues* 



DE VALENCIA. 369 

tíoQ es esta que por mas que la califiquen de impertinenle y hasta 
de ridicula; es de las mas graves que pueden ofrecerse, tal vez 
la de resolución mas difícil y hasta avanzo á decir que .si se re- 
suelve mal, conduce á la anarquía: reclamo que no se me juzgue 
de ligero, y que se me oiga. 

En esta cuestión se suponen dos cosas muy dudosas: prime- 
ra, que la mayoría sea uoa^ compacta, sistemática: segunda, que 
el Ministerio sea también uno, compacto, y conforme en un mis- 
mo pensamiento: yo pregunto ahora ¿qué es la mayoría? ¿qué es 
perder la mayoría? 

La mayoría es un ser ficticio que se compone momentánea- 
mente de cierto número de votos: pues bien, cuando son muchas 
las cuestiones y giran sobre distintos puntos, el diputado que en 
una cuestión vola con unos, en otra votará con otros ó ha de 
violentar su conciencia y sus convicciones, sometiéndose á las 
exigencias de una fracción : aquí tenéis la mayoría amovible, no 
solo en cuanto á sus decisiones, sino en cuanto al personal de los 
individuos que momentáneamente la forman; sin embargo siempre 
que se habla de mayoría se supone un ser compacto, fijo, perma- 
nente, esta suposición aqui vale á un imposible ¿será una preo- 
cupación? ciertamente que sí^ veámoslo. 

Cuando se dice que el Gobierno ha perdido la mayoría, no 
se dice nada, sino que en una discusión especial tienen distinta 
opinión el Ministerio y la mayoría; pero el Ministerio y la Cáma- 
ra, pueden en el mismo dia ponerse de acuerdo en otra cuestión 
importante^ y aun en la misma haciéndose mutuamente algunas 
concesiones que modifiquen las opiniones de unos y otros ; no 
hay pues necesidad ni es conveniente declararse desde luego en 
hostilidad y decidir un rompimiento entre el Ministerio y las Cá- 
maras, ni hay motivo para esponer al pais á arrostrar las peli- 
grosas consecuencias de nuevas elecciones: la novedad del poder, 
un cambio de Ministerio hace sentir su influjo en la administra- 
ción del pais, detiene el desarrollo de todos los sistemas, intro- 
duce el temor en unos, alienta las esperanzas en otros, muchos 
se conmueven , todos se agitan á la vista de nuevas elecciones. 

No debe el Gobierno retirarse porque en una cuestión por 
mas importante que sea, pierda la mayoría: si la pierde en una 
cuestión debe procurar adquirirla en otra, debe reflexionar con 
mas detenimiento y si en efecto se convence de que ha procedido 
con error debe reconocerlo francamente anteponiendo el amor 
al pais, al amor propio. 

El Ministerio (supuesta siempre la regia confianza) debe per- 
manecer firme en su puesto mientras le sea posible gobernar, sean 
las que quieran las dificultades y disgustos que haya de vencer: 
Tomo II. . 47 



370 EL PENSAMIENTO 

el Gobierno puedo y debo gobernar mientras que no le prive de 
los medios de hacerlo la pérdida de la mayoría: son muy pocas las 
cuestiones en que esto se verifica; la esperiencia nos enseña, que 
los Ministerios se han retirado las mas veces por haber titulado 
cuestiones de gabinete las que realmente no eran mas que cues- 
tiones de amor propio. 

He hablado de las mayorías accidentales pero de buena fo y 
de conciencia, pasemos ahora á hablar de esas mayorías de coali- 
ción que se reúnen sin otro objeto que derribar al Ministerio, y. 
que al dia siguiente se hallan en la imposibilidad de entenderse y 
de formar y desplegar un nuevo sistema. En el caso supuesto y 
por desgracia muy frecuente, es preciso confesar que la mayoría 
de coalición es una mentira, y por consiguiente que los Ministros 
que ante esta mayoría se retiran, lo hacen ante un fantasma par- 
lamentario tan impotente como la misma anarquía. 

No^ el Ministerio no debe retirarse ante una mayoría de co- 
alición, que ni llega á entenderse ni es capaz de formar ningún 
sistema: me dirán ¿pues qué tienen de hacer los Ministros en este 
caso? tomar su parte de cruz y acompañar á la dignidad real basta 
el calvario: y ¿cómo? declarando que no se retiran ante tal ma- 
yoría, y manifestando al pais que por esta usurpación parlameti- 
taria, la responsabilidad cae sobre la coalición que por miras 
particulares entorpece la administración de un poder que ella no 
puede constituir. 

¿Qué sucedería si la nación comprendiera de un modo termi- 
nante que el Ministerio no se retiraba ante una mayoría de co- 
alición? que no habria mas mayorías de coalición^ en cuyo 

caso los debates parlamentarios ya no recaerían sobre personas 
sino sobre cosas, cada opinión seguiría su curso^ las discusiones 
serian mas sinceras, y on vez de intrigas seria mas hacedero pro- 
mover cuestiones importantes en bien del pais. 

Si el Ministerio se retira ante la mayoría, viviremos á merced 
de las coaliciones que se disuelven al momento que han conse- 
guido el objeto para que se formaron, volviéndose cada individuo 
al puesto que abandonó para derribar á un Miriislerro que huye 
ante un fantasma. Recordemos sino las coaliciones de nuestros 
tiempos: se reforma la coalición, en seguida se dividen los coli- 
gados y el resultado es que las coaliciones concluyen siempre por 
mandar unos, y oprimir á los que fueron sus compañeros, y se 
coligaron en su daño propio y en el del pais ¡qué ceguedad! 
iqué locura! 

¿Qué haremos dirán, si una mayoría de coalicioB llega á 
negar el presupuesto? ¿cómo la resistiremos? en este caso no hay 



mas remedio so dice que ó la retirada del Gabinete ó la humilla- 
ción de la dignidad Real ante la amnipotencia parlamentaria. 

El caso supuesto es cuasi imposible : una mayoría de coali- 
ción podrá formarse en algunas cuestiones especiales y con objeto 
de Éascinar al pais; pero negar los presupuestos y las contribucio- 
nes> solo pueden hacerse en ca«os estremos, de oiro modo la ne- 
gativa es un crimen que produciría un gran movimiento político, 
para el que se necesitan grandes causas, grandes y verdaderas 
pasiones: la mayoría de coalición es necesariamente mezquina, es 
una mentira. 

Conviene indicar, aunque sea ligeramente, que se confunden 
por lo común la facultad legal con el derecho : con mas razón 
podria decirse, no hay derecho contra el deber, que no hay dere- 
cho contra el derecho. 

Concluyo coa uaa consideración y es que la negativa del pre- 
supuesto es una verdadera revolución que no puede regularse 
constitucionalmenle, que si la dignidad Real se sometiere, caería 
en el lodo, y moriria disputándose los despojos la coalición: ¿ha- 
brá quien crea posible que una coalición compuesta de diversas 
y hasta de contrarias opiniones pueda formar un Ministerio homo- 
géneo que preste sus servicios al Trono vencido? : no. Pongamos 
el caso contrario y contemplemos al Trono queriendo cobrar las 
contribuciones negadas, entonces habrá también revolución en pro 
ó en contra de la corona: véase la que se nos ofrece de todos rao- 
dos, una revolución en la que de seguro quedará vencido el pais 
soberano: ahora vuelvo á preguntar ¿qué es peor? 

Considero como ana amenaza revolucionaria ese pretendido 
derecho de negar el presupuesto, amenaza imposible de realizar 
porque había de preceder la cuasi disolución del Estado, y por- 
que era necesario que uno ú otro poder político hubiesen desco- 
nocido toda regla y perdido lodo sentimiento del deber. 

Nada mas por hoy: en otros artículos espondré mi opinión 
para distinguir las preocupaciones de los axiomas: si continua- 
mos confundiendo las ideas, se arraigarán las preocupaciones^ 
y mientras estas subsistan, no tendremos verdadero sistema repre- 
sentativo. Ya saben 'nuestros lectores que no tenemos ninguna 
afición al parlamentarismo. 

Un desconocido. 

Por el autor, 

León Galindo y de Vera. 



372 EL PETÍSAMIETÍTO 



estadística. 



No es posible desconocer la conveniencia de la estadística ge- 
neral para todo gobierno interesado en el bienestar de su pais, y 
que marchando por la senda de la verdadera civilización, se pro- 
ponga llegar al grado de felicidad que todos apetecemos para 
muestra madre común. 

Si á pesar de las respetables opiniones emitidas por aventaja- 
dos estadistas y economistas, nos fuera dable alimentar alguna 
duda acerca de las muchas ventajas que la ciencia ofrece^ bastarla 
para desvanecerlas el que fijáramos nuestra vista en los grandes 
esfuerzos que desde los tiempos mas remotos vienen haciendo 
Francia, Bélgica, Inglaterra, Prusia y hasta nuestra misma Espa- 
ña (1) para procurarse datos que determinen con mas ó menos 
exactitud el estado próspero ó adverso, de sus respectivos 
pueblos. 

La estadística debe aparecer siempre estrechamente enlazada 
con los actos de los gobiernos, puesto que es indudable que del 
perfecto conocimiento de cada uno de los diferentes ramos que 
abraza, depende el mayor acierto en las disposiciones, las cuales, 
para no apartarse nunca de la justicia que debe precederlas , es 
indispensable que sean reguladas por los datos que con referencia 
á ellas hayan tenido que consultarse, sin cuyo guia la acción de 
los gobernantes raras veces podria dirigirse á establecer la verda- 
dera armonía que una buena administración reclama. 

Un gobierno , cualquiera que sea su forma, careciendo de da- 
tos estadísticos que le ilustren, no puede, sin esponerse á graves 
errores, dispensar su protección a los ramos , que para su des- 
arrollo la necesiten, del mismo modo que se ve en la imposibili- 
dad de introducir en otros las reformas que el bien general acon- 
seja, sin riesgo de lastimar intereses que acaso encierren los prin- 
cipales elementos de la riqueza pública. 

Considerada la estadística entre los medios de gobierno como 
el primero y mas eficaz, así en la parte política como en la admi- 
nistrativa, sus dos principales condiciones deben ser la concurren- 
cia de datos que con exactitud la alejen del error, y una claridad 
absoluta, visible para todos. Al paso que una estadística verdad 



(1) Yarios autores aseguran deberse á España los primeros trabajos es- 
tadísticos; empero al ver nosotros que el origen de la ciencia se pierde en 
la antigüedad , quisie'ramos que aquellas opiniones aparecieran basadas ^n 
datos irrecusables, para poder añadir con certeza uu timbre mas, á las pasa- 
das glorias de nuestra hoy tau desgraciada nación. 



DE VALENCIA. 373 

constituye el norte seguro de los gobiernos, desembarazando su 
marcha é indicando las medidas que la publica utilidad exige, la 
carencia de este poderoso ausiliar, ó la falta de certeza en sus ba- 
ses, producen necesariamente la confusión político- económica. 

El conocimiento de mayor interés, y hasta de necesidad im- 
periosa para todo gobierno , es el del estado rentístico del pais 
que está llamado á regir, y sin una estadística clara y precisa que 
lo determine, no creemos pueda llegarse á obtener. 

Nosotros, animados siempre por el deseo del bien y d¡spue$- 
tos a aplaudir con satisfacción todos los adelantos, que entrañando 
un interés conocido puedan contribuir á reconquistar el perdido 
nombre de nuestra desventurada patria, quisiéramos no ver el 
triste contraste que ofrece el desarrollo que se nota en la cons- 
trucción de vias férreas con el deplorable estado de las carrete- 
ras que hacen , poco menos que imposibles , las comunicaciones 
enlre algunas capitales de la mayor importancia. 

La naturaleza, con mano pródiga, nos ha dotado de muchos 
y abundantes manantiales, y sin embargo, carecemos de canaliza- 
ciones que, conduciendo los sobrantes de unas provincias á otras, 
convertirian en fértiles y productivas las que hoy, desgraciada- 
mente^ presentan un aspecto harto lamentable por la falta absoluta 
de riego. 

A hermanar todos los grandes intereses que constituyen la 
base de la fortuna pública, están principalmente llamados los go- 
biernos; empero deben tener muy en cuenta que únicamente en la 
estadística podrán hallar los medios de establecer el verdadero 
equilibrio, que esos mismos intereses requieren, por la relación 
que guardan entre sí. 

Admitida por todos, como no puede menos de admitirse, la 
necesidad de fomentar una ciencia de utilidades tan conocidas, no 
se comprende el por qué los gobiernos que en España han ido su- 
cediéndose, la hayan dejado en la mas completa postración sin 
procurar obtener los beneficiosos resultados de que es suscepti- 
ble. Si ^omo hombres han podido retroceder ante la magnitud de 
una estadística general, su calidad de ministros les imponia el de- 
ber de darla todo el impulso posible , porque reprensible seria 
que los gobernantes desistieran de las grandes empresas por la fú- 
til razón de no ver en ellas un término próximo, privando injus- 
tificablemente á sus gobernados, de las ventajas que deberían re- 
portar. 

La estadística , finalmente, en todos los paises es un termó- 
metro inalterable que marca con seguridad los grados de adelanto 
y civilización. - 

El estado elevado 6 decaído de la ciencia^ caracteriza desde 



374 EL PBISSAMIBNTO 

luego de buena ó mala: á una admiuistracion^ y una administra- 
ción mala 6 buena^ debilita las fuerzas tributarias áe los pueblos, 
minorando consecuentemente los recursos del gobierno ; ó da au- 
mento á estos , aumentando los gérmenes de riqueza en aquellos. 
Como resultado de una mala ó buena administración , se estacio- 
nan las artes, perece la industria, se debilita la agricultura y se 
paraliza el comercio, ó á su sombra se multiplican esos misinos 
elementos de vida que constituyen la felicidad de los pueblos, la 
estabilidad de los gobiernos y el nombre y preponderancia de las 
naciones. 

Después de las consideraciones generales que someramente 
acabamos de esponer, permitido debe sernos el fijar rápidamente 
nuestra vista en las disposiciones actuales del gobierno para po- 
der apreciar las inmensas ventajas que necesariamente han de re- 
portar á la ciencia. 

El ministerio Narvaez-Nooedal , después de encomiar la con- 
veniencia de dar á la estadística todo el desarrollo que su alta im- 
portancia exige , creó la comisión general del reino , y á su vez 
las provinciales y de partido. Compuesta la primera de las supre- 
mas inteligencias de la nación ^ conducente y hasta lógico pareció 
que en las segundas tuvieran cabida, en orden de descenso , toda3 
las capacidades locales , presididas en las provincias por los go- 
bernadores , y por los jueces de primera instancia en los partidos. 
En cada una de dichas comisiones quedaba un vacío insignificante 
que llenar , cual era el cargo de vocal secretario con voz y voto, 
y el gobierno , con un acierto admirable , hubo de ocupar aqu^los 
huecos con los gefes y oficiales de reemplazo , según sus respec- 
tivas categorías. 

Un juez de primera instancia , en el mero hecho de ser juez, 
y siquiera sea por su gravedad moral , no puede menos de pro- 
ducir un efecto óptico sorprendente , ocupando la presidencia en 
la comisión permanente de estadística de su partido ; del mismo 
modo que un buen oficial , aventajado en táctica y que sepa ba- 
tirse con denuedo , aun cuando él mismo no llegue á presumirlo, 
está en el caso de ser, indefectiblemente^ un estadista consumado. 

La formación del censo de población , como de necesidad m^s 
imperiosa, fué la primera idea que se vino á las mientes de la co- 
misión general de estadística del reino. Estamos en el siglo diez 
y nueve , y el medio , que para su realización se hallaban en el 
caso de emplear , debia , cuando menos , aparecer a la dtura del 
vapor y de la electricidad. Si estos poderosos agentes quedaron ó 
no postergados^ juzgúelo quien quiera: nosotros solo diremos que 
á impulsos del fluido gubernativo/en un momento dado., queda- 



DE VALEKGU. 375 

mos daguerreotipados todos los españoles^ con espresion de edad^ 
naturaleza , profesión , estado , inclinaciones y demás senas gene- 
rales y particulares. 

Hoy , según el órgano mas autorizado , como lo es el presi- 
dente de la comisión general, ascendemos á quince millones y me- 
dio ; pero probablemente creceremos en número , tan luego se in- 
troduzcan algunas rectificaciones , por la que sufra la debida alte- 
ración el resultado daguerreotípico ; operación que ^ según todas 
las apariencias, tardará en quedar completamente terminada, poco 
mas de cuatro anos, sobre los diez meses ya transcurridos. 

Unidos los 706^000 y pico de reales , á que ascendieron los 
gastos de la memorable noche del tí de Mayo, con las cantidades 
consignadas para gastos de estadística en los presupuestos de i 857 
y 1838, y con el pequeño esceso que en el de guerra produce 
el aumento de sueldo de los secretarios; resulta que el ensayo (i) 
—palabra oficial— apenas habrá venido á ocasionarnos un desem- 
bolso de tres millones de reales , cantidad insignificante atendida 
la importancia del dato adquirido , de cuya esteza no nos es po- 
sible dudar. 

Fecunda en concepciones la comisión general , ha descubierto 
recientemente un medio tan fácil como económico para dejar muy 
luego terminada la estadística de todo el reino. Ha dirigido hasta 
ahora cuatro interrogatorios á los pueblos , sin contar los que en 
adelante piensa dirigirles: los ayuntamientos no han de hacer otra 
cosa que contestar sencillamente á cada una de las tres ó cuatro 
mil preguntas en ellos contenidas , que la comisión general , sin 
mas tra^jo que el de ir resumiendo , se encarga de ofrecer , en 
un breve plazo , el complemento de una obra que podria servir de 
modelo á las naciones mas adelantadas. . 

Varios estadistas , antiguos y moderaos, han cometido la sim- 
pleza de consignar en sus tratados, casi de un modo absoluto, que 
la ciencia j en todos los paises , para no ser profanada , requiere 
eofiK)cimientos de un orden muy elevado. Nosotros , con el ausilio 
de la comisión general, estamos dispuestos á demostrarles el 
grave «rror en que han incurrido , probándoles evidentemente 
con hechos irrecussá)les , que los españoles todos , sin esa eleva- 
ción de conocimientos, no tan solo presumimos de estadistas, sino 
que á mas , nos creemos muy capitces de hacer la felicidad de la 
pakia aarrellafiándooos , indistintamente , en cualquiera de las pol- 
tronas ministeriales. 

T4)más Guij^arro. 



(i) Con pocos ensayos como «ste , n^ verienios ítilposibilitados de con- 
currir á la función aun cuando sea á beneficio del público. 



376 EL PENSAMIENTO 

SOBRE LOS DIÁLOGOS DE FERNÁN CABALLERO 



¿Queréis saber lo que son, en sentir de su autor, Fernán 
Caballero^ los Diálogos entre la juventud y la edad madura? 
Pues oídlo de su boca: 

«Recuerdos de un villorro, de un sochantre de lugar, de un 
))interior pacífico^ de niños y de flores; en fin, nimiedades.)) (1) 

¿Deseáis conocer los gustos del escritor, y la disposición de 
su alma al escribir estas páginas? ^ 

—«Me gustan los árboles, como á los pájaros; las flores^ como 
))á las abejas; las parras^ como á la« abispas, y las paredes viejas 
))Como á las salamanquesas.» 

«¡Chiton, Conde^ chitonl no quiero que mis flores den oca- 
))SÍon á la sátira, ni mis buenas gallinas pábulo á la crítica.» 

— ))Pero,— repone su interlocutor— ¿en dónde no hallaréis vos 
»amigos, Marquesa?» 

— »Allí donde no sientan todos como vos, y no me miren con 

»vuestros parciales ojos. » 

¡Quién dijera que tan pronto iban á demostrar los sucesos la 
exactitud de este presentimiento! 

Pero he aqui anunciado en pocas palabras al lector lo que 
también en breves razones deseamos decirle. 

No es un secreto para el público lo que acerca de Fernán 
Caballero siente y piensa el que escribe estas líneas, que mirará 
siempre como uno de sus mejores timbres, haber logrado la con-^ 
fianza del insigne novelista, para cuidar de la presente edición. 
Por lo mismo, y satisfechos con haber consignado en ella uuejstro 
nombre entre tantos ilustres literatos, que se han apresurado á 
tributarle homenaje, nos habíamos propuesto dejar libre el paso 
para que otros pudiesen formar parte de tan brillante acompa- 
Sarniento. 

Pero puesto que con ocasión de esta obra, se ha hecho de 
nuestro Autor querida, la única crítica con visos de formal que 
hasta ahora se la haya fulminado, y que por su naturaleza ha 
debido amargarle mucho; permítasenos romper aquel propósito 

(1) Adviértase que todo lo que está con comillas es de Fernán Ga« 
baile ro. 



I 



DE VALENCIA. 377 

y ya que no defendamos á quien no ha menester defensa, por lo 
menos, á la modestia del propio juicio, y a la severidad con que 
por mirar aquella á una luz que tenemos por equivocada, la juzgó 
el crítico, opongamos nosotros algunas razones, para que el pú- 
blico a quien compete, pueda fallar en esta contienda. 

De inmoral acusó el crítico esta obra. ¡Inmorales los escritos 

de Fernán! á quien tanto deben la Religión y la familia y la 

sociedad! Aquel nombre y ésta tan terrible acusación, según la 
frase vulgar recientemente usada, braman de verse juntos. 

A la acerbidad de este fallo, soto ha contestado nuestro Autor 
en su humildad, apelando al juicio de la Iglesia. 

No le importaba que la ley no se lo exigiera: destinados estos 
escritos á la familiaridad del hogar domestico, cuyo reflejo son, 
cuyo modelo deben ser; no hubiera estado tranquilo hasta que 
decidiesen los guardadores de la sana doctrina, si, contra toda su 
intención, se habia deslizado de su. pluma alguna máxima, algu- 
nas palabras que la contrariasen. A continuación de estas líneas 
podrán ver nuestros lectores el dictamen del censor y el fallo de 
la autoridad eclesiástica. Esto importaba al crédito de Fernán; 
pero importa" mas al de sus ideas y sentimientos^ que para él y 
para sus amigos^ valen mas que su espléndida aureola literaria. 

Acallado, pueS;^ victoriosamente sobre este punto un sobre- 
salto que solo pudo asaltar al escritor, pero que de seguro no 
trascendió a ninguno de sus lectores, a nosotros > más que com- 
batii: directamente el juicio que le motivó, lo que nos incumbe es 
esplicarle; y esto bastará para que por sí solo caiga y se desva- 
nezca, acaso basta en la propia conciencia del que lo dedujera. 

Lejos de nosotros sospechar en lo mas mínimo de la rectitud 
de sus intenciones, ni de la sinceridad de su convicción. Ya lo 
hemos indicado antes de ahora. Concediendo los talentos del crí- 
tico, dada la parte que es natural y disculpable á los pocos años 
que contaba á la sazón, lo que principalmente creemos que le 
indujo á error, fue la equivocada fuz á que miraba estos cuadros. 
Mirábalos^ sin duda, a la de la prudencia humana; aplicábales el 
■ criterio de máximas filosóficas y económicas, y condenó lo que 
la ciencia condena^ lo que no esplica la filosofía, lo qué la rázon 
no absuelve por sí sola. Ver como la desgracia cae de repente 
sobre una familia que la virtud corona y que santifica el trabajo; 
oir que el padre muero precipitado de un andamio^ y que la 
amante esposa pierde la razón ; que perece el pobre pescador 
arrebatado por una ráfaga de viento, que se lleva tras sí el juicio 
del hermano que le sobrevive, dejando huérfana de ambos á su 
desolada madre; que se mancha con un robo la honra de una 
familia de la mas antigua y acendrada nobleza castellana^ bajando 
Tomo II. 48 



378 BL PENSAMIENTO 

al sepulcro á impulso 'de la aírenla su venerable gefe por 

todas parles dolores, por todas catastro fes!.... no es eslrano á la 
verdad que se impresionase el ánimo generoso de quien solo coa 
el nivel de la humana ciencia y con el compás de la crítica litera- 
ria habia de buscar, como suele hacerse en obras de este género; 
el ver premiada á la virtud, y castigado el vicio, procurando es- 
tímulos para aquella. 

Mas, ¿cómo no echo de vcfr el censor que toda la síntesis del 
pensamiento del escritor se encierra admirablemente en éstas 
l)alabraá 

COSA CtMPI^DA 

SOLO EN LA OTRA VIDA. 

¡Es verdad! Esta,— que no es novela,— esla conferencia, 
estos DIÁLOGOS, que creemos sin modelo, ó diferentes y superio- 
res á todo modelo, puesto que en ellos no solo hablan y juzgan 
los interlocutores, sino que á su vista vive la vida y obra la pro- 
videncia; este sencillo interior, estas nimiedades que el autor 
decia, tienen aun sin pretenderlo él, más altos alcances; y son, 
nó diremos un tratado de moral, son la vida práctica iluminada 
y consolada por la luz del Evangelio; y dan íugar á más medita- 
ciones que muchos libros ascéticos, ya sobre los hechos de la vida, 
ya sobre muchas de las verdades y de las virtudes católicas. Esla 
es la luz á que ha escrito el autor; he aqui con la que debe ser 
juzgada su obra. Y cierto^ bien puede arrostrar el examen. A 
vista de los dolores que calma, de las lágrimas ,que consuela,- 
bien podrán repetírsele aquellas divinas palabras; ckmugbr ¿á 

DONDE ESTÁN LOS QUE TE ACUSABAN?» 

Al que desee alguna comprobación de lo que decimos, nos 
bastará con remitirle á examinar la manera con que Fernán com- 
prende y habla de la muerte, y con que esplica la resignación, 
virtud esencialmente cristiana que no conoció el mundo antiguo, 
y que no acertaría nunca á imaginar ni á comprender por sí sola 
la Filosofía. He aqui sus palabras: 

«¡La muerte! Siempre he preferido mirar ese trance, no 

))Como el triste fin de la vida, sino como el glorioso principio de 
))la eternidad; asi como prefiero pensar en la clemencia de niies- 
»tro Juez, á pensar en su justicia; esperar, á desconfiar; amar^ á* 
))temblar; agradecer, á temer.— Pero la Generala es tan virtuosff 
):ique sobrellevó este golpe terrible con mucha fuerza y vigor.»* 
— «Decid resignación; Marquesa. La virtud, que es un comba- 
nte contra nuestras malas propensiones y nuestras debilidades^ 
»cuando está aislada, es presuntuosa; no cuenta sino con sm 



IXfi VALENCIA. . 979 

»propids fuerzas^ y tiene par auxiliares^al orgioHa y la v&oaglor 
))ria^ que dan valor. La virtad cristiana desconfía de sí^ y acude 
}ú ia gracia; y son sus auxiliares la sumisión y la oración^ que 
j)dan Resignación.)) 

~))|6¡en defínido^ Conde! resignarse es dulcificar el dolor^ 
:»respetápdolo como compañero ; llevarlo con valor es combatir 
))al dolor y vencerlo como 4 enemigo.» 

Aprendan'^los que adolecen del espíritu, y los que quieren 
llegar a l]a fe de las verdades católicas solo por la demostración^ 

que LA Fé ESTA Eíi LA VOLUNTAD, Y NO EN EL EIifTEN OIMIENTO. 

— ))¿Qué son; dice, vuestras estériles demostraciones, vuestros 
))sistemas sin base, que s^ agitan en un círculo vicioso, oscuso y 
;»$eco, en comparación de aquella plácida luz, de aquel manantial 
4>de aguas puras y cristalinas, que brotan en él alma sencilla, qu^ 
«aprende á vivir y morir en el catecismo?)) 

«No hay edades, ^prosigue en la misma página—entre los 
?)buenogi católicos para los sentimientos religiosos : tenemos unos 
^y otros ñrm^a de viejos para la fé, ardor de jóvenes para la car 
))ridad, y todos una misma esperanza )>^ 

¿Queréis v^r como habla del arrepentimiento; cómo pesa á la 
vez los quilates del dolor, y analiza los secretos de su acción sor 
^re la organización del hombre , y sobre la de la muger^ compa- 
rados ambos con el único verdadero y supremo Consolador? 

« ¡Solo DioSi, dice, solo Dios perdona y olvida! >x 



í(El arrepentimiento no quila, ar contrario, aguza el repior- 
))dimientO:» y le hace principio y parle de la expiación: loancbas 
^)hay que> cual las del Hierro, gastan la trama, que muere con 
aellas.» 

Ya antes habia dicho Mad. de Slael': ))¡tas lágrimas pueden 
))borrar el crimen, pero nunca la vergüenza:)) Y sin negar la 
belleza ni la profundidad de esta sentencia de la gran escritora, 
séanos lícito pretender que la que citamos como gemela suya, 
fsfuerza notablemente ^n sentido religioso^. la verdad y la esfera 
de aquel sentimiento, sin el cuat.no es posible la regeneracioq 
del hombre , y que á poder penetrar en el abisB(iOi- tornará en 
Ai9geles á los Demonios. 

Pero hablábamos del dolor, Hé aquí cóino lo analiza Fernán: 
—«¿Qué quiere Vd.., Marquesa? En todís cosas se apoya la 
»mujer en el hombre, menos en el dolor; que entonces se díjpo-y 
))ya en Dios. El hombre en todas cosas se apoya en sí mijsmo^ 
^má)os en el dolor, ep^que se apoya en la mujer; porque cop-^ 
d>;soiar es uno de sus laas bellos domes^ de sus inas dulces pre-^ 



380 EL PENSilMIENTO 

«rogativas. ¡Pobre del que en sus aflicciones ño tiene una madre, 
))una mujer, una hermana, una hija ó una amiga!» 

Ni son menos bellos, aunque á otro orden menos elevado 
pertenecen, los esludios psicológicos que hace sobre otros sen- 
limienlos meramente morales ó sociales, por decirlo así, pero 
que siempre parten é irradian del gran principio de la verdad - 
religiosa, que es la única base sólida de su razonamiento. 

Véase sino cómo juzga sobre su propio tribunal á la opinión, 
(cesa indolente sultana que no atreviéndose a separar el trigo de 
))la cizaña , viene á dar en el indiferentismo , que eSj — afirma 
wnuestro moralista— /a para/ísís de la virtud. » 

— "¿Quién (dice), es el necio, que sostiene, que todos los dias 
«pensará lo mismo j ni el hombre autómata que se jacta de sentir 
«siempre de un mismo modo?» 

— «Dejad:,— continúa hablando de las lágrimas, — dejad correr 
«esas fuentes del corazón que prueban al correr que no está 
«seco ni exhausto; dejad, por Dios, que se humedezcan los ojos, 
«sino se han de asemejará los de cristal de las figuras de cera.» 

Y en otro lugar: 

— «¿Quién puede saber , Señora , el secreto que cada corazón 
«lleva consigo á la tierra?» 

—«¿Qué secreto amargo puede llevar, amigo, el que muere en 
«el seno de la Religión^ en los brazos de los suyos , bendecido y 
«bendiciendo ; sonriendo á la vida que fué bella, y á la muerte 
«que lo es también, porque lo fué la vida?» 

Salpicada está toda de éstas máximas, cuya sabiduría viene 
del Cielo: sirvan de ejemplo las siguientes: 

«Donde hay virtudes, hay buena conciencia; donde hay 
«buena conciencia , hay contento ; así como donde hay sol , hay 
«flores; donde hay flores, hay fragancia.« 

Y en otro lugar: 

«¡Dios no hubiera criado al sol, sino quisiera al hombre 
«alegre! « 

Acuda á estas bellísimas páginas el que quiera comprender 
la extremada dulzura de un ¡Dios te lo pague! 

Nótese cuan nuevas y profundas son las consideraciones 
que le inspiran la locura con sus girones de ideas ; los ni- 
ños precoces , caricaturas en lo moral y en lo físico ; sus 
máximas sobre la educación y la enseñanza , en que sabe y 
se le alcanza tanto mas y mejor, que á muchos zurcidores 
de libros de texto ó hilvanadores de planes de estudios; 
sus observaciones y consejos sobre la atención y cortesía 
que deben mediar entre todas las relaciones sociales. Frecuente 



DE VALENCIA. ' 381 

ha sido encarecer la obediencia y el respeto del inferior al si^pe- 
rior; acaso nunca la urbanidad y deferencia que á aquel debe el 
último; que quien lleva la ventaja en cuanto á lo elevado de la 
posición, no ha de perderla en cortesanía. Esto,— si bien es ver- 
dad, que nó es invención de Fernán,— tan perdido anda por el 
mundo.... que lo parece. No es dable concluir este punto sin 
citar unas palabras,, que debieran grabarse con el punzón de oro 
con que el Ángel traspasó el corazón de- Santa Teresa. La Santa 
escritora que hablando del Diablo, exclamaba: «¡Desgraciada 
criatura que no sabe amar!», no las rechazaría si se le atribu- 
yesen. 

— «Recordad un refrán turco que dice: que el que llora con 
wtodos, acaba por quedarse sin ojos.» 

Respuesta. --«Ú\erí decís que es turco el refrán. ¡Qué mag- 
))nírica y bendita ceguera la que fuese debida á la caridad!)) 

Si le buscáis en el terreno literario , podremos remitiros á lo 
que piensa y siente de la poesía ; a su análisis de lo clásico y lo 
romántico; á su exacta y profunda distinción entre lo ro- 
mántico y lo romancesco , y entre esto y lo verdaderamente 
poético. 

jOh cuan bellas y epigramáticas suelen ser las frases con que 
sazona estos juicios! Algunas de ellas por ventura quedarán 
como proverbios , mientras vivan la literatura y el habla caste- 
llana. Sirvan de ejemplo entre otras que citar pudiéramos: 
<i Alonso j porque sabia la A. la echó de disputador. — ¡Tenéis el 
corazón de carne viva! (para significar que una persona es sen- 
sible á todos los infortunios ágenos;) y esta otra, que no recusa- 
rán, de seguro, mucho de entr^ los poetas: «Cuando la^poesía se 
mezcla en la vida real, es una mala ama de llaves.)) 

Arrastrados por la importancia de estos análisis^ no hemos 
fijado la vista en las descripciones , en las cuales si siempre se 
' ostenta con mano maestra, a veces como que se sobrepuja y exce- 
de. Permítasenos citar, la que hace de la belleza del campo^ la del 
temporal en Cádiz, la del pueblo de Sampayo, la del buen D. Gil, 
el sochantre querido , y las de los juegos y los cuentos de las 
niñas y la muerte de la sobrinita. ' 

Todas ellas y 'otras muchas quisiéramos.citar; pero no pode- 
mos, no debemos. Quede al escritor su gloria de contarlas cómo, 
y donde quisiere;— ¡quédele el placer de iniciar á sus lectoressen 
las maravillas de su talento, tan puro, tan rico, tan flexible, tan 
vario! 

Hé aquí , sin embargo , cómo se despide con tan piadosa ter- 
nura como picante desenfado, del protagonista, á quien pintó con 
amore, inmortalizándole sin quererlo. 



382 fLl PENSAMIENTO 

«¡Oh init)uen, mi escelenle D, Gilí... ¡Tu que tanto ruido y 
))papcl hiciste en la iglesia, y tan poco en el mundo!... ¡Tii^^ue 
))ama8te y egercitaste el canto y el latín, sin comprenderlos; plie- 
})go blanco de papel , en que eslampó la Fé sus adoraciones, para 
»ponerlas en manos del Señor! no me olvides allá arriba, donde 
uesiás con otros muchos Pobbes de espíritu y ricos d^ corazón; 
))y ruega por la que supo apreciar la suave almendra bajo su tosca 
«corteza! » 

Ya apuntamos antes cuál es nuestro juicio acerca de la forma 
<]e estos escritos. Mas hay en ellos un carácter particular, acerca 
del cual no podemos menos de llamar la atención de nuestros 
lectores^, j «uy seiialadamente, la de los que leen para aprender 
á escribir. • . 

Ante todo, es notable en Fernán su estilo propio; de una ver- 
dad, de un colorido tal, que no puede confundirse con otro. He- 
mos oido á algiin Aristarco, censurar en aquel tal ó cual espre- 
sion, tal cual frase menos castiza; mas no sabemos de ninguno 
tan injusto ni descontentadizo que en aquella otra dote, que es la 
principal en el escritor,— como que es la que constituye su indi^- 
vidualidad, — no le conceda la palma entre los primeros. 

Mas no se crea que el pintor de los Cuadros de costumbres, 
de las Relaciones y de los Diálogos, no tiene en su paleta colo- 
res para copiar otra cosa que la ruda, franca y enérgica fisonomía 
del pueblo. Un crítico eminente, un escritor, en quien compiten 
el corazón y la cabeza, un amigo nuestro muy querido, en el ber 
llísimo prólogo que en este mismo tomo ha dedicado á la preciosa 
novela titulada Un Servilón y Un Liberalito, ha tenido a n les 
que nadie la gloria de cousignar esta observación : « En cl len^ 
guaje de la culta sociedad,— dice hablando de Fernán,— no le 
conozco rival ni entre los mejores.» 

Na es escasa, á la verdad, la alabanza, por venir de quien 
viene, y por ser tan merecida. Repasen su memoria cuantos pro- 
fesan la literatura ó á ella tienen particular afición, y sin limitarse 
precisamente á la Novela, en que tenemos tan poco , observen 
nuestro teatro en que somos mas ricos. Y ciertamente, desde 
Iriarte, que en el Señorito mal criado nos dejó una muestra de 
que poseía este secreto, no bailará muchos escritores á qiiíenes^ 
sea lamiliar. De seguro no lo encontrará en Moratin , á quisa en 
tantas otras cualidades del estilo nadie recjusará como Maestro. 
Es mas: sabemos de escritores que por su cuna y por su edujca'- 
cion corresponden á lo mas puro y elevado de aquella clase, y 
cuya conversación es por demás culta , amenísima y elegante; y 
sin embargo, pintan mejor las animadas escenas de una venta ó 
de un campamento^ que el tono grave y acompasado de los salor 



DB VALENCIA. 383 

nes. Y á fá verdad no es estra3o. La buena sociedad ó es una^ 
ó cuando menos^ se parece mucho en todas partes ; como que la 
cultura consiste en destruir lo anguloso ^ es decir, en quitar 
muchas de esas singularidades que constituyen los tipos es- 
peciales. Y conservar estos sin perder aquel tono, es raro pri- 
vilegio que requiere no solo un estudio profundo y gran sagaci- 
dad para la observación, sino ademas una flexibilidad suma, para 
la cual acaso habría de ser necesario que se combinasen un gran 
talento de hombre, un corazón de muger y la esquisita sensibili- 
dad de la dama , á quien la observancia de las costumbres del 
pueblo y la práctica de la vida aristocrática, fuesen en parte in-^ 
génitas, en parte heredadas ó familiares desde la cuna. - 

No aspiramos á que en ello se nos crea sobre nuestra palabra. 
La prueba está en muchos, sino en todos los personages de Fer- 
nán; entre los cuales, sin embargo, citaremos á los Duques de 
Almansa, á Ismetia, al general Conde de Alcira, á la Marquesa 

de Valdejara, á su hijo, tipo de caballeros á tantos otros.... y 

entre ellos a Clemencia, al Abad, , á Pablo, á Sir George Percy, y 
de Brian, y sobre todo,— pues de estos tratamos, — á la Marqüe- 
áA DE Alora y al Conde de Viana, que son los interlocutores 
de estos Diálogos. 

Ellos discuten siempre, y disputan como de propósito; que es 
decir que tienen mas ocasiones de mostrar su carácter, por lo 
mismo que esas discusiones pasan á solas, en la intimidad de un$ 
amistad antigua, é indulgente; y sin embargo,' cada cual, mos- 
trándose tal como es , no choca, ni ofende , ni al lector ni á su 
antagonista. Al contrario , éste ama y respeta la razón que se lo 
opone, y los labios que se la dicen; y el lector estuviera á veces 
indeciso sobre á quién dar sus simpatías, sino fuese.... porque lá 
Marquesa, en su corazón y en su inteligencia y en la tesis que de- 
fiende, es, como si digéramos , la personificación del escritor. Al 
que de esto dudare, le remitiremos á los Diálogos; á los trozos 
que hemos citado, á h campanilla azul que habia de imponer si- 
lencio, y á la de oro que habia de escitar á la Marquesa á conti- 
nuar en su elocuente improvisación; á aquella deliciosa república 
en que ella habia de ser la Presidenta y legisladores y ministros 
las flores y los niños, abundando por supuesto las fuentes y las 
confiterías. 

Permítasenos citar también como egem[do la contienda entre 
ambos, con ocasión de la felicidad en que la Marquesa supone 
que rebosa la familia de la generala Pélaez. ¡Con qué viveza y na- 
turalidad es conducido el diálogo que ha de terminar por conce- 
der el atacado la confianza de un terriUe s^eto de familia^ con- 



384: EL PENSAMIENTO 

fianza qué si se provocó sin pensarlo^ no se arranca, y antes se 
^rehusa delicadamente! 
Dice la Marquesa: ^ 

— «¡Ay de mí.... imprudente! Perdonad^ amigo; nada quiero 
» saber. Doblemos la hoja; ocultad mi tierno interés con el se- 
»creto en el silencio^ el respeto á la desgracia es el mas sagrado, 
))despues del respeto á Dios. » 

— «No, Marquesa, sois de la familia, y sois mas; sois una amiga 
»verdadera; y los amigos son la familia del corazón. Sabréis la 
«desgracia, que cual un cáncer ha destruido la felicidad de mis 
«hermanos.» 

— «Conde, dejadme ignorar una desgracia, siuo puedo reme- 
»diarla. 

—«¿Me negáis vuestro interés? 

— «Hablad, Conde/... ¡y así os sea un bálsamo!» 
He aquí por conclusión de esta materia^ en uno de los trozos 
mas bellos que acaso se hayan escrito^ llevada hasta el límite de 
donde no debe pasar, esta contienda^ modelo de exquisita cultura 
y cortesanía. No nos atrevemos á privar, ni dé una letra de ella, 
a nuestros lectores. Parécenos que después de leida no tendremos 
incrédulos de lo que antes afirmábamos; y podremos añadir en las 
sienes de Fernán al título de pintor del pueblo, el de poeta 
DE los salones. Mas si todavía tropezásemos con algún rebelde, 
nos contentaríamos con decirle con Góngora y con Fernán. 
« ¡Triste del que á una roca pide orejas! » 
Pero oigamos, que habla nuestro autor. 

— «Tenéis, dijo el Conde sonriendo , por corazón una rosa sin 
«espinas.» 

—«Y vos queréis ajarla. 

— «¡Oh! no. Quisiera regarla con las aguas de la fuente de Ju- 
»vencia. Pero contadme lo que me habéis anunciado. 

— «Tacha el mundo,— principió la Marquesa,— de estremos á 
»las angustias y dolores del amor de madre. 

— c( Y lleva razón, opinó el Conde. Todo lo que es apasionado 
»en el hombre, aunque sea el santo amor de Madre, necesita fre- 
»no. María, al pie de la Cruzv ni se arrancaba el cabello , ni se 
» despedazaba el pecho. Señora, señora, todos los dias rezamos: 
«¡HÁGASE TU voluntad! ¿cs sincero este acatamiento, si en se- 
»guida nos rebelamos violentamente contra esa misma voluntad? 
»Esos dolores descompuestos no son cristianos, señora. 

—«Por descabellado que sea ese amor, es bello y simpático, 
» Conde. 

—«Ese dolor denominado estremos ^ es insensato como un sui- 



DB VALENCIA. 3S5 

ncidio^ amiga mia; y esas Madres^ energumenas de amor^ mere- 
»cerian que se les muñesen sus hijos para enseñarlas así lo que 
))es un dolor real. 

— «Conde... ¿habéis olvidado que tuvisteis Madre? 

— « ¡No lo permita Dios I Venero la tierra porque ella la pisó; 
))la respeto ^ porque en ella yace su cuerpo;) y ausío por el cielo 
»porque en él me aguarda su alma! Pero eso no quita... 

— <(Que lo que en ella os admiró^ os encantó y llenó de gratitud^ 
))en otras^ lo queráis motejar. ¡Amob no dice basta^ Conde! 

— «Marquesa^ esa bdla expresión es solo aplicable al amor 
)>divino. 

_ «Siempre me contradecís^ Conde... ¡Si vieseis cuánto lo 
«siento! 

— «No lo sintáis, amiga; una pausada nube que mitiga algo los 
abrillantes rayos del sol, y refresca algo la tierra con una tem- 
»plada lluvia bace provecho. 

—«¿Y por qué os hacéis una nube en mi cielo? 

— «Para que su demasiada pureza y brillo no os hagan creer 
»imposibles las borrascas y las tempestades. Mas... proseguid; 
wno os volveré á interrumpir.» 

Ni nosotros tampoco lo haremos mas, interponiéndonos entre 
el amor y sus lectores^ temiendo siempre decir poco, y acaso 
apareciendo sobrados. 

Por lo mismo , no diremos sino de paso á nuestras lectoras 
(con ellos nada queremos ya), cuál es la única cosa que Fernán 
encuentra cumplida en esta vida ; y es todo noble amor en el 

CORAZÓN DE LA MUJER. 

Hemos hecho hablar á Fernán, y es lo único en que funda- 
mos la esperanza de haber acertado á defenderle. Pero necesita- 
mos despedirnos de él ; y para ello, en justa correspondencia^ 
no seremos nosotros solos; serán nuestros lectores^ será España 
toda, será el mundo católico los que lo harán tomáYidole sus 
propias palabras — Hedías aquí: 

«Proseguid, Marquesa. ¿A qué evocar la imagen de la críti* 

»ca como un fantasma , ante el cual se repliegue la expansión 
»de vuestros gratos recuerdos, y se hiele su pintura en vuestros 
))iábios? Estoy seguro deque no hay un poeta^ á quien estas 
»GOsas^ si bien no le entusiasmen como á vos, al menos no le 
tthagan gracia. Proseguid esa pintura en sus menores detalles^ 
»basla venir á las circunstancias que han motivado esa segunda 
»carta, que espero ha de ser tan notable como la primera. » 

Y esta segunda carta que es de la viuda del buen D. Gil , y 
contiene en realidad su testamento, concluye asi: 

— «Dile á la señora que ya no cantaré el Miserere en la tierra; 
Tomo 11. ' 49 



386 EL PENSAMlfeNTO 

»pero que medíanle la miserkordia ¡nfitíla, y los méritos de 
«nuestro Redentor , caRtaró alli arriba el Uloria. Y al verme 
«llorar anadió: Francisca^ no llores! las lágrimas siempre me 
))han hecho contradicción. No se deben ilorar más que fes cTit- 

))pas Consuélale, y acuérdale de que cosa cumplida.;...... 

))¡SoLo EN LA OTRA vida! — ScBora, me ló be tenido por dicho: 

» no lloro y aguardo.» 

¡Y yo también aguardo, señora! Que sé que son igualmente 
cumplidas estas verdades, añadiendo á ellas, ^ue es por det»a« 
dichoso quien como Fernak Caballero, al ga«ar lo que el 
mundo llama gloria, escribe tan valederas páginas en el Libro 
De la vida. 

Fermín de la Puente y Apezechea. 

Madrid 28 de.Noviembre de 1857. 



Nuestra amable desconocida ha Cesado de remitirnos traduc- 
ciones de los cantos de Rúneberg: admiradores del eminente poe- 
ta^ hemos ensayado la versión de algunos con la esperanza dé es- 
timular y animar á nuestra favorecedora á que prosiga Sus ta- 
reas. Felices nosotros si lo logramos, y vuelven á engalaniarse 
las págiTias del Pensamiento con sus bellas traducciones. 

León Galtndo y de V^ra^ 

* - 

Cantos de Rúneberg, (tradueeionO 



EL GUERREnO MORIBUNDO. 

El sangriento combate habia concluido ya^en las oriHas ^cl 
Lemo, el silencio no se turbaba ni aun por el último aliento tie 
los moribun<^os. Las tinieblas de una noche tranquila como la 
tumba, envolvían las tierras y las aguas. 

En la ribera donde el vago crepúsculo habia contenypíado el 
combate, yacía 'un veterano del tiempo de Hogland eon la frente 
apoyada sobre la diestra^ pálido el rostro y el pecho ensangren- 
tado. 

Ni un soló amigo para recibir su postrimer suspiro porgue la 
tíerra que se empapaba con su sangre no era su patria querida: 
nacido en las márgenes del Wolga^ aquí no era sino un extran* 
gero aborrecido. 



Abrió sus pesados párpados: á su lado estaba tendido un jo- 
ven Finlandés semj*€adáv«r agonizante. 

Reconocióle: en el ardor- d^ la pelea^ cuando las balas silba- 
ban^ cuando la sangre hervíales á entrambos en las veuas^ furio- 
sos se habian encontrado^ y midieron sus armas el uno contra el 
otro. Al presente el joven ya no buscsib^ coiAbs^tes^ y el anciano 
guerrero permanecia inerte. 

Adelanta la noche^ y en el lago se oye un ruido cadencioso: 
la luna^ desembarazada de repente de las nubes, que la ocultaban^ 
ilumina la siniestra escena, ün esquife se desliza cerca de! la ori- 
lla y una joven sola desembarca. 

Gomo'una fantasma ínquieta/ya errante siguiendo las señales 
que la muerte ha dejado tras de ella : de uní cadáver se dirige á 
otro cadáver y derraiga sUeoeios^ts lágrimas. £i viejo soldado 
sale de su sombrío abatimiento y olj^erva c^i^n sorpresa su callada 
marcha. 

Mas atento y mas conmovida á cartel umoi de sus pasos^ ob- 
serva con una creciente aagu&tia: w fj^Qi\ümm\Q le desgarra 
el corazón j porque teme adivinar a quiéa busca nquella joven. 

Sin. saber por qué la esperaba. aUí doade él estaba, y ella fué 
como si hubiese oido un misterioso niandalo. Su marcha es Icnta^ 
pero segura: cual, si un espíritu ía guiase.^ llega á dos pasos del 
Joven Finlandés y le vé al pálido resplandor de la luna. 

Le vé> llámale por su nombre y no obtiepe respuesta: arrójase 
á sus abiertos, brazos, y los brazos permanecen inmóviles: su pe- 
cho sangriento está helado, toío en sifencio^ concluyóse todo. 

Entonces u» lágrima se desliza por te megilta del veterano, 
y un murmullo que el viento de^la cioehe se lleva entre sus alas, 
sale de sus labios; se incorpora, se aarrastra hasta tos pies de la 
joven y muere. • 

¿Qué significabaft $a nika|da.dQÍocesa> a£(uella palabra que 
arrebató el viento, aquella lágrima que derramaron sus ojos? 
€uando se arrastró á ](;)$. pÍQS,:de. I9 doqceUa y cayó para no le- 
vantarse, ¿qué pensaba? , . . 

¿Elevó su voz para mitigar JA.íígapíai de sjji cppa^on? ¿Queria 
implorar su pertfon, ó era, aglanií^uie yna peja spbre el rudo 
destino del hombre en la tierra nacido p^ra sufrir y para hacer 
sufrir? 

Venia de una tierra enemiga y empuñaba arpaas enemigas, y 
sin embargo, nermanos, estrechemos su diestra olvidando lo que 
era. [Oh! para los vivos solamente debe guardarse la venganza: 
el odio desaparece ante el sepuloro. 

Leom ^alindo y de Vera. 



388 EL PENSiHIEKTO 

LAS DOS ALHAJAS. 



FÁBULA. 

Un baen padre veía 
con angustias mortales, 
que era su amado hijo 
turbulento, holgazán y botarate. 

Naturaleza en vano 
le di6 dotes brillantes; 
pegándose al estudio 
él se empeñó en negarles sus realceisrr 

Cual leve mariposa 
á distraerse fácil; 
mal criado, impetuoso, 
un torrente, un breñal eran su imagen. 

De tan dura corteza 
¿romper podrá 'la cárcel 
su corazón? ¿su ingeíiio 
agradará, sin que el saber le esmalte? 

Diamante era escondido 
de ignorados quilates; 
ó bien perla, que inútil, 
duerme en su concha en medio de los mares, 

¡Qué no hará por uo hijo 
el corazón de un padre! 
Hé aquí el medio ingenioso 
á que el nuestro acudió para salvarle. 

-^Aunque en tu tema no aflojes, 
hoy te he de hacer un regalo: 
mira no tomes lo mato: 
bien tienes: si mal escoges.... 
no te enojes. 
Dos alhajas hoy hallé.—- 
Sácalas porque eligiera, 
de oro en bruto la primera; 
la segunda de dublé.... 
¡linda á fé! 
£1 rapaz su mano apresta: 



I>B VALENCIA. 389 

—Que me engañe no baya miedo, 
(la señala con el dedo) 
el dudar no me molesta; 
esta**** resta* ••• 
El buen padre sonreía; 
—Hijo , mío , ya lo ves! 
escogiste.... y al revés! 
mas yo asi también lo haría.,., 
á fé mía! 
Esa alhaja. ... de valor 
tiene menos; es seguro: 
que la otra es oro puro; 
la que obtieoe tu favor, 
similor. 
Pero es joya; aquella, un canto: 
• la una brilla; la otra no: 
¿quién así las distinguió? 
el trabajo con su encanto: 
¡vale tanto! ••• 
Tú te asombras; yo me rio!... 
pero no ¡que mas bien lloro!... 
porque tú eres también oro; 
mas.... ¡ay triste! oro natio, 
hijo mío!..» 
—¡Padre!... ¡Padre!... ¡Ya lo sé! . 
por mi bien, aunque con daño 
he aprendido el desengaño^ 
al trabajo apelaré!... 
¡yo valdré! 

Fermín de la Puente y Apezechea. 



MIS PRISIONES. 

POR SILVIO PELLICO. 
(Continuación.) 

Desconocí la bondad de la religión. Díje^ conforme había oído 
decir á los mas furiosos ateos^ y como no hacia mucho me es- 



399 BL PBW$AMI«OTO 

cribia Julián: «La reUgian solo siffve para dehíUtar el espíritu;» 
tuve la audacia de pensar que renunakaado. á Dios^ mi alma 
recobraría toda su fuerza: ¡ insensata confianzal negaba la exis- 
tencia de Dios^ y no negaba la de aquellos $eres invisibles y ma- 
lévolos que parecían errar em tprno mió y c^^mplacerse en mi 
dolor. 

¿Cómo calificar aquel martirio? ¿Bastará acaso decir que era 
una enfermedad? ¿No era al mismo, tiempo un castigo divino para 
abatir mi orgullo y obligarme á reconocer que sin una luz par- 
ticular podia yo volverme tan incrédulo como Julián y aun mas 
insensato que él? Sea como quiera, lo cierto es que Dios me sus- 
trajo á tanto padecimiento cuando menos ío esperaba. 

Una mañana, después de haber tomado eafé, esperimente 
faerles vómitos y un cólico tan violento quó «e creí envenenado. 

Después dé las terribles náuseas que a»e produjeron un copio- 
so sudor, ya rendido iBe acosté. Gome a €0sa de medio dia me 
sóporicé un poco y dormí tranquilao^Ble. bdfita la noche. 

Desperté asombrado de tan grau reposo^,, y como no sintiera 
mas deseos de dormir me levaaté- Estando en ple^^ 4ícia, opondré 
mayor resistencia á mis habituales ilusiones. 

Mas estas no se repitieron. El júbilo $e amparó de mí, y en 
la plenitud de mi agradecimiento, sintiendo de nuevo á Dios, 
póstreme en tierra para adorarle y pedirle perdón de haberle ne- 
gado por algunos dias. Esta efusión de gozo agotó mis fuerzas, 
y después de haber estado un rato de rodillas apoyado en una 
silla^ acudió de nuevo el sueño, y me quedó dormido en aquella 
posición. 

Levantóme medio en sueno® después dé una ó dos horas, y 
arrojándome repentinamente sobre la caista me vuelvo á dormir 
hasta el alba. Permanecí aun todo, el dia en Uin estado de soño- 
lencia. Acostóme temprano por la noche, y la pasé toda d^Lun 
sueño. Ignora la crisis qiiie se. operó en mí, solo sé que me curé 
radicalmente. 



Cesaron las náuseas que mi estómago habia esperimentado 
largo tiempo^ desapafe€ÍerDí> los ^Jolores de cabeza, y me vino 
nn apetito estraordinario^ digería perfectamente y cobraba fuer- 
zas. ¡Oh admirable Providencia! habíame quitado las fuerzas 
solo por humillarme, y me las volvia porque se aproximaba la 
época de las sentencias, y quería que al anunciárseme la mia no 
sucumbiese. 

El di^ %iútí Noviembre fu^.sacadiot de^k» Plomos «dq eompa- 
Sero ntti9Str^^ d doctor forastr, y co&duQidt) üd sabemos^ doniie. 



■ 



El alcaídte^ >i^ muger ^Jk9sm>wtí7ii ^s^aban todos aterraáos; 
líingsiw) de eltós t»6 qoeria a<áarar aqud misterio. (7), 

-—¿Y que queréis saber, me 4ecia TreímrtWo, no teniendo 
nada baeno?qae deciros? Demasiado os hé drcho ya. -demasiado!. 

— ¡Vamos! ¿á qué viene ocültark)? esclamó temblando de hor- 
ror: ¿está condenado á muerte? nb os he conjprendido. 

— ¿QuiéB. ... el doctor Fofe&t!? 

Tremerello titubeaba; pero el deseo de charlar no era la últi- 
ma de sus virtudes. - . 

*— No direíis que s6y paríaúchin, sobre ese punto no quería de- 
cir esta boca es mía; pero ya q^ie me hateis obligado.... 

— Sí, os he obligado, pero vamos, decidlo todo. ¿Dónde para' el 
pobre Foresll? 

— ¡Ay séñór5 ya le han heóho pasar el puente de hs suspiros, 
eslá en las prifeidbes crimiftíales. La sentencia de muerte le ha 
sido leida, y con él hay oíros dos. 

—¿Y se ejecutará? ¿Cuándo? ¡Desveíitufados! ¿Quiénes son los 
otros dos? 

—No sé mas. Las sentencias no se han publicado aun. Se su^ 
SürWi por Venccia que habrá álgflffas' coninutaciones de penas. 
iDíos •q'uiera que ninguno de ellos sufra la pena de tüuerte! ¡Y 
permita el cielo que si ninguno de ellos puede librarse, por lo 
menos vosoá Hbreisl Os be llegado á cobrar tanto cariño^ perdo- 
nad !a espresíon, cómo 6 un hermano. Y se marchó enternecido. 
El lector podrá imaginar la agitación en que permanecí todo 
áque! dia, aquella noche, y algunos mas en los que no supe nada 
sobre d particular. 

La incertídumbre duró un mes. Publicáronse por ultimo las 
sentencias relativas á la primera causa, las que pesaban sobre va- 
rios actisados, de los cuales nueve estaban condenados á muerte^ 
euya pena fue oonrautada por mucha grafcia en veinte años de 
carcere duro, y los demás á quince,' de^ie^ndo todos estos sufrir 
su condena en la ciudadda de Spielberg, cerca de la ciudad de 
Brünn^ en Moravia : y finalmente otros varios fueron condenados 
a diez anos en la fortaleza de Lubiaua. 

El haberse conmutado la pena á los axíusados de la primera 
tausa, ¿era por ventura indicio de que la muerte perdonaría 
igualmente á los de la segunda? ¿O habíase acaso usado clemencia 
cotí los primeros porqtre su detención habia precedido á las deci- 
siones publicadas contra las sociedades secretas, reservando á los 
otros todo el rigor de la justicia? 

La solución de estas dudas no puede estar muy lejana^ «re 
decía yo á mí mismo ; demos gracias ú cielo porque me da tiem- 
po para preveer te mtierte y prepararme i cDa. 



392 BL PBNSÁMIBNTO 

Solo me dominaba un pensamiento^ el de morir cristisina- 
mente y con valor. Pensé sustraerme al patíbulo por medio del 
suicidio^ pero esta idea me abandono. ¿Qué mérito hay en no 
dejarse degollar constituyéndose uno su propio verdugo? Dicen 
que se salva el honor: mas ¡ay! ¿no es muy pueril el creer que 
es mas honroso hacer una burla al verdugo que el no hacerla^, 
puesto que de todos modos debe uno morir? Aun cuando no fuera 
yo cristiano^ el suicidio á mi vista hubiera sido siempre un necio 
placer^ una cosa inútil. 

Si mi vida toca á su fin^ ¿no soy yo harto feliz en que llegue 
de modo que me deje el tiempo suficiente para mi recouocimien*. 
lo, y para purgar mi conciencia con deseos y arrepentimiento 
dignos de un hombre? Juzgando con el vulgo^ la peor muerte es 
la del patíbulo; pero juzgando como los sabios, ¿no es esta 
muerte preferible á otras muchas que sobrevienen á penosas en* 
fermedades, en las cuales se debilita nuestra inteligencia^ care- 
ciendo nuestra alma de fuerza para apartarse de los pensamientos 
terrenos? 

La exactitud de estos raciocinios hirió tan profundameiite mi 
ánimo, que el horror de la muerte, y de la muerte tal como la 
esperaba, se alejaba completamente de mí. Meditaba largo tiempo 
sobre los Sacramentos^ a los cuales debía yo pedir todas mis fuer- 
zas en un momento tan solemne, y me contemplé en eslaldo de 
poderlos recibir de modo que pudiese esperimentar su eficacia, 
Esta grandeza de alma que yo creia tener, esta paz, esta indul- 
gente afección para cuantos me aborrecian, esta alegría de poder 
sacrificar mi vida a la voluntad de Dios, todas estas felices dispo- 
siciones en fin, ¿las hubiera yo conservado si me hubiese visto 
obligado á subir al cadalso? ¡Ay de mí! ¡qué de contradicciones 
esperimenta el hombre! y cuando se imagina no poder ser mas 
santo ni mas firme, ¡cuan poco necesita para precipitarse en las 
faltas y en las debilidades! ¿Hubiera yo asi muerto dignamente? 
Solo Dios lo sabe. En cuanto á mí, no me creo bastante capaz 
para afirmarlo. 

Entre tanto la idea de una muerte cercana encadenó de tal 
modo mi imaginación , que no solo me parecia probable , sino que 
parecía revelárseme por infalibles presentimientos ; y asi es que 
mi corazón ya no se abria á la esperanza de evitar mi destino. 
Cada vez que llegaba á mis oidos algún ruido de pasos ó de llaves, 
me decia: ¡Ea, ánimo! acaso me vienen á buscar para que vaya á 
oir mi última sentencia. Procuraré escucharla con serena, aunque 
arrogante dignidad, y bendeciré al Señor. 

Meditaba sobre lo que debia por la última vez escribir á m^ 
familia^ y en particular á mis padres y hermanos. Al rodar por 



DE valIí:ngia. 393 

mi cabeza aquellas espresiones de sentimientos tan profundos, tan 
sagrados /me enternecia con mucha dulzura y llorsd^a^ mas aquel 
llanto no ablandaba en nada mi resignada voluntad. 

¿Cómo no habia de volver á esperimentar el insomio? Volvió 
en efecto , pero ¡cuan diverso del primerol Desvelado ya no oia 
yoiBU mi cuarto ni risas ni gemidos^ no soñaba con hombres ni 
con espíritus ocultos ; mas deliciosa me era aun la noche que el 
dia, porque mi vida se concentraba mas y mas en la oración* 
Tenia costumbre de acostarme á las once , solia donnir como unas 
dos horas de apacible sueño , me despertaba , y permanecía en la 
cama para descansar hasta las siete que me levantaba. 

Por el autor, 

A. Aparisi y Guijatro. 



A. l0B electores del distrito de Ulorella. 

El que escribe estas líneas ha retardado cumplir una obliga- 
ción de conciencia^ y satisfacer una necesidad de su corazón, por 
esa natural repugnancia que tiene generalmente todo hombre de 
hablar de sí propio, y de cuestiones enojosas, en que casi sin sa- 
berlo se ha visto comprometido. Mas si continuara en su silencio, 
se le podría tachar de poco cortés, y sobre esto de poco agradeci- 
do; y comQ lo es mucho, toma hoy la pluma y envía con todo su 
corazón las mas sinceras y cordiales gracias á los electores del 
distrito de Morella, que en las últimas elecciones le han honrado 
con.su voto. 

Hombres hay que solo pueden contar victorias en su vida; el 
que esto escribe no puede contar sino derrotas. ' 

Candidato por San Vicente, por Serranos, por Alcoy, por Mo- 
rella, siempre ha sido vencido. Si nadie se escandalizara, podría 
decir con verdad que en el fondo del corazón se had)ia casi ale- 
grado del vencimiento; mas esa alegría egoísta estuvo templada 
con la natural pesadumbre de que saliesen vanos los hidalgos es- 
fuerzos de hombres independientes y leales, que arrostraban fati- 
gas y aun compromisos por sacar triunfante su candidatura, ó por 
mejor decir, triunfantes los principios, únicos que en su entender 
podían dar á la patria paz, justicia y verdadera libertad. 

'No ingrato a tanto favor, estaba resuelto á pagarlo, aceptan-' 
do, si era elegido, el cargo de diputado. No ignoro que al leer es- 
tas palabras se asombrarán ó se mofarán algunos; pero esos tales 
Tomo U. 60 



394 EL PENSAMIENTO 

serán de los que miran en la diputación una vana gloria, ó un 
pingüe negocio; de los que aspiran á subir alto para ser vistos de 
lejos; de los que tienen la rara fortuna de poder en conciencia 
servir a casi todas las situaciones y transigir con todos los orroj 
res, a condición, eso sí, de que se les permita mandar á ellos ó a 
los suyos en la ciudad, en el pueblo y en la aldea.... Pero los 
hombres que ven en la diputación una carga, y ésta ruda y 
penosa ; los que estén resueltos á no admitir empleos ú lio- 
nores, ni para sí ni para los suyos ; los que oyen y no pueden 
menos de obedecer á la voz de" su conciencia que les manda, que 
en toda ocasión ^ y á despecho de las malas pasiones, den testi- 
monio de la verdad; esos sí, que comprenderán que haya algunos, 
ó muchos, que por dignidad ó por modestia no soliciten sufragios; 
que no den un paso , que no digan una palabra para ser diputa- 
dos; que njiren en la diputación una honra, pero también una ter- 
rible responsabilidad y casi una desgracia; y que al aceptarla su- 
dando sangre con la sola consideración de las injusticias, de la 
ruindad, de la podredumbre que deben combatir sin tregua ni 
reposo, crean corresponder y aun pagar el favor de sus electores. 

Por lo demás, desde que un periódico de la corte , de gran 
valimiento en la situación actual, dijo estas ó semejantes pala- 
bras: «el Sr. Sangüesa (amigo á quien estima el que esto escribe) 
representa el sistema liberal y la monarquía de Dona Isabel II; el 
Sr. Aparisi el carlismo puro;» desde ese momento el resultado de 
la elección no podia ser dudoso. ¡Menguada política la que ahoga 
el sentimiento de la justicia, la voz de la verdad y hasta las leyes 
de la cortesía! ¡Doy gracias á Dios, porque no me ha hecho capaz 
de usar de tales armas! No me defenderé dé sus golpes, ¡presérve- 
me Dios dello!; pero estoy reconocido al que me defendió, al se- 
ñor D. Pedro de la Hoz, persona bajo todos conceptos dignísi- 
ma, á quien amigos y enemigos, á par de su talento eminente, 
han de conceder una probidad acrisolada. 

En vista de las imponderables miserias que nos rodean, y de 
que el espíritu de pandilla que crece y se enseñorea de nuestros 
tiempos, hace desdichadamente vano y estéril todo esfuerzo des- 
interesado y generoso, yo me holgaría, francamente, de que si se 
brindara otra ocasión , no se pensara ya en mi humilde persona, 
y se arrojara mi nombre insignificante, pero honrado, en medio 
de las luchas ó de las farsas electorales. No es que me asusten ni 
me humillen las derrotas; de ningún modo; por- el contrario, la de 
Alcoy, la de Serranos, la de Morella, me honran, me enorgulle- 
cen. Pero me lastima el considerar que personas celosas y digní- 
simas se espongan á disgustos y contratiempos que, aun siendo el 
que esto escribe diputado^ acaso no estaría en su mano evitar. 



DE VALENCIA. 39S 

Esto me lastima, lodo lo demás me satisface; y no tengo inconve- 
niente en descubrir mi corazón, y si fnere debilidad, la debilidad 
que en él se esconde: yo he sentido un secreto placer siendo can- 
didato por Alcoy, por Serranos, por Morclla; porque, si he de de- 
cir la verdad, me consolaba de la miseria y ruindad presente el 
desinterés , la abnegación de muchos a quienes yo nada pedia, 
que nada, absolutamente nada podian esperar de mí, y sin em- 
bargo -se arpojaban á luchar contra todas las influencias oficiales; 
no para elevar una persona que nada vale, sino por amor a nues- 
tros principios, que van endíírczados a utí gran fin, a la estirpa- 
cion del espíritu de pandilla, á la unión de todos los españoles, 
hombres de bien. . . 

Por esto hoy, satisfecho y hasta ufano con la derrota, envío 
desde el fondo de mi corazón las mas sinceras gracias á los no- 
bles electores de Morella que han honrado con su voto las doc- 
trinas, que hombres independientes, y yo entre ellos el menos 
digno, sustentamos en el Pensamiento de Valencia. 

A. Aparisi y Guijarro, 



N 



cMnica. 

• t 

Un acontecimiento desagradable pone en nuestras manos la ploma del 
cronista: la grave y repentina enferniedad de nuestro querida^ amigo Don 
Luis Miquél. Confiamos que en breve vuelva á ocuparse de este trabajo, lo 
que será grato para nosotros y ventajoso de seguro jmra luiostros lectores. 

Desde la última decena poco se han aclarado las diiScultades y cuestiones 
en que se baila envuelto el mundo*. 

Una transformación grandísima se opera en la política Europea.* los do- 
blemos vánse inclinando á romper toda relación con los revolucionarios. La, 
alianza A nglo- francesa á pesar de los esfuerzos que se hacen para sostenerla, 
se va cuarteando. Es un edificio que amenaza ruina, y que se apuntala por 
todos lados. 

Napoleón ha retirado á Persigny de la embajada y en su lugar lia nom- 
brado al General Pelissier |)uque de Malakof: dicen que será recibido con 
mucha ostentación por los Ingleses^ y con la marcialidad y franqueza con 
que se recibe á un compañero- de armas. 

Creen que Pelissier es solamente un soldado y que las redes de la astu- 
cia Británica le envolverán sin defensa. 

Quizá se equivoquen y sea la embajada de Pelissier para la diplomacia 
Inglesa, una segunda campaña de Crimea. 

Y no es que nosotros, á pesar de lo que antes decimos, creamos que 
lleve Napoleón segunda intención en su noml)ramiento , ni que pueda ser- 
virle la presencia del General, para formar un juicio exacto de las fuerzas 
del Reino-unido; nada de eso; son demasiado cordiales, sus relaciones para 



996 EL PENSAMIRNTO 

tal cosa y á pesar de que Inglaterra trate otra vez de fortiGcar sus cortes' 
y Napoleón llame á las armas ¿ todas los marinos de 20 á 40 años de edad» 
mandándoles incorporar á sus buques : esto no son mas que precauciones 
«in malicia alguna, por aquello de que lo cortés no quita á lo valiente. 

La Reina Victoria en prueba de su afecto le ha regalado al Emperador 
un cañón. Los Scitas declaraban la guerra presentando un haz de flechas. 
Pero esto era en tiempos en que se hablaba por símbolos por no hablar con 
palabras. ¡Cuánto han mudado las cosas! 

Sea por lo que fuere, parece que en Francia ya ganando terreno el par- 
tido que con el Conde de Morny á la cabeza , quiere una intima alianza con 
Rusia; y que en Inglaterra se amenaza con favorecer á la democracia Europea. 

Sigue sin embaído su curso la causa ocasional de estas evoliicbnes y 
diferencias nacionales. £1 proceso Bernard no se ha fallado; si se le con- 
dena^ probará, .al decir de los Insulares, que la legislación actual contra 
conspiradores es bastante; sinó^ se presentará un nuevo bilí por el ministe- 
rio Derby; pero no hace mucho que también lo presentó Lord Palmerston, 
y no sería extraño qué ambos llorasen juntos sus extravíos parlamentarios. 

Alsoop que fue el que encargó las bombas destinadas contra Luis Napo- 
león , ofrece presentarse á los tribunales si se le pagan los gastos de viaje 
y los perjuicios que se le sigan. Según e\ Btrmingham free prezi, creyó 
que debían eipplearse en tina lucha legal , en el movimiento revolucionario 
que se consideraba próximo á estallar. 

Desearíamos que nos dijese el Free press de Birmingham, qué luchas 
son para él las ilegales, sí los movimientos revolucionarios son luchas 
legales. 

La Irlanda se halla inquieta como siempre. Al tomar posesión de su 
cargo de lugar teniente de Irlanda Lord Eligton , los estudiantes se entre- 
tuvieron en arrojar naranjas y piedras á la policía, y esta hirió y prendió á 
varios. 

Como las naranjas en Inglaterra son articuléis de lujo, que no están 
al alcance de la generalidad de los bolsillos Irlandeses y las piedras abundan, 
opinamos que el tirar naranjas, es una figura poética usada por los perio- 
distas. 

Mientras la cuestión Francesa y la de reformas en la India por las que 
se suprime la Dirección de la compañía , ocupa en Europa á los Ingleses 
también tienen sus quebraderos de cabeza en otras partes. 

Sir Collin Campbell el 27 de Febrero debió principiar el bombardeo 
de Lucknow con sesenta mil hombres y 113 cañones. Los Indios han 
enarbólado el estandarte verde, en señal de que se trata de una guerra reli* 
giosa y han fortificado admirablemente á la capital. Dicen los Ingleses que 
su General los ha dejado tranquilos todo este tiempo, para cojerlos reuni- 
dos^ y no tener que buscarios en sus madrigueras. Podría ser así, y podría 
ser por no haber tenido hasta ahora bastantes fuerzas para penetrar en el 
reino de Ouda. Todas las columnas que operaban en distintos puntos, 
entrarán en el país rebelde convergiendo á la capital. Nosotros dudamos 
que.... pero serla oponer nuestra opínioii á la opinión universal y desde 
hoy , abandonamos el papel de oposicionistas : por lo tanto diremos que 
nadie duda , ni nosotros, del triunfo de los Ingleses. 

Ayudados por los Franceses, siguen también enzarzados con los Chinos. 
Loa Almirantes Miguel Seymour y Rígault de Genouilly han levantado el 
bloqueo del Cantón, pero dejándolo en estado de sitio: se ha desarmado la 
guarnición Tártara, recogido depósitos de annaS; estableciéndose. ana vigi- 



D£ YALfiNClÁ. 397 

lente poUcfa, einco estaciones navales y reclamando dd Emperador del 
celeste imperio una porción de frioleras, en las que san apoyados por Husia 
y por los Estados-Unidos. La .última hora del imperio de Tao-king con sus 
antiguas condiciones, ha sonado ya. 

El ex-Gobernador de Cantón Yech^ que ha sido transportado á Calcutta* 
por si conspiraba ó no conspiraba , ha sentido mas que la pérdida de la ciu- 
dad, y de su posición, y que su prisión, y que la cólera del hijo del sol su 
señor, y que la privación de comer nidos de golondrinas; el que los Almi- 
rantes aliados , no se le hayan presentada á tributarle los honores debi- 
dos á su alta clase china. 

Le acompañamos en el sentimiento. 

Las demás potencias Europeas sin novedad particular. Rusia al roda- 
pelo con los Circasianos , intimándose con Francia , husmeando en la China 
y despreciando al Austria. 

Esta, u» poco menos apasionada de Inglaterra , algo mas de Luis Napo- 
león , intrigando con Turquía , mirando de reojo al Piamonte y preparando 
tropas por los disturbios que causa el Príncipe Danilo según unos: según 
I otros se acuerda de Novara. 

La Turquía á vueltas con la Herzegovina y el Montenegro donde con- 
I tínuamente hay choques á mano armada , y motines , y asesii^atos é incen- 

I dios. Rajahes y Turcos , subditos del Sultán en el nombre ; viven como Mo* 

ros y Cristianos. 

Italia siempre lo mismo. Sin valor para la guerra ; y sin constancia para 
la paz. Los estudiantes de Padua se empeñaron en decir una misa por Or- 
sini en la Chie$$a dü Santo , y subrepticiamente lo lograron de un sacer- 
dote, entonando después en Coro el de profundis. 

La policía Austríaca ha prendido á aigunos estudiantes: no aprobamos 
el hecho , porque hay sucesos que cuanta menos importaneia se les dá , me- 
nos proporciones tonaan. 

Ñapóles ha puesto en libertad á uno de los maquinistas Ingleses del 
Cagliarij absuelto por el tribunal; y probablemente pondrá al otro dentro 
de poco. Sobre la devolución del Cúgliart^ hay notas y mas notas entre 
el Piamonte y Ñapóles , y cuentan sus respectivas fuerzas , y hablan gqrdo 
de sus aliados. Creemos que no será nada. 

La frialdad de Inglaterra y Francia con el- Rey Fernando, parece se ha 
disminuido. Aquel no ha manifestado importarle mucho ; y como á mi me 
sucede lo mismo , pasaremos á otra cosa. 

Los Yankees siempre inquietos. Envían tropas á Utha para sojuzgar á 
los formones , y al mismo tiempo se lamen los labios al pensar en Cuba. 
£1 New Yorck Herald j periódico de las clases bajas de los Estados-Unidos, 
con aquella diplomacia propia de el mismo , enumera los agravios recibidos 
por España y propone que se ta proponga que « pague ó que se bata , y que 
«si al pagar padece alguna equivocación como es su costumbre 6 se niega á 
«pagar, que^^e envíe al General Scottxon 10,000 hombres y una escuadrilla 
«á la Habana á tomar posesión de la isla de Cuba... La toma de la Ha- 
abana en una desús hermosas mañanas serla una honrosa conclusión de 
los servicios del General Scott á su país » dice el periodista. 

Con que á pagar y chiten; porque de lo contrario voy á contar un 
cuento. 

En una posada, un Catalán se comió equivocadamente unas aceitunas 
pedidas por un Andaluz « ¿ Quién se ha comió las jolivas ? Si supiera yo quién 
se ha comió las jolivas... ? » decía el Andaluz Ueoode furia. Cansado el Ca- 



398 EL PENSAMIENTO 

talin de oír la misma pregunta, se levantó y echándose el gorro atrás le* 
contestó ; « Yo me las he comido , ¿se le ofrece á V. algo? — • Nada compa- 
drito , queria saberlo , para decirle á V. que le hagan mtiy buen provecho» 
Opinamo